Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Disculpen, estoy re apurada, después les explico que anduve haciendo ja. Espero les guste el capítulo, bye!
Disclaimer: Los personajes son de Isayama Hajime, la historia es original mía.
Advertencias: lenguaje vulgar, palabras altisonantes, jerga carcelaria: ojo, hice una mezcla de investigaciones de cárceles de varios países latinos y tal vez inventé algo, es simplemente para hacerlo entrar en clima, enjoy.
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"Cuando hablas, procura que tus palabras sean mejores que el silencio".
Proverbio indio
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No estaba nervioso. No. Dijo que no.
Se le cayó la tiza por segunda vez mientras intentaba escribir sobre la mezcla de colores en el pizarrón, estaba tratando de aparentar tranquilidad pero le estaba costando.
—Muy bien, allí tienen las combinaciones. Recuerden probar primero con pequeñas porciones de mezcla y luego ir incrementando para lograr la graduación adecuada de los mismos, si tienen dudas pregunten primero ¿Qué les parece? ¿Se sienten listos?
Eren evitaba a toda costa cruzar miradas con Levi y el recluso parecía entender su estado, así que muy callado se dedicó a pintar su escultura, sin molestar a nadie, mirar a su profesor o provocar disturbios, y el docente agradecía internamente por ello.
—Zacarías, no cargues tanto el pincel, por eso es que chorrea. Mira –le explicaba Eren mientras le mostraba la forma correcta, pero cuando giró golpeó el banco de Levi haciendo que se volcara el pequeño vaso con agua que tenía allí encima de su pantalón.
El profesor se puso pálido.
—Lo s-siento, lo si-siento –dijo mientras intentaba levantar el vaso y sacaba un pañuelo del bolsillo de su pantalón.
—Ya, ya, está bien, los accidentes pasan –fue lo único que dijo Levi mientras se ponía de pie y tomaba el vaso volcado para ir a buscar más agua.
—Miren nada más, parece ser que al fin alguien lo pudo domar, ¿eh, profe? –largó Mateo moviendo las cejas arriba y abajo varias veces.
—Realmente admito que nunca había visto a Levi interesado en algo como en el arte, es una buena influencia para él –le susurró Reiner, pero luego todos se quedaron callados cuando Levi regresó.
Dejaron sus trabajos secándose en la repisa. Eren felicitó a un par que habían demostrado una habilidad grande para hacerles diseños bonitos a sus jarrones. Luego miró el ángel que había terminado Levi, lo había pulido y lo había pintado en unos bonitos colores pasteles. Tragando en seco se giró y le dijo con la mayor naturalidad posible que era un hermoso trabajo. El hombre solo cabeceó en respuesta y se fue junto al resto.
Eren suspiró y se sentó sobre su escritorio. Tenía muchas cosas dando vueltas dentro de él. Si, bueno, tal vez había fantaseado un poco sobre algún tipo de relación con Levi, pero una cosa eran las creaciones de su mente y otra muy diferente que el tipo le cayera a su departamento dándole un susto de muerte en medio de la noche como un ninja.
Miró los trabajos, estaban bastante bien, los chicos parecían estar muy entusiasmados. Pero ya no estaba tan seguro de seguir adelante con las clases. Eren era muy tranquilo, pacífico, nunca se había metido en demasiados problemas, tal vez unos cuantos de joven, lo normal, pero vivir con el Jesús en la boca no estaba en sus planes. Lo peor de todo es que Levi sabía su dirección y ni siquiera necesitaba atravesar la entrada para hacerse con su hogar.
Una vez en su auto se miró por el espejo retrovisor y frunció las cejas. Tenía que tomar al toro por las astas. Iría a visitar a Levi y le pondría los puntos sobre las ies. Y de última si lo amenazaba o algo le pondría una denuncia, listo.
