DESPUÉS DE LA BATALLA
o O o
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Dedicado con mucho cariño a Misa Hayase (Lisa Hayes) en su cumpleaños que estará celebrando el próximo 3 de marzo. ¡Muchas felicidades!
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CAPÍTULO CUATRO
REMONTANDO HACIA EL FUTURO
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El capitán Bruno J. Global miraba insistentemente por el ventanal de su oficina privada. Había pasado más de una hora en aquel sitio, sin moverse y sin siquiera sentir el paso del tiempo mientras observaba con curiosidad todo lo que veía debajo de él.
Desde aquella madrugada él había dado la orden de que el SDF-1 Macross comenzara a moverse, tratando de encontrar un lugar que fuera viable para aterrizar la enorme fortaleza espacial y comenzar con los formidables esfuerzos de reconstrucción que él sabía que ahora la Humanidad tenía frente a ella.
No sería fácil encontrar un buen sitio en aquella Tierra diezmada y desolada, absolutamente devastada por un ataque apocalíptico que había no solo terminado con la mayor parte de la humanidad, sino que además había destruido a todo un planeta.
La tarea que tenían enfrente era tan desproporcionadamente monstruosa que bien podría haber sido considerada imposible. Pero él tenía fe en su gente y sabía que saldrían adelante… no sabía como, pero de una u otra manera él sabía que saldrían adelante.
Fue el sonido de un toquido suave pero firme a la puerta de su oficina privada lo que finalmente lo sacó de sus cavilaciones. Separó la boquilla de su omnipresente pipa de sus labios y la colocó en un cenicero sobre su escritorio, al tiempo que tomaba asiento y con una voz que sonó más cansada de lo que él hubiera querido, anunció que podían entrar.
La puerta se abrió y frente a él aparecieron dos de sus oficiales más valiosos: la Mayor Misa Hayase, Primera Oficial del Macross y el Teniente Hikaru Ichijo, líder de grupo aéreo y héroe de la última batalla.
Los dos jóvenes avanzaron con un paso firme y resuelto hasta quedar frente al escritorio y una vez ahí, con perfecta sincronización y aire marcial, ambos oficiales se cuadraron ante el capitán, reportándose y presentándole sus saludos.
El capitán Global les devolvió el saludo tal y como el protocolo lo indicaba y después les indicó que podían descansar. Fue entonces que la mayor Hayase, dando un paso al frente, puso la carpeta con su reporte sobre el escritorio del capitán.
- Señor, el teniente Ichijo y yo elaboramos un reporte conjunto. Me tomé la libertad de sugerirle al teniente que así lo hiciéramos para simplificar los protocolos. Creo que en estos momentos no estamos en posición de ser burocráticos y dado que el teniente Ichijo y yo colaboramos en la misión que estamos reportando—
- Me parece bien. – Global la interrumpió, mientras le daba un rápido vistazo al reporte y volvía a colocar la carpeta sobre el escritorio. – Ya lo estudiaré con calma más tarde. Antes que nada quiero decirles que todos estamos muy orgullosos de ustedes y de la participación que tuvieron en su la batalla de ayer. La estrategia que idearon con esa canción de la Protocultura y el canto de Minmei fue la clave de nuestra victoria.
Global hizo una pausa y observó detenidamente a sus dos oficiales antes de continuar con lo que estaba diciendo:
- Y la manera en la que encararon su misión y no dudaron en entrar al combate… yo en lo particular me siento muy orgulloso de ustedes. Son oficiales como ustedes los que necesitamos en nuestras filas.
- Gracias, señor. – Los dos jóvenes militares respondieron al unísono.
- Mayor Hayase, sé que su padre estaría muy orgulloso de usted… y en su caso, teniente Ichijo, donde sea que el mayor Fokker esté, sé que en estos momentos debe de estar muy orgulloso de su pupilo.
La primera oficial y el piloto de combate bajaron la mirada, sintiendo que los ojos se les llenaban de lágrimas con los comentarios de aquel hombre al que ellos tanto respetaban y admiraban. Esas palabras significaban mucho para ellos.
Fue hasta que el capitán Global se puso de pie que ellos levantaron la mirada. Por un momento, Hikaru tuvo el impulso de retroceder ante el avance de aquel impresionante militar que se acercaba a ellos. Pero se resistió a aquel impulso y permaneció impávido en posición de firmes al lado de Misa, quien miraba a Global con curiosidad.
Sus ojos siguieron los movimientos del capitán y hasta entonces notaron que sobre el escritorio había un par de cajitas de metal que los dos jóvenes reconocieron de inmediato. Eran dos cajitas reglamentarias de las condecoraciones entregadas por la UN SPACY.
Hikaru miró a Misa de soslayo, sintiendo que el corazón súbitamente se le había acelerado en el pecho y ella, dedicándole una media sonrisa nerviosa, le hizo saber que ella se sentía igual… aquello era una sorpresa que ninguno de los dos esperaba.
Bruno J. Global no perdió detalle de aquel breve interludio que los dos oficiales acababan de compartir, pero optó por pretender que no había notado aquel pequeño dialogo silencioso, porque eso era lo que aquello había sido.
En lugar de eso simplemente se detuvo frente a los dos jóvenes que, de pie frente al capitán del SDF-1 Macross, parecían unos niños. Los miró a los ojos, pasando su mirada de los profundamente verdes de la mayor Hayase a los radiantemente azules del teniente Ichijo y se aprestó a hablar con gran ceremonia:
- En estos momentos no hay tiempo para burocracia ni para protocolos. – Global les explicó. – Pero yo creo que al soldado se le debe de reconocer su heroísmo cuando su sudor, su sangre y sus lágrimas aún están frescas. Por eso quiero entregarles ahora mismo algo que más que una recompensa, es un reconocimiento al heroísmo y al espíritu militar que mostraron el día de ayer durante esa última batalla.
El capitán abrió una de las cajitas y llamó a la mayor Hayase, quien inmediatamente dio un paso al frente adquiriendo una postura formalmente marcial mientras escuchaba lo que el capitán Global estaba diciendo:
- Mayor Misa Hayase, Primera Oficial del SDF-1, por sus servicios excepcionalmente meritorios en una asignación de gran responsabilidad, por heroísmo militar extraordinario en operaciones de combate y por el valor mostrado en el cumplimiento del deber, la UN SPACY le otorga por mi conducto la Medalla Titanium.
La mayor Hayase sentía que su corazón latía desbocadamente en su pecho mientras el capitán Global le colocaba la medalla en su uniforme. Cuando él dio un paso atrás, ella instintivamente se llevó la mano a la sien en un impecable saludo militar que él reciprocó.
