.¡Llegamos al ecuador del fic! .¿Os habéis acordado de Byakuya? .¿Habéis echado de menos al pendón de Sasuke? Espero que sí n.n

Os doy las gracias de nuevo por leerme, por dejarme vuestras críticas, por interesaros por esta secuela.

Aunque no ha resultado muy largo, este capi ha sido un poco chungo de escribir. ¡Espero que lo cojáis con ganas y lo disfrutáis!


Domingo

A día de hoy no logro recordar con claridad cómo me las arreglé para estudiar para los exámenes finales de aquel trimestre. Recuerdo que cuando logré tranquilizarme al volver de la casa de Sasuke aquel día leí algunos párrafos del libro al azar para empezar el trabajo, escribí un par de páginas bastante mal estructuradas para la introducción y terminé a tiempo los tres temas que tenía que estudiar.

Al día siguiente conseguí despertarme temprano y me puse manos a la obra inmediatamente después de desayunar. ¿Extraño? No, desde luego. Me desperté tres veces desde las cinco de la mañana soñando que llegaba tarde a los exámenes, estaba obsesionada con lo que me quedaba por estudiar. Si me quedaba despierta intentando convencerme de que no lo llevaba mal, olvidaba con facilidad los libros, bajaba los pies del escalón de mi mente donde el instituto y todas las preocupaciones relacionadas con él daban vueltas.

Sin embargo no había demora para que la luz se hiciera de nuevo en los cabeceos sobre la almohada porque mi mente enfocaba con nitidez a Sasuke sentado al escritorio, mordisqueando su lápiz e ignorándome. Terminaba luchando por dejar de pensar en él y dar vueltas en el escenario del desplante no ayudaba.

El tiempo, afortunadamente, sí lo hacía. Estaba lloviendo con mucha suavidad y había amanecido un cielo tan oscuro, que parecía que el espectro solar dejara su evidencia entre las nubes como si fuera la noche donde la mancha dorada de la luna brillara con un poco de rebeldía. La cortina de agua caía lentamente en la calle distinguiéndose con facilidad el destello brillante de cada capa de llovizna.

Las gotas que caían contra el cristal de la ventana de mi cuarto resbalaban con un sonido que casi podía escuchar, el de mi propio estado de quietud. Cuando las miraba simplemente se me ocurría que el ostracismo al que me veía sometida, visto el silencio de mis padres al otro lado del enredado hilo telefónico y la testarudez de Sasuke para darse la mano con el sentido común, no era tal porque algo en el mundo, aunque fuera tan accidental como la lluvia que caía, estaba en sintonía conmigo. Aquello era tan efectivo contra mis nervios como un cóctel de valiums.

Estudiar atendiendo a los detalles más irrelevantes, como los números a pie de página, fue un placer. El estudio me cundía. Siendo consciente de que al día siguiente me examinaría de dos materias, no me costaba mucho coger el hilo de los temas; todo lo que venía después era un continuo que se agradecía. A las once de la mañana ya me había duchado y el repaso de todo el temario del primer examen se me acababa. Encendí la radio y bajé el volumen para no agobiarme con el silencio cuando me preparaba para empezar con la segunda asignatura.

Entonces, sonó el timbre.

Sonó como frotar un dedo contra cristal mojado, sólo que el sonido rayó dentro de mis oídos con total estridencia. Aunque no reconocí el modo de tocar el timbre, se me pusieron los nervios de punta. Dejé el rotulador subrayador amarillo sobre la mesa y fui casi corriendo a abrir la puerta.

La intuición no me falló. Sasuke-kun estaba al otro lado, apoyando el antebrazo contra el marco de la puerta lentamente, proyectando una sombra lúgubre, suave y azul sobre mí con la luz que entraba por la pequeña ventana del hueco de la escalera. Se me ensancharon los ojos al tiempo que los suyos se estrechaban. No me dio buenas vibraciones.

- Hola, Sakura-chan –me dijo sin color enfatizando en el sufijo. Asomó los dedos por el canto del marco de la puerta y adelantó la cabeza con la tranquilidad de una serpiente. Su mirada acompañaba.

- Sasuke-kun.

- He venido a ver qué cara tenías. Me estaba preguntando si hoy te has levantado de mejor humor o, si en cambio, tenemos para comer resaca del ataque de histeria de ayer. ¿Es así? –preguntó mientras bajaba la vista para analizar mi postura con parsimonia y aparente desinterés.

Fruncí el ceño levemente. Ya iba a empezar. Al subir de repente la mirada, no tardó en advertir que yo daba señas de estar dispuesta a contribuir en la mala leche del ambiente.

- Hey, hey... no me digas que te vas a enfadar tan temprano. Podría creer que he vuelto a conseguirlo. ¿Lo he vuelto a hacer? .¿Te he enfadado? –dijo en un tono de fingida preocupación mientras se balanceaba. Apreté los puños y él lo vio. Dejó de moverse y me miró fijamente-. Ya he tenido suficiente. Más que suficiente. ¿No crees?

No, no creo que tuviera suficiente. Era un descaro terrible que llegara con esos aires.

- .¿Has bajado para explicarme lo que me tienes que explicar o para seguir con tu numerito de "aquí no ha pasado nada"?

