Título: Bienvenida a la sociedad
Sumary: —Oh, ya veo. Eres una rara, ¿verdad? Nadie te quiere hablar. Sí que tienes suerte Hinata, aún tengo que hacer mi buena acción del día y yo te voy a enseñar. Mi nombre es Namikaze Naruto. Bienvenida a la sociedad.
Advertencias: Universo Alterno/Un poco de OoC/Amor Lento/Conceptos de psicología.
Pareja: NaruHina
Cantidad de palabras: 3,401/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.
Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autor Kishimoto. Y el NaruHina :3
Advertencias: Varias menciones de conceptos de psicología. Probable aburrimiento mientras los leen.
Sofisma: Engaño con el fin de hacerle mal a otro sin que éste se dé cuenta. Argumento falso o capcioso que se pretende hacer pasar por verdadero.
«Una foto descolorida…
Miro a una chica feliz, pero ella llora sin parar
Abre aquel cofre del tesoro, su contenido…
Está podrido, ¿verdad?
La imagen del espejo es aparente»
[Eclipse]
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Introversión a la personalidad
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[El concepto de «personalidad» proviene del término «persona», denominación que se utilizaba para la máscara que portaban los actores de teatro en la antigüedad. El teatro griego utilizaba estás «máscaras» con dos propósitos, la doble interpretación de rey o méndigo por parte de un actor y la amplificación de la voz. Originalmente está palabra pertenecía al significado de lo postizo, lo representado en escena o aquello que en realidad permanece como una cubierta a la verdadera esencia del individuo, pero actualmente su significado representa todo lo contrario.
Una de las figuras clave del psicoanálisis e influyente ensayista que fundó la psicología analítica fue Carl Gustav Jung, también llamada de los complejos o psicología profunda, señaló el concepto de las máscaras. Los términos «introvertido» y «extrovertido» también fueron acuñados por el doctor que posteriormente separaría al mundo en ambas categorías.
La inclusión de estas palabras en el apartado de la psicología causaría que empezara a interesarse en observar a sus pacientes en el Hospital Psiquiátrico Universitario Burghölzli de Zürich, uno de los más importantes del momento, reflexionando sobre los diferentes tipos de personalidades existentes, dividiéndolos en ocho apartados...
«Sentimental-extravertido» Este tipo se da mayoritariamente en las mujeres. Guían su accionar por el sentimiento provocado por lo externo. Su actividad intelectual está restringida a lo que sienten, ya que no pueden pensar sobre lo que no han sentido previamente, del mismo modo su forma de pensar sobre un objeto varía de acuerdo a como varia su sentir. Expresan abiertamente sentimientos, se identifican fácilmente con las personas.]
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La mujer rubia de exuberantes atributos se acomodó mejor en el escritorio, masajeando lentamente sus sienes en un intento desesperado de calmar su ansiedad. Dejó de intentarlo al poco tiempo cuando se percató de que era un gesto realmente inútil sui tomaba en cuenta que diariamente convivía con futuros delincuentes juveniles por todas partes.
Se cruzó de brazos en su lugar, haciendo prominente el nada disimulado escote que portaba su bata médica, restándole importancia. Los chicos de cursos mayores siempre agradecían la vista y algunos más se cuestionaban su vestimenta poco apropiada para ser la cabeza de una institución educacional pero ninguno de ellos estaba por ahí para criticarle. Solo tenía al frente a Namikaze Naruto, el único chico que consideraría parte de su familia y probablemente el único también con el atrevimiento de mirarla como si fuera una anciana de edad incalculable.
Suspiró con pesadez, sosteniéndole la mirada. Era rara la vez que se atendían verdaderos casos médicos en la enfermería, más allá de chicos problemáticos como él y Uchiha Sasuke que se liaban a golpes a cada oportunidad. Por ello, a pesar de ser la directora de la academia Konoha no había contratado personal verdaderamente especializado para estar presente pues aunque su ahijada Shizune se hacía cargo como enfermera solo estaba disponible por las mañanas. Afortunadamente la burocracia de dirigir el colegio le dejaba el tiempo suficiente para acudir ella misma en las tardes.
