La noche sí que fue larga, había descansado lo suficiente para ir a buscar lo que fuese necesario para nuestro minúsculo trio de personas que en menos de una semana se formó. Dentro de mi mochila tenía listo el mapa de repuesto, una botella de agua y una barra de cereal. Ya teniendo todo en orden hable con francisca pidiendo que cuidara bien de ella y Oliver. Llevé la mirada hacía la escalera Así que no va a bajar… debe seguir enojado… me lo esperaba .
-Probablemente siga durmiendo -. Dijo francisca, observándome con su rostro un poco afligido.
-Si… tal vez sea como dices… -.
-¿Qué arma planeas llevar en caso de que aparezcan infectados? … -.
-Bueno… las únicas cosas que llevaré será mi pistola de clavos y esta navaja -.
-¿Estás seguro de solo llevar eso?, porque no llevas contigo una de esas armas que les saqué a esos malditos -.
-No, no es buena idea, necesito estar lo más liviano posible, si llevo una de esas serían cuatro o cinco kilos extra, además de que no se manejarlas… -. La idea de francisca no estaba del todo mal, pero llevarla también implicaría que si llegara a encontrarme con uno de esos hombres, notarían que la semiautomática es de ellos y eso aumentaría las probabilidades de morir. No quería preocupar demasiado a la pequeña explicándole demasiado de esto. –Bueno, será mejor que me vaya ahora, o sino cuando regrese será muy tarde -. Me aproximé a la puerta verificando que no hubiese ningún infectado. Por suerte en la parte frontal no había nada. –Francisca, verifica en la ventana trasera si no hay nada -. La pequeña obedeció y se fue rápido a la ventana indicada, levantó la mano y la agitó dando señal de que no había nada de qué preocuparse. Como si de flash se tratase vuelve a mí regalándome un fuerte abrazo pidiendo que tuviese cuidado.
-Por favor regresa lo antes posible -.
-Lo haré… doy palabra de ello -. Abrí la puerta cuidadosamente mientras que ella estaba detrás mío esperando a cerrar la puerta y poder colocar el seguro. Logré salir por completo de la casa, ahora estaba camino a un mini Marquet que estaba a unos cincuenta minutos de la cabaña, si todo iba bien, podría llegar sin preocupaciones antes del atardecer.
Por fortuna en todo el camino solo logré encontrar a cuatro infectados, tres de ellos eran igual a cualquier otro pero el cuarto tenía un aspecto diferente a los del resto, había confirmado la duda que tenía el día anterior, era un ser completamente diferente. Era el mismo infectado pero en el lado derecho de su cabeza se estaba formando una planta, similar a un hongo, lo tenía pegado al cráneo, gran parte de las "raíces" cubrían los ojos de esa cosa. Lo más extraño es que su comportamiento era diferente a los otros infectados al momento de atacar y lo podía describir en carne propia. Había sido más sigiloso posible evitando encontrarme frente a frente con el extraño infectado pero, esta cosa estaba atenta al sonido. ¿Acaso esta espora… está evolucionando? . Tal vez si lo está, pero para que haya un proceso así de acelerado deben pasar años, incluso décadas, cuando regrese a la cabaña anotaré todo lo necesario y poder ser precavido con estas nuevas etapas de infección.
Ya estando a unos minutos de llegar, logré divisar el pequeño mini Marquet. No quería acelerar el paso, ya que si había un infectado así, podría haber muchos más. Siendo muy sigiloso rodee el pequeño supermercado, verificando que no hubiese nada peligroso, ya llevaba más de la mitad del lugar verificado.
Al momento de ver la última parte, veo una mano tapando mi boca y sentir la boquilla de un arma en mi cien Mierda, estaba preocupado por los infectados y no por la gente, que idiota fui… Oliver… tenías razón. En ese momento pensé que iba a morir, la voz de ese hombre hizo que se me erizara la piel.
–Quédate quieto, no hagas ruido y no intentes hacer ningún movimiento o te mato -.
Me quedé quieto, mientras sacaba su mano de mi boca, se puso a registrar lo que tenía en mi bolso. . Nicolás, solo has lo que te diga, si se lleva las cosas no importará solo tienes que seguir vivo. Varios pensamientos fueron a mi cabeza, solo quería sobrevivir.
-Veo que eres un pequeño gorrión que está en busca de provisiones… ¿a quienes tienes que darles de comer? ¿Eh?, puedes hablar -.
–A nadie, viajo solo, estaba en busca de comida porque solo me quedan esa botella de agua y una barra de cereal -.
