Chicos lamento tremendamente la tardanza, esta vez me tarde el doble de lo usual, pero fue por numerosos problema e inconvenientes.
Primero a mi computador le parecio que sría chistoso morirse, ese dia estaba medio muerta y lo que pasó con mi PC fue la cereza de un mal dia. luego de que el tecnico revisó mi lap, me dijo que tenia que formatearla y re-instalar el sistema operativo. me quise morir, pero bue...era la unica solucion. luego recordé que comenzaba las clases hoy, y maldije una y mil veces a un profesor que dejo una cantidad absurda de tarea, ese maldito...
Comencé clases hoy, pero me comprometo a traerle su capitulo todos los martes sin falta.
Lamento la tardanza, espero que entiendan porque fue. LE doy un saludo especial a shitai lutaria, que estuvo pendiente de que publicara, y a Mi gemelo malvado, saludos a ti pochy. jajaja, ya en serio. supongo que quieren que me calle y pase a lo de la historia.
Disclaimer: InuYasha no me pertecene, es de Rumiko Takahashi.
4. Cinquanta anni fa...
(Hace cincuenta años...)
Acarició lenta y suavemente la cabellera rojiza del pequeño, tratando que con el suave tacto se relajara un poco. El pobre estaba terriblemente confundido, tal como ella, y tenso. Al igual que sí misma, él tampoco entendía de qué iba toda aquella situación.
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Luego de que la Miko le pidiera esperarla en el fondo del pozo, y posteriormente se fuera, él hizo exactamente lo que prometió, la espero tanto como le fue posible. Pero estaba asustado y el pozo era demasiado oscuro, demasiado frio. Lo anteriormente presenciado le causó un temor que de a poco le atenazaba la garganta, que lentamente le quitaba la respiración. Casi podía sentir las paredes cerrándose en torno a él. Simplemente no pudo soportarlo más. Tuvo que salir de ese escalofriante agujero.
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Lo primero que vio al salir, se le hizo demasiado similar a lo que veía normalmente en las ocasiones en las que espero a que Kagome regresara de su época, esas veces que ella agobiada se iba a presentar los terribles "emaxines". No era normal, y según lo que le había contado la chica de su casa, esto que estaba frente a sí no era el hogar de la morena. Pero si no estaban en la casa de Miko y tampoco en —un escalofrío recorrió su menudo cuerpecito— la época de las guerras feudales ¿Dónde estaban?
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Comenzó a caminar hacia donde sabía quedaba la aldea de Kaede. También había sido destruida, pero tenía la esperanza de encontrar a Kagome ahí.
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Mientras recorría el camino, escuchó un rugir a sus espaldas y al girarse pudo ver a un enorme ogro de color rojo, que agitaba frente a él un colosal mazo.
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— ¿pero que tenemos aquí? —Preguntó, relamiéndose los labios ante la expectativa de un combate—. Un pequeño zorrito, y justo cuando me empezaba a dar hambre.
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El kitsune dio un respingo, pero no se permitió lucir atemorizado, en cambio, llevo su mano hacia el bolsillo donde guardaba todos sus trompos y demás juguetes. Antes de poder sacar algo, fue bruscamente golpeado por el mazo de monstruo, lo que lo llevó a volar unos cuantos metros antes de chocar contra el piso. No fue consciente de cuando uno de sus trompos cayó por el impacto del golpe.
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El monstruo rió, regocijado con su hazaña, y se acercó hacia el pequeño, que se encontraba boca abajo en el suelo y totalmente inmóvil. Cuando estuvo a punto de poner su manaza sobre él, el pequeño kitsune dio un salto.
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— ¡Fuego mágico!—gritó, a la vez que lanzaba una llamarada de color verde directo a la cabeza del ogro.
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El monstruo profirió un par de maldiciones al tiempo que se llevaba las manos directo al rostro.
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— ¡tú! ¡Maldito e insignificante prospecto de bestia! —Le gritó enfurecido — ¡¿Cómo has osado lazar esa porquería sobre mí?
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El pequeño zorrito se mantuvo firme, por más que por dentro fuera poco más que un flan. La bestia siguió escupiendo maldiciones, para luego quedarse totalmente inmóvil.
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—Te matare, te matare, te matare—fue lo que empezó a pronunciar una y otra vez, en una especie de mantra.
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Shippo mantuvo la compostura, incluso al ver el mazo precipitándose nuevamente sobre él. Cerró los ojos esperando el golpe que nunca llegó. Dirigió su mirada atónita a la escena que ocurría frente a sí.
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— ¡garras de acero! — se escuchó por sobre los rugidos del ogro. Solo eso. Después se hizo el silencio.
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Shippo estaba atónito ante lo que veía. Era InuYasha. Y estaba vivo.
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—Te habías tardado —le retó más por costumbre, luego de decirlo fue plenamente consciente de la situación.
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— ¿Cómo que me había tardado? —Gruñó en su habitual tono huraño el Hanyou —pero con quién crees que hablas renacuajo.
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La situación era tan parecida a lo que había vivido tantas veces que no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Todo lo vivido con Naraku parecía una ilusión.
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—Inu- InuYasha…—tartamudeo justo antes de sonreír ampliamente—eres un idiota.
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El Hanyou frunció el ceño ante el insulto, y de un paso se puso frente al pequeño niño, que seguía con la sonrisa tatuada en la cara.
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— ¿Quién te crees, enano?
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—en verdad eres un tarado.
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Eso fue todo lo que se necesito para que InuYasha se saliera de sus casillas. Tomo a Shippo por la cola y el pequeño automáticamente empezó a gritar.
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Justo después llegó Kagome y lo demás es historia.
