Flor artificial
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by
Kuraudea
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Capítulo III
La Fría Capital del Norte
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«Cerremos la ventana a este cielo de cobre. Encendamos la lámpara en los propios altares y tengamos en estas horas de crepúsculo invernal, una Mujer a cada lado »...Manuel Machado.
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Los rayos de Sol entraban por la ventana; daban luz a la cómoda de madera donde había un jarrón de cristal con una flor artificial rojo escarlata. Con el oleaje del viento, la cortina de lo que parecía ser una habitación, se revoloteaba con sus colores blancos llevándose consigo al «Espanta Espíritus» que, con sus cristales arrojaba coquetos cánticos de relajación y brillos tornasoles.
O por lo menos esa era la intención del artefacto; relajar a su oyente.
Todo era siempre igual.
Todo era tan blanco que, de alguna manera parecía encandilar a su vista.
Las colchas, las almohadas, las sábanas, tenían el color de la purificación: el blanco. Mismo color que sin querer, hacia juego con los cabellos del sujeto que se encontraba postrado en la cama desde hacía meses.
El mismo lugar disfrazado.
Era su hogar y no lo era, aunque el maullido de su fiel amigo que descansaba junto a él, le ayudaba a recordar un poco la calidez de su hogar.
»Estoy en casa.
La flor artificial que brillaba escarchada de rojo, no era ni un gramo de bella en comparación de su jardín que tenía más vida.
Aunque algo había en común entre el sujeto y la flor; ambos estaban en ese lapso de vida en donde ni avanzaban, pero tampoco retrocedían. Era el punto del meollo donde «el estancamiento» era su fuente vital para perseverar un poco más postrados en el mismo lugar, bajo los mismo pensamientos, y la misma ancla del pasado que, como tocadiscos se repetía una y otra vez .
Claro esta, que hay de «casos a casos», porque para ciertas personas aún había tiempo de sobra para resurgir como el propio fénix de entre las cenizas, vivir, y darle un poco de significado a su existencia. Pues bien, todos estamos en este mundo para ser felices.
Pero por desgracia, él sabía que su tiempo había llegado a su límite máximo. Y por fortuna, vivió y realizó grandes logros en sus vida profesional como el gran el científico que era.
Un Brief.
Ahora su línea ya estaba marcada y sus esperanzas las depositaría en la luz de sus ojos azules. Aquellos zafiros rebosados de juventud y tropiezos.
...
El ruido del «Espanta Espíritus» luchaba por menguar el «tin, tin» del marca-pasos y del tanque de gas junto con su evaporación efervescente.
La sombra del abanico de techo parecía girar en el propio piso. Pues sus aspas, se observan reflejarse en toda la habitación. Ese chillido que hacía cada vez al repetir sus giros, era para unos un arrullo y para otros, el alimento para incrementar su ansiedad.
Cada día, sin importar absolutamente nada, él siempre estaba ahí haciéndole compañía a su gran maestro y orgullo. Aquel hombre por el cual sentía un gran respeto por haber cambiado la vida de tantos habitantes en La Tierra. Y no con fuerza, no con músculos, sino al crear cosas tan básicas para vida; necesarias para subsistir.
Él no era un saiyajin, él no había derrotado a grandes enemigos pero, había hecho felices a muchas personas. Con un juguete, con una cámara, con una aero-nave o con cualquier artefacto, representaban muchos recuerdos para las personas; buenos o malos. Pues bien, el Dr Brief, por su nobleza e ingenio fue un héroe en la vida de muchos.
»Lo mejor de las personas es verles sonreír.
—¿En la Capital del Norte?
—Así es, Trunks...—tosió efusivo al pronunciar su nombre.
Como era de esperarse el hombre mayor permanecía sentado en la cama de una de las habitaciones de la mansión; la mascarilla de oxígeno cubría su boca y nariz.
—¿Qué pasa, abuelo? ¿Te encuentras bien...? —preguntó angustiado el joven azul.—¿Quieres que llame a la enfermera?
Él negó con una sonrisa y procedió en dar unas indicaciones.
—Abre el primer cajón del tocador—señaló—Encontrarás unos papeles, tráemelos muchacho, anda ve.
—Está bien.—asintió.
El chico hizo lo que su abuelo ordenó. Abrió el cajón de madera y tomó una carpeta amarilla con ambas manos. Finalmente llevó los papeles a la cama.
