CAPÍTULO 4

Max vio como todo se detenía en frente de sus ojos. La cabeza le dolía a rabiar. Su respiración acelerada resonaba en el silencio que se había impuesto en la sobrenatural escena mientras que con la vista recorría aquella siniestra escena. La luz de las farolas resaltaba contra la pálida piel de Nathan quien aún se encontraba con las manos extendidas en un intento de estrangularla. Todo esto combinado con sus ojos entrecerrados y la mandíbula apretada le hizo recordar de manera muy real la cara que había puesto al apretar el gatillo que mató a aquella chica. Un estremecimiento recorrió de pies a cabeza a Max mientras retrocedía por el banco todo lo lejos posible de su contacto, hasta que su espalda rozo con otro cuerpo. Instintivamente Max se giró y se encontró con los ojos de Warren observándola atentamente mientras su mano aún se cernía fuertemente sobre su muñeca.

Warren no daba crédito a lo que veía. La escena congelada que se presentaba delante sus narices lo tenía atónito. Pero no eso era lo peor. No. Lo peor de todo era la persona a su lado que se movía, ¡en medio de una escena congelada!

Max no sabía que decir, ni siquiera sabía cómo empezar a explicar todo lo que estaba sucediendo en ese momento. Las palabras se le atragantaban en la garganta creando un nudo en ella. Sintió como su cuerpo se tensaba por la tensión que sentía en ese momento. Juraría que si no fuera por el aparente estado de shock en el que parecía estar sumido Warren, este la habría atacado con numerosas preguntas en ese momento. Pero Max tampoco habría sabido qué contestar. No llevaba ni un día usando su habilidad y habían pasado tantas cosas, y aun así no sabía nada. No sabía nada porque nunca se imaginó que pudiera parar el tiempo aunque lo había hecho. Así se lo confirmaba su dolor de cabeza.

Mientras Max se abstraía en sus pensamientos, Warren comenzó a recuperarse del shock. Millones de preguntas llenaban su mente, pero una se repetía insistentemente. ¿Cómo era posible que Max hubiera hecho aquello? Porque Max lo había hecho. De eso no le cabía duda ya que él mismo lo había visto. Aun así eso no disminuía su curiosidad ni su asombro tampoco.

- ¿Cómo has hecho eso?- le preguntó a Max mientras soltaba su muñeca.

Max respiró hondo. No había forma de ocultar su peculiar don. No en esa situación. Aun así, dijo en un intento de broma:

- ¿Con las manos?

Warren medio sonrió a su muy mal intento de broma mientras estiraba los dedos de su mano que se habían agarrotado de estar tanto tiempo sujetando la muñeca de Max.

- ¿En serio?

Max dio una pequeña carcajada incomoda mientras se frotaba la muñeca en un gesto inconsciente, aun sin saber que contestar. Su mirada se desvió a sus zapatillas y encontró muy interesante el nudo de sus cordoneras.

Al ver que Max desviaba la mirada, Warren no presionó aunque realmente quería respuestas.

- Vale que no quieras hablar; pero hay algo más urgente que tratar- dijo Warren mientras señalaba a un Nathan congelado en el tiempo.

Max se encontraba en una extraña situación. Estaba hablando con Warren sobre gente congelada en el tiempo. Era surrealista, pero su dolor de cabeza lo hacía parecer muy real.

- Podríamos movernos más a este lado del banco y con suerte se caerá con el peso de su propio cuerpo hacia donde se estaba abalanzando. Eso nos daría tiempo para largarnos- propuso Warren mirando a Nathan- No parece muy amigable.

- ¿Y a dónde nos largaríamos? A ti te puede atrapar en el ala de los chicos.

- Podría, pero no lo hará- dijo con seguridad.

Max lo miró curiosa. ¿De dónde salía tanta seguridad?

- Tiene un arma

- ¿Cómo que tiene un arma?- preguntó Warren con los ojos muy abiertos.

- Es una larga historia, pero el hecho es que la tiene.

Warren siguió mirándola esta vez más pensativo.

- Joder, tendríamos que avisar al director. Es muy peligroso que tenga algo así.

Max sonrió irónicamente mientras se masajeaba la cabeza intentando disminuir el dolor.

- Si te contara.

