La verdad es que debería estar actualizando un Rey para Arabasta, pero no pude resistir este capítulo. Deseaba escribir sobre estos hermanos y ahora me siento mejor ya que terminé el capítulo. Espero que lo disfruten, los dos hermanos comenzaran a convivir a pesar de todo.


-4-

Hermanos anónimos.


Soledad. Ira. Dolor. Cosas que pueden llegar a marcar a un individuo, muchas de ellas se disfrazan en máscaras personalizadas para evitar sentirse tan deplorable.

Pero para todo mal, existe una cura, para toda pena existe la risa, para todo dolor existe un bálsamo de felicidad.

No fue el cantar de las aves lo que despertó a Ace. En realidad fue una terrible sensación de vacío en su estómago y una sequía interminable en su boca. El comandante se despertó con algo de dificultad dado que su cuerpo perezoso y un poco narcolépsico le invitaba a seguir dormido en el lugar tan acogedor donde se encontraba. El ambiente era tibio, la brisa fresca y el aroma era dulce. Cuando abrió los ojos lo primero que contempló fueron miles de ramas de árboles de diferentes colores. Parpadeó un par de veces y después recapitulo lo sucedido como una película en su mente. Exhaló sorprendido y se sentó rápidamente, entonces sintió un peso muerto que estaba sujeto a su brazo izquierdo.

A su lado yacía un jovenzuelo de aproximadamente 17 años, el chico dormía a rienda suelta y su expresión, a pesar de sus heridas reflejaba un poco de paz. No le conocía bien, pero había escuchado sobre él hacía unos meses, se trataba de un pirata peligroso conocido como Mugiwara; según los reportes de inteligencia de su nación no representaban una amenaza para ellos, pero por lo visto para los marines sí, por ello no le extrañó que Kizaru le persiguiera.

—Oye. – lo movió un poco de su hombro, el chico roncaba levemente y podría jurar que había una pompa de moco en su nariz. —¡Oye, chico, despierta! – pero automáticamente el rostro del chico cambió a uno penoso y lleno de dolor. Escuchó los latidos de su corazón y después un gruñido que terminó en un silencio absoluto, como si estuviera muerto.

—Diablos. ¿No te moriste o sí? – no tuvo respuesta verbal, pero confirmó que el chico no estaba finado cuando respiró normalmente de nuevo. —Mmm… - gruñó un poco desconcertado. Contempló su cuerpo, era increíble la cantidad de heridas que poseía, algunas eran recientes, otras más lucían con un poco de antigüedad. Tuvo compasión de él, seguramente habría sufrido grandes penas y ahora estaba completamente solo. Se había dado cuenta de la desesperación que lo motivó a enfrentar a Kizaru y Kuma, la perdida de sus nakamas le había transformado en una bestia sin mente, ebrio de dolor y venganza.

Ace intentó levantarse y cojeo al darse cuenta de la herida en su muslo, la cual lentificaba sus movimientos. Suspiró y aguantó el dolor, haló a Luffy y lo subió a su espalda, si querían sobrevivir lo primordial era encontrar un refugio adecuado y claro, muchas comida. Hiken cargó a Mugiwara en su espalda y cuando sintió el peso muerto de Luffy se tambaleó debido a su herida. Ambos estaban heridos, así que todo el proceso sería lento y… para su mala suerte, si Portgas deseaba cazar o conseguir algo de comer tendría que hacerlo con Luffy a cuestas.

Caminó lentamente por el bosque y respiró un poco más tranquilo. Sintió una extraña paz y una nostalgia demasiado inusual. Su corazón parecía conmovido y no encontraba razones para admitir por qué. Giró levemente la cabeza para encontrarse con el rostro de Luffy… ¿Sería que realmente sentía lástima por él? ¿O quizá…? No, definitivamente lo que estaba a punto de idear era una locura.

