4

i.

Ese día recibirían los resultados de las pruebas físicas y psicológicas, aquellas por las que tanto se habían preparado. Superar el corte significaba pasar a la segunda fase del entrenamiento, la prueba definitiva para entrar a la división militar de SOLDADO. Era algo que Zack estaba muy impaciente por saber. Por fin sabría si estaba más cerca de sus sueños. Algo sentía a la altura del pecho, una corazonada de que pasaría al siguiente nivel, y al mismo tiempo no podía negar que estaba nervioso.

Se levantó muy temprano aquella mañana y, sin pensar en que podría molestar a Cloud, se presentó frente a su cuarto. Llamó a la puerta con insistencia y exclamó muy entusiasmado:

—¡Cloud! —dio un par de golpes más—. ¿Estás listo ya?

Poco después, la puerta se abrió y Cloud se dejó ver al otro lado. Tenía los ojos adormilados y el pelo descolocado.

—P-perdón, me he dormido —se disculpó avergonzado, algo que Zack restó importancia de inmediato.

—¡No pasa nada! —sonrió ampliamente y alzó ambos puños para animarle—. Vamos, hoy es el gran día.

Cloud asintió y regresó al interior de la habitación para prepararse. Zack lo esperó con la espalda apoyada en la pared, junto a su puerta. Estaba tan nervioso, que no podía estarse quieto; sus manos golpeaban con suavidad sus desarrollados bíceps mientras un impaciente pie se movía de arriba abajo. La sonrisa se le escapaba sola al visualizarse con el uniforme y Cloud acompañándole en su primera misión como SOLDADOS.

Poco después, Cloud salió del cuarto algo más presentable, pero no por ello más espabilado. Zack dio un brinco de la pared en la que estuvo apoyado y se puso enfrente de él muy animado.

—¿Preparado?

Ante la afirmación, ambos se dirigieron al vestíbulo del cuartel, en donde esperaban los resultados en el tablón de anuncios. Los dos llevaban esperando los resultados desde hacía una semana, cuando finalizó su entrenamiento básico. Siendo tan temprano, pocos reclutas se encontraban alrededor del panel central, por lo que sólo tuvieron que esperar un instante hasta tener vía libre y ver la lista. Zack dio una zancada con el corazón desbocado. Sus ojos violáceos fueron a parar a la gran lista de nombres y, con un dedo, comenzó a buscar su nombre.

—Zack... Fair —repitió su nombre conforme leía el orden, de mejor a peor resultado.

Y, entre la media de todos los reclutas, vio su nombre entre los aprobados. Su rostro se iluminó por el orgullo y la satisfacción, algo que no pudo evitar expresar con un salto.

—¡Lo conseguí! —levantó los brazos.

Con tanta emoción, se giró hacia Cloud y agarró sus manos con fuerza, sin pensar. Estuvo a punto de ponerse a bailar con él, pero algo lo detuvo. La expresión de Cloud no plasmaba lo mismo, más bien todo lo contrario. Zack poco a poco fue perdiendo el ánimo en sus gestos y le llenó la preocupación. Pronto giró la cabeza hacia la lista para buscar el nombre de Cloud, pero éste había quedado muy por debajo. De hecho, estaba el último.

Zack sintió las manos de Cloud zafarse de las suyas, gesto le hizo volver a depositar su atención en él.

—Cloud, lo siento...

Pero él sólo se limitó a agachar la cabeza. Quizás pensaba que así iba a ocultar mejor sus sentimientos, pero lo cierto era que Zack vio el primer resquicio del llanto. Cuando quiso darse cuenta, Cloud pasó por su lado y puso rumbo hacia las escaleras principales, justo por dónde habían venido.

—Cloud —volvió a llamarle, pero sin recibir respuesta alguna por su parte.

Zack se vio obligado a seguirle en silencio.

No era la primera vez que lo veía así, pero sabía que aquéllo debió haber sido un duro golpe. Tanto fue así, que hasta a él le dio con fuerza también. No podía evitarlo, Cloud le importaba más de lo que creía. Por eso, lo acompañó hasta su cuarto, el único lugar en el que sabía que Cloud podía quedarse solo consigo mismo. Aunque Zack no sabía hasta qué punto éso le hacía bien.

Cuando llegaron, pensó que le daría con la puerta en las narices, pero se quedó ahí, apoyando un hombro contra el umbral de la puerta, como si esperase algo. Zack dejó sacar un suave suspiro por la nariz y dejó los hombros caídos.