El martes estuvo en la fila esperando su turno para ingresar, mientras más cerca estaba de su objetivo más temblaba por dentro. Pero no iba a permitir que una persona hiciera que toda su tranquilidad y estabilidad colapsaran, no señor. Si Levi se había confundido, allá él, y si quería que le devolviera el dinero y esas cosas que le había comprado demás, con gusto lo haría. No le demostraría ni una pizca de temor, claro que no.
Estaba sentado con la espalda muy recta en el patio de visitas, Christofer lo saludó al pasar cerca y también Estéfano. Esta vez Levi demoró un poco más, pero lo vio aparecer con una bolsa en las manos. Traía el cabello peinado hacia atrás dejándole ver su pálido y hermoso rostro. "Hermoso y extremadamente peligroso", se recordó. Notó un tatuaje bastante grande sobre su cuello, una especie de sirena con afilados colmillos. Ciertamente no había reparado antes en los agresivos tatuajes que tenía el recluso desperdigados por doquier.
—Hola –saludó secamente el hombre, mientras ponía la bolsa negra que traía sobre la mesa—. Aquí están tus cosas, la prenda está limpia, fueron bastante útiles.
—Ho-hola –saludó Eren, grandioso ya había empezado tartamudeando. Tomó la bolsa y le sostuvo la mirada.
Levi enarcó una ceja, parecía un poco cansado a decir por las ojeras que le adornaban los ojos.
—¿Tu herida está bien? –soltó Eren, olvidándose por un momento de lo principal.
—Sí, normal, ya no dará problemas.
—Oh, qué bueno.
—¿A qué viniste? –preguntó Levi directo y con su habitual apatía.
—Bien, quería hablar contigo respecto a lo que pasó, ya sabes... en mi departamento –explicó bajando la voz y asegurándose que nadie más escuchara.
—Ya veo, ¿te quedaste con ganas de más?
—¿Qué? –la respuesta desconcertó a Eren que lo miró extrañado. Levi refregó su lengua por el frente de sus dientes, ¿qué manía era esa? Ya lo había visto haciendo eso un par de veces, ¿y por qué estaba pensando en un detalle tan insignificante ahora?
—Sé que fue un poco sorpresivo, pero podría ir a visitarte de nuevo –soltó muy fresco con la voz enronquecida y una mueca de satisfacción en el rostro.
—No, no, no nos estamos entendiendo –habló el docente, esta vez muy serio, Levi cruzó sus brazos y lo miró con indiferencia—. No quiero más visitas, nada de treparse por mi balcón, o a-abrir el seguro de las mamparas de mi balcón –Eren susurraba pero estaba un poco alterado—. No te tomes atribuciones que no son. Mira, te agradezco que me hayas ayudado a recuperar mis cosas, pero eso no te da derecho a irrumpir en mi casa de esa manera. Me diste un susto de muerte y eso no está bien, es invasión de propiedad privada. Es un delito.
—OK, Eren, ya que quieres dejar las cosas claras lo vamos a hacer –Eren abrazó la mochila que tenía sobre el regazo al observar como la mirada de Levi cambiaba a una completamente diferente y amenazadora—. En primer lugar fui por un poco de ayuda porque tenía un agujero en el abdomen, ¿OK? No es como si hubiera estado desesperado por verte, y por otra parte tú me tiras unas miradas bastante ardientes durante las clases ¿Yo entendí mal o estamos en la misma frecuencia?
El docente balbuceó un poco, moviendo sus ojos, nervioso y tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—No exageres –fue lo único que atinó a decir.
—Entonces, ¿admites que me echas unas miraditas no muy sanas?
—No, no fue así. Eres, bueno tienes lo tuyo, pero eso no te da derecho a meterte en propiedad ajena. Ante todo soy solo un docente que viene a enseñar lo que sabe y ya. Creo que nunca te di la confianza suficiente para que te tomaras esas concesiones.
—Entiendo –dijo volviendo a pasar la lengua por el frente de sus dientes—. Quedó todo muy claro.
