Descargo de responsabilidad: Glee no me pertenece y tampoco me pertenece esta historia.
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Capítulo 3
Lunes, 27 de Agosto del 2012, 4:47 PM
Después de dejar la compra, agarro un puñado de chocolate de mi escondite y me lo guardo en el bolsillo, luego me arrastro afuera por la ventana. Empujo la ventana de Brittany y entro a su cuarto. Son casi las cuatro de la tarde y ella está durmiendo, así que ando de puntillas hacia su lado de la cama y me arrodillo. Aún lleva puesta la mascarilla y su sucio cabello rubio está pegado a su mejilla gracias a la cantidad de baba que produce cuando duerme. Me aproximo lo más cerca que puedo a su rostro y grito su nombre: ¡BRITT! ¡DESPIERTA!
Salta con tanta fuerza que no tengo tiempo de quitarme del medio. Su agitado codo se estrella contra mi ojo y caigo hacia atrás. Con una mano cubro inmediatamente mi ojo palpitante y me echo en el piso de su habitación. La miro con mi ojo bueno, está sentada en la cama, sosteniéndose la cabeza y frunciéndome el ceño.
—Eres una perra —gruñe. Se quita las mantas de arriba y sale de la cama, directamente hacia el baño.
—Creo que me has hecho un moretón en el ojo —gimo.
Deja la puerta del baño abierta y se sienta en el inodoro.
—Bien, te lo mereces. —Agarra papel sanitario y cierra la puerta de una patada—. Mejor que tengas algo bueno para decirme que tuviste que despertarme así. Estuve despierta toda la noche empacando.
Britt nunca ha sido una persona mañanera, y por lo que parece, tampoco es de tarde. Honestamente, tampoco es una persona nocturna. Si tuviera que adivinar cuál es su momento más agradable del día, es probablemente cuando duerme, lo cual puede ser la razón de que odie despertarse.
Su sentido del humor y personalidad honesta son grandes factores del por qué nos llevamos tan bien. Las chicas dinámicas y falsas me molestan. No sé si dinámica está siquiera en el vocabulario de Britt. Ella está a un armario negro de distancia de ser la típica adolescente melancólica. ¿Y falsa? Es tan directa como las haya, lo quieras o no. No hay una sola cosa falsa en ella, además de su nombre.
Cuando tenía catorce años y sus padres le dijeron que se mudaban de Maine a Texas, se rebeló rehusándose a responder por su nombre. Su nombre real es Kathryn, así que sólo respondería al nombre de Brittany para fastidiar a sus padres por hacerla mudarse, además que opinaba que su nombre de pila era muy aburrido y no iba con su personalidad. Ellos aún la llaman Kathryn, pero todos los demás la llaman Brittany. Lo cual sólo demuestra que es tan testaruda como yo, y es una de las tantas razones por las que somos mejores amigas.
—Creo que estarás feliz porque te desperté. —Me levanto del piso y me siento en su cama—. Algo monumental sucedió hoy.
Britt abre la puerta del baño y regresa a su cama. Se acuesta a mi lado y tira de las cobijas sobre su cabeza. Se aparta de mí, ahuecando la almohada con la mano hasta que está confortable.
—Déjame adivinar… ¿Claire tiene televisión por cable?
Ruedo sobre mi lado y me acerco a ella, envolviendo mi brazo a su alrededor. Pongo la cabeza sobre su almohada y la apoyo en mi mano.
—Adivina otra vez.
— ¿Conociste a alguien en la escuela, ahora estás embarazada y te vas a casar, y no puedo ser la madrina porque estaré a medio mundo de distancia?
—Cerca, pero nop. —Tamborileo sobre su hombro.
—Entonces ¿qué? —dice, irritada.
Me acuesto sobre la espalda y dejo escapar un suspiro.
—Vi a una chica en la tienda después de la escuela, y santa mierda Britt, era hermosa. Espeluznante, pero hermosa.
Ella se rodó, ingeniándoselas para enviar su codo directo al mismo ojo que había asaltado sólo minutos atrás.
—¡¿Qué?! —grita, ignorando el hecho de que estoy sosteniendo mi ojo y gimiendo nuevamente. Se sienta y tira de mi mano—. ¡¿Qué?! — grita de nuevo—. ¿En serio?
Me quedo en la misma posición e intento empujar el dolor punzante de mi ojo hacia el fondo de mi mente.
—Lo sé. Tan pronto como la vi fue como si todo mi cuerpo se derritiera. Era… guau.
— ¿Una chica? ¿Eres lesbiana? Bueno eso no importa ¿Hablaste con ella? ¿Conseguiste su número de teléfono? ¿La chica es lesbiana?
