Domo ^^ ¡Tanto tiempo sin pasar por aquí! ¡Pero aquí me tienen con la continuación de esta linda historia!
Solo le queda un capitulo, así que disfrútenla.
Advertencia: Leve escena Lemmon –no es la gran cosa, pero esta–.
Bleach no pertenece.
Sin más que decir ¡A leer!
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Inocencia Perdida
Descubrimiento
Suspiro con sumo fastidio cuando sintió el reaitsu de esa mujer que lo había metido en problemas innecesarios por clavar las narices en donde nadie la llamaba, y a pesar de que ya había pasado una semana no lo olvidaba. Aun estaba tan molesto que hasta se dignaba a hacer el papeleo de sub-capitan que obviamente no le correspondía, de verdad que no había mentido cuando expreso su deseo por despedirla. Pero claro que eso no se pudo llevar a cabo porque luego de arreglar cualquier mal entendido, Hinamori le pido encarecidamente que considerara a Matsumoto como su teniente, porque era una gran shinigami.
Y claro que esa mujer de espíritu libre era una gran guerrera, él lo sabía muy bien, pero eso no era el caso en ese momento.
—T-Taicho…
Rangiku entro a la oficina principal con cierta aprensión y tratando de mostrar la mejor predisposición de hacer las pases con su aun –por suerte– capitán gruñón.
—¡Fuera! –expreso irritante Hitsugaya con una marcada venita en su frente.
—¡Hai!
Como si de un soldadito firme a batería se tratara Rangiku en un rápido movimiento salio de aquella oficina cerrando y deslizando la puerta tras de si.
—Tsk –se quejo el capitán tratando de volver a su trabajo administrativo, pero realmente le era imposible.
Estaba inquieto y no podía negar aquello, pues a pesar de que había arreglado las cosas con Hinamori, ella en esa última semana había estado raramente distante. A veces se mostraba malhumorada, otras muy apegada, amable como de costumbre, otras consentida y algunas caprichosa. Había intentado saber sobre aquella actitud, pero ella o lo evadía o terminaba por fruncirle el ceño; él más que nadie sabía lo que pasaba cuando ella se mostraba enojada.
Si, era capaz de desenvainar a Tobiume.
—Hinamori –murmuro su nombre recordando aquella noche en donde la encontró desmayada en los brazos de Rukia en el oscuro bosque del Distrito Rukon.
El sonido de su respiración era lo único que podía escucharse en aquel pasillo perteneciente a los establecimientos del escuadrón cuatro, cerró sus ojos e inconscientemente frunció su ceño. Recordó que no estaba solo en aquel lugar por lo que miro de reojo a Ichigo y Rukia que en silencio solo se mantenían haciéndole amablemente compañía.
—Gracias, Kuchiki –largo en seco sorprendiendo a los otros dos presentes.
—P-Por favor, Hitsugaya-taicho no me agradezca –contesto Rukia siempre con el debido respeto.
—Vaya… ¿Pero que le habrá pasado para que se desmayara así? –hablo Ichigo largando un suspiro y recibiendo inmediatamente un sutil codazo en las costillas por parte de Rukia–. Auch…
Y cuando estaba por replicar por dicha actitud, Ichigo noto que ese pasillo de hospital se lleno de otras presencias.
—¿Cómo esta Hinamori-kun? –pregunto un agitado y preocupado Kira, lo que provoco que Hitsugaya lo mirara de reojo y ceñudo. .
—Cállate, Izuru –hablo un adolorido Renji, que a pesar de que había tomado las aspirinas aun le aquejaba el dolor de cabeza–. Hinamori es mi teniente, ahora mismo hablare con Unohana-taicho.
—Como tu teniente creo que deberías cuidar mejor de ella ¿No lo crees? –expreso Hitsugaya en tono demandante a lo que Renji lo quedo mirando detenidamente, recordando aquella fotografía que encontró en el escritorio de Momo–. ¿Qué tanto me estas mirando?
—Nada, que tienes razón –Abarai se cruzo de brazos–. Debo estar más pendiente de ella, como es tan responsable y fuerte la dejo ser, aunque creo que eso a muchos le beneficia, tal vez a ella también.
Toushiro abrió ligeramente sus ojos al escucharlo, pues no era ningún tonto como para no interpretar debidamente lo dicho por Renji y sabia que indirectamente estaba dirigido hacia él. Pero igualmente no entendió el porque de aquellas palabras.
—Taicho… –se animo a hablar Matsumoto, que hasta el momento se mantuvo en silencio porque dudaba de la reacción de su capitán hacia ella.
—¿Qué haces tú aquí? –el joven albino la miro de mala gana–. Vete.
—¡Pero Hinamori es mi amiga! –se atrevió a gritarle.
—¡Ella no te necesita! –la encaro mas que enojado, ni crea que él había olvidado porque había sucedido todo aquello.
En ese momento, Unohana-taicho apareció saliendo del cuarto en donde había atendido a Momo.
—¿Cómo esta Hinamori? –se apresuro a preguntar Matsumoto, dándole a entender a su capitán que ella tenia tanto derecho como él, pues que Hitsugaya conociera a Momo desde que eran niños no le daba mas crédito. Pues, ella era tan amiga de Hinamori como el chico.
