Capitulo cuatro: Deducciones.
(Edward P.O.V.)
Rosalie había cortado trozos demasiado grandes de pastel, podría apostar que Emmett había tenido que ver con el tamaño descomunal de aquellos pedazos de biscocho cubiertos de crema. No pude librarme de la mirada inquisitiva de mi hermana cuando me vio llegar, nada más ni nada menos que con la cumpleañera, aquella chica de diecinueve años que ya me tenía a sus pies.
-Chicos, ya ha llegado la bella con la bestia- dijo Emmett bromeando.
-Deja en paz a mi hermano Emmett, es gruñón, es aburrido pero es mi hermano- le contesto Alice siguiéndole su broma.
-Gracias hermana por tu gran argumento en mi defensa-dije simulando un enfado.
Rosalie nos acercó a Bella y a mí un trozo de pastel, yo le di de inmediato una probada al mío, era de crema de chocolate y estaba riquísimo; voltee a ver a Bella, ella miraba su pastel como si contuviera cianuro. Si todos estaban de broma, yo también bromearía.
-Así que eres una de esas típicas bailarinas anoréxicas- dije con los dientes llenos de chocolate.
-No es eso- dijo ella jugando a quitar la crema con un tenedor y a ponerla en otro lugar del pastel.
-¿Entonces eres bulímica?- le pregunte tratando de reprimir una risa. Ella no respondió, solo se limitó a seguir jugando con la crema y el tenedor.
-Ah, ya sé, no quieres manchar tu vestido nuevo por accidente, porque a juzgar por tu hermosa sonrisa no creo que seas una chica que destruye su dentadura con ácidos estomacales- dije temiendo que mi juego se me hubiera escapado de las manos. Definitivamente se había vuelto en una broma pesada, a esa chica le pasaba algo y yo lo averiguaría.
-Alice, iré a quitarme el vestido, no quiero ensuciarlo- dijo a mi hermana para luego salir por la puerta.
-Jasper, ¿dónde está el baño?- le pregunté al rubio del grupo.
-Hay uno arriba y uno en el piso de abajo- dijo Jasper volviendo a una discusión amistosa con mi hermana sobre que sombrero de animales era el más ridículo.
Necesitaba pedirle una disculpa, decirle que solo estaba bromeando y que no era mi intención ofenderla. Subí las escaleras a grandes zancadas y cuando llegué alcancé a ver un pedazo de esa tela vaporosa deslizarse a través de la puerta de la sala de ensayos.
Miré por el cerrojo, no quería arriesgarme a que me sorprendiera mirándola nuevamente y luego pensara que era un pervertido. Ahí estaba ella, con una mano apoyada a la barra de metal que estaba pegada a la pared de espejos. Estaba tratando de ponerse en puntas de pies, ¿acaso esta chica era una masoquista?, ¿o se le habían olvidado las cicatrices en sus pies que ella misma había vendado?
Vi como perdió el equilibrio y cayó casi golpeándose la cabeza, en ese momento no me importó que pensara si era un mirón pervertido o algo parecido, entré a la sala a levantarla nuevamente; creí que la encontraría quejándose ante tal caída pero sin embargo ella reía a carcajadas.
-Fui tan tonta- dijo mientras trataba de calmar sus risotadas.
La agarré de los codos para ponerla de pie pero al parecer mi cara de desconcierto y su nueva emergente risa la hizo volver a caer pero esta vez en mis brazos.
-¿Se puede saber de qué te ríes?- pregunté molesto.
-Nuca se debe bailar con zapatillas nuevas, simplemente olvidé esa regla y… me caí- dijo desatando una de sus zapatillas para poder ponerse de pie.
-¿Y tú qué haces aquí?- preguntó quitándose la otra zapatilla y buscando con su mano la barra de metal para poder ponerse de pie.
-Nada- dije resignado. Definitivamente esta chica va a volverme loco.
Fingí ir al baño, puse un poco de agua sobre mi cuello y sobre mi cabello para calmar el frenesí de emociones que me produjo tener contacto con la suave piel de la muchacha. Me apresuré para bajar antes que ella y evitar así la mirada escrutiñadora de mi pequeña hermana.
Nadie me sacaba de la cabeza que a ella le pasaba algo, se tardó mucho en bajar, tanto que Emmett no pudo resistirse ante el trozo de pastel de Bella y se lo comió de dos grandes bocados. Aunque no lo quisiera, necesitaba estar lejos de ella, lo más lejos posible para poder borrar de mi mente el singular aroma dulce de su perfume y la textura aterciopelada de su piel.
Pero nada sucedía como quería, ella finalmente apareció tras la puerta vistiendo sus Converse, sus jeans gastados, su blusa blanca de tirantes y su sweater largo abierto. Todos nos encontrábamos limpiando el desastre de globos y confeti que habíamos dejado en la sala de canto y para mi mala suerte ella se ofrecía a ayudarme. –Es tu cumpleaños- le dije mientras terminaba de barrer los globos desinflados que estaban en el suelo. Ella era demasiado irreal para mí, no resistiría tenerla cerca, no podía…
-El que sea mi cumpleaños no me convierte en una inútil- me dijo retirando unos cuantos globos que los chicos habían pegado a la pared con cinta adhesiva.
-Bella tengo una idea genial- chilló Alice desde el otro extremo de la sala dejando a Jasper ordenando solo la serie de sombreros ridículos.