Nunca había visto a Britt tan animada antes. Está demasiado atolondrada y no estoy segura de que eso me guste.
Dios Brittany, tranquilízate. No creo ser lesbiana, nunca antes me había sentido atraída por una chica, y no sé si la chica sea lesbiana o no. Pero si tiene toda la pinta de ser una.
Me mira y arruga el ceño.
—Rach, he estado preocupada por ti durante cuatro años, pensando que esto nunca sucedería. No me importaría si fueras gay. No me molestaría si sólo te gustaran los chicos flaquitos, bajitos y frikis. Estaría bien si sólo te atrajeran tipos realmente viejos y arrugados con penes aún más arrugados todavía. Con lo que no he estado bien es con el hecho de que nunca hayas experimentado la lujuria. —Cae de espaldas sobre la cama, sonriendo—. La lujuria es el mejor de los pecados capitales.
Me río y sacudo la cabeza.
—Difiero en eso. La lujuria apesta. Creo que lo has jugado todos estos años. Mi voto sigue con la gula. —Saco un pedazo de chocolate de mi bolsillo y lo meto en mi boca.
—Necesito detalles —me dice.
Me acomodo en la cama hasta que mi espalda está pegada al cabecero.
—No sé cómo describirlo. Cuando la miré, no quise parar. Podría haberme quedado observándola todo el día, pero cuando me miró, me asusté. Me miró como si estuviera enojada porque yo la notara. Entonces, cuando me siguió hasta el auto y demandó saber mi nombre, era como si estuviera enojada conmigo por eso, como si yo fuera un inconveniente para ella. Fui de querer lamer los hoyuelos de su rostro a querer alejarme como el demonio de ella.
—¿Te siguió hasta el carro? —pregunta escéptica. Asiento y le doy hasta el último detalle de mi viaje a la tienda, hasta el punto en donde golpeó con su puño un auto.
—Dios, eso es tan raro —dice cuando termino. Se sienta del mismo modo que yo—. ¿Estás segura de que no estaba coqueteando contigo? ¿Intentando conseguir tu número? Quiero decir, te he visto con los chicos, Rachel. Lo haces bien, aún si no lo sientes. Sé que sabes cómo leer a los chicos, pero creo que tal vez el hecho de fuese una chica y estuvieras atraída hacia ella puede haber nublado tu intuición. ¿No crees?
Me encojo de hombros. Podía tener razón. Tal vez sólo la había leído mal y mi propia reacción negativa la impulsó a cambiar de parecer sobre pedirme una cita. Asumiendo que la chica es gay.
—Podría ser. Pero lo que fuera, se arruinó igual de rápido. Es una marginada, temperamental y es… tan sólo… imposible. No sé cuál es mi tipo, pero sé que no quiero que sea Quinn.
Brittany agarra mis mejillas, apretándolas juntas, y voltea mi rostro hacia el suyo.
—¿Acabas de decir Quinn? —pregunta, su ceja exquisitamente acicalada se curva con curiosidad.
Mis labios están estrujados por su presión sobre mis mejillas, así que sólo asiento en lugar de darle una respuesta verbal.
— ¿Lucy Quinn Fabray? ¿Cabello rubio corto y despeinado? ¿Provocativos ojos verdes? ¿Un temperamento salido directamente de la película Fight Club?
Me encojo de hombros.
—Duena domo ella —digo, mis palabras apenas audibles gracias al agarre que todavía tiene sobre mi rostro. Me suelta y repito lo que dije—. Suena como ella. —Me llevo una mano a las mejillas y las masajeo—. ¿La conoces?
Se levanta y alza las manos al aire.
—¿Por qué Rachel? ¿De todas las personas por las que podrías sentirte atraída, por qué demonios Quinn Fabray?
Parecía decepcionada. ¿Por qué parecía decepcionada? Nunca la había oído mencionar a Quinn antes, así que no es como si fueran amigas. ¿Por qué demonios parece que esto paso de ser excitante… a algo muy, muy malo?
—Necesito detalles —le digo.
Mueve la cabeza y se levanta de la cama. Camina hacia el closet y agarra unos jeans de una caja y luego se los pone.
—Es una idiota Rach. Solía ir a nuestra escuela, pero luego la enviaron al reformatorio justo empezando el curso. No la conozco tan bien, pero sé lo suficiente sobre ella para saber que no es material para novia. Y si, si es lesbiana.
Su descripción de Quinn no me sorprende. Quisiera decir que no me decepcionó, pero lo hizo.
—¿Desde cuándo alguien es material para novia? —No creo que Brittany haya tenido un novio por más de una noche en su vida.
Me mira y luego se encoge de hombros.
—Touché. —Se pone una camiseta y va hasta el lavado. Toma el cepillo de dientes y le pone dentífrico, luego camina de vuelta a la habitación cepillándose los dientes.
