Hola a todos! Hoy me he dedicado a responder reviews y he pensado "pues ya que estoy aquí liada, aprovecho y publico". Me podéis decir cansina si no necesitáis que os conteste, pero ya que os tomáis la molestia de comentar, supongo que lo mínimo que puedo hacer es contestar aunque sea para daros las gracias. No sé si me habré saltado a alguien, en general era para agradeceros las reviews, siempre animan :)

Sou: jaja gracias por decirme que te gusta la redacción, siempre es de los mejores cumplidos que se pueden hacer a una escritora ^^ A mí también me gusta mucho comparar a Emma y Regina porque tienen historias muy diferentes, pero al mismo tiempo que las hacen similares. Y si ya te va a dar algo por lo adorable, prepárate porque a partir de este capi viene la dosis grande de escenas dulces J

k.e. : jaja pues aquí lo tienes! Gracias

Guest: ciertamente, Regina es más comprensiva con niños y, además, puede entender mejor el alma torturada de la pobre. Y Regina es la mejor, en resumen ;) Gracias por comentar.

Galaxydragon: gracias! Sí, hay un par de capis más narrados desde la pequeña Emma. Este me costó un poco más, pero luego le fui cogiendo el truquillo y al final escribir como la niña es muy divertido. Ya lo verás J

Love Girl: ya empieza la interacción fuerte entre Emma Grande y Regina, a partir de este capi. No sé si los convertirá en cucarachas, creo que Regina pensaba en otro animal, pero sí esa es la idea.

Evil dork: gracias por tu comentario, y dime tonta, pero por curiosidad, qué significa FTW?

Gorgino: tu espera se ha acabado xD

A partir de este capi empieza la interacción SQ más a tope, al final entenderéis la razón y, a partir de ahí, preparaos para el bombardeo de ternura.

Espero que os guste :)

CAPÍTULO 4

No sabía qué le habían hecho los dos idiotas a mi pequeña Emma, pero estaba tentada de convertirlos en pavos solo para darles una lección. La pobre niña estaba completamente empapada y temblando cuando la encontré, con el rostro cubierto de lágrimas.

Repetimos la operación de la noche anterior, metiendo a Emma en la bañera con agua caliente y mucha espuma. Aunque al menos ahora parecía confiar más en mí. De hecho, apenas me dejaba separarme de la bañera. Su pequeña mano aferraba mi brazo, manteniéndome sujeta, como si temiera que fuera a desvanecerme.

- ¿Qué ha pasado Emma?

- Son tontos. – Me dijo la niña mirándose las manos llenas de espuma como si fuera lo más interesante que había visto nunca.

- Eso ya me lo has dicho, pero ¿qué ha pasado?

- Han hecho una fiesta y me estaban mirando. Me he puesto nerviosa y he tenido un accidente. Todos se han reído de mí y he salido corriendo.

Y que a semejantes descerebrados se les hubiera dado antes un final feliz que a mí. En fin…

- ¿Sabes qué? Tienes razón, son unos tontos. Pero olvídate de ellos. No voy a permitir que vuelvan a separarme de tu lado.

- ¿De verdad?

- Sí.

- ¿Lo prometes?

- Lo prometo.

Sacó su manita arrugada y espumada del agua formando un puño del que tan solo se libraba el meñique.

- ¿Promesa de meñique?- Me dijo. Uní nuestros dedos sin dejar de mirar su tímida sonrisa.

- Promesa de meñique. Y, ahora, qué te parece si vamos a tomarnos un chocolate caliente antes de dormir.

- ¿Con canela?

- Por supuesto.

Mi teléfono sonó y salí fuera del baño al reconocer el número de la Sheriff.

- ¿Está contigo, verdad?- Dijo a modo de saludo.

- Sí, señorita Swan, y no voy a permitir que se la vuelva a llevar después de…

- No, no… Tienes razón, no sé en qué estaban pensando mis padres, pero desde luego no en lo mejor para mi…em, mini-yo. Será mejor que esté contigo.

- Sí, yo…- No esperaba una victoria tan rápida. – Me alegro. Bien, tengo que dejarla, Emma está en la bañera.