—¿Quieres que te deje solo? —le preguntó con tristeza.

Cloud asintió lentamente y dio un paso al interior de la habitación.

Odiaba verlo así y no poder hacer nada al respecto.

—Está bien... —contestó con suavidad, pues no quería hacerle sentir más presión—. Si me necesitas, estaré en mi habitación también.

Quiso hacerle saber que podía contar con su ayuda cuando quisiese, aunque era más que obvio que no acudiría a él por nada. Por eso, se dio media vuelta y se marchó.

No podía evitar preocuparse, no entendía a veces por qué Cloud se comportaba como si estuviese solo. Incluso después de haber pasado todo ese tiempo juntos, Zack no sentía que realmente confiara en él. No por ello le hacía querer rendirse en su amistad; más bien quería esforzarse más. Cloud era difícil, sí, pero había conseguido cosas inimaginables para suyas. Y una de las cosas que esperaba recibir de él, era su plena confianza.

Tanto él como Cloud, su sueño de convertirse en SOLDADO se vio frustrado por una simple nota de corte. Zack era consciente de la enorme evolución que había hecho desde que se conocieron, pero éso jamás lo verían sus entrenadores. Se había fortalecido mucho en los últimos meses, había ganado resistencia y juntos habían aprendido a trabajar en equipo. Lo había ayudado en todo y sabía a ciencia cierta que Cloud había hecho todo lo posible para llegar hasta donde estaba. Cierto que su naturaleza limitaba mucho sus habilidades, pero ojalá pudiese llevarlo consigo al siguiente nivel, así podría disfrutar de sus logros. No podía alegrarse de ser un SOLDADO si Cloud no estaba a su lado.

Zack, mientras se encontraba tumbado en su cama y mirando el techo, pensó en algo. Sabía que sus caminos tendrían que separarse en cualquier momento, pero no podía dejar que eso sucediera. Quizás era buen momento para pasar su mes de vacaciones juntos, aprovechar el tiempo al máximo y tratar de animar a Cloud, si se lo permitía.

ii.

Como fue de esperar, Cloud no apareció por su habitación en todo el día, así que al siguiente se tomó el lujo de volver a hablar con él. Muy probablemente traería la molestia de Cloud, sin embargo no iba a dejarlo regodearse en un simple bache de nada.

Antes que nada, se informó sobre líneas de transporte fuera de Midgar y alojamientos vacacionales por los alrededores. Siendo verano, mucha gente salía a buscar relajación lejos de la ciudad y pensó que de ese modo Cloud quizás necesitara despejar la mente y olvidarse de su fracaso. Así, con los pequeños ahorros que reunió en los últimos meses y gracias a la paga de Shin-Ra, compró todo lo necesario para pasar un agradable fin de semana en la playa más cercana de Midgar.

Disimulando el equipaje que cargaba en la mochila, llamó con los nudillos a la puerta de Cloud. Para su sorpresa, no le hizo llamar otra vez; él abrió la puerta y Zack se encontró con sus ojeras. Seguro de que no había dormido en toda la noche y, a pesar de ello, trató de animarle con todo su arsenal de optimismo:

—¡Hola, Cloud! —le saludó con una amplia sonrisa.

Cloud sólo coincidió mirada con él por un instante y le respondió:

—¿Necesitas algo...? —preguntó con las palabras arrastradas.

Zack se rascó la nuca y se forzó a mantener la misma actitud, aunque Cloud no se mostrara perceptivo.

—Así es —contestó y le miró con ojos suplicantes—. Por favor, ¿puedes acompañarme a un sitio?

—¿A dónde?

No quería revelarle el verdadero lugar por miedo a que se negara. Así que pensó en algo rápido y lo soltó sin más.

—¡Me voy a Gongaga a ver a mis padres! —dijo con tanto entusiasmo que era imposible que Cloud sospechase—. Y quiero que me acompañes a la estación.

Zack se señaló el macuto de la espalda y, sin esperarse una reacción por parte de Cloud, su expresión se ensombreció.

—Bueno, como quieras —se encogió de hombros—. Sólo déjame que me vista.

