Hablando
Victoria había estado bien. Edward no volvió a sacar el tema de mi situación en el viaje y yo agradecí su silencio. Mi relación con sus amigos seguía mejorando, especialmente con Emmet y Alice. A veces creía que Jasper se interesaba en hablarme, pero otras veces no tanto.
Los jardines eran hermosos, las fotos no le hacían justicia, no nos tomó más de tres horas en los jardines por lo que decidimos caminar en downtown. La bahía era agradable y su aroma también. Al día siguiente las mujeres, incluyéndome, quisimos ir a Mayfair y también al Bay Center. Los dos eran diferentes centros comerciales muy espaciosos.
En este instante estábamos en la otra punta de Victoria esperando el ferri que nos llevaría a Vancouver, solo nos quedaríamos otras dos noches ahí, para luego salir hacía Seattle en carretera, y poder llegar a Salem en unos dos días. O algo así.
Cuando llegó la hora de subir al ferri, me alejé de todos. Este viaje nos tomaría más tiempo que el anterior, como dos horas y media. Hace mucho no tenía tiempo conmigo misma. Tal ves necesitaba pensar las cosas mejor antes de seguir con esta locura.
Llegué al último piso del ferri, donde estaba abierto. La brisa fría llenaba mis mejillas y las hizo sonrojar. Sonreí recordando que mi papá había hecho este mismo viaje conmigo cuando tenía ocho años. Mi mente se llenó de melancolía, recordando como me solía subir a la barandilla, extender mis brazos, y decir que era un delfín volando. Sin pensarlo, hice lo de niña. Mi pie derecho se colocó en la primera barandilla del balcón, seguido por el izquierdo, cerré mis ojos y extendí mis brazos.
No pasó mucho tiempo después cuando sentí unas mano en mi cintura. Sabía exactamente de quiénes eran. Sus dedos los reconocería a una milla de distancia.
-Espero que no estés pensando en saltar- susurró divertido con un poco de preocupación. Como si en verdad pensara que lo haría.
-No- bajé mis brazos a la barandilla y las puse ahí, sosteniéndome. Edward no quitó sus manos de mi cintura. –Solo recordaba.
Me encantaba estar con él. Sentía como si le pudiera contar todo.
-Eso esta bien, que le diría a tu familia si le dijera que me fui con su hija y regresé vestido de luto- hizo una mueca chistosa y le sonreí, más no muy certero.
-No te preocupes, no sabe dónde estoy. Solo sabe que no estoy en la ciudad- me encogí de hombros sin voltearlo a ver. Viendo el mar debajo del barco.
-Eso es una pena, ellos se pierden la oportunidad de conocerte, Bella. –Me dijo sincero- A mi me has dado el honor de conocerte- quitó sus manos de mi cintura y me acarició la espalda. –Y me gusta la Bella de este momento. La sincera, no la reina de la preparatoria o la fría sin sentimientos.
Mis ojos se aguadaron y lo cerré. Le iba a mentar la madre si seguía diciendo estupideces.
-No sabes lo que dices- le dije cortante. Lo volteé a ver cuando me aseguré que las lágrimas no saldrían, mi mirada lo taladró, segundos después le di la espalda.
Este piso del ferri, estaba vacío, a excepción de nosotros dos. Y creo que eso lo impulsó a casi gritar, pero era un caballeroso para gritarme.
-Bella, lo vuelves a hacer- me dijo pacito -, no lo hagas. Al menos no conmigo.
Su mirada calentó mi corazón y en un impulso me acerqué y rodeé su cintura con mis brazos. No sé que era lo que él buscaba de mi, pero yo no podía darle nada. Solo necesitaba alguien quien me escuchara en este momento y él parecía ser la persona perfecta para eso.
Él no hizo nada con sus brazos, no me devolvió el abrazo y lo entendí. Sabía que su timidez de mierda se interpondría. Eso era lo que apestaba de él. A veces podía jurar que era alguien lleno de confianza, y la otra mitad del tiempo era tímido.
