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* Lean con atención pues no lo repetiré: La serie DEFINITIVAMENTE NO es mía.
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Sweet child of mine
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Estaba tan cansado, tanto y apenas era el segundo día, estaba tan molesto que sentía unas ganas inmensas de patear algo, patear un balón tan fuerte que atravesara el estadio completo. Deseaba destrozar algo con los puños y si fuera la sonriente cara del profesor seria mejor.
Kurita.
Su compañero de proyecto era Kurita.
Estaba jodido. Tan jodido.
No solo cuidaría a un muñeco de plástico como si fuera su hijo además tenia que lidiar con el hombre más extrañamente sentimental del mundo. Por que eran amigos, uno de sus mejores amigos pero eso no le impedía ver que era un completo loco.
Lloraba por cosas que resultaban ridículas, por estar tan gordo que incluso la talla extra grande le iba chica mientras devoraba cajas de dulces como una aspiradora. Por llegar tarde a clases por que se detuvo a medio camino a comprar un bocadillo. Por que reprobaba algún examen o perdía su equipo de futbol favorito.
No sabia si llamarlo loco, infantil o marica, no es que tuviera nada en contra de los homosexuales pero no se le ocurría una mejor forma de describir a su amigo que se comportaba como su madre cuando tenia "sus días especiales" del mes.
Era un incordio, un dolor de cabeza pero eran amigos y no podía hacer lo que Hiruma cuando se cansaba, no podía golpearlo o gritar. Así que solo le quedaba ser paciente y resistir sus impulsos de pedir prestada la pistola que Hiruma le pidió guardar y dispararle hasta que no pudiera llorar más.
Claro que si tocaba esa pistola estaba muerto. Hiruma la había mandado hacer especialmente para Anezaki. Una Luger 9mm profusamente ornamentada y simplemente hermosa, no era el mejor regalo para una chica pero Hiruma no era normal.
Mucho menos era normal la relación que tenia con Anezaki, así que si él quería regalarle una pistola en su cumpleaños pues entonces que lo hiciera, seguramente ella estaría feliz mas por el hecho de que el le diera un regalo que por el presente mismo.
Se dejo caer en la cama sin siquiera quitarse los zapatos y se estiro intentando que sus doloridos músculos se relajaran, había dejado al muñeco con Kurita y esperaba que pudiera mantenerlo completo una noche al menos.
Ese día había sido un infierno, con Kurita llorando como loco por que el muñeco lloraba sin parar, al final término haciendo algo que jamás pensó hacer… pedirle consejos a Hiruma sobre como cuidar a su hijo.
-Hiruma… ¿Cómo lograste mantener al muñeco sin llorar todo el día? Desde ayer no para de llorar, no es hambre, ni sueño, tampoco los pañales… estoy… estoy desesperado.
Aun recordaba sus risas divertidas mientras él intentaba ser lo mas serio posible para evitar sonar tan patético e ignorar los llantos, si los llantos, por que Kurita lloraba casi tan fuerte como el muñeco.
-Jodido viejo… ¿Por qué piensas que soy un maldito experto en cuidar de esa cosa?
Aun recordaba el inmenso ruido de llantos por toda la escuela, casi todos los muñecos lloraban sin parar, solo unos pocos estaban tranquilos, entre ellos estaba la muñeca de Hiruma. Balbuceaba y se movía en el porta bebe junto al escritorio de su amigo.
Lo había visto ver el reloj varias veces en el trascurso del día, primero veía la hora y luego parecía saber lo que la muñeca necesitaba. Comida, un cambio de pañal o colocar un gotero en su boca.
-¿No lo tenias tu todo el día mientras Anezaki estaba ocupada con el comité de disciplina?
Todos parecían sorprendidos cuando Anezaki había salido sonriente del salón de clases dejando a su hija con el demonio completamente despreocupada, luego habían entendido que como era normal en Hiruma siempre lograba hacer suceder lo imposible.
Su hija resultaba estar intacta, no como una muñeca a la que le faltaba un dedo por que a su madre se le cayo en el triturador de basura, otro tenia una brecha en la cabeza causada por que su padre lo arrojo contra la pared cuando estaba dormido y sintió algo raro en la cama.
-Jodido viejo inútil… esa cosa es como un jodido bebe real. Come, duerme y se enferma. Usa el jodido Kit. medico.
Se había sentido tan estupido al escuchar ese tono de voz con el que le hablo el rubio, ese que usan los adultos con un niño especialmente lento para comprender. No entendía como Hiruma siempre conseguía hacer todo lo que se proponía de esa manera.
Al final había seguido su consejo y había usado el termómetro, su muñeco estaba peligrosamente al borde de derretirse, uso la medicina y guiándose por sus instintos le dio un baño de agua templada, afortunadamente luego de un par de horas el muñeco poco a poco se fue calmando y la fiebre cedió.
