"Durante mi próxima vida el sufrimiento va a desollarme. Lo sé, lo temo; sin embargo no probaré ninguna de esas palabras que claman perdón. No me importa mi propia condenación, volvería a hacer lo mismo…por ti. "
- Eres Shun, ¿cierto? –las verdes esmeraldas se clavaron en la chica. Habían pasado un par de años la última vez que la vio, sin embargo, parecía la primera vez. Ingenua, noble y pura, quizá como él alguna vez lució. Negó con la cabeza y ella le observo curiosa –. O ¿no lo eres? –preguntó risueña.
- Lo soy, disculpa. Tenía la mente en otro lugar. No has cambiado nada –menciono dulcemente.
- ¿Estás solo? –pregunto esperanzada. Ansiando desaparecer el rubor de sus mejillas, provocado por Shun, buscó con la mirada entre la muchedumbre.
- Bueno, estoy solo –agregó.
- ¡Ah! –susurró decepcionada.
- Desvíe mi camino, debería estar en Nepal –, sus ojos recorrieron el lugar. La neblina cubría las rusticas casas de adobe con techo de dos aguas de madera cubiertas de tejas de barro –. Uno diría que después de tres años como hombre libre, debería tener un mejor sentido de la orientación, pero no es así. Pero que tonterías digo, debes saberlo por Shiryu.
- Estas más cerca de Xi'an –menciono Sunrei con una fingida sonrisa en los labios. Se mordió a sí misma reprimiendo la repentina soledad anidada en su corazón.
- Tenía entendido que vivías arriba, en las montañas –dijo Shun quitando una pelusa de su propio brazo.
- Lo hago, es día de mercado en el pueblo. Vengo a vender algunas cosas –. Mostró con dificultad unas cestas cargadas de hierbas y frutos.
- Deben estar pesados, te ayudaré –. Sunrei instintivamente esquivo las canastas.
- Es trabajo de mujeres. Los hombres de esta provincia no ayudan en estas cosas.
- Por suerte no soy de esta provincia –. Sin dificultad tomó las canastillas de mimbre y le devolvió un guiñó. Sunrei lo observo incomoda, algunos lugareños comenzaron a señalarla con el dedo cuchicheando abiertamente, mientras sus pisadas comenzaban a emitir un eco lejano en los adoquines.
- No, yo… por favor –suplicó alcanzándolo.
- Es lo menos que puedo hacer por ti; a decir verdad considera mi ayuda como un chantaje. Necesitaré algunas indicaciones para salir de aquí.
La picardía en las palabras de Shun logró convencer a la joven china. Después de serpentear por varias calles en declive la chica se acomodó en un espacio libre, de la plaza principal del pueblo, entre las especies y las nueces. Las seis canastas ostentaban flores coloridas, frutos; rojos, amarillos, verdes, raras plantas, nunca vistas por el peliverde, así como vegetales diversos. La chica saludó con una sonrisa a las vecinas, acomodó tras la oreja el cabello libre a la coleta alta en la cual su espesa cabellera estaba recogida, antes de hincarse sobre una delicada manta tendida en el piso.
- Hiciste una buena recolección hoy, Sunrei –menciono con un guiño una mujer entrada en años.
- ¡Vaya, vaya!. El pueblo tiene mejores frutos que las montañas, ¿cierto? –secundo una anciana mientras hacía tintinear varias monedas en la palma de una niña, después de venderle una docena de grandes nueces. Ambas mujeres rieron tontamente ante el desconcierto de la chica –. Es mejor así, la inocencia los vuelve locos. Será más placentero para ti, confía en mí –codeó a la joven y las dos mujeres rieron a sus anchas.
- ¡Zhang, Li! dejen de molestar a esa niña. Su venerable abuelo no toleraría tan irrespetuoso comportamiento, llenar los jóvenes oídos con necedades a una doncella –. Intervino, chasqueando la lengua, una robusta mujer madura. Impuso respeto, pues las mujeres no volvieron a hablar con la joven –. Haber preciosa dame dos de estas, y una de aquellas –. La corpulenta mujer se inclinó en dirección a las canastas evaluó dos tubérculos rosados y un raíz de jengibre. Sunrei recibió el dinero por la compra y sonrió. Durante horas intentó dibujar un mapa para Shun, pero cada vez que hacían un avance en las indicaciones, un comprador los interrumpía.
- Es tarde, lo mejor será que comamos –menciono Shun después de despedir a una anciana con las ultimas orquídeas, colectadas por Sunrei en la profundidad de las montañas –. ¿Conoces algún lugar por aquí?. Además la noche esta próxima, lo mejor para mí será partir al amanecer –. La chica traía las canastas vacías moviéndolas al aire y lucía bastante satisfecha.