Joder, Edward me confundía.
-Lo haré- prometí, cuando me separé de él. – Solo si prometes que tu- le sonreí coquetamente, alejé mis brazos de su cintura y guié mis manos a sus muñecas, atrapándolas y haciendo que me rodeara en un abrazo. – dejas tu timidez de mierda de lado-. Le sonreí angelicalmente a lo que él rió un poco. Asintió.
Y yo estaba feliz, tenía un nuevo amigo. Uno al que me cogería pronto, diablos, su cuerpo era fuerte y musculoso, él sabía como tratar a una mujer, y era divertido. Si me permitiera enamorarme de alguien, claro que sería de él.
Respiré profundo, alegrándome de la situación, joder, también olía bien.
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Llegamos a Vancouver casi a las siete de la tarde y todos nosotros nos estábamos muriendo de hambre. Decidimos parar en algún McDonald's antes de ir y registrarnos en el hotel. Hoy sería la primera vez que el hotel estaba apartado desde hace tiempo. Por lo que Alice decía, habían apartado tres habitaciones, una para cada pareja.
Sonreí internamente, esta podía ser mi oportunidad.
Desde la charla que había tenido con Edward en el Ferri, ambos nos llevábamos mejor y yo intentaba unirme más al grupo. Casi lo lograba, pero Rosalie no daba de su parte y si ella no hacía nada para integrarme yo no le andaría rogando. Bastante autoestima tenía esa perra.
-¿Qué vas a querer?- preguntó Edward cuando Alice, Rosalie y yo nos fuimos a sentar en alguna mesa grande. Le sonreí y me encogí de hombros.
-Una ensalada, por favor- le iba a dar cinco dólares, pero él me lo impidió. Lo miré casi enojada, yo sabía qué él estaba corto de dinero en el viaje y yo quería ayudarlo.
-Ya lo tengo, Bella, gracias- suspiré y negué con la cabeza. Cuando los hombres se fueron noté que Alice me miraba curiosa.
-Cada vez que haces eso, Bella, puedo decir que Edward se siente inútil- me aclaró, abrí la boca para protestar, pero la rubia me cortó.
-Si eres una niña mimada con dinero rebosando de tu boca, no significa que los que están más justos no puedan pagarse una mísera comida- me gruñó, la volteé a ver enfadada.
-Sabes que solo trato de ayudar. A demás, es mi comida, ingresará por mi boca y saldrá por mi culo- rodé los ojos.
-Si, la niña mimada no pudo aprender modales. ¿Qué, tus papás estaban muy ocupados para educarte?- Preguntó con saña. Me levanté de la mesa, golpeándola con mis manos.
-No digas nada de mi familia, no sabes nada- le exigí. Ella me volteó a ver divertida.
-Como sea, pero escúchame bien, niña- levanté la barbilla para que supiera que la escuchaba. –Edward es como nuestro hermano- volteó a ver a Alice y ella asintió. Aunque se quedó callada -, sé lo que niñas malcriadas como tu le hacen. Los ilusionan y cuando se dan cuenta que no pueden darle nada más que amor, se alejan, quebrándolos. Edward es frágil, y me importa. Estate lejos- hubo un brillo en sus ojos que no supe identificar. Rodé los ojos.
-Tu no eres nadie para decirme que hacer- me tranquilicé, respirando profundamente para ser civilizada-, pero, Rosalie, quiero que este viaje estemos bien- ella me miró fijamente sin amenaza. –Por eso te digo, no veo a Edward de otra manera que un amigo.
Ella me contempló por un tiempo. Esta si tenía agallas, pero asintió.
Le sonreí para infundirle confianza y también porque visualicé a Edward detrás de ella. Sabía que Rosalie me había pedido no jugar con él, pero si jugamos sin sentimientos, la cosa podía ser muy divertida.