- Me gustaría que lo hicieras- la interrumpió él.

- No creo que sea el mejor momento. Además me duele mucho la cabeza- dijo esquiva haciendo una mueca de dolor.

- Vale, entonces vamos a movernos. Luego de que pongas todo esto en marcha. Salimos corriendo, y nos escondemos hasta que Nathan se canse - comentó mientras señalaba a Nathan.

- No se me habría ocurrido nada mejor- contestó Max mientras que se movía en el banco.

Cuando se hubieron apartado lo suficiente para evitar hacia donde Nathan se dirigía.

- Bien, ¡que empiece la función! – exclamó emocionado.

Max lo ignoró y se puso las manos en la cabeza e intentó lo mismo que hacía cuando quería volver en el tiempo. Pensó en la cara de Nathan abalanzándose sobre ella segundos antes de que todo se parara. Hizo lo más clara posible la imagen y esperó a sentir ese tirón de estómago. Pero lo que sintió fue cómo si alguien le pateará la cabeza. Entonces, todo comenzó a moverse.

Warren se tensó a su lado cuando de pronto Nathan se abalanzó hacia donde ``segundos´´ antes se había encontrado Max. Como había esperado, Nathan cayó encima del banco quejándose del dolor por haberse golpeado en el estómago. En ese mismo momento, Warren agarró a Max por el brazo y hecho a correr en dirección al campus del instituto.

Respirando con dificultad, fatigada y con un la nariz goteando de sangre Max seguía a Warren cuando escucho a Nathan gritar:

- ¡No huyáis, cobardes!

Pero pese a sus gritos Warren no paró y como consecuencia Max tampoco. Warren se dirigió hacía el único sitio donde se le ocurrió que se podrían ocultar sin problemas.

Llegando al extremo más alejado de la parte delantera del campus, Max que corría detrás de Warren se topó con su cuerpo cuando de repente él se detuvo en seco.

- Entra, rápido- le señalo Warren tras apartarse, dejándole ver una ventana abierta.

Max no se lo pensó dos veces y apoyándose con un pie en la pared entró por ella. Con un sonido seco sus pies cayeron en el suelo de lo que parecía ser un aula. De prisa se echó a un lado, dejando que Warren entrara también. Después, Warren se puso de cuclillas y le indicó con la mano que hiciera lo mismo. Desde esa posición Max vio cómo cerraba la ventana. Sin hacer ruido, esperaron únicamente con la respiración acelerada de cada uno de fondo. Escrutaron cada sonido que llegaba a sus oídos en un intento de descubrir las posibles pisadas de Nathan. Pero no se oía nada, y unos minutos después Max agotada se dejó caer por la pared en la que estaba apoyada hasta caer al suelo.

- ¿Te encuentras bien?- le preguntó Warren manteniéndose en la misma posición.

Max negó con la cabeza. No se sentía bien para nada. La cabeza le latía literalmente, como si su corazón se hubiera instalado allí, y los bordes de su vista se habían comenzado a tornar borrosos.

- Max, reacciona- dijo Warren tras contemplan como Max pasaba varios segundos en la misma posición.

Al ver que no reaccionaba, comenzó a sacudirla suavemente del brazo. Max se movió dirigiendo su cabeza hacia él, mientras abría los ojos como dos rendijas. Warren suspiró aliviado al ver que no se había desmayado. No sabría que habría hecho de ser así.

Poco a poco Max notó como el dolor de cabeza remitía y su vista volvía a ser normal. Aun cansada, miró alrededor. No reconocía aquella aula.

- ¿Dónde estamos?- le preguntó a Warren.

- En el aula abandonada.

Max lo miró interrogante.

- La que hay al fondo en el ala este del instituto. Es la antigua clase de ciencias- explicó Warren- La ventana está medio rota asique es fácil entrar.

- ¿Se escucha algo de Nathan? Porque ya no escucho nada- dijo Max cambiando de tema.

- Yo tampoco escucho nada. Creo que sería seguro salir.

Max y Warren salieron del aula por la ventana y con precaución volvieron a la residencia sin encontrarse con Nathan por el camino. Subieron las escaleras y al llegar a la planta de Max, Warren dijo:

- Buenas noches, Max.

- Igualmente, Warren- respondió ella.