Decidió guardarse sus pensamientos para después y recolectó algo de comida y leña. Con un brazo, el esposado, aseguró a Luffy para que no cayera de su espalda y con el otro recolectó frutos y troncos de madera. No encontró una cueva pero sí un árbol hueco, así que entró en él y se acomodó. Luffy seguía dormido, así que comió lo poco que había juntado. Quería encender fuego pero no podría hacerlo con el kairouseki, que tonto por olvidar eso. Mejor se recostó contra el tronco y reposar. Todavía tenía hambre, pero no tenía más opción que esperar. Se durmió bastante rápido.

De nuevo… había mucho fuego. Muchas personas lloraban, otros más gritaban… y Luffy estaba de pie, contemplándoles a todos, tenía mucho miedo, sus piernas no se movían, enormes pedazos de concreto caían de un castillo enorme que lentamente se desmoronaban. Todo perecía, los cañones no dejaban de arrasar con la gente, los perros hambrientos saltaban sobre los niños… entonces se dio cuenta, miró sus manos, había mucha sangre en ellas, quiso llorar, apenas era un niño, ¿Por qué tenía que ver todo esto?

Pero eso no era suficiente, muy pronto se dio cuenta que su cuerpo entero tenía lesiones, él también estaba herido, sus oídos no escuchaban más que el llanto de muchas personas que corrían, que iban y venían con varios cuerpos a cuestas… tembló, y entonces miró a sus pies, alguien estaba ahí, una persona, un niño, pero no se movía, tampoco respiraba ¿O sí? Quiso gritar, pero su voz no salía… entonces alguien le tocó los hombros y lo zarandeó.

Era otro niño… y creyó conocerlo, iba a hablarle pero otra explosión le impidió decírselo. El niño más grande lo tomó de la muñeca y lo haló mientras intentaba cargar al otro que estaba a sus pies.

¡Cuidado! Una sombra estaba tras ellos y portaba una espada… la alzó para degollarlos.

Luffy abrió los ojos lentamente y con un terrible dolor de cabeza. Parpadeó un par de veces y después dejó salir un gran suspiro, todo había sido un sueño… de nuevo. Se relajó para volver a dormir, como acostumbrara pero algo le hizo darse cuenta que todo estaba fuera de lo común. No estaba en su cama, en el Sunny, estaba en una extraña cripta, sentía su cuerpo muy pesado y algo le apresaba la muñeca derecha. Entonces escuchó el ronquido de alguien y elevó la cabeza un poco para toparse con la silueta de un hombre.

Luffy miró atentamente a Ace. A pesar de que no dijo nada su mirada se volvió sombría y se dedicó a contemplarlo por largos segundos. Ace debió sentirse observado por que se despertó luego de un rato, limpió su rostro y bostezó, viró la cabeza y se encontró cara a cara con Luffy… otro silencio lúgubre se apoderó del momento.

Luffy le miraba con una frialdad nada típica en él, Ace simplemente no sabía qué decir, pero tampoco se sentía muy animado para hablar. Al final, Luffy retiró la vista y dejó escapar un suspiro para después mirar el techo de donde sea que se encontrase.

—Amm… hola. – se animó a decir Ace.

—Hola. – contestó monótono el muchacho.

—Soy Ace. – se presentó con casualidad.

—Luffy. – contestó el chico de goma. De nuevo más silencio, aquello comenzaba a ser incómodo.

—¿Sólo Luffy? – preguntó Ace, para romper la tensión.

—No. – fue lo único que le contestó.

—Mi nombre completo es Portgas D. Ace. – estaba decidido a tener una compensación más allá de monosílabas. —¿Cuál es tu nombre completo?

—Monkey D. Luffy. – le dijo después de un rato.

—¿D? – eso llamó su atención. —Tu nombre me suena de algo. – Luffy le encaró nuevamente, se veía ligeramente molesto.

—¿Ace? – el aludido asintió. —Lo siento, pero no sé quién eres tú.

—Lo mismo podría decir de ti, Monkey D. Luffy…

—Sólo Luffy está bien. ¿Ace está bien para ti?

—Claro. – asintió, el muchacho parecía ser un poco cerrado. —¿Cuántos años tienes?

—Diecisiete, ¿Y tú? – pero extrañamente Luffy comenzaba a abrirse un poco más.

