Disclaimer: Harry, Draco y los demás son propiedad de Jo Rowling y los tipos listos que publicaron los libros e hicieron las películas. Yo sólo los tomo prestados para revelarme un poco al canon.
Sumario: segunda parte de begin again. Muchas confesiones han tenido lugar entre antiguos némesis. Harry es un misterio por resolver. Draco empieza a descubrir cosas de sí mismo que jamás creyó posibles. Y aquí un consejo, chicos: si toman, no viajen en traslador.
Notas de la autora: gracias inmensas a CuquiLuna por los reviews tan hermosos al final de cada capítulo. A quienes me apoyan desde el grupo en Facebook y a todos, en general. Son geniales, chicos.
Ahora vamos a la historia, con un cap un poco más extenso que el anterior.
And for the first time… What's past is past.
(Y por primera vez… lo que es pasado es pasado)
-Ya te había dicho que en Alemania visité un bar mágico. Me enteré de la farsa que mis amigos montaron para encubrir mi marcha y estaba realmente molesto por eso. Llegué a pensar en escribirles o hablarles vía flú solo para gritarles. Pero sabía que si lo hacía caería, terminaría regresando. Así que me largué a un bar muggle y pasé rellenando mi copa. Una y otra vez. Honestamente, no recuerdo mucho de esa noche. Solo que de pronto ya nada me importaba –Harry se encogió, metiendo las manos en sus bolsillos- esa noche está muy borrosa, aunque la mañana siguiente la recuerdo perfectamente. Desperté en una habitación de hotel con la sensación de tener la boca llena de algodón, como si tuviera abejas furiosas en la cabeza y… con alguien más en la cama. Contrario a lo que pensé al inicio, si lo conocía. Su nombre era Logan –Draco casi trastabilla por la impresión- un chico muggle americano que andaba de vacaciones con unos amigos. Habíamos hablado un par de veces en el hotel… un vistazo a la habitación me informó lo que había pasado ahí –hizo una mueca, mirando fijamente al suelo mientras proseguía- y yo no quería enfrentar eso. Estaba muy desorientado desde mi partida y eso solo podía empeorar las cosas. Así que cuando noté que se despertaba… lo desmayé y le modifiqué la memoria. Él ni siquiera me reconoció cuando volvimos a vernos en los pasillos –Harry masajeó su sien.
-¿Te arrepientes de eso?
-Fui un cobarde, Draco. Me aproveché del chico y luego lo obliviateé. Yo, el salvador del mundo mágico. Ligando con muggles y jugando con sus mentes.
-No, no digas eso –le detuvo a medio paso, colocando una mano en su antebrazo- lo dijiste, estabas confundido. No le forzaste a nada, ¿verdad?
-No, claro que no –negó, mirándole con grandes ojos atribulados.
-Entonces no debes reprocharte nada. ¿Fue patán de tu parte? En realidad, sí. Pero todos tenemos nuestros deslices, nuestros momentos de debilidad. No le hiciste daño y probablemente evitaste una situación incómoda.
-Aun así… no pude seguir en Alemania más tiempo. Ese fue el verdadero motivo de mi partida.
-¿No sabías que… que te gustaban los hombres? –Harry negó, algunos mechones oscuros cayendo sobre su frente.
-No. Luego pasó eso y estaba tan confundido. Y pensé en lo que dirían mis amigos, en Ginny…
-Harry, mientras seas feliz dudo mucho que les importe. Y te diré lo que me dijo George ayer. Ellos no se escandalizan por las preferencias –Harry correspondió con una sonrisa tentativa.
-Es que parece que siempre busco complicar las cosas –y miró hacia abajo, a la pálida mano que seguía sosteniendo su brazo.
Draco sintió como sus mejillas se arrebolaban y se separó despacio, retomando la caminata.
-Pocas veces las cosas que valen la pena vienen de forma sencilla –concluyó.
-Supongo que de eso se trata. De cuánto estás dispuesto a arriesgar por conseguir algo verdaderamente bueno –meditó, sorprendiendo a Draco.
-Vaya, sí que hay algo de materia gris bajo esa despeinada selva que tienes por cabello –pinchó, atestándole un codazo amistoso.
-No me distraigas, es mi momento de preguntar. ¿Qué pasó con tus colegas Slytherin? Me has hablado de los Weasley, de Luna y de muchos Gryffindor, pero no has mencionado a ninguno de tus antiguos compañeros de casa.
-Es porque no hay mucho que pueda contarte sobre ellos. Greg es al que veo más a menudo. Tengo algunos negocios con su familia. Zabini se fue a recorrer el mundo en plan de gigoló –dijo con una mueca- las chicas Greengrass se mudaron a escocia y Pansy es cada vez más difícil de localizar. Trabaja en el ministerio como embajadora y siempre está en algún sitio distinto. Ah, también veo a Theo. Es aprendiz de Sluggie en Hogwarts.
-¿Volviste a Hogwarts después de aquella gala?
-Más veces de las que creerías. Asistí a la gala del año siguiente, estuve apoyando con la restauración de algunas pinturas y también para ver algún juego de quidditch. Aunque eso me decepciona un poco. Ya no hay enfrentamientos épicos como los que solíamos tener –Harry le obsequió una sonrisa entusiasta.
-Oh, eso no lo olvido. La adrenalina, la sensación de vértigo al volar tras la snitch mientras sabía que venias justo detrás de mí o a mi lado. Era maravilloso.
-Algún día volveremos a jugar y te quitaré la snitch y esa sonrisa engreída –advirtió.
-¿Lo prometes? –Harry se dio la vuelta, caminando hacia atrás para poder verle de frente.
-Por supuesto. Oye, ¿estamos yendo a algún sitio o solo caminamos sin rumbo?
-Estamos yendo a uno de mis lugares favoritos.
-¿Por qué te gusta? –el moreno por fin volvió a caminar normal, devolviéndole la paz a Draco, que sentía que estaba a punto de caer con cada paso que daba.
-Me recuerda al bosque prohibido.
-¿Y se supone que eso sea tranquilizador? –se extrañó.
-Un poco. La última vez que estuve ahí vi a gente que amo y también obtuve una segunda oportunidad.