Max llegó a su cuarto. A duras penas se cambió de ropa y se dejó caer la cama, donde el sueño la venció pocos segundos después.

En la planta superior, Warren ya tirado en su cama no podía dormir. No dejaba de darle vueltas a todo lo que había pasado esa noche; pero lo que más le preocupo fue lo pálida y débil que se veía Max cuando se separaron en las escaleras. ¿Eso era consecuencia de lo que había hecho? Porque, vamos, aunque aún le parecía algo imposible comenzaba a darse cuenta de que ella realmente había parado el tiempo únicamente con una orden. ¿Cómo era aquello posible? Esa pregunta le atravesaba la mente. Asique siendo consciente de que no iba a pegar ojo, Warren se sentó en su silla frente a su escritorio y comenzó a investigar en su portátil todo lo que podía encontrar sobre viajes en el tiempo.

Al día siguiente cuando las luces comenzaban a asomarse en el alba, un ensordecedor ruido rompía el silencio de la pequeña habitación en la que Max dormía.

¡BIP!

¡BIP! ¡BIT!

Max extendió la mano desde su cama con la clara intención de apagar el despertador o de tirarlo por la ventana. De un golpe apagó el infernal ruido que llegaba a sus oídos. Y con la misma rapidez se giró y volvió a dormirse. O eso intentó porque poco tiempo después su móvil empezó a sonar y la despertó. Max lo ignoró, pero insistentemente siguió sonando. Cansada y con los ojos entrecerrados buscó su móvil que se encontraba en su bolsa. No lo había sacado de allí ayer. Bostezando, se levantó a buscarlo y contestó:

- Diga.

- Max, soy yo Warren.

- ¿Warren? Son las…siete. No, las siete y media de la mañana. ¿No crees que es un poco temprano para llamar?

- ¿Te he despertado? Lo siento, pero he estado toda la noche investigando sobre la nieve y tu poder, y…

- ¿La nieve?- le interrumpió confusa.

- Si, la nieve. ¿Es que no te enteraste?

- No. ¿Qué paso?

- Ayer por la tarde comenzó a nevar a lo loco mientras aún era de día. No había ni una sola nube. Muchos dicen que es por el cambio climático. No sé cómo no te enteraste.

- Estuve con Kate toda la tarde –dijo sintiéndose completamente despierta.

- ¿Tiene algo que ver con la fotografía?

Max suspiró.

- Es largo de explicar Warren

- Tengo todo el tiempo del mundo, cuando quieras hablar, SuperMax- añadió a modo de broma.

Max se rio con su mal chiste.

- Si, supongo que necesito hablarlo con alguien.

- ¿Te apetece desayunar?

- ¿Qué sugieres?

Warren no solía ser tan directo en sus intentos de invitarla a algún sitio. Pero Max pensó que no se debía a que le estuviera proponiendo salir, sino más bien era su curiosidad hablando.

- Conozco una cafetería en el pueblo. Podríamos hablar allí.

- No sé si una cafetería es el lugar más adecuada para hablar de mi poder para retroceder en el tiempo, Warren

- Asique, ¿puedes retroceder en el tiempo?

- Si. ¿Por qué? ¿No lo sabías?

- Solo sabía que podías pararlo, no retroceder. Eso abre una gran cantidad de posibilidades que no había contemplado. Y…

Max dejó que Warren siguiera hablando sobre sus diversas teorías, de las que no llego a enterarse porque él hablaba muy rápido, emocionado. Mientras que el chico hablaba ella se fue a su armario y comenzó a sacar sus cosas para ir a las duchas.

- Espera, Warren, vas muy rápido. No me entero de nada.

- Ah…Si, perdona, es que todo es tan guay- dijo a modo de explicación.

Max se rio de su comentario. Sobre todo, porque todo era tan ``guay´´.

Tan guay que podría llegar a tu lado antes de pudieras seguir hablando

- Supongo que podrías- se rio Warren

Max quiso que la tierra se la tragara. No se había dado cuenta de que lo había dicho en voz alta.

- Perdona.

- No es como si hubieras dicho nada que no fuera cierto- respondió él.

- ¿Entonces te veo a las nueve en la entrada del instituto?- preguntó Max cambiando de tema.

- Si, podríamos ir en mis nuevas ruedas.