Raro. Me pareció sumamente raro que Emma Swan, alias la Salvadora, alias la mujer que acostumbraba a destrozar mi vida, accediera sin más a que me quedase con su versión infantil. Pero mejor para mis intereses.

Diez minutos después, Emma y yo estábamos en la cama con dos tazas de chocolate caliente. La niña se había acurrucado contra mí, dejando caer su cabeza sobre mi brazo mientras un reguero de bucles dorados se extendía por mi hombro.

- ¿Por qué nadie me quiere, Regina? – Me partía mi ya maltrecho corazón.

- No digas tonterías, claro que te quieren.

- No, los tontos no. – Sus padres. – Ellos no me querían, aunque lo dijesen. Querían que fuera una princesa y yo no lo soy.

- Estoy segura de que te quieren, a su manera.

- Pero no soy lo suficientemente buena para ellos. Ni para ningún otro padre de acogida. Nunca puedo ser lo que ellos quieren. Soy defectuosa porque no soy como todas las demás niñas

- ¿A qué te refieres? – Concentré mi mirada en su rostro ausente y angustiado.

- Pues a que estoy rota, Regina. A las otras niñas les gustan las muñecas y las cosas rosas. Pero a mí no. A mí me gustan los dinosaurios y los coches, y los monstruos. Ningún papá quiere a una niña así, quieren a una princesita. Por eso, todos me abandonan. Incluso mis verdaderos padres. Ni siquiera me dieron una oportunidad.

- No, cielo…

No. No era así. Sus padres la habían abandonado por mi culpa, por mi maldición. Yo era la culpable de que aquella niña hubiera crecido sola creyendo que era defectuosa. Había cometido incontables maldades a lo largo de mi vida, pero ninguna me había partido tanto el corazón como aquella. En aquel momento, me prometí hacer lo necesario por compensárselo, comenzando por decirle la verdad, aunque me odiara.

- Emma, cielo, voy a contarte un cuento, ¿vale? Es la historia de una joven chica que vivió tiempo atrás, en otra tierra, lejana y llena de magia. Su madre esperaba grandes cosas de ella, aunque la chica lo único que quería era tener una familia y ser feliz. Un día se enamoró, pero era un chico pobre que su madre nunca aceptaría. Aunque la chica mantenía la esperanza de que, algún día podría convencer a su madre para que le permitiera desposarse con su amado. Sin embargo, ajeno al conocimiento de su hijo, su madre, que practicaba la brujería, la había engañado para que salvara de la muerte a la princesa logrando, así, que su padre, un adinerado Rey le pidiese a la chica su mano en matrimonio. Pero, como ella no quería ser reina, intentó escaparse con su verdadero amor, lástima que, en su huida, fue descubierta por la princesa a la que había salvado, mas que olvidó su gratitud y sus promesas y advirtió a la madre de la chica de las intenciones de su hija. La bruja separó a la chica de su verdadero amor para siempre y la obligó en convertirse en reina.

- Que mamá tan mala. – Dijo mi pequeña Emma.

- Sí, sí que lo era… En fin, la chica estaba muy triste porque ni el rey ni la princesa la querían y se pasaba el día sola, esperando que alguien le mostrara un poco de cariño. Pero el tiempo pasaba y la chica, convertida en Reina, era cada vez más desgraciada mientras que la princesa que había destrozado su oportunidad de escapar era cada vez más dichosa, siendo amada por el pueblo, encontrando a su Verdadero Amor. Así que, poco a poco, la Reina fue volviéndose malvada, se dejó tentar por la oscuridad e hizo algunas cosas malas de las que luego se arrepentiría. Pero lo peor de todo fue que, cuando la princesa y su príncipe tuvieron una preciosa bebé, lanzó una maldición sobre ellos que los llevaría a un nuevo mundo sin magia, este mundo, donde serían infelices. Y se vieron obligados a abandonar a su bebé para salvarla.

Esperé su reacción, sin atreverme a decir nada más, valorando la seria expresión que había adquirido su dulce rostro.