-¿Sí? Yo solo recuerdo esa excursión en primer año cuando fui injustamente castigado.
-¿Injustamente? ¡Quisiste acusarme de traficar con dragones!
-¿Y eras inocente, Harry? –demandó, esa duda casi olvidada volvió a su memoria.
-¿Ron y Hermione no te han hablado de eso?
-No, pocas veces hablamos de nuestros días de colegio.
-Debí suponerlo. No es como que tengamos recuerdos felices en común.
-No creo que sea por eso –contradijo- más bien estamos enfocados en el presente, ya no somos esos niños que se gritaban cosas en los pasillos. Aunque una noche Ronald me dijo, y cito: "eras un cabrón petulante, Malfoy. Solía soñar con que un caldero te explotara en la cara. Y ahora te compré un regalo para navidad" –Harry se echó a reír, sacudiendo la cabeza de lado a lado- lo dijo en año nuevo cuando estaba a punto de caer en coma etílico, así que entendí que eso venía desde el fondo de su corazón.
-Palabras cruelmente sinceras –convino.
-Las prefiero así, Harry. Ninguno de ellos fingió o pretendió nada.
-¿Tú tampoco? –se encogió de hombros.
-No lo creo. Tal vez al principio me sentía fuera de lugar, pero ya he pasado esa fase.
Harry asintió con semblante pensativo.
-Ya perdí la cuenta de las preguntas, pero supongo que es tu turno.
-¿Cuál dirías que ha sido tu navidad favorita? –preguntó, con flashes de sus propias festividades en la mansión y posteriormente en la madriguera.
-Esa es difícil. Una muy buena pregunta –se mordisqueó un poco el labio inferior- quizás te sonará extraño, porque estábamos en plena guerra. La navidad del 97. Me sentía tan perdido y desconectado del mundo. De pronto estábamos ahí, en el valle de Godric y fue la primera vez que vi la que había sido mi casa, las cosas que la gente escribía y… la tumba de mis padres. Solo Hermione estuvo ahí conmigo, sosteniéndome en silencio y creando unas flores hermosas para ellos. El resto del viaje no salió tan bien, pero tengo ese momento muy presente. Me sentí cerca de ellos ese día y de alguna manera eso fue suficiente.
-¿Y no has sentido deseos de volver… ni siquiera por eso?
-Después comprendí que ellos estarían conmigo a donde sea que yo vaya. Eso es lo que importa.
-Sí, tienes razón –y no le costó admitirlo.
Le intrigaba ese nuevo Harry y su forma de ver la vida, estaba cada vez más fascinado con la mirada madura, aunque sabía que tras todo eso también había dolor, cierto tinte de melancolía que le hacía querer reconfortarlo. Una idea absolutamente ridícula, por supuesto.
-¿Cuál es tu recuerdo más feliz, Draco? Ese que usarías para invocar a un patronus.
-Es un recuerdo mezclado, en realidad.
-¿Cómo es eso? –se interesó, tomándolo del codo para dirigirlo en la dirección correcta.
-Verás, cuando era niño solía jugar con mi madre en los jardines. Mientras ella cuidaba sus rosas yo me escabullía de un sitio a otro. Al final ella siempre me encontraba y yo corría a sus brazos y me alzaba. Eran días de sol en que vivíamos ajenos a todo. Y aunque ella siempre ha sido fría con los demás o en público, yo siempre conocí esta parte amorosa y protectora de mi madre. Creo que tú también has llegado a conocerla –Harry asintió con una seña de sonrisa afectuosa- y luego está este otro recuerdo, más nítido. El día de la batalla. Recuerdo haber estado tan confundido y adolorido. Y entonces apareció Voldemort gritando que estabas muerto. Pensé… qué jodidos estamos –el Gryffindor soltó una corta risa.
-Qué bien resumiste la situación –alabó.
-Sólo estaba tan cansado y lo único que anhelaba era un poco de paz. Pero ya ni siquiera mi casa era un lugar seguro para eso. Aun así, recuerdo haber visto a mis padres entre los mortifagos y me sentí tan aliviado de que estuvieran con vida. Por eso regresé a su lado. Voldemort no me importaba, solo quería sentir los brazos de mi madre y saber que de alguna forma todo estaría bien.
-Y lo estuvo –finalizó.
-Sí, porque cierto cara rajada volvió de entre los muertos y acabó con todo. Urra –sacudió el puño un par de veces simulando un ademan festivo.
-De nada, se hacen servicios de héroe de lunes a viernes de ocho de la mañana a cinco de la tarde. Cerramos al mediodía, hay cosas que son sagradas –Draco correspondió a su sonrisa socarrona.
-Creí que tu carrera de héroe había terminado.
-No lo sé, dudo que pueda contenerme si veo algún gatito en apuros –se burló, recordando las palabras perdidas de Draco en aquel pasillo del séptimo piso.
El mundo si había girado bastante en sus goznes, concluyó Draco, solo eso explicaba que ahora hasta tuvieran chistes compartidos.
-Mientras no sea un gato como el de Hermione, estarás bien.
-¿Crookshanks sigue vivo? –se maravilló.
-Ya está en sus últimas, creo. Al principio me odiaba. Es medio Kneazle, ya sabes. Supongo que cuando se dio cuenta que no tenía malas intenciones, empezó a aceptarme. Ahora ya no hace gran cosa.
-Vaya. Sigue siendo increíble. Éramos unos chiquillos cuando Hermione lo compró.
-Lo dices como si fuéramos unos vejestorios, Potter –reprochó, alargando las palabras- tenemos veintidós. Y al menos yo, todavía tengo muchos planes por delante. Esperemos que el Wizengamot no se interponga en ellos –culminó con una mueca.
Por lo que iba de la tarde había sido tan fácil pretender que todo estaba bien… que solo estaba ahí tomándose unos días libres y luego volvería a una existencia sencilla y monótona. Pero ahí estaba su juicio, acechando desde la vuelta de la esquina.
-No lo hará. ¿Olvidas con quien hablas? Fui a juicio a los quince años por romper el estatuto del secreto y solo salí de allí con una advertencia.