- ¿Nuevas ruedas? ¿Te has comprado un monopatín?

- ¿Qué? ¡No! Un coche, me he comprado un coche.

- Ah, eso tiene más sentido- dijo rascándose la cabeza. Ya decía ella que lo que había pensado no tenía mucho sentido.

- Eres un poco retorcida, ¿sabes?

- Lo siento- se disculpó por segunda vez en menos de dos minutos- Es que dijiste ``nuevas ruedas´´ y me hiciste pensar en monopatines.

- En fin- suspiró Warren por las incoherencias de Max- Te veo allí.

- Hasta ahora- se despidió ella todavía sintiéndose estúpida por lo que había dicho.

Dejando el móvil sobre el escritorio, Max se puso sus zapatillas y recogió las cosas que había ido amontonando para ir a ducharse. Antes de salir por la puerta se giró y vio su habitación. La ropa que había usado el día anterior estaba tirada en el suelo; su mochila tirada en el suelo con los libros desbordados por haber buscado descuidadamente su móvil; y la cama deshecha sin hacer. Con un suspiro de desesperación. Max dejó sus cosas sobre el escritorio y recogió su cuarto sabiendo que no podía dejarlo así.

Cuando acabó de hacer la cama, Max salió de su habitación escuchando la aguda voz de Victoria dirigirse a una chica del Club Vortex. Max ignoró lo que fuera que estuvieran diciendo y se encontró con varias de sus compañeras ya arregladas en el pasillo. La primera chica a la que vio fue a Alyssa siendo golpeada por un rollo de papel higiénico lanzada desde el baño que se encontraba en frente de ella. Presa de la impaciencia ante la actitud tan fastidiosa de algunos de sus compañeros, Max intentó rememorar el momento en el que el rollo estaba a punto de ser lanzado a Alyssa y así poder alertarla, pero al intentarlo un fuerte pinchazo de dolo en la cabeza le indicó que a lo mejor no era el mejor momento para usar su poder.

Max movió la cabeza aún más exasperada. Su día no había ni comenzado y ya se encontraba medio frustrada entre madrugar y compañeros de clases demasiado infantiles para su propio bien. Tal vez tenía algo que ver con el permanente cansancio que la acompañaba desde que se había levantado.

Resignada, Max continuó su camino ante los baños antes de oír la risa de Juliet que resonó por todo el pasillo. Sin querer ser cotilla, Max siguió andando, hasta que otra risa de Juliet volvió a resonar en el pasillo. Ahora sí demasiado curiosa por lo que había hecho reír tan fuertemente a Juliet, Max se acercó a ella.

- ¿Qué es tan divertido?- preguntó con una especie de actitud inocente.

Juliet levantó la mirada de lo que fuera que estaba viendo y la miró

- Max, ¿has visto el video de Kate?- le preguntó con una sonrisa fija en su cara.

A Max se le evaporó con rapidez cualquier curiosidad que pudo haber sentido y su expresión se tornó sombría.

- ¿Por qué debería haberlo visto?

- Porque es tan malditamente divertido –dijo riendo- La ``santurrona tornándose salvaje´´. Es un buen título.

- Kate no es así y lo sabes – dijo Max mirándola con deje triste- ¿O te crees todo lo que te cuentan? Como lo de Zachary teniendo sexo virtual con Dana.

Juliet la miró ofendida, pero le concedió la razón.

- Touché. Tienes razón. No debería fiarme tanto de las apariencias o al menos debería haber aprendido de mis propias lecciones – dijo mientras su cara lucía arrepentida- Lo siento, Max. No volveré a ver el video de Kate. Ni a compartirlo.

Max se sintió ligeramente sorprendida por la honestidad de Juliet. No porque creyera que ella no podía ser honesta sino porque nunca se había dirigido a ella de aquella manera.

- Gracias, Juliet- respondió mientras su gesto de suavizaba.

Juliet sonrió y cómo impulsada por un espíritu combativo dijo mientras ponía sus manos encima de los hombros de Max.

- Incluso les diré a mis contactos que no pasen el video, que realmente esa chica que aparece en el vídeo no es así.

A Max se le abrieron los ojos por la repentina actitud de Juliet. No es que se quejara, para nada. De hecho, le parecía que toda aquella propuesta podía suponer una gran fuente de apoyo para Kate, que sin duda necesitaba.