Lamentablemente nada la preparaba mentalmente para enfrentarse a la personalidad bastante idealista y fantasiosa de su alumno ni a los escándalos que era capaz de crear.
—¡No grites Naruto! —Lo calló con cierto tono de violencia que el chico notó porque se encogió levemente en su lugar. Después de haber escuchado sus gritos agudos por varios minutos estaba harta de su voz. —Te lo he repetido mil veces —Reclamó, al mismo tiempo que regresaba tras su oreja algunos mechones de cabello realmente molestos.
Pensaba en cómo habían llegado a esa extraña situación.
—Pero, yo creí… —Chilló el rubio con demasiada potencia, causando que la doctora se cubriera automáticamente los oídos para soportar el ruido. Era en momentos como esos que detestaba estar al frente de una institución, no soportaba muy bien la etapa de la adolescencia en los jóvenes.
Lo escuchó balbucear algunas frases más sin sentido, mientras alternaba miradas incrédulas entre la pequeña pelinegra que yacía sobre una de las camillas en completo silencio y ella misma. Hace alrededor de una hora, cuando ese mismo chico había logrado causar una completa conmoción en el patio trasero dónde estaba el área de árboles Sakura con sus gritos encolerizados supo que no era una buena situación. Mucho más porque a esa hora se suponía que debía estar en clases.
Parecía que el profesor Kakashi lo encontró en esa zona con la heredera Hyuuga en sus brazos, completamente dormida. Cuando éste los reprendió Naruto había alegado que ella se desmayó de un momento a otro y estuvo a punto de llevarla a la enfermería cuando fue interceptado por el profesor, pero su subordinado no estaba muy dispuesto a creerle.
—¡Pensé que ella…! —Habló el rubio, atrayendo de nuevo su atención. — ¿Quieres decir que sí está enferma abuela? —Replicó de nuevo para asegurarse.
Al final había resultado que lo que él creyó una mentira para salvarse del castigo fue algo real.
—A menos que no entiendas el japonés te he dejado muy en claro varias veces que esta joven se desmayó —Aclamó con su voz tornándose más grave. Su expresión de fastidio, junto a las manos sobre la cadera le indicaba claramente al de ojos azules que debía dejar los teatros a un lado. —Debió haber estado bajo mucho estrés últimamente y eso provocó que colapsara. —Agregó. —Con unas horas de sueño estará bien.
—¿Entonces…?
—No tengo tiempo para esto, debo irme. —Expresó cortante. —Ya que te gusta perder clases tendrás que quedarte a cuidarla.
—P-Pero vieja…
Ella ni siquiera se molestó en regañarlo de nuevo por usar un apodo tan denigrante para su orgullo femenino y simplemente le dio un golpe en la cabeza a modo de protesta.
—¡Eso duele, joder!
Y antes de permitirle protestar salió dando un portazo, dejándolos solos entre las cuatro paredes blancas y siniestras como castigo.
Naruto devolvió su mirada a la chica rara sin saber que decir o hacer, ahora que ella quedaba bajo su cuidado, y ya que técnicamente había sido su culpa lo que le ocurrió, no podía irse así como si nada hubiera pasado sin sentir el peso en su consciencia.
Sus piernas temblaron levemente, y el rostro se le contrajo por la vergüenza. Hinata realmente se había desmayado y él ni siquiera se dio cuenta. La había presionado más allá de su límite por tonterías sin sentido y sus ansias irrefrenables de hacer sentir a los demás que era una buena persona. Sin decir una solo palabra y con mucho cuidado de no despertarla se subió a su camilla y le pasó un brazo por la cintura, sosteniéndola con tanta fuerza que por un segundo temió que se diera cuenta. De alguna manera podía percibir la tristeza que emanaba de ella junto a su calidez. Le recordaba las cosas que deseaba olvidar de su pasado, aquello que creía olvidado volvía sin su permiso al verla en ese estado de indefensión total.