—Veinte. – hubo una pausa. —¿De dónde eres?

—De ningún sitio en particular… soy un pirata.

—Cierto. Yo soy de Hakuharu.

—¿Hakuharu? ¿Es el nombre de tu país? – ahora la conversación parecía tornarse más cálida.

—Sí, es un lugar hermoso, tal vez deberías ir algún día… claro, si prometes no saquear nada. – se río por ese comentario. —Olvida eso.

—Lo haré. – lo último lo dijo con algo de pesadez. —¿Dónde estamos? – ese cuestionamiento era un poco más realista.

—No lo sé. Pero… - miró al exterior. —Tengo sospechas…

El ambiente se vio interrumpido por un grueso ruido estomacal. Los dos hombres hicieron una mueca lastimera.

—Tengo tanta hambre que podría comerme dos caballos, tres cocodrilos, un oso y una cabra entera. – Luffy sacó la lengua para ejemplificar aquello y Ace río.

—Yo tengo tanta hambre que podría comer eso más un jabalí y tres pollos. – no bromeaba, realmente podía comer todo eso.

—Ah, jabalí. – Luffy lo saboreó, estaba secretando mucha saliva. —Me encanta la carne de jabalí.

—Supuse que te gustaba. – dijo sin pesar el mayor.

—¿Ah sí? – Luffy volvió a cambiar su humor a uno más serio. —¿Qué otra cosa crees que me gusta? – Ace se puso nervioso, por algún motivo sintió una pesada incertidumbre.

—No lo sé… ¿Has probado el estofado de oso? ¿La carne de cocodrilo sazonada con sal y pimienta? ¡Ah, sin duda te debe gustar la carne de búfalo! – el rostro de Luffy cambió enseguida cuando le mencionó el búfalo.

—¡Sí, me encanta el búfalo! El cocodrilo también, pero lo prefiero con mucha salsa de soya… - volví a babear.

—¡Sí, salsa de soya y mucho arroz! – combino Ace, los dos estaban antojándose mutuamente.

—¡¿Qué tal con un poco de fideos?! ¡¿Has probado el Ramen?! – Luffy sonreía, por primera vez sonreía y no estaba midiendo sus palabras.

—¿Ramen? – Ace intentó hacer memoria… de alguna manera conocía la palabra y por extraño que pareciera conocía cómo se veía el alimento, pero no estaba seguro. —Creo que nunca lo he probado…

—Yo sí, de niño solía ir con mis… - Luffy se cortó enseguida y frunció el ceño.

—¿Con tus padres? – completó Ace por él, interesado.

—No… olvídalo. – volvía comportarse serio. —¿Por qué no vamos a buscar comida?

—Buena idea. – le observó. —¿Puedes pararte?

—Sí. – lo hizo lentamente. —Mmm, aún estoy algo cansado.

—¿Estás listo? – no le quería presionar, pero tenía mucha hambre, sus amigos siempre insistieron en que como comandante de la armada de Hakuharu debía ser educado con todos; y aunque fuese un pirata la verdad era que el chico no le parecía mala persona.

Los dos emergieron del tronco y observaron alrededor. En realidad el no parecían estar en un bosque normal, los alrededores eran muy coloridos, habían plantas extrañas que parecían algas y otras más que tenían aspecto de corales.

—¡Ah, ya sé dónde estamos! – gritó Ace mientras recordaba qué sitio era éste.

—¿Dónde? – preguntó Luffy después de dar un salto sorprendido por la repentina voz de Ace.

—Estamos en el Bosque Marino a diez mil metros bajo el mar. – contestó con simpleza.

—¡¿Diez mil metros bajo el mar?! – Luffy se mostró interesado y sorprendido. —¡Sorprende! – agregó con un tinte infantil. —¿Y por qué estamos aquí? – se dio cuenta de que estaban esposados. —¿Por qué estamos encadenados?

—¡Eres lento! – Ace abrió los ojos sorprendido. —¿Qué no recuerdas lo que pasó en Shabondy?