- Wow, Juliet, eso sin duda significa mucho. Estoy segura de que Kate lo apreciaría mucho.

Como más enardecida con su espíritu combativo, Juliet habló, dejando muy claro donde su motivación se encontraba.

- No me gustaría que nadie tuviera que sentirse tan idiota como yo me sentí cuando me enteré de la treta que Victoria quería hacerme caer. Me fio de tu palabra sobre Kate, Max. Además, de este modo siento que de alguna forma quedamos en paz por la ayuda que me prestaste.

- Si te sientes en deuda conmigo, estamos en paz pues- le dijo con una sonrisa Max.

Con un asentimiento de cabeza, Juliet liberó a Max y volvió su centrar su atención en su móvil.

Mientras Max entraba en el cuarto de baño, reflexionó que si bien la motivación de Juliet no era la más correcta, era igualmente válida si eso suponía refrenar un poco el acoso que Kate estaba sufriendo. Fue en ese momento, cuando Max se dio cuenta de cuánto se había involucrado en los problemas de Kate, hasta el punto de hacerlos un asunto personal.

Al entrar en el baño, se encontró con Kate, la cual se estaba lavando los dientes. Max la saludo ligeramente con una media sonrisa que Kate devolvió con su mano.

- Oye, Max.

Max se giró hacia Kate.

- Gracias por defenderme ayer y por apoyarme de aquella forma. Lo necesitaba.

- No hay de qué- respondió Max.

- Sólo quería decírtelo. Sé que ayer no fui muy comunicativa.

Max sólo le sonrió suavemente.

- Por cierto, ¿aún tienes el libro que te presté?

- Oh, sí. No sabía que Bradbury era tan buen poeta.

- Si. ¿Podrías devolvérmelo? Lo necesito para tomar algunas notas para clase.

- Claro, Kate. Ahora después te lo llevó a tu cuarto.

Con un asentimiento de Kate, Max se metió en la única ducha que no estaba rota o averiada. Tras comenzar a ducharse, escuchó bajo el sonido de la ducha cayendo como la puerta de baño caía:

- ¿Qué pasa, Kate?- le dijo Victoria.

Victoria, otra vez. En menos de dos días. Aquí debe haber algún tipo de problema, porque el destino no puede ser tan retorcido.

- La escuela…

La voz de Kate sonaba entrecortada, incluso para Max.

- Oh, dios mío- dijo una voz que Max no reconoció.

- Ese video en el Club Vortex no parecía precisamente deberes- dijo maliciosamente Victoria.

- Esa… esa no era yo, Victoria.

- Oh, dios mío. Por supuesto.

- No hace falta que seas tímida, Kate. Realmente creo que es increíble establecer un record de besos con lengua en video.

Max sintió como el estómago se le hacía un nudo. A la vez, los pasos de Kate resonaban por la habitación.

- Un día te arrepentirás- su voz sonó quebrada.

- Oh, pobrecita. Lamento que seas una puta viral. Seguro que conseguir ese puesto fue divertido.

Que despreciable eres, Victoria.

- Sé que Nathan la enganchó, él si tiene mierda de la buena.

- Dilo bien alto, hermana.

Un silencio se estableció en las duchas.

- Ugh, aún tengo pintura en el rostro – dijo Victoria- Lo bueno, es que mis mejor amigas fueron rápidamente a traerme una toalla.

Eso seguro que fue sarcástico.

- Fuimos lo más rápido…

Victoria la cortó sin miramientos.

- Déjalo, Taylor, y tómate un descanso. Ahora sé que si estoy en verdaderos problemas no debo fiarme de vosotras. Podéis iros a pasar el rato con Kate… o Max.

Asique la chica con el tic nervioso de ``oh, dios mío´´ se llama Taylor.

Max se sintió algo… ¿violenta? Ni ella sabría decirlo. No sabía en qué le servía saber el nombre de una de las chicas que había ayudado en el acoso a Kate. Max solo podía pedir que todo aquello acabara rápidamente.

- Ella solo es un friki con esa cámara siempre colgada.

- Odio su actitud de ``soy tan especial´´.