- ¡Estoy muy orgulloso de usted, mayor Hayase!
- ¡Gracias, señor!
- Teniente Hikaru Ichijo, Líder del Escuadrón Skull.
- ¡Señor! – Hikaru dio un paso al frente y saludó militarmente.
- La UN SPACY también le otorga la Medalla Titanium. – Dijo él, colocando la medalla en el pecho palpitante del joven piloto. – Y por su heroísmo y arriesgar voluntariamente la vida en cumplimiento del deber, también se le otorga la Medalla Orión.
Los ojos del piloto de combate se agrandaron al escuchar aquello y aún más al ver como el capitán Global le colocaba la segunda medalla en el pecho de su uniforme. Sus ojos inevitablemente se movieron para mirar a Misa quien, con la vista al frente en su más formal postura militar, no podía evitar esbozar una sonrisa radiante que denotaba lo orgullosa que se sentía de su piloto en esos momentos.
- ¡Teniente Ichijo! – El capitán Global dio un paso atrás. - ¡Buen trabajo, muchacho!
- ¡Gracias, señor! – Hikaru respondió con un circunspecto saludo militar.
- La misión que ustedes llevaron a cabo durante la última batalla fue trascendental y de vital importancia para todos. – Global habló, mientras iba a sentarse a su escritorio. – Sin embargo creo que la verdadera misión comienza ahora. Ustedes mejor que nadie saben la situación real de la Tierra y para ustedes no es secreto que reconstruirla y repoblarla tomará años, quizás décadas. Es por eso que necesito contar con su apoyo y necesito que ustedes, como mi gente de confianza, me respaldaren en toda circunstancia.
- Usted sabe que puede contar con nosotros, capitán. – Misa Hayase habló en nombre de los dos. – Y le agradecemos la confianza.
- El tiempo que está por venir será sin duda el tiempo más difícil y agotador de nuestras vidas. Y quiero que desde el principio estén concientes de ello. Nadie en la UN SPACY tiene la experiencia que ustedes tienen. Quiero que sepan que las cosas no serán fáciles y ustedes tienen que estar preparados para lo que venga… para cualquier misión.
- Así será. – Volvió a responder Misa.
- En ese caso, agradezco su prestancia y su espíritu militar. Eso sería todo y pueden retirarse.
Los dos jóvenes oficiales saludaron militarmente y salieron de la oficina caminando a paso vivo, dejando tras de sí a un agobiado y exhausto capitán Global que se echó la gorra de guarnición sobre los ojos y se arrellanó en su asiento, mientras su pipa regresaba a sus labios y él volvía a sumirse en profundas meditaciones.
En esos momentos, entre todas las preocupaciones y todos los asuntos que le daban vueltas en la cabeza, había dos ideas fijas que no podía quitare de ahí aunque lo intentara.
La primera tenía simplemente un código militar: el Proyecto Megaroad.
La segunda idea tenía un tono algo más paternalista pues Bruno J. Global se había hecho a la idea de que, en cuanto pudiera, tendría una charla de hombre a hombre con Hikaru Ichijo… y el tema de dicha conversación sería la relación del piloto de combate con Misa Hayase.
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Apenas Misa y Hikaru habían salido de la oficina privada del capitán Global y se habían alejado lo suficiente por el pasillo como para considerarse lo suficientemente lejos y por consiguiente seguros, Hikaru tomó a Misa por los hombros y sin aviso la empujó hacia un pequeño, estrecho y oscuro pasillo lateral. Los dos quedaron parcialmente ocultos por unas cajas que se encontraban amontonadas en aquel lugar y que contenían solo Dios sabía que cosa. No que a ellos les importara demasiado el contenido de las mismas.
Misa reaccionó con un gritito por lo imprevisto de aquella acción, pero él la silenció llevándose el dedo a los labios para indicarle que guardara silencio. Unas vez que todo había quedado en calma Hikaru fue el primero en sonreír, mientras miraba a Misa a los ojos y le acariciaba el rostro con el dorso de su mano.
- ¿Tú lo sabías? – Preguntó travieso.
Misa negó con la cabeza y lo miró con una mirada llena de amor y de orgullo que fue suficiente para que el corazón del piloto comenzara a latir más de prisa. Misa se acercó a él para echarle los brazos alrededor de los hombros y abrazarlo con cariño.
- No, fue una sorpresa para mí también… ¡Felicidades, amor! No sabes lo orgullosa que estoy de ti… ¡Dos medallas!
- ¡Gracias, Misa! – Hikaru le devolvió el abrazo y la besó en la sien. - ¡Felicidades a usted también, mayor Hayase! Yo también estoy muy orgulloso de usted.
Los dos se separaron levemente y observaron las medallas que lucían sobre el pecho. Enseguida se sonrieron mutuamente y Hikaru se inclinó para besar a Misa en los labios. Después de aquel beso suave y lleno de amor, los dos dieron un paso atrás, pero sin dejar de sostenerse las manos.
- ¿Quieres salir a celebrar más tarde? - El piloto preguntó esperanzado. – Podríamos ir a la ciudad, a algún restaurante… o algo.
- Me encantaría, amor. – Misa sonrió con tristeza. – Pero mi turno en el puente va a ser bastante largo, me temo. No sé a qué hora dejaré de estar de servicio hoy.
- ¡Oh! – Hikaru estaba decepcionado. – En tal caso…
- ¡Hey! – Misa le colocó la mano en la barbilla para que él la mirara a los ojos. – No pongas esa carita, amor… si no celebramos hoy, lo haremos cualquier otro día.
- Sí. – Hikaru la besó en la punta de la nariz. – Es solo que quería pasar algo de tiempo contigo… pero… a la hora que salgas de servicio llámame, Misa. Me gustaría que pudiéramos pasar tiempo juntos esta noche… aunque fuera solo un ratito.
- Yo te llamo en cuanto salga del puente, amor.
- ¿Lo prometes?
- ¡Te lo prometo!
Hikaru sonrió radiantemente y se acercó para besarla con ternura en los labios. Cuando se separaron, ella le acarició el rostro.
- Será mejor que regrese a mi puesto. – Misa explicó. – Entre más pronto comience, más pronto podré salir.
- Te veo en la noche entonces, amor. – Él respondió.
- ¡Así será, piloto! Cuídate mucho por favor.
Misa dio un paso al frente y lo besó rápida y urgentemente en los labios antes de comenzar a alejar por el rumbo del puente. Hikaru la despidió con una sonrisa enamorada y un impecable saludo militar que ella reciprocó. Después se quedó ahí mirando como Misa se alejaba de él y finalmente se perdía en la esquina de un pasillo.