Acarició su cabello con ternura, tratando de transmitir aquella disculpa que no era capaz de expresar. El de ocelos azules la atrajo con mayor fuerza a su cuerpo, acomodando su cabeza sobre el abdomen de ella, usándola como una almohada improvisada. Esperaría hasta que despertara y de paso podría disfrutar de las horas libres de clases que le habían regalado.
Ahora más que nunca quería ayudarla, esta vez con buenas y sinceras intenciones. Cuidaría mucho de sus movimientos para no asustarla, sin embargo sabía también que si no lograba sacarla de ese estado de incomodidad y vergüenza frente a los demás nunca conseguiría nada. Hinata no podía permanecer encerrada y aislada de todos por el resto de su vida.
Deseaba descubrir que era «eso» que la atemorizaba.
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[«Sentimental-introvertido» Se cree que es previsto exclusivamente en la mujer pero recientemente los casos en hombres se han incrementado. Este tipo es incapaz de expresar sus afectos y aversiones. Se percibe callada, inaccesible, difícil de comprender y melancólica. No manifiesta deseos de influir sobre los demás, de hacerse notar ni de juzgarlos. La dificultad para percibir lo externo la hace ver indiferente y carente de tacto, lo que le impide entablar relaciones personales y ser comprendida.]
[…las máscaras tienden a romperse cuando nos enfrentamos a circunstancias impredecibles, estresantes o inesperadas, es decir, todo aquello que sale de nuestro control habitual y nos pone en una situación dónde el individuo al sentirse expuesto puede actuar con cierta confusión entre su personalidad y la manera correcta de volver a su papel anterior…]
Era una costumbre habitual que Hinata tenía al despertar el tener que verificar todo a su alrededor, procurando observar todo a detalle, la experiencia le había enseñado que cualquier nimiedad podría ser útil bajo algunos probables escenarios. No pasó por alto el hecho que siempre, lo primero que verificaba su consciente era el encontrar algún rastro de ese tono resplandeciente del pasado, brillando alrededor como un ente pragmático que anunciaba la muerte. Desde las ventanas hasta la consistencia de la puerta y una idea aproximada de su resistencia, siempre se mantenía al tanto del más insignificante objeto, después de todo estaba familiarizada con el hecho de tener que despertar en lugares ajenos u hospitales debido a sus peculiares crisis de ansiedad, consecuencias de aquello que jamás se había atrevido a contar.
Sus ojos blancos vagaron por la estructura a su alrededor, encontrando, ligeramente irritada, que el color no era diferente al de las continuas paredes cubiertas de pintura clara que se hayan en los cuarto de la enfermería. Negada de todo, analizar su alrededor se había vuelto su pasatiempo favorito y probablemente el único. Había estado ahí tantas veces que podía reconocerlas a simple vista, más no era algo de lo que podría o debería presumir.
Tanteó su rostro con las manos reconociéndose como un ser físico en aquél instante y no otro terrorífico sueño. Trató de recordar resultado de las últimas horas anteriores a que perdiera la consciencia, sorprendiéndose al tener la mente completamente en blanco. Solo sabía que era jueves, el único día de la semana dónde su primo y guardián designado no la acompañaba de regreso en el coche de la familia pues se iba más tarde que ella debido a las prácticas de entrenamiento en su club.
A la pelinegra le hubiera gustado saber cuál de todos era al que asistía, pero jamás le vio con la ropa de entrenamiento de alguno, Neji se cuidaba de no ser visto por la menor. Si la chica llegaba a cuestionarlo solo obtenía largas miradas de indiferencia, por lo que prefería evitar el tema y fingir que no le interesaba. No era lo suficientemente osada para seguirlo y averiguar por su cuenta, y mucho menos podía ser tan valiente para acercarse a los dos chicos de tercero con quiénes siempre se juntaba para hablar de ello. No quería hacer evidente frente a toda la escuela que él la despreciaba así que solo imaginaba que probablemente estaba dentro del kendo o el karate.
