Yoh

"El horno está ahí."

Cómo si lo fuera a utilizar.

"Y el microondas...", mi guía sonrió de forma traviesa, al pensar en algo que tenía que ver con el microondas. Un recuerdo, tal vez. Por alguna razón que desconozco, ella empezó a compartir esa memoria. "Bueno, en realidad, Tamao lo destrozó el diciembre pasado." Sus labios volvieron a curvarse y fruncí mi entrecejo a pesar de que su gesto estaba lejos de ser falso o forzado. Incluso era lindo de ver. Simplemente no sabía porque ella sonreía. Casi me hace querer preguntarle cómo la tal Tamao destrozó el microondas.

Casi.

Continuó con su historia, ignorando el hecho de no me importaba. "Como sea, Horo Horo no ha podido reemplazarlo, pero estoy segura que lo traerá en estos días. Bueno...eso creo."

Rodé mis ojos y miré el reloj, preguntándome cuándo se iría para que pudiera regresar a mi importante misión: embriagarme.

En serio, el lugar no era muy grande y aún así, logró quedarse más tiempo del que era necesario. Y, aunque no me estaba quejando de la excelente vista que tenía de su parte trasera, no había venido a este pueblo a buscar una mejor amiga para platicar.

Señaló otras cosas, como si tratara de distraerse ella misma en lugar de explicarme a mí.

"El refrigerador," duh, "Baño...teléfono..." Que, por cierto, no estaba conectado. "Y la sala es pequeña, pero acogedora. Tiene una vista increíble desde el sillón hacia el lago y al Monte Osore, si abres las cortinas, especialmente en las tardes...cuando el sol se oculta es..."

Abrió las ventanas para mostrarme de lo que hablaba. La mujer sonaba horriblemente familiarizada con el lugar, pensé mientras la veía. Tal vez se había quedado aquí por algún tiempo. Y considerando la expresión en su rostro imagino que había pasado muchas horas viendo el Monte.

Pero eso no me importaba.

Justo antes de dar un paso más en dirección, a lo que ya sabía, era el dormitorio se detuvo secamente y aclaró su garganta.

"El uh...dormitorio esta..." Señalo extrañamente. "Allá atrás."

Note como su incomodidad hacia que me sintiera confiado y antes de que pudiera pensarlo la presioné. "¿No quieres enseñarme el dormitorio?"

Se sonrojó y me tragué mi sonrisa burlona, sólo la mire. No quería darle una impresión equivocada.

Me di cuenta que ya no parecía querer arrancarme la garganta como un animal salvaje cuando descubrió que no era una vulgar ladrón.

Ella era bonita, en realidad. De una forma muy natural. Tenía lindas curvas, y...ya que estaba viendo, no podía ignorar que tenía un buen par de...

"Bueno, si necesitas algo y no puedes encontrar a Horo Horo, mi horario es bastante flexible..."

"Ya lo creo."

"¿Qué?"

Revolví mi cabello, sacando de mi cabeza los sucios pensamientos que tenía de la Señorita Kyoyama. "Nada. ¿Ya terminamos? Porque tengo algunas cosas que hacer."

Sus ojos viajaron a la barra de la cocina dónde había dejado un par de botellas de alcohol. "Ya lo vi."

La última cosa que necesitaba era un sermón, ya tenía bastantes con lo que me habían dado en Tokio, así que traté de acabar con su pequeña visita de la forma más amable. "Perfecto, tus ojos funcionan bien."

Abrí la puerta para que saliera, pero no cedió. Por supuesto. "No creo que a Horo Horo le guste mucho la idea de dejarle sus cosas a un ebrio..."

"Estoy seguro que mi contrato no indica con que puedo aliviar mi sed y con que no, cariño."

Su mirada se volvió un poco extraña y me miro de forma graciosa antes de decir, "No deberías de ahogar tus penas con una botella de ron, es..."