- ¿Qué pasó con la Reina?- Dijo al cabo de un rato.

- Creyó que su maldición le daría la felicidad, pero siguió estando sola y triste, hasta que encontró a su pequeño príncipe y, tiempo después, a una pequeña niña que se convirtió en su valiente caballero.

Emma me miró fijamente. La seriedad de su mirada en contraste con el ligero bigote de chocolate que decoraban sus labios hubiera resultado prácticamente cómica si mi corazón no se hubiera visto tan agitado, temiendo que en cualquier momento comenzara a gritar para que me alejara de ella y la devolviera con sus verdaderos padres.

- Tú eres la chica que se hizo reina, ¿verdad, Regina?

- Sí, cielo. – Ahí estaba, me dije, si lo había entendido todo y comprendía lo horrible que había sido en mi pasado, estaba segura de que me temería, como todos los demás.

- ¿Y yo soy tu puedo ser tu valiente caballero? Me gustan los caballeros, tienen espada. - Me sorprendí, entonces, como me pasaba siempre que estaba con aquella niña. Pues en su rostro no había miedo ni odio, sino lo que casi podría llamarse emoción.

- Emma, tú eres el bebé que los príncipes abandonaron.- No me había entendido. Probemos de nuevo. - Cielo, los dos "tontos" que se te llevaron hoy son tus verdaderos padres. Y son rematadamente id… - Cuidado, es una niña- irrespetuosos, a veces, pero estoy segura de que te quieren. No te abandonaron porque fueras defectuosa, Emma, eres absolutamente perfecta tal y como eres. Tuvieron que abandonarte por mi culpa. Si… si quieres ir con ellos y no volver a verme…

- ¡No! ¿Por qué? ¿Me vas a devolver? – Se puso de pie sobre la cama, aferrando mis hombros con sus manos. Desesperada. Aquella era la palabra que mejor la definía y podía entenderla bien porque así era como yo me sentí al pensar que ella se alejaría de mí y volvería a estar sola.

- No, Emma, pero ya te he dicho que soy la Reina Malvada.

- No eres malvada Regina. – Su agarre se relajó y se colocó frente a mí, ambos chocolates completamente olvidados mientras me miraba. - Yo he tenido muchos papás que decían que eran buenos, pero me hacían cosas malas. Yo también he sido mala cuando estaba muy triste o muy enfadada. Algunos papás se enfadaban conmigo y me decían que era una niña mala, pero yo solo estaba intentando ayudar, no quería portarme mal. Así que no me importa lo que hayas hecho o lo que digan, porque conmigo solo has sido buena y me gusta estar contigo.

Y así fue cómo una niña de cinco años me demostró que el bien y el mal eran algo que dependía del punto de vista. Incapaz de contener mis lágrimas, pero con miedo a asustarla si lloraba, la atrapé en un fuerte abrazo ocultando mi cara entre su cabello dorado.

- Quizás teníamos que estar juntas, para no estar solas y volver a ser buenas.- Dijo con su vocecilla mientras yo la abrazaba con más y más fuerza y sentía cómo me devolvía el abrazo.

- Quizás.

Me maravillaba como una niña tan pequeña podía ser mucho más inteligente que la mayoría de adultos de aquel pueblo. Me separé de ella, secándome una pequeña lágrima rebelde antes de encontrarme de nuevo con su carita sonriente.

- Cielo, tú eres absolutamente perfecta tal y como eres. ¿De acuerdo? – Ella me miraba muy seriamente como si le costase creerme. – Y te prometo que yo no cambiaría ni un pelo de tu cabecita.

- ¿De verdad?

- Sí.

- ¿Promesa de meñique?

- Promesa de meñique. – Contesté entrelazando nuestros dedos. – Eres perfecta tal y como eres. Ahora, a dormir pequeña. Nos veremos por la mañana. – Intenté levantarme, pero su abrazo me lo impidió.

- No te vayas.

Me dejaba descolocada. ¿Por qué, de pronto, su rostro volvía a ser la imagen del terror?

- ¿Por qué Emma, qué te ocurre?

- Nada.

Pero evitaba mi mirada y movía las manos, inquieta.