Luego se lo comentaría.
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Llegamos al lobby del hotel y Jasper fue con Emmet a pedir nuestras habitaciones. Edward y yo no habíamos hablado del hecho que compartiríamos habitación. Yo no veía lo importante en aclarar las cosas, por mi mejor compartir habitación con él, haría mucho más fácil mi plan maestro.
Entrecerré los ojos al pensar bien la idea de acostarme con Edward. Él era bueno y frágil, como había dicho la perra, tenía el presentimiento que era inexperto en el tema y que nunca había estado con una mujer íntimamente. No sé cómo le haría, y en este momento me sentía como toda una basura.
Él no se merecía que yo pensara acostarme con él. Si yo era de las personas que les gustaba el sexo de una noche, no podía esperar que él quisiera lo mismo. Sabía que Edward no era así.
La culpa me carcomió y me mordí la lengua. Edward pareció notar mi desconcentración, ya que se puso en frente de mi y me obligó a verlo a los ojos.
-¿Qué te pasa, Bella?- sacudí la cabeza ante su pregunta. –Bella…- se quejó, rodé los ojos.
-¿No te preocupas por compartir habitación… bueno… em… conmigo?- Tartamudeé, qué diablos pasaba, nunca he tartamudeado ni dudado de mí, este hombre tiene un gran poder desconocido sobre mí.
-¿Debería?- Preguntó realmente confundido. –Digo, he compartido habitación con Rosalie y Alice varias veces, no creo que haya diferencia contigo- entrecerré los ojos, él si era raro. Notó algo extraño en mi ya que se apuró a terminar -, pero si tu quieres otra habitación podemos ir a pedirla… Si tu no te sientes cómoda, no te puedo obligar a…- lo callé picándole el estómago. Él brincó, le sonreí para tranquilizarlo de sus nervios.
-Tú eres el que se debería de preocupar. Digamos que sé que no tengo la mejor reputación… -Dudé un segundo, Edward me miró empezando a comprender el problema.
-Bella, no tengo miedo de ti-. Su voz cantó para mí. Le sonreí agradecida y me abalancé a su torso, abrazándolo. Él me respondió el abrazo y puso su barbilla sobre mi cabeza.
Edward era un gigante, medía alrededor de 1.90 metros, y a comparación de mi 1.55, me hacía sentir como una niña pequeña indefensa. No me gustaba sentirme indefensa.
-Tórtolos- gritó Emmet desde el otro lado del lobby. –, esta es su llave-. Le lanzó la llave a Edward y el en un horrible reflejo las dejó resbalar y vinieron cayendo sobre mi frente.
Pude escuchar la risa divertida de Emmet y la risa sofisticada de la perra rubia. Me puse mi mano en la frente donde la llave había caído y me sobé. Edward me miró disculpándose y repitiéndolo una y mil veces. Lo tuve que callar.
-En verdad, lo siento- sonó más nervioso, sabía que lo regañaría.
-Ya cállate, Edward- le gruñí y vi que Emmet todavía veía la escena con simpatía. También le gruñí a él. No ayudó mucho, Emmet se carcajeó, si se podía, aún más.
-Anda, vamos a dormir. Mañana tenemos un día largo- chilló Alice, tomó de la mano a Jasper y salieron corriendo al elevador. Todos los seguimos.
Una vez estando todos en el elevador, Alice, Jasper, Rosalie y Emmet se bajaron en el piso dos. Nuestra habitación estaba en el quinto piso. Hablamos de cosas realmente incoherentes hasta llegar a la habitación.
Él abrió la puerta y me dejó pasar. Con suerte había dos camas, en vez de una matrimonial. Solo los cielos sabían que haría si durmiéramos juntos en una misma cama. Agarré la cama a un lado del gran ventanal donde se veía la ciudad. Era hermosa y brillante.