Y claro que Rangiku se equivocaba enormemente en sus conceptos, pues Hitsugaya y Hinamori hacia tiempo habían dejado de ser amigos para convertirse en algo más. Por eso Toushiro se consideraba con mucho mas derecho… y no se equivocaba.
—La teniente Hinamori se encuentra bien –hablo temple Unohana–. Simplemente fue un desmayo provocado por un desequilibrio alimenticio. Tiene las defensas bajas, nada grave. Igualmente le mande hacer unos estudios de rutina.
—¿Podemos pasar a verla? –cuestiono Kira.
—La teniente Hinamori esta dormida y será mejor que la dejemos descansar –respondió Unohana–. No se preocupen por ella, pueden volver a sus labores correspondientes. No es necesario que se queden aquí, así que por favor…
Unohana con su sonrisa tenebrosa señalo la salida, por lo que los presentes no tenían opción a rechistar porque si lo hacían sabían que estarían en grandes problemas. Ichigo, Rukia, Renji, Izuru, Rangiku y Toushiro asintieran en silencio dirigiéndose hacia la salida.
—Hitsugaya-taicho –lo llamo Unohana a lo que el albino se volteo para mirarla–. ¿Me concedería un momento, por favor?
—Claro –el capitán asintió.
—¡Pero porque mi…! –Rangiku intento protestar al ver el trato privilegiado hacia su taicho porque pudo ver al igual que todos los demás las verdaderas intenciones tras las palabras de Unohana.
—Vamonos Rangiku-san –Renji le tapo la boca y a la pura fuerza saco a su amiga de ese lugar saliendo junto a los otros.
Unohana sonrió levemente cuando vio que los demás shinigamis ya se habían retirado y miro al capitán del escuadrón diez, quien le mantuvo la mirada.
—Hitsugaya-taicho, la teniente Hinamori esta despierta ¿Quiere pasar a verla? –Toushiro trato de no mostrar sorpresa, pero a la experiencia privilegiada de Retsu era imposible engañar–. Ella ha preguntado por usted.
—Esta bien –mostró seriedad para ocultar la desesperación que sentía por verla, cuidarla y protegerla.
Toushiro se adentro a la habitación de hospital de aquel cuartel numero cuatro, poso sus ojos turquesa en Hinamori que se encontraba recostada y observando hacia la ventana en donde podía mostrarse la luna. Ella finalmente volteo a mirarlo, el joven noto que los ojos de Momo estaban levemente hinchados y rojos "Estuvo llorando" pensó. Hinamori igualmente le trato de sonreír.
—Hitsugaya-kun…
—Hinamori –se acerco a la camilla–. ¿Cómo te sientes?
—Bien –agacho la mirada y él hizo lo mismo.
Por un momento reino el silencio, solo la respiración de ambos se lograba escuchar. Hitsugaya por primera vez en su vida –o muerte– no sabía muy bien lo que tenía que decir. Porque jamás había tenido que disculparse por algo que no había hecho y de lo que no era responsable. Si, definitivamente despedir a Matsumoto fue la mejor decisión.
—Hinamori yo…
—¿Es verdad? –ella lo interrumpió mirándolo fijamente tratando de no evadir esa situación y sus sentimientos con respecto a ello, no importaba si era cierto, lo entendería y estaría con él sin importar que antes de ella Hitsugaya hubiera tenido a otra chica. Solo quería escucharlo de él y que le dijera la razón de porque estaba con Karin Kurosaki.
—¡Claro que no! –aseguro tomando de las manos a Momo provocando que ella se sonrojara levemente por aquel contacto, lo que enterneció al capitán–. Sabes que yo jamás hago caso a las estupideces de Matsumoto. Y no se de que modo y de donde saco que yo acepte tener una cita con Kurosaki, porque no fue así. La hermana de Kurosaki Ichigo me vino pedir ayuda con respecto a un tema en particular por eso estaba en ese lugar con ella.
—Pero… ¿Tú no fuiste su primer novio?
Hitsugaya apretó sus dientes recordando a la inocentona entrometida de Yuzu Kurosaki, la chica no tenia la culpa, lo sabía. Pero sin querer había metido las narices en donde no debía ayudando a los malos entendidos de ese momento. Y que más podía esperar, si Yuzu jamás entendió que entre Karin y Toushiro ni siquiera existía una relevante amistad. Eran conocidos, se llevaban bien y ya.
—Hitsugaya-kun… yo te creo que no estabas con ella en una cita –volvió a hablar Momo–. Y si tuviste una relación antes de lo nuestro yo lo comprendo, porque no tiene nada de malo. Porque a mi me importa… lo que siente tu corazón por mi ahora. Yo solo…
Hinamori no logro seguir con sus palabras porque Hitsugaya la beso, en un roce casto que lentamente se convirtió en algo mas profundo cuando Momo le correspondió. Toushiro tomo entre sus manos el rostro de la chica y en el momento que sintió una lagrima rodar por su mejilla se separo lentamente para mirarla.
Odiaba verla llorar porque jamás sabía que decir o hacer cuando sucedía eso.
—Hinamori no llores…
—G-Gomen ne –se disculpo arrugando su boca en un puchero–. No se que me pasa.