—Aquí están, abuelo—el joven los entregó, pero Brief no los recibió.
—Son para ti—afirmó con nobleza en su mirada —Mi sueño es para ti, mi querido Trunks. Ahora te toca a ti continuar.
—Pero abuelo, no digas esas cosas— le tomó de los hombros—Te levantarás de ésta maldita cama y lo haremos juntos, ¿Si?.
Brief negó.
—Sabes que no será así. Tú eres mi muchacho—palmeó su hombro— Mi nieto y mi pequeño granito de esperanza. Eres un Brief, sé que lograrás.
El muchacho captó de manera inmediata lo que trataba de decirle. Prácticamente el anciano se estaba despidiendo previamente de él y su anhelo lo ponía en sus manos.
—No, abuelo —se aferró al brazo del anciano y lagrimas brotaron—Aun no, por favor ... Aun no.—le suplicó
—No llores, Trunks—le daba ánimos—Tranquilo, esto es parte de la vida.
—¿Qué voy hacer sin ti?
—Vivir, triunfar, crecer. No te estanques como aquella flor artificial que está en el jarrón. Florece y ayuda a otros hacerlo también. ¿De acuerdo?
—Pero ...
—Te estaré viendo orgulloso desde el más allá.
—No, no.—se resistía—No digas esas estupideces.
—¿Lo harás, Trunks? Cuando estés listo ¿Lo harás?
Secó sus lágrimas y contestó.
—Sí...
—¿Es una promesa?
—Es una promesa, abuelo.
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La gran estructura del hotel abandonado, fue rodeado por aparatosas máquinas de construcción. Obreros maniobraban excavadoras, topadoras, cargadores frontales, grúas, drama de tolva y cilindros compactadores.
Una nueva aldea cobró vida a cierta distancia del objetivo principal. Pues casa–cápsulas, en línea recta, habían sido situadas formando cuadras entre fila y fila. En cada esquina, se encontraban faroles de herrería para que en el anochecer, se tuviera un buen alumbrado en «su colonia».
Dicho lugar había sido bautizado por los trabajadores como «La Cabaña».
Una cocina industrial y una caseta de primeros auxilios, fueron instaladas para beneficio de todos los empleados del proyecto de la Sede. La cocina, era el punto de reunión de todos justo antes de ir a descansar. Y por suerte, nadie había recurrido aún a la enfermería.
Las cuadras se establecieron por jerarquías. Las primeras pertenecían a los obreros, continuando con los jefes inmediatos de la obra como contratistas, aérea administrativa, tesoreros, etc. Y por último, los ingenieros y la casa de descanso del Presidente Brief.
Ésta última era de tamaño más grande que la del resto de los trabajadores.
No obstante, cerca de la obra había unas cuentas oficinas con el logo de la «CC»; recinto laboral de los de área administrativa.
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Sus manos forradas por guantes de piel negro, sostenían unas «Varillas Duales», justo al ras de las paredes del interior del viejo hotel. Estos artefactos tenía una particular forma de «L»; servían precisamente para buscar energía en un objeto, campo o lugar. Pues bien, siendo ella un ingeniero eléctrico, tenía que aplicar sus conocimientos en física y/o matemáticas. El reto de su vida era darle «Luz» a ese lugar abandonado; generar energía de algún modo. Y tras evaluar la condición del cableado, distribuirla en lo que sería la nueva Sede Capsule Corp.
»Hay tanto por hacer.
Polaris llevaba un par de días en su nuevo recinto laboral. Y por fortuna, a ambas estrellas les había tocado estar relativamente cerca de sus casas de descanso.
Las elegantes vestimentas de las chicas y del resto de los ingenieros de obra, entre ellos la del propio Presidente Brief; se suplieron por gabardinas, bufandas, botas de suela antiderrapante y guantes de uso rudo. El frío era extremo y se trataba de alguna forma trabajar lo más cómodo que se pudiera, además de que nadie enfermara.
...
Mientras Mai permanecía en el interior del lugar haciendo sus cálculos; Violet y Goten decidieron tomar medidas del exterior para realizar sus planos.
—Mai, echaremos un vistazo afuera—dijo Ribbon, mientras enrollaba unos planos—Sostén esto, niño.
Le aventó los rollos a su ex alumno, (ahora compañero de trabajo).
—¿Niño...? Pero, Señorita Violet—alzó una de sus cejas—Recuerde que ya no soy su alumno, ¿No puede ser más cortés conmigo?