- Por suerte vendí todo. Allá hay un lugar, hacen un excelente platillo de fideos con verduras y el mejor postre del lugar –apuntó a un abarrotado local en la acera de enfrente –. Es época de turistas con suerte aún hay un lugar libre para ti. No puedo acompañarte, llegarás por esta calle. Estoy a unas horas de camino de la casa, fue agradable verte –. Hizo una pequeña reverencia y empezó a subir por una vereda resbalosa que se perdía hacia un abundante bosque. A medio camino, se detuvo y volteó, pensó en su falta de empatía. Un viejo compañero de armas y amigo deambulando solo por el pueblo, sin brindar hospitalidad alguna sería inaceptable si llegaba a oídos de él.
La chica regresó sobre sus pasos, sin localizar a Shun. Fue directo a la posada repleta, se abrió paso entre la gente para enterarse de la imposibilidad de albergar a alguien más. Ellos estaban acostumbrados a las inclemencias, posiblemente estaría en el bosque circulante, pensó. Se sentó cerca del antiguo templo de oración bañado por el carmesí y violeta del cielo. Las débiles farolas empezaron a tintinear dando la bienvenida a la noche. Su estómago emitió un audible ruido, no podía desperdiciar los yuanes ganados. Una comida comprada, era un lujo banal para una aldeana.
- En este momento, la extraviada eres tú –menciono Shun a su espalda –me pareció verte de nuevo. Deberías ya estar camino a tu casa ¿Qué haces aun aquí?
- Debo disculparme por mi comportamiento. Él no me perdonaría si supiera que te dejé a tu suerte.
- Dejarme a mi suerte fue lo más sensato pues he calmado mi hambre –dijo entusiasmado el estómago de Sunrei protestó. Shun rió y fueron a la tienda de comida a pesar de las protestas de la hermosa chica.
Las estrellas tenuemente iluminaron su camino hacia la cabaña clavada en el monte más inclinado de los picos de The Five Old-Man Peak, en las montañas de Lushan. Para muchos no era más que un increíble e inmenso parque turístico con montañas inclinadas, ríos transgrediendo por la dura tierra ampliamente recomendado para visitar durante el verano. Sin embargo, para los lugareños como Sunrei, era su hogar. La tranquilidad y belleza del lugar compensaba las horas invertidas en los escarpados senderos y la ausencia de servicios básicos.
- Comparado con la mansión, debe parecerte muy humilde pero, es mi hogar.
- Es perfecto –menciono Shun con una sonrisa dibujando sus labios. Sunrei se sintió halagada. La cabaña de madera apenas contaba con una desgastada mesa en la cocina y una habitación que a juzgar por las marcas en las viejas paredes fue dividida en varias ocasiones en el pasado.
- Basta con colocar estas cortinas, mover un futon y estará lista otra habitación –mientras hablaba iba de un lado al otro.
- Gracias, puedo hacerlo yo mismo –quitó con suavidad la escoba de las manos de Sunrei –debes estar cansada, ve a dormir.
- Soy la encargada de hacer esta clase de cosas, con el maestro y él entrenando. Es lo menos que se espera de mí.
- Ganarte un lugar en esta casa, así suena –Sunrei lo observo confundida –. Créeme, sé de eso –. Shun recordó sus primeros días solo en la mansión. Saori les había restaurado su apellido y herencia. A pesar de ser el dueño de la casona, el peliverde se sentía a menudo tan fuera de lugar siendo llamado "joven amo", como podría ser un pez intentando caminar.
- ¡Ah!. Lo siento, Yue –Sunrei se arrodilló y tomó entre sus brazos a un cachorro negro, momentos antes gruñía y mordía la sandalia de la chica. Shun se fijó en sus ojos color gris –. Lo encontré perdido, en medio de la lluvia. Tu mamá se descuidó, siendo tan valiente te alejaste, no supiste volver y me encontraste ¿verdad, Yue? –. Sunrei le rascó las orejas, saltó de sus brazos directo a olfatear los zapatos de Shun, después emitió un ladrido de aprobación al visitante.
