A pesar de la falta de reviews, no perderé el optimismo ~
Les traigo tres nuevos capítulos y espero que los disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolos. Como dije antes, la historia ya está muy avanzada, así que con este fanfic no corro el riesgo de dejarlos colgados (?)
Sin más, los dejo leer...
PD: Si alguien me mata por shippear a Steph con Damian, moriré feliz ~
Capítulo 4. Hermanos
A la mañana siguiente, Dick se levantó con el peor dolor de cabeza de los últimos meses. Su cita con Kory se había visto pospuesta la noche anterior… y si su memoria no le fallaba, venía sucediendo lo mismo desde hacía ya varias semanas. Algo, cualquier cosa, sucedía en el momento exacto en el que ambos se encontraban totalmente dispuestos, como si el destino se divirtiera subiendo y bajando su apetito sexual. "Un día de estos voy a enfermarme", pensaba al dirigirse a la cocina, estando seguro de que aquella frustración no podía ser sana.
La moderna cocina de los Wayne era todo lo que un cheff experimentado pudiese desear, pero desde hacía mucho tiempo no se preparaba ningún banquete en la mansión. Jason jamás se quedaba el tiempo suficiente para comer ahí y Damian prefería la baticueva o su propia habitación para almorzar. A Dick le relajaba la espontaneidad de tomar por sí mismo un plato con cereales y comerlo en la isla de la cocina.
Eso sí se sentía como estar en casa.
Le recordaba los tiempos en los que sólo era él y Bruce; cuando el viejo murciélago era tan gruñón e irascible como ahora lo era su hijo de quince años. Había pasado mucho tiempo para que el caballero nocturno bajara un poco la guardia, acostumbrándose a la compañía de un chiquillo que no conocía el concepto de comer en silencio. A la larga, pensó Dick mientras se servía el desayuno, le sentó bien tener a más de un Robín. Bruce Wayne supo lo que era la paternidad en cada una de sus variopintas formas.
— El amo Damien parece dispuesto a salir de sus aposentos hoy, amo Richard. —Le informó Alfred, entrando a la cocina con una toalla. Después de dejarla en un pequeño cesto, cogió una charola y en ella fue acomodando un par de tazas de té, una tetera, un plato con fruta y un tazón de avena. — Me preguntaba si no creería usted que fuera buena idea acompañarlo en el comedor.
¿Damian desayunando con el resto de los mortales? Aquello sí era curioso.
— Tim vuelve y Damian empieza a usar el resto de las salas de la mansión. —Graznó con un buen puño de cereales en la boca. Tragó y se limpió con la mano. — Parece un perro marcando su territorio.
— Ha vuelto a pedir informes sobre las cuentas bancarias del amo Bruce. —Añadió el modesto mayordomo con su usual cortesía.
Claro, se dijo Dick con una sonrisa socarrona, Damian no podía tolerar que se perdiera un solo centavo de su herencia.
— Quizás deba recordarle que tiene un tutor legal mientras no cumpla la mayoría de edad.
— Si me permite opinar —atajó Alfred con una mirada astuta—, creo que el amo Damian está convencido de que su padre aparecerá en breve.
Después de esto, se marchó con la charola de plata. Dick lo vio alejarse mientras se preguntaba si aquella era una opción viable. Lo pareciera o no, Damian era increíblemente devoto a su padre; confiaba en él más que todos ellos juntos, ya fuera porque creyera que la genética Wayne era infalible o porque no quería asumir la posibilidad de que alguien, por fin, hubiese vencido a Batman.
"Bruce muerto… no es algo que alguien pudiera aceptar así sin más".
Decidió que valía la pena tratar de tener un desayuno civilizado con su pequeño hermano, de modo que llevó su tazón al comedor principal. Allí encontró a Damian con tres periódicos diferentes sobre la mesa, junto a un desayuno obsesivamente bien equilibrado; sin embargo, a él lo acompañaba Tim, quien parecía contento con una taza de café y unas tostadas frías. Como siempre, cargaba un pequeño computador de dos piezas, el cual mostraba archivos indescifrables con un titileo azulado.
— Buenos días. —Saludó el mayor con cierto deje interrogativo.
Damian lo saludó con un gruñido descuidado, sin apartar la mirada de su periódico, y Tim se limitó a levantar la mano en un gesto amistoso.
— Supongo que habría sido extraño desayunar como una familia normal. —Apostilló Dick con una mueca mientras atacaba una vez más sus cereales. — Sorprendente.
— Es que no somos una familia normal, Grayson. —Puntualizó Damian con sequedad, abandonando uno de los periódicos y pasando la vista por unas cuentas de Empresas Wayne. — De hecho, no somos una familia.