El piloto suspiró profundamente y dio media vuelta para retirarse, pero cuando lo hizo lo único que sucedió fue que se topó frente a frente con el capitán Global que, de pie en el pasillo y con su pipa en los labios, seguramente se dirigía al puente.
- ¡Señor! – Hikaru lo saludó otra vez, llevándose su mano derecha a la sien.
- Teniente Ichijo… ¿Podemos hablar? No le quitaré mucho tiempo.
- Yo—sí, claro… ¡Por supuesto, señor! – El piloto balbuceó en un intento por controlar su nerviosismo.
- Teniente, lo que le voy a decir es completamente extraoficial y fuera de todo protocolo militar pero aún así considero que es mi deber hablar de ello con usted porque no quiero que las cosas se malinterpreten.
- ¿Sí, capitán?
Global se entretuvo unos segundos en disfrutar de su pipa mientras observaba atenta, casi inquisitivamente al joven teniente Hikaru Ichijo quien no podía menos que sentirse algo nervioso ante aquella mirada profunda e inquietante de ese hombre que, dadas las circunstancias, era el Jefe Supremo de las Fuerzas de Defensa Terrestres.
- Se trata de la mayor Hayase, teniente.
Hikaru respiró un poco más tranquilo y con una seguridad que ni él mismo sabía que podía tener, encaró al capitán Global, mirándolo de frente y a los ojos.
- ¿Qué sucede con la mayor Hayase, capitán?
- Me he dado cuenta de que usted y ella…
Global dejó aquella frase al aire, sintiéndose inseguro de cómo debería terminarla. Sin embargo no tuvo que pensarlo demasiado pues fue Hikaru quien tomó en sus manos la responsabilidad de hacerlo de una manera contundente y absoluta.
- Ella y yo estamos juntos, señor. – Le aseguró. – Somos pareja… le he pedido que sea mi novia y ella ha aceptado. No creo que estemos yendo contra ninguna normativa de la UN SPACY con nuestra relación, capitán.
- No, no lo están haciendo, teniente. – Global respondió, sintiéndose gratamente sorprendido por la decisión mostrada por el joven piloto de combate. – Mientras sepan guardar la disciplina y los protocolos militares, no hay ningún inconveniente. Sin embargo, lo que realmente me preocupa es…
Hikaru observó a Bruno Global mientras él trataba de encontrar las palabras correctas. Pero en esta ocasión el piloto no hizo ningún esfuerzo por tratar de sacar al capitán de su apuro. Hikaru sabía exactamente qué era lo que Global iba a decir y se preparó para responder de la mejor manera.
- Usted es muy joven, teniente… y la mayor Hayase ha vivido su vida sola y es una mujer muy independiente. Jamás la había visto interesarse en ningún hombre, mucho menos en un piloto de combate que es varios años y varios rangos inferior a ella… y lo último que yo quisiera es que usted—bueno, Misa es como una hija para mi, teniente Ichijo… usted lo sabe.
- Señor, - Hikaru respondió con firmeza, mirándolo directamente a los ojos. – Yo amo a Misa y mi amor es sincero… quizás yo no soy el hombre que usted esperaría para ella, pero mis intenciones con ella son serias, capitán. Yo soy el primero que quiere mantenerla a salvo y libre de todo peligro, de cualquier dolor o desilusión. Yo la amo, capitán. Ella está segura conmigo y yo quiero llevar mi relación con ella hasta el final. Quiero pasar el resto de mi vida a su lado.
Hikaru hizo una breve pausa, tanto para tomar aire como para organizar en su cabeza lo siguiente que quería que el capitán Global supiera… porque quería que él lo entendiera bien, que no le quedara ninguna duda respecto a la sinceridad del amor que él sentía por Misa. Después de unos segundos los ojos del piloto volvieron a clavarse en los de Global.
- No sé cuánto más de mi tiempo podré darle porque un piloto de combate como yo puede morir en cualquier momento, señor. Pero le aseguro que le voy a dar cada minuto y cada segundo que me quede de vida… ella es la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida. La amo, señor. Amo a Misa Hayase con mi vida.
Una incipiente sonrisa comenzó a aparecer en las comisuras de los labios del capitán Global… sonrisa que él se ocupó muy bien en disimular llevándose su pipa a la boca y acomodándose su gorra de guarnición de manera que le cubriera parcialmente los ojos.
- Eso es todo lo que quería saber, teniente. – Susurró mientras seguía su camino. – Trátela bien¿quiere? Ella se merece todo el amor que usted pueda darle… cuídela mucho y sobre todo, no la haga sufrir.
- Ella está a salvo conmigo, capitán. Por Misa yo estaría dispuesto a dar la vida. Usted no tiene nada de que preocuparse.
Global asintió con la cabeza y miró a Hikaru quien, firme e inconmovible en medio de aquel pasillo, ya se había llevado la mano a la sien en un saludo militar que el capitán Global respondió.
- Puede retirarse, teniente.
El teniente Ichijo dio media vuelta y se alejó de ahí con pasos seguros y determinados, tomando la dirección de los hangares y puestos de vuelo del Macross. Bruno Global lo miró por unos segundos antes de que él mismo siguiera con su camino.
Fue hasta entonces que el viejo y curtido capitán se permitió sonreír abiertamente y asentir con la cabeza mientras, dentro de su corazón les deseaba a Hikaru y a Misa una vida larga y llena de amor y de felicidad.
¡Dios bien sabía que ellos se la merecían porque se la habían ganado a base de lágrimas, sudor y sangre!
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La Primera Oficial del Macross, mayor Misa Hayase se encontraba de pie en el pasillo de las barracas de los pilotos de combate. Eran más de las 2200 horas y hacía apenas unos minutos que había salido de su turno de servicio en el puente de la fortaleza espacial.
Frente a ella estaba la puerta de la habitación del teniente Ichijo y ella estaba tratando de decidir si llamaba a la puerta, si simplemente la abría y entraba o si sería mejor irse a su propia habitación y llamarlo por teléfono.
Un par de pilotos pasaron a su lado y se detuvieron para saludarla militarmente. Ella respondió a aquel saludo, llevándose la mano a la sien como el protocolo y la costumbre le indicaban, pero no pudo evitar el sonrojarse profundamente.
No era común ver a la Primera Oficial de la nave por esos rumbos y eso fue evidente en la sorpresa que Misa vio en los rostros de los dos pilotos… y en la risita traviesa que escuchó una vez que se alejaron. A esas alturas ya todos sabían lo que había entre ella y Hikaru. Ya no había razón para sentirse nerviosa o mostrarse cautelosa al respecto.
