Durante esos breves momentos, el pequeño de los Winchester, se preguntó que harían en su lugar Dean y su padre. Estaba deseando acercarse a la cama y preguntárselo directamente a su hermano, que le dijera cual era la mejor solución. Pero sabía que no le iba a contestar, que sólo él podía tomar la decisión final, fuera la correcta o no. Pensó que si cualquiera de los dos tuviera que salvarla vida a él, hubieran hecho todo lo necesario para que Sam estuviera a salvo, incluso dar sus vidas por él; ya se lo había visto hacer con anterioridad.
Finalmente, respiró profundamente y retiró de su mente todas las dudas, todas las opiniones enfrentadas y dejó que su propio instinto hablara por él. Antes de decir nada sobre lo que su conciencia le dictaba hacer, volvió a mirar a Rachel, como si de algún modo necesitara ver en sus ojos una mirada de aprobación y que hiciera lo que hiciera fuera a ser lo correcto. Sin embargo no fue eso lo que se encontró en su mirada. Estaba contrariada, con la vista permanentemente puesta en Dean, como si este hubiera hecho o dicho algo y Sam no se hubiera dado cuenta.
"¿Qué ocurre Rachel¿Le ocurre algo a Dean?." Al no responderle, Sam se acercó a ella y puso su mano en el hombro de la chica. Entonces se dio cuenta de que era alguien real, que su cuerpo era tangible, no se trataba de un fantasma sin más, era un ser corporeo y bastante poderoso, si podía hacer eso. "Rachel."
"Es raro, he visto muchos casos de este tipo, mucha gente siendo consumida por el demonio," A Sam se le hizo un nudo en el estómago al escuchar eso de ser consumido, no podía ni quería pensar que su hermano estuviera siendo devorado por una criatura del inframundo. "Pero nunca se comportan así, es como si de algún modo estuviera resistiendo el poder del demonio."
Sam quería decirle, que Dean era un luchador, que no se dejarìa ganar por el demonio sin pelear y que haría todo lo posible para ganar tiempo y que Sam pudiera encontrar una solución. Sin embargo, también se acordaba de lo sucedido la primera vez, de lo sencillo que le fue al ser convecerle de que su hermano habñia muerto y que estuvo a punto de llegar a matarse por la culpa de la criatura. Por ello, no lo dijo.
"Tal vez lo esté haciendo, tal vez sepa que no está viviendo en la realidad y se este enfrentado a ello."
"No, Sam, tu no conoces a este demonio. Es muy poderoso, usará todas las armas que tenga a su alcance para que al final, Dean se crea lo que el quiere que vea. Pero, no se, es como si se tratara de una infección normal y corriente, el cuerpo se está defendiendo, ha colocado una barrera mental o física no lo se, que hace que al demonio le sea más difícil llegar a tu hermano. Por eso tiene tanta fiebre, es la respuesta de su cuerpo.
Aunque no lo expresó exteriormente, Sam se sentió aliviado al escuchar eso, porque entonces significaba que aún había esperanzas para salvarlo de nuevo, aunque no entendía muy bien a lo que se refería con lo de la barrera, nunca había escuchado nada parecido.
Dean se había despertado un rato antes, con la mente algo confusa, como si hubiera estado durmiendo demasiadas horas, pero poco a poco, fue recordando todo lo ocurrido, la conversación con su hermano, la visión de Rachel y haberse quedado casi inconsciente en la cama de la habitación, por no sabía cuanto tiempo. Sabí muy bien que lo que estaba viendo no era la realidad, que el demonio estaba jugando con su mente otra vez, que no debía creer nada de lo que viera. Pero, sin embargo, al mirar a su alrededor, creyó recordar donde se encontraba exactamente.
Le resultaba difícil de creer, era alucinante lo lejos que había llegado el demonio en sus recuerdos esa vez, porque al mirar a su alrededor, se encontró en su propia habitación, la misma que había tenido en Lawrences. Dean se dio cuenta de que estaba en casa, en la misma que había vivido con sus padres y con Sam hacía veintitres años, sólo que era diferente, no era la misma habitación que él había conocido de niño, estaba decorada tal y como la hubiera querido tener siempre, como si fuera su habitación en ese momento.
Miró a su alrededor de nuevo, y comprobó que todo lo que veía podría haber formado parte de su vida perfectamente, un montón de discos del rock de todas las épocas, una guitarra acústica; abrió el armario y vio gran cantidad de ropa, la mayor parte de la cual no había visto nunca, pero toda, tal y como la habría llevado él, incluyendo un par de cazadoras de cuero impecables.
Miró por la ventana, no había nadie por la calle, pero en la puerta de la casa vio apartado el impala y el coche de su padre, no podía creer estar viendo ese coche otra vez; palpó sus bolsillos y luego miró encima del escritorio y encontró las llaves del coche. el Impala era suyo, no lo tenía prestado de su padre, sino que era completamente suyo.