Toushiro le seco las lágrimas con las yemas de sus dedos.
—Tonta, siempre has sido tu –Momo centro su mirada en aquellos ojos turquesas–. Eres la única para mí. Soy capaz de dar mi alma por tu amor. Tonta, yo soy tu ángel guardián. Nunca hubo ni habrá otra.
—¿De verdad? –sus orbes chocolate brillaron.
—Sabes que jamás miento –y acerco sus labios nuevamente a los de ella, quien le acaricio su mejilla correspondiendo a sus besos.
En el momento que se separaron por una pequeña falta de aire, Hitsugaya la miro firmemente y Hinamori sabia que él tenia todas las intenciones de contarle y responderle todas las preguntas que ella tuviera con respecto al tema abordado.
Mientras tanto sin que Momo ni Toushiro se dieran cuenta, Unohana cerro silenciosamente la puerta de aquella habitación. La capitana bajo sus parpados pensativamente y sin romper su propio silencio dirigió sus pasos hacia el cuartel principal de su hospital.
—Así se dieron las cosas, no se porque demonios a Matsumoto se le meten ideas tan estupidas en la cabeza.
Hinamori rió levemente al escucharlo en ese tono gruñón tan característico suyo, para luego dar un pequeño bostezo.
—No seas malo con Rangiku-san, ella ha madurado.
—¿Qué ha madura…? –Hitsugaya freno sus palabras al notar como Momo se frotaba uno de sus ojos con cansancio–. ¿Tienes sueño?
—Un poco –volvió a bostezar.
—Entonces duerme –acomodo con suavidad el flequillo de la joven, notando como ella cerraba sus ojos con lentitud–. Yo cuidare de ti.
La tapo con las mantas correspondientes para que no pasara frío y cuando se aseguro de que Hinamori había entrado en el sueño de Morfeo, se alejo de la camilla para no molestarla. Apoyo su espalda sobre una de las frías paredes de aquella habitación, cruzándose de brazos y mirando la delicada y siempre serena imagen de Hinamori durmiendo, que ahora era iluminada solo por la natural luz de la luna que se filtraba por la ventana.
Su corazón se había calmado y estaba tranquilo por ello. Al fin había aclarado todo mal entendido absurdo en que lo había metido la impertinente de Matsumoto, pero ya no quería pensar en eso, porque todo estaba como tenia que estar.
Aunque Hitsugaya ignoraba la semana difícil que le haría pasar Hinamori de ahora en adelante.
—¿Qué es lo sucede con ella…? –murmuro cerrando sus ojos y dejando caer su cabeza arriba del escritorio.
Él aclaro las cosas, ella lo había escuchado y hasta había tomado una actitud de total comprensión ¿Entonces por qué ahora estaba tan rara? Hasta sus hábitos alimenticios estaba cambiando y no quería creer que se trataba de un capricho infantil y mañoso, porque Momo no era ese tipo de chica.
Por su parte afuera del escuadrón numero diez, Rangiku dio un hondo suspiro.
—Que cruel es mi capitán –arrugo su boca de manera enojona–. ¿Cuándo se dignara a disculparme?
En ese momento, un shinigami de bajo rango se hizo presente frente a ella extendiéndole un papel.
—Mensaje de Abarai-taicho –el joven le hizo una leve reverencia.
—Gracias, puedes retirarte.
Rangiku abrió el papel para leerlo finalmente.
Ven para mi escuadrón, es hora de hacer lo que teníamos planeado sobre lo que hablamos la otra vez. No lo estropees ¿De acuerdo?
La teniente frunció el ceño al terminar de leer el pequeño mensaje.
—¿Pero quien se cree Renji? –protesto, pero de inmediato recordó eso a lo que implícitamente se estaba refiriendo el joven de cabello rojizo.
Unohana con su sonrisa tenebrosa señalo la salida, por lo que los presentes no tenían opción a rechistar porque si lo hacían sabían que estarían en grandes problemas. Ichigo, Rukia, Renji, Izuru, Rangiku y Toushiro asintieran en silencio dirigiéndose hacia la salida.
—Hitsugaya-taicho –lo llamo Unohana a lo que el albino se volteo para mirarla–. ¿Me concedería un momento, por favor?
—Claro –el capitán asintió.
—¡Pero porque mi…! –Rangiku intento protestar al ver el trato privilegiado hacia su taicho porque pudo ver al igual que todos los demás las verdaderas intenciones tras las palabras de Unohana.
—Vamonos Rangiku-san –Renji le tapo la boca y a la pura fuerza saco a su amiga de ese lugar saliendo junto a los otros.
Y una vez que estuvieron fuera del escuadrón seis, sin que los demás se dieran cuenta y sin soltar aun a Rangiku, Renji con unos increíbles shunpos se llevo consigo a la teniente de la décima a un lugar en donde pudiera hablar con ella a solas.
—¡Pero que sucede contigo, Renji-baka! –protesto Matsumoto en el momento que fue librada y se reprimió de darle una bofetada a su amigo por ese trato tan austero.
—Cálmate ¿Si? Que no fue para tanto.
—¿Qué no fue para tanto? –arqueo una ceja–. ¿Dices que…?
Pero no logro seguir con su debido reclamo porque noto como Renji sacaba de entre sus ropas shinigamis una especie de fotografía y se la extendía.