Misa Hayase dio un paso al frente y con seguridad y determinación abrió la puerta del camarote de Hikaru y entró en él, anunciándose mientras lo hacía para evitar que el piloto se fuera a asustar o a sobresaltar con su súbita aparición.
- ¡Hikaru! – Misa lo llamó. - ¿Estás aquí, amor?
- ¡Misa!
Como movido por un resorte, Hikaru se puso de pie. Durante un buen rato el piloto había estado tendido en su cama, con los brazos detrás de su cabeza y simplemente observando distraídamente el techo mientras pensaba en todo lo que había sucedido ese día: el maravilloso despertar que había tenido esa mañana… las inesperadas medallas que había recibido… la conversación que había sostenido con el capitán Global… toda la actividad que había tenido a lo largo del día en la base… y Misa, por sobre todas las cosas pensaba en ella.
Por eso el verla aparecer en su camarote de esa manera había sido casi como si la hubiera invocado y ella hubiera salido directamente de sus sueños. El escuchar su voz y ponerse de pie habían sido una misma cosa. El piloto, recién bañado y vestido con un pantalón de ejercicios y una camiseta, se acercó a su oficial superior y la recibió con un beso suave y tierno en los labios.
- ¡Hola amor! – La saludó con alegría. – Pasé por el puente hace un par de horas pero no me permitieron el acceso… te llamé a tu camarote pero no estabas… pensé que ya no te vería el día de hoy.
- Te prometí que nos veríamos¿recuerdas? – Misa le sonrió, al tiempo que dejaba su carpeta y otras cosas que llevaba cargando sobre la primera superficie plana que encontró. - ¿Cómo estuvo tu día?
- Con mucho trabajo. – Hikaru la abrazó alrededor de la cintura y recargó su frente en la de ella. – Pero todo en orden… y ni siquiera creo que tenga que preguntar como estuvo tu día, amor. Sé que fue terrible.
- Algo cansado. – Misa asintió. – Pero hay que olvidarnos del trabajo al menos por unos momentos¿te parece?
- Es una propuesta que no voy a discutir ni a rechazar, mayor.
Misa sonrió y deslizó sus manos alrededor del cuello de Hikaru. Una de ellas se enredó en los cabellos del muchacho mientras la otra le acariciaba la nuca. Él sonrió y entrecerró los ojos, maravillado como siempre del poder que las manos de ella ejercían sobre él… aquellas caricias simples e inocentes lo hacían olvidar todo el cansancio y la tensión del día.
- ¿Ya cenaste? – Preguntó Misa, siempre preocupada por el bienestar del piloto.
Él negó con la cabeza y un ligero rubor apareció en sus mejillas. Aquello le pareció absolutamente adorable a la mayor Hayase, quien no pudo evitar el besarlo suavemente en la frente.
- ¿Tienes algo de provisiones por aquí? – Misa miró hacia la cocineta. – Puedo preparar algo rápido… no sé si—
- ¡No te preocupes! – Hikaru la silenció con un besito suave en los labios. – Amor, si quieres puedes tomar una ducha aquí y relajarte un poco mientras yo preparo algo de café y unos sándwiches o algo… no tengo mucho pero ya improvisaré. ¿Qué te parece?
- Pero… - Ahora fue el turno de Misa de sonrojarse levemente. – Yo—no traigo cambio de ropa ni nada y—
- Ven… - Hikaru la tomó por la muñeca y la condujo a su reducido dormitorio. – Te presto algo… un pantalón de ejercicio, una camiseta… - Él ya estaba sacando la ropa de su pequeño armario. – Una sudadera para que no tengas frío.
Misa tomó la sudadera que él le entregó y la sostuvo en sus manos frente a sus ojos. A pesar de que Hikaru no era alto ni fornido, para ella aquella sudadera parecía enorme. Era una sudadera azul claro con una calavera al pecho y las palabras "11° Escuadrón Aeroespacial Skull – UN SPACY – SDF-1 Macross" escritas alrededor de aquella calavera. Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la primera oficial y miró a su piloto quien le sonreía un tanto divertido.
- Sé que esa sudadera prácticamente te va a devorar cuando te la pongas pero… pero creo que te verás hermosa usándola. ¿Qué te parece?
- Está bien, Hikaru pero… ¿No te molesta que tome esa ducha aquí en tu camarote? Porque yo podría ir al mío y—
- ¡Shhhh! – Hikaru le colocó un dedo sobre los labios. – Esta es tu casa, bonita… bueno, tu camarote… como sea. Y tú, Misa Hayase, jamás serás una molestia para mí. ¿De acuerdo?
Misa solo atinó a asentir, mientras sus ojos se clavaban en los de él y ella sentía que se perdía irremediablemente en ese mar profundamente azul en el que no le importaría naufragar. Hikaru le sonrió y le indicó la puerta del baño, mientras le informaba que él se ocuparía de preparar una cena decente mientras ella se bañaba.
La mayor Hayase se dirigió entonces al pequeño baño privado del teniente Ichijo, cargando su fardo de ropa, mientras él se encaminaba a la cocineta en donde le esperaba la difícil misión de preparar una cena digna de su novia con las pocas provisiones que tenía… y se hacía el firme propósito de que al día siguiente, en cuanto tuviera un momento libre, iría a surtir su despensa.
- Siempre listos. – Pensó el piloto mientras comenzaba a sacar de los anaqueles cualquier cosa que pudiera servir.
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Poco más tarde Hikaru se ocupaba en colocar su flamante cena, consistente en unos sándwiches de queso, algunas galletas y café a discreción, sobre la barra de su cocineta que él había acondicionado como comedor. Él, a diferencia de Misa, no tenía ningún tipo de salita de estar en su camarote.
El piloto dio un paso atrás y pensó que aquello no se veía tan mal… sobre todo considerando la escasez de víveres y las raciones tan magras que les asignaban en el ejército.
- Al menos es mejor que un pescado radioactivo y con cara de monstruo. – Pensó.
Casi de inmediato escuchó la puerta del baño abrirse y dio media vuelta para ver aparecer a Misa, vestida con la ropa que él le había proporcionado y que en el cuerpo de la mayor Hayase parecía ser particularmente grande. Aunque ella se había ocupado de hacer algunos dobleces aquí y allá para ajustarla un poco.
Hikaru sonrió al percatarse de que Misa se veía adorable y sintió unas ganas irrefrenables de acercarse a ella y recibirla con un beso.
- La cena está lista. – Le anunció después de besarla en la mejilla. – No es mucho, pero espero que te guste.