—¿Por qué la enviaron al reformatorio? —pregunto, insegura de si realmente quiero conocer la respuesta.
Britt saca el cepillo de su boca.
—La arrestaron por un crimen de odio… Le dio una paliza a algún chico gay del colegio. Estoy bastante segura de que fue un tercer strike o algo así. —Se mete el cepillo de vuelta en la boca y va hacia el lavado a escupir.
¿Un crimen de odio, pero no es ella gay también? ¿En serio? Mi estómago da un salto, pero esta vez no de manera agradable.
Britt regresa a la habitación después de hacerse una coleta en el cabello.
—Esto apesta —dice, observando detenidamente su joyería—. ¿Y qué si esta es la única vez que te calientas por alguien y nunca lo sientes de nuevo?
Su elección de palabras me provoca una mueca en mi rostro.
—No estaba caliente por ella Britt.
Hace un gesto al aire con la mano.
—Caliente. Atraída. Es todo lo mismo —dice frívolamente, regresando a la cama. Pone un zarcillo sobre su regazo mientras se lleva el otro a la oreja—. Supongo que debemos estar aliviadas por saber que no estás completamente rota. —Entrecierra los ojos y se inclina hacia mí. Pellizca mi barbilla, volteando mi rostro hacia la izquierda—. ¿Qué demonios le pasó a tu ojo?
Me río mientras ruedo por la cama, fuera de peligro.
—Tú le pasaste. —Me dirijo hacia la ventana—. Necesito aclarar mi cabeza. Voy a ir a correr. ¿Quieres venir?
Britt arruga la nariz.
—Seh… no. Diviértete con eso.
Tengo un pie en el resguardo de la ventana cuando me llama.
—Luego quiero saber todo acerca de tu primer día de escuela. Tengo un presente para ti. Esta noche voy a tu casa.
Lunes, 27 de Agosto del 2012, 5:25 PM
Mis pulmones están ardiendo; mi cuerpo se adormeció en el camino de regreso a la calle Aspen. Mi respiración ha cambiado desde una controlada inhalada y exhalada hacia unos jadeos incontrolables y espasmódicos. Esta era la razón por la cual, usualmente, amaba correr hasta el máximo. Cuando cada onza de mi cuerpo es recibida para propulsarme hacia adelante, dejándome completamente enfocada en mi siguiente paso y nada más.
Mi siguiente paso.
Nada más.
Nunca antes había corrido tan lejos. Usualmente paro cuando sé que alcancé mi marca de los dos kilómetros y medio, un par de cuadras atrás, pero no lo hice esta vez. A pesar de la familiar desesperación a la que mi cuerpo es sometido, parece que sigo sin poder cerrar mi mente del todo. Continúo corriendo con la esperanza de que voy a llegar a ese punto, pero está tomando más tiempo de lo habitual. La única cosa que me hace decidir detenerme de seguir, es el hecho de que todavía debo cubrir la misma cantidad de pasos para ir a casa, y estoy casi sin agua.
Me detengo al borde de una entrada de vehículos y me apoyo contra el buzón de correo, abriendo la tapa de mi botella de agua. Me quito el sudor de la frente con el dorso de mi brazo y llevo la botella hacia mis labios, arreglándomelas para conseguir cerca de cuatro gotas en mi boca antes de que se quede vacía. Ya me he tragado una botella completa de agua con este calor de Texas. En silencio, me regaño a mí misma por decidir saltearme mi carrera matutina. Soy una cobarde en el calor.
Temiendo por mi hidratación, decido caminar el trayecto de regreso en lugar de correr. No creo que empujarme a mí misma hasta el punto de esfuerzo físico, haga muy feliz a Claire. Le pone lo suficientemente nerviosa que esté corriendo por mi cuenta así.
Estoy comenzando a caminar cuando escucho una voz familiar hablar detrás de mí.
—Oye, tú.
Como si mi corazón no estuviese latiendo lo suficientemente rápido, lentamente me giro para ver a Quinn parada detrás de mí, sonriendo, hoyuelos apareciendo en la esquina de su boca. Su cabello esta húmedo de sudor y es obvio que ha estado corriendo también.
Parpadeo dos veces, medio creyendo que es un espejismo atraído por el cansancio. Mis instintos me están diciendo que corra y grite, pero mi cuerpo quiere rodear sus relucientes y sudorosos brazos.
Mi cuerpo es un maldito traidor.
Afortunadamente, no me he recuperado del tramo que acabo de hacer, así que ella no será capaz de decirme que mi errática respiración sólo se debe a verla otra vez.