-Sí, pero tú eres el elegido, el niño-que-vivió. Soy un Malfoy, tengo antecedentes y mi padre está en Azkaban. Eso sin mencionar los rencores que algunos miembros del Wizengamot aún conservan.
-Supongo que deberás preparar una buena defensa –concedió, su rostro ensombreciéndose.
-Claro, yo no tengo un Dumbledore que aparezca de la nada para defenderme –Harry reaccionó con una pequeña sonrisa.
-Los rumores vuelan, ¿eh?
-En esa época era un asiduo lector de "el profeta" –aceptó.
-Ah, y ya me empezabas a caer bien, Draco –se quejó con gesto herido.
-Dije que era. Actualmente me la paso maldiciendo a sus periodistas entrometidos y sus despiadadas plumas a vuela pluma.
-¿Sabes que me dijo un día un tipo al que conocí? Dales tiempo, pasará. Encontraran a alguien más que perseguir y ya –Draco se detuvo a medio paso mirándole con un mohín que no se terminaba de convertir en sonrisa- ¿pasa algo, amigo? –quiso saber, con una falsa sonrisa inocente.
-No sé. Estoy decidiendo si golpearte o reconocer que ahora tengo que tragarme mis palabras.
-Mejor sigue caminando, casi llegamos –sugirió y volvió a tomarlo del codo para conducirlo.
-Lo malo es que yo no puedo solo largarme y pretender que lo demás no existe –la mano de Harry lo sujetó con más fuerza y comprendió lo que acababa de decir- lo siento, no quise…
-No. Tienes razón. Tomé la salida fácil, solo di la espalda a todo.
-No es así, Harry. Tomaste la decisión que te daría la paz que necesitabas y no te has arrepentido de ella, ¿verdad?
-Para nada.
-Y no es la salida fácil, de ninguna manera. Creo que lo sabes bien. Alejarnos de quienes amamos jamás será la salida fácil –Harry por fin le soltó, señalándole con la cabeza hacia el frente.
Estaban en la entrada de una especie de bosque de colores radiantes y atrayentes. El tipo de paisaje que hace que te vuelvas a enamorar de la vida, que aprecies tu sitio en el mundo y te sientas en armonía contigo mismo. Y aun con todo lo que sabía que tenía para observar, su mirada fue atrapada por un par de ojos que se clavaban en él con intensidad, refulgiendo con un color verde tan magnifico que ninguno de esos árboles podría jamás imitar.
-Soy yo quien ha estado lejos todo este tiempo, pero parece que eres tú quién ha comprendido mejor algunas cosas –dijo- ven, te mostraré mi refugio favorito.
I've been spending the last 8 months thinking all love ever does is break and burn and end. But on a Wednesday in a cafe, I watched it begin again.
(He pasado los últimos 8 meses pensando en que todo lo que el amor siempre hace es romper y arder y terminar. Pero un miércoles en un café, lo vi empezar de nuevo)
Los últimos rayos del sol se colaban entre las ramas del árbol en que se apoyaba. Extendió las palmas una vez más, observando las motas doradas danzando sobre sus pálidas manos. El lugar al que le había llevado Harry era un encanto. El olor a tierra húmeda cosquilleaba en sus fosas nasales y las distintas fragancias de árboles se mezclaban para conformar el característico aroma que evocaba días de antaño, tiempos menos complicados. Harry y él habían estado charlando durante más de una hora. Terminado el juego de las veinte preguntas, se mantuvieron hablando de viejas memorias, gustos particulares y lugares por conocer. Hacía unos minutos que ambos guardaban silencio, cada uno atendiendo a sus pensamientos. Por su parte, Draco aún no podía creer lo que estaba viviendo. De la impresión de encontrarlo había pasado a la intriga y en ese momento se debatía entre reconocer su buena fortuna o quejarse porque su suerte seguía siendo una perra. Sí, porque justo encontraba a Harry, quien parecía tan franco, confidente y refrescante… y no podría quedarse más que un par de días. Y eso, aprovechándose de Ronald.
Sintió un ligero roce en su brazo y miró a Harry, que estaba sentado justo a su lado. Los ojos verdes le enfocaron por un par de segundos antes de señalar con un leve movimiento de barbilla hacia adelante. Draco siguió su mirada, descubriendo un grupo de árboles más espeso y vio luces moviéndose entre ellos. Eran luciérnagas… todo un corro de ellas, volando sin prisa y formando figuras aleatorias en el aire. Contuvo el aliento viéndolas moverse de un lado otro, chocando entre ellas y alzándose en la noche.
-Deberíamos irnos –dijo Harry.
-Sí, deberíamos –coincidió.
-Pocas veces dejan verse tantas.
-Entonces no hay que menospreciar la oportunidad –ambos hablaban en susurros, preocupados por no turbar a los lumínicos insectos.
-Sí, pero no son lo único que ronda estos bosques por la noche.
-¿Qué quieres decir? –se giró un poco, notando que Harry estaba más cerca de lo que esperaba.
No es que fuera absolutamente necesario. Con el silencio reinante podían escucharse sin problemas, aunque hablaran entre dientes. Tampoco es que se estuviera quejando, por supuesto.
-Que no le digas a Cissy que estuvimos aquí –solicitó con una sonrisa culpable.
-¿Seguro que quieres deberme un favor?
-No creo que eso sea algo grave –desestimó, siguiéndole el juego.
-¿Irás a cenar con nosotros esta noche?
-¿Es una invitación? –Draco lo empujó con el hombro- claro que iré.
-Bien –contempló las luciérnagas unos segundos más antes de ponerse de pie. Los puntos de luz empezaron a desaparecer gradualmente- hora de irnos.
-Draco… ¿cuánto tiempo piensas quedarte?
-Creí que ya habíamos acabado con las preguntas –desvió, emprendiendo el camino de regreso.
-Me gustaría saberlo –insistió.
-No lo sé, Harry. Cuando salí de mi departamento ayer solo pensaba en ir a la madriguera durante un par de horas. Y mírame, terminé en Francia, con el desaparecido-reaparecido Harry Potter y ya hoy es mi segunda noche aquí –con la oscuridad era difícil saberlo, pero Draco creyó adivinar una sonrisa en su compañero de caminata.
-¿Me dirás cuando te vayas?