—Eso lo veremos, Son Goten. Espero no me decepciones, quiero ver los frutos de mi enseñanza en ti—le lanzó un coqueto guiño justo al inflar una bomba de goma de mascar en sus labios.
Ese vicio de Violet no tenía remedio. Pues en su bolso de mano, nunca faltaba las tiras de goma de sabores y exóticos rellenos. Aunque algunos de ellos era para controlar su vicio de pila: El cigarro.
—¡Así será! No lo dude.—dijo, el azabache con entusiasmo.
—Bien, vámonos.—tomó su bolso—En un momento regresamos, Mai.
—Sí, de acuerdo. Abríguense bien, está muy frío allá afuera.—dijo la estrella sin interrumpir sus labor.
La puerta se abrió entrando el oleaje invernal y segundos después se cerró.
Y las Varillas Duales continuaron moviéndose de un lado a otro en busca de energía.
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—¿Manteles blancos con plateado?
Preguntó el Presidente Brief, quien atendía una llamada telefónica desde su improvisada oficina en el Norte.
—No lo sé, amor. El color que sea, ya sabes que yo no me fijo en esas cosas.
—¿Y dorado?
—El color que a ti te gusten para mí estará bien.
La rubia que permanecía en la Capital del Oeste; aprovechó unos instantes de soledad en su oficina y, como buena mujer, no dudó un instante en marcarle a su hombre para preguntar qué tal le iba en el proyecto de la Sede.
—¿Todo bien, Trunks?—preguntó mientras acariciaba las puntas su cabello dorado.
—Ha sido muy pesado—frotó su frente y ojos—Pero al menos vamos avanzando.—esbozó con cansancio—Aunque creo que no es tan fácil como creía. Es un mundo de gente y...
—Tranquilo, yo confío en ti. Verás que todo saldrá bien.
Marron contestó tan cálida como siempre. Y no era para menos, pues, un porta retrato descansaba en su escritorio; se trataba de una fotografía de ambos jóvenes justo la noche de su compromiso. (La sesión fotográfica en el jardín) Pues recordar el momento y verle a él en sus brazos le era bastante inspirador. Con más razón se esmeraba en decirle palabras lindas.
—Tu siempre dando ánimos, Marron. En verdad te echo mucho de menos.
—Lo sé, llegar a casa y no verte es difícil, pero verás que rápido avanzará el tiempo.
—Eso espero.
—¿Sabes...?
—¿Dime, qué pasa?
—Peppers también te extraña.
—Ese gato gordo—esbozó una sonrisa.
—Y yo también te extraño.
—Basta, basta—volvió a sonreír—Harás que me regrese a la Capital.
Marron rió.
—En cualquier oportunidad iré a verte, te lo prometo.—suspiró al terminar su risa.
—Te esperaré con gusto, lo sabes.—se mecía el muchacho en su silla—Bueno amor, no quisiera dejarte pero tengo que dar un recorrido en la construcción. Te marco en la noche, ¿Está bien?
—Sí, comprendo.
—Bueno pues ...
—Trunks...—le interrumpió antes de colgar.
—¿Aja?
—No olvides que te amo.
Éste esbozó otra sonrisa.
—Tu tampoco lo olvides.
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Sus dientes tiritaban y por un momento compadeció a los obreros que tenían que trabajar la mayor parte del tiempo en el exterior.
—Caray, qué frío tan crudo—dijo el joven Son que iba a la par de Violet.
El muchacho azabache llevaba algunos planos enrollados en sus manos; para cubrirse del frío portaba guantes, bufanda y una chamarra de color negro que, contrastaba con lo gris del pantalón y lo rojo de sus orejeras. Pues siendo él de piel blanca eran colores que le iban bien. En su pecho se atravesaba un haza de piel café, perteneciente al maletín que rozaba su pierna derecha.
—Un poco más, Son Goten—dijo la estrella líder de Polaris.—¿Traes cámara?
—Mmmm...con suerte mi teléfono.
—Bien, eso también es de ayuda.—seguía inspeccionando la mujer el exterior. Pues tenía que constatar que los cimientos de la estructura aún fueran resistentes.
...
Entre apuntes y fotografías ambos chicos seguían avanzado. Caminar entre la nieve tenía su gracia, pues era cansado y sus pies parecían témpanos de hielo.
