Hola a tod s! aquí les dejo otro capitulo de esta historia... Es el más corto hasta ahora, pero definitivamente, el que más he disfrutado escribiendo y sinceramente espero que les guste tanto como a mi.

Besos y abrazos :)

CAPÍTULO IV

Alysanne lo sabía. Ella sabía que hoy su señor padre o su señora madre la matarían.

Cabalgó lo más rápido que pudo para llegar cuando el del rey arribara en el patio de Invernalia, pero lo más probable es que no pudiese llegar a tiempo; sin embargo, hizo un esfuerzo. Sus padres la matarían, "¡Dioses!" pensó.

Finalmente llegó a los establos para dejar a su yegua Luna y dirigirse a la fortaleza, con suerte, el rey se habría retrasado en su camino y no iba llegar hasta el atardecer, la chica le pidió a los Dioses.

Mientras caminaba hacia el castillo repasaba lo que iba a decir, tanto Theon como ella habían inventado una historia que, para ellos, era bastante creíble, y estaban seguros que los demás también lo creerían, o al menos eso esperaban

"Estaba desesperada, Nissa de la noche había escapado, no la encontraba en la fortaleza, ni en los establos, ni en el patio, ni en los jardines ni en los alrededores. Theon me encontró empapada en lágrimas, y se ofreció amablemente a ayudarme para encontrarla. Fuimos al bosque de los dioses y ahí pasamos horas buscándola. Theon me sugirió que me viniese al castillo para estar presente en la llegada del rey, mientras él seguía en la búsqueda de Nissa"

Todo este relato tendría efecto cuando el joven Greyjoy apareciese con Nissa, ya que la loba se quedó con Theon cuando Alysanne salió disparada hacia el castillo.

"Definitivamente lo creerán" meditó la joven. Pero las esperanzas de que el rey no hubiese llegado se desvanecieron al ver una gran cantidad de lo que ella supuso eran miembros de la Guardia Real... "date por muerta, Alysanne" se dijo.

Jaime, por su parte, estaba dándole unas indicaciones a algunos hombres de la Guardia Real, antes de disponerse a prepararse para el banquete que ofrecerían los Stark esa noche, que muy a su pesar, debía asistir.

Jaime se dio media vuelta para dirigirse finalmente a la habitación donde había sido instalado y es ahí cuando la vio caminando hacia su dirección, rumbo al castillo.

A decir verdad, Jaime Lannister, hijo del gran Lord de Roca Casterly, Twyn Lannister, no era un hombre el cual se quedase sin palabras fácilmente, y mucho menos por una mujer; de hecho, ninguna mujer ha podido sacarle ni medio suspiro a Jaime, solamente Cersei, su hermana, la reina del rey Robert.

Pero lo tenía que admitir, al ver esa joven se quedó sin habla, hechizado totalmente, esa niña que no debía tener más de 16 años de edad había dejado mudo al famoso Matarreyes.

Alysanne iba a pasar cerca de donde estaba un grupo de miembros de la Guardia Real, se sintió totalmente intimida, ya que, como cosa NO nueva, todos y cada uno de estos hombres pusieron sus ojos encima de ella, y si, inclusive toda sudada, despeinada con las mejillas rojas como un tomate por el agite que había experimentado, a pesar de todo ello, los hombres que habían llegado desde la capital la habían desnudado con la mirada cuando ella pasó por enfrente de ellos.

Alysanne, caminó con total gracia hacia el castillo, con seguridad, con la cabeza y mirada rígida, sin prestar atención a las miradas insistentes de aquellos hombres que no disimulaban ni un poco. Cuando la joven loba se disponía a atravesar las puertas del castillo se detuvo un segundo para tomar todo el valor que pudiese, iba a enfrentarse a sus padres, a explicar su ausencia, esa falta de respeto, que muy seguramente, sus padres no olvidarían nunca "Dioses, que me crean".