Encogí mis hombros cuando me miró de esa forma. "Lo siento", dije mirando a mi alrededor. "¿Me perdí de alguna tonta ley de Aomori?" Hice contacto con sus ojos y fruncí el ceño. "¿Acaso te afecta mi consumo de alcohol? Digo..." Me reí. "Estoy muy seguro que ese es mi problema y de nadie más, pero puedo estar equivocado."

Ella resopló y subió su mano a su cintura.

"Te das cuenta que sólo intento ayudar, ¿cierto?", preguntó. Te equivocaste de persona.

Alcé mis cejas un poco. Había escuchado que en las regiones pequeñas eran así, pero..."No recuerdo haber pedido tu ayuda."

Cerro el puño con fuerza y murmuró a dientes cerrados. "No necesito esto."

Únete al club.

Junte mis manos, agradeciendo el final de esto. "Excelente, supongo que ya te vas. Tal vez cuando llegues a tu casa puedes buscar en Google Earth quien está en la propiedad de quien esta noche."

Caminar hasta la salida de mi nueva casa no era suficiente para ella.

"Para tu información tengo una cita."

Cierto, me había olvidado del trajeado. Pero ¿de qué me servía eso?

"Oye, lo siento, no quería darte la impresión de que me importa una mierda..."

Entrecerró los ojos y me miró. Tienes que amar esos ojos. "Eres...un..."

Se detuvo frente a mí. No necesitaba oír lo que tenía guardado, ya había tenido suficiente de ella. Tomé su brazo para ayudarla a cruzar la puerta. "Asegúrate de que te lleve a Starbucks. Y no lo dejes esperar mucho con su horrible café."

"No tenemos Starbucks aquí..."

"Grandioso", dije con el entusiasmo más falso que pude actuar. "Así no tendrás que pensar mucho a dónde ir."

Cerré la puerta con fuerza y también las cortinas.

Cuando escuché como sus pasos se alejaban de la cabaña y como el chillaban las llantas de su carro alcé mis manos al cielo, agradeciéndole a quien estuviera allá arriba viéndome. "Gracias".

Luego, procedí con mi plan original de emborracharme.

Sólo lo adapté un poco. Tomé una silla y moví mi fiesta al patio trasero.

No tenía nada de malo disfrutar de la vista del lago, ¿o sí?

Dejé la botella de ron en el piso y tome unos hielos que encontré en el congelador. Antes de servirlos en el vaso acerqué mi nariz a ellos. Parecían tener meses aquí, pero no me importó. Al cabo, mi cita no era con los hielos.

Una vez que mi vaso estaba preparado con Coca Cola hasta la mitad apreté play en el ipod y regresé a mi lugar. Me serví ron y miré a mi alrededor.

No tenía ningún vecino ni veía ningún edificio.

"Nunca había manejado tanto tiempo", le dije al monte y alcé mi trago. "Salud por nada."

Y así empezó mi larga tarde de anti-sobriedad y de olvidar todo y a todos.

La música que escuchaba me puso en un buen humor. Casi estoy seguro de que tuve un par de conversaciones con el viento que soplaba esa noche. Recuerdo haber pensado sobre Navidades y graduaciones...la Academia y algunos momentos con mi hermano, pero sobre todo, llegue a mi meta: la insensibilidad e indiferencia.

Podría haberme desmayado.

Podría casi jurar que escuché a mi hermano a mi lado. Molestándome como siempre lo hacía después de una larga noche en el bar.

"Despierta, Yoyo, que ya es hora de levantarse."

Gruñí como respuesta. "Déjame."

Una profunda carcajada hizo que abriera un ojo. Todavía estaba sentado en el patio trasero con una botella de ron vacía a mi lado y con otra a la mitad en mi mano. Había una gigantesca nube cubriendo el cielo. La batería del ipod se había terminado y el sol luchaba por aparecer.

Tanto que tuve que parpadear antes de notar que no era una nube la que me cubría, sino una sombra. Una sombra de un hombre.

Su nombre pasó por mi garganta seca, apenas audible. "¿Hao?"

"¿Quién?"