—¿Puedes explicarme esto? –dijo Abarai con un semblante serio notando como Rangiku tomaba la foto entre sus manos.
La rubia teniente al mirar dicha foto abrió los ojos sin disimular la sorpresa que la invadió en ese momento. Era obvio que ella no tenía explicación alguna para ello.
Matsumoto miro hacia la puerta cerrada de su propio escuadrón, sabiendo a la perfección que era su capitán quien se encontraba del otro lado.
—¿Será… posible?
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Hinamori refunfuñó de muy mal humor al firmar uno de los papeles que debía autorizar para su escuadrón. Renji la miro de reojo no comprendiendo en lo absoluto aquella actitud acida por parte de su teniente. Ella en esos últimos días se había comportado así y cuando se le preguntaba el porque de ese desdén, Momo se enojaba aun mas por el simple hecho de que no encontraba un respuesta ni para ella misma de su propia acción.
—Hinamori.
La joven suspiro de mala gana y lo miro… de mala gana.
—¿Qué? –dijo levantando una ceja.
—¿Acaso esa es manera de hablarle a tu capitán? –expreso enojosamente mientras una venita afloraba por su cien, él jamás dejaba ese deje temperamental y mas si su propia teniente se dirigía de esa forma a su persona–. ¿Estas susceptible?
—¡Déjame en paz! ¿Sabes? –enrojeció caprichosamente como una niña pequeña a la que le prohibían salir a jugar al aire libre en pleno día soleado–. No tengo ganas de hacer este tonto papeleo, me canse de que seas tan vago y perezoso ¡Eres un irresponsable! ¿Oíste? Si, eso es… ¡Un irresponsable!
Renji parpadeo como acción propia por la reacción de su amiga, de verdad que se sintió como una estupido adolescente que estaba siendo regañado por su madre por devuelta llegar alcoholizado a su hogar luego de una loca noche entre amigos. Fue por ese motivo que no reacciono de inmediato en el momento en que Hinamori se levanto de su asiento para salir de aquella oficina.
Renji por primera vez en su vida después de la muerte dejo su temperamento de lado y recordando lo que debía de hacer para no arruinar ciertos planes, sacudiendo distraídamente la cabeza dijo:
—Esta bien, tomate el día libre. Lo entenderé.
Hinamori pareció detenerse en el tiempo cuando en realidad solo se paro de seco en frente de la puerta, de manera mecánica giro su cabeza para mirar a su capitán.
—¿H-Hablas enserio, Abarai-kun?
Su voz sonó amena, como solía siempre ser. Mientras que a Renji nuevamente se le ensancho una vena en su frente.
—¡Abarai-taicho! Demonios ¿Cuando vas a tratarme como tal?
Hubo un pequeño silencio. Momo bajo su mirada de manera pensativa y luego hablo.
—Te tengo mucho aprecio, Abarai-kun.
Renji suspiro y se sonrojo levemente, luego de Rukia la única que poquísimas veces lo había hecho sonrojar era Hinamori; y eso era porque era una amiga demasiado buena para ser real. A veces creía que no se le tenía la consideración necesaria y la que se merecía, tal vez por esa razón no había notado que…
La puerta del escuadrón número cinco se abrió de manera escandalosa y casi sorpresiva, fue por ese motivo que Momo dio un brinco hacia atrás y Renji lo hizo sobre su asiento.
—¡Konichiwa! –entro a la oficina muy alegremente Matsumoto–. ¡Konichiwa!
—Rangiku-san… que susto –Hinamori se llevo una mano al pecho.
—Vamos, ni que fuera tan fea.
Y sin esperar más tiempo Rangiku rodeo a Momo con sus brazos dándole su característico abrazo de la muerte.
—¡Ya basta! La vas a matar –intervino Renji al ver que su teniente se estaba quedando sin aire–. Déjala en paz que le he dado el resto del día libre.
—Oh, que bien –Matsumoto la soltó–. Entonces podemos hacer muchas cosas juntas Hinamori.
Momo luego de recuperar el aliento miro con agrado a su amiga y con sus mejillas sonrojadas comenzó a jugar con sus dedos, Renji negó de cabeza; realmente no la entendía. No hacia nada de minutos que Hinamori lo había retado como a un crío explotando en una ira y ahora se mostraba dulce, tímida y agraciada como siempre.
—¿Qué me quieres pedir, Hinamori? –Rangiku le guiñó un ojo.
—Oh, yo… veras que tengo largo el pelo y ¡lo quiero dejar así!, pero me esta creciendo de manera despareja y…
—¡No hay problema! Te cortare las puntas y le daré forma a la crecida.
A Hinamori se le sonrojaron las mejillas con alegría y Rangiku miro de reojo a Renji, quien pudo distinguir un brillo de inteligencia fugaz en la teniente de la décima.
Luego de un tiempo de regocijar y hacer sentir a Momo tranquila, en la oficina de la quinta, la armonía se distendió entre los tres shinigamis. Y mientras Rangiku le terminaba de peinar el cabello a Momo –ya terminado de haber cortado el mismo– carraspeo su garganta de manera disimulada.