A la mañana siguiente, Sunrei se levantó sigilosamente. Fue hasta el río y pescó un pez de tamaño considerable, regresó a la cabaña y probó el arroz con bambú elaborado por ella. Sonrió, un intenso sentimiento de felicidad le recorría el cuerpo. Se aclaró la garganta atrás de la cortina vieja, esperando. Tímidamente entreabrió la cortina y suspiró tristemente. En un rincón estaba el futon doblado por la mitad, sobre el una manta y ropa de cama prestadas, se acercó al quinqué de latón y deslizo un dedo sobre el cristal, como si pudiera regresarle una hora en la cual su acompañante había dejado la cabaña. Sintió la ardiente sensación de agua salina escapando de sus ojos. La soledad en ese maravilloso sitio estaba sobrecogiéndola, sintió la necesidad de gritar, como lo hizo en el pasado tantas veces. No tenía una sola amiga en el pueblo, todos los días esperaba una carta no escrita, una visita inesperada sin fecha de arribo. ¿Cómo una vida llena de felicidad cambió drásticamente? por una en la cual, ella era poco menos que la ermitaña del pueblo esperando patéticamente el regreso de su amado. La humedad en su pie la distrajo de su propia miseria, volteó la vista hacia abajo, se arrodilló y tomó entre sus manos al cachorro de ojos grises, le dio un cálido abrazo enjugando sus lágrimas, el can como retribución movió su diminuta cola con frenesí y como había hecho sobre su desnudo pie, lamió la cara de su dueña.
- Espero que estas molestias no sean por mí –Sunrei se sobresaltó, con el dorso de la mano se limpió las mejillas y se forzó a controlarse –¿estás bien? –preguntó intrigado Shun, se agacho a su nivel y la tomó por el mentón –. Eres una chica sensible, aun cuando es bella la vista deberías pensar en establecerte en el pueblo. La soledad debe ser abrumadora en este lugar.
- Puedo cuidarme sola –emitió Sunrei con voz ronca.
- No he dicho lo contrario pero, si un día enfermarás sería muy difícil que alguien lo notará si bajas una o dos veces al mes al pueblo. Corté madera para ti, es un trabajo muy rudo para una mujer. Cuando sequé podrás ocuparla para el invierno, si Yue te permite es tiempo de desayunar, huele exquisito.
Sunrei, colocó al perro en el piso y salió de la cabaña a limpiarse la cara. Regresó con una dulce sonrisa en su rostro.
- Es difícil sonreír cuando quieres llorar. Deberías evitar hacerlo.
- Comamos –menciono Sunrei, sin dar importancia a la picazón en los enrojecidos ojos. Sin mirarlo tomó su tazón llenándolo de comida, sirvió té en la taza frente a Shun y con la cabeza gacha comenzó a comer inmutable –. ¿No es de tu agrado? –interrogó con temor, Shun aun sostenía la cuchara en una mano –puedo cocinar otra cosa.
- No dudo del sazón. Eres libre de dejar las apariencias ¿estás preocupada por Shiryu? –. La china desvió la mirada, delineo con el índice del cuenco de madera.
- ¿Porque no ha regresado? –soltó conteniendo las lágrimas –. No estás con ellos, ella les dejó en libertad –. Shun suspiró –. Han sido tres años angustiantes. Antes de la última partida, hubo un sinfín de regresos a medias, siempre ha existido el peligro, latente, merodeando. ¿Cuantas veces he apretado mis manos emitiendo silenciosos rezos cada vez que un mensajero se aproxima a la cabaña?. ¿No ha arriesgado la vida demasiadas ocasiones? –interrogó al borde de la histeria.
- Entiendo tu sentir. También me preocuparía si mi hermano desaparecía, corrijo, si no hubiera servido a nuestro lado para proteger a Atena en el pasado, estaría preocupado. En el amor fraternal, es natural sentir ansiedad –. Una punzada de malestar se instaló en Sunrei, para ella, él era más que un hermano. Enjugó una lágrima y a pesar del nudo en su garganta se obligó a comer en completo silencio.
- Has sido muy amable, agradezco tu hospitalidad. Es tiempo de continuar con mi viaje –Shun se retiró de la tarja. Después del repentino enmudecimiento de la chica recogió los trastos para lavarlos. Secó la humedad en sus manos en una toalla cercana –. Eres una cocinera excelente, entiendo por qué Shiryu hablaba todo el tiempo de tu comida –le dio un apretón en el hombro. Sunrei se inclinó hacia delante de la mesa y comenzó a llorar.
- ¡Oh! Lo siento ¿he dicho algo inapropiado? –cuestionó con preocupación, ella negó con la cabeza. Incomodo Shun permaneció atrás, el silencio ocasionalmente era interrumpido por los ladridos de Yue, tratando de reconfortar a su dueña.