Empleados y máquinas se cruzaban en su camino, era un mundo de personas con cascos amarillos y chalecos naranjas por doquier.
En tanto, los ingenieros se detuvieron para hacer más anotaciones.
Al paso de unos minutos llegaron a un área donde una grúa levantaba tiras de madera para llevárselas hacia otro lugar. Por accidente, una de sus cuerdas se soltó, provocando que los objetos de cedro cayeran al suelo. Por cosa de suerte, Goten, inocentemente pudo esquivarlas al ejecutar un movimiento de lo más natural, que de no ser así, le hubieran caído cada tabla en la cabeza.
—¡OIGA!—gritó y elevó su vista fruncida hacia el obrero—¡¿Puede tener más cuidado, por favor?!—refunfuñó.
En tanto, Violet soltó una risa.
—No entiendo, ¿Qué es lo gracioso?—volteó hacia ella—No ve que me hubieran caído encima.
—Son simple tablas, Son Goten.
—¿Y eso qué?—parpadeó—No deja de ser algo que pueda lastimar a alguien.
—Estoy segura de que si te hubiera caído una tabla en la cabeza, ésta se hubiera partido en dos—se carcajeó.
El muchacho torció sus labios tras escuchar la broma.
—No es gracioso.
—No seas tonto, yo sé que tienes la cabeza de piedra, ¿Recuerdas a Daniel Fisher?
—¿El jugador de futball de la universidad?
—Aja, el mismo—guardó su libreta de apuntes en la bolsa de su gabardina—Pues en una ocasión por accidente el balón que arrojó, cayó en tu cabeza, ¿Recuerdas?
—Mmmmm...No lo sé, pero, ¿Qué fue lo que pasó?—tomó una pose pensativa al llevar su mano a la barbilla.
Intentaba recordar de lo que hablaba su ex maestra.
—Cuando el balón cayó en «TU CABEZOTA» se desinfló al instante—volvió a carcajearse.
—¡CUIDADO CON EL BALÓN!—advirtieron a lo lejos.
—¿Eh? —el azabache continuó su camino sin entender. Él caminaba por los campos deportivos de la universidad hasta que...
»Pssssssss
El balón cayó justo en su cabeza y se desinfló.
Los espectadores en una sola voz sufrieron el impacto tras decir en coro «¡OUCH!»
»Impresionante se reventó el balón en su cabeza —cuchicheaba la gente.
—¿De verdad?—parpadeó despistado—Sabe Señorita Violet, tengo muy mala memoria—rascó su sien.
Ella asintió.
—Te llevé a la enfermería y nada—abrió la palma de sus manos—¡No te pasó NADA!, ¿Increíble, no? Por la velocidad del balón era para que hubieras quedado inconsciente. Pero no, te repusiste en un santiamén, volteaste hacia mi y me dijiste «¡Me estoy muriendo de hambre!»
Goten rascó su nuca al compás de risa. No quería quedar en ridículo, así que era el momento de decir algo, lo que fuera.
—Bueno, bueno, era un niño, ya maduré. Además, mi madre es de esas que se esmera en preparar comida muy sustanciosa. Tener una buena alimentación te «hace FUERTE» ¿No lo cree?
—No sé de que estarás hecho, Son Goten. Pero en verdad me sorprendiste —le dio un golpe en su hombro—Bien, regresemos a la oficina.
Tomaron camino entre la nieve; continuaron riendo ante el recuerdo pues, «Goten cabeza de piedra» había vuelto.
Y el entorno seguía en construcción.
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Dentro del hotel se desprendía un aroma a humedad; el olor del recuerdo, ¿Cuántos años tendría abandonado el lugar? Probablemente más de 30 años. Ella, al quitarse uno de sus guantes, acariciaba el tapiz de las paredes que gozaba de un diseño antiguo de rosas rojas.
La decoración que se apreciaba en su entorno, era de esa moda que se usó cuando tan solo era una niña.
—Es muy antiguo.—se dijo así misma. Pues recordó cómo era la casa de su querida abuela.
Al haber terminado sus apuntes, cerró su agenda de golpe y como era de esperarse, la curiosidad le ganó. Recorrió intrépida cada cuarto del hotel. Total, estaba sola y con tiempo de sobra.
...
El piso de madera rechinaba con cada paso que daban sus botas negras. Como si el crujir y el chillido fuera la propia voz de la construcción que se quejaba de sus dolencias.