—¿Estas mas calmada ahora, Hinamori? –cuestiono Matsumoto–. No me digas que Renji te deja mucho trabajo…
—Oh, claro que no… lo normal –dijo sonriendo con dulzura la joven mientras se llevaba un caramelo a la boca, sintiéndose mimada por el hecho de que su amiga le cepillaba el cabello.
Renji negó de cabeza sintiéndose ridículo ¿No era Momo quien lo había retado por ser un irresponsable?
—Esta semana te has mostrado no se como decirlo… algo… ofuscada ¿sabes? –Rangiku se mojo sus labios–. Mi taicho… me ha… preguntado si sabia yo si te encontrabas bien ¡Mira que para que él pregunte algo!
Matsumoto había mentido rotundamente, pues Hitsugaya jamás le hizo semejante mención era obvio que cuando se trataba de Momo, él jamás lo hacia saber –mas aun por la relación que llevaba con la susodicha– era algo que el capitán resolvía por su cuenta. Renji se puso de color azul al escucharla, se suponía que no sacarían los trapitos al sol, que serian sublime al abordar el tema, a él le parecía muy obvias las intenciones de Rangiku; pero tal vez…
—¿Hitsugaya-kun pregunto eso? –cuestiono Momo bajando la mirada.
—Bueno, en realidad lo insinuó, ya sabes como es…
—Si, pero… yo estoy bien.
Respondió Hinamori sintiéndose por un momento incomoda, cosa que noto Rangiku que en ese momento estaba agarrando parte del cabello de Momo para tomarlo con el broche de pelo correspondiente.
"Creo que esta semana he estado muy fastidiosa sin razón, no se porque… y eso ha preocupado a Shiro-chan, que tonta he sido… no me he dado cuenta" pensó Hinamori con pesar, porque ni ella entendía lo que le sucedía y se sentía mal por Toushiro; porque él había aguantado su malhumor.
—Hinamori, ¡pero que bonito broche! –exclamo la rubia.
—Si, siempre me llamo la atención –hablo Renji–. ¿Lo has comprado tú?
—S-Si, claro… ¿Quién mas?
—¿Y en donde lo adquiriste?
—Ah, bueno yo… –la chica titubeo sin saber muy bien que decir–. No recuerdo.
—¿No recuerdas? –Rangiku se mostró confundida.
—No –Momo se levanto de un momento a otro y se sacudió su hakama–. Creo que iré a tomar un poco de aire fresco.
—Claro, ve… te dije que te queda el resto del día libre –dijo Renji.
—Arigato, Abarai-kun –miro a su amiga y le sonrió–. Gracias, Rangiku-san.
—De nada, Hinamori –la saludo de mano y alegremente.
Y cuando Momo salio y los otros dos shinigamis la sintieron lejos, suspiraron con pesar.
—¿Por qué tuviste que mencionarle a tu capitán? –le cuestiono Renji de mala gana, creyendo que había sido una imprudencia por parte de su amiga.
—Porque soy mujer y conozco bien Hinamori… lo irá a buscar –a Rangiku se le inflo el pecho de orgullo–. Yo lo se.
—¿Y entonces? –Renji arqueo una ceja.
—Muéstrame la foto.
El joven pelirrojo saco de su haori aquella fotografía y se la dio. Rangiku la miro meticulosamente.
—Ahora… debemos… comprobarlo –expreso pausadamente la rubia.
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Estaba detrás de aquel árbol mientras sus orbes negros miraban la figura de aquel joven que jugaba con una pelota de tela junto a otros muchachos en aquellas calles de tierra del Distrito Rukon. Sintió que le tocaban sutilmente el hombro, era su hermano, quien desistiendo de cualquier otra ayuda, fue quien finalmente encontró a la persona que tanto ella deseaba ver.
—Ichi-nii…
—Karin acércate, no te aseguro de que te recuerde, pero…
—Lo se –lo miro decidida.
Sus pasos lentamente se fueron acercando hacia el conjunto de muchachos que corrían en dirección a la pelota. Se quedo mirando la partida de fútbol, posando fugazmente sus ojos en aquel chico que habían conocido cuando aun estaba viva.
—¡Llévala contigo Hotaru-san! –grito uno de lo chicos al joven de ojos azules, piel blanca, cabello castaño y cuerpo delgado, pero firme; quien se iba con la pelota al arco contrario para meter el gol, pero…
Su mirada azulada se detuvo en el tiempo y su cuerpo en ese lapso de espacio, lo que hizo que la pelota frenara con él al igual que el juego en si. Miro a la joven morena que también lo miraba.
—¿Karin? –susurro–. ¿De verdad eres tú, Karin?
A la chica por un segundo le brillaron los ojos y el miedo que antes la invadía por no saber si él la recordaría o no, desapareció. Se acerco a Hotaru como él se acercaba a ella.
—Yo pensé que nunca…
El chico freno sus palabras, parecía perplejo y a la vez esperanzado.
—Yo también, me fue difícil ¿sabes?
Hubo un silencio finito, pero que a ellos le pareció eterno. Hotaru decidió cortar aquello.
—Se que esta vida es la que uno tiene después de morir, pero… nunca he podido recordar muy bien que fue realmente de mi vida, todo esta borroso como niebla en el camino –Karin lo escuchaba con atención–. Siempre he de recordarte, hubo un tiempo que tuve miedo de también olvidarte. Pero no fue así –finalizo con una leve sonrisa.