- Dime qué te pasa.

- No quiero que pienses que soy una niña pequeña. – Me dijo.

- Emma, cielo, eres una niña pequeña y eso es perfectamente normal. ¿Qué te pasa?

- Le tengo miedo a la oscuridad.- Me miró completamente avergonzada- ¿Duermes conmigo?

- Sí. – Concedí dándole un leve beso en la frente. – Por supuesto que sí.

Volví a recostarme, dejando que se acurrucara a mi lado.

- ¿Regina?- Susurró como si intentara descubrir si seguía despierta.

- Dime.

- ¿Te quedas conmigo?

- Siempre, pequeña. Duerme.

- ¿Regina?

- Dime.

- Tú no eres malvada.

Quise creerla porque sonaba tan sincera y porque, creer que aquella inocente niña, podía perdonar todos mis pecados supuso una liberación para mi torturado corazón.

El día siguiente comenzó con Emma aferrada a mí como un pequeño koala.

- Hora de levantarse, dormilona.

- No, un poco más…- se quejó.

- Voy a hacer tortitas.

- Ya me levanto. – Infalible.

- ¿Qué ropa nos ponemos hoy? – Le pregunté mientras sacaba las bolsas que habíamos comprado el día anterior.

- La Guerra de las Galaxias.

Su gusto en moda me habría horrorizado en otro momento, pero era tan adorable que no podía enfadarme porque quisiera llevar una camiseta de Darth Vader.

Después, la música volvía a llenarlo todo, las risas, el aroma a la masa de tortitas y chocolate. La casa parecía haber vuelto a la vida. Emma se había cubierto la cara de restos de masa cada vez que se rascaba mientras intentaba ayudarme a mezclarla.

- Emma, cielo, tenemos que poner la masa en la sartén no en tu cara.

- Está pegajosa.- Se metió un dedo a la boca. – Mmm y muy rica.

Era tan incorregible como la Emma que conocía e igual de glotona, pero mucho más adorable.

El timbre de la puerta sonó repetidamente, haciendo que Emma corriera a esconderse escaleras arriba.

- Cielo, no tienes que esconderte. No dejaré que se te lleven.

Pero dio igual. Para cuando terminé de hablar no estaba allí. Quienes sí estaban en la puerta eran Henry y la Sheriff.

- Estáis aquí y con… ¿maletas?- Si notaron mi falta de entusiasmo y confusión, ninguno dijo nada.

- Hola, mamá.

- Hola, Henry.

- Regina, he hablado con mis padres. Aceptan que la Emma pequeña se quede contigo pero no… confían completamente en ti, así que Henry y yo nos quedaremos hasta que logres solucionar el asunto de devolverla a su tiempo.

- ¿Estás diciendo que te has auto-invitado a mi casa para vigilarme?

- Para ayudarte. Créeme, de pequeña estaba lejos de ser un angelito.

- No entiendo a qué te refieres. La pequeña Emma es mucho más educada y respetuosa que tú, Sheriff. Supongo que es verdad lo que dicen, la especie degenera con los años.

- Tú debes saberlo mejor que nadie, abuelastra. – Oh, eso no se dice.

- Mamá, ma. Por favor. – De no haber estado Henry entre nosotras la hubiera convertido en sapo. Era tan terriblemente odiosa…

- Bien, quedaos. Pero es mi casa y yo pongo las normas.

- Ugh, mamá, ¿qué ha pasado en la cocina?- Miré a Henry y después a los interminables restos de masa que lo cubrían todo.

- Emma y yo estábamos haciendo tortitas. Lo que me recuerda… Emma, cielo, ya puedes bajar.

Sin saber ni siquiera cómo me encontré desayunando tortitas con mi hijo, mi pequeña Emma y Emma Swan. ¿Así que esa iba a ser mi vida por un tiempo? No estaba tan mal. Supongo.

Regina viviendo con 2 Emmas! Podría salir en una serie que sería "Dos Swans y medio" si dijéramos que Henry es un Swan xD. Pues lo dicho, para el próximo capi más interacción en familia.

Gracias por leer.