—¿Shabondy? – Luffy se quedó callado un momento y después mostró una cara llena de dolor. —Mis nakamas… desaparecieron.

—No del todo. – respondió Ace. —Escuche rumores de que la habilidad de Bartholomew Kuma manda a volar a las personas por tres días y tres noches y después de eso los deja en un sitio que sólo él sabe.

—¿Eso quiere decir que mis nakamas están vivos? – la sonrisa en el rostro de Luffy no podía despedir más luz.

—Definitivamente. – animó Ace.

—¡Ah, es increíble! – saltó emocionado el chico. —¡Así podremos reunirnos de nuevo! ¡Shishishi! – se río, hacía muchos años que no se reía así.

Ace frunció el ceño, su risa, podría jurar que la había escuchado antes.

—Bien, qué te parece si buscamos algo de comer. – se tocó el estómago. —Muero de hambre.

—¡Claro, claro, vamos! – el humor de Luffy había cambiado completamente.

Caminaron un buen rato, los corales se veían apetitosos, pero después de mordisquearlos un rato ambos cayeron en cuenta que eran asquerosos en sabor.

—Si sólo pudiera encender fuego. – se lamentó en voz baja el mayor.

—¿Puedes hacer fuego? – preguntó Luffy, mientras mascaba y escupía después un poco de coral.

—Sí, comí la Mera Mera no Mi y ahora soy un hombre de fuego. – era inusual confesar esa información personal tan fácil, pero de verdad que no sentía pena con Luffy.

—Yo me comí la Gomu Gomu ni Mí y ahora soy un hombre de goma. Mira. – se estiró levemente la mejilla, pero no consiguió gran cosa.

—Te creo, vi lo que hiciste antes.

—¿Ah sí?

—Sí… Oye, ¿Por qué sigues comiendo eso si sabe tan asqueroso? – apuntó al trozo de coral que estaba en su mano.

—No lo sé, mato el hambre.

—Mmm… - Ace se recargó en su mano y alzó una ceja. —Eres bastante extraño, Mugiwara.

—Bueno… si no fuera porque somos usuarios podríamos pescar todos esos animales. – apuntó al cielo, fuera de una enorme burbuja que mantenía el bosque a salvo. Existían zonas que estaban cubiertas por enormes burbujas y otras que estaban rodeadas de agua, en donde vivían una gran diversidad de peces.

—Vaya… hay muchos. – Ace babeó. —Ese tiburón se ve delicioso.

—La ballena también… Ojala Sanji estuviera aquí.

—¿Es el cocinero de tu banda?

—¡Sí! Él cocina cosas deliciosas, es el mejor cocinero del mar. – sonrió al recordarlo.

—Bueno, dado que no podemos comernos los peces… - Ace miró a los alrededores. —¿Qué es eso? – ahí, entre unos corales y matorrales de sargazo estaba una pequeña masa naranja que se movía minuciosamente.

—¿Qué cosa? – Luffy colocó su mano en su frente para enfocar la vista.

—Creo… - Ace comenzó a acercarse lentamente seguido de Luffy. —Es un animal…

—¿Un animal? – los ojos de Luffy brillaron emocionados.

Para cuando menos recordaron estaban casi sobre la pequeña criatura. Se trataba de una estrella de mar que estaba comiendo algunas algas en el lecho marino. La estrella era tan grande como una pelota de playa y se veía bastante gordita. Los usuarios salivaron al imaginarse a la pequeña criatura en la sartén.

Cuando las sombras de los dos rodearon al animal éste reaccionó. Se volteó rápidamente y dejó escapar un grito despavorido. Se levantó tan rápido y se echó a correr que desconcertó a los muchachos.

—¡Ah, la comida escapa! – señaló Luffy.

—¡Corre, no debe irse! – Ace se adelantó y Luffy corrió tras él.

—¡Espera, cosita naranja y deliciosa! – gritó Luffy y eso provocó que acelerara el paso.

—¡Mugiwara, estira tus brazos!

—¡No puedo, tengo kairouseki! ¡Tú cocínalo!