—Si quieres, bueno, si te parece te puedo devolver el dinero que me mandaste junto con mis cosas, y aquellas cosas que estaban demás. No quiero malos entendidos –explicó con mayor tranquilidad.
—No, no hace falta, ya entendí. No te daré más problemas, Eren –Se puso de pie y se comenzó a alejar.
—Es-espera –Trató de detenerlo Eren poniéndose de pie también.
—¿Ahora qué? –respondió de mala gana con las manos en los bolsillos.
—¿Seguirás asistiendo a las clases, no? Solo vine para aclarar un malentendido personal, pero no mezclemos las cosas, tienes un gran talento y lo sabes.
—No, no volveré.
—Levi... —soltó Eren desilusionado.
—¿Acaso crees que la vida irá de acuerdo a sus caprichos, profesor? –el hombre no estaba siendo nada agradable, Eren se tensó al escucharlo—. Bueno, no es así. Y solo para que sepas, no me interesa el arte, era solo un pasatiempo, no viviré de ello, tú y yo lo sabemos, yo sé dónde están mis talentos —Estaba por marcharse, pero hizo dos pasos y regresó para soltarle una frase más con bastante molestia—. Y te podrías haber ahorrado toda tu lástima y evitabas venir a esta pocilga a festejar mi cumpleaños, Madre Teresa, yo no necesito que hagan caridad conmigo.
—Le... —Eren suspiró y se sentó un momento sintiéndose fatal.
Una vez en su auto, alejado de todo el tumulto, apoyó la frente sobre el volante. Definitivamente no había salido como esperaba. Bueno, no era su culpa tampoco, Levi siempre reaccionaba de mala manera. Caray, si solo buscaba ayudarlo un poco y ponerle un freno a eso de meterse en su casa como un ladrón. "Es un ladrón, duh", le recordó su mente, bueno ese no era el punto. Tal vez se le pasara y volviera a las clases, trató de alentarse. Miró la pantalla de su celular donde un cuadro de Leonardo da Vinci aparecía. No había otra forma de comunicarse de otro modo con Levi ¿Tendría celular? Sabía de algunos presos a los que les dejaban tener esos aparatos.
Suspiró de nuevo, no era su culpa, el otro era una persona adulta, que se hiciera cargo de sus actos.
En el penal Levi andaba con un humor de los mil infiernos. Los pocos que se habían atrevido a molestarlo habían quedado malheridos. El último internado en la enfermería, de manera que lo habían mandado a la celda de castigo, o como era mejor conocida en el penal "el buzón".
Apenas salió lo llevaron a la sala con los guardias porque tenía una llamada importante. Antes de atender ya sabía de qué se trataba.
—Levi —esa voz carrasposa imposible de olvidar—. Escuché que estás haciendo demasiado ruido —el reo solo suspiró despacio—. ¿Qué tan idiota eres? Estoy pagando un abogado bastante caro para que saque tu culo de esa pocilga del infierno, y a ti se te ocurre hacerte el bravo, menudo imbécil. Vas a arruinarlo todo, ¿no estabas buscando una *astilla? Estoy trabajando en eso, y tú lo único que debes hacer es simplemente dejar de portarte como un pendejo. Equivócate otra vez y *te suelto la mano, ¿entendido?
—Sí.
La llamada terminó y lo llevaron a su celda. Después de cuatro días en un cuarto de dos por dos, con una rendija en el suelo adonde iban los orines y deshechos similares, con un respiradero casi inútil en el techo, calores de día que superaban los 40 grados y fríos nocturnos de cinco grados centígrados, eso sin contar la incomodidad de no tener ni siquiera una manta donde tirarse, ni un pedazo de cartón, uno podía perder la cordura fácilmente.
—Hueles a mierda —fue la bienvenida que recibió de Reiner—. Y te ves un poco flaco, toma —le dijo ofreciéndole un bollo de pan dentro de una bolsa, pero Levi no lo aceptó, ni siquiera le contestó, simplemente se subió a la cama y se tiró en su litera.