-Probablemente no. Será mi vengativo intento de ajustar cuentas en nombre de mis camaradas Gryffindor –supuso que había empleado el tono amistoso adecuado, pues Harry no reaccionó de mal talante.
-¿Y si te digo que necesito saber exactamente cuándo te vas porque quiero enviarles algunas cosas a mis amigos?
-Diría que busques una mejor excusa –rechazó- porque para eso existen las lechuzas.
-Quizás quiero enviar algo que solo podría confiártelo a ti.
-¿Y esperarás hasta último momento para dármelo, en lugar de ir ahora por… ese objeto y llevarlo esta misma noche a la casa? –cuestionó, mirándole de refilón con una ceja alzada.
Era un hecho, Harry iba sonriendo a su lado.
-Tú estrategia es demasiado obvia, Potter.
-A veces las cosas más simples te dan los mejores resultados.
-¿Cómo llamar a una escoba para enfrentar a un dragón? –sugirió, con su tono más angelical.
-Esa no fue realmente mi idea.
-Déjame adivinar… ¿Hermione? –el suspiro quedo de Harry le tomó por sorpresa.
-El falso Moody, de hecho –Draco gruñó.
Barty Crouch Jr. El maldito.
-Fue un consejo excelente. Si olvidas por un momento que era parte de su plan –solo chasqueó la lengua en respuesta. Harry le detuvo justo en la salida del bosque- ¿lo extrañas, Draco? A tu padre, me refiero.
-Oh –el rubio se arrebujó más en la chaqueta. Estaba comenzando a helar- por supuesto. Me permiten verlo un par de veces al mes, pero… -se aclaró la garganta y retomó la marcha- al menos ya no son los dementores quienes custodian Azkaban. Aun así es deprimente.
-Cissy casi no lo menciona –añadió en voz baja, con la vista fija en la acera frente a ellos.
-Nunca ha ido a verlo. Sé que le escribe a veces, pero nada más. Ella no… nunca creyó en su causa. Por eso nunca tomó la marca. Por eso…
-No tenemos que hablar de esto, si no quieres –lo interrumpió, haciéndose eco de las palabras dichas por Draco hacía apenas unas horas.
-Creo que es por mí, Harry. Mi madre no le perdona que me haya expuesto a… bueno, a todo.
-¿Y tú, Draco? ¿Lo perdonas?
-Antes pensaba en eso a menudo, ¿sabes? –Se acercaban cada vez más a la casa y parecía que ambos habían hecho un acuerdo tácito por ralentizar su avance- cómo hubiera sido todo si me cambiaba de bando durante la guerra, o si no hubiera participado en absoluto. Y sí, tal vez fue mi padre quien me involucró, pero yo seguí ahí. Jamás reuní el valor suficiente para revelarme o para huir. Aun cuando sabía que estaba mal. Pero pensar en ello no cambia nada y echarle la culpa a mi padre tampoco lo hará.
Harry meditó sus palabras y echó un vistazo a la casa veraniega de los Malfoy antes de volver a hablar.
-Ella irá a verle, Draco. Cuando esté lista. Me he dado cuenta que cada uno debe tomar su tiempo para sanar.
-¿Es lo que has hecho estos años? –inquirió, deteniéndose frente a los escalones de piedra.
-Eso y… -la puerta principal se abrió, revelando a una impoluta Narcissa que les miró con agudeza desde su posición de altura.
-Chicos, llegan justo a tiempo. Empezaba a pensar que tendría que cenar sola –les sonrió afable y abrió más la puerta- vamos, que es una noche fría.
Draco y Harry apenas intercambiaron una mirada antes de obedecer. El Slytherin de verdad esperaba que su madre no hubiese estado escuchando su conversación anterior. No, ella podía recurrir a métodos poco ortodoxos para conseguir información, pero fisgonear era algo que no aprobaba de ninguna forma. O al menos eso quería creer.
Con su madre hablando sobre su día en la tienda de vinos, y posteriormente discutiendo con Harry sobre la apretada agenda que al parecer había organizado para las próximas semanas, a Draco se le facilitó desconectarse de la conversación y meditar sobre esa tarde. Harry no solo había sido accesible y agradable, también había ayudado a Draco a distraerse un rato, dejando de lado el tema de su juicio, sin tan siquiera poner en duda su palabra sobre eso. No parecía juzgarlo ni estar esperando explicaciones. No podía mentirse, había sido una tarde apacible en la compañía más insospechada.
Draco le vio intercambiar impresiones con Narcissa sobre un no-sé-qué de restaurantes. Cierto que hablaban de negocios que eran suyos también, pero sabía de ellos tanto como sabía de deportes muggles. En ese momento, Harry negó. Su cabello oscuro se rebeló aún más, con mechones escapando de las patillas de los lentes, los mismos que el Gryffindor se ajustó antes de responder. La luz del candelabro lo bañaba como un aura, reflejándose en motitas doradas sobre los ojos esmeraldas. ¿O esas motitas siempre habían estado ahí y él nunca lo había notado? Entrecerró los ojos. Era difícil decir. Tendría que verlos de cerca.
Observó a Harry tomar la cucharilla y llevarse a la boca un trozo de Sticky Toffee. Un poco de natilla quedó en la comisura de sus labios y fue limpiada prestamente por una servilleta. Una pena, pues… Justo cuando ese imprudente pensamiento empezaba a formarse, Harry clavó su mirada en él. Draco retrocedió un poco en su silla, avergonzado por haber sido pillado infraganti. Pero el chico dorado solo le sonrió de lado y siguió comiendo, ajeno a la insólita revelación que acababa de tener.
-¿Levantan la mesa, chicos? Me gustaría retirarme ya. Este clima aviva mis alergias –solicitó Narcissa, con su usual tono suave.
-No te preocupes, Cissy. Nosotros nos encargamos –aseguró Harry, ganándole la palabra.
-Buenas noches, madre –ella les sonrió a ambos, yendo a depositar un beso en la coronilla de Draco y también peinando un poco a Harry al pasar.
-Has estado muy callado –señaló el moreno.
-No entendí mucho de lo que hablaban –admitió.
-¿Quieres un poco más de vino? –dio un solo asentimiento y Harry rellenó su copa.