Karin también sonrío y se acomodo su flequillo con tranquilidad. Si, su corazón estaba tranquilo.
—Yo tampoco te he olvidado.
—¿Pero has vivido mas tiempo que yo? –cuestiono sorprendido.
La joven se encogió de hombros.
—Ahora estoy viva y tú también ¿No es así?
Ambos se miraron fijamente ¿Y porque no? El amor joven estaba ahí latiendo para ambos. Mientras, tanto desde el techo de una casa de aquel distrito dos shinigamis miraban dicha situación.
—Has hecho bien, Ichigo –Rukia se cruzo de brazos y sonrió levemente, como orgullosa de la madurez de su amigo.
Ichigo no dijo nada, su silencio lo dijo todo.
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La tarde caía, pero aun no era la exacta hora de que se escondiera el sol. Momo en silencio y mirando el cielo sentada sobre una roca que daba como vista a una inmensa laguna cristalina, cerro sus ojos como esperando algo o a alguien. Una pequeña brisa movió sus cabellos haciendo que los mismos rozaran sus cachetes.
—Es todo muy hermoso, el cielo esta luminoso –se levanto de donde estaba sentada y fue hasta la laguna.
Se saco sus chatitas de madera y las medias, lentamente se fue acercando a la orilla hasta que sus pies se mojaron con el agua cristalina y helada. Se alejo por unos instantes, pues la vibración de que su piel calida tocara el frío del agua le hizo cosquillas. Las mismas cosquillas que siente cuando las manos fríos de Hitsugaya la acarician… algo hermoso.
Largo una pequeña risita, volvió sus pasos al agua, sonriendo solo como ella siempre lo suele hacer, en un instante feliz.
De un momento a otro, sintió que unas fuertes manos la rodearon por la cintura, mientras la fría y lenta respiración de él se agolpa en su cuello, inhalando su perfume melocotón. Momo llevo una de sus manos hacia su cintura juntando la misma con las de él, mientras dirigió la otra hacia los cabellos blanco del joven para acariciar los mismos.
Así se quedaron en un momento de silencio y acompañamiento.
—¿Me perdonas, Hitsugaya-kun?
—¿De que? –susurro apoyando su mentón en el hombro de ella.
—Porque estos días… no se… me he comportado tan mal… y no lo entiendo… se que…
—Eres una tonta –le replico–. Todo esta bien, que no te preocupe eso, quiero verte… solo dime… ¿Tú estas bien? Digo… ¿conmigo?
—Si ¿Por qué dices eso? –Hinamori ladeo su cabeza para mirarlo directamente–. He sido horrible, me he comportado tan mal contigo ¿Cierto?
Hitsugaya sonrió levemente y la abrazo mas fuerte pegándola ha su cuerpo.
—Debo admitir –cerró sus ojos frunciendo levemente su entrecejo–. Que hubo un momento en que me preocupe, pensé que…
—¿Qué?
—Pensé que aun seguías enojada, ya sabes… por lo del otro día.
—¿El otro día? –Hinamori parpadeo sin entender, Hitsugaya supo que no era esa la razón del comportamiento de Momo, ella seguramente ya había olvidado aquella confusión causada por Rangiku. Y así era, Hinamori ya lo había olvidado.
El capitán directamente la beso, solo quería sentirla así, como siempre, su inocente y dulce Hinamori. La teniente le correspondió lentamente hasta que poco fueron mutuamente profundizando el beso. Era su momento.
Mientras tanto…
—¡Deja de protestar, Renji! –bufo Rangiku, a la vez que ambos utilizando pasos flash saltaban de árbol en árbol–. Pareces un crío.
—¡Tenme mas respeto que soy un capitán! –el chico cambio su tono de voz a una chillona–. Yo la conozco… Hinamori ira ver a mi capitán… confía en mi intuición femenina ¡Boberas! –recrimino finalmente–. ¡No sabes nada de nada!
—¡Que me estas recriminando! –freno sus pasos muy ofendida–. Es cierto, pensé que iría a buscar a mi capitán, pensé que iría directamente a mi escuadrón.
—Pero nadie había en tu escuadrón, ni Hitsugaya estaba ahí.
—¡Y ahí esta el punto, baka! –Renji la miro detenidamente–. Ni mi capitán estaba en el escuadrón y… Hinamori no aparece por ninguna parte ¿Raro, verdad?
—Ahora que lo dices…
—Cállate y sigamos que yo se lo que hago.
Renji suspiro y le siguió los pasos, ambos shinigamis se adentraron a los campos del privilegiado Distrito 1 del Rungonkai, era un lugar muy hermoso, lleno de plantas y flores acordes en cada milímetro del lugar. Frenaron en un sitio que a Renji le pareció realmente precioso; se trataba de una inmensa laguna cristalina rodeada de árboles de sauce y caídas de margaritas, que nunca antes había visto.
—¿Por qué vinimos a este lugar?
—¡Chist! –lo callo Matsumoto–. Puedo jurar que sentí la leve presencia de mi taicho.
—Pero yo no siento la presencia de nadie aquí…
Y era cierto, ni Matsumoto podía sentir la presencia de nadie ahora.