Max no pudo evitar reírse internamente. Aquello le parecía tan absurdo e infantil. Victoria le daba la apariencia de una niña de cinco años con una rabieta.

- Vamos a dejar el link del video de Kate en el espejo. Así todos podrán disfrutar de él. - propuso traviesa Victoria.

- Eres tan mala.- respondió su amiga Taylor- Eso me encanta.

Después de unos segundos las risas de Victoria y su amiga se alejaban fuera de la puerta del baño. Max pudo respirar tranquila mientras terminaba de bañarse. Cuando terminó se vistió con la ropa que había llevado. Se giró al espejo donde vio el enlace web que Victoria debió haber escrito y con la misma rapidez que lo vio, lo borró. No hacían falta más problemas de los que había ya. Entonces, volvió a su cuarto donde se puso la ropa que iba a llevar ese día.

Tras ponerse los vaqueros, Max se abrochó la camiseta roja de tejanos que llevaba sobre una camiseta blanca básica. Asegurándose que las cordoneras de sus zapatos estaban atados, Max se puso su chaqueta roja y salió con su mochila colgando de su habitación.

Andando por los pasillos, Max llegó al cuarto de Kate. Antes de entrar, leyó en su tabla ``La marcada de Satanás´´. Max se resignó y cambio aquel mensaje por uno más positivo, el símbolo de la paz que mandaba un mensaje muy claro: ``dejemos las cosas en calma´´.

Al entrar en el cuarto, lo primero que Max notó fue la penumbra en la que la habitación estaba sumida. Cuando su visión se acostumbró, Max se acercó a Kate que se encontraba sentada ante su escritorio. Kate levantó su cabeza del siniestro dibujo sobre calaveras que estaba haciendo y miró a Max, como si en ese momento se hubiera dado cuenta de que había entrado en su cuarto. Entonces, Max sacó el libro de Kate que previamente había metido en su mochila y se lo entregó. Kate lo recogió y sin levantar la mirada de su escritorio, preguntó:

- Max, se sincera, ¿por qué interviniste entre David y yo?

Max miró hacia otro lado, como queriendo evitar la pregunta, y se centró en la foto que había al nivel de sus ojos. En ella, se veía a Kate sonriendo con sus hermanas pequeñas. Era doloroso ver el contraste entre la Kate de esa foto y la Kate que estaba sentada haciéndole esa pregunta.

Me había olvidado de cómo se veía Kate sonriendo.

Max rompió el silencio que se había instalado en la habitación cuando respondió.

- Si algo que no soporto bajo ningún concepto es ver a alguien meterse con una persona que no le ha hecho daño alguno, y más si esa persona es alguien como tú: amable y hasta hace poco tan alegre. Simplemente, no soporto a los abusones,

Un silencio se asentó entre ambas. Quizás una pausa necesaria, para las dos. Hasta que Kate la rompió.

- Realmente me agradas, Max.

Ella bajó la mirada de la fotografía y miró a Kate.

- Y tú a mí.

El silencio se volvió a instalar en la habitación.

- No lo entiendo. No sé porque es tan paranoico conmigo, Max. Piensa que soy parte del Club Vortex. Claro que sí- el tono de Kate se fue endureciendo a medida que se desahogaba.

Max intuyó que se refería a David.

- ¿Tiene algo que ver con el video?

Kate resopló.

- Todo tiene que ver con ese video- dijo Kate mientras apretaba un lápiz contra el dibujo que había estado haciendo hasta el momento - Fui a una fiesta con el Club Vortex, incluso en contra de todo mi buen juicio. No es mi ambiente para nada. ¿Puedes hacerte una idea de lo humillante que fue para mí?

- Me hago una idea. Pero aun no entiendo cómo es que acabaste en ese video- razonó Max.

- Fui a la fiesta, lo vi como una oportunidad para conocer a gente nueva. No pensé que acabaría así.

- ¿Tomaste algo?

- Un sorbo de vino tinto y luego agua.

- Eso no es suficiente de emborracharte.

Max se llevó la mano a la barbilla considerando una posibilidad.

- ¿Puede ser que te pudieran algo en la bebida?

Max sabía que tenía que ser algo por el estilo por lo que le había oído decir a Victoria, aunque tampoco podía estar segura al cien por cien.