-¿Por qué no vamos al salón? Podemos encargarnos de la vajilla después –propuso.
-Como quieras –Draco dudó, pero tomó la botella de vino y la llevó consigo- deberíamos brindar.
-¿Ah, sí? ¿Con qué motivo? –Harry le sonrió, dejándose caer en el sofá frente al fuego y le indicó el sitio a su lado.
Se sentó con elegancia, dejando la botella en el piso entre ambos.
-Dijiste que tenemos un pasado en común –retomó Harry, mirando el líquido borgoña en su copa- me gustaría brindar por el futuro, porque también tengamos recuerdos en común en él –Draco suspiró quedo, confirmando sus crecientes temores.
Pero los desplazó de un manotazo y alzó su copa.
-Salud por eso –dijo, chocando la copa y produciendo un agradable tintineo.
Era uno de los vinos más suaves que vendían, lo notó cuando entró en contacto con su paladar. Tenía la perfecta combinación de alcohol y frutos rojos, dejando un rastro dulzón en su boca.
-Fue la mejor cosecha del año pasado –comentó, tras unos minutos de abstracción observando las brasas en la chimenea.
-Lo sé, en la tienda se agotó de inmediato. Sino fuera porque Cissy insiste en quedarse siempre unas botellas, no lo habría llegado a probar –Harry volvió a llenar su copa, siendo un poco más generoso. Repitió el proceso con la copa de Draco- ¿irás a conocer la tienda?
-Ya la conozco. Estuve presente en la inauguración –por algún extraño motivo, Harry lucía decepcionado.
-Oh. Debí suponerlo… mañana es mi día para estar en la tienda –así que era eso…- y si sigues aquí… tal vez puedas pasar un rato –ofreció, sonriendo de lado.
Draco se encogió de forma inconclusa y bebió de su copa. Quizás no debería beber más.
-Lo pensaré. Honestamente, me sorprende que Hermione aun no me haya llamado o enviado una legión de lechuzas.
-Supongo que te está dando tu espacio –comentó, pero la ligereza en su voz sonaba forzada.
Por un momento, el Slytherin lamentó haberla mencionado. No obstante, eso desbloqueó algo en su memoria…Y se encontró preguntando antes de evaluar si era pertinente o no.
-Harry…
-¿Sí?
-La condena indulgente de mi madre… fue por ti, ¿verdad?
Lo había concluido durante la cena. Hace años, el juicio de su madre había sido uno de los más comentados. Fue realmente corto y muchos cuestionaron el veredicto, esperando por una condena más severa. El mismo Draco había estado asombrado cuando su madre fue a visitarle a la celda en el Ministerio, para decirle que había sido exonerada con una simple advertencia.
Era tan obvio… Harry tenía una deuda de vida con ella. ¿Quién más podría intervenir para que Narcissa saliera tan bien librada?
-Lo siento –fue la desconcertante réplica del chico a su lado.
-¿Por qué te disculpas? –casi no reconoció su voz. De hecho, con lo atónito que estaba le sorprendía haber podido formular una frase coherente.
-También pude haber hecho algo por ti –admitió en voz baja, su vista fija en la copa.
-¿Acaso salvar mi vida no fue suficiente, héroe? -Harry buscó su mirada, ante el tono empleado. Draco le sonrió con afectación- nadie más hubiera hecho eso por mí. Se habrían ido y… tampoco me habría sorprendido. Tú volviste.
-Era lo correcto –musitó.
-No me debías nada más. Soy yo quien siempre estará en deuda contigo –algo en los ojos de Harry cambió en ese momento.
O quizás solo fue un efecto del fuego. Lo que haya sido… Draco se obligó a apartar la mirada y vació su copa de un trago.
-¿Seguro que quieres deberme algo? –dijo con gracia, devolviéndole sus palabras.
-Eres un Gryffindor, no tengo de qué preocuparme.
-Umm. Yo que tú lo pensaría dos veces antes de asumir eso –advirtió, antes de dar un generoso trago a su copa.
-Claro, con eso que te juntas con tantos Slytherin últimamente.
-Sí, fui yo –Draco ladeó la cabeza, pensando que quizás Harry ya había bebido suficiente y empezaba a hablar fuera de contexto- abogué por tu madre.
-¿Por qué no declaraste públicamente?
-Porque ella me lo pidió así –Draco parpadeó, anonadado de nuevo. Casi perdiéndose el momento en que Harry volvía a llenar su copa.
-¿Buscas embriagarme, Potty? –pinchó, levantando la copa para verle a través del líquido.
Harry sonrió.
-Me aconsejaste que cambiara de estrategia –reconoció, luchando por no sonreír.
-¿Así que planeas emborracharme para que no sea capaz de usar un traslador mañana? –Comprendió, jadeando con expresión indignada- eres perverso, Potter.
-Soy un hombre de recursos, admítelo.
-Es una mejor estrategia, no puedo negarlo –convino, dando un sorbo a la copa. Empezaba a sentir cosquilleo en los dedos.
Harry se limitó a negar, terminando con el contenido de su copa y dejándola en el suelo. La botella ya no tenía mucho líquido qué ofrecer.
Draco se arrellanó más en el asiento, en silenciosa aceptación. Siempre se había enfrentado a cosas que exigían de su astucia y supo apañárselas bastante bien. Cada vez que su vida sufría una nueva convulsión, él se las arreglaba para sobrevivir y jugar según las cartas que el destino le iba dando. Y no se quejaba. Había llegado a un buen puerto. Tenía amigos, una carrera prometedora y su reputación había mejorado considerablemente… o al menos así lo era hasta que llegó el imbécil de Goldstein a estropearlo todo. Tenía algo de culpa en eso, por supuesto. Jamás debió dejarlo entrar en su vida. O quizás debió bajar las barreras y tratar de corresponderle. Es solo que era imposible. Draco jamás quería avanzar. No quería cenas en familia, caminatas por parques ni platicas frente a la chimenea.
Salvo que…
-Deberías venir de vacaciones… cuando todo acabe –sugirió Harry, arrancándole de sus cavilaciones.
El cosquilleo en sus manos se reactivó, alcanzando también su espalda y su cuello. Draco decidió que había sido suficiente vino por esa noche. Abandonó la copa a medio beber en el suelo y mordisqueó discretamente su labio inferior antes de responder.
