Muy buenas a tod s de nuevo, aquí os trigo un nuevo capítulo, espero que os esté gustando. Nada más que añadir, salvo que lo personajes no me pertenecen y que disfrutéis de la lectura. Saludos.
Capítulo 4
En el despacho más alto de la Torre del Hokage de Konoha, Tsunade Senju, la actual quinta Hokage, terminaba el último sorbo de su bebida aderezada con algo de sake, por supuesto, sin que su secretaria se enterase. Tenía en su pantalla los últimos resultados de las carreras de caballos de Suna, la aldea del desierto, famosas por su elevadas apuestas y aún más abultadas ganancias si tu caballo resultaba vencedor. Con un gesto torció la boca en señal de fastidio. Acababa de ganar una buena suma, gracias al caballo llamado "Abanico". Aquello no auguraba nada bueno.
Como si de una premonición se tratase, irrumpió en su despacho un ninja encargado de los mensajes aéreos. Se mostraba agitado e impaciente.
-Siento interrumpirla, -comenzó disculpándose. Por todos en la aldea era conocido el carácter de la Hokage fuerte e impulsivo y lo poco que le gustaban las interrupciones, herencia probablemente de su antepasado, el segundo Hokage, Tobirama Senju. –Hemos recibido un mensaje hace unos instantes, ni siquiera está cifrado, procede de una de las garitas de observación del sector este de la muralla de vigilancia.
-¿Sector este? Ahí no hay más que árboles, debe haber un error, -dijo Tsunade, sabía que los guardias que había allí ese día estaban cumpliendo un castigo por una pelea en un bar con otros dos ninjas. No podía tolerar esa clase de comportamientos entre los miembros a su cargo. –Si es una artimaña de esos dos para que les releve del lugar les suspenderé de sus empleos y se pasarán una buena temporada haciendo servicios comunitarios en el distrito tres. ¡Dame eso!
El ninja se aproximó al enorme escritorio que presidía a estancia frente a un ventanal enorme desde donde se apreciaban unas vistas magníficas de la villa. Le tendió el pequeño rollo de pergamino donde se encontraba el mensaje. Estaba escrito con caligrafía rápida y casi ininteligible, señal del estado de agitación de su escritor. Había varias manchas de tinta en algunas partes lo que indicaba premura, no habían escurrido lo suficiente el pincel antes de escribir. Quizá lo que allí estaba escrito sí fuese cierto y necesitase de su atención.
"Sector este. Muralla. Chakra enorme. Envíen refuerzos."
-Avisa a Kakashi, que vaya con varios del ANBU a investigar, -comenzó a hablar la Hokage. –Y que investiguen y reporten todo lo que vean lo antes posible. En caso de que sea un ataque de los de Akatsuki necesitaremos tiempo para evacuar a los civiles. Retírate.
Cuando el ninja cerró la puerta Tsunade dio un fuerte golpe en la mesa que hizo que ésta se resquebrajara en su superficie. Maldición, pensó, ahora tendría que encargar otra y aguantar el consiguiente reproche y sermón de su secretaria.
Pulsó el botón de comunicación con su secretaria y le indicó que fuese, tenía que dejar órdenes precisas en caso de ataque, pues ella entraría en batalla en primera línea si de defender su aldea se trataba, así como habían hecho sus predecesores sin pensarlo un segundo.
La secretaría entró en la estancia y lo que vio la hizo fruncir el ceño. La mesa estaba rota. Ahora sabía qué había sido el golpe que acaba de escuchar hacía un instante. Cuando se disponía a abrir la boca para quejarse del comportamiento de su jefa apreció la mirada de preocupación que ésta tenía.
-¿Alguna apuesta que fue demasiado bien? –Dijo para tratar de aliviar la tensión.
-Caballos. En Suna, -respondió esperando que su secretaria entendiera lo que quería decir aquella simple respuesta, no necesitaban demasiadas palabras para entenderse tras tantos años juntas.
-Debe de ser grave, entonces, -comentó sabiendo las enormes cantidades de dinero que se movían en Suna con esas competiciones.
-No imaginas cuánto. Ponte en contacto con el ANBU que estén preparados y a la espera de órdenes. Remite copias de este mensaje a todas las garitas de vigilancia, que estén alertas en todo el perímetro de la Villa. Luego convoca a todos los médicos ninjas y civiles que tengamos en el hospital. Y, finalmente, asegúrate de que los refugios para el resto de la población civil están abiertos y preparados para recibirlos en caso de necesitarlo.
Cuando terminó de dar las instrucciones la secretaria estaba con la boca abierta, definitivamente, eso prometía ser grave, la cantidad de dinero que su jefa y amiga había tenido que ganar debía ser enorme si le estaba pidiendo todo aquello.
Los minutos pasaban demasiado lentos para Tsunade. Estaba de espaldas a la puerta y contemplaba las vistas de la villa con las manos detrás de su espalda cuando la puerta se abrió sin siquiera llamar primero. Un ninja que reconoció inmediatamente del día anterior de la pelea en el bar apareció ante ella. Boqueaba en busca de aire. Debía venir corriendo desde hacía un buen rato pues daba estertores al tratar de respirar.