Sunrei despertó en la suavidad de su cama, no recordaba haber llegado a ella. Los ojos le molestaban y sentía una opresión en la cabeza, escuchó a Yue gemir. Se sostuvo de la mesa para no caer víctima del mareo por dejar la cama repentinamente. El sol la golpeó de frente al abrir la puerta para el cachorro, siguió con la mirada sus pasos; olfateó la hierba, estornudo y asechó un ave. La chica se recargo bajo el dintel de la puerta, una débil sonrisa se colocó en su rostro. El viento estremecía su largo cabello suelto. El ave cansada del acoso emprendió el vuelo hacía un río cercano. De mala gana Sunrei se introdujo entre la hierba, detrás del cachorro, lo llamó un par de veces con voz suave, apresuró el paso al percatarse de insistentes salpicaduras, tan pronto se acercó deseó no haber salido de la cabaña. Frente a ella, Shun tomaba un baño. La chica quiso irse por donde había venido, sin embargo, sus piernas no respondían. El sol bañaba la varonil espalda del peliverde, el agua recorría a voluntad el considerable trasero del chico. Sunrei sintió las mejillas enrojecer, esta era la primera vez que contemplaba el cuerpo desnudo de un hombre. Ni siquiera cuando Shiryu estaba convaleciente pensó en espiarlo, siempre considero a su amor casto. La cabellera de Shun salpicó de agua la superficie del calmo río, ajeno a la intromisión continuó con su labor. El cuerpo de la chica, irradiaba calor, una agradable sensación de cosquilleo recorrió las zonas más sensibles de su organismo, sintió el corazón latir con fuerza. Sin querer se mordió el labio inferior. El brusco ruido del vaivén de los matorrales provocó que el peliverde se diera la vuelta y se acercará hasta donde estaba Sunrei, ella apretó la blusa rosada, cerró los ojos con fuerza, al creerse descubierta.
- ¡Ah! Eres tú. ¿Quieres un baño también?. El día está muy caluroso –. Shun levantó al cachorro y lo llevó hasta la otra orilla del riachuelo. El can persiguió a las mariposas, danzantes sobre las flores, en busca de néctar.
Sunrei pensó en marcharse sigilosamente, echó un último vistazo para cerciorase no ser descubierta. No fue hasta llegar a la cabaña que se detuvo a recuperar el aliento. Con la intención de alejar las imágenes de su cabeza, empezó a realizar sus tareas domésticas.
- Me alegra verte despierta, debes sentirte mejor –menciono Shun tras un par de horas. Sunrei se sobresaltó evitando mirarlo –. Disculpa no fue mi intención asustarte, este pequeño estuvo haciéndome compañía, espero no te hayas preocupado por él.
- Suele desaparecer con frecuencia, pero siempre regresa –mintió fregando el piso con vigor. Paso una mano por la frente.
- Espero no incomodarte con mi presencia. Me iré en cuanto mi ropa se haya secado. Sin duda con este clima, será rápido.
- No…no hay problema –. Sunrei se incorporó encontrándose con el torso desnudo del joven, vestía pantalones de mezclilla ajustados –. Deberías pasar la noche aquí…quiero decir son tres horas de camino hasta el siguiente pueblo. Las laderas son traicioneras para quién no las conoce, si partes al atardecer podrías caer en algún barranco por la noche.
- Quiero evitar dar más molestias de las debidas –la chica negó con la cabeza.
- Me agrada tu compañía –menciono para su propia sorpresa, antes de cruzar la puerta. Sunrei sintió de nueva cuenta sus mejillas arder.
La noche sofocante dificultaba conciliar el sueño a la joven china, se removió de nueva cuenta entre las sabanas, sintió un leve alivio al posar las plantas de los pies en la madera del suelo. Agitó sobre su pecho la mano secando el sudor. Salió con sigilo de la cabaña, lentamente se dirigió hasta una saliente de roca frente a la cascada. Se despojó de la bata quedando en un diminuto camisón.
- Es difícil dormir. No recuerdo padecer una noche tan calurosa, créeme si te digo saber de ello –menciono Shun, sin voltear a verla. La chica se sorprendió, no había notado su presencia.
- No quería ser inoportuna –menciono cohibida.
- Quédate, por favor, a no ser que no lo desees –suplicó Shun –. Es sencillo olvidar nuestra insignificante existencia comparada con la inmensidad del universo –, suspiró. La luna se reflejaba en sus ojos –. Han pasado ya tres años desde que todo acabo. Cuando vas de un lugar al otro es difícil apreciar la rapidez con la que nos alcanza el tiempo. Era una noche parecida a esta cuando Tatsumi nos reunió informándonos de la herencia de la fortuna de Kido, aun cuando reneguemos de la sangre de nuestras venas, somos sus hijos. Con fortuna en nuestros bolsillos y sin cometido alguno, uno a uno los huérfanos Kido fueron tomando sus caminos, algunos como yo, carentes de un hogar, permanecimos en el santuario por un tiempo. Una reclusión autoimpuesta. Envidio a Shiryu, si yo tuviera a alguien como tú esperándome, habría regresado lo más pronto posible –. Shunrei se sonrojó involuntariamente –. Conoces mejor los motivos por los cuales se mantiene aún fuera, no imaginaba a Shiryu del tipo aventurero. Para estas alturas debe haber recorrido múltiples distritos.