Sentí una presencia atrás de mi y una respiración sobre mi cabeza. Supe de inmediato que era Edward. Lo sentí suspirar y alejarse de mi, sacó unos pantalones azules y se dirigió al baño, supongo que a cambiarse. Yo aproveché la soledad para hacer lo mismo, mi piyama consistía en un mini short rosa con una blusa de tirantes muy pequeñita, sabía que esta era una piyama que no dejaba mucho a la imaginación y me sentí fatal que pensé en volver a cambiarme. Justo cuando lo iba a hacer, Edward salió del baño, vistiendo unos pantalones de piyama azules desgastados y una camisa interior blanca.
Se veía atractivamente sexy… y también podía notar sus músculos.
Él iba a ser mi muerte.
Al parecer yo también sería la de él, ya que no paraba de evitar mirarme fijamente y sus mejillas estaban extremadamente sonrojadas. Con rapidez, quité con un poco de esfuerzo las maletas de la cama y las dejé a un lado de mi cama, luego en menos de unos minutos ya estaba segura de que la pena había pasado.
-¿Quieres ver televisión?- le pregunté cuando tomé el control remoto. Él asintió. Yo le sonreí y miré como se metía a su cama con delicadeza. Prendí la tele y cambié los canales, vi que la película de Star Wars estaba pasando, no sabía cuál era, y no me interesaba, pero supuse que sería una de las favoritas de Edward.
-¿Te gusta Star Wars?- preguntó realmente interesado, iba a mentir y decir que si, pero si él se emocionaba y platicaba de cosas que no entendería, no quería quedar en ridículo. Sacudí la cabeza.
-Bien, cámbiale, odio esas películas- susurró algo disgustados, le cambié a un canal y se encontraban los Simpson. No había nadie que no le gustara Homero, así que lo dejé. Con curiosidad lo volteé a ver.
-¿Cómo no te gusta Star Wars? Pensé que a todos los ñoños les encantaba- dije sin pensar, y me lamenté demasiado tarde.
Edward me miró fijamente, levantando una ceja.
-Edward yo… No quise decir eso- dije patéticamente, me levanté de la cama sin importar mi vestimenta.
-Si lo quisiste decir- dijo tranquilo, intentando ver la tele.
Me coloqué justamente frente a sus ojos, y clavé mi mirada en la suya. Se veía un poco dolido.
-Estoy tratando de cambiar, Edward. Quiero cambiar-. Susurré y bajé la mirada, él tomó mi mano y me dirigió a un lado de él, estábamos frente a frente.
-De eso me he dado cuenta- me sonrió tranquilizándome.
-Siento lo que dije, es solo que…
-Puede ser que sea un ñoño a tus ojos por no ser popular o que no me guste ser el centro de atención, o ser un tímido de mierda- se sonrojó por la mala palabra, pero siguió-, o que me guste leer, sé que siempre lo has pensado.
-Lo siento- me volví a disculpar patéticamente.
-No, Bella, no lo sientas. Esta bien, ese es quién soy, y por un milagro del cielo últimamente parece ser que te gusta el Edward ñoño- rió un poco y yo asentí.
-Me gusta el Edward ñoño- asentí-, también el que no es tímido-. Le piqué el estomago y me acerqué a él. Tanto que podía respirar sobre su boca.
-Me alegra, porque a mi me gusta la Bella que he conocido últimamente, y me gusta la atrevida- se sonrojó un poco y yo lo encontré adorable.
-Bien- asentí y me enderecé. Me paré y salí de su cama para ir a la mía, seguimos viendo un poco de tele entre pláticas estúpidas. Hasta que los dos caímos rendidos en un profundo sueño.
Hola! Espero que le halla agradado este capítulo. :)
¿Qué les ha parecido el capítulo en general? ¿Edward? ¿Bella? ¿Qué piensan de la actitud de Rosalie?
Nos seguimos leyendo... dejen sus commentarios para saber que les ha parecido el capitulo y la historia en general
Un abrazo, sof :)