Mai vestía con una chamarra verde y un gorro rojo tejido, adornaba su cabeza. Del hombro colgaba el morral que le era útil para sus artefacto de medición de energía.
El olor a polvo que se desprendía en el ambiente, llegó a su nariz provocándole un par de estornudos.
»Aaaachuuuu~
Continuó con su recorrido mientras rascaba su nariz.
—Oh, está alergia.—se quejó.
Unos cuartos estaban todos destruidos, sin muebles. Otros con suerte conservaban las bases de la cama; los colchones saludaban con varios resortes de fuera. Los detalles de madera se notaba que habían sido el alimento de años de las polillas. Candiles oxidados, alfombras desteñidas, las paredes agrietada lucían manchas de salitre, que bien, hasta plasmaban formas raras que daban miedo.
El edificio en sí, solo contaban con 12 pisos «terminados». El resto de la construcción estaba en obra negra mostrándose sus varillas y suelo rústico. Era de valientes llegar hasta ahí, pues bien, no existían las paredes y eso generaba en algunos cierto vértigo.
En unos pasillos faltaba parte del piso, pues grandes hoyos intervenían en los caminos. Fue así, que la muchacha tuvo que rodear con cuidado; un paso en falso y caería al abismo.
Cuando estuvo a salvo, por su mente brincó que sería una fabulosa idea hacer capturas desde su móvil, todo con el objetivo de que cuando la construcción finalizara, poder hacer una comparativa del antes y después. Igual se le facilitaría capturar fotografías de los cables, conexiones y/o entradas para realizar con mayor facilidad sus planos. Claro que también serviría las anotaciones que había hecho con anterioridad.
Al querer subir un piso más, tomó el acceso de las escaleras, ni de broma se le ocurría tomar el antiguo elevador oxidado. Sus pasos eran de cuidado, puesto que la madera ya no se miraba muy resistente que digamos.
Sin importar, siguió su camino. Subió a la siguiente planta.
Dio un paso.
Otro paso.
Y justo al cuarto escalón, la madera no resistió.
»¡Crunsh!—se venció la tabla.
—¡Rayos, no puede ser!.
Su bota derecha se vio hundida en el escalón. Mai hacia el esfuerzo de sacarla ayudándose con ambas manos.
—Vamos, por favor.
Intentaba con todas sus fuerzas sacar su pierna.
—Un poco más ...Un poco más...—sudaba la gota fría.
Y cuando por fin lo logró, en cosa de cámara lenta su cuerpo se impulsó hacia atrás por la presión y fuerza que aplicó para safarse. Actuó al instante, y sus reflejos hicieron sostenerse del pasamanos, pero éste, por desgracia de su antigüedad, se desprendió en su propia mano. Los segundos parecían una eternidad, la chamarra verde se elevaba junto con sus brazos. El gorro rojo se liberó buscando su propia dirección y, el bolso mientras tanto, se adelantó en su aterrizaje. Mai estaba pronta para recibir tremendo golpe en su espalda y nuca pero, unas manos tomaron de su cintura dándole soporte.
—¡¿Estás bien?!
Parecía que estaba aturdida. Y nuevamente se escuchaba la interrogante.
—Señorita Mai, ¿Está bien?
Su oído se agudizó, reconoció al instante que escuchó por segunda ocasión la voz que le llegaba a la oreja. Pues el ardor en su pecho se manifestó haciéndola ligeramente jadear, vio esas manos que sostenía su cuerpo; ambos pulgares rozaban la parta baja de sus pechos, debido al agarre improvisado. Y así, con mayor consciencia volteó hacia atrás.
Y lo vio.
Los zafiros fueron el saludo de ese momento bochornoso. En tanto, el joven Presidente, insistió nuevamente con la mayor preocupación en su rostro.
—¿Estás bien?
—S-Si...—tartamudeó.
Después de contestar, inmediatamente tocó su pecho.
—Cielos, llegue a tiempo—le ayudó a incorporarse—Créeme que hubieras recibido un golpe muy fuerte.
—M-Muchas gracias, Presidente Brief.
—¿Qué haces aquí en el cuarto piso?
—Bueno, yo...Estaba inspeccionando el lugar para mis apuntes de trabajo, Señor.
—Ya veo.
El empresario juntó las cosas que cayeron al suelo empolvado. El gorro, el morral y por último el teléfono móvil.