-Podría tomar meses.
Sonaba pesimista incluso a sus oídos, pero no podía evitarlo. Ya lo decía el refrán… espera lo mejor, pero prepárate para lo peor.
-¿Temes a la condena que pueden darte?
-No tengo muchas simpatías en el Wizengamot, Harry.
-Pero tienes contactos, ¿no? –se limitó a encogerse de hombros y le miró de reojo.
Harry tenía la vista fija en la chimenea y un ceño que transformaba sus rasgos.
-¿Me harías una promesa? –pidió, impulsivamente.
-¿Me arrepentiré después? –inquirió, girándose despacio hacia él, seguramente esperando una broma.
-No lo creo.
-Dime.
-Si las cosas salen mal… ¿cuidarás de mi madre? –Draco desvió la mirada, cautivado por el recorrido nervioso de la manzana de Adán en el cuello de Harry.
-No necesito prometer nada, estarás bien.
-Insoportable optimismo Gryffindor –calificó.
-Espero que quien sea que te ayude con la defensa, haga un excelente trabajo. Sí los miembros del Wizengamot consiguen verte de la forma en que lo hago… créeme, te absolverán de todo.
La transparente expresión y la franqueza con que dijo eso, encajó y desencajó piezas en Draco. No terminaba de decirse cuál era el efecto predominante. Tampoco es que importara demasiado mientras Harry le dirigía esa centelleante mirada… En otras circunstancias, Draco hubiera tenido una docena de réplicas listillas y cínicas para eso, pero de pronto su instinto de sobrevivencia se había activado y aullaba lastimándole los tímpanos.
-Quizás… deberíamos ir a recoger la mesa.
-Por supuesto –hizo ademan de levantarse, pero una mano en su muñeca lo detuvo- lo prometo –añadió Harry sencillamente, y le dejó ir.
Draco tenía lapsus de vez en cuando. Lapsus en que tomaba decisiones estúpidas, para deshonra de su naturaleza Slytherin. Como cuando se vistió de dementor para molestar a Harry en tercer año y terminó perdiendo puntos para su casa. O cuando quiso maldecir a Harry de espaldas y terminó convertido en hurón. O cuando siguió a Harry a la sala de menesteres durante la batalla, aun a sabiendas de que no lo había querido delatar cuando estuvo en la mansión. Era solo una maldita coincidencia que sus lapsus siempre estuvieran relacionados con Harry. Como el lapsus actual, en que mandaba a la esquina de la vergüenza a su buen juicio y sentido común. Se sentía como las brujas de la antigüedad caminando a la pira en que serían quemadas. Solo que él se dirigía ahí a saltitos, como niño presuroso por probar algo nuevo. Y es que eso, ese entendimiento, la mirada confidente que Harry le dirigía, sus pasos en la habitación y los comentarios ingeniosos viniendo de ambos, todo era tan desconocido y familiar al mismo tiempo. Y se preguntó si acaso así sería… tener a alguien con quien compartir las noches después del trabajo. Recoger la mesa entre bromas y codazos amistosos, guardar el remanente de comida y robar la última porción de postre. Quizás hubiese podido tener algo así con Anthony si se lo proponía… pero es que nunca lo había deseado. Tal vez porque no sabía que podía ser así de agradable… que el amor no solo trataba de sacrificio y perdida, sino que también podía ser brillante, cálido y plácido.
-Me sorprendió que conocieras los encantamientos para fregar y secar platos –comentó Harry, hundiendo la cuchara en la tarta compartida.
-Vivo solo, he tenido que adaptarme.
-¿No tienes un elfo? –cuestionó con algo de asombro.
-¿Yo? ¿El sangre pura secretario de MAPLE? Por supuesto que no. Hay que predicar con el ejemplo –Harry acompañó su risa, pero lucía un gesto nostálgico.
-En mis tiempos, cuando se fundó la PEDDO, solía ser el secretario.
-Puedes relevarme de mi cargo cuando gustes. Tal vez sea lo mejor, ahora que tendré un segundo juicio en mi expediente –bufó, llevándose una porción abundante a la boca.
A falta de amor, los postres. Ellos nunca fallan.
-¿Qué hay de ella? ¿Cómo se hicieron amigos?
-Oh. Por ti, obviamente –fue por un poco más de tarta, pero la mirada inquieta de Harry le detuvo- claro. Cuando volví hace unos años, mi madre me pidió que te buscara, que tú tenías dinero a tu disposición… ya sabes, podríamos asociarnos.
-¿Y tú aceptaste? –Draco sonrió de lado, con un sentimiento ambiguo.
-Recordé aquella conversación fuera de la sala de menesteres. Fuimos bastante civilizados esa noche. Además, con tu imagen y mi estrategia de negocios, estaba seguro que podríamos tener éxito –Harry le miró con algo de suspicacia y él prosiguió- estaba siendo práctico. Mi sorpresa fue inmensa cuando llegué a Inglaterra y nadie podía darme referencias claras sobre ti. Incluso fui al Ministerio y me dijeron que no habías usado medios mágicos para dejar el país, que era lo único que podían decirme. Así que pensé que lo mejor sería recurrir a una fuente más confiable. Conseguí la dirección de Hermione y fui a visitarla… fue una entrevista bastante extraña.
-¿Qué ocurrió?
-Hablamos de ti –las cejas de Harry se alzaron de inmediato- me contó de tu desaparición y de sus intentos por encubrirlo. Al final me propuso hablarle a George sobre mis intenciones de asociarme con alguien… imaginarás lo que pasó luego. Empezamos a coincidir en la madriguera, y entre debates sobre hierbas mágicas, política y legislación laboral de elfos, la amistad se dio –resumió.
-Asumo que jamás volviste a decirle sangre sucia –Draco se echó a reír por un recuerdo evocado accidentalmente por Harry.
-Lo siento. Es que una vez, cuando estaba molesta conmigo me llamó "sangre pura imbécil" –negó- tiene su gracia. Y se enojó aún más cuando me reí al escucharla.