- Oh, ya creo que ha pasado algo –dijo con rabia contenida esbozando una sonrisa-. De todas maneras, .¿quieres que haga cualquiera de esas cosas para los vecinos también? .¿Necesitas público? –miró por encima del hombro- Seguro que a la vecina de la puerta de al lado le interesa saber qué se cuece últimamente en el bloque. Si estás por la labor, sal, que se me ocurren muchas cosas para tener entretenido al vecindario... –resopló- y a ti sobre todo, por supuesto. Os prometo diversión y descaro a raudales... –se me tensa hasta la última fibra-. Anda, déjame pasar.

Dividida entre el miedo y la furia, le abrí del todo la puerta y me hice a un lado. Sasuke entró, pero no se descalzó. Se quedó en el rellano de los zapatos.

- No te preocupes. Para tu alivio, no me pienso quedar mucho.

- .¿Tienes una explicación tan corta? –le pregunté con simulada sorpresa.

- .¿Explicación? –preguntó perplejo mientras cerraba la puerta tras de sí sin mucho cuidado. Sonó el portazo y su voz se mantuvo tan intensamente como este último sonido- .¿Quieres que te explique por qué me estoy portando como debo contigo? Por todos los budas, .¿tengo que justificarte eso? Si hay un comportamiento anormal, ése es el tuyo. Me gustaría que me explicases por qué demonios te fuiste ayer de mi casa como lo hiciste. Aunque tengo la impresión de que ni tú lo sabes –soltó con toda la chulería del mundo.

- .¿Cómo quieres que reaccione a lo de ayer, a lo de todos los días? .¡Estoy indignada! .¡Vamos, Sasuke-kun, que nos conocemos! .¡No eras tú! .¡Últimamente estás tan raro que no te reconozco! .¿Qué ocurre? –le pregunté despegando los brazos del cuerpo- .¿Qué ha pasado para que no me mires igual que antes? .¿Actuarás cada vez que se te pase algo raro por la cabeza?

- Espero que sepas a dónde quieres ir a parar, porque no pienso dejarte pasar ni una... –me avisó ladeando la cara, en un tono peligroso. Yo no las tenía todas conmigo por cómo había planteado la situación, pero lo del día anterior había sido demasiado grave.

A estas alturas, me di cuenta de que habíamos cruzado la raya. Empezábamos a gritarnos, a mirarnos con recelo. La primera vez desde que salíamos.

Si aquello terminaba tan mal como vaticinaba, mi corazón se convertiría inevitablemente en un arma de destrucción masiva, porque las cosas nunca habían pintado tan mal. Ya no se trataba de Sasuke. Se trataba de todos los malos tragos por los que he pasado en toda mi vida, de que nada pudiera ser igual que antes.

Sasuke lo era todo para mí.

Si él me fallaba, si las cosas degeneraban... estaría perdida.

- .¡Estoy segura de ello! –mentí- .¡Dime! .¡Dime si me estoy equivocando! .¡Dime que estoy alucinando! .¡Estás tan callado! .¡Esto me recuerda a la apuesta, Sasuke! –peligro, Sasuke me está mirando intensamente. Pero si me callo, sé que reventaré-. ¡Creí no conocerte cuando me hiciste todo aquello, y ahora me pasa lo mismo!

- Podemos hablar de ti también. ¿Quieres?

- .¡No quiero recordártelo ni echártelo en cara! Pero me estás preocupando y me obligas a hacerlo. No quiero que cada vez que sientas algo distinto tengas que ocultármelo. Estoy contigo, Sasuke, tengo derecho a saberlo. Tienes que confiar en mí –susurré en todo conciliador.

- .¿Confiar en ti cuando te fuiste de mi casa de esa forma tan desagradable? .¿Cuando no se te puede ni hablar? .¿Cuando soy amable contigo?

Estallaré. ¿No me escucha?

- .¡Esa no es la manera que tienes de ser amable! .¡Volviste a dejar de ser tú! .¡Te repito que estoy in-dig-na-da! .¿Por qué me hiciste eso ayer? .¿Por qué eras tan... –Sasuke me mira fijamente, esperando sin paciencia que acabe mi pregunta- tan...? –me revuelvo, no sé cómo terminar. ¿Cómo puedo decirle que le anhelaba sin sonar desesperada?... Demonios, no lo estoy.

- Termina lo que ibas a decir.

Mierda.

- Distante.

- Distante –repite con tranquilidad. Parece reflexionar un momento. Su respiración pierde el ritmo excitado. Frunce los labios y se los humedece al tiempo que la incertidumbre se adueña de mi corazón con un abrazo helado. Desvía un momento la mirada a los míos. No me pierdo ni un ápice de su expresión-. ¿Qué clase de distanciamiento, Sakurita? –escucho una de sus deportivas caer en el rellano. Se está descalzando con las punteras. Da un paso hacia mí salvando el desnivel y su altura destaca naturalmente sobre mí. No sé si está más enfadado que antes o si me ha entendido y se ha dado cuenta de su error. A mí me tiemblan ligeramente las piernas pero no me muevo del sitio. Me mezo un poco para dejarle clara que mi actitud desafiante sigue en su sitio.

- Pues... no me... gastaste ninguna broma –Sasuke-kun alza una ceja con incredulidad-. No... no jugaste conmigo... La silla...