- Una carta –murmuró Sunrei.
- ¿Cómo dices?
- Durante todo este tiempo, solo he recibido una carta de él.
- Perdóname, no tenía idea –. Sunrei alargo el largo de su camisón en un esfuerzo de cubrir sus piernas como si con esta sutil acción sus ojos dejaran de emanar lágrimas.
- Fui un insensible. ¿Cómo no me percaté de ello?, tu tristeza no es una preocupación fraterna.
- ¿Alguna vez insinúo algo de mí?
- Lo siento tanto. Recuerdo la mención de una hermana menor para él, por eso creí…
- ¡Soy una tonta! –menciono entre sollozos. El largó cabello se soltó del amarré cayendo como cascada encima del pecho –. He esperado su regreso todo este tiempo. Cuando obviamente, él no siente lo mismo por mí. El anciano maestro alentó en mí una falsa e inútil esperanza –, chilló antes de sumir la cabeza entre las desnudas rodillas.
- Debí evitar hablarte de Shiryu de esa forma. Ver tu sufrimiento, me recuerda el mío propio. También sé lo que es sufrir por no tener a quién amas a tu lado. Por algo semejante, me marché del santuario –murmuró apenas audiblemente Shun. La china lo observó sorprendida por la repentina confesión. El peliverde estaba sentado en la roca, las palmas de las manos sostenían su peso. Las piernas permanecían extendidas y tenía los pies cruzados. El brillo de la luna iluminaba la espalda resaltando los músculos deltoides, la piel cubriendo la espina dorsal mostraba un surco profundo e incitante.
- Deberíamos ir a la cabaña para dormir, es tarde –dijo inquieta al tiempo de tomar un mechón de cabello y enroscarlo entre los dedos.
- Prefiero estar bajo las estrellas, un poco más –. Sunrei lo observo con curiosidad –, no olvides tu bata.
Sunrei regresó a la casucha corriendo, sus mejillas seguían encendidas y su corazón latía con fuerza al recordar la dulce expresión de Shun. Sin querer, recordó lo sucedido en la mañana y el cosquilleo se apoderó una vez más de su cuerpo, agitada regreso a la cama e intentó conciliar el sueño.
El incesante goteó, metálico, despertó a la china casi al amanecer. Se desperezo, tomó un extremo del cuello del camisón y sopló sobre el sudor en el pecho, la refrescante sensación le arrancó un suspiro de placer. Fue hasta el origen del sonido, arriba de la mesa estaba un trasto de la cena. Se había desatado un temporal. La chica suspiró, la vieja cabaña siempre había sido reparada por el viejo maestro o por él. Quizá Shun tenía razón, por primera vez pensó en trasladarse al pueblo a vivir, de esta forma sería más fácil encontrar quien remplazara las tejas. Abrió la puerta, una débil ráfaga de viento reemplazó la enrarecida atmosfera de la cabaña. Yue chilló para atraer la atención de la chica, se agachó para tomarlo en brazos. El cachorro escapó al agarré y ladrando se lanzó hasta el vientre del cuerpo en reposo sobre el futon.
- Lo siento –Shunrei bajo la mirada al suelo.
- Descuida –adormilado Shun se talló los ojos –no fue intencional –. Se incorporó y desperezo –. Podría reparar la gotera antes de irme. Con eso ya bastará –menciono con una sonrisa triunfal Shun minutos después. Sunrei soltó una carcajada, estaba empapado. Yue corría en círculos alrededor de él –. Era necesario hacerlo en medio de la lluvia o nunca encontraríamos la verdadera fisura. He abusado mucho de tu hospitalidad, en cuanto pueda me iré. Lo prometo.
- Te iras –suspiró entrecortadamente. Se dio cuenta que tenía mucho tiempo sin oír su propia risa, sin hablar con alguien que pudiera replicar una respuesta.
- Una mujer tan hermosa no debería estar sola y sufrir en silencio, busca a quien amar y te amé.
- Dijiste ir a Nepal. ¿A que ibas? –menciono intentando esconder el rubor instalado en sus mejillas.
- Para personas como yo, es difícil conseguir la paz interna aun cuando la guerra sea justa no deja de ser un acto brutal. Espero hallar consuelo para una solitaria alma atormentada. La luz de un relámpago entró por la vieja ventana, iluminó la delgada camisa blanca vestida por Shun, pegada al cuerpo. Los endurecidos pectorales sobresalían por ella. Shunrei no pudo dejar de fijar su mirada en ellos, pensamientos indecentes la invadieron. Shun la tomó por el mentón obligándola a verlo a los ojos y depositó un beso sobre la frente –. Gracias por evitar que alguien como yo quedará atrapado en medio de este monzón.