El rubio decidió que no le diría más nada, lo conocía, era mejor no molestarlo. Le había tocado una vez ir al buzón, por una tonta pelea con otro interno que le quiso clavar un tenedor en el brazo por escupirle la comida. Solo había estado un solo día, y había sido una pesadilla. Era la primera vez que veía que lo mandaban a Levi, no sabía si su compañero de celda tendría experiencia previa, pero entendía que le llevaría unos días componerse.
Se alistó para su clase de arte, era obvio que Levi no participaría.
Esta vez la clase era sobre "composiciones". Eren trajo unas hojas blancas gruesas, les facilitó un folio a cada uno con varios papeles de colores de diversa textura y tamaño para que hicieran sus creaciones, les dio pegamento en barra y unas tijeras de plástico. Les puso reguetón, que a la mayoría le gustaba, y estuvieron muy entretenidos con eso.
Eren se acercó a su pupitre y se sentó a su lado un momento.
—Te está quedando genial, pero fíjate, elegiste todas las texturas planas, podrías usar un entramado que corte con el resto, ¿no te parece? Y además son todos colores cálidos, intenta con algunos fríos, no estoy diciendo que esté mal, solo que podrías variarlo un poco.
—Ah sí, puede ser.
—¿Levi está bien? —preguntó en un susurro, Reiner lo miró y sonrió, pero le contestó de la misma manera.
—No, lo metieron al buzón, cuatro días, es mucho, pero bueno pasa que se metió en problemas, le sacó dos dientes a un *rana.
—¿Eh?
—Quiero decir que lo mandaron a... a una celda de castigo, al buzón, es una verdadera mierda. Es pequeño, húmedo, huele a cloaca todo el maldito tiempo, y el techo es de chapa, así que de día es como un puto sauna. Se la pasa mal, yo apenas aguanté un día, así que Levi la pasó muy mal. Pero no digas que yo te lo conté, ¿no?
—No te preocupes, gracias por avisarme. Y... ¿se puede saber qué hizo para merecer eso?
—Le partió la cara a un rana, así le decimos a los presos nuevos. Pasa que el chico estaba *pitufeando donde no le correspondía.
—¿Pitufeando?
—Era del otro pabellón y vino a husmear, era obvio que lo iban a verdulear un poco —Antes de que Eren preguntara Reiner le explicó—. Verdulear, ya sabe enseñarle una lección.
—Tranquilo Reiner —le dijo Jason desde el otro extremo del salón y el resto se quedó callado—. No le robes el novio al *capo porque te va a hacer sushi —luego se rió y todos lo siguieron.
—¿Qué pasa, bro? —devolvió el rubio—. ¿Estás celoso?
Más silbidos y gritos llenaron el recinto y Eren se puso de pie al fin para frenar el alboroto. Luego de eso la clase siguió más o menos normal. Eren le pidió a Reiner que se quedara a ayudar al final y le dio una bolsa con materiales para que le llevara a Levi.
Pero el más bajo le tiró las cosas al piso cuando se las quiso entregar.
—Piérdetelas en el culo —le ordenó y se metió entre las cobijas de su cama, al menos se había podido bañar apropiadamente.
—No te pases, bro. Somos familia aquí, ¿me preocupas, sabes? Y por cierto, no soy el único preocupado, el profesor vino a hacerme preguntas sobre como estabas.
—No quiero que le digas absolutamente nada a ese marica, que se joda.
Reiner decidió no molestarlo, y guardó la bolsa con cosas para la composición. Notó que aunque parecía molesto no había tirado el muñeco que Eren le había regalado, de hecho veía un pie del mismo debajo de su almohada.