- Teníamos que trabajar.

- Sí. Pero eso no suele importarte.

- Ya –se acercó hasta estar a menos de un palmo de mí. Sigue mirándome con la misma expresión-. Podrías terminar confundiéndome si no hablas claro. ¿Vas a echarle narices? .¿Vas a decirme qué era exactamente lo que querías que hiciera? .¿Estabas esperando algo cuando subiste a mi casa? –pregunta con interés.

Se me prenden las mejillas.

- Tú lo sabes –digo cruzando los brazos para escudarme el pecho y encorvarme. Otra vez el peligro de tenerlo tan cerca. Me nubla-. No me tires de la lengua. Esa pregunta y la manera de acercarte... ya insinúan que lo sabes... Además, en la mañana...

- .¿En la mañana, qué? –ladea la cabeza para mirarme, ya que he pegado la barbilla al pecho y el flequillo protege.

- Pasó algo.

- Hm –tarda un par de segundos en contestar. Imagino que se acuerda especialmente del bochornoso momento en que me preguntaba si me echaba una mano-. ¿Qué fue lo que pasó?

- Dijiste algo... –digo en voz tan baja que apenas me escucho. Sasuke frunce el ceño e inclina el oído sobre mí- sobre... lo que podíamos hacer... –susurro muerta de vergüenza.

- No lo recuerdo –la sorpresa me obliga a mirarle. Al hacerlo, descubro una oscuridad especial en sus ojos. La duda de saber si está más enfadado o si pretende hacer algo que nos haga olvidar lo de ayer se hace más grande y dolorosa. Ambas tienen sus riesgos considerables.

A Sasuke nunca le resultó nada fácil sincerarse con los temas importantes. Pasa de la desvergüenza en los temas banales a un pudor incómodo en los temas de peso. Ya conocéis la historia de cómo usó la terrible apuesta trucada para estar más cerca de mí, así que no creo que necesitéis más explicaciones. Por eso ahora estoy en blanco.

Me huelo que no piensa disculparse, y eso me enfada un poco. Pero tengo que tener muy presente que Sasuke-kun para comunicarse tiene sus propias reglas... y cualquiera de las alternativas con las que cuento para explicar su acercamiento, el enfado o una improvisación interesante, son peligrosas a partes iguales.

- .¿Me refrescas la memoria? –me pregunta. Yo meneo la cabeza, confusa.

- No... no te entiendo... –digo suspirando.

Se hizo el silencio. Fue un silencio tan llano... que creí que el mundo efectivamente había dejado de girar, que todas las personas allí fuera se había quedado en suspensión. Me di cuenta. Se trataba del silencio que se produce cuando se desdibuja todo el movimiento de lo que pasa más allá de Sasuke y de mí, cuando siento cada movimiento suyo como si fuera yo quien moviera sus músculos... cuando él me mira y ejerce su influencia en hormigueos para mover los míos.

Sasuke se asoma sobre mi nariz, y aspira en cuanto nuestros labios están a una bocanada para tocarse. Cierro los ojos, notando las líneas de movimiento invisible de Sasuke sobre mí. Se materializan con calidez. Los labios calientes de Sasuke se abren sobre los míos en cuanto hacen contacto, y roza su lengua suavemente contra mis incisivos tras mi labio superior, de un colmillo a otro.

La punta de su lengua juega un momento con el filo de mis dientes y de repente, suavemente, se cuela por la cara posterior de éstos, obligando un roce entre nuestros labios que parece casual... Su aliento, el que tanto anhelo, planea sobre mi lengua. Me tortura con la pobre fricción entre nuestros labios, el ligero aliento que me engancha. Así también logra que mi mente esté en suspensión. Ni me he dado cuenta de que he deshecho el cruce de mis brazos y ahora tengo las manos suspendidas a unos centímetros de su pecho.

Mis talones se elevan un par de centímetros, aunque poco me dura el intento porque las rodillas entran en convulsión. Le echo las manos al cuello sin prisas, ayudándome con los pulgares tras sus orejas para atraerlo hacia mí, y me bebo su boca. Su lengua me lame el paladar... se decide. Se interna en mi boca con un calor asfixiante, maleando a placer mi lengua como si fuera la hoja de una espada que bañara en pura lava. Me destroza.

Me rodea con sus brazos y me sostiene con las manos en la espalda. Gemí perezosamente cuando cambió la dirección de su beso y sus labios se movieron estupendamente contra los míos. Sostengo el descontrol de mi pecho aguantando la respiración, pero no lo soporto y me separo lo justo y necesario de Sasuke para tomar aire entre las comisuras de los labios de ambos y volver a besarle.

Escucho un bajo y ronco sonido gutural que me pone el vello de punta tiernamente.

Sasuke-kun ha dado medio paso sobre mí. Retoma nuestro beso con una electrizante tensión en los brazos. Me deja de piedra con la forma en que lo hace, cruzando rápidamente una de sus manos sobre mis omoplatos, colocándola bajo mi nuca. Me aprieta contra sí, y mis codos estorban entre nuestros pechos.