Dejó de moverse, había escuchado ruidos escaleras abajo, voces que parecían hablar amistosamente, ue incluso se reían. Escuchando más detenidamente, una de ella creyó reconocerla, como si de un lejano recuerdo se tratara, y aunque su cerebro le decía que era algo imposible, su corazón le repitía sin cesar que esa era la voz de su madre. Los latidos de su corazón comenzarón a sonar tan fuerte que casi le pareció sentir el corazón fuera del pecho. Abrió la puerta de la habitación, quería bajar, ver que era verdad, que su madre se encontraba bien, y que estaba viva. Entonces, de nuevo su corazón le dio una punzada. Era imposible, no estaba en la realidad, todo era un juego del demonio. "Seguramente, quiere que vea lo feliz que sería viviendo aquí, en su mundo, ya que a las malas no logró nada."
Se serenó y decidió que tenía que estudiar la situación con cautela y ante todo no dejarse engatusar por lo que le pudiera decir o enseñar el demonio en aquella visión totalmente fuera de la realidad.
Llegó a las escaleras, que conducían la piso de abajo y a la puerta de la calle. Entonces la vio, su madre estaba allí, igual que la recordaba, sólo que veinte años más, igual de guapa que la mujer que apenas había llegado a empezar a conocer cuando sólo era un niño y se la arrebataron. La misma sonrisa amplia y perfecta y su cabello rubio igual de largo. Aunque no quería, Dean no pudo remediar bajar y darle un abrazo, necesitaba sentirla de nuevo, aunque sólo se tratara de un sueño, de algo completamente irreal y que no estaba sucediendo; pero necesitaba oler su aroma, y sentir lo que podría haber sido estar entre sus brazos cuando hubiera estado deprimidom, cuando hubiera necesitado del consuelo de su madre. Necesitaba saber lo que sentía teniendo una madre de verdad, aunque solo fuera por un momento.
"Buenas tardes dormilón, ya era hora de despertarse." Dean se sintió extraño, nunca le habían dicho eso, porque nunca habían dormido hasta tarde, pero al mismo tiempo, estaba feliz, por primera vez desde que era un crío, sentía que formaba parte de una familia de verdad y aunque no fuera auténtico, no querí perder aquello.
"Hola mamá." Tantas veces había soñado con decir aquello, que ahora le parecía que tenía que repetirlo una vez por todas las que nos las había dicho en aquellos años
"¿Te parecerá bonito?." Dijo su madre con un tono entre cariñoso y burlón. "Tu ahí durmiendo a pierna suelta y Claire esperándote en la puerta del cine." su madre señaló a la persona que tenía al lado mientras hablaba. Era una chica, joven, de unos veintitantos años, rubia, alta y delgada, con una bonita sonrisa y unos ojos llenos de vida. Dean no la reconoció pero sintió algo dentro de él mientras la miraba, como si la conociera bien. "No se como sigue saliendo contigo, espero que ahora que acabais de anunciar el compromiso, cambies un poco." Mary besó a su hijo en la mejilla y dejó a los dos jóvenes sólos, marchándose hacia la cocina.
Dean no se lo podía creer, apenas era capaz de pensar con claridad. Por mucho que se tratara de una ilusión del demonio, había una sensación muy distinta a la de la vez anterior. Dean estaba feliz, casi se había olvidado de que estaba en peligro, de que podía morir si no tenía cuidado y empezaba a sentirse muy bien en aquella otra realidad, no es que nada le estuviera forzando a sentirse bien, simplemente algo en su propio interior, le decía que era lo correcto.
"¿Bueno que, no me vas a dar un beso?" Claire se acercó a Dean y atrayéndolo hacia ella, le dio un beso en los labios. Fue un momento intenso y apesar de no haber vivido ningún otro momento con ella, pareció serle muy familiar.
Unas llaves sonaron en la cerradura de la puerta. Ambos se apartaron y dejaron entrar a la persona que trataba de abrir la puerta. Dean lo intuyó antes de verlo, sabía que era él, como si todos los días a la misma hora John Winchester entrara por la puerta. Aun así, Dean se quedó paralizado, nunca hubiera esperado volverlo a ver.
Comenzó a marearse y a perder el equilibrió, estaban siendo demasiadas emociones en un sólo momento y necesita sentarse. Su padre lo sujetó y evitó que se desplomará, igual que antes lo había hecho Sam cuando vio a Rachel en la calle, y lo llevó hasta el sofá. Dean se dejó caer y John se sentó enfrente, en la mesita. Dean lo miró y no supo que decir, eran tantas cosas las que no le había podido decir, tantas que no sabía por cual empezar. Sólo pudo hacer una cosa. sin decir nada se abrazó a él con fuerza, tenía que sentirlo, saber que lo estaba tocando de verdad e imaginar por un momento, que nunca se había marchado.
Tal y como estaban, John le susurró al oído a su hijo, tal y como había hecho en el hospital un momento antes de morir.
"No te preocupes hijo, ese maldito demonio no te hará nada, no pude acabar con él hace años, pero ahora lo haremos juntos."
