Disclaimer: Los personajes sond e Stephenie Meyer, la trama es mía y cualquier parecido con la realidad es porque lo vi por ahí o es coincidencia.
4
Alrededor del mundo
Paparazzi I
.
Los que dicen que cuando se está a gusto y de vacaciones el tiempo pasa muy rápido tienen razón. Hoy es la entrevista y sesión de fotos de Edward, llegamos a esta ciudad tratando por todos los medios de no encontrarnos con paparazzis y lo logramos, tres personas pidieron foto con Edward en el aeropuerto que tomé con sus celulares. No sé si eran fanáticos, pero se fueron bastante emocionados.
En casa no había comida en el refrigerador, comida que no estuviera vencida, así que mientras él trabajaba en posar sexymente para la cámara y respondía preguntas curiosas, iría a hacer las compras para tener lo mínimamente necesario hasta que nos fuéramos a ese viaje secreto que me tenía de sorpresa.
Salí en el jeep hacia el supermercado, quizás los fans subieron las fotos con Edward en el aeropuerto de LAX o