A veces le hubiera gustado que hubiera alguien cercano aparte de su cuidador que le brindara ánimos y le dijera que esas cosas pasaban y eran imposibles de controlar pero al final del día las personas la repudiaban, ignoraban o temían y ella no creía en posibles decisiones o ambientes al azar ocasionados por el destino.
Le gustaba pensar en la realidad como un escenario, con protagonistas, secundarios y gente como ella, los extras del teatro. Había obras de mayor y menor éxito, de categoría o burda comedia general y otras su vida, atrapada en la mente de algún guionista que le era imposible trasladar tal insignificancia al papel.
Deseaba creer que las obras se relacionaban entre sí, sirviendo cada una a su protagonista pero interviniendo en las demás funciones con apariciones especiales. Era entonces que Hinata aceptaba la careta que le correspondía día a día, con diferentes individuos y jugaba a la sociedad. De ella dependían muchas cosas en el orden natural, pues estaba interpretando el eslabón débil al que los seres fuertes de carácter solían detestar.
No entendía la necesidad de aquellas personas que manejaban su vida conforme a lo que sus propias normas dictaban por odiar a lo que era diferente, a lo que en el fondo de su alma tenían temor de ser o se vieron reflejados alguna vez y sin embargo estaba ahí, siguiendo al pie de la letra su rol.
La máscara neurótica odiaba por defecto a la máscara de la debilidad. Los consideraban inútiles, inservibles, algo que no debería existir y creían que la timidez que poseían por mantener un bajo perfil los hacían estúpidos o débiles. No comprendían que esa parte era su balance, si no hubiera nadie actuando inocente o siendo amable el mundo sería una histeria colectiva dónde las reglas se verían quebrantadas a cada segundo por la conveniencia humana. No superiores, niveles o estratos. Si el mundo se llenara de líderes no habría a quién gobernar.
El «fuerte» necesitaba alguien a quién pisotear.
Y ella lo era, aunque la idea le desagradara.
Suspiró de pena, decidiendo que había sido suficiente. La luz de color anaranjado se difuminaba en el horizonte con magnifica belleza, dando a entender que posiblemente para ese entonces sus clases ya habían terminado y en algún momento la enfermera volvería a su sitio para enviarla directo a su casa. Ko, el hombre que solía encargarse de todas sus necesidades, debía estará punto de volverse loco si es que la hora de marchar había pasado ya.
No le agradaba la idea que una nadie, absolutamente nadie persona sufriera las consecuencias de sus descuidos.
—No otra vez… —Murmuró.
Intentó levantarse pero su cuerpo se sentía demasiado pesado para moverse y la cabeza comenzaba a darle vueltas otra vez, por lo que optó por permanecer recostada en la camilla algunos minutos más. El aire era tan pesado como estar en una sauna, no se había percatado de las pequeñas lagañas que empañaban su visión hasta que bostezó. Su torso se sentía caliente y sudoroso, la ventilación del cuarto no parecía suficiente para aminorar el fuerte calor que se desprendía de su cintura y el poderoso bochorno que entrecerraba sus párpados.
—No llores Hinata…—Masculló con pereza una segunda voz.
Su corazón apenas soportó el momento en que descubrió que bajo las sábanas a su lado se asomaba lentamente un manto de cabellos rebeldes amarillos. Estuvo a un segundo de gritar aterrorizada y probablemente ponerse a sollozar del terrible susto cuando miró con más detenimiento su rostro, aquellas características marcas en las mejillas que solo había visto una vez en un compañero del salón y se horrorizó pues de lo poco que recordaba sobre él le había arrastrado lejos del aula la tarde anterior y probablemente esa misma tarde. Todo era demasiado confuso para asegurarlo.