Delineó con el pulgar los labios de la china, esa caricia la sintió como hierro ardiente sobre su piel haciéndola estremecer. Sin apartar la mirada depositó un casto beso sobre sus labios. Ella se alejó por la sorpresa, la retuvo por la cintura, abrió sus labios para encontrase con el tibio aliento de ella, permanecieron así hasta que la humedad en Shun lo hizo estornudar.
- Lo mejor será irme a cambiar –. Shunrei asintió, la tomó de la mano hasta el sitio donde pernoctaba, lentamente se abrió la camisa para deleite personal de la chica –. Ahora no tienes por qué esconderte detrás de los arbustos –murmuró. Sunrei abrió los ojos.
- Y-yo. Lo siento –. Tartamudeó.
- Vi cuando te ibas.
- Estuvo mal.
- Me siento halagado –. La tomó por la cintura y la recostó a su lado, dejo sus labios para delinear el cuello de la chica –. Eres hermosa –, soltó la ondulada cabellera de la chica. Por encima de la ropa Shun le proporcionó caricias que la hacían perder el aliento, Sunrei se mordió los labios tratando de reprimir lo que su cuerpo clamaba, acarició sus piernas y se dirigió hasta ellas –. Grita si quieres –menciono traviesamente antes de perderse entre ellas.
Sunrei apretó enérgicamente entre los puños la tela del futon, las sensaciones eran más intensas y satisfactorias a las del sueño. La voz de la razón quiso imponerse con el recuerdo de su amor, pero el instinto la domino. Él no estaba ahí, devorándola, él no estaba acariciando sus muslos, él ni siquiera la había besado alguna vez. La calidez en la piel y cosquilleo recorriendo su cuerpo, era real no una solitaria fantasía. Estaba perdiendo la cabeza dejándose llevar, solo despegó los labios para dar a conocer la cumbre del momento más celestial de su joven vida. Sunrei se cubrió la cara con el antebrazo, agitada en busca del aliento perdido, avergonzada de sí misma. Habían mancillado su virginal cuerpo y ni las ondas de placer recorriendola podían compensar su culpa. Shun se acercó a ella y la abrazó por detrás, hizo el enmarañado cabello de la joven a un lado y fue marcando con mordiscos el cuello. Deseando salvar un poco de su honor, apretó los labios enrojecidos guardando para sí misma la sensación. Quizá si adquiría el suficiente valor y lo alejaba, esto podría quedar en un onírico momento hormonal, hecho realidad.
- Puede ser mejor –, susurró seductoramente al oído, una onda de calor revivo su cuerpo. La voluntad de la chica se convirtió en los deseos de su amante, sin poder resistirse. Las manos de Shun arremangaron la falda y tocó la desnuda cintura. Sunrei arqueó el cuerpo y dejo escapar un audible gemido placentero. Su mente y el deseo entablaron una contienda, debatiéndose entre el continúa y el detente. El corazón se aceleró cuando Shun rozó con la nariz el delicado cuello en forma de súplica –. Dejarme amar tu cuerpo será como arrebatar un fragmento al cielo –, susurró a su oído –lo deseas tanto como yo, desde el primer momento –. Bajo otras circunstancias Sunrei no hubiera dudado en ser violenta con el emisor de tan soez comentario. El peliverde tomó la delicada mano de la chica entre sus manos y la hizo recorrer sus definidos pectorales, contempló su cuerpo y se sonrojó cuando las imágenes de Shun desnudo la invadieron. El silencio fue la respuesta a la petición vuelta palabras, las manos de Shun recorrieron a Sunrei como ordenadas por su propia mente. El corazón palpitaba con rapidez y su mente se desprendía de todo pensamiento racional, agudizando las sensaciones eróticas. El primer botón de tela del qipao fue soltado de su agarre, seguido del segundo, finalizando en el quinto. Con la yema de los dedos Shun acarició la desnudez del hombro derecho de la china, la humedad de los labios tocando su piel virgen derribó la última barrera impuesta por Sunrei. El peliverde dejo expuesta cada vez más, se detuvo un segundo contemplando la forma en que se removía en la cama por completo extasiada. Volteó hacia el cielo, ya se había despejado, desvió la mirada con rapidez. Recargó un brazo por encima de ella evitando aplastarla con su peso, se deshizo de la ropa que aun ambos tenían y término de erotizarla para terminar con lo que él había buscado.
Una mañana Sunrei se levantó con rapidez hacia el baño, se sentía mareada y cansada. Shun la contempló desde la cama compartida en más de una ocasión.
- ¿Estás bien? –. Pregunto con genuino interés cuando regresó. Negó con la cabeza.
- Creo que algo me ha caído mal –se recostó con cuidado a su lado.
- Existe otra posibilidad –la china encontró los ojos de su amante y se cubrió con la sabana alarmada.
- Solo hay una forma de saberlo, iré al pueblo y compraré una de esas pruebas.
- No, no puedes ir allá todos lo sabrían.
- ¿Qué sugieres? –depositó un beso en la mejilla.
- Ve al pueblo vecino. Está más lejos, pero es más grande y nadie se fijará en un forastero –Shun suspiró.
- De acuerdo, si es lo que quieres.
- ¿Qué pasa si lo estoy? –preguntó con ansiedad. La joven sintió un frío recorriéndole el cuerpo.
- Preocuparse no cambiará la situación –. Shun subió los hombros, miró al techo recargó la nuca sobre los brazos. Sunrei se refugió en el definido pecho del peliverde. La envolvió entre los brazos acariciando la espalda, pronto el contacto se volvió sensual.
- No –. Negó la chica, presa del terror.
- Una vez más no alterará el resultado.
- No quiero –la nieta adoptiva del viejo Santo de Libra, obtuvo valor para rechazarlo por vez primera.
- En ese caso, iré a ducharme –, Shun salió tranquilamente de la cama, el sonido sordo de las pisadas sobre la madera fue acompañado por la danzarina caminata de Yue.
Para Sunrei, los horas siguientes trascurrieron con inusual parsimonia. La casucha de madera, fue aseada en más de una forma y el sol parecía burlase de ella situándose en el mismo sitio, sin brindar un estimado de su retirada detrás de las cordilleras. Los ladridos resonando entre las montañas anunciaron el regreso de su compañero. Sin palabras o ceremonias de bienvenida, arrebató la bolsa de papel, de las frías manos del peliverde, y regresó hasta la cabaña. Tras quince minutos, más pálida que en la mañana, salió del servicio. Sus ojos estaban enrojecidos. Shun estaba recostado, sobre las mantas, jugando con el cachorro. Sunrei se aproximó sentándose en la cama.
- Tenemos que hablar –dijo con la cabeza gacha –. Es positiva, estoy embarazada –. Shun no pareció sorprendido –. ¿No vas a decir algo? –Preguntó trastornada.
- Lo sospechaba, nuestra conducta ha sido imprudente durante estos meses.
- ¿Y ahora qué?–. Shun se rascó la barbilla.
- Vas a necesitar cuidados inmediatos. Este pueblo no puede ofrecer más allá de una partera. La capital, es lo más sensato. Después podemos ir a donde quieras. El dinero no es problema en ninguna forma –. Shun sonrió tiernamente.
- Eso, eso… significaría dejar las montañas –. Murmuro con un hilo de voz.
- De permanecer aquí en pocos meses, todos lo sabrán –. Una molesta sensación se anido en la boca del estómago. La mente de Sunrei se fue llenando de miradas, inquisitivas, cuchicheos y dedos imaginarios apuntándola –. En una comunidad como esta es una conducta amoral.
- Vayámonos, ¡ahora! –. De un saltó estuvo de pie.
- La luna nueva convierte merodear los escarpados senderos en un riesgo mortal–. Shun echó una ojeada a través de la desvencijada ventana, la roída cortina ondeo perezosamente. Exiguas estrellas salpicaban el firmamento con su fría luz –. Debemos esperar el alba.
- No es posible –, Sunrei daba vueltas por la diminuta casucha, Yue no cesaba de correr a su lado –. Dos ausencias seguidas al mercado ¿y si alguien vien…
- ¿Y descubre que vive contigo un completo forastero? –interrumpió –. ¿Cómo me llamaron? ¡ah! sí, una buena recolección. ¿Intranquila? o ¿hay algo más? Temes que él se enteré. Aun puedo escucharte llamándolo cuando duermes, sé para quién es tu desesperada entrega –. Sunrei bajo la mirada. Shun se levantó y sacó del bolsillo una carta arrugada. La chica reconoció de inmediato la caligrafía, arrebató con violencia el sobre y lo abrió. Se dejó caer en la cama abatida.
- Él… va… va a regresar –pronuncio con dificultad.
- Vaya, al menos escuchó mi consejo –menciono con fingida sorpresa.
- ¿Qué quieres decir?
- Nos encontramos por casualidad meses atrás pero, fue entretenido por un hecho inesperado cuando estaba en una misión más de su santuario.
- ¿Qué dices? ¡Anunciaste su liberación, la de todos! –Shun torció una sonrisa.
- Te equivocas, mencione mi independencia. Confesaré, dije las palabras precisas. Culpa tienes al no hacer las preguntas apropiadas.
- ¿Quién eres tú? Shiryu describió a una persona íntegra, desinteresada, bondadosa a diferencia de ti.
- ¿Por fin pronuncias su nombre? ¿Presa del miedo o es un rezo para invocar su pronta presencia? ¿De qué manera formarás un honesto abrazo cuando te has entregado por despecho, soledad y miedo?. Traicionaste el amor que te profesa ferviente –. Sunrei agachó la cabeza, las lágrimas surcaron las mejillas encendidas de ira y vergüenza.
- Dijiste que no me amaba –emanó la voz ronca de la china.
- Palabras elegidas cuidadosamente. Nunca confesó amor por ti, al menos no a mí. Seiya no podría decir lo mismo –. En un arrebato de furia lo abofeteó.
- El santuario motivó mi deserción; ha sido corrompido y nosotros con el, soy un fugitivo, un paria. Regresar por el sendero, aquella tarde, te marcó. Él como lo llamas, permanecerá una larga temporada a tu lado. Hará preguntas, puedes decirle con quien has estado pero, te advierto todo aquel que me haya ayudado, merece la muerte –. Sunrei instintivamente tomó su fértil vientre –. Aún no está perdido todo, puedes tener una familia, siempre ha sido tu deseo vehemente, un lujo impensable para nosotros los huérfanos y abandonados. Dale un padre a tu hijo sedúcelo, ya sabes cómo hacerlo. Créeme no tendrá ni una sola queja –. Shun sonrió sórdidamente y apresó la muñeca derecha cuando la china quiso repetir la acción –. Aunque será complicado explicar porque se parece tanto a mí.
- ¡Largo! –gritó.
Las solitarias pisadas resonaron por el adoquín del pueblo, Shun temía cruzar su camino con un efímero espíritu de la montaña en busca de venganza, volvió la mirada hasta lo alto de la montaña, una débil luz iluminaba la distancia. Dos gruesas lágrimas corrieron libres por sus mejillas. Sintió el cosmo de Shiryu acercarse, intento tranquilizarse o todo lo acontecido sería inútil. El tiempo de regresar a Grecia había llegado, la dolorosa misión estaba por terminar.
Sakurita se retira, esperando que nadie sepa donde vivo... y se esconde por cualquier posible represaria. Recuerden que Shun hizo todo solito... Ademas siempre dije que ese Ryhuo se parecía mas a Shun que a su papá el que tenga tienda que la atienda.
No creo que me odien mucho pues despues de 2 largos años he actualizado, no dejaba de rondarme el fic por la cabeza, pero siempre la vida tiene planes diferentes, en fin al cuadro de honor:
Alyshaluz: Espero que con el fanservice perdones a Shuncito (inserte cara de gato con botas). Prometo que todo el fanservice es con fines dramaticos, mentira un fic sin fanservice no debería existir. Acá se pasa de cínico y podríamos decirle de todo pero como es lindo el condenado no puedo, al menos no yo.
Shun4Ever : Si se murió, de lo otro aun no puedo responder.
Vegen Isennawa: Espero sigas por acá.
Tot12: Si anda en busca de algo sumamente oscuro, espero que no me odien por ello.
darkacuario: Pues porque Shuncito llega por su propio pie a Grecia, y con esta bomba de noticia Shiryu ni siquiera le importaría traer la cabeza de nadie.
Alpheratz: Usted brinquese el fanservice y ... la ultima mitad del capitulo, ya sé que no te gusto lo que le hice a Sunrei, en mi defensa fue Shun.
Carito357 : No rígidas, si no corruptas. Hasta la fecha no hemos recibido postal de Seiya pero asumimos que esta re bien el muchacho, pues si fue repentino, digamos le así por el momento.
Tepucihuatl-Shun; Sip harem, ya veras en el siguiente capitulo veremos muchas cosas este fic es mas bien corto, la misión pronto se revelará.
liluel azul: Venga, si soy malvada, cruel, despiadada, etc, primero mato al pony y ahora separo a estos dos, porque el dragon con lo orgulloso que es no va a perdonar el desliz de su vieja. Por eso no hay que descuidar a quienes amamos pues hasta el amor mas fuerte puede ser sacudido, si se tiene esa intención. PD. Seiya se murió ah eso ya lo sabías muajaja. Cuidado con los deseos, ya sabes lo que se dice.
InatZiggy-Stardust : El santuario no sospecha de Shun y la muerte de Seiya, pero Saori si perdió la cabeza presa del dolor, los Dioses no saben como manejar las emociones humanas, los confunden y debilitan.
Mary Martin: Si, lo logre lo que kurumada siempre ha intentado pero le tiembla la mano, espero algún día vuelvas a leer.
nathi, osas,LouiseUchiha: Muy tarde pero he actualizado, lo siento reglas de FF no permite correos o lynks, si desean contactarme puede ser por PM.
PD. Qipao, es la ropa que usualmente llamamos china, atada con botones de tela ¡quiero uno! el mío se rompió hace mucho.