Me besa con tal vehemencia que me obliga a abrir los ojos. Me recuerda a aquella ocasión en la que me besó en su cama, cuando me dijo que subiera a su casa tras haber pasado por la ducha durante la apuesta... aquella vez que dejó impreso su cuerpo en el mío de una manera que no pude quitarme de la cabeza en días. Quizá en esa ocasión no estuviera haciéndome estas cosas tan... emm... peligrosas... pero entonces me había besado como si estuviera intentando retener algo en su cuerpo... y ahora parece que lo esté soltando.

Lo cierto es que lo consigue a medias. Advierto una lucha consigo mismo. Cede unas caricias deliciosas y lacerantes que me hacen escocer los labios y a la vez le oigo respirar con molesta moderación. Es la segunda vez que me besa así, y, demonios, eso me sugiere tantas cosas... Me sugiere con fuerza lo que pudo haber hecho en esa ocasión de manera tan espantosa... ahora tan deseable... ahora que me sobrecogen sus labios y me sé querida de esa manera tan peculiar...

No puedo soportar la pasión de su beso porque es tan intenso que no sé cómo responderle. No soy capaz siquiera de estirar los brazos para anudarlos en su cuello. Me frustra lo inconfesable el no poder moverme como él. Intento improvisar pero Sasuke-kun me está devorando, y que me sostenga contra sí con la fuerza de sus brazos... me deja inútil. Me tiembla tanto el pecho, tengo la garganta tan blanda, que podría intentar gritar y no articular ni un susurro.

Sin querer aprieto los dedos sobre su piel, y él lee con facilidad que las cosas no marchan bien. Se despega de mí sin cuidado arrastrando la mano que apretaba mi espalda hasta mi costado, pero se mantiene a menos de un palmo de mi cara. Aspiramos con fuerza la primera bocanada, con la misma necesidad, pero él me mira gravemente y yo estoy desorientada por despertarme del trance de su boca, así que ambos intentamos camuflar la urgencia de nuestros pulmones. La mano que sostiene mi nuca se afloja pero sigue manteniéndose con firmeza.

- Tú necesitas esa distancia, Sakura -.¡está enfadado!- No puedes jugar al "ahora sí, ahora no". Yo puedo entender que estas cosas sean nuevas para ti y te confundas, pero, .¿acaso no estás siendo una caprichosa?

- .¿Ca-caprichosa? –tartamudeo sin dar crédito.

- El viernes, en clase, me dices que quieres venir a casa, pero antes de que lográramos salir del instituto te arrepientes. Te echas a temblar.

-Pero...

- La excusa de que fuera la primera vez que hacías novillos me es tan útil como una piedra pómez en la cocina –abre los ojos con evidente ánimo intimidatorio y me acusa-. Estuviste jugando conmigo. Tengo muy calados a los que se aventuran a saltarse las clases. Déjame decirte que la culpabilidad, en el sector de las chicas como tú, no sobreviene hasta que se dan cuenta de que es imposible dar marcha atrás. Los que se arrepienten nada más salir del aula son los pringados: –levantó dedos al enumerar- los chicos "buenos", empollones y marginados. Deberías reunir estas tres condiciones –dice batiendo los dedos extendidos- pero te quedas fuera. A pesar de no ser popular la gente no tiene problemas contigo. Tú no estás dentro de ese grupo –dice con lentitud-. Y ni cuestiones si ando errado, porque te puedo garantizar que mis hipótesis están comprobadas.

- Sasu...

- Lo mejor, o lo peor, es que tengo que dar gracias a que tu revés no tuviera nada que ver con el Hyūga.

.¿De dónde... sale todo esto?

- Al día siguiente me cuido de insinuarte nada...

-Eso no es cierto... –digo, pero no me escucha porque yo apenas lo gimo y él está demasiado enfadado como para atenderme.

- ... y cuando advierto que vuelve a apetecerte, pongo el parche antes de que salga la herida. .¿Resultado? Saliste corriendo de casa –aparta la mano de mi nuca-. ¿Tengo que adaptarme en cada momento a lo que se te antoje? .¿Quieres que te bese como tú necesites cuando a ti te parezca? .¿Quieres, al mismo tiempo, mantener las distancias cuando pienses que voy demasiado deprisa? Yo también siento y padezco. A mí también me apeteces a mi manera. Pero con eso no hay nada que hacer. No estabas preparada para estar a solas conmigo. Y ahora tampoco.

Se yergue y cuando termina de hacerlo, cuando me deja tan sola, hago un esfuerzo para que las lágrimas se me descongestionen antes de que se me expongan en los ojos.

- Ese... ese es el problema –consigo decir maldiciendo el escozor de los ojos.

- Es lo que te está preocupando, .¿cierto?

Trago saliva antes de meterme del todo, para prepararme para la respuesta.

- También lo que te preocupa a ti, .¿no?

Sasuke me mira sin articular palabra.

- Dime que no es lo que te preocupa, Sasuke... ¿Sasuke?

Sasuke-kun da un paso hacia atrás y se gira mirándome con enfado. Se agacha para calzarse las deportivas.

- .¿No vas a decir nada? .¿No me lo vas a negar?

Abrió la puerta y se fue.


Las cosas estaban más claras. Sasuke al fin abría la boca... aunque fuera para hablar sólo de mí. Y mal.

Tenía sus palabras al rojo vivo, quemándome dentro de la cabeza, hirviéndome futuras lágrimas. No dejaban de ir y venir imágenes; se repetían las palabras que Sasuke acababa de decirme sin parar.