Esa definitivamente no era la voz de Hao.

Antes hubiera corrido por mi arma para defenderme de cualquier posible amenaza, pero, en este punto de mi vida, ya no me importaba.

La muerte incluso sonaba interesante.

"Anna dijo que terminarías muy mal anoche."

Murmuré algo sin sentido.

"Insistió en que viniera a verte para asegurarme de que no habías caminado hasta el lago y te habías ahogado o algo."

Horokeu Usui. Las cosas volvían a mí.

Dándome cuenta de quién era, cambié mi posición a una sentada y las ganas de vomitar se presentaron.

"Qué lindo de su parte", le dije mientras ponía mi cabeza entre mis manos, tratando de no gritar por el dolor de cabeza.

Él dejó ir un gran suspiro, era como si quisiera decirme que estaba enojado, pero sin querer decirlo. Chupé mis labios un poco, tratando de humectarlos mientras él pensaba en que decir.

Coca-Cola, necesito una.

Busque una lata a mi alrededor, pero todas estaban vacías.

Gruñí.

"Mira, Yoh. En verdad no me interesa lo que hagas en tu tiempo libre. No es como si me afectara..."

Finalmente...alguien lo entendía.

"Pero tal vez quieras ser un poco más cuidadoso. La temperatura suele bajar mucho en esta época...odiaría llegar un día y verte congelado."

Levanté mi cabeza y miré entre mis dedos como el suelo estaba repleto de nieve.

Ouch.

"Gracias por el tip."

Me ofreció su mano para levantarme, la tomé de buena gana, pero ya no quería más visitas.

"Gracias por venir." Murmuré y caminé a la entrada.

"Hay otra cosa."

Claro que sí.

Me gire, medio listo para vomitar, medio listo para lanzarme a la nieve. Él se veía reticente a decir lo que quería.

"Anna no quiere molestarte. Sé que puede ser un poco..."

Reí amargamente. O bueno lo intente. No se puede hacer mucho con una resaca. "Molesta. Arrogante. Altanera." Tenía un millón de palabras para describir a Anna Kyoyama.

Su risa fue mejor. Más limpia y ruidosa. "Tienes que conocerla para entenderla."

Casi en seguida, el recuerdo de su cuerpo meciéndose de lado a lado frente a mi, mientras me daba el tour de la cabaña, me asaltó. Sonreí. La extraña forma en que señaló el dormitorio...

No digo que no tuviera la misma reacción hacia ella que cualquier otro hombre seguramente ha tenido, pero apartando su semi condescendiente actitud, no quería nada de las complicaciones que significaba. Algo me decía que, en un pueblo como este, no existía nada parecido al sexo anónimo.

"Si, bueno, gracias, pero no gracias."

Jalé la manija de la puerta y se rompió. Mientras miraba mi mano, intentando descubrir como fue que me volví tan fuerte, Horo Horo me explicó "Si, eh...iba a reparar eso...algún día."

Una historia más detrás de otra cosa rota en esta cabaña.

Me encogí de hombros, puse la perilla en la mesa y abrí la puerta.

"Regresaré para repararla. Hoy tengo doble turno en el restaurante..."

No le puse atención. No sólo porque no me interesaba para nada su ocupada vida, además no necesitaba que el reparara nada por mi. "Creo que puedo arreglarlo."

"Te lo reembolsaré."

"No es necesario."

"En serio. Tengo que pagártelo de alguna manera. O si no la abuela Kitabatake me golpeara."

"La abuela ¿qué?"

Se rió. "Kitabatake" e estiró. "Ella se asegura de que todos los hombres en Aomori sean criados con modales, aunque a sus padres no les interese un comino. Y si ella se entera que no estoy pagando los favores que alguien hace por mi, incluyendo arreglar algunas cosas," señaló la puerta, "me golpeara con su bastón, eso es seguro."

Fruncí mi ceño. Fuera quien fuera la tal Kitabatake no era mi problema. Pero me rendí, de otra forma el chico nunca se iría.

