Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.

Capítulo 3

Y montábamos caballos de madera

"Joder, joder, joder, joder… en diversas maneras, sí, joder" no podía dejar de pensarlo, sin importar cuándo fijara mis pensamientos en un punto en blanco, carente de cualquier mal sentido, ella me devolvía a la realidad, una muy visceral realidad. Sus manos quietas eran engañosas, parecía decirme todo sin hacer nada con ellas. Me estaba volviendo loca. Quería llegar luego y sacármela de encima antes de que me la comiera a besos en medio de la calle "Y me botaran a la carretera por inmoral". Esta maldita… Shizuru se negó a darme la dirección del 'gran y hermoso' lugar al que debía llevarla. Se limitaba a señalarme el camino en base a presión de sus manos, cuando su mano derecha presionaba suavemente sobre mis costillas me indicaba el cambio de dirección. Es, sin lugar a dudas, una de las peores torturas que pudo haberse ingeniado. Esta mujer me está matando, y ni siquiera la conozco por un día… es un demonio, ¿por qué habría de sorprenderme?, obviamente debía de ser un demonio para que me fijara en ella así. Un rojo, quedamos al inicio de la cola, esperando el cambio de luz, y ella seguía jugando, ahora tamborileando mi abdomen como si fuera una mesa de billar. Estoy ansiosa, ansiosa y nerviosa. Tengo una mujer pegada a la espalda esforzándose por hacerme sudar, y, la misma susodicha, usa el único casco que tengo. Si nos ve la policía estamos fritas. Verde. Creo que dejé marca en el pavimento con la rueda trasera, Shizuru se aferró muy fuerte a mí, asustada por el repentino cambio de velocidad. ¡Eso te vale por hacerme sufrir z...!, voy a pagarle un cena y se da el gusto de torturarme. Mi compañera tras mío me apretó por los lados, reprendiéndome, ¿sería este el lenguaje que usaremos para hablarnos?, sería divertido ver como evoluciona...

Izquierda. A media cuadra hay un negocio vegetariano... dos manos al mismo tiempo, ¿hay que detenerse?. Espera... ¡¿Me harás comer con una manga de naturistas?, ¿eres vegetariana?, ¡Ahora sí que la hice!, tal vez tengan mayonesa y queso, con eso podría sobrevivir... Apagué la moto, sobre nosotras el sol que nos había acompañado a lo largo del día empezaba a ocultarse, levantando viento y nubes oscuras. Esa brisa, aún fresca que caracterizaba al otoño, pronto se enfriaría dando paso al invierno. A la nieve, al cierre temporal de su camino. Shizuru me dio un último apretón antes de levantarse y sacarse el casco, esperando al lado mío que terminara de estacionar mi máquina. Una sonrisa velada y el casco estirado, era su forma de invitarme a entrar. Tomé lo que me ofrecía y seguí su cabello castaño, que hacía guiños al atardecer. Joder, definitivamente esa mujer sabía hacer caer a alguien, a alguien como yo. Me puse la chaqueta sólo sobre los hombros, levantando las cejas en señal de disconformidad ante el lugar donde gastaría mi dinero, pero todo sea por la diosa lujuria. Por lo menos, en un lugar como este donde la carne era pecado sacrílego, no tendría que soportar la inevitable esperanza que me embarga cada vez que entro a un restaurant. Shizuru me abrió la puerta, lo sabía, toques suaves y claros, decorado entre verde y un color crudo. No había una barra en la cual apoyarse a beber una buena jarra de cerveza, no había mesas oscuras con asientos rojos, ni el característico olor a ramen rodeando el lugar. Me relajé, recién entonces noté que tenía los puños apretados y la respiración agitada. Metí las manos en los bolsillos para disimular mi turbación. "Incluso hasta hoy… y quizás cuanto más". ¡Enfoca!, tienes a una castaña que (casi puedo sentirlo) camina con un ligero contoneo delante de ti, no puedes perderte en tus recuerdos ahora, Natsuki.

Dejé que Shizuru me guiara, conocía el local y a los dueños, pues saludo con una sonrisa suave, desconocida para mí, a la dependienta del lugar, una mujer de aspecto tranquilo e inofensivo con gafas. Seguí el rastro de su sonrisa en ese rostro que me era desconocido pero deseado, podía ver por las ligeras arrugas que se formaron en su mejilla y ojos que era una sonrisa verdadera. Transformó completamente su cara por un segundo, de pronto la castaña se me hizo más joven, más guapa y más… libre. Los blancos dientes destellaron como no estaban acostumbrados. ¿Cuánto podía esta mujer fingir?, al parecer mucho, las arrugas finas de sus ojos eran apenas un guiño, un sombreado muy lejano a ser visible con facilidad, mientras la marca de la sonrisa perfecta se extendía con regularidad por sus mejillas blancas. Hizo un gesto más, que no identifiqué, pero supuse una seña para la mujer, ¿una forma de pedir lo mismo de siempre?, extraño… yo no lo necesitaba, con sólo poner los pies sobre ese endemoniado (y divertido lugar) ya tenía sobre la barra mi cerveza, mi sándwich y mi mayonesa. Pasamos al fondo del local, escondidas del resto de las mesas ocupadas por pocos comensales. Aún no era la hora punta, o tal vez, ya lo había sido. El interior del restaurant se encontraba casi vacío, un murmullo sordo acallado por música suave reinaba en el lugar. Shizuru se sentó y sostuvo mi casco, por un momento sus ojos rojizos me perforaron al doble, tanto su reflejo sobre la pulida superficie del plástico como la susodicha, esperando una apreciación, una crítica, un comentario, o incluso tal vez una proposición acompañada con un piropo. Algo de cortejo burdo que, seguramente, en muchas ocasiones había debido de sufrir.