—¡Yo también estoy esposado! – riñó Ace como si fuera lo más obvio.

—¡Ah, casi lo tengo! – estaba justo frente a Luffy e intentó alcanzarlo, pero antes de eso el camino del bosque parecía estarse acercando a una pendiente en donde la burbuja comenzaba a hacerse más ligera.

—¡Rápido, atrápalo! – apresuró Ace, la herida en su pierna le estaba doliendo a horrores.

—¡Ya casi! – la estrella podía sentir la saliva de Luffy sobre sus ápices. Gritó más fuerte y aceleró el paso.

—¡No escaparás! – Luffy se alzó lo más que pudo, empezó a notar que Ace estaba desacelerando. —¡Corre más rápido! – le dijo a su compañero, pero antes de que le contestara se percató que su pierna volvía a sangrar un poco.

—¡Mugiwara, al frente! – le advirtió pero Luffy estaba demasiado inmerso en la herida de su acompañante que no se dio cuenta de un coral que estaba frente a él y se tropezó. Los dos cayeron al suelo inevitablemente.

Para cuando se levantaron la estrella ya iba muy lejos y seguramente, con la concisión de ambos no podrían alcanzarla.

—¡Oye, fíjate por donde corres! – regañó Ace, presa del hambre.

—¡¿Yo?! – se defendió rápidamente Luffy. —¡Si tú estabas gritando, tú debiste atraparlo!

—¡Estaba de tu lado!

—¡También era tu lado! – se defendió Luffy.

—¡¿Qué lado?! ¡No puede estar de mi lado si está del tuyo, idiota!

—¡Estamos esposados, mi lado también es tu lado!

—¡Eso no tiene sentido! – le dio un golpe seco en la cabeza, dejándose llevar por la discusión infantil del momento.

—¡Ah, por qué me golpeas! – reclamó Luffy.

—¡Por cabeza hueca!

—¡Deberías tratarme más amablemente! – pidió el menor.

—¡Jamás! – ambos gruñeron y juntaron sus caras en una disputa de miradas.

—¡Idiota!

—¡Tonto!

—¡Cabeza hueca!

—¡Cerebro de goma!

—¡Cerebro de fuego!

—¡Cara de mono!

—¡Cara de… Cara de… Portgas!

—¡¿Portgas?! – Ace alzó una ceja. —¡Eso sigue sin tener sentido!

—¡Pues yo no juzgaría el apellido de nadie para empezar! – volvió a reñir Luffy.

—¡¿Qué es lo que dices?! ¡¿Un juego de palabras?!

—¿Un juego de qué?

—¡Ah, olvídalo!

—¡No, olvídalo tú! – los dos se dieron la espalda y gruñeron por lo bajo. Guardaron silencio hasta que el gruñido de sus estómagos los hizo quejarse. Ace suspiró y miró sobre su hombro a Luffy.

—Oye… - dijo más tranquilo. —Creo que tengo un poco de culpa. – desvió la mirada apenado. —La pierna me estaba doliendo y no pude mantener el mismo paso por mucho tiempo.

—Aa, lo sé. – contestó Luffy. Después él suspiró. —Mejor busquemos comida…

—Está bien. – y así los dos comenzaron a caminar para buscar algo comestible. —¿Sabes?, encontré algunas frutas cerca de donde caímos.

—Pues busquemos algo de comer ahí.

Los dos recorrieron en silencio el prado para llegar donde había caído. En algunas ocasiones se detuvieron a descansar debido a la herida de Ace. En otras simplemente se desviaban dado que Luffy se distraía con cualquier cosa. No supieron exactamente cómo pero para la tarde los dos se encontraban perfectamente en armonía.

—Entonces un rey marino con cabeza de sapo emergió del mar y lo cazamos entre todos, Sanji preparó un rico estofado. – después de comer frutas y raíces los dos se encontraban descansado bajo un enorme árbol marino.

—Me gusta la carne de rey marino, es muy deliciosa, sobre todo cuando la asas. – era un chiste implícito, dado que Ace podía generar fuego. —En mi división tengo varios cocineros, pero la verdad prefiero cocinarla yo mismo, siempre encuentro el punto exacto. – comentó el comandante.