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El pequeño salió de sus recuerdos cuando escuchó la voz de Kagome.
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—No te preocupes Shippo, no sé qué es lo que ocurre, pero pase lo que pase permaneceremos juntos —prometió — ¿de acuerdo?
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—de acuerdo, Kagome-chan.
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La pelinegra por su parte se preguntaba nuevamente por el paradero del Hanyou, quien después de morder el polvo debido al conjuro, huyo furioso del lugar.
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Luego de eso había tenido que soportar las preguntas de Kikyo. La había evadido momentáneamente, con la excusa de que debía buscar pronto al maestro Yasashisa. Eso también había sido toda una odisea, cuando llegó al templo con el pequeño kitsune, y esas sí que no las podía evitar, porque ella había decidido que hasta que supiera lo que ocurría se iba a quedar en el templo entrenando con el monje.
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— ¿A dónde…? — Le preguntó a la chica apenas hubo entrado al templo, se calló al ver al pequeño kitsune acurrucado entre sus brazos — ¿Qué hace él aquí?
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En ese momento Kagome temió por la seguridad del pequeño, lo apretó más contra su cuerpo, mientras el zorrito observaba todo desde la seguridad que ofrecían los brazos de la chica.
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—Él es todo lo que me queda—argumentó en defensa del chiquillo —además, es totalmente inofensivo, es sólo un niño.
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El monje miró atentamente al pequeño, analizando los pros y los contras de la situación.
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Dio un suspiró resignado y aun reticente le sonrió tanto a la Miko como al kitsune entre sus brazos. Kagome sintió la sonrisa que se pintaba en su rostro debido al alivio.
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—Puede quedarse —dictó el monje, aunque por su gesto anterior la respuesta había sido obvia. Luego le sonrió con más ganas a Kagome — ¿eso significa que te quedaras a entrenar conmigo y con las chicas?
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Kagome asintió silenciosamente, pero le quedó otra incógnita.
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— ¿qué otra chica? —preguntó la Miko del futuro, bajando por fin al pequeño Shippo al suelo. El pequeño aun estando seguro de que nada le pasaría se aferró a la pierna de Kagome, y miró todo lo que había a su alrededor.
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—Otra aprendiz de sacerdotisa —le contestó el monje —pero ella en este momento está ayudando a una niña enferma en una villa cercana.
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Lo último que escuchó esa tarde fue la indicación del monje acerca de la hora del entrenamiento del día siguiente.
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Eso había sido esa tarde, pero pronto el sol dio paso a la brillante luna llena, y bajo la luz de la misma se hallaba ella sentada con el pequeño kitsune. Quien por cierto, estaba cabeceando medio dormido. Con una sonrisa de ternura, Kagome cargó al chiquillo hasta dejarlo en el futón de la habitación que le habían asignado. Luego de dejarlo cómodamente recostado y de darle un suave beso en la frente, la morena salió nuevamente al patio del templo. Era perfectamente consciente de lo tarde que era, pero no lograba conciliar el sueño. Todo era demasiado raro.
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Su mente no lograba conciliar la idea de una Kikyo viva y de un InuYasha, también vivo, pero mucho más bruto que nunca. Repentinamente se sintió vigilada, pero en vez de molestarle, aquello le trajo algo de paz y por fin se quedó dormida.
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Despertó con las primeras luces del alba, no le hubiera podido huir al sol así hubiese querido. Se había dormido en el patio, apoyada en las raíces de un árbol. Pese al lugar incomodo en el que se hallaba recostada, se sintió perfectamente descansada. Levantándose del suelo, se estiró y lentamente sacudió las ropas que estaban sucias de polvo. Luego de buscar a Shippo, quien aun estaba plácidamente dormido, fue a buscar algo para comer.
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Estaba esperando la llegada del monje cuando escuchó a lo lejos un llamado.
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—Hermana —cuando se giró, puedo ver a una pequeña niña de no más de nueve años que sonriente corría a su encuentro.
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La chiquilla se detuvo a su lado y le sonrió nuevamente, evidenciando así la falta de uno de los dientes. Kagome no pudo evitar sonreírle de vuelta.
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—Hermana, te he extrañado —le dijo la niña con aire nostálgico —. Todos en la aldea lo han hecho. Han sido cinco largos meses.
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Kagome frunció el ceño confundida.
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—no soy tu hermana, pequeña.
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Esta fue la ocasión de estar confundida para la niña. Miró detalladamente a la chica frente a sí y entonces descubrió la verdad.
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—Tú no eres mi hermana, pero te le pareces mucho.
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—ya te lo había dicho—Kagome tuvo un presentimiento, últimamente tenía muchos de esos — ¿Quién es tu hermana?
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La pequeña estaba dispuesta a hablar, pero una voz, segura y cariñosa, la interrumpió.
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—Kaede-chan
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Ambas se giraron hacia una Kikyo que sonreía levemente, y esta vez Kagome pudo ver la primera sonrisa sincera de la Miko.
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Cuando pasó la primera impresión, se pudo concentrar en lo que verdaderamente ocurría. Se enfocó en la imagen ante sus ojos. Una Kikyo viva, con su pequeña hermanita Kaede. Un InuYasha mas brusco de lo que había sido en un principio. Todo tuvo sentido. Uno muy retorcido, pero sentido al fin. Quiso reír, pero no sabía si por felicidad o por un mero gesto de histeria que empezaba a sentir.
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El pozo la había traído más de cincuenta años en el pasado.
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Antes de que InuYasha conociese a Kikyo.
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Antes de que Naraku naciera.
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Y aun más importante.
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Antes de que la guerra por la perla de Shikon comenzara
Bueno chicos, espero les haya gustado.
comenten!
Kisses,
Aiko Amitie