-¿Y cuál es la brillante idea?- preguntó Bella alejándose por fin de mi lado. No me entendía a mí mismo, me dolía tenerla cerca así como me dolía tenerla lejos.
-Tu padre esta de pesca en La Push, ¿cierto?- dijo Alice haciendo que Bella asintiera con la cabeza.
-Estaba pensando que quizás podrías pasarte por mi casa, mi mamá se siente un poco sola cuando mi papá tiene que hacer turnos largos en el hospital, además así no estarás sola en tu casa en tu cumpleaños- dijo Alice entusiasta.
-Pero no he hablado con Charlie sobre esto- le respondió Bella.
-No te preocupes por eso, yo lo hablé con él ayer y te dio permiso para pasar la noche en mi casa- chilló Alice emocionada.
- ¿y dónde voy a dormir?- pregunto Bella con la esperanza de que mi hermana desistiera de su loca idea.
-Pues ahora que está Edward en casa no puedes dormir en su cuarto como las otras veces, pero no te preocupes, mi cuarto es amplio, podemos compartirlo- dijo Alice con tranquilidad.
Muchas cosas cobraron sentido para mí al escuchar la conversación que mi hermana tenia con aquella muchacha de mirada cautivadora. La primera noche que pasé en mi casa cuando llegué casi no pude dormir queriendo respirar el dulce aroma que había en mi almohada, al principio pensé que mi madre debió haber puesto algún tipo de perfume para la ropa, pero ahora mi hipótesis acerca de la misteriosa aparición del aroma a "frutos rojos" estaba desechada; ella debió dormir en mi cuarto solo unos días antes de mi llegada, dejando su dulcísima esencia impregnada en la ropa de mi cama.
-Por favor Bella, di que si, ¿lo harás?- preguntó Alice haciendo un puchero.
Bella dio un suspiro resignada. –Está bien- dijo haciendo que mi hermana diera pequeños saltitos hacia Jasper para ayudarlo a guardar en un armario la pila de sombreros con formas de animales.
Nos retiramos de la academia para dirigirnos hacia mi casa, no sin antes hacer una pequeña escala en la casa de Bella para que ella recogiera algunas cosas antes de ir a la mía. Insistí en esperar en el Volvo, si con quince minutos que estuvo en mi coche lo inundó con su delicado aroma no quería imaginarme como olía su casa, en la cual pasaba la mayor parte del tiempo, no quería hacerme muchas ilusiones con esa chica, aunque pudiera ser algo más que su amigo ella se iría de todos modos, eso no era algo prudente, ¿pero desde cuando yo era un chico prudente?
En menos de cinco minutos mi hermana y su encantadora amiga estaban de vuelta en mi coche, me limité a sintonizar una estación de radio en la que estuvieran tocando algo de música clásica, encontré una en la que sonaba "Claro de luna".
-¿Te acuerdas cuando bailamos esa el año pasado?- le preguntó Alice refiriéndose a la canción de Debussy que sonaba en la radio.
-Claro que me acuerdo, Tommy estaba tocando el piano, recuerdo que se puso nervioso y se equivocó en el final- dijo Bella sonriendo. No pude evitar echarle una mirada por el espejo retrovisor, esta chica se estaba convirtiendo en mi perdición.
-Ah sí, Tommy, ¿ahora está tocando Cello?- preguntó Alice distraídamente.
-Creo que finalmente encontró su instrumento adecuado, a menudo me pide que suba su Cello hasta su sala de clases- dijo Bella echándole una mirada al espejo y atrapándome mirándola. Me decidí a no verla pase lo que pase, a mantener la vista fija en el camino.
-Me da risa, un muchacho tan pequeño tocando un instrumento tan grande, ¿Cuántos años tiene?, ¿ocho?- comento Alice para luego largarse a reír.
-Tiene diez- la corrigió Bella.
-Bueno, lo que sea, que bueno que por fin está feliz, en lo que a mí respecta creo que solo bailaré hasta fin de año, soy tan pésima que no sé porque aun la vieja Svetlana no me ha echado- Comentó Alice.
-No eres pésima Alice, lo que sucede es que no practicas lo suficiente- le dijo Bella.
-No es eso Bella, para ti el Ballet es tu vida, para mi es solo un pasatiempo. Quizás por eso mis padres me dejaron quedarme aquí después de todo, de haber sido enserio me habrían mandado a algún internado para niñas ricachonas y mimadas lejos de Forks- expuso Alice.
Había sacado muchas deducciones el día de hoy, la primera era que Bella era una chica única y hermosa, poseedora de una poderosa esencia que me traía loco y que además me gustaba. La segunda era el porqué de la decisión de mis padres para mandarme a Nueva York y la tercera; ya sabía cómo lograr mi sueño sin ocultárselo a mis padres.
Estaba decidido, apenas llegáramos lo hablaría con mi madre, haciéndolo parecer como un simple pasatiempo, como algo que hacer mientras estaba en este pueblo, como algo que hacer mientras decidía a que universidad irme a estudiar. El problema vendría después, cuando ya no fuera un pasatiempo, cuando el piano fuera mi vida así como el Ballet lo es para Bella.
Debería ser cuidadoso y convincente, ya me había ganado un viaje lejos de casa antes por desear con toda mi alma vivir de la música, ahora debería fingir total despreocupación, fingir aburrimiento y ver en el piano solo una vía de entretención, quizás el tener a Bella en casa me simplificaría las cosas, o quizás no.