—¿Eres comandante de algo? – preguntó Luffy interesado.

—Así es. Soy el Comandante de la Segunda División militar de Hakuharu. No es por presumir pero soy un gran peleador.

—¿En serio? – Luffy alzó ambas cejas y después puso una cara llena de interés. —Tal vez podríamos enfrentarnos.

—Claro. Cuando nos quiten estas estúpidas esposas.

—Es una promesa. – sonrió el muchacho. —¿Y qué hace un comandante?

—Soy el encargado de dirigir a mis compañeros a la batalla… sólo que actualmente estoy trabajando solo.

—¿Por qué? – preguntó mientras se metía a la boca la raíz de un árbol.

—Estoy persiguiendo a un fugitivo… se hace llamar Kurohige. Él asesinó a sus compañeros y huyó de nuestra tierra junto con una fruta del diablo. Actualmente se unió a Tenryu y parece ser que se convertirá en un General de Guerra. – contó con algo de coraje. —Antes era mi subordinado y como comandante es mi deber erradicar a ese traidor.

—Oh, ya veo. – Luffy le miró interesado.

—¿Y qué me dices tú, Mugiwara, qué hacías en Shabondy?

—Mi barco necesitaba suministros… - el humor de Luffy volvía a tornarse oscuro. —Por mi culpa… perdí a mis nakamas.

—Oye, hiciste lo que pudiste para…

—No era suficiente. – su sombrero cubrió sus ojos. —Ellos confiaban en mí, por mucho tiempo pude protegerlos y ahora… - apretó los puños.

—Ser capitán de un barco pirata debe ser tan difícil como ser comandante de una división, ¿O no?

—Pues… - Luffy se animó un poco. —No lo sé. ¿Por qué te hiciste comandante militar?

—Crecí con una deuda de honor hacia el rey de Hakuharu y además… lo aprecio tanto como a un padre. Me formé desde niño y me convertí en un guerrero para proteger el país. – Ace sonrió nostálgico. —Si soy sincero, desde que puedo recordar, intenté ser fuerte para proteger a mis amigos y a mi padre.

—¿Padre? – Luffy alzó una ceja.

—El rey, él es como mi padre. De hecho, todos en el ejército le llamamos así.

—¿Por qué?

—Porque nos hace felices… la mayoría somos huérfanos, él nos ha acogido como si fuéramos parte de su familia, nos hace felices. – el rostro de Ace lucía impecable, lleno de felicidad y agradecimiento. —¿Y tú? ¿Por qué te convertiste en pirata?

Hubo una pausa antes de que Luffy se decidiera a contestar.

—Para vivir. – le dijo con simpleza.

—¿Sólo eso?

—Sí… quería dejar atrás mi pasado y vivir libre, sin ataduras, quería aventuras, así que decidí ser un pirata. – algo en sus palabras le decía a Ace que Mugiwara no estaba siendo totalmente sincero.

—¿Sucede algo? Te ves triste.

—No me sucede nada. – negó lentamente.

—De acuerdo… - suspiró. —Entonces te hiciste un pirata para vivir aventuras, eso es interesante.

—En realidad… - se cortó.

—¿Sí?

—En realidad… viví de esa manera porque no quería estar solo. – eso sonó muy profundo. —Mi vida nunca fue solitaria, la verdad es que mucha gente buena estuvo conmigo, pero a pesar de todo, siempre procuré estar acompañado. Cuando me hice pirata sabía que jamás podría sobrevivir solo… así que junté nakamas para poder estar en paz y vivir cientos de aventuras.

—Es un buen pensamiento, Luffy. – el menor le miró algo impactado, era la primera vez que Ace le llamaba con tanta confianza. El chico desvió la mirada, no solía ser sentimental pero esto era demasiado. Apretó los ojos…

—Ace. – musitó, algo malo estaba pasando.

—¿Te pasa algo? – Ace estaba impactado, Mugiwara temblaba como si estuviera a punto de quebrarse. —Luffy, ¿Tienes hambre aún?