- Puede que sí. No. No sé...- Kate se llevó las manos a la cabeza- Solo recuerdo sentirme mal y mareada. Entonces, Nathan Prescott dijo que me llevaría al hospital, asique me fui con él.

- ¿Te fuiste con Nathan Prescott? ¡Oh, mierda!

- Estaba siendo agradable conmigo en ese momento.

- Aun así, Kate. Hablamos de Nathan Prescott. No es precisamente el mejor ejemplo de amabilidad humana.

Kate se encogió.

- Dejando eso de lado. ¿Luego que pasó?

- Recuerdo que estuvo conduciendo por un largo rato y me desperté en una habitación. Pensé que era un hospital porque era todo tan blanco y brillante. Luego oí a alguien hablándome con voz dulce y creí que era un médico, pero luego me di cuenta de que era la voz de Nathan y sentí algo frio en la piel. Y….y...

La voz de Kate se perdió en un susurro. A Max se le había ido poniendo la carne de gallina conforma oía el relato y sintió la horrible necesidad de saber cómo acababa el relato.

¿Podría estar Kate sugiriendo que Nathan la…? Que no haya sido eso, por favor.

- ¿Y?- presionó con voz suave.

La voz de Kate no era más que un susurro cuando respondió:

- Y no recuerdo nada más. Al día siguiente me desperté en la puerta de mi cuarto. No tenía marcas o moratones, pero me sentía fatal.

Las dos se quedaron en silencio.

- Esto es algo realmente serio – dijo Max mientras se sentaba en la cama de Kate.

- Y se está propagando por todos lados. ¿Y si mi iglesia lo ve? Necesito saber qué hacer.

Max se quedó callada sin saber que responder. La situación era peor de lo que ella creía.

- Max, quiero tu opinión.

Ella centró su mirada en la de Max y sin apartarla continuó hablando:

- Necesito saber si Nathan me ayudó… o me hizo daño después de aquella fiesta. ¿Debería ir con la policía?

Max lo pensó seriamente bajo la mirada atenta de Kate y de la misma forma le dio su opinión:

- Sé que esto va a sonar muy duro, y más teniendo en cuenta cuan sola te debes de sentir con toda esta situación. Pero yo no iría a la policía, al menos no ahora. Me centraría en recoger pruebas que refuten los hechos que ocurrieron en esa noche.

Kate la miró con un brillo desesperado en los ojos.

- Pero si yo estuviera en tu situación, sé que no me sentiría con fuerzas de ir buscando por ahí pruebas. Asique, si quieres, podría echarte una mano. Quizás no soy la mejor en esto, pero no es mi intención defraudarte.

Los ojos de Kate se aguaron y estiro una de sus manos para agarrar una de las de Max con fuerza.

- Gracias, Max. De verdad, muchas gracias.

Max sabía que se estaba metiendo hasta el cuello hasta el asunto, pero ella ya era consciente de que se había tomado la situación de Kate como propia. No sabía que la llevó a ese punto. Podía suponer que el punto de inflexión que la llevó a sentirse de esa manera fue el día anterior cuando la vio romperse y llorar como si el alma se le fuera en ello. Max nunca había visto a nadie de ese modo, y le toco la fibra, dándose cuenta de cuánto el asunto había afectado a Kate. Se sintió muy mal por ella, como si aquella fuera su culpa. Pensó que quizás ella podría hacer algo para ayudarla.

- No sé por qué me agradeces, aún no he hecho nada.

Entonces, Max se acordó de Juliet y sus palabras.

Puede que si haya dado un pequeño paso.

- Pero me crees y me estás apoyando. Eres como un ángel de la guarda que ha aparecido en medio de tanta oscuridad- dijo Kate con lágrimas cayendo por su rostro.

- No llores. Te prometo que haré absolutamente todo lo que pueda.

Kate le sonrió. Una sonrisa de verdad, que le llegó hasta los ojos y le iluminó todo el rostro. Como la sonrisa que tenía en la fotografía con sus hermanas.

Max se despidió de Kate, diciéndole que se tenía que ir, a lo que Kate con un aire un poco menos sombrío se despidió de ella. Entonces, Max se dirigió al lugar donde había quedado con Warren sintiéndose mucho más ligera de lo que se había sentido desde que se había levantado.