Estaba confusa por su beso y por su enfado pero eso no me impidió darme cuenta de que todo lo que había dicho sobre mí era cierto, porque todo cobraba sentido, amén a que Sasuke-kun asegurara algo tan incierto como que no me había insinuado nada...

Lo más grave era que había estado jugando con él ignorando lo que él quería, justificando perfectamente su reacción durante la breve discusión sobre el trabajo. Tuve que acercarme a la cocina y beberme un gran vaso de agua para humedecerme la garganta... para discutir visualmente el juego de todos nuestros sentimientos con el estampado de la encimera.

Se había enfadado.

Tenía toda la razón.

Fui antojadiza al decidirme a salir del instituto cuando Sasuke tuvo el detalle de ofrecerse a acompañarme a Kobe estas vacaciones. Arrastré a Sasuke en mi deseo de ir a casa y cuando él aceptó... cuando él aceptó... Demonios, .¿cómo paso? .¿Por qué...? .¿Por qué continué? .¿Por qué sólo hasta la escalera? Si Sasuke tiene razón en lo que dijo sobre mi miedo a hacer novillos... él sería la única razón que tuve para acobardarme... Efectivamente, me di cuenta de que estaba muerta de miedo. Si continué hasta poder bajar las escaleras... ¿Sería porque inconscientemente quería saber hasta dónde podía llegar? Me quedé tan clavada en las escaleras...

.¿Qué podía pensar Sasuke sino que Neji me había intimidado? .¿Qué podía pensar cuando vio que Neji-kun no es justificación de mi cambio de opinión? .¿Cómo debió sentirse cuando mi inmadurez para quedarme a solas con él salió a flote?

Y al día siguiente... sucede algo que todavía no tengo del todo claro aunque tenga aceptada la lógica que tomó Sasuke-kun. En verdad yo esperaba que Itachi nos fuera a dejar solos... yo por entonces estaba tan enfadada que no tenía miedo. Quizá... quizá esa sensación sea solo una ilusión. Quizá me hubiera dado cuenta a la hora de la verdad que tampoco podía llegar entonces hasta el final.

Maldita sea... Estaba enfadado desde el principio. Desde que me llamó. Sasuke llegó enfadado y se enfadó más cuando le critiqué sus medidas contra mis caprichos. Cuando dejó de besarme estaba furioso. Ahora su silencio me dice que a él también le preocupaba mi madurez para enfrentarme a nuestra intimidad.

- Oh, no... Oh, no...

El sexo.

.¿Por qué se me escapaba? .¿Por qué no me di cuenta de que es lo que también le preocupa a él? Las cosas antes iban bien para nosotros. Éramos amigos y el sexo no daba problemas... Sasuke... Neji... ¿Por qué siento que ambas relaciones... me llevan a sitios distintos? .¿Por qué tengo la impresión de estar cimentando una historia llena de ilusiones con Sasuke-kun? Las ilusiones... ¡no llevan a ninguna parte! Neji me esperaba... Neji me daba esperanzas... las que él mismo tenía y alimentaba para estar a mi lado... ¡cuán diferentes son las ilusiones y la esperanza! .¡Cuán diferentes son los finales de ambas relaciones! .¿Mi historia con Sasuke no lleva a ninguna parte? .¿Que yo le apetezco a su manera? .¿Por eso está tan raro? Es que... ¿El sexo puede preocuparle tanto, ser tan urgente para él, que no pueda sincerarse?

Él tiene razón sobre mi comportamiento, pero cuando le he preguntado, él...

Se ha callado.


Tardé en calzarme las botas de agua lo mismo que tardé en coger las llaves, el paraguas y el móvil. Me abotoné el abrigo, me enredé la bufanda y apreté el grueso del bolso para asegurarme de que no me había equivocado al cogerlo mientras cerraba la puerta de casa. Bajé las escaleras con prisa y abrí el paraguas antes de cerrar la puerta del portal. Me eché a la carrera bajo la lluvia, que tornaba más suave que hacía un rato, pero no tanto como para simular el escampe. Tecleé un e-mail mientras echaba un vistazo al tráfico. Crucé los pasos de peatones corriendo, con el mango del paraguas asido con fuerza para que no se me resbalara por el guante.

Llegué jadeando a la estación de metro, con los pulmones congelados. Cerré como pude el paraguas y busqué nerviosa en el bolso el bono de transporte. Me quité los guantes y los guardé en los bolsillos del abrigo al tiempo que me asomaba a la pantalla luminosa que indicaba los minutos que faltaban para que llegara el siguiente tren.

No podía esperar para verla... Tenía que contárselo.


Su casa quedaba a más de media hora de la estación y no paraba de llover. De hecho, en aquella zona llovía con fuerza. Cogí un autobús –que para mi desesperación tardó más de quince minutos en llegar-, tomé asiento entre temblores, y me dediqué a elucubrar sobre lo que debía discutir mientras intentaba adivinar las calles a través de la espesa cortina de agua que caía. Cuando me apeé del autobús, la madre de Ino estaba asomada a la puerta de casa. Me acerqué corriendo con el paraguas ajustado a la cabeza, escuchando la violencia con la que caía el agua sobre el plástico tensado. La señora Yamanaka me abrió la puerta y me saludó, señalándome el paragüero.