—No. – se limpió tibias lágrimillas que emergieron de sus ojos. —¿Realmente… no puedes recordarlo, verdad? – aquello tomó por sorpresa al mayor.

—¿Cómo dices?

—¿De verdad… no sabes quién soy realmente, no?

—Tú me lo dijiste, eres Mugiwara no Luffy, el pirata. – Ace alzó una ceja.

—Yo sí sé quién eres… de hecho, lo sabía desde antes.- volvió a sentirse nervioso e intentó no quebrarse debido al coraje que sentía. —No es justo… ¿Por qué tenías que aparecer?

—Luffy, no entiendo de qué…

—¡Sólo mírame bien! – finalmente el chico se quebró. —Pensé que si te actuaba lo más normal que pudiera tú me reconocerías… pero no es así. En realidad no sabes quién soy yo, no sabes de dónde vengo, no sabes por qué usó este sombrero… No sabes quién eras tú.

—¿De qué estás hablando? – Ace se sentía nervioso y estresado. De pronto, su cabeza le dolía mucho y se sintió terriblemente culpable de ver a Luffy tan afectado.

—Portgas D. Ace, ¿Es que el nombre Goa no te suena? ¿No puedes recodar mi apellido?

—Oye, será mejor que te expliques bien, no tolero que seas tan enigmático. – gruñó Portgas, ya estaba muy nervioso, no quería que las cosas se pusieran peor.

—No sé qué te pasó, Ace. La verdad es que nunca sé el motivo de las cosas que pasan a mi alrededor… pero no puedo soportar que después de tantos años hayas olvidado todo.

—¿Te importaría ser más explicitó? – se sujetó la cabeza, el dolor palpitada desde adentro y lo estaba mareando.

—Escucha bien mi nombre, yo soy Monkey D. Luffy.

—¿Monkey D… Luffy? – memorizó el nombre y extrañamente se sintió triste.

—Ace. – los dos se miraron directamente. —Soy tu hermano menor.

El tiempo se detuvo completamente para Ace. Y aunque estuvo tentado a reírse y decirle que estaba loco no tuvo el valor. Pues, de alguna manera una parte de él… le creyó.

—Hace muchos años nos separamos… no estoy seguro de qué pasó, pero desde entonces pensé que estabas muerto, hasta hace tres años, cuando leí tu nombre en los periódicos y fui feliz. – los ojos de Luffy tenían muchas lágrimas.

—Lo siento… yo no puedo…

—Lo sé. – Luffy bajó el rostro. —Quizá perdiste la memoria, yo qué sé. Pero de algo estoy seguro… nosotros nos conocimos hace mucho tiempo y desde entonces… juramos que seríamos hermanos, sin importar qué.

—¿Juramos? – su mente estaba tan confusa.

—Ha pasado mucho tiempo. – Luffy suspiró.

—Cuéntamelo. – pidió sorpresivamente el mayor. —Estoy dispuesto a escucharte. – quizá era curiosidad, pero algo en su interior le pedía a gritos que le contasen sobre su pasado, si es que existía.

Luffy le miró directamente y después sonrió con tristeza.

—¿Quieres que te cuente… mi historia?

—Sólo si tú quieres.

—No, está bien. – sonrió. —No importa que no me recuerdes. Me alegra que seas tú Ace. – colocó su mano sobre su hombro. —Algún día recordarás y creo… que puedo contártelo. ¿Qué más da? Aunque digas que no, tú siempre serás mi hermano.

—Luffy… - no sabía qué decir. En realidad quería creerle.

—Tú y yo nos conocimos cuando éramos niños. ¡Shishishi! – se río de sólo recordarlo. —Hace diez años, en el reino Goa…

Y Luffy le contaría entonces, una historia única.

Continuará…

Bueno, el siguiente capítulo será sobre la infancia de Luffy y nos desvelará una tragedia que marcaría sus vidas por siempre. Gracias por leer, espero que comenten y opinen sobre lo que quieran. Muchas gracias por leer.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.