Pasaron un par de días hasta que Levi volvió a hablar de nuevo, al menos con él. Parecía más tranquilo, no volvió a meterse en ningún otro enfrentamiento. Se lo podía encontrar leyendo, vaya uno a saber qué cosas (a Reiner no le interesaban los libros), pero notaba que salía menos de la celda, supuso que era para evitarse problemas.
Cierta tarde que estaba limpiando la celda (Levi lo había amenazado) encontró que había utilizado los elementos que le había dado el sábado anterior, estaba haciendo una especie de dibujo con retazos, tenía como formas geométricas. Oh, ahora que lo notaba era un rostro, estaba a medio terminar, pero era notable que "esta persona" que estaba haciendo tenía los ojos verdes.
—Como caíste pajarito —soltó por lo bajo, y luego continuó con la limpieza.
Los días pasaron como siempre en ese lugar, aburridos, largos, una mierda. Reiner estaba tomando una infusión junto con Mateo y Jason, Levi no participaba, estaba garabateando un cuaderno viejo que solía tener siempre consigo. Estaban haciendo una *ranchada, compartiendo botines de la última visita familiar. Mateo siempre traía unos budines secos que eran horribles, pero con el tiempo se habían acostumbrado. Jason había conseguido dos latitas de picadillo y Reiner siempre tenía bollos de pan que había cortado en lonjas para ponerles el picadillo.
Levi había aceptado una taza y había colaborado con unos caramelos que nadie sabía de donde había sacado. Mateo quiso joderlo con que eran del profesor, pero luego de ver la mirada de muerte que le dio el más bajo se llamó a silencio.
Estaban jugando a las cartas con un mazo que ellos mismos habían confeccionado el mes anterior. Buena parte del tiempo ahí adentro se dedicaban a eso, a jugar, apostarte idioteces, chusmear sobre todas las novedades que tuvieran y los nuevos planes cuando salieran.
—Hey, Pálido —sintieron la voz de Steven, un recluso del pabellón que era un *drone, es decir que trabajaba para el mandamás de ese sector, un hombre viejo de gran papada al que apodaban "Papilo"—. Dice el *rati de la segunda que te requieren en secretaría, no demores.
Levi cabeceó en respuesta, dejó su cuaderno a un costado y salió de la celda, siempre con los tres pares de ojos de sus compañeros en la nuca.
—Esos hijos de puta —largó Jason bajito mientras tomaba un sorbo de su taza, un poco lavado porque había que hacer economía, así que metían un solo saquito de té en la tetera y lo dejaban reposar un rato, de esa manera les rendía para tres o cuatro tazas.
—Bueno, pero también tiene su beneficio —habló Mateo.
—Ni tanto —dijo Reiner—, la última vez vino con la barriga agujereada, ya viste. No siempre salen las cosas bien, particularmente yo no me metería en eso Pero Levi dice que no soporta estar enjaulado como un perro, además a veces trae una que otra cosa buena.
—Ah, cierto, eso me hizo acordar que me dijiste que ibas a prestarme ese librito del amor —recordó Mateo emocionado, Reiner rodó sus ojos, pero al fin fue detrás del inodoro y sacó una bolsa de plástico bien enrollada que tenía ahí.
Ese era su escondite para las revistas porno. Igual hacía un buen rato que los *ratis no los molestaban, por los trabajos que hacía su compañero de celda y porque su tío lo había acomodado en una celda con *todo pago. Reiner no era idiota, lo jodía bastante el carácter podrido del más bajo, pero cerca de él tenía comodidades que con seguridad no podría conseguir por sus propios medios. Y bueno, ya con el tiempo se habían ido amoldando.
Le alcanzó una de las viejas a Mateo, y le habló con seriedad.
—No la andes ensuciando, ten mucho cuidado porque si algo le pasa te voy a hacer limpiar el inodoro con tu lengua, y sabes que no estoy bromeando.
—Sí, sí, no te preocupes, la voy a cuidar mejor que mi culo, lo juro.
—Eso no es ninguna garantía —bromeó Jason y Mateo se puso rojo.