-¿Qué hay de Ginny? ¿Cómo se dieron las cosas entre ustedes? –el humor de Draco bajó de súbito, cual corcho que vuela alto propulsado por la espuma y luego cae en picada.
-Eso es… un poco diferente. Ya empezaba a jugar al quidditch y tenía un régimen de entrenamiento muy estricto. Aun así, mantenía su distancia. Nunca escuché que dijera algo en mi contra, pero tampoco parecía aprobarme del todo. Supongo que me dio una oportunidad cuando me hice amigo de Luna.
-¿Así que no has hablado de mí con ella? –de nuevo, la pregunta le dejó un regusto amargo a Draco, a pesar de la natilla y el chocolate que estaba degustando.
-No… ella no habla sobre ti con nadie. Ya sabes, nunca declaró nada… sobre su ruptura.
-Ginny es asombrosa. Y me alegra saber que está volando alto… literalmente –Draco le ofreció una sonrisa desganada.
Harry siguió lanzando una pregunta tras otra, sobre Arthur y Molly, sobre Fleur, Bill y sus hijas, sobre Percy, Charlie y otros conocidos. Draco atendió sus dudas, oscilando entre admirar la expresión anhelante en los ojos de Harry y turbado por los pinchazos de pena ante ciertas sonrisas nostálgicas. Ya no quedaba nada en el plato y todo lo que se oía en el exterior era el susurro de algunos animales nocturnos, cuando Draco tuvo que luchar por contener un bostezo. Harry le sonrió con culpa.
-Lo siento, estoy abusando de tu cortesía.
-No es tu culpa… tengo un ligero desfase horario y una cantidad considerable de vino en mi organismo.
-Debería irme –dijo.
-Deberías –convino.
-O deberías venir conmigo a dar una caminata por los jardines de tu madre. Es una noche hermosa –Draco parpadeó, admirado por la propuesta.
-Es casi medianoche.
-¿Qué, le tienes miedo a la oscuridad? –inquirió, con el tinte desafiante de antaño.
-Soy un Slytherin, Potter. Mi sala común estaba en las mazmorras, que no se caracterizaban precisamente por su magnífica iluminación.
-¿Entonces qué dices? Vamos, para asentar la comida y bajarnos la borrachera –Draco alzó el rostro con semblante grave.
-Yo no estoy ebrio –estableció- pero soy un caballero. Y si lo que pides es que te acompañe a recorrer los jardines y te guie a la puerta, lo haré.
Su audacia fue recompensada con una sonrisa más hermosa que un ocaso junto al Támesis.
-¿Cómo son tus días aquí, Harry? ¿Sólo vas de la tienda a tu casa y a visitar a mi madre? –preguntó, cuando alcanzaron los escalones de piedra. El aludido hundió las manos en sus bolsillos y alzó los hombros con un suspiro.
-No es tan monótono como crees. Me gusta estar en la tienda y Cissy siempre me llena la agenda con cenas y reuniones de negocios, ya lo has visto. Están las clases de piano y algunos hobbies en mi tiempo libre.
-¿Cómo practicar hechizos de defensa? –Harry emitió un sonido a medio camino entre una risa y un chasquido.
-Pues sí. Jamás conoces suficientes encantamientos.
-¿Acaso te preparas para una guerra?
-Por Merlín, no. Te dije… es un gusto que me quedó de nuestros días en Hogwarts. ¿O me dirás que tú no sigues preparando pociones por recreación?
-Por recreación y por encargo –Harry se detuvo a medio paso con una expresión interrogante- ya sabes, pociones curativas.
-¿Y las vendes?
-Solo a los amigos.
-Ya. Draco… ¿tú… sabes si Ron no fue a la academia de aurores por mi culpa? –La inseguridad se traslució en los ojos de Harry, quien de inmediato bajó la mirada- quiero decir… se suponía que haríamos eso juntos. Todavía el día de la gala él hablaba sobre eso y yo… quizás debí ser honesto. Al menos decirle que no tenía interés de…
-Harry, Harry, detente –pidió, colocando una mano sobre su antebrazo- no es culpa tuya. Ronald reconsideró las cosas y decidió que no era lo que quería.
-Es que no quiero volver y sentir que… que aun estando lejos seguí perturbando sus vidas, que cambié sus planes. No soportaría que él me guarde rencor por eso –su voz se fue apagando a medida que decía la última frase y Draco sintió como si un puño firme hurgara en su pecho con saña.
-Ronald hubiera podido hacer eso sin ti. Supongo que consideró las opciones y siguió su instinto. Y realmente admiro su elección. Sí, lo hago –corroboró, cuando Harry buscó su mirada- porque decidió quedarse al lado de su hermano y apoyarlo después de… su pérdida. Supongo que ambos se apoyaron. Y en estos años, jamás lo he escuchado quejarse o rechistar. De hecho, es muy creativo para las bromas, en especial cuando tienen que ver con comida –Harry sonrió, aunque cierto matiz de tristeza acompañó el gesto.
-¿Seguro que no me dices eso solo para tranquilizarme?
-Vamos, Potter. La amabilidad no es algo que yo desborde, precisamente –en esa ocasión, el regocijo si alcanzó los ojos verdes.
-¿Y qué me dices de Hermione? ¿Ella también es feliz con sus elecciones?
-Claro que lo es. Al menos eso puede decirlo –Harry correspondió su sonrisa y Draco apartó su mano a regañadientes- ¿fue cierto lo que dijiste hace rato? Sobre tener recuerdos en común en el futuro…
-Por supuesto que lo fue.
-¿Y yo no podré hablar con nadie sobre esto?
-¿Quieres hacerlo?
-Tal vez.
-¿Y qué les dirías? –se interesó, ladeando el rostro.
-Que lo estás haciendo muy bien por tu cuenta.
-¿Esa impresión te doy?
-¿Me equivoco? –Harry luchó, pero una sonrisa increíble transformó sus facciones.
-No, creo que no. Supongo… que temo que quieran contactarme.
-¿Podrías culparlos por eso?
-No, y esa es la cuestión. Que no quiero que me llamen o me envíen una carta. Pero me sentiré decepcionado sí no lo hacen –el rubio rió, incrédulo.
-Eres tan tonto, Harry.