—Aquí tienes—le hizo entrega—Por suerte no se rompió la pantalla.
—Gracias—no logró evitar sonrojarse por el ridículo que había protagonizado.
—¿Querías subir al cuarto piso?
—Aja...Pero, dígame,—estaba sonrojada a más no poder—¿Usted qué hace aquí? Pensé que estaba en su oficina.
—Le estaba dando un recorrido a la construcción. Entre aquí por casualidad, escuché un par de ruidos y subí.
—Entiendo...
—Bien, vamos a echar un vistazo.
Trunks se adelantó y se brincó el escalón averiado. Le ofreció después, una mano a la muchacha y ésta con pena finalmente aceptó.
Cuando llegaron al pasillo del cuarto piso revisaron las habitaciones. Por su puesto nada novedoso, lo mismo que los pisos anteriores. Al faltar la última puerta del pasillo y justo cuando el muchacho intentaba abrirla, resultó estar atascada.
—¿Tendrá llave?
—Eso probable.
El joven con fuerza forcejeó la chapa de la puerta, pero, al no tener éxito, con su hombro le surtía de golpes, hasta que se abrió.
Polvo se disipó en el ambiente. Y por ende, ambos torcieron al filtrarse a la habitación al compás que agitaban sus manos.
»¡Cof, Cof!
—Vaya, es un mundo de polvo.—dijo el empresario carraspeando.
La habitación tenía una mayor cantidad de muebles en comparación a los otros cuartos del hotel. Pues había un buró, una cama vieja, y cajas apiladas de cartón.
En una base de herrería, estaba una flor artificial dentro de una cúpula de cristal, bastante maltratada, causaba tristeza a simple vista.
A un lado, un espejo ovalado con marco de madera hacía presencia, aunque su cristal era en su mayoría opaco, de cualquier forma, pese a los años, cumplía su misión primordial que era el reflejar. Pues el empresario de momento se puso frente a él y acomodaba su bufanda roja, ésta tomaba forma de una pañoleta.
En tanto, una sábana cubrió el espejo.
—¿Y esto?—preguntó el muchacho sorprendido.
—Discúlpeme, Presidente Brief, es solo que ...No me gustan mucho los espejos.
—Lo entiendo...
Aunque no.
No lo entendió para nada, era un simple artefacto, ¿Cuál era el problema? Pero por respecto dejó las cosas así.
—Por cierto, háblame de «tu». Siento que a veces te pones muy tensa conmigo y más con eso del respeto. En serio, relájate.—sonrió.—Pasémosla bien—fue abrir la ventana.
Ella se quedó sin habla. Pues cuanta razón tenía con su comentario. Pero no evitaba ponerse rígida y siempre por causa del ardor que sentía en su pecho al estar cerca de él, era la barrera que le provocaba intimidarse.
»¿Qué me pasa?—se cuestionó.
El presidente se recargó en el marco de la ventana, tenía buena vista de toda la obra en general. Despreocupado y buscando disfrutar el momento, tomó de su bolsillo la cajetilla de cigarros y procedió a darle vida a su vicio, pues hacía frío y el calor del cigarro le era reconfortable.
Mai por tanto, observó la Flor Artificial; lucía marchita, sin vida, pero pese a todo pensó que con un poco de agua y jabón podría reanimarse por lo menos un poco. Sin más, se sentó en una vieja silla, sacó sus apuntes y su móvil. Hacía anotaciones de las fotografías y vídeos que había tomado del lugar sobre los cableados e información que necesitaría para ponerse a trabajar.
Y él, seguía seducido por lo blanco de la nieve. Su cabello se revoloteaba con el aire invernal.
Mientras el presidente Trunks permanecía deslumbrando mirando hacia la ventana, ella, quedó sin habla por el momento, pues todo le favorecía. Su gabardina, la bufanda roja, el cigarrillo en la boca y los mechones lilas jugando de un lado a otro de manera rebelde.
Soltó la libreta y por impulso, por el ardor, y por lo hipnotizado de su vista azabache, el celular llegó de manera automática al modo de «vídeo».
Sin sentir culpa, (o en ese momento no la sintió) le grabó unos segundos con la mayor discreción posible.
Gloriosos segundos que aliviaban la flecha que le atravesaba en el pecho.
Era algo celestial.
Bello.
Difícil de describir porque se veía tan relajado, sensato y a la vez oscuro y sombrío.