—Cállate, yo no soy un puto, como tú.
—Más respeto con tus mayores, pendejo —amonestó Reiner, mientras Jason le apretaba la nuca haciéndole ver estrellitas—. Recién te recibiste de rana y te las das de muy macho, cuando se te despierta el gusano cualquier agujero sirve, aquí ninguno es puto, son necesidades y nada más.
—Bueno, Levi es puto —reflexionó Jason—, o eso escuché, pero no lo vi con nadie de la *tumba, ¿te lo guardas para ti, Rei?
—Dejemos el tema, en serio —pidió el rubio—. Él y yo no tenemos esa clase de relación, no quiero bromas al respecto.
Justo entonces entró Levi para volver a su litera con su cuaderno. Tenía un encargo para la noche, había un depósito de una línea de autobuses que iba a quedar sin guardia entre las dos y las tres de la mañana. Había un depósito con algunos aparatos interesantes y tal vez algunas recaudaciones, tenía que buscar algunas cosas y *soltarlas con sus contactos. Guido, el policía que lo contactaba la mayor parte de las veces le había dicho que si salía todo bien lo iban a dejar tener un celular, siempre que no fuera demasiado escandaloso.
El atraco fue un éxito. Levi era ágil, silencioso, y muy intuitivo. Sacó más de lo que ellos habían pedido, así que se guardó algunos billetes, además aprovechó para conseguir cigarrillos y dos petacas de licores, suficiente para celebrar. Se había raspado un poco la espalda y se había hecho un pequeño corte en la mano cuando rompió el vidrio de la ventana del depósito, pero en líneas generales la había sacado barata.
—¿Qué pasa? ¿No vas a venir hoy tampoco? —preguntó Reiner mientras se vestía antes de ir a la clase de arte. Levi no respondió—. ¿No me vas a contar lo que pasó al menos?
—No te metas.
—El otro día el profe dijo que sino ibas te venía a buscar.
Levi lo miró algo sorprendido ya que al fin había logrado captar su atención, pero al notar la sonrisa burlona del rubio, rodó los ojos y volvió a su cuaderno.
—Siempre *tiras la toalla antes de tiempo, bro. Sabemos, todos sabemos, que le gustas al niño bonito, pero hacerte con ese platillo puede llevarte un poco de tiempo, no seas tan orgulloso. Eres meticuloso para algunos trabajos, ¿por qué no lo intentas?
—Dile al niño bonito que se vaya a dar por culo, y que si viene a buscarme me lo follaré en seco.
Reiner largó una risotada y luego sacudió la cabeza.
—No soy ninguna paloma mensajera, si quieres decirle algo hazlo tú.
Eren notó su ausencia una vez más. No debería sentirse culpable por ello, no había hecho nada malo, ni nada incorrecto, si hasta había tratado de ser gentil y todo. Pero ahí estaba, esa veta de culpa que lo había hecho suspirar un par de veces. Bueno entonces, ¿qué podía hacer?
Se acercó a Reiner y le consultó si es que existía alguna manera de comunicarse con Levi que no implicara una visita al penal.
—Mmm, que yo sepa no tiene celular, al menos yo no le vi ninguno. Bueno, ya sabe, eso no está permitido —le explicó a la vez que le guiñaba un ojo—. Pero si me deja su número yo se lo doy, a lo mejor lo llama alguna vez, quien sabe.
Eren lo pensó algunos minutos, pero al final de la clase le pasó un pequeño papel doblado con el número disimuladamente. Reiner estaba emocionado con los nuevos acontecimientos, esto era un verdadero culebrón, y entre tanta parsimonia carcelaria al menos le sumaba un poco de adrenalina al día a día.
—¿Sabes? Es una lástima que me hayas pedido que no te contara nada del niño bonito —le dijo a su compañero de celda mientras ejercitaban con unas pesas viejas en el fondo del patio, asegurándose que nadie más escuchara—. Te morirías si supieras lo que me ha pedido.