—Hola —saludo sin aliento. Hago lo mejor que puedo por mantener mi mirada en su rostro, pero parece que no puedo detener a mis ojos de mirar las gotas de sudor cayendo en su cuello. En lugar de eso, miro hacia abajo, a mis pies, con el fin de eludir el hecho de que no está usando nada más que pantalones cortos, zapatillas de correr y un bra deportivo. La forma en que su pantalón muestra un poco de su V es razón suficiente para que olvide cada cosa negativa que he aprendido de ella hoy.
—¿Corres? —pregunta, apoyando su codo en el buzón de correo.
Asiento. —Usualmente en las mañanas. Olvidé cómo de calurosa son las tardes. —Intento levantar mi mirada hacia ella, alzando una mano sobre mis ojos, para protegerme del sol que está brillando sobre su cabeza como un halo.
Que irónico.
Se acerca y me estremezo antes de darme cuenta de que sólo me está ofreciendo su botella de agua. La forma en que sus labios se fruncieron juntos en un intento por no sonreír, hizo obvio que ella podía ver cuán nerviosa me encontraba a su alrededor.
—Bebe esto. —Empuja la botella medio vacía hacia mí—. Luces exhausta.
Normalmente no tomaría el agua de extraños. Especialmente no tomaría el agua de personas que sé que son malas noticias, pero estoy sedienta.Tan malditamente sedienta.
Tomo la botella de sus manos e inclino la cabeza hacia atrás, dando tres grandes tragos. Estoy desesperada por beber el resto, pero no puedo agotar su suministro también. —Gracias —digo devolviéndosela. Me limpio la boca con la mano y miro detrás de mí, hacia la acera—. Bueno, tengo otros cuatro kilómetros de regreso, será mejor que empiece.
—Cerca de cuatro —dice, moviendo sus ojos hacia mi estómago. Presiona sus labios en la botella sin limpiar los bordes, manteniendo sus ojos fijos en mí, mientras inclina su cabeza hacia atrás y se traga el resto del agua. No puedo detenerme de mirar sus labios mientras éstos cubren la abertura de la botella que mis labios acaban de tocar. Prácticamente nos estamos besando.
Niego con la cabeza. —¿Huh? —No estoy segura si dijo algo en voz alta o no. Estoy un poco preocupada mirando las gotas de sudor cayendo en su pecho.
—Dije que es más de cuatro kilómetros. Vives en Conroe, eso está cerca de tres kilómetros más lejos. Eso sería una carrera de 8 kilómetros de ida y de vuelta. —Lo dice como si estuviese impresionada.
La miro curiosamente. —¿Sabes en qué calle vivo?
—Sí.
No entra en detalles. Mantengo mi mirada fija en ella y permanezco en silencio, esperando por algún tipo de explicación.
Ella puede ver que no estoy satisfecha con el "sí", así que suspira. — Rachel Barbra Berry, nació el 28 de septiembre. Calle Conroe al 1455. Un metro y cincuenta y nueve centímetros. Donante.
Doy un paso atrás, de repente viendo mi muy próximo asesinato desarrollarse frente a mis ojos, en manos de una acechadora de ensueño. ¿Me pregunto si debería dejar de cubrir mi visión del sol para así obtener un mejor vistazo de ella, en caso de que tenga que correr? Podría necesitar relatar sus características al dibujante.
—Tu identificación —explica cuando ve la mezcla de terror y confusión en mi rostro—. Me mostraste tu identificación más temprano. En la tienda.
De alguna manera, esa explicación no alivia mi aprensión. —La miraste por dos segundos.
Se encoge de hombres. —Tengo una buena memoria.
—Acechas —digo inexpresiva.
Ríe. —¿Yo acecho? Tú eres quién está parada frente a mí casa. —Señala encima de su hombro, hacia la casa detrás de ella.
¿Su casa? Diablos ¿cuáles son las posibilidades?
Se endereza y golpea sus dedos contra las letras frente al buzón de correo.
Los Fabray.
Puedo sentir la sangre corriendo hacia mis mejillas, pero eso no importa. Después de una carrera a mitad de la tarde con el calor de Texas, y con un limitado suministro de agua, estoy segura de que mi cuerpo entero estaba teñido de rojo. Intento no mirar hacia su casa, pero la curiosidad es mi debilidad. Es una casa modesta, no muy llamativa. Encaja bien con el barrio de ingresos-medio en el que estamos. Al igual que el auto que está en su garaje. Me pregunto si ¿es ese su auto? Puedo deducir por su conversación con cuál-es-su-nombre de la tienda de comestibles que ella es de mi edad, así que sé que tiene que vivir con sus padres. Pero ¿cómo es que no la he visto antes? ¿Cómo no podría saber que vivo a menos de ocho kilómetros de la única persona, que puede convertirme en una bola de frustración y sofocada?