La puerta se cerró frente a ojos de Zack y él se estremeció por un momento. Comenzó a pensar si aquélla fue la mejor opción para hacerle salir de su cuarto, pero tampoco sabía si diciéndole la verdad aceptaría su invitación para ir a la playa. Ni siquiera sabía si le gustaba la playa y ya había preparado todo... ¿Por qué fue tan impulsivo? Y lo peor de todo, ¿por qué pensó que sería buena idea decirle la verdad cuando llegaran a la estación? Inmediatamente, Zack volvió a llamar a la puerta y exclamó:

—¡Cloud, espera! —le sabía mal haberle mentido—. ¡En verdad no voy a Gongaga! ¡Me voy a la playa y quiero que vengas conmigo! ¡De hecho, lo he organizado todo para ti!

El silencio se hizo a ambos lados de la puerta y poco después apareció Cloud por la rendija de ésta al ser abierta. Observó a Zack con seriedad y ladeó la cabeza.

—¿Qué...?

—Quiero que pasemos tiempo juntos... —se volvió a rascar la nuca, nervioso.

—¿Y por qué no lo has dicho antes? —preguntó.

Zack acabó sacando todo el aire de los pulmones por la nariz y agachó la cabeza, avergonzado.

—Lo sé, no debería haberte mentido —admitió—. Es que creí que no querrías venir si te decía la verdad.

Cloud puso los ojos en blanco y se ocultó detrás del marco de la puerta.

—No hacía falta que te tomaras tantas molestias, pero ya que lo has hecho, iré.

Con su respuesta pudo respirar más tranquilo. Una negativa lo habría destrozado y le habría hecho sentir un fracaso como amigo. Por esa misma razón, su sonrisa volvió a decorar su rostro.

—¡Será divertido! Además, corro con todos los gastos —le afirmó—, como agradecimiento por haberme prestado dinero todos estos meses.

Incluso cuando trató de ocultarlo, Zack consiguió apreciar el sutil contento de Cloud al otro lado de la rendija. Aquéllo le trajo mayor calma y, después de recibir un pequeño gesto por su parte, esperó fuera hasta que estuvo listo.

Juntos abandonaron el cuartel y atravesaron el sector hasta la estación de transporte rural. Allí les esperaba la ruta hacia la playa del norte, un trayecto algo peligroso por la abundancia de monstruos en los alrededores. Sin embargo, cada bus poseía una guardia para la defensa de los pasajeros. Zack se fascinaba por el trabajo de aquellos hombres, un medio para ser visto como un héroe. En concreto, un SOLDADO de segunda clase estuvo en su transporte y no podía dejar de imaginarse trabajando en el mismo cargo. Estaba seguro que a éso se dedicaría pasada su segunda fase de reclutamiento.

—Sería genial trabajar en uno de estos buses... —comentó Zack sin quitarle el ojo de encima al SOLDADO que permanecía de pie, al frente del vehículo.

A la espera de una afirmación por parte de Cloud, giró la cabeza para verle. Su sonrisa se borró lentamente cuando se percató de su melancólica abstracción frente al paisaje muerto de la ventana. Sí, sus palabras fueron desafortunadas, pero movidas por un sueño, uno que quería cumplir con Cloud. Como disculpa, sólo se limitó a apretarle con suavidad el antebrazo. Entendió que no era el momento de hablar, no hasta que llegaran a la playa.

iii.

No se trataba de la playa de sus sueños y estaba muy lejos de parecerse a la del folleto. Las instalaciones turísticas se encontraban en mal estado, la playa estaba algo sucia, al igual que el color del agua. Acostumbrado a los colores naturales de Gongaga, a simple vista no invitaba mucho a la diversión.

De todas maneras, no impidió que se lo pasaran bien. Zack era capaz de encontrar entretenimiento de cualquier parte y Cloud, con su naturaleza complaciente, era fácil de arrastrarlo a sus juegos. Se bañaron en la playa en más de una ocasión, donde Zack aprovechaba para comportarse como un crío. Cierto que Cloud no era el mejor ejemplo de persona alegre, pero no tenía problemas a la hora de tomar confianza y seguirle el juego. Fue todo un fin de semana cargado de conversaciones insignificantes y momentos amistosos. Aparentemente no parecían tener importancia, pero habían hecho estrechar un poco más sus lazos fuera de entrenamientos y alguna que otra tarde de paseo en Midgar.

Zack y Cloud descansaban de una intensa tarde de natación. Tuvieron que parar cuando, en un intento de ver quién de los dos se atrevía a nadar mar adentro, Cloud sufrió un pequeño percance con una medusa. Después de que le atendieran en el pequeño campamento de enfermería, ambos decidieron permanecer lo que quedaba de tarde a las orillas del océano. Sentados uno al lado del otro, contemplaban cómo el color del cielo se tornaba en diferentes tonos amarillentos y anaranjados, hasta poco a poco tornarlo morado. El sonido de las olas los relajaban y poco a poco la gente regresaba a sus pensiones.