Renji noto como Rangiku se fue acercando lentamente a la laguna, pero de un momento a otro freno sus pasos.
—¿Qué paso?
—Hay una barrera muy fuerte de Kido alrededor de este lugar –anuncio la teniente.
—Es cierto –dijo Renji estirando su mano y topándose con el brillo dorado de una barrera–. Es muy raro. Aunque bueno, hay muchos lugares de todo el Rungonkai que están protegidos de alguna que otra barrera, algunos shinigamis de Ukitake-taicho se encargan de ese trabajo, creo…
—Pero esta… es una barrera que esta a la altura de un capitán, como mínimo.
—¿Qué hacemos?
—Eres un capitán ¡Rompe la barrera, Renji!
—¿Ah? –Abarai arqueo una ceja incrédulo.
Las manos de Hitsugaya se paseaban como un diestro artesano sobre la suave y desnuda espalda de Hinamori, quien estaba a upa suyo rodeándolo por su cintura con su piernas. Sus movimientos se iban moldeando a sus respiraciones agitadas, mientras el sol caía escondiéndose detrás de las nubes, pero sin dejar que los hermosos colores del cielo se hagan presentes. Momo arqueo su espalda, sintiendo su cuerpo temblar ante las embestidas de Toushiro.
La mitad de sus cuerpos de parte para arriba estaba al aire libre, mientras que la otra se encontraba debajo del agua.
—Ah… –Hinamori se aferro a los hombros de Hitsugaya, podía sentir como su placer se acrecentaba mientras el agua golpeteaba sus caderas que se movían apasionadamente en los brazos de su amado.
Hitsugaya la sentía temblar, pero sabia que no era de miedo sino de amor puro, y su cuerpo mismo palpitaba rápidamente al sentir como los firmes senos de Momo rozaban su pecho, era algo que lo hacían sentir siempre como nunca se había logrado sentir antes. La beso y abrazándose más fuerte a ese frágil cuerpo femenino, dio la última embestida, sintiendo el espasmo final.
Hinamori apoyo su cabeza en el hombro de Hitsugaya, extasiada y sonriendo levemente, abrazo a Toushiro, haciendo que sus finas manos acariciaran suavemente la espalda morena y firme del joven albino.
—Te amo, Hitsugaya-kun.
—Yo mas, Moja-camas –sonrió de medio lado, acariciando los cabellos castaños de Hinamori.
Era un instante que no quería terminar, porque era de ellos y nada más que de ellos. Nadie lo tenía porque saberlo… nadie. Porque aunque muchos pudieran decir que estaba mal, los jóvenes cuando se aman… se aman y no se fijan en prejuicios, simplemente sienten.
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La noche finalmente había caído, presentando la luna en un cuarto creciente. Y al mismo tiempo presenciando la discusión de dos alborotados shinigamis.
—¡Eres un idiota, idiota, idiota!
Rangiku Matsumoto no paraba sacudir de un lado a otro a Renji que de repente cayó de cola al suelo.
—¡Oye! –se quejo, parándose de un brinco y enfrentando a la mujer–. ¡Te dije más de mil veces que aun no he mejorado mis habilidades en Kido! ¡Pero no… no me quisiste escuchar! Te dije que no podía echar abajo esa barrera ¡Pero te encaprichaste!
—Después de un siglo… ¡Como es posible…! ¿Cómo es posible que sigas siendo un torpe en las artes demoníacas? –alego indignada–. Al fin todo se arruino ¡Y fue tu culpa!
—¿Arruinar? ¡Por dios! No teníamos seguridad de que alguien se escondiera dentro de esa barrera.
—Pero yo tenía la seguridad –dijo Rangiku muy firme.
—Si, claro como no –hablo irónico Abarai–. La misma seguridad que siempre tienes cuando le armas a tu capitán citas a ciegas o cuando le dices a Momo que ropa ponerse, o las veces que dices que no te pondrás ebria y siempre lo haces ¡No, no! Mejor aun… la misma seguridad con la que dijiste "Hinamori ira a buscar a mi capitán, yo la conozco, yo lo se" ¡No sabes nada, acéptalo! Porque apenas regresamos Hitsugaya estaba haciendo su papeleo como de costumbre en su oficina.
Rangiku tenía sus cachetes inflados y rojos de la furia que le provocaban esas palabras. Porque eran ciertas, cuando volvieron de su misión espionaje fracasada encontraron a Hitsugaya trabajando en su oficina y luego vieron a Momo en compañía de Nanao e Hisagui por un tema de la revista Seireitei.
—¡Esta vez es diferente! –se defendio.
—No, no es diferente –Renji suspiro–. Jamás debí pedir tu ayuda, porque yo malinterprete las cosas, esa foto no dice nada… solo se están abrazando. Y pongámoslo así, son amigos… y eso no tiene nada de malo.
—¿Alguna vez te abrazaste con Rukia?
—Es diferente, Rukia es muy distinta a Hinamori, Momo es capaz de sacarle una sonrisa hasta un amargado como tu capitán o Ichigo, velo así.