Me aclaro la garganta. —Bueno, gracias por el agua. —No puedo pensar en nada que quiera más, que escapar de esta situación vergonzosa. Le doy un rápido saludo con la mano y comienzo a alejarme a zancadas.
—Espera un segundo —grita detrás de mí. No reduzco la velocidad, así que me pasa y se gira, trotando hacia atrás contra el sol—. Déjame llenar tu agua. —Se acerca y toma la botella de agua de mi mano izquierda, rozando la suya contra mi estómago en el proceso. Me congelo de nuevo.
—Enseguida vuelvo —dice, corriendo hacia su casa.
Estoy perpleja. Ese es un acto de amabilidad completamente contradictorio. ¿Otro efecto secundario del trastorno de personalidad doble tal vez? Ella probablemente sea una mutación. Como Hulk. O Jekyll y Hyde. Me pregunto si Lucy es su persona agradable, y Quinn es la temible. Quinn es definitivamente la que vi antes, en la tienda de comestibles. Pienso que me gusta Lucy mucho más.
Me siento incomoda esperando, así que camino de vuelta hacia su calle, deteniéndome cada pocos segundos para echar un vistazo al camino que conduce de regreso a mi casa. No tengo idea de qué hacer. Siento como que cualquier decisión que tome a este punto, será una para el lado tonto de la escala.
¿Debería quedarme?
¿Debería correr?
¿Debería ocultarme en los arbustos antes de que vuelva afuera con esposas y un cuchillo?
Antes de que tenga la oportunidad de correr, su puerta se oscila abierta y sale con una botella llena de agua. Esta vez el sol está detrás de mí, así que no tengo que luchar tan duro para verla. Esa no es una cosa buena, al menos desde que todo lo que quiero hacer es mirarla.
¡Ugh! Absolutamente odio la lujuria.
La. Odio.
Cada fibra en mi ser sabe que ella no es una buena persona, sin embargo mi cuerpo no parece captar esa mierda del todo.
Me tiende la botella y rápidamente doy otro trago. Odio el calor de Texas tal y como es, pero junto con Quinn Fabray, se siente como si estuviera de pie en los abismos del Infierno.
—Así que… ¿Antes? ¿En la tienda? —dice, con una pausa nerviosa—. Si te hice sentir incomoda, lo siento.
Mis pulmones me están pidiendo aire, pero de alguna manera encuentro la forma de responder—: No me hiciste sentir incómoda.
Más o menos como que me intimidaste.
Estrecha sus ojos hacia mí por unos pocos segundos, estudiándome. Hoy he descubierto que no me gusta ser estudiada… me gusta pasar desapercibida. —No intentaba seducirte, tampoco —dice—. Sólo pensé que eras alguien más.
—Está bien. —Fuerzo una sonrisa, pero no está bien. ¿Por qué de repente soy consumida por la decepción de que no estaba intentando seducirme? Debería estar feliz.
—No es que no quisiera seducirte —agrega con una sonrisa—. Simplemente no lo hacía en ese momento particularmente.
Oh, gracias Jesús. Su aclaración me hace sonreír, a pesar de todos mis esfuerzos por no hacerlo.
—¿Quieres que corra contigo? —pregunta, señalando con su cabeza hacia el camino detrás de mí.
Sí, por favor.
—No, está bien.
Asiente. —Bueno, iba por ese camino de todas formas. Corro dos veces al día y aún tengo un par de… —Deja de hablar a mitad de frase y da un rápido paso hacia mí. Toma mi barbilla e inclina mi cabeza hacia atrás—. ¿Quién te hizo eso? —La misma dureza que vi en sus ojos en la tienda regresa junto con su ceño fruncido—. Tu ojo no estaba así antes.
Empujo mi barbilla, tomándomelo como una broma. —Fue un accidente. Nunca interrumpas la siesta de una adolescente.
No sonríe. En su lugar, da un paso más cerca y me da una mirada dura, luego roza su pulgar por debajo de mi ojo. —Se lo dirías a alguien, ¿verdad? ¿Si alguien te hizo eso?
Quiero responder. En serio lo hago. Sólo que no puedo. Está tocando mi rostro. Su mano está en mi mejilla. No puedo pensar, no puedo hablar, no puedo respirar. La intensidad que emana su presencia absorbe el aire de mis pulmones y la fuerza de mis rodillas. Asiento sin convicción y frunce el ceño, luego quita sus manos.
—Voy corriendo contigo —dice sin dudarlo. Coloca sus manos en mis hombros y me gira en la dirección opuesta, dándome un leve empujón. Deja caer una zancada junto a mí y corremos en silencio.
Quiero hablar con ella. Quiero preguntarle acerca de su año en el reformatorio, por qué abandonó la escuela, por qué tiene ese tatuaje… pero estoy demasiado asustada de hallar las respuestas. Sin mencionar que estoy completamente sin aliento. Así que en su lugar, corremos en un completo silencio todo el camino de regreso hasta mi casa.
Cuando estamos cerca de mi calle, ambas disminuimos la velocidad para caminar. No tengo idea de cómo terminar esto. Nunca nadie corrió conmigo, así que no estoy segura de qué etiqueta corresponde cuando dos corredores se separan. Me giro y le doy un rápido saludo con la mano. —¿Supongo que te veo después?
—Absolutamente —dice, mirándome.
Le sonrío incomoda y me alejo. ¿Absolutamente? Le doy vueltas a las palabras en mi mente mientras me dirijo hacia la acera. ¿Qué quiere decir con eso? No trató de obtener mi número, a pesar de no saber que no tengo uno. No preguntó si quiero correr con ella de nuevo. Pero dijo "absolutamente" como si estuviese segura; y en cierto modo, espero que lo esté.
—Rachel, espera. —La forma en que su voz envuelve mi nombre me hace desear que la única palabra en su vocabulario sea Rachel. Me giro y ruego que este por decirme una frase seductora. Me enamoraría totalmente de eso ahora.
—¿Me haces un favor?
Lo que sea. Haría lo que sea que me pidas, siempre y cuando estés sin camisa.
—¿Sip?
Me lanza su botella de agua. La atrapo y miro hacia abajo, a la botella vacía, sintiéndome culpable de que yo no haya pensado en ofrecerle recargarla por mí misma. La agito en el aire y asiento, luego troto escaleras arriba y entro a la casa. Claire está cargando el lavavajillas cuando corro dentro de la cocina. Tan pronto como la puerta del frente se cierra detrás de mí, jadeo por el aire que mis pulmones han estado pidiendo.
—Mi Dios, Rachel. Luces como si estuvieses a punto de perder el conocimiento. Siéntate. —Toma la botella de mi mano y me obliga a sentarme. Dejo que la rellene mientras respiro por la nariz y exhalo por la boca. Se da la vuelta, me la entrega, y le pongo la tapa, luego me pongo de pie y corro fuera, hacia ella.
—Gracias —dice. Me paro y veo como presiona por completo esos mismos labios para tomar el contenido de la botella.
Prácticamente nos estamos besando de nuevo.
No puedo distinguir entre el efecto de la carrera de ocho-kilómetros que acabo de tener y el efecto que Quinn está teniendo en mí. Ambos me hacen sentir como que estoy a punto de desmayarme por la falta de oxígeno. Quinn cierra la tapa de su botella de agua y sus ojos recorren mi cuerpo, haciendo una pausa en mi torso semi desnudo demasiado tiempo antes de que llegue a mis ojos. —¿Corres en pistas?
Cubro mi estómago con el brazo izquierdo y sujeto mi mano en mi cintura. —No. Estoy pensando en intentarlo.
—Deberías. Apenas estás sin aliento y acabas de correr cerca de ocho kilómetros —dice—. ¿Eres de último año?
No tiene idea de cuánto esfuerzo de mi parte me está tomando no caer en el pavimento y jadear por la falta de aire. Nunca había corrido esta distancia de un tirón, y está tomando todo de mí disimular que no fue un gran problema. Aparentemente está funcionando.
—¿No deberías saber ya que estoy en último año? Estás aflojando con tus habilidades de stalker.
Cuando sus hoyuelos hacen una reaparición, quiero chocar los cinco conmigo misma.
—Bueno, haces un poco difícil el acecharte —dice—. Ni si quiera pude encontrarte en Facebook.
Acaba de admitir que me estuvo buscando en Facebook. Estuve con ella menos de dos horas, así que el hecho de que haya ido directamente a casa y me haya buscado en Facebook es un poco halagador. Una sonrisa involuntaria aparece en mi rostro, y quiero golpear esta patética excusa de una chica que se ha apoderado de mi normalmente indiferente personalidad.
—No estoy en Facebook. No tengo acceso a internet —explico.
Entrecierra los ojos y sonríe como si no creyese lo que le estoy diciendo. Quita los cabellos de su frente. —¿Qué hay de tu teléfono? ¿No puedes obtener internet en tu teléfono?
—No hay teléfono. Mi mama no es fan de la tecnología moderna. No hay TV, tampoco.
—Mierda —ríe—. ¿Hablas enserio? ¿Qué haces para divertirte?
Le sonrío de regreso y me encojo de hombros. —Corro.
Quinn me estudia nuevamente, arrojando su atención brevemente a mi estómago. Desde ahora voy a pensar dos veces antes de decidir usar un bra deportivo en el exterior.
—Bueno, en ese caso, ¿de casualidad no sabrías a qué hora se despierta cierta persona para sus carreras matutinas, no? —Echa un vistazo hacia mí y no puedo ver a la persona que Britt me describió del todo. Lo único que veo es una chica, coqueteando con una chica, con un adorable brillo en sus ojos.
—No sé si tú quisieras levantarte tan temprano —digo. La forma en la que me está mirando, junto con el calor de Texas, está súbitamente haciendo que mi visión se torne borrosa, así que inhalo una profunda bocanada de aire, queriendo parecer cualquier cosa menos agotada y nerviosa en estos momentos.
Inclina su cabeza hacia la mía y estrecha sus ojos. —No tienes idea cómo de mal me gustaría levantarme tan temprano. —Me muestra su hoyuelo acompañado de una sonrisa, y me desmayo.
No… literalmente. Me desmayo.
Y basada por el dolor en mi hombro y la suciedad y grava incrustada en mi rostro, no fue una hermosa y elegante caída. Perdí el conocimiento y golpeé el pavimento antes de que ella tenga la oportunidad de atraparme. Muy diferente a los héroes en los libros.
Estoy recostada en el sofá, presumiblemente dónde ella me dejó después de traerme adentro. Claire está de pie junto a mí con un vaso de agua, y Quinn se encuentra detrás de ella, observando el resultado del momento más embarazoso de mi vida.
—Rach, bebe un poco de agua —dice Claire, levantando la parte de atrás de mi cuello, presionándome hacia el vaso. Tomo un sorbo, luego inclino la cabeza hacia la almohada y cierro mis ojos con la esperanza de, más que nada, desmayarme nuevamente.
—Te voy a conseguir un paño frío —dice Claire. Abro mis ojos, esperanzada de que Quinn haya decidido escaparse una vez que mamá deje la habitación, pero continúa aquí. Y está más cerca ahora. Se arrodilla en el suelo a mi lado, y extiende su mano hacia mi cabello, quitando lo que asumo era suciedad o grava.
—¿Estás segura de que te encuentras bien? Fue una caída bastante desagradable. —Sus ojos están llenos de preocupación y limpia algo de mi mejilla con su pulgar, luego descansa su mano en el sofá junto a mí.
—Oh, Dios —digo, cubriéndome los ojos con mi brazo—. Lo siento mucho. Eso ha sido tan vergonzoso.
Quinn toma mi muñeca y me quita el brazo del rostro. —Shh. —La preocupación en sus ojos se alivia, y una sonrisa juguetona se hace cargo de sus facciones—. Como que lo disfruté.
Claire hace su camino de regreso hacia la sala de estar. —Aquí está tu paño, cariño. ¿Quieres algo para el dolor? ¿Tienes nauseas? —En lugar de darme el trapo a mí, se lo tiende a Quinn y camina hacia la cocina—. Tendría que tener un poco de Caléndula o raíz de Burdock.
Genial. Si ya no estuviera lo suficientemente avergonzada, ella está a punto de hacerlo incluso peor obligándome a tragar sus infusiones hechas en casa frente a Quinn.
—Estoy bien, mamá. Nada duele.
Gentilmente, Quinn coloca el paño sobre mi mejilla y la limpia. —Podrías no estar adolorida ahora, pero lo estarás —dice, demasiado despacio para que Claire pueda oírla. Deja de examinar mi mejilla y cierra los ojos conmigo—. Deberías tomar algo, por si acaso.
No sé porque la sugerencia suena más atractiva saliendo de su boca, que la de Claire, pero asiento. Y trago. Y contengo la respiración. Y aprieto mis muslos juntos. Y hago un intento por sentarme porque, yo tumbada en el sofá, con ella cerniéndose sobre mí, está a punto de hacer que me desmaye de nuevo.
Cuando ve mi esfuerzo por sentarme, toma mi codo y me ayuda. Claire camina de regreso hacia la sala de estar y me da un pequeño vaso con jugo de naranja. Sus infusiones son tan amargas, que tengo que tomarlas con jugo para evitar que lo escupa de regreso. Lo tomo de su mano y me lo trago tan rápido como nunca antes he tomado uno, luego inmediatamente le doy el vaso. Sólo quiero que ella regrese a la cocina.
—Lo siento —dice, extendiendo su mano hacia Quinn—. Soy Claire Berry.
Quinn se levanta y sacude su mano en respuesta. — Lucy Quinn Fabray. Mis amigos me llaman Quinn.
Estoy celosa de que Claire haya conseguido tocar su mano. Quiero tomar un número y ponerme en la fila.
—¿Ustedes se conocen? —pregunta ella.