—¿Qué es? —preguntó apáticamente, pero Reiner sabía que solo era una fachada.
—¿No fuiste tú el que me dijo que no me metiera? Yo trato de no hacerlo, pero el profe parece bastante desesperado.
—Suéltalo de una vez, idiota —le dijo sin nada de paciencia mientras soltaba las pesas y se le acercaba amenazadoramente.
—Hey, tranquilo, tranquilo, yo no tengo nada que ver en estos vericuetos. Me dio su número de celular y me dijo que si podías que te pusieras en contacto, eso fue todo, lo juro —explicó levantando ambas manos en total rendición.
—Dámelo.
—Lo tengo en la celda, lo escondí. Te lo daré por una caja de cigarros.
Reiner casi se caga encima cuando Levi afiló su mirada, pero luego pudo respirar aliviado al escuchar su respuesta.
—No jodas conmigo, imbécil. Te la daré cuando vayamos a la celda, y más vale que no sea una de tus tretas, porque en cuando no sea el celular del otro idiota te daré una paliza.
Una vez que se ducharon y retornaron, siempre antes de las nueve que era el toque de queda, el rubio cumplió con su parte. Levi tomó el papel y prendió el celular que había robado, afortunadamente no estaba en banda negativa, pero el maldito chip que había logrado que le consiguieran tenía muy poco saldo, por lo que trató de ser breve.
"Hola. Ya sabes quien soy. No mandes whatsapp, no tengo crédito. Qué quieres?"
Esperó apenas un cuarto de hora cuando recibió el mensaje en respuesta.
"Hola, creo que necesitamos hablar. Quisiera que reconsideraras volver a las clases".
"¿Así que quieres hablar, mmm?", se dijo a sí mismo y se regodeó un poco en su orgullo. Lo pensó bien y entonces mandó un nuevo mensaje.
"No aquí, no se puede. Iré a verte, o no cambiaré de opinión".
Eren tragó en seco al ver el pedido. Se sentó un momento mientras su corazón se aceleraba ¿Iba a permitirlo? ¿Qué volviera a su departamento? Bueno, solo era para hablar, ¡pero era un delincuente! Ante todo pronóstico la curiosidad le ganó a la cordura.
"Solo para hablar, y no por el balcón. Cuando vendrías? No quiero sorpresas".
Levi sonrió ampliamente, el cachorro estaba cayendo, vaya que sí.
"No lo sé, cuando vaya a trabajar. No hay una agenda, cariño, esto es así. Y sí, va a ser por afuera, porque dentro está lleno de lentes, no es capricho".
Le costó entender el mensaje, pero parecía que Levi le decía que no podía ingresar al edificio por la puerta principal por las cámaras, ni modo tendría que soportar esas visitas del Spider-man, aunque en este caso era un villano, ¿porque Levi era un villano, verdad?
"Ok, toca antes de entrar al menos".
Se tiró de espaldas sobre su sillón suspirando acongojado, ¿cómo era que se metía en estos problemas? Levi le respondió.
"Sí, cariño. Nos vemos pronto".
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By Luna de Acero.
Glosario:
*Buzón: celda de castigo.
*Astilla: Parte del botín de un atraco.
*Soltar la mano: No darle más protección o sustento.
*Rana: Preso nuevo.
*Pitufear: ir de un pabellón a otro sin permiso de los guardias.
*Drone: preso que trabaja para el líder del pabellón o uno de los líderes.
*Rati: Policía, también se les dice cana, cobani.
*Todo Pago: cuando un preso ciertos beneficios en su celda porque lo protegen de afuera.
*Verdulear: Pegarle, maltratarlo.
*Capo: Jefe del pabellón.
*Tumba: Cárcel.
*Soltarlas con sus contactos: Se refiere a venderlas, hacerlas dinero.
*Tirar la toalla: Darse por vencido.