Me dejé resbalar el abrigo de los brazos al tiempo que me disculpaba por mi llegada intempestiva, asegurándole con una inclinación que se trataba de algo bastante urgente. Ella sólo cabeceó e intentó sonreír. Me preguntó por mis padres, deseó mejora para mi abuelo, y me dijo dónde estaba su hija.

Subí las escaleras algo cansada, sintiendo que, para lo que me esperaba en aquella intensa y escasa media hora que el reloj me daba de margen hasta la hora de comer, hablar con Ino iba a ser otra ducha fría. Como la de la calle. Como la de Sasuke.

- I... ¿Ino?

- Entra, Sakura. Estoy sola, no te preocupes –escuché de una voz gangosa.

Entré en el cuarto de Ino y la encontré en bata, sentada en el futón con las mantas hasta el pecho. Llevaba el pelo suelto y tenía los ojos cargados. Sostenía un pañuelo en ambas manos sobre el regazo, donde también descansaba el libro del examen del martes. Se sorbió la nariz, que brillaba enrojecida, y me indicó que me acercara.

- Me has preocupado. No sé qué pensar. ¿Qué...?

Sollocé.

- Ino... –le dije mientras daba los últimos pasos para acercarme hasta ella- Lo mío con Sasuke se va a la mierda. Inminentemente.

- .¿Qué? –me dijo alzando una ceja. Le dio un acceso de tos- .¿Qué ha pasado?

- Ne-necesito que me digas, Ino... Necesito que me recuerdes qué tipo de persona es Sasuke-kun... porque yo ya... –dije intentando controlar la rabia y la pena. Debía serenarme. Tenía que hacerlo.

Ino se vuelve completamente hacia mí y parpadea muy seguido, como si no me hubiera escuchado bien.

- .¿Quieres que yo... te recuerde cómo es... tu novio? .¿Sakura?

Empecé a hipar. Ino abrió todo lo que pudo sus ojos apagados y me dio un par de pañuelos de papel de la caja que tenía consigo.

- .¡Ya me estás diciendo qué te ha hecho! .¡Lo voy a matar! .¡Jodido bastardo! .¡Siéntate, vamos! -obedecí, sintiendo por primera vez en días que alguien estaba realmente a mi lado. Fue un alivio tan grande tenerla conmigo... poder decírselo todo... Estaba enteramente dispuesta.

- No es nada de lo que piensas... es sólo... Bueno, sí, es lo que piensas... Sasuke... me ha hecho... algo tan... ¡tan feo! –rompí a llorar.

Ino dio un gritito. En los siguientes segundos de maravilloso silencio, pensé que de alguna manera podría sobrevivir a todo lo que me pasaba si Ino me comprendía y me apoyaba. Si todos los recelos que había tenido con ella para hablar sobre Sasuke se minaban ahora, todo era posible, hasta que yo saliera adelante si Sasuke desaparecía. Aunque eso era lo que menos deseara en el mundo. ¡No, no podría vivir sin Sasuke! .¡Me negaría a ello más allá del cansancio! .¡Por algo estaba allí, preparada para sincerarme con ella! .¡Para evitar que algo tan terrible sucediera! Lloré con más pesar, con menos fuerza.

Para mi sorpresa mi amiga no acudió en mi necesidad de ser atendida a pesar de que yo empezara a doblarme del dolor. Yo esperé un abrazo cálido y unas palmaditas en la espalda pero sólo noté una mano muy solitaria sobre el hombro que intentaba consolarme, mientras un pulgar empezaba a marcar sobre el juego de teclas de un teléfono.

- Ino... Ino, .¿qué haces? –no podía ser. Levanté la cabeza. Ino acababa de marcar el número del móvil de Sasuke y sostenía el teléfono inalámbrico contra la oreja con una mueca de indignación- Cuelga, Ino... por lo que más quieras, no sabes lo que vas a hacer...

Ino levantó la mano que tenía apoyada en mi hombro y me indicó que me calmara, que ella se encargaba. Yo entré en calor de golpe al prever con nitidez que Sasuke cogería el teléfono y se liaría una buena. ¿Qué cara pondría Sasuke si escuchara la voz enfadada y nasal de Ino gritándole cosas terribles con mi voz de fondo, forcejeando con ella entre hipos?

- .¡No! .¡Hazme caso! .¡No le llames! .¡Tengo que contarte primero lo que ha pasado! –alargué la mano hasta ella e intenté arrebatarle el auricular, pero Ino me esquivaba. Levantó la mano que empuñaba el auricular sobre su cabeza y me puso la otra contra la frente al verme acercarme para coger mi nueva fuente de problemas. Me entró el pánico. Sasuke podía coger el teléfono en cualquier momento .¡si no lo había hecho ya! Estiré los brazos hacia el cacharro con la mano de Ino presionando mi cabeza.

- .¡Te juro que se entera! –tosió- .¿Quién demonios se cree que es? .¿Va a jugar contigo y nadie le va a cantar las cuarenta? .¡Tienes que dejar que alguien haga esto por ti si él no se da cuenta de que está haciéndote daño!