Si no fuera por Hiruma tal vez estaría reprobado, quizá el rubio si tenía madera de padre, o en realidad era un demonio y estaba usando alguna clase de brujería. Lo fue fuera al menos tenia la certeza de que Anezaki estaba ayudándole y no llorando estresada como Kurita.
Suspiro al escuchar sonar su teléfono móvil, lanzo un grito de frustración al ver el identificador de llamadas y leer "Kurita", definitivamente dios lo odiaba o el demonio le estaba jugando una broma de pésimo gusto.
-¡Musashi! ¡Takeshi se me cayó en un hueco del dojo y no puedo sacarlo! ¡Ven rápido antes de que las ratas se coman a mi hijo!
¿Llorar serviría de algo? Por que estaba deseando hacerlo, pero controlándose y armándose de una gruesa capa de paciencia le dijo que llegaría en unos minutos y colgó resignado a pasar la noche buscando al muñeco bajo el dojo y temblando solo de imaginar a las arañas que podría encontrar.
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Ningún padre nace sabiendo serlo. Todos, absolutamente todos aprenden de la misma manera. Ensayo y error. Experimentando y orando por no matar a sus hijos, Hiruma no fue la excepción.
Sostener esa cosa cuando llora, claro, pan comido.
Bañarla, sin problemas.
Alimentarla, fácil.
Cambiarle el pañal… Comienzan los problemas.
Su primera noche con Hikari en casa Mamori había estado exhausta, tan cansada que fue incapaz de escuchar el llanto de su hija en plena madrugada y fue Hiruma quien se levanto a sostenerla.
Pero no había funcionado, intento con el biberón pero tampoco era eso. Así que con horror comprendió que era lo que estaba mal… el pañal.
El enemigo mortal de cualquier padre primerizo, simple en apariencia pero para ellos mas complicado que un cubo de rubik con un sudoku en cada un de sus caras.
Había llevado la muñeca al cuarto de baño para no despertar a Mamori encendiendo la luz y había intentado recordar cuando horas antes ella había colocado el pañal a la muñeca.
Soltó las dos tiras de velcro casi conteniendo la respiración y esperando que de un momento a otro algo ocurriera, se sorprendió un poco al ver una enorme mancha en el pañal, era repugnante y se estremeció, se pregunto de nuevo como era posible que fuera tan jodidamente realista.
Busco el manual y leyó atentamente, maldijo antes de dejar el cuadernillo aparte. Esas jodidas cosas ensuciaban el pañal, en realidad era solo un compuesto químico liquido, cada cierto tiempo esa cosa liberaba algo del químico y al contacto con otro en el pañal generaban una mancha del color correspondiente a la necesidad física.
Se consoló pensando en que al menos solo parecia mierda pero no olía así, suspirando tiro el pañal y se pregunto como conseguirían mas cuando se acabaran, se encogió de hombros, ya se preocuparía cuando ocurriera.
Tomo un pañal nuevo, uso una toalla húmeda y el bote de talco que sorprendentemente eran reales. Suspiro viendo a Hikari moverse y balbucear, se rasco la cabeza frustrado e intento acomodar el pañal.
Estaba un poco disparejo pero al menos el velcro se había pegado y su trabajo estaba hecho sin despertar a Mamori, suspiro de alivio y cargando a Hikari con una expresión de terror al verla sonreír comenzó a imitar los movimientos de la chica horas antes cuando la había hecho dormir.
Se meció suavemente con Hikari entre sus brazos agradeciendo que nadie lo viera haciendo eso, no era propio de él ni de su imagen estar jugando a las muñecas por más que tuviera una razón muy importante para hacerlo.
Unos minutos después Hikari estaba nuevamente dormida en su cuna improvisada y el volvió a la cama suspirando aliviado y se durmió de inmediato agradecido de que semejante momento solo fuera entre esa cosa, como él llamaba a Hikari, y él.
Lo que Hiruma nunca supo fue que unos ojos azules estaban pendientes de todos sus movimientos mientras unos labios se curvaban en una sonrisa, feliz de ver que su demonio podía llegar a ser tan dulce como para no despertarla y ocuparse él mismo de la muñeca.
Cerró los ojos y suspiro sintiéndose feliz… no podía haber tenido un mejor compañero, un mejor padre para su hija.
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¿Qué les parece el capitulo 4?
Como verán continuo enferma, lo peor del caso es que estoy harta de estar en "reposo" todo el día pero al no tener mas que hacer al estar sola en casa todo el día me la paso leyendo unas horas, viendo TV a ratos y durmiendo el resto del tiempo.
Honestamente lo primero que are cuando me recupere será pasar todo el día en el parque bajo un árbol leyendo bajo la luz natural del sol y no esas irritantes bombillas ahorradoras y respirando aire puro…
Espero disfrutaran el capitulo y muchas gracias por sus comentarios a las chicas maravillosas que se toman un minuto para alimentar mi vanidad…
Con cariño,
Patzy