— No empieces otra vez con eso, enano. —Musitó Tim con irritación, rompiendo en dos su última tostada. — Ser hijo biológico de Bruce no te hace…
— ¿Y desaparecer como un cobarde después de su desaparición te hace más merecedor del apellido Wayne, Drake? —Atajó el chico con mordacidad, levantando la vista por primera vez. Dick recordaba la última vez que su expresión llegó a denotar esa clase de desprecio, y sabía que era mejor enfriar los ánimos antes de que las consecuencias fueran irreparables.
Sin embargo, Tim había picado el anzuelo.
— Tengo a mis propios padres, no necesito el apellido Wayne —bajó la vista a las cuentas bancarias—, ni su fortuna para ser Red Robin. Tampoco necesito pedir permiso a nadie para hacer mi trabajo.
— Bien. —Damian entrelazó las manos por debajo de su barbilla y dedicó a Tim una media sonrisa. — En ese caso, espero que a estas alturas, 412 días después de la desaparición de mi padre, tengas una idea precisa de su paradero.
Dick maldijo por lo bajo mientras Tim se quedaba sin palabras. Era detestable discutir con Damian, pero más detestable era saber que el mocoso arrogante tenía razón. Últimamente, pensó Tim con frustración, todos tenían razón respecto a él. ¿Sería acaso un cobarde, de verdad?
En medio del tenso silencio, los tres pupilos de Batman escucharon un quejido femenino proveniente del salón continuo. Al levantar la mirada, encontraron a una Stephanie Brown ojerosa, despeinada y claramente agotada; cargaba un viejo pijama de Bruce que le sentaba excesivamente grande. La seda negra se escurría por sus brazos, mientras que las piernas estaban completamente expuestas.
— ¿Qué demonios llevas puesto, Fatgirl? —Damian fue el primero en reaccionar, pero parecía tan conmocionado como sus hermanos.
— Pues en la ropa de Bruce parece incluso demasiado delgada. —Observó Dick mientras se apresuraba a socorrerla, llevándola paso a paso a la mesa. La rubia le dirigió una sonrisa agradecida.
— ¡Es la ropa de Padre! —Insistió el otro, apretando los puños sobre la mesa. Dick lo miró con suspicacia, pero Tim sólo tenía ojos para la muchacha.
— Es lo único que Alfred pudo encontrar para mí. —Explicó Stephanie, a nadie en particular, aunque la mirada de su ex novio comenzaba a afectarla. — Los… Err, los pantalones me quedaban demasiado grandes. Se caían.
Por algún motivo, observó Dick, Damian no tuvo nada desagradable que decir al respecto y Tim sencillamente había perdido su piquito de oro.
— Debiste pedir que te llevásemos el desayuno a la cama. —Replicó el mayor después de reponerse de tan extraño comportamiento. De pronto se dio cuenta de lo difícil que resultaba estar al pendiente de cada miembro de la familia. Porque, sin importar lo que Damian dijese, todos ellos eran una familia. Los hijos de Batman. De Bruce Wayne.
— Necesitaba un poco de luz.
— ¿Todavía te duele la pierna? —Dick sabía que aquel era un buen tema para dejar de lado las diferencias de los menores.
— Me duele igual que si me hubiesen disparado con una bala común y corriente. —Ella se encogió de hombros. Cuando Alfred se acercó con un potaje de frutas, su rostro se iluminó como el de una niña pequeña. — Muchísimas gracias.
— Le traeré un jugo de naranja para que recupere sus fuerzas, señorita Stephanie.
— Ese veneno… —Susurró Damian, casi para sí mismo.
— Tal vez se tratara de un menjurje cualquiera. —Apuntó la mujer, haciendo un gesto para restarle importancia. Después, empezó a comer con ganas.
— Si así fuera, ¿qué hacía bañando el cargador de una automática? —Replicó Tim con el ceño fruncido. — ¿Y en manos de un traficante de objetos antiguos?
Mientras Stephanie volvía a encogerse de hombros y los demás retomaban su desayuno, Damian lo pensó detenidamente. Aunque la inteligencia de Timothy Drake siempre le había parecido bastante sobrevalorada, debía admitir que su capacidad de deducción era aguda. Sería tonto suponer que el veneno hubiese sido creado con el fin de asesinar a una persona; de hecho, era demasiado predecible. Existían muchas razones por las cuales aquellos ladrones, si es que acaso eran sólo eso, hubiesen utilizado esa mezcla, pero sólo podrían descubrir la verdadera observando sus efectos en Brown.
Y por lo que veía, la chica parecía en perfecto estado. "Demasiado bien para alguien que gritaba de agonía hace sólo unas horas", pensó mientras la miraba fijamente.
Quizás había algo que la torpe Batgirl no les estaba diciendo.