Sus ojos azules simplemente perforaban a quien sea.
Y el trance se perdió justo cuando el muchacho volteó hacia ella.
—¿Nos vamos? ¿O tiene otras cosas que anotar?
De forma inmediata quitó el móvil de enfrente para que no se diera cuenta de lo que había hecho.
—S-Sí...Sí...vámonos.—asintió.
—Adelante.
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La noche había caído y la construcción por obvias razones, menguó para descansar. Y así, todos los trabajadores cenaran en el comedor industrial y cada quien, después, se fuera a su respectiva cabaña.
La estrella de Polaris, la azabache, caminaba entre las cuadras para llegar a su lecho.
La Luna era plateada, grande y redonda, como nunca la había apreciado en mucho tiempo, pues estar en un entorno natural tenía grandes virtudes. Eran esos los regalos que la madre naturaleza le brindaban a las personas. Todo el ambiente parecía sacado de esos cuentos navideños que transmitían por la televisión. Pues pese al frío todo tiene un toque muy hermoso.
Justo al llegar a su hogar, se paró frente a la puerta con tarjeta en mano, pero antes, volteó a un costado y vio la casa de su máximo jefe: Trunks Brief. Supuso, quizás, que se encontraba en la calidez de su hogar descansando, era obvio pensar eso por lo alumbrado del interior. Pues bien, no había ido a cenar al comedor industrial y pensó que era probable que había pedido comida aparte para disfrutarla en compañía su novia. Con tanta tecnología, ahora cualquiera podía estar presente en cualquier momento con el ser querido.
Suspiró. Y sin más conclusiones bobas que no le incumbían entró a su casa.
Se quitó el gorro, la chamarra y la bufanda. Las colgó en un perchero prensado en la pared, situado justo al abrir la puerta.
Y la soledad de hace dos años consecutivos le dio la bienvenida con las buenas noches. Pues que más daba ya estaba más que acostumbrada a vivir así.
...
Su cuerpo alvino, desnudo con el sello de las cuatro décadas, se sumergió en la modesta tina de baño. El agua estaba caliente, había evaporación en los azulejos empañados. Su cabello fue enrollado haciéndose un chongo alto y en su frente descansaba una tiara que ocultaba su flequillo recto Flexionó sus piernas sobresaliendo éstas del nivel del agua, las rodeó con sus brazos y miraba hacia la nada; los orbes negros estaban inexpresivos. Pensaba en aquel vídeo que sin permiso había tomado.
»¿Qué me pasa?—tocó entre medio de sus senos.
Sin más cuestionamientos, salió de la tina. Se arropó con una bata de tela de franela y se fue directo a la cama. Pues en China o en cualquier remoto lugar del planeta Tierra, la transmisión de la novela era a las 9pm.
Encendió el modesto televisor, tomó su celular y aprovechando el corte comercial.
Lo vio.
No se pudo resistir.
Le dio «play» al vídeo y su pecho se encendió.
Aprovechando sacó una cuántas capturas y en la galería de imágenes las fue a ver con más lujo de detalle con los acercamientos de zoom.
Sus ojos.
Sus labios delgados.
Su perfil.
El como expulsaba el humo y su cabello se alzaba con el frío.
»Estás loca, Mai.
Paradójicamente el verdugo apareció en sus pensamientos. Se rió a carcajadas del nuevo sentir de su cuerpo y le recordó que no podía hacer nada. Le dijo entre risas: «¡Estás oxidada!»
Con la mayor de la frustración bloqueó la pantalla táctil del teléfono. Pero en eso, una llamada entrarte hizo que sonara el aparato.
—¿Diga...?—dijo sin ánimos.
—¡Hey, Mai! ¿Estás sintonizando la novela?—era Violet.
—Sí, hace unos instantes lo hice.
—¿Te encuentras bien?—preguntó al percatar en el tono de su voz—Puedo ir a tu cabaña si quieres.
—N-No, verás fue un día agotador hoy. Solo estoy cansada, es eso.
—¿Segura?
—Sí.
—Entiendo. Bueno arrópate bien y en cuanto termine la novela quiero que descanses, ¿Oíste?
Pese a estar intoxicada del pasado, la ojos negros esbozó una sonrisa.
—Violet, tu siempre al pendiente de mi. En verdad te lo agradezco.
—Lo hago porque te quiero, Mai. Pero bueno, te dejo, que pases buenas noches. Te veo mañana en la oficina.