Tras un pequeño rato en silencio, Zack apartó la mirada del ocaso para darle su atención a Cloud. Éste se había abrazado a una rodilla, mientras la pierna donde había recibido la picadura la mantenía extendida; con una mano, aplicaba una bolsa de hielo para rebajar la inflamación. Zack no se demoró en preguntar por su estado.

—¿Estás mejor ya? —preguntó.

Cloud, a pesar de aparentar distracción, asintió.

—Ya no me duele tanto.

Saber que Cloud se encontraba mejor hizo que Zack sonriera con suavidad. No obstante, dicha sonrisa desapareció cuando fue sorprendido por una inesperada pregunta.

—Zack... —le llamó con voz queda—. ¿Qué crees que será de nosotros después de las vacaciones?

La pregunta le confundió, lo que provocó que Zack se inclinara más hacia él, en busca de una aclaración.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó.

Cloud meneó con lentitud la cabeza y se llevó una mano a la frente; las palabras siempre fueron muy complicadas para él, por lo que Zack esperó paciente.

—Ya no estaremos juntos...

Zack apretó los labios entre sí y agachó la cabeza. Sí había pensado en ello, pero no le había dado tanta importancia.

—Oye, podemos coincidir en otros momentos —dijo para crearle mayor seguridad.

—No será lo mismo —continuó Cloud sin despegar la mirada de la arena—, incluso puede que poco a poco dejemos de ser amigos.

Zack no era capaz de salir de su asombro. ¿Era ésa la razón por la que había estado tan callado esos dos últimos días? Pensó que se trataba de su suspenso en las pruebas, pero al parecer era porque estaba triste por su amistad. El seguir viéndose fue algo que dio por hecho, por lo que no podía creer que Cloud pensara que dejarían de ser amigos. Más bien, no podía permitir que creyera eso. Así que, rápidamente, se colocó enfrente de él y se sentó sobre sus pantorrillas.

—Mírame —le pidió mientras adoptaba una posición más firme.

Con cierta vacilación, vio cómo Cloud levantaba la cabeza y sus ojos azul claro se posaban en los suyos. Aún conociendo lo difícil que era para él sostener la mirada, Zack necesitaba que hiciera un esfuerzo más.

—Cloud —clavó su mirada en él—, éso no va a pasar.

Y para reiterar en ello, sacudió la cabeza de lado a lado y se aproximó más a él.

—Es verdad que será más complicado que coincidamos a partir de ahora, pero no voy a dejar que ocurra. Puede que haga otros amigos, es verdad, pero...

Sobre todo sabía que, si no ponía de su parte, su amistad no iría a ningún lado. Le gustaría que Cloud fuese más seguro de sí mismo, que se esforzara más por ellos, pero dio un gran paso al admitir estar preocupado. No era más que su modo de pedir ayuda ante sus debilidades.

—Eres mi mejor amigo —dijo mientras sonreía—. y éso nunca va a cambiar.

A medida que hablaba, notaba a Cloud menos impasible. Sus gestos se volvieron un poco más inestables, pero Zack decidió continuar; aún no había terminado de conmoverle.

—Y como sé que ésto no será suficiente para convencerte, prometamos una cosa —levantó su mano derecha y extendió el meñique—. Seguiremos juntos pase lo que pase y, cuando seamos SOLDADO, superaremos a Sephiroth. ¡Seremos los verdaderos héroes de Shin-Ra!

Zack sonrió con amplitud, pero algo de la promesa pareció hacerle dudar a Cloud, quien disimulaba sus emociones detrás de la rodilla.

—Es probable que me tome un tiempo más —admitió—. No sé cuándo entraré a SOLDADO.

A lo que Zack respondió con una negación de cabeza.

—No importa —mantuvo su sonrisa—. Esperaré a mi compañero de armas todo el tiempo que haga falta.

Cloud, a punto perder el control de sí mismo, finalmente entrelazó su meñique con el de Zack, sellando así su promesa.

Aunque sabía que sería un camino complicado para Cloud, el que llegara a SOLDADO era lo de menos en las intenciones de Zack. Aquella promesa no era para demostrar nada, sino para traer la fuerza a su mejor amigo; un símbolo de su amistad con el que esperaba que aprendiera a confiar más en sí mismo y que supiera que no estaría solo.