-Jamás creí que te escucharía insultarme mientras sonríes de esa forma –Draco tragó saliva, rindiéndose a la sensación cálida en sus mejillas.
-Y yo jamás creí que estaría paseando contigo a media noche, rodeados de rosas… ¡en Francia! –enfatizó, con un gesto dramático a su entorno.
-Me alegra que llegaras de improviso.
-Y a mí que aceptaras verme. Podrías haberte desaparecido ayer… esconderte. Y yo no habría tenido forma de saber que eras tú. Créeme, ya dispuesta a engañar a alguien, mi madre es de temer.
-Pensé hacerlo –confesó- pero ya hui suficiente tiempo.
-¿Y de qué huías, Harry?
-Del pasado… de mí mismo.
-Malas noticias, eso siempre terminará por alcanzarte.
-Tal vez no tan malas –Draco rodó los ojos de forma exagerada- no lo digas –advirtió- "insoportable optimismo Gryffindor".
-Oh, me quitaste las palabras –se quejó- por cierto, tú estás exigiendo mucho de mí, Harry. Me pides que guarde secretos incluso de mi madre. ¿Por qué no querías que se enterara de nuestra excursión al bosque? –Harry compuso un mohín infantil y se apoyó contra una de las columnas de piedra de estilo griego.
-El problema no es haber ido al bosque, sino que nos quedamos ahí hasta tarde. Ese lugar suele ser evitado por los muggles de la zona debido a leyendas de terror y apariciones, pero la verdad es que alberga ciertos tipos de criaturas mágicas. He visto bowtruckles, hadas, clabberts, gnomos y unicornios, especies bastante sencillas de controlar y de evitar. Pero también hay ciertos… animales menos amigables. Un día me encontré con unos gorros rojos y no fue nada divertido. Cissy me prohibió… eh, me pidió que ya no me expusiera sin motivos.
-Y tiene razón. Tus días de danzar con el peligro ya pasaron –informó, con un súbito impulso protector.
-Descuida, las criaturas mágicas no son algo que me interese.
-Bien.
Draco echó un vistazo a la casa. No se veían luces en los niveles superiores, así que era probable que su madre ya estuviera dormida. Trasladó entonces su mirada hacia el cielo otoñal. La luna brillaba entre las densas nubes, aunque le faltaban unos días para estar completa.
-¿Tú podrías hacerlo, Draco? ¿Marcharte sin un destino, dejar todo lo que crees tener?
-¿No es lo que he hecho estos días?
-Pero sabes que vas a regresar. Tienes asuntos pendientes, gente esperando por ti. ¿Lo harías después? ¿Te adentrarías a lo desconocido?
-No lo creo. Tengo proyectos, cosas por vivir y responsabilidades. Debería tener un buen motivo para dejar todo eso.
-¿Y no lo tienes?
-No.
Harry le miró durante segundos cargados de incertidumbre, como si alguna replica estuviera pugnando por salir de su boca pero sabía que lo mejor era retenerla a toda costa. Y Draco sabía que era de esa forma porque estaba viviendo algo semejante. Al final, tras una serie de parpadeos cual ventisca preludio de la avalancha, Harry sonrió, asintiendo una sola vez.
-Entiendo –murmuró, tan quedo que el Slytherin solo leyó la palabra en sus labios- es hora de irme. Espero poder verte al menos una vez más antes de que te vayas.
-Lo decidiré por la mañana –intentó bromear, pero una suerte de percepción de marcha inminente se cernía sobre ambos.
-Buenas noches, Draco.
-Nos vemos luego, Harry –dijo por su parte, tendiéndole la mano.
Harry la aceptó de inmediato, borrando un recuerdo agrio con el gesto. Draco se acercó a él, dispuesto a darle uno de los abrazos con palmadas que acostumbraban los Weasley, pero terminó en un enredo caótico de extremidades en que solo fue consciente de una cosa: de los labios de Harry depositando un delicado beso en su cabello, antes de alejarse unos pasos.
Todavía tras el sonido de la desaparición, se quedó viendo el sitio desde el que el chico dorado le había dirigido una última sonrisa de despedida.
Había llegado el momento de quedarse a solas con sus pensamientos, el momento de ser honesto consigo mismo.
Ese día había cambiado algunas ideas en la mente de Draco. Sin siquiera intentarlo, el Gryffindor le demostró lo que se estaba perdiendo. Sí, seguía pensando que a los veintidós todavía era demasiado joven para comprometerse. Pero debía dejar de huir y tal vez abrirse a la posibilidad de una relación seria y estable. Podría encontrar a un hombre que le hiciera sentir cómodo, un compañero para las tardes frías, un refugio para los días turbios. Y aunque había sido Harry quien le provocara tal anhelo, sabía que no podía permitirse pensar en él de esa forma. Los separaban más que fronteras geográficas. Además, Harry solo había sido amable y simpático, así era él. Draco tendría que tomar ese par de días y guardar los recuerdos en una bóveda de máxima seguridad en su memoria. No debía fantasear con más. Era inconcebible.
Ojalá su subconsciente colaborara con la razón, en lugar de seguir reproduciendo para él las sonrisas de Harry y la sensación abrumadora de estar en sus brazos.
Notas finales:
El postre que se menciona, el "Sticky Toffee" es tradicional de Inglaterra. Lo elegí no sólo porque parece delicioso (pueden googlearlo, yo me antojé cuando lo vi jajaja), sino porque también es una forma de mostrar que a pesar de lo que diga, Narcissa extraña su país. No sé, este es un personaje que me intriga mucho y sobre el que he disfrutado escribiendo.
En el próximo capítulo...
-¿Coqueteando descaradamente? –Harry alzó las cejas, con la mirada brillante.
Draco se sintió tentado a morderse la lengua.
-No estaba coqueteando con ella. Solo la halago un poco, nada extravagante. Las mujeres necesitan que les recuerden su belleza de vez en cuando.
-¿Nada extravagante? ¿Así le llamas a esas sonrisas encantadoras que usas?
Draco quería detenerse, pero por Merlín que no podía. Estaba indignado, molesto y… ¿por qué Harry no dejaba de sonreír?
-¿Crees que mi sonrisa es encantadora?
Hasta el próximo viernes, Allyselle