—¿Q-Qué…?
—¡Lo siento mucho, dattebayo! —Interrumpió bruscamente, antes de que lograra preguntar. El chico se removió en su sitio, acercándose con extraños movimientos que retorcían su cuerpo de la cintura para abajo mientras se trasladaba lo más que le fuera posible a su lado. En medio del curioso acto algo se removió sobre su cintura, descubriendo con sorpresa que el incesante calor en esa zona tenía un motivo que la apresaba con mayor fuerza cada que se arqueaba el cuerpo del blondo. La estaba sosteniendo con su brazo derecho, aferrándose a su costado en cada maniobra que daba.
No pudo tolerar la vergüenza y comenzó a llorar. Habían sido demasiadas emociones para unas cuantas horas. Todo aquello se arrastraba sobre su ser como una vorágine de sufrimiento, trayendo a su mente los recuerdos que llevaba años tratando de olvidar. Su demonio interno, le llamaba ella. Cobardía los demás. Deseó gritar con todas sus fuerzas, hasta que se le partiera el alma… Hasta que escurriera de su boca cada uno de sus sentimientos y vaciarse el corazón que tenerlo solo le hacía daño.
No es que le fuera indiferente, no es que realmente quisiera ser lo que era. Pero no podía, nadie podía ver hasta el fondo de sus ojos sin color que había una niña pérdida que buscaba afecto escudándose tras la indiferencia del trato que le daban los demás y que le resguardaban de más heridas. Estaba llena de marcas, de cicatrices; todas ellas abiertas y cada vez más punzantes.
—¡Oye, oye…! —Expresó nervioso el blondo, víctima de su propio sofisma. Parecía no entender su comportamiento tan dramático y triste, cada lágrima que rodaba por su mejilla, el desprecio sobre sí misma que la hacía sentir. —¡Por favor, no lo hagas…! —Clamó, con su voz tornándose ligeramente ronca por la carga de preocupación impresa. Empezó a manotear con exagerados gestos, tratando de sacarse las sábanas de encima para poder acercarse más y detenerla de inmediato.
Hinata sufría por no tener carácter, ser débil y no poder cumplir las expectativas que tenían su padre y su clan. En vez de injuriar a ese ser omnipresente, solía sentir que había nacido cómo un defecto que él debía eliminar tarde o temprano.
La pelinegra lo sabía desde hace mucho tiempo, que con cada pensamiento negativo destruía su autoestima, y sin embargo era algo que no conseguía eliminar del todo. Esa era su oscuridad, algo que aparentemente habitaba dormido, consumiéndola por dentro, pero al final solo era como una bomba de tiempo a punto de explotar a la menor provocación. Por eso, solía tener miedo de sí misma cada vez que actuaba, no podía asegurar que no llegara el momento en el que su situación caería en un abismo profundo y no fuera capaz de escapar más.
Como aquella ocasión, esa noche que la había dejado maldita.
—¡Hinata-chan! —Llamó de nuevo el joven después de varios intentos vanos y desesperados, atrayéndola contra su cuerpo en un fuerte abrazo. Se dejó hacer, apegando su rostro empapado al pecho cálido que le brindaba seguridad. La vista borrosa comenzó a ceder, permitiéndole pensar con más claridad sobre lo que estaba haciendo, por primera vez en mucho tiempo se había dejado expuesta ante otro ser humano y lo peor es que era el mismo extraño que lo había ocasionado. —Por favor, cálmate. —Masculló, dando leves palmaditas por toda su espalda. —Dime algo…—Volvió a pedir, causando que comenzara sentirse mal por no ofrecerle una respuesta. — ¡Me siento muy mal dattebayo!
Alzó su rostro, fijando sus ojos en un punto detrás en la pared, imitando a una contemplación fija en él. Era preferible que creyera que lo estaba ignorando cuando llegara a darse cuenta. Le resultaba demasiado difícil sostenerle la mirada. Aún no le agradaba del todo su carácter, su confianza, lo contrario a su propia personalidad que era pero tampoco conseguía ignorar la sensación reconfortante de su abrazo y la necesidad instintiva de hablar y desahogarse.