"Bueno, como sea."

"Puedo invitarte a cenar." Ofreció mientras yo entraba a la casa. "Tamao es la mejor coci..."

Me despedí con la mano mientras cerraba la puerta. El dolor de cabeza seguía.

Reparar cosas no estaba en mi agenda.

Es más, ya ni siquiera tenía una. De lo que si estaba seguro era que me había quedado sin alcohol, así que tome una ducha, hice una lista, agarré mi cartera y las llaves de la Pick up y me aventuré a buscar una vinatería y un Home Depot. En ese mismo orden.

Mis manos estaban aún temblorosas por la resaca y no pude tomar más de una cosa en cada mano. Mi cartera se calló, abriéndose en el proceso, y una vieja foto se deslizó fuera de ella.

Una que casi había olvidado que tenía ahí.

Me agaché para recogerla. La pequeña niña me veía con emoción y esperanza...su sonrisa era tan grande que jurarías que era falsa, sólo para el fotógrafo, pero, según sus padres, asi era ella...simplemente feliz.

Las esquinas del papel se veían desgastadas de tanto sacarla para enseñársela a las personas. Tuve que sentarme por unos minutos antes de que mis emociones del pasado se tranquilizaran.

Jugué con ella entre mis manos, pensando en que hacer. Vi el bote de basura, pero no pude tirarla. Así que, la devolví al lugar de donde había salido, junto con mis identificaciones, y manejé hasta lo que Aomori considera como su "centro comercial". En realidad, sólo eran cinco o seis tiendas en un mismo sitio.

Almacén, Vinatería, Ferretería, Estética, y una de las más pequeñas librerías que jamás haya visto. ¿Qué más podía pedir? Me pregunté qué clase de libros vendían en ese pequeño ligar, sin embargo, al ver a la mujer más molesta del pueblo bajándose de su auto decidí que no necesitaba saber y me apuré a entrar a la vinatería.

Después de atiborrarme lo suficiente para esta noche...escogí cerveza esta vez, nada de resaca para Yoh mañana...tomé algunas cosas que necesitaba para comer. Las llevé a la Pick up antes de ir a buscar un taladro eléctrico, era una lástima que mi loca personal también necesitara uno.

No parecía estar en su elemento. Estaba parada ahí, con una ligera capa de cabello rubio jugueteando en su cara. Llevaba una blusa femenina, parecía blanca y caía tontamente de su hombro. Su falda llegaba hasta sus talones y se ondulaba, como lo hacen las faldas en las películas más cursis que conozco, con la poca brisa que dejaba entrar la puerta. No hacía nada, sólo parecía inspeccionar la caja que llevaba en las manos una expresión serena, como si su mente estuviera en otro lado.

Era como una mezcla de un ángel/gitana/demente.

Estaba un poco deslumbrado cuando el dueño de la ferretería me interrumpió.

"¿Puedo ayudarte?" preguntó. Mis ojos se encontraron con los suyos por unos segundos, después señalé lo que tenía ella en las manos.

"De hecho, necesito uno de esos." Negó con su cabeza cuando vio lo que estaba señalando. Pasó una mano sobre su cabello. "Lo siento, hijo. Anna acaba de comprar el ultimo...de hecho", me dijo. Anna se giró a verme. Estaba molesto.

"¿Fue el último?" Volví a insistir.

"Seep."

"¿Ya no tiene ninguno? ¿Ni siquiera en la parte de atrás?"

"No, nada."

"¿No le llegan envíos?"

El volvió a negar. "No viene hasta el próximo fin de semana."

"De acuerdo." Sentí un poco más el dolor de cabeza. "¿Dónde está el Home Depot más cercano?"

"En Fukushima."

¿Qué? Eso estaba casi a una hora de viaje. Ni siquiera necesitaba tanto el taladro, pero seguro haría las cosas más rápidas.

En ese momento noté que mi dolor de cabeza estaba pagando su taladro. Rápido.

"Sé que tal vez..."

