Hola! Siento mucho el retraso, he tenido problemas con el internet en casa pero ya estoy de vuelta! Espero que os guste este capítulo y gracias a todos los que leéis mi fic pero sobretodo a los que lo añaden a favoritos y a karymoon, lina y UshieVictoria por vuestros reviews que me animan mucho! Espero que os guste! :)
Elena
-¿Era un chico? – pregunto sorprendida mientras doy un sorbo del café sentada en nuestro nuevo sofá.
-Sí. – responde Caroline – No pasa nada. – dice con naturalidad.
-Ya, bueno, será un poco intimidante. – digo pensativa.
-Se le notaba buen chico. – dice – Y a lo mejor está bueno. – sonríe pícara.
-No. – me pongo seria – Nada de sexo con compañeros de piso. – me mira desafiante – Care, enserio… Podría traernos serios problemas.
-Vale, vale. Lo intentaré. – reímos.
-Tal vez es feo. – le digo casi rezando por ello. No me fío un pelo de Caroline en ese sentido. Nos quedamos en silencio un rato. Miro a mi alrededor, me siento extraña. Me gustaría pintar paredes y cambiar muebles del piso, para que sea más acogedor. Quizás podamos plantearnos la idea, cuando ya estemos los tres inquilinos. - ¿Cuándo viene? – pregunto de repente.
-No creo que tarde mucho… - dice mirándose su bonito y delicado reloj dorado.
Y entonces llaman a la puerta. Yo y Caroline nos miramos fijamente, es obvio que estamos nerviosas. Por favor, que sea simpático y limpio. Caroline se levanta de un salto dejando su taza en la mesa del salón y abre la puerta. Inclino la cabeza hacia atrás para ver bien lo que sucede.
El chico es alto y castaño. Tiene el pelo corto, de esos que no tienen que peinarse. Las facciones de su cara son duras, cuadradas así que resaltan sus dulces ojos de color miel y su sonrisa delicada y tímida. Me lo miro de arriba abajo. Mierda, está bueno. Lleva una camiseta de tirantes de baloncesto lo cual deja ver perfectamente sus musculosos brazos y lo mismo pasa con sus pantalones cortos de deporte. Observo a Caroline, lo está analizando entero. ¡Care, córtate un poco! Me levanto y me dirijo a la puerta.
-Hola… - dice él tímido – Soy Kol, el de la habitación. – Y le tiende la mano. Pero Caroline prefiere darle dos besos en las mejillas con emoción.
-¡Hola Kol! – saca la mejor de sus sonrisas – Yo soy Caroline, y ella – añade cogiéndome de la mano y arrastrándome hacia ellos – es Elena.
-Encantado. – dice amablemente sonriendo.
-Igualmente. – le contesto yo con educación. – Pasa. – Será mejor que nos sentemos a hablar. – El chico entra, por su expresión, creo que un poco aterrado culpa de Caroline.
-Bueno, nosotras llegamos ayer así que aun lo tenemos todo patas arriba. – se disculpa Caroline. – Sentémonos en el sofá, si cabemos… - reímos los tres y es una sensación agradable. Empiezo a pensar que es buen chico y que podemos llevarnos bien los tres siempre que Caroline no haga la traviesa.
Una vez en el sofá le ofrecemos un café y charlamos un poco. Nos pregunta de dónde venimos, qué vamos a estudiar y nos cuenta que su hermana va a ir a la misma academia que nosotras. Qué casualidad. Le enseñamos los baños y decidimos que nosotras nos quedamos el grande y él el pequeño. Después pasamos a enseñarle la habitación y al parecer le gusta mucho el tema de que tenga un balcón y ni menciona la falta de escritorio.
-Esto… chicas, ¿vosotras fumáis? – nos pregunta de repente.
-No – contestamos las dos a la vez. – A no ser que sean ocasiones especiales. – añade Caroline.
-Vale, vale. – dice – Es que yo fumo pero tranquilas, fumaré siempre fuera. Menos mal que tengo balcón. – Ahora cuadran muchas cosas.
-Pues… - digo yo mirando a mi alrededor – creo que está todo visto y dicho, ¿no?
-Bueno… Hay una cosa… - dice. Le miramos extrañadas. – Sé que normalmente cuando se alquila algo el inquilino se incorpora al mes siguiente pero… aun quedan quince días y me corre un poco de prisa… Si os importara que viniera antes, no me importa pagaros este mes entero…
-Tranquilo, tu ven cuando quieras. – le dice Caroline. Y me mira a mí en busca de aprobación.
-Claro, - sonrío – no hay problema.
-Perfecto, chicas, muchas gracias, de verdad. – nos mira sonriendo. ¿Qué os parece si mañana por la tarde estoy aquí?
-Cuando quieras. Pero solo tenemos dos llaves… - dice Caroline.
-Mañana llámanos y cuando te hayas instalado vamos a hacer una copia, así damos una vuelta. – propongo –nos vendrá bien. – reímos.
Nos despedimos de él y se va. Y en el momento que se cierra la puerta sé que me espera un viernes noche escuchando a Caroline repetir lo bueno que está.