- .¡No, déjame primero explicarte! –enterré el pulgar en el hueco del codo de Ino para quitarme su mano de la cabeza, me impulsé hasta el teléfono y empecé a pulsar todas las teclas que podía, intentando acertar en el de encendido. Ino, al verme volverme y hacer un amago de acercarme al enchufe del soporte del teléfono para tirar de él, bajó la mano instintivamente y yo aproveché para disputarme el teléfono con ella.Pulsé el botón de encendido mientras Ino intentaba arrancarme el auricular.

- .¡No seas idiota! .¡Sasuke ha hecho siempre lo que le ha dado la gana! .¿Vas a permitirle que haga esto también contigo? .¡En cuanto pueda decir tres frases seguidas sin esputar le soltaré un rapapolvo como los de antaño y le partiré la cara! .¡Le quebraría las piernas con un atizador al rojo vivo! .¡Se va a enterar de lo que vale un peine! .¡Se le quitarán todas las tonterías en cuanto nuestro guardaespaldas le diga un par de cosas! –volvió a toser- .¡Eso te lo aseguro!

- .¡Necesito que me escuches antes de que decidas hacer nada de eso! Por favor... si después de escucharme quieres torturarle y llevarle a la hoguera, te prometo que te ayudaré... pero tengo que escuchar primero lo que opinas sobre lo que pasa entre nosotros, porque le conoces bien –un momento...- Eh... ¿has dicho guardaespaldas? .¿Tenemos guardaespaldas?

- Claro. Kiba es nuestro perro protector.

- .¿Es-estabas llamando a Kiba? –digo casi sin voz.

- .¿A quién iba a llamar, Sakura? .¡Primero le mando a él, que es un chico e impresiona más, para prepararme el camino, y luego llego yo, que soy el plato fuerte! .¡Chica, se llama estrategia!

- ... Ino, eres terrible... Creí que llamabas a Sasuke-kun.

Ino frunció el ceño lentamente y dejó de hacer fuerza con el chisme. Mareó la mirada sobre el fajo de mantas que la abrigaban y una comisura de los labios se le arrugó con amargura. Demonios, qué incomodidad.

- Por cierto... ¿estás bien?

- Es sólo un catarro. No te preocupes –atajó monótonamente-... Te veo a ti en un apuro más grande. ¿Qué es lo que te ha hecho?

Me miró con interrogación. Yo la miré a ella... muerta de celos. Tenía que preguntarle a ella, a la que Sasuke había besado antes, a la que había caído en sus brazos con dulce conformismo –como se había esmerado en explicarme en su momento-, la que podía entenderse con él en los términos que yo aún no podía manejar. La que pudo continuar el beso que me dejó fuera de juego esta mañana. Me siento derrotada frente a ella.

Muerta de celos, sí. Pero no muerta de odio. Para ella... tampoco debe estar siendo fácil.

- Te cuento todo esto porque sé que puedo confiar en ti. Sé que no lo publicarás a los cuatro vientos. Sasuke-kun... lleva un tiempo un poco raro.

- Tú también. ¿Es por eso que estás tan abatida últimamente?

Asentí. No se podía resumir así, era más complicado, pero me importaba más hablarle de Sasuke que del caos que me ocupaba.

- Hace un rato tuvimos una discusión bastante fea. Está... ha estado muy callado hasta entonces –dije secándome los ojos con los pañuelos arrugados que me había ofrecido-. No se acerca a mí con naturalidad, está distante y... a la vez... a la vez me reconoce que le... –carraspeé y bajé la voz- le apetece hacer cosas conmigo...

- .¿Todavía no lo has hecho con él? –me preguntó sorprendida. Yo clavé la mirada en la colcha, preguntándome si su pregunta era realmente indispensable para que pudiera ayudarme.

- Es una pregunta... un poco embarazosa, .¿no crees?

- O sea, que no. Y él sabe que no estás preparada –dijo como una obviedad, como si hubiera descubierto a la madre del cordero.

- .¿No ves que sea anormal que se comporte así si está conmigo porque me quiere? –le pregunté con brusquedad- .¿No debería ser franco y decirme que puede esperarme?

Ino suspira dificultosamente pero con muchísima calma. A mí todavía me arden las mejillas y las lágrimas.

- No. No es anormal. Los chicos no son tan delicados como nosotras, Sakura. Se toman sus molestias en ocasiones, pero no dejan de ser chicos. Ellos no reaccionan igual. Si esperas que Sasuke se pare a decirte qué es exactamente lo que le preocupa, lo que siente, o lo que quiere, lo llevas claro. No será imposible saberlo porque te lo demostrará en el momento en que sea crucial para...

- .¡Pues olvida lo que acabo de decirte! –me apresuro a decirle- .¡Deja de imaginarte que Sasuke me demostrará que me espera porque me he dado cuenta de que no se dará el caso! .¡Realmente tienen razón todas las chicas que dicen que todos son iguales! .¿Es que todos tienen el cerebro en...? –Ino me mira reprobatoria, me recuerda que hay más oídos en su casa. Intento calmar mi respiración-. Lo siento. Estoy imposible, Ino. No me interesa vivir de las ilusiones, .¿vale? Que él signifique tantas cosas para mí no quiere decir que todo pueda ser perfecto. Y he estado creyendo que todo iría bien porque él es quien es. No quiero estar con él fantaseando que todo a su lado sale redondo cuando en realidad Sasuke tiene el humor alterado porque no consigue lo que quiere.