¿Cómo carajo se te ocurrió traerme a comer comida de conejos? -¿Lo habías hecho antes?- Mi cerebro y mi lengua me traicionan constantemente, muchas veces olvido lo que realmente quiero decir o lo que realmente digo. Sin embargo, ahora tomando el casco de sus manos, estaba bastante segura de lo que quería decir, lo que quería saber y lo que podía maldecir mentalmente. Shizuru enarcó las cejas, interrogándome, sus ojos rojos está muy fijos en los míos, … ¿qué diablos fue lo que pregunté? –Subirte a una moto, ¿lo habías hecho antes?-

-Algunas veces… años atrás, había olvidado un poco que se sentía- Ese acento, Kyoto. ¿Qué hace una mujer de la cuna japonesa en el norte del mismo. No es precisamente el lugar para buscar oportunidades. De pronto se me vino a la cabeza su actuación. Tal vez estaba huyendo, no buscando. Aunque, observé su perfil distraído, observaba hacia la cocina algo impaciente (sólo lo supe por el ligero tamborilear de los dedos en la mesa), no parecía alguien que huyera. Observé mi propio reflejo en el casco, yo tampoco huía. –Kruger-han, ¿de qué es el tatuaje que tienes en la espalda?- Preguntó de la nada, sacándome de mis pensamientos. Me quedé un momento extrañada, ¿Un tatuaje?, sí lo tengo, ahora, ¿Esta mujer tienes rayos x en los ojos que lo vio a través de la ropa?

-Personal- Sigue intentando con tu visión mujer, no te mostraré todos mis secretos así como así, no importa cuántas ganas te tenga.

-Ara ara, podemos solucionar eso de manera muy sencilla…- ¡Eso fue una insinuación! –Así Natsuki-han no tendrá que decírmelo, podré verlo incluso mejor- ¡¿Natsuki?- ¿No crees que sería más conveniente?- Dios, creo que la cara me va a explotar, puedo sentir el vapor subir por mi cuello y mis orejas. ¡Malditos sean mis sueños eróticos!, ahora no puedo borrar la imagen de Shizuru desnuda… ¡Enfoca!, ¡Natsuki, enfoca!, ¡En el sueño Shizuru seguía vestida (a medias en realidad…) y en la realidad también!. La castaña enfrente mío se largó a reír, seguramente soy un espectáculo memorable… ¡¿En qué vine a caer?, no me sonrojaba tanto desde hacía años!. ¿Hacía cuánto no podía ejercer mi mirada fría sobre alguien?. De pronto, a pesar de todo, de la vergüenza y la humillación, algo cálido me corrió por el pecho, Shizuru riéndose era una imagen que me entibiaba el corazón. Carajo, la soledad me está afectando.

¡Natsuki!, cerveza fría, ¿no?

Finalmente una camarera cortó el acceso de risa de la castaña, depositando entre nosotras una gran tabla de quesos y una botella de vino. Descorchó la botella y sirvió en ambas copas, prefiero la cerveza, pero desde aquí puedo oler el buen licor que tenía enfrente. Levanté una ceja, inquisitiva.

No me molesta en lo absoluto pero, -¿No se supone que debo llevarte de vuelta a casa?-

-Estoy segura que puedes manejar perfectamente bien con algo de alcohol en el cuerpo…- Observó, mientras se llevaba la copa a los labios. No quedó marca en el vidrio, esa mujer no llevaba encima maquillaje, ayer tampoco, opté por descartarlo de sus accesorios.

-Si tú lo dices…- Era bueno, el vino era muy bueno. Apuré otro trago. El ambiente ya no era cargado entre nosotras, sin darme cuenta la risa de Shizuru y su propuesta (maldita propuesta) de alguna manera ponía las cosas claras entre nosotras. La castaña parecía disfrutar del vino, o quizás necesitaba de un incentivo para hablar, o para hacerme hablar a mí. O quizás recordaba, al igual que yo, lo agradable que es beber acompañada.

-Ayer mencionaste algo sobre quedarte una temporada… - Los ojos rojos volvieron a los míos, me pregunté cuánto en realidad quería decir, o cuánto debía decir.

Tal vez no sería mala idea contar parte de mi historia.

Es un buen vino, una buena compañía.

¿Una motocicleta?, te matarás mujer, lo sabes. Acabaste tú antes…

-Hasta que inicie la primavera otra vez… - Me acomodé en la silla, sacándome la chaqueta de los hombros. Su mirada estaba fija,ahora ella sería audiencia, una parte de mi historia que se difuminaría con el tiempo, que ella quizás olvidaría, pero, por ahora, que poseería y que me haría recordar. Tomé otro trago para terminar de soltar la lengua y empezar a hablar.

NdA: Intenté hacerlo lo más aterrizado posible, de repente me daba cuenta y tenía párrafos divagatorios que se daban vueltas y vueltas... en fin, el próximo capítulo espero tenerlo pronto. Esperando que les haya gustado, saludos. (Como siempre el título es una frase de la canción a la que debe nacimiento esta historia)