—No es nada…—Susurró, tratando de contener el llanto insonoro. Pero esos ojos inquisidores que antes la habían atemorizado tanto le inspiraron confianza. Acarició su cabello con cariño, deseando poderse aferrar a esa persona.
—Dime la verdad.
—Es solo…—Murmuró. —La banca, Uchiha Sasuke…
—Lo siento.
El blondo la atrajo con mayor fuerza a su cuerpo, posiblemente tratando de impedir que notara sus ojos también llorosos y el temblor ligero de su labio inferior pero era demasiado tarde, en el fondo ambos eran conscientes de cuántos sentimiento habían escapado en cuestión de instantes, encarcelados tras una frase arrogante que pretendía solucionar lo imposible. Su trauma.
Todo en la vida era justo como aquellos tres segundos que se pierden al chocar accidentalmente con otra persona, porque esos simples instantes te han salvado de dar aquellos dos pasos hacia un accidente de tráfico en el que podrías haberte lesionado. Unas cuantas palabras pueden provocar que una persona retirara su palabra a otra, romper una promesa puede hacer que se pierda la fe y credibilidad ante los demás. Una sonrisa puede crear una cadena de sucesos amables, una mentira solo cosas desagradables.
Si la hubiera dejado hablar quizás hubiera escuchado que el hombre en la banca del parque y el mejor amigo de su compañero de clase tenían algo similar que la aterrorizaba.
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[«Pensamiento-extrovertido» Es un individuo interesado fundamentalmente en los hechos y a partir de ahí elabora sus teorías. Reprime la emoción y los sentimientos. Descuida a los amigos y a sus relaciones sentimentales. "El tipo reflexivo extravertido no solo se subordina a su fórmula para tomar decisiones, sino que pretende que lo hagan así, por su propio bien, cuantos le rodean", escribió Jung. Exteriormente puede percibirse como un líder o alguien que piensa en los demás…]
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Notas de Kou: ¡He terminado! He cambiado la estructura del capítulo como cinco veces, por ahora es el más adecuado pero ya veremos si no le hago cambios xD Mi abuela llegó de sorpresa imprevista ayer y como no tenemos televisión tuve que cederla computadora para que vea sus novelas. Estoy en una lap que me regalaron pero le falla el teclado y es eterno escribir. No me crean, pero tengo seis horas en este capítulo y me van a matar los otros fandoms porque no creo terminar hoy con lo que debo. Debido a este asunto habrá publicaciones entre semana, cosa que casi nunca hago.
Hay cierto reto al que quiero entrar pero se necesita una historia de mínimo cinco capítulos con menos de cinco mil palabras y la más próxima a ello es esta, así que en la semana verán varias modificaciones (no sustanciales, más agregar detalles y eso) para poder concursar. Sí o sí les daré capítulo el próximo viernes pues es el día límite para inscribirse.
En otras noticias… ¿Ya nos visitaron en el foro de "La Academia Konoha"? ¡Hicimos un reto especial para papá! CofObvioYoConNarutoyBoruto(?)Cof Hay historias muy lindas, todos son drabbles no se preocupen, los invito a pasar y leer, estamos en las votaciones :3
Dragon-hime: ¡Muchas gracias por comentar! Lamento la tardanza pero espero que te haya gustado el capítulo :D Aún no se sabe que es "eso" de lo que Hina tiene miedo pero todo a su tiempo, verás que Naruto lo descubre y el ayudará a superarlo. Un enorme saludo :3
PD: Aburrido y todo, pero esas notas de personalidad van a definir muchos comportamientos futuros :3
PD2: ¿A alguien le interesa una bibliografía? :D Hay unas cuántas citas textuales d elos conceptos porque me parecieron mejor explicados.