Cuando finalmente decidió atravesar las muertas del castillo una mano fuerte la tomó del brazo y la hizo girar. Se encontró así, a un hombre alto y corpulento con cabellos dorados como el oro, de ojos verdes intensos y una sonrisa en su rostro que no generaba ni una pizca de confianza. Él se quedó sorprendido aún más al verla de cerca totalmente perdido en sus profundos ojos grises...

Alysanne no entendía todo aquello. Así que se soltó del agarre de aquel hombre que era un total extraño para ella.

– Suélteme, ¿Qué le pasa? – se quejó Alysanne mientras se soltaba del agarre de Jaime. El hombre ignoró por completo las palabras de la chica, ya que estaba atónito por la belleza de ella. La loba lo miraba con ojos de desconcierto y al observar que no obtenía respuesta alguna de él se dispuso a entrar al castillo – Idiota – gruñó la chica.

Jaime reaccionó y la volvió a sostener por el brazo

– Un segundo, niña, ¿tú quién eres? ¿Y cómo te atreves a hablarme de esa manera? Como se nota que no eres una dama – le dijo Jaime.

Esto último dicho por el hombre hizo que el ego de la loba fuese golpeado fuertemente. Ella se volvió a soltar del agarre de Jaime y le contestó

– Y como se nota que tú no eres ningún caballero. Ese uniforme tan bonito y reluciente no te hace honor, idiota – refunfuñó Alysanne. Esto hizo reír a Jaime. Ahora la chica lo había encantado aún más por ser tan desafiante y altanera. El hombre se preguntaba si la niña sabía quién era él.

– Permiso. – dijo ella – déjame pasar

– ¿Quién eres tú? ¿Quién te dio permiso de pasar al castillo de los Stark? – insistió Jaime.

Alysanne sonrió

– Me dio permiso mi padre, Eddard Stark, hace 14 años. – Alysanne contestó con orgullo

– ¿¡La hija de Lord Stark!? – preguntó Jaime visiblemente sorprendido. – No te creo niña, no te vi en el patio cuando llegamos. Y créeme, me hubiese acordado de ti, me estas mintiendo.

– Definitivamente, me importa un bledo lo que crea o lo que piense usted. – dijo secamente Alysanne. Lo echó a un lado y pasó finalmente las puertas del castillo. Dejando a un atónito Jaime Lannister.

"Ella debe de ser la hija mayor del Stark, Alysanne Stark" pensó, "Siete infiernos, esto no me puede estar pasando" se dijo el león Lannister.

Sin ánimos de ofender, Jaime por un momento pensó que esa chica era una puta de un burdel del norte. Jamás imagino que esa niña que lo había dejado sin habla, sin aliento, hechizado completamente, fuese nada más y nada menos la hija de Lord Stark, la persona que menos le agradaba de todo Poniente.

El Matarreyes, nunca había deseado estar con otra mujer que no fuese su hermana Cersie, nunca se había enredado ni siquiera con una puta de los mejores burdeles de Desembarco del Rey, pero él hubiese pagado todo el oro de Roca Casterly por pasar una noche con esa joven. En sus adentros, hubiese deseado que efectivamente la niña fuese una prostituta, y en ese mismísimo momento en que la tuvo tan cerca le hubiese ofrecido unas monedas de oro, o lo que ella pidiese, solamente para estar con ella, pero para su disgusto, no lo era.

Ella era la hija de Eddard y Catelyn Stark, Alysanne Stark, princesa de Invernalia.

Jaime iba a sus aposentos y pasó todo el camino maldiciéndose por tener esos pensamientos con esa niña, pero no lo pudo evitar, inclusive, por un momento sintió haberse puesto erecto cuando la tenía tan de cerca.

¿Qué demonios le estaba pasando? "Podría ser yo su padre... pero no lo eres, Jaime" pensó, "esta noche la volveré a ver" volvió a pensar, ahora si de verdad valía la pena ir a ese banquete que ofrecerían los Starks; "ella estará ahí, la volveré a ver" especuló con una sonrisa maliciosa en su rostro cuando entraba a su cuarto.