Quinn baja la mirada hacia mí en el mismo momento que miro hacia arriba, hacia ella. Sus labios apenas se curvan en una sonrisa, pero lo noto. —No lo hacemos, en realidad —dice, mirándola de regreso—. Lugar correcto en el momento correcto, creo.
—Bueno, gracias por ayudarla. No sé por qué se desmayó. Nunca se desmaya. —Baja la mirada hacia mí—. ¿Has comido algo hoy?
—Un poco de pollo para el almuerzo —digo, no admitiendo los Snickers que tuve antes de mi carrera—. La comida de la cafetería apesta.
Rueda sus ojos y arroja sus manos en el aire. —¿Por qué fuiste a correr sin comer primero?
Me encojo de hombros. —Lo olvidé. Usualmente no corro en las tardes.
Camina hacia la cocina con el vaso y suspira audiblemente. —No quiero que corras más, Rachel. ¿Qué habría pasado si hubieses estado por tu cuenta? Corres demasiado, de todas maneras.
Tiene que estar bromeando. No hay manera de que pueda parar de correr.
—Escucha —dice Quinn, viendo como el resto de los colores son drenados de mi cara. Mira en dirección a la cocina, hacia Claire—. Vivo en Ricker, y corro por aquí todos los días a la tarde. — Ella está mintiendo. Tendría que haberme dado cuenta— Si te sientes más cómoda, estaría feliz de correr con ella las siguientes tardes o durante las mañanas. Usualmente corro en mi trayecto hacia la escuela, pero no es un gran problema. Tú sabes, para estar seguras de que esto no vuelva a pasar nuevamente.
Claire regresa a la sala y me mira, luego se vuelve hacia Quinn. Ella sabe cuánto disfruto mis carreras solitarias, pero puedo ver en sus ojos que se sentiría más cómoda si corro acompañada.
—Estoy bien con eso —dice, mirándome nuevamente—. Si Rachel piensa que es una buena idea.
SÍ. Sí lo hago. Pero sólo si mi nueva acompañante está con bra deportivo.
—Está bien. —Me paro, y cuando lo hago, puedo sentir el mareo reapareciendo. Supongo que mi rostro se puso pálido, porque Quinn tenía sus manos sobre mis hombros en menos de un segundo, bajándome hacia el sofá.
—Tranquila —dice. Levanta la mirada hacia Claire—. ¿No tienes ninguna galleta que pueda comer? Eso tendría que ayudar.
Claire va la cocina y Quinn baja la mirada hacia mí, sus ojos totalmente preocupados nuevamente. —¿Estás segura de que estás bien? —Acaricia mi mejilla con su pulgar.
Me estremezco.
Una sonrisa diabólica aparece en su rostro cuando ve mi intento de cubrir la piel de gallina en mis brazos. Mira detrás de mí, hacia Claire en la cocina, luego centra su mirada en la mía.
—¿A qué hora debería acecharte mañana? —susurra.
—¿Seis y media? —respiro, mirándola sin poder hacer nada.
—Seis y media suena bien.
—Quinn, tú no tienes que hacer esto.
Sus hipnotizantes ojos verdes avellanados estudian mi rostro durante unos tranquilos segundos, y no puedo dejar de ver su igualmente hipnotizante boca mientras habla. —Sé que no tengo que hacer esto, Rachel. Hago lo que quiero. —Se inclina hacia mi oído y disminuye su voz a un susurro—. Y quiero correr contigo. —Se aparta y me estudia. Debido a todo el caos desfilando a través de mi cabeza y estómago, fallo en reunir una respuesta.
Claire está de regreso con unas galletitas. —Come —dice, colocándolas en mi mano.
Quinn se levanta y le dice adiós a mamá, luego se gira hacia mí. —Cuídate. ¿Te veo en la mañana?
Asiento y la observo mientras se gira para irse. No puedo apartar los ojos de la puerta del frente después de que se cierra a sus espaldas. Lo estoy perdiendo. He perdido completamente cualquier tipo de control de mí misma. ¿Así que esto es lo que Britt ama? ¿Esta lujuria?
La odio. Absoluta y positivamente odio este hermoso y mágico sentimiento.
—Ella fue tan agradable —dice Claire—. Y linda. —Gira su cabeza hacia mí—. ¿No la conocías?
Me encojo de hombros. —Sé de ella —digo. Y eso es todo lo que digo. Si ella supiera qué clase de improductiva chica acaba de asignar como mi "acompañante de carreras", se pondría histérica. Entre menos sepa acerca de Quinn Fabray, mejor será.
Me encanta ver como formulan teorías, algunos detalles se acercan y otros están muy lejos. Gracias por comentar!
Feliz inicio de semana!