- ¡Se ve delicioso! – Misa miró lo que él había preparado y se saboreó por adelantado esos sándwiches de queso que, a pesar de ser tan humildes, él se había ocupado de pasar por la parrilla para hacerlos un poco más apetitosos. – Y huele muy bien.
- No tan bien como tú. – Hikaru se acercó a ella y aspiró su aroma.
- Hikaru… - Misa se sentó en el banco que él le ofreció. – Hablando de eso, no tienes nada en tu baño, amor.
- ¿Nada? – El piloto pestañeó un par de veces. - ¿No había agua, toallas, jabón…?
- Lo básico. – Misa asintió, mientras probaba su sándwich y se daba cuenta de que sabía tan bien como se veía. - ¡Esto es delicioso! Eres bueno, piloto.
- Gracias. – Él sonrió. – Pero… ¿Qué hace falta en el baño?
- Bueno, ya sabes… un buen shampoo, acondicionador, crema… esas cosas.
- ¡Ah…! – Hikaru respondió, sin saber exactamente que más podría decir.
- No tienes ni idea de lo que te estoy hablando, piloto adorable. – Misa pensó.
- Y… ¿Dónde compro esas cosas? – Hikaru respondió después de unos segundos con una expresión de inocencia en el rostro que hizo que ella se enterneciera.
- Estaba pensando. – Misa se acercó a él para acariciarle la mejilla. – Si mañana salimos temprano, podríamos ir a comprar algunas cosas.
- Había pensado ir a comprar algo de despensa. – Hikaru le informó. – Pero si tú vas conmigo sería mucho mejor.
- ¿Te gustaría que fuéramos a la ciudad entonces?
- ¡Me encantaría!
Los dos sonrieron radiantemente y comenzaron a hacer cálculos para sus turnos del día siguiente. Los VF1 del Macross estaban en mantenimiento después de la última batalla y los turnos de patrullaje y las guardias estaban siendo rotadas entre los escuadrones cuyos VF1 aún no entraban al taller o ya habían salido de él.
En el caso de Hikaru, él no tendría que volar hasta dentro de dos días pues su nave estaba siendo concienzudamente revisada. Eso, sin embargo, no lo eximía de sus responsabilidades administrativas y el papeleo correspondiente. Estaría ocupado en su turno de ocho horas, pero nada realmente complicado.
Por su parte Misa tenía que reportarse en el puente a las 0600 horas. Ella, a diferencia de Hikaru, tenía mucho trabajo pendiente. El Macross seguía moviéndose, tratando de localizar un buen sitio en donde aterrizar y comenzar con los esfuerzos de reconstrucción. Debía ser un lugar con posibilidades de recuperación ecológica, un lugar que no presentara niveles de radiación peligrosos (aunque se preferiría encontrar un sitio totalmente libre de radiación) y que fuera susceptible de colonizar. Los habitantes del Macross debían salir a la Tierra y construir su nueva ciudad.
Y Misa, como la primera oficial del Macross, tenía muchas responsabilidades encima en esos momentos… y por los rumores que circulaban entre los altos mandos, ella sabía que Bruno Global le iba a asignar aún más responsabilidades en los días subsecuentes.
Sin embargo ella calculó que si trabajaba de prisa y sin distracciones, podría estar fuera del Puente del Macross alrededor de las 1700 horas. Así que la cita quedó hecha: Hikaru iría a recogerla a su habitación a las 1800 horas y los dos irían a la ciudad a hacer algunas compras y si todo salía bien, incluso a cenar.
Poco después los dos se dedicaron a limpiar la cocineta y a poner todo en su lugar. Hikaru trataba de mantener su camarote en orden pero no siempre tenía éxito en su empresa. Sin embargo la mano de Misa comenzaba a hacerse notar en algunos rincones en los que ella, aún sin proponérselo, comenzaba a poner orden e incluso un poco de decoración.
Algo llamó poderosamente la atención de Misa cuando Hikaru la invitó a sentarse un rato en el único lugar disponible que tenía: su cama. Y ese algo fue que el piloto había colocado el modelo de VF4 que ella le había obsequiado justo sobre su mesita de noche, al lado de su cama. Aquello le pareció un detalle muy tierno de parte del piloto que, por lo demás, mantenía el resto de sus modelos de aeronaves en un módulo cercano a la puerta del camarote.
Hikaru pareció notar que Misa se había percatado de aquello pues de inmediato tomó el VF4 en su mano e hizo sonidos como si estuviera volando, lo cual provocó una sonrisa en la mayor Hayase.
- Gracias por este regalo, Misa… la verdad es que me gustó mucho y yo—no sé cómo agradecértelo.
- ¡Ni lo menciones, amor! – Ella se acercó para besarlo en la mejilla. – Me alegra que te haya gustado.
El piloto volvió a colocarlo sobre la mesita y fue cuando Misa notó de que había algo extraño en esa mesita: ahí, junto a su lámpara de noche y su VF4 estaba un portarretratos. Lo realmente curioso es que estaba vacío. Hikaru sonrió al percatarse de que Misa se había dado cuenta de aquello y, pasándole un brazo por encima del hombro para abrazarla contra su costado, le explicó:
- Cuando venía de regreso de la base me detuve a comprar ese portarretratos… estaba pensando que no tengo ninguna fotografía tuya y me gustaría tener una, amor.
- ¿Una fotografía… mía? – Misa le respondió y parpadeó incrédulamente, como si no supiera de lo que él estaba hablando.
- Bueno, sí. – Hikaru la besó en la frente. – Me gustaría tener tu imagen ahí para poderte ver por las mañanas, cuando abra los ojos… o por las noches antes de dormir. Eso es, cuando no estés aquí conmigo, claro…
Misa se rió suavemente y miró al piloto a los ojos. Él le sonreía con una sonrisa encantadoramente traviesa que provocó que lo único que ella deseara en la vida fuera lanzarse sobre Hikaru y besarlo hasta quitarle el aliento. Y Misa Hayase no era de las personas que dejaban sus propósitos sin cumplir.
Inesperadamente se dejó ir sobre Hikaru y atrapó los labios del muchacho en los suyos, besándolo con una pasión, una urgencia y una necesidad que solo rivalizaban con el amor y la ternura que ella, a pesar de todo, estaba poniendo en aquel beso.
- ¡Wow! – Hikaru susurró, tratando de inhalar el precioso aire vital, una vez que Misa se separó de él, pero solo para besarlo suavemente en el cuello, provocando que el piloto temblara de placer. - ¡Misa…!
- Tengo algunas fotografías en mi camarote pero no son muchas, amor… y en realidad hay algo que a mi me gustaría aún más.
- ¿Qué cosa?
- Una foto en donde estuviéramos los dos. – Misa lo miró a los ojos desde el lugar en donde estaba cómodamente anidada en el hombro del piloto.
Una sonrisa radiante comenzó a aparecer en los labios de Hikaru… sonrisa que sin embargo no llegó a formarse del todo cuando el piloto recordó un pequeño detalle y bajó su mirada, decepcionado.
- Pero no tengo cámara fotográfica… - Y de pronto sus ojos se iluminaron y una sonrisa enorme ahora sí explotó en su rostro. - ¡Hey, tengo una idea!
Hikaru se puso de pie de un salto y enseguida encendió la computadora que tenía justo al lado de su cama, en su escritorio. Misa siguió sus movimientos sin saber que era lo que ese piloto alocado traía en mente pero él ya se estaba ocupando en explicar su plan.
- Podemos tomar unas imágenes con la cámara de la computadora y de ahí sacar algunas, imprimirlas y—
- ¡Teniente Ichijo! – Misa pretendió regañarlo. - ¿Se da cuenta de que está hablando de una cámara de videoconferencia oficial? Las cámaras instaladas en estas máquinas no pueden ser utilizadas para fines sociales ni personales, señor.
- Sí, lo sé.
- ¡Eso se llama peculado y está sancionado por el Código de Justicia Militar!
- ¡Mayor Hayase! – Hikaru hizo un exagerado gesto de sorpresa, como si estuviera sinceramente escandalizado. - ¿Qué clase de lenguaje es ese¡En mi camarote no voy a permitir esas palabrotas, señorita!
- ¡Hikaru…! – Misa entrecerró los ojos, haciendo que esa palabra sonara como una advertencia, aunque por dentro encontraba hilarante aquella situación.
El piloto suspiró con falsa resignación y haciendo esos ojitos de cachorrito sin dueño que jamás fallaban en desarmar por completo a Misa. Ella lo miró con una mirada entre divertida y disciplinaria, preparándose a escuchar lo que estaba por venir… no sabía como era que Hikaru lograba enternecerla y hacerla reír a cada momento que pasaban juntos.
- ¿Qué diría mi oficial superior si se enterara? Quiero decir, lo único que este pobre piloto quiere es una foto de su novia y nada más… ¿realmente sería un crimen tan grave, mayor Hayase? Porque ¿sabe algo? No me importa pecular para que luego me hagan corte marcial y me arrojen al calabozo… al menos tendré esa imagen de la mujer más hermosa del mundo para acompañarme en mis momentos de soledad.
- ¡Hikaru! – Misa no pudo menos que emocionarse con aquello. - ¡Eres imposible¿Lo sabías? Eres absolutamente enervante e insufrible…
- ¿Entonces tomo eso como una autorización expresa para utilizar la cámara para esos terribles fines personales, mayor Hayase?
Ella elevó sus ojos a los cielos, suspiró profundamente e hizo un ademán con la mano que significaba que ya nada podría hacerse y que se daba por vencida. Hikaru se rió divertido… ¡Le encantaban esas actitudes traviesas y juguetonas de Misa!
- ¡Ven acá! – El piloto terminó de ajustar la cámara de videoconferencia. – ¡Listo! Hora de pecular juntos… vamos a grabar esto…
- Pero amor… - Misa protestó, mientras intentaba acomodarse el cabello. - ¡Estoy hecha un desastre! Ando despeinada y esta ropa me queda enorme… además…
- ¡Te ves preciosa! – El piloto la silenció con un beso.
- ¡Me veo como un esperpento! – Misa rezongó.
- ¡Eres el esperpento más hermoso que he visto en mi vida, entonces! – Hikaru se sentó a su lado. - ¡Vamos! Mira a la cámara… sonríe…
- ¡Hikaru! – Misa se rió, mientras él la abrazaba alrededor de los hombros y la besaba en la mejilla.
Durante los siguientes cinco minutos se dedicaron a posar ante la cámara y a hacer toda clase de caras raras, caras serias, caras formales, caras graciosas… y a reírse como un par de poseídos.
Realmente no recordaban un tiempo en sus vidas en los que los dos se hubieran reído tanto. Fue un pequeño interludio juguetón en el que ambos parecieron olvidarse del mundo y dedicarse a ser lo que realmente eran: un par de jóvenes enamorados.
Después de eso los dos se sentaron frente a la pantalla de la computadora para ver la grabación que habían hecho. Si antes habían reído con ganas, ahora lo hicieron con histeria. No sabían por qué, pero encontraban aquella grabación extremadamente graciosa. La vieron un par de veces y se rieron tanto que para el momento en que aquel video de cinco minutos terminó su segunda presentación de la noche, tanto Misa como Hikaru tenían lágrimas en los ojos y les dolía el estómago de tanta risa.
- ¡No lo puedo creer! – Misa finalmente se sentó en la cama, aún tratando de recuperarse. - ¡Hikaru, estás loco!
- No lo discuto, pero tú hiciste las mejores caras raras de ese video.
- ¡Mentira!
- ¡Claro que sí!
Misa tomó aire y se subió a la cama, recargando su espalda contra el muro y acurrucándose consigo misma mientras observaba a Hikaru trabajar diligentemente en la computadora.
- ¿Y ahora qué estás haciendo?
- ¡Ah, no sea tan curiosa e impaciente, mayor! Ya lo verá…
Misa dejó escapar un suspiro largo y una sonrisa pequeña se formó en sus labios. El cansancio del día comenzaba a hacer mella en la primera oficial del Macross, pero jamás en su vida se había sentido tan tranquila ni tan absolutamente feliz como en esos momentos.
Pasados unos minutos, un sonido suave pero bastante molesto hizo que Misa mirara hacia donde Hikaru estaba trabajando. Él se inclinó para tomar algo que en esos momentos estaba apareciendo en la impresora que estaba instalada debajo del escritorio. El piloto miró la foto impresa que tenía en la mano y su sonrisa se hizo radiante, mientras iba a sentarse al lado de Misa para mostrársela.
- ¿Qué te parece?
En la fotografía aparecían los dos juntos. Hikaru tenía a Misa abrazada alrededor de los hombros y las expresiones de pura felicidad que ambos tenían en sus rostros los hacían verse radiantes. Era una fotografía que a Misa le pareció maravillosa.
- ¡Es una fotografía excelente, Hikaru! Nos vemos bien juntos… ¿no lo crees?
- ¡Muy bien! – El piloto la besó en la mejilla. – Creo que podré sacar mil fotos de ese video, pero por ahora me conformo con esta.
Ya Hikaru la estaba colocando en su portarretratos para después ponerlo sobre la mesita.
- ¡Listo! – Dijo, regresando al lado de Misa. – Voy a imprimir otra copia para ponerla en el panel de control del Skull Uno, amor.
- ¡Hikaru! – Misa lo besó en el cuello y él sonrió. - ¡Te amo tanto!
- Yo también te amo, Misa… con toda el alma.
- ¿Podrías imprimir otra copia para mí?
- Voy a imprimir varias copias y otras fotos más… para que tengas una en tu camarote, otra en el puente, otra en tu oficina… para que puedas verme todo el día y no me extrañes tanto. – Hikaru le guiñó el ojo.
- ¡Que arrogante!
- ¡Oye! – Él se defendió. – Yo pienso tapizar mi camarote con fotos tuyas… ¡Me encantas, Hayase! Eres hermosa…
El piloto miraba insistentemente a Misa y su mano comenzó a acariciarle la mejilla con cariño mientras ella le sonreía y se acomodaba en ese hueco que se formaba entre el cuello del teniente Ichijo y su hombro… un lugar que Misa había descubierto que era perfecto para ella.
- Amor… - Misa murmuró después de unos segundos, mientras trazaba algunas figuras invisibles en el pecho del piloto. – Hoy, antes de salir de mi turno, hablé con el capitán Global.
- ¿Sí? – Hikaru respondió interesado. - ¿Qué quería?
Misa se encogió de hombros y se acurrucó aún más contra Hikaru, quien la abrazó posesivamente y la comenzó a besar en el cabello, en la frente y en la sien.
- Fue una conversación corta en realidad… él solamente… bueno, me preguntó sobre ti.
- Ajá… - Fue todo lo que atinó a responder el piloto.
- Me dijo que había hablado contigo por la mañana.
- Lo hizo. – Hikaru aceptó. – Él también me preguntó sobre ti… quería saber exactamente cuál era nuestra relación.
- No sé que le dijiste, amor. – Misa lo besó en el cuello. – Pero creo que lo impresionaste positivamente.
- Solo le dije la verdad… que te amo y que quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Eso es todo.
- ¡Hikaru! – Misa se abrazó a su piloto. – A mí me preguntó cuáles eran mis sentimientos con respecto a ti… y quería saber si todo estaba bien…
- ¿Qué le dijiste?
- Que estaba enamorada del hombre más dulce, más noble, más bueno, más apuesto y más valiente que existía en el universo… que lo amo con todo el corazón y que quiero pasar el resto de mi eternidad a su lado…
Hikaru sonrió enternecido y abrazó aún más estrechamente a Misa, mientras la besaba justo en medio de los ojos. Ella también estrechó el abrazo y cerró los ojos, mientras el sonido rítmico y fuerte del latir del corazón de Hikaru y el suave movimiento de su pecho al respirar comenzaban a relajarla.
El piloto cerró los ojos y se permitió entregarse poco a poco a un muy merecido descanso, sintiendo el cuerpo tibio y suave de la mujer de su vida descansando contra el suyo. Suspiró profundamente, dejando escapar en ese suspiro todo el cansancio y la tensión del día y finalmente trató de relajarse un poco.
Aquello, sin embargo, no le costó ningún trabajo… no cuando comenzó a sentir como la mano suave y tibia de Misa comenzaba a acariciarle el pecho y de ahí subía hasta su hombro para frotarlo con suavidad.
- ¿Qué haces? – Preguntó él sonriendo y sin siquiera molestarse en abrir los ojos.
- Te prometí que te iba a dar un masaje esta noche¿recuerdas? – La voz de Misa sonó amortiguada contra su cuello.
La sonrisa del joven teniente se hizo más radiante todavía, pero enseguida entreabrió los ojos para besar la frente de Misa y mirarla al rostro.
- Amor, no te preocupes… estás cansada y no quiero que—
- ¡No me replique, teniente! – Misa lo reprendió juguetonamente. – Verás, yo siempre cumplo mis promesas, piloto.
Para ese entonces ella ya se había movido y se había posicionado detrás del joven teniente mientras comenzaba a frotarle los hombros y los brazos. Él cerró los ojos y dejó escapar un suave gruñidito de placer.
- ¡Que rico! – Murmuró Hikaru.
Misa sonrió, sintiéndose bastante complacida al escuchar que él disfrutaba de aquello. Se acercó al su piloto y le susurró al oído que se recostara sobre la cama, orden que él no cuestionó y antes bien cumplió de inmediato.
- Misa… ¿Estás segura de que…?
- Absolutamente.
Ella respondió aquello, mientras comenzaba a aplicar presión sobre algunos puntos de la espalda del muchacho. Ella no tenía experiencia previa dando masajes, pero instintivamente supo que esos eran los puntos que requerían de su atención y no se equivocó. El suave toque de las manos de su novia y ese bienestar absoluto que le producían en el cuerpo hicieron que el piloto comenzara a relajarse de una manera tal como nunca lo había hecho en su vida.
- ¿Estás bien, Hikaru? – Ella preguntó después de unos minutos. - ¿Cómo te sientes?
- Hmmm…
Aquello más que una respuesta fue un sonido gutural que escapó de lo más profundo de la garganta del joven teniente Ichijo. Misa encontró aquel sonido bastante elocuente y con una sonrisa en los labios continuó con su tarea. Para ella el poder acariciar a su piloto de aquella manera, sin restricciones y sin impedimentos era algo que le llenaba el corazón de alegría.
Hikaru Ichijo era suyo… aquel piloto adorable y rebelde, aquel hombre apuesto y noble… aquella alma gentil y ese corazón valiente eran suyos, exclusivamente suyos. El teniente Ichijo, ese piloto de combate desesperante e insurrecto era el amor de su vida.
La mayor Hayase hubiera querido prolongar aquel masaje durante horas, si con aquello lograba hacer sentir bien a su novio, sin embargo ella misma estaba agotada y el piloto así pareció entenderlo pues bien pronto él se movió en la cama para levantarse levemente con el apoyo de su brazo izquierdo y mirar a Misa.
- Amor… - La voz del piloto sonó adormilada. – Ven acá…
Misa no objetó aquella orden. Se acercó a Hikaru, recostándose a su lado en la cama y dejando que él la besara suavemente en la punta de la nariz. Ella acarició el rostro de su piloto y le devolvió aquel beso.
- Estás cansada, chiquita. – Hikaru susurró. – Tienes que descansar…
Diciendo eso, el piloto la abrazó de tal manera que sus manos quedaron justo en la espalda de ella y sin perder tiempo comenzó a moverlas de arriba abajo, provocándole a Misa una sensación tan agradable que ella comenzó a ronronear contra el cuello de Hikaru, haciendo que él sonriera al saberse el causante de aquel placer.
- ¿Te gusta que te haga cosquillitas en la espalda? – Preguntó el teniente con voz ronca y apenas audible.
- Sí… se siente rico. – Misa le respondió en el mismo tono.
El piloto sonrió y la besó en la frente. Los dos comenzaron a caer en un sopor profundo y relajado… un estado de absoluta paz y tranquilidad que precedía al sueño. Sin embargo después de unos minutos Misa se movió de improviso haciendo que Hikaru abriera los ojos y la apretara con más fuerza, impidiendo que se alejara de él.
- ¿Qué pasa, amor?
- Se hace tarde. – Misa miró el reloj sobre la mesita. – Hikaru, tienes que descansar… yo debo irme… mañana mi turno comienza temprano y tú—
- ¡Shhhh! – El piloto la calmó, abrazándola aún más estrechamente contra su cuerpo y entrelazando sus piernas con las de ella para prevenir cualquier intento de huida. - ¿Quién dice que no estoy descansando, bonita?
- Pero—
- Misa, amor… - Hikaru la besó en los labios. - ¿De veras crees que te pienso dejar ir esta noche?
- Hikaru… - Misa lo miró a los ojos mientras aquella palabra escapaba de sus labios como si fuera una oración. – Yo—yo no quiero importunarte, amor. No quiero ser una carga para ti y creo que debo darte tu espacio y—
- Misa… te quiero a ti a mi lado. – El piloto replicó resueltamente. – Y no creas que mis intenciones son otras… te amo, Misa Hayase… me gusta dormir a tu lado, simplemente descansar junto a ti… me gustaría que te quedaras conmigo esta noche, amor… si tú quieres.
La primera oficial del Macross observó por unos momentos el rostro adormilado e irresistiblemente apuesto de su piloto, quien a su vez la contemplaba expectante y con una expresión de absoluto amor en sus ojos. Misa lo acarició y él sonrió y tomó su mano para plantarle un beso suave y tibio en su palma… beso que pareció transmitir su energía y su tibieza directamente hasta el corazón de su oficial superior.
Finalmente ella se acercó a él para besarlo suave y tiernamente en los labios. Fue un beso largo, lento, cariñoso y lleno de amor y de ternura. Cuando finalmente ambos se separaron, Misa se acomodó en el pecho del piloto y suspiró profundamente.
- ¿Entonces te quedas? – Él preguntó esperanzado.
- Jamás podría irme, Hikaru… - Ella sonrió contra su pecho. – Tú lo sabes.
- ¡Misa! – El piloto sonrió adormilado. - ¡Te amo!
Ella se levantó un poco y con cuidado empujó a Hikaru hacia un lado para que los dos pudieran meterse debajo de las cobijas. Una vez que estuvieron acurrucados, se sonrieron mutuamente. Fue Hikaru quien finalmente alargó la mano para apagar la luz de la lámpara, sumiendo el camarote en una oscuridad profunda a la que pronto se acostumbraron.
- Todavía te sigo debiendo ese masaje. – Misa susurró contra los labios de Hikaru.
- De acuerdo. – Él la besó suavemente. – No voy a decir que no… pero pienso corresponder¿sabes?
- ¡Me encantaría que lo hicieras, piloto!
Hikaru se rió y volvió a besarla. Fue un beso más largo y más profundo esa vez. Cuando se separaron, Hikaru se movió hasta acomodar a Misa entre sus brazos y encontrar una posición cómoda en la cama.
- Duérmete, hermosa. – Él murmuró. – Descansa…
- Tú también, amor.
Se hizo el silencio durante algunos minutos… silencio que fue roto por la voz molesta de Hikaru al recordar que había olvidado algo. La luz de la lámpara de la mesita de noche se encendió y Misa observó a su piloto con una mirada interrogativa.
- Olvidé poner el despertador. – Él le informó. – Tienes que reportarte muy temprano, amor… y quiero prepararte el desayuno antes de que te vayas.
- No es necesario, amor. – Ella le respondió. – Puedo desayunar cualquier cosa en la base.
- Pero—
Misa lo besó y su mirada se tornó predadora cuando siguió hablando.
- No me incomoda que pongas el despertador tan temprano… pero ese tiempo pienso aprovecharlo en otra cosa… no precisamente en desayunar.
El piloto miró a su novia y una pequeña sonrisa apareció en su rostro cuando comprendió lo que ella le estaba tratando de decir.
- ¡Ah! – Se golpeó teatralmente la frente. – Bueno, tienes razón… puedes comer cualquier cosa en el camino…
- Claro… - Ella lo besó. – ¿Qué dices?
- Digo que entonces debemos dormir ya porque los dos tenemos que despertarnos muy temprano. – Él le guiñó el ojo. - ¡Estar contigo es la mejor manera de comenzar el día!
Misa se rió y apagó la luz. Los dos volvieron a acomodarse y la voz de Hikaru se dejó escuchar en la penumbra.
- Misa…
- ¿Qué pasa, amor?
- Me gusta estar contigo… me gusta dormir a tu lado… me gusta despertar a tu lado… ¡Te amo, preciosa! No sabes cuanto…
Ella decidió que la mejor manera de responder a aquello era besando a su piloto… besándolo en la oscuridad hasta dejarlo completamente rendido a ella. Los dos se estuvieron besando por varios minutos hasta que finalmente, agotados por el trabajo del día, sintieron que ya no podrían estar despiertos ni un minuto más.
Poco a poco los dos comenzaron a caer en un sueño profundo y reparador del que no despertarían hasta que el reloj despertador indicara el comienzo de un nuevo día… aunque por otra parte, y esas eran las buenas noticias, ambos tendrían una muy buena motivación para despertar por la mañana.
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Notas de Autor:
No hay mucho que decir esta semana, excepto que agradezco de todo corazón los reviews, mensajes y e-mails que me han enviado. Para mi es siempre un honor que ustedes se tomen el tiempo de leer estas historias. ¡Gracias de verdad! Y vuelvo a disculparme por lo lento de mis respuestas. Debo de seguir culpando al trabajo por este síndrome de falta de tiempo. Voy lenta, pero segura. ¡Que todos tengan una excelente semana! Y nos veremos por acá el próximo domingo. :)
MACROSS: DO YOU REMEMBER LOVE?
© 1984 Estudios Nue, Tatsunoko Production y Artland
.: GTO - MX :.