Colgaron.
La estrella mayor de Polaris, no muy convencida. Pues conocía tan bien a su colega que, estaba segura que algo le pasaba. Torció los labios, apagó el cigarrillo y no hubo de otra que empezar a ver melodrama.
El teléfono de Mai cayó en la cama.
La novela dio inicio, ¿Y ella?
Ella tenía la mirada pedida hacia la nada, el ardor en pecho, el vídeo y su verdugo, la sumergían entre las sábanas como una mancha voraz.
»¿Otra recaída?
»¿Por qué a mí?
Y la costra de su herida otra vez comenzó a gotear sangre.
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—¿Todo bien en casa, mi amor?
—Sí—contestó la rubia que permanecía en cama y con Peppers en sus pies.—¿Tú qué haces?
El Sol vestía una bata rosa de lencería, su cabello estaba trenzado.
—Nada en especial, estoy en cama—rascó su cabellera.—¿Marron?
—¿Qué pasa?
—En serio, no soporto estar lejos de ti...Yo te necesito...
La rubia se sonrojó.
—Trunks, que cosas dices...
—Lo sé, lo sé, pero esta semana se me ha hecho eterna. Y mi cama es TAN FRÍA—esbozó una sonrisa.
—¡Trunks!—rió desde el otro lado del teléfono.
—Pronto que nos veremos y cuando llegue ese día...¡No escaparás de mis garras, aarrgg!—gruñó y acompañó a la rubia en su risa.
—Linda noche, futuro esposo.—los orbes celestes miraban su anillo de plata (el sello de compromiso).
—Descansa linda, te quiero.
Al colgar, el muchacho se levantó de la cama.
—Frío de mierda—titiritaba. Pues solo vestía con pantalón suelto.
Su pecho estaba descubierto y sus pies descalzos, así que era obvio resentir más la crudeza del clima.
Del buró tomó su cajetilla de cigarros, colocó uno en sus labios y procedió a fumar. Sin más, se acercó a la ventana de su respectiva habitación.
Asintió con asombro, pues La Luna se miraba impresionante.
Semejante vista que ni las escarchas de nieve plasmadas en el cristal de la ventana, opacaban a la matriarca.
Era majestuosa.
Al fijar su vista en el cielo negro, una estrella brilló. Y sin querer parecer un estúpido una corazonada le impulsó en dejar el cigarro en el cenicero y preguntar:
—¿Me estás viendo?—mostró media sonrisa ante la locura que hacía—Aquí estoy como te lo prometí y...Espero en verdad hacerlo bien, no quiero decepcionarte.
La estrella más parpadeaba, como si le estuviese entendiendo a sus palabras.
Y él continuó con la vista hacia el cielo.
—Siempre te recuerdo. Hasta el día de hoy no te he olvidado. Recuerdo que en una ocasión me dijiste que uno como persona debe de amar lo que hace. Y créeme, lo hago. Me enseñaste humildad y ante todo me dijiste que «Lo mejor de las personas es hacerlas sonreír»
Frunció su mirada y con determinación afirmó.
—Y eso es lo que haré.
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CONTINUARÁ.
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¡Gracias querido lector por llegar hasta aquí!
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Hola a todos n.n ¿Cómo están? Espero que se encuentren muy bien, además de que el capítulo haya sido de su total agrado. Poco a poco, ya veremos más Trumai, ahora por obvias razones hay cosas que aclarar y establecer para que la trama fluya. Aún así, hoy convivieron un poquito más.
Y les clavo la espinita otra vez, ¿Y ahora, qué pasará? ¡Cha-Cha-Cha-chaaaann! **música de suspenso**
Ando metiéndole "turbo" a los capítulos, no sé como andaré de trabajo en estos últimos meses del año, pero créanme hago lo posible por ser constante en las actualizaciones n.n
Gracias a todos por sus rw, aquí vamos con los Saluditos: Marytw29, Leonarda, Melmelada, Schala S, Mayfix, Odette Vilandra, Himeko03, Cereza de Pastel, y a los lectores silencioso que andan por aquí. También un gran saludo para los que me agregaron a sus favoritos.
Muchas gracias a todos por darse la oportunidad de mis locuras.
¡Happy Halloween!
Un beso grande, con cariño:
Kuraudea.
Respetemos los derechos del autor
31/Octubre/2016
Di NO al plagio de Fics.