"No", dijo abruptamente, pagándole al dueño del local. Antes de que pudiera convencer a mis pies de que era una mala idea, ellos ya estaban siguiéndola hasta el estacionamiento.

"Eso fue un poco grosero, ¿no lo crees?" Pregunte intentando apelar a su lado amable y femenino. Tal vez podía funcionar. "¿Cuál es el problema, tu cita fue horrible? ¿Piensas vengarte por lo de ayer?"

Debió ser el policía en mi quien buscaba el enfrentamiento. Ella parecía, después de todo, sentirse atraída hacia el abuso físico en hombres.

Pensé que me daría una paliza, incluso, si tenía suerte, podría arrojarme la caja que necesitaba, pero cuando se giró a verme para decirme algo parecía confundida, sólo me miraba perdida en sus pensamientos.

Era inquiétate la forma en que me miraba. Era como si sus ojos intentaran ver algo que no estaba dispuesto a compartir con nadie. Debía ser la resaca la que me tenía un poco paranoico. Necesitaba llegar a casa, así que volví a intentar convencerla para que me vendiera el taladro.

"De todos modos, ¿para qué lo necesitas?"

Despegó sus ojos de los míos y miró su premio preocupada. "No lo sé. Simplemente desperté y algo me dijo que comprara uno."

Fruncí mi ceño. No me agradaba esta mujer. "Algo...te dijo que consiguieras un taladro eléctrico."

"Aha." Su mirada estaba sobre la mía de nuevo. Como si no le importara nada en el mundo.

"Pero no lo necesitas personalmente."

"No."

Tal vez, aún tenía esperanza.

"¿Puedes prestármelo?"

O no.

"No."

"¿Por qué no?"

"En realidad, estaba pensando envolverlo y dárselo a Horo Horo en su cumpleaños. Es en unas semanas."

¡Perfecto!

"Bueno, eso es genial, porque lo necesito para hacer un trabajo de Horo Horo."

Quise agarrarlo, pero ella lo alejó de mi dándome una mirada sospechosa. "¿Qué clase de trabajo?"

Frustración.

"¿Qué crees que voy a hacer? ¿Taladrar a alguien hasta matarlo?"

"Bueno...lo dijiste."

Resoplé enojado. Aún tenía el dolor de cabeza, estaba cansado y necesitaba un trago. Definitivamente no tenía tiempo para estas tonterías.

"¿Sabes qué? Olvídalo, esto es mucho trabajo para una maldita perilla. Seguramente puedo encontrar un destornillador en algún lugar."

Ella tal vez dijo algo después de eso, no lo sé, no estaba poniendo atención. La única idea que tenía en la cabeza era llegar a la cabaña y abrir una cerveza.

Y si no fuera por el hecho de que la Pick up no quería prender ya estaría a la mitad del camino, en vez de permitir que Anna se acercara a la ventana de la camioneta.

"¿Necesitas un aventón?" Preguntó con una voz agridulce. Sarcasmo al por mayor.

Intenté prender una vez más la Pick up, pero no funcionó. "Este no es el momento, ni el lugar para esta mierda", le dije al carro y escuché la voz de mi hermano en mi cabeza.

"No puedes simplemente pegarla a la pared y hacer lo que se te antoje con ella, Yoyo...esta nena necesita un toque más suave y gentil."

Casi podía verlo detrás de mí, acariciando la salpicadera de la camioneta.

"Lárgate."

Un sonido de disgusto me despertó de mi ensoñación y observé como Anna se alejaba. Si me hubiera importado un poco le habría gritado disculpándome y explicado que no estaba hablando con ella. Pero...eso me haría sonar como un loco. Probé prender de nuevo el motor, un poco más suave esta vez, más gentil, y esta vez si funcionó.

Mientras manejaba de regreso a mi soledad podía escuchar la risa de Hao filtrándose por el aire acondicionado.


(N. de A.)

Sé que hay muchas dudas con esta historia, intentaré apurarme y actualizar más rápido.

Espero que les guste.