- Me vas a perdonar, pero tengo que poner en duda lo que dices. Me cuesta creer oírte hablar así. Además me estás liando de una manera...

- .¿Y qué me dices de nuestro momento? –solté interrumpiéndola de nuevo, aferrándome a la cuestión como a un clavo ardiendo. ¡Algo de razón debía llevar!

- .¿Qué momento?

- Llevamos sólo tres meses de relación, las relaciones cambian. En este punto hay una crisis...

- .¿Crisis? –preguntó alzando una ceja y cayendo en otro acceso de tos.

- S-sí... Ya sabes... L-la crisis... la crisis de los tres meses... de toda la vida... -.¿Es posible que pueda sentirme más idiota?

- .¿De qué crisis hablas? –sonrió débilmente al ver mi azoramiento- Las relaciones, efectivamente, cambian. Los primeros meses de una relación los recordarás con más cariño porque serán los que más cosas te digan de Sasuke; a partir de entonces las cosas se hacen menos emocionantes en ese plano, porque terminas acostumbrándote... pero no hay ninguna crisis. No puedes levantarte un día y decir ".¡Vaya! Ya no sé qué siento por él, .¿qué estará cambiando?"... a menos que las cosas vayan encaminadas a terminar espantosamente. Precisamente mi primo se vio en esas y no le quedó más remedio que...

Y eso es lo que Sasuke...

- .¡Yo no he pensado nunca eso! –exclamé dolida, volviendo a llorar, con furia- .¡Yo me siento preparada para él!

- .¿De verdad?

- .¡Creo que sí!

- .¿Entonces por qué volviste a clase el viernes? .¿Por qué te fuiste?

- .¡Las cosas... no salieron como debían!

- .¿Acaso no te fuiste porque pensabas que era lo que debías hacer? .¿Sabías lo que iba a hacer Sasuke contigo?

- .¿Insinúas que decidí irme con él a casa porque pensé que debía satisfacerlo?

Ino se encogió de hombros.

- Sí.

.¡...!

- Deberías tener cuidado...

- .¡Esa no es la cuestión importante ahora! –volví a interrumpirla.

- Ah, .¿no? .¿Entonces cuál es?

- .¡Hay algo que va antes que todo eso! .¡Él empezó a hacer todas esas cosas antes de que el hecho de que yo estuviera o no preparada para acostarme con él pudiera ser un problema! .¡Ha sido él quien ha cambiado! .¿No te das cuenta? .¡Se levantó un día, se dio cuenta de que estar conmigo no era tan maravilloso, y no supo cómo decirme que lo bueno se nos estaba acabando! –Ino intenta decirme algo, pero mis palabras ahogan las suyas- .¡No sé cómo sobrellevar esta situación! .¡Ino, voy a perder al que fue mi mejor amigo por enamorarme de él y decepcionarlo! .¡No podremos volver a ser amigos si terminamos! .¿Entiendes? .¡Terminará conmigo en cuanto tengamos una bronca más gorda que la de esta mañana!

- Sakura, haz el favor de calmarte -me dijo tomándome de los hombros y moviendo la cabeza para ayudarme a hacerlo-. Y no vuelvas a interrumpirme, por favor, me cuesta mucho pensar con claridad y estás diciéndome tantas cosas distintas que ya no sé cuál es el problema principal –abrí la boca pero Ino me dio chitón-. Escucha: no hay crisis de los tres meses. Si estás preparada para estar con Sasuke, te aseguro que te darás perfecta cuenta en el momento que sea: ahora, dentro de dos meses o al cabo de un lustro. Si Sasuke está teniendo problemas con lo que tiene detrás de la bragueta, apostaría mi colección de manga de las CLAMP a que el hecho de que estés preparada es su última preocupación, porque hasta que tú no le digas nada, él se mantendrá a raya. ¿O es que no cedió cuando quisiste dar marcha atrás el día de los novillos? Sasuke no va a hacer nada de lo que dices.

- .¿Có-cómo lo sabes?

Ino sonrió, con pesar.

- Porque te está respetando –sus ojos se apagaron aún más-. Te quiere, Sakura. Fíjate, y te darás cuenta de que lo hace. A mí no... no me escuchaba. Yo siempre le consentí que... se acercara a mí. Pero cuando quise hablarle de lo que yo sentía por él, él no tenía paciencia. Así ha sido con todas. ¿Te das cuenta de que no eres otra más? Es algo complicado comprender a Sasuke, pero merecerá a pena que lo intentes, porque él está haciendo muchos esfuerzos por ti.

.¿Q-qué?


Qué embrollo, .¿no? Sakura casi pierde los nervios con las dudas, Sasuke está realmente indignado con la conducta de ésta, e Ino -precisamente ella- tiene que decirle a Sakura por dónde van los tiros con Sasuke...

.¿Qué hará Sakura? .¿Creerá a Ino y pensará que Sasuke la está respetando, o que, en cambio, la relación entre los dos está abocada al fracaso?

¡Espero que te haya gustado el capítulo! .¡Si es así como si no, por favor, deja tus impresiones, dudas, o sugerencias! La autora y los personajes leerán tu crítica con total dedicación ;)