–Así que estas solo… jajajaja, pero que mal mentiroso eres, mi pequeño gorrión-. El hombre comenzaba a reír de una forma sarcástica. –Voltéate hacia mí -. En ese momento giré hacia él, pudiendo observar cómo era, hombre alto, fornido, con un cabello blanco y mirada asesina. –Mmmm, sabes, el día de ayer mandé a un par de obedientes muchachos a que persiguieran a unas chicas que se habían escapado y… lamentablemente fueron asesinados por alguien cruel y despiadado…-. Mientras hablaba, su mirada asesina cambió, mostrando tristeza por aquellos hombres de los cuales uno, había matado yo. –Eran tan buenos chicos… y que les hayan propinado una bala en sus cabecitas, en realidad ellos no lo merecían…una pena la verdad… bueno, para llegar al meollo del asunto, estoy buscando personalmente a quienes eliminaron a mis mascotas y a una jovencita que logró escapar… ¿De casualidad, no habrás visto por estos alrededores a los posibles culpables de ese horrible asesinato? -.
-No… recién llegué a este lugar, solo vine a buscar comida -.
–Mmmm… espero que no estés mintiéndome de nuevo pequeño -.
–No te estoy mintiendo, llegué a este lugar por mera casualidad -.
–… Está bien pequeño…deja de mentir, no te mataré… se nota que eres un chico con agallas después de sobrevivir hasta ahora, si ya no quieres ser un pequeño cachorro, puedes ir al pueblo que tomé hace un tiempo, debes ir por la carretera, se llama "Marc Petrié" y… para que no te asesinen uno de los míos debes decir que quieres hablar con Alfa-.
–Lo tendré en cuenta… ahora… podría por favor bajar el arma, ya debería saber que tengo una navaja y una pistola de clavos, no podría hacer gran cosa frente a un hombre con un revolver -.
-¡oh! Verdad, jajajaja, lo lamento…bueno yo ya debo irme, ya sabes, debo matar a los malditos que asesinaron a los míos… no olvides lo que te ofrecí, puedo darte un muy buen puesto, cachorrito. Bye-bye -.
Mientras veía que aquel hombre iba desapareciendo entre los arbustos, sentí como mis piernas comenzaban a flaquear haciéndome caer de rodillas. . El miedo que tenía hacía ese hombre no me permitía analizar nada de su persona, definitivamente no fue lo mismo que cuando conocí a Oliver, él pudo haber colocado también un arma en mi cabeza pero tenía el instinto seguro de que no lo haría, la sensación que me produjo Oliver al conocerlo fue completamente diferente. De igual forma este fue el hombre que mando a matar a francisca y a su hermana. . Di un fuerte golpe a mis piernas, haciéndolas reaccionar otra vez. Ese mismo dolor al mismo tiempo hizo que mi miedo se esfumara y calmara mi cabeza.
No era momento para quedarse quieto, ese hombre ya se había ido, ya no era un peligro por el momento, ahora solo debía enfocar mi mente en la comida que necesitan Oliver y francisca.
Levantándome de una vez fui a la entrada del negocio, di pequeños golpecitos en una de las puertas, habían salido dos infectados detrás de unos estantes, les apunté con el arma y dos clavos fueron a parar a las cabezas de esas cosas. Tenía que verificar así que nuevamente di otros golpecitos, no salía absolutamente nada.
Ingresé al pequeño supermercado, observando todos los ángulos posibles, no quería que mientras cargara el alimento, por un descuido, apareciera una de esas cosas y me transformara. Cuando vi que el lugar estaba limpio me dirigí a los estantes que decían "enlatados". Por fortuna aún estaban con varios tarros de frutas, verduras y comida lista para preparar. Tomé todo lo necesario dejando espacio para las otras cosas.
Cuando estaba listo para ir al otro estante, escuché un ruido que provenía fuera del lugar. No era el sonido de una persona, era el de un infectado, pronto se escucharon más ruidos del exterior. El maldito lugar se estaba llenando de ellos y estaba siendo rodeado por ellos.
–Mierda-. . Lentamente me acerqué a la puerta de salida y como lo esperaba, el lugar estaba siendo completamente rodeado de esas bestias sin raciocinio. Me encontraba en una posición bastante peligrosa, no podía salir, alrededor de unos doce infectados estaban frente a la puerta, aún no se daban cuenta de mi posición.
Con sigilo fui retrocediendo y minimizando el sonido de los cristales rotos del suelo, no me di cuenta que en el suelo había un pequeño clac-son, sin querer pisé esa cosa generando el peor sonido que habría escuchado en toda mi vida. Todos los infectados al escucharlo generaron su postura de caza, alborotándose e ingresando al supermercado.
Me limité a correr dentro del lugar, buscando una salida pero solo me encontré con el frigorífico, donde almacenan la carne de los animales, rápidamente abrí la puerta entrando en ese oscuro lugar y cerré la puerta. . Había quedado atrapado en el peor lugar de todos, tenía que buscar un método para salir de ahí. Sentía como esas cosas se lanzaban a la puerta tratando de derribarla pero por ahora les resultaba imposible .
Caminé durante varios minutos dentro del lugar pensando que podría hacer, como podría distraerlos y alejarlos, pero mis ideas eran bastantes pobres ya que el espacio y lugar no me permitían ver ninguna posibilidad de salida. La única salida era por donde había entrado y la cual estaba llena de infectados, preparados y listos para tenerme de alimento.