-Tsunade-sama, disculpe la interrupción, -dijo tras varias bocanadas de aire. –Vengo a informar de que el equipo del ANBU de Kakashi se presentó en nuestra posición. Parece que se toman aquello en serio ya que, a mi compañero y a mí, nos hicieron volver aquí.
-Bien hecho, aquí seréis más útiles, -dijo Tsunade parecía que sus sospechas de un ataque se iban confirmando. –Uníos al equipo de reclutamiento, ayudad a trasladar a los médicos civiles y ninjas al hospital. Buen trabajo.
Con un asentimiento de cabeza, el shinobi salió del despacho y se encaminó, junto con su compañero que le esperaba fuera, a realizar la tarea encomendada.
-Vamos, Kakashi, -se dijo para sí misma. –Necesito una confirmación para saber qué hacer a continuación.
Miró el enorme reloj labrado en madera de la pared y se preguntó cuántas horas de preocupación y tensión se habrían vivido en ese despacho del Hokage. Pensó en sus antepasados, el primer Hokage, Hashirama Senju, y su crisis con Madara Uchiha, el segundo, Tobirama Senju, su hermano, y la Guerra Ninja entre grandes naciones, el tercero, Hiruzen Sarutobi, y las guerras civiles entre clanes poderosos y, por último, el cuarto, Minato Namikaze, quien detuvo el ataque del Kyubi en su corto mandato. Ahora, ella sabía que su crisis era el ataque de la organización Akatsuki y su interés por los Jinchurikis y los Bijuus que éstos portaban, bestias de colas que podían causar la destrucción de toda una aldea con solo agitar una de esas colas.
Perdida en sus pensamientos no oyó la puerta abrirse de nuevo. Un carraspeo a su espalda la alertó. Se giró y quedó frente a un miembro del ANBU. También venía agitado de donde quisiera que viniese.
-Informe, -dijo seria y apretando los dientes temiendo las noticias que pudiera portar.
-El capitán quiere que le informe de lo que encontramos en el bosque, -comenzó el ANBU. –Nos dirigimos a la posición donde estaban los vigías. Y, tras rastrear la zona, el capitán encontró un cuerpo.
-¿Un cuerpo? –Preguntó confundida. -¡Explícate mejor! Tenía entendido que era un chakra enorme lo que se había detectado, ¿era portador de ese chakra?
-Era una joven, estaba herida, sangre por todas partes y, al parecer, muy débil, es poco probable que ese chakra que sintieron fuera el suyo, -dijo el ANBU. –El capitán me envió aquí primero para pedirle que preparara la sala en el hospital y que él llegaría junto con Yamato tan rápidos como pudieran.
-Vuelve al cuartel, no digas ni una palabra de lo que has visto, pero manteneos alerta por si se tratara de una trampa y tuviésemos que actuar.
El ANBU asintió, se inclinó a modo de respetuosa despedida y salió de la habitación. De nuevo sola, llamó a su secretaria quien se presentó al instante ante ella.
-Localiza a Sakura Haruno, envíamela al hospital, -dijo seria colgando su ropa de Hokage y luciendo un kimono ligero más propio para el entrenamiento y el combate cuerpo a cuerpo. Acto seguido, salió en dirección al hospital.
El ambiente en el hospital era de agitación, muchos médicos y resto del personal corrían de un lado a otro. No era la primera vez que estaban en un estado de máxima alerta por un posible caso de ataque contra la aldea. Las funciones y ocupaciones se dividían en categorías dentro de los diferentes grados de especialidad. La agenda de los quirófanos quedaba anulada y éstos se disponían con dotación completa. Las habitaciones se aprovechaban al máximo para dar alojamiento y cobertura a los heridos. Y allí estaba ella, Sakura Haruno, parada en la puerta contemplando a todos correr de un lado a otro en ese caos organizado donde cada uno sabía perfectamente su papel a desempeñar. Debía encontrar a su sensei y sabía dónde se encontraba. Se encaminó por los pasillos del hospital que conocía tan bien. Torció a derecha e izquierda en un par de cruces y bajó unas escaleras.
Estaba en un pequeño quirófano, más pequeño de lo que los otros solían ser, éste se usaba para miembros del ANBU que hacían incursiones peligrosas y que precisaban de cirugía experta y reparadora además de intervención inmediata y sin preguntas. Estaba apartado del bullicio de los pasillos y oculto de miradas indiscretas. Allí encontró Sakura a su sensei, Tsunade. Ya estaba preparada para la intervención con su pelo rubio recogido detrás de su cabeza y mirando fijamente una mesa con instrumental de lo más variopinto, pues no sabían a qué se enfrentarían cuando Kakashi viniese.
La interrupción de su alumna la sacó de sus cavilaciones, ese día le era fácil sumirse en sus propios pensamientos, la miró y le indicó que se preparara para ayudarla en caso de necesitarlo. Una de las obligaciones de un sensei es enseñar a sus alumnos a enfrentarse a la mayoría de las situaciones que se pudieran dar. Hoy, Sakura aprendería que, a veces, hay que enfrentarse a decisiones a ciegas y actuar con los ojos cerrados, pues no sabían absolutamente nada de la paciente que se les acercaba.