—Es cierto –la mujer se cruzo de brazos aceptando tal vez la equivocación que habían dada por hecha–. En aquellas lejanas épocas hasta Gin siempre decía que una persona como Hinamori sacaba, a veces, lo mejor de cada persona que tenia alrededor. Entiendes, Gin lo dijo… ¡Gin que era tan sombrío y misterioso!
Renji no dijo nada, pues Rangiku nunca era de nombrar a Ichimaru y ahora por alguna razón lo había hecho. El amor inconciente tal vez. En ese momento, ambos shinigamis notaron como el tema de su conversación –o discusión– se hacia presente.
—Abarai-kun, Rangiku-san ¿Qué estaban haciendo? –cuestiono Momo, mirándolos con curiosidad mientras se llevaba a la boca unas judías dulces.
—Nada, solo hablábamos –dijo Renji.
—¿Me acompañas a mi escuadrón, Hinamori? –pregunto Rangiku–. Es que mi capitán aun me trata con la punta del zapato y…
—Hitsugaya-kun no esta en su escuadrón –los otros dos la miraron inquisidoramente, Momo no lo noto–. Le fui a llevar estas judías dulces y no lo encontré, un shinigami me dijo que se fue por un llamado de Unohana-taicho.
—Oh, claro –expreso luego la teniente de la décima restándole importancia al asunto al igual que Renji, porque era una típica costumbre que Momo le llevara dulces a Toushiro, a veces Ukitake también lo hacia, al parecer no se habían dado cuenta que el joven capitán había crecido.
Renji se acerco a su teniente mirando directamente los caramelos que esta poseía y estaba comiendo.
—¿Me convidas? –intento rodarle uno.
—¡No! –Hinamori alejo la bolsa de dulces de Renji, frunció el ceño y le hizo un desprecio.
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Hitsugaya se sentó frente al escritorio de Unohana cuando esta le hizo la senna de que podía hacerlo. Por un momento reino el silencio, el mas joven de los dos capitanes no se enojo por aquello, él era de respetar mucho a los demás capitanes mas si eran de la antigüedad y prestigio de Unohana Retsu.
—Se preguntara seguramente, Hitsugaya-taicho ¿Por qué lo he mandado a llamar?
—Si, supongo que si ¿Sucede algo malo?
—No, supongo que no –Retsu lo miro temple como de costumbre–. El motivo de su presencia a este escuadrón es sobre… Hinamori-fukutaicho.
Esta vez no pudo ocultar la sorpresa que aquellas palabras le ocasionaron, pero no dijo nada, Unohana tampoco.
—Supongo que sabia usted que aquella noche que Hinamori-fukutaicho llego desmayada a mi escuadrón le mande hacer unos estudios.
Hitsugaya asintió de cabeza con firmeza, cerró sus ojos imaginándose tal vez lo peor o armándose un panorama para nada grato de todo aquello.
—¿Encontró algo malo en ella? –miro a la capitana sin titubeos–. ¿Hinamori… esta mal? ¿Enferma?
—No, ella no esta enferma ni nada por el estilo –Unohana miro Hitsugaya y noto que este respiro con alivio. Hizo una pausa que pareció mas larga de lo debido, hasta que finalmente poso sus ojos azules en el joven albino y dijo con cuidado–. La teniente Hinamori… esta embarazada.
Ante la pronunciación de aquellas palabras, parpadeo y trago saliva observando con seriedad a la capitana del escuadrón cuatro, se removió en su asiento relamiéndose los labios. Pero Unohana lo pudo descifrar y lo descubrió con su buena experiencia habida y por haber; los ojos de Hitsugaya mostraron… un brillo único.
—¿Un hijo? –dijo el capitán.
—Que sinceras son sus palabras, Hitsugaya-taicho –Toushiro abrió su boca por la sorpresa ocasionada–. Si, Hinamori-fukutaicho va a tener un hijo suyo.
El silencio reino la oficina de Unohana y ella supo que era tal vez el shock y la emoción que sentía el joven capitán, seguramente era algo que no se esperaba, pero no parecía negarlo en lo absoluto.
—Si, es mi hijo –hablo Hitsugaya muy firme de lo que decía–. Ella y yo…
—Lo se –lo interrumpió Unohana–. Se la relación que usted mantiene con la teniente Hinamori.
Si, habían sido descubierto y no por cualquier persona; sino que por la mismísima Retsu Unohana.
Continuara…
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Uf, que capitulo ¿Cierto?
¿A que ustedes pensaron que serian Rangiku y Renji los que lo terminarían descubriendo? Al final no, fue la gran y sabia Retsu Unohana. Creo que era la mas adecuada, los otros dos ¡Semejante alboroto hubieran armado! Vamos, que ni discretos fueron cuando intentaron averiguarlo porque se la pasaron discutiendo durante todo el trajín, ja, ja.
Bueno, como saben el próximo es el ultimo capitulo de esta historia. Les dije que seria cortita, no se si es que fue muy emocionante, pero a mi me encanto y me encanta hacer esta historia, es que eso del amor secreto, ver que Hinamori y Hitsugaya no son unos crios inocentes, con ese amor puro y tierno que muestran en la serie, sino un amor mas profundo y… apasionante, ya saben. Me gusto, y espero que a ustedes también les guste como esta quedando finalmente.
Muchas, pero muchas gracias por leer. De todo corazón.
¡Hasta el próximo capitulo!