El tiempo estaba pasando muy rápido, iba a comenzar a oscurecer dentro de tres horas, y esas cosas se ponen más bravas cuando está obscuro, no me quedaba más que esperar a que alguien viniese a rescatarme. Por un momento fugaz pasó por mi cabeza aquel pelinegro con esos ojos grises y cristalinos.
Lamenté un por un tiempo el no haber hecho caso a Oliver, él sabía que sería peligroso pero yo hice caso omiso. Quería ser de utilidad, quería llegar hacia donde estaban y demostrarle que era de necesario. ¿Por qué ahora estoy tratando de sacar este falso heroísmo?... ¿Qué estas sacando de mi Oliver?. Preguntas que carecían de respuesta rondaban por mi cabeza.
Unas lágrimas comenzaban a brotar por mis ojos al recordar a mi familia, a mi hermana ¿Acaso moriré ahora?. No quería más, este encierro y la oscuridad que tenía en ella, más a esas bestias golpeando la puerta hacían que pensara en tonterías.
Mi respiración comenzara a faltar, mi vista comenzaba a ponerse borrosa, el cuerpo ya no me respondía. .
Cuando creía que iba a desmayar escuché el sonido de unos balazos, ese sonido me hizo volver a reincorporar, lo infectados que estaban en la puerta estaban yendo hacia ese sonido, podía sentir cada cuerpo de esas cosas caer, luego el sonido de las balas cesó y con ello el ruido de las bestias. Como si fuese una película en cámara lenta vi como abrían la puerta, haciendo que la luz entrara al cuarto oscuro en el que estaba. Una silueta familiar hizo su aparición.
-¡Oye, BLANCUCHO!, ¿Estas bien?, ¿te hicieron algún daño? -.
En ese momento no escuché las palabras del pelinegro, mi cuerpo reacciono de manera involuntaria, lo tomé de su chaqueta lo jalé hacia mí, abrazándolo con fuerza. Las únicas palabras que lograron salir de mi boca fueron ahogadas. –Gracias…Oliver-.
Pude percibir como los brazos de aquel hombre rodeaban mi cuerpo, correspondiéndome el abrazo, tratando de consolar al débil yo de ese momento. –Me alegro que estés bien, Nicolás -.
Quería que ese momento durara un poco más pero de forma brusca Oliver me toma de la mano jalándome hacia la salida. –Salgamos rápido de aquí… se acabaron mis balas y no pude eliminar a todos ellos-.
-puedes dispararles con esto ¿verdad?-. Le entregué la pistola de clavos que estaba en mi cintura.
-De verdad me sorprendes, blancucho -.
Oliver toma el arma y comienza a disparar de manera certera a las cabezas de los infectados que quedaban. Sentía que aún me faltaba el aliento y que caería en cualquier momento pero, la mano de Oliver me sujetaba de tal manera, haciendo que tomara la fuerza que creía extinta y corriera a la par con él.
Ya no podía llevar la cuenta de la cantidad de infectados que había hecho caer el peli negro pero ya no había ninguno tras nosotros. Habíamos parado a descansar. Cuando observaba la mirada atenta del ojigris. Por mi cabeza pasó la idea de que aún debía seguir con fiebre y debía estar débil… .
Con vergüenza hacia mí mismo quería pedir disculpas y agradecer por lo que había hecho. Agachando la cabeza y mirando mi mano que aún no había sido soltada por el pelinegro, me dispuse a hablar.
-Oliver… lamento no haber escuchado lo que dijiste ayer en la noche… hice oído sordo a lo que decías… gracias por venir a rescatarme-.
-sí… aparte de ser un blancucho eres un sordo-.
Apreté la mano de Oliver. –Estaba preocupado por ti y por francisca… quería ser de utilidad para ustedes dos ya que no quería exponerlos al peligro… pero… ja… igual lo hice… te expuse a ti, estando enfermo-.
-… Nicolás, mírame… -.
Levanté la cabeza mirando al peli negro, de pronto, su boca había ido a parar a mis labios, fue un breve beso. Cuando quitó sus labios su mirada estaba fija en mí, eso hizo que mi rostro se apenara un poco. La sangre recorrió a mi cara, estaba nervioso y avergonzado.
–Eres inteligente y cómo eres de inteligente eres igual de tonto, no necesitas demostrar que sirves para algo… en estos tiempos no te dan una medallita por tus logros… ya no estamos en un mundo para hacer eso… debes estar preocupado por sobrevivir… no por los demás… -.
-Tú acabas de salvarme de una muerte segura y dices que no debo preocuparme por los demás… -.
-Si… probablemente también sea alguien tonto e igual de inteligente-.
-Para serte sincero… No entiendo al punto que quieres ir -.
-Lo que trato de decir es que… ¡Agáchate!-.Oliver me toma de la cabeza y me hace ir al suelo.
Al momento de ver el rostro de Oliver veo que su mejilla está sangrando por un corte. Algo lo había lastimado y no sabía que era hasta que pude observar como una chica con arco y flecha había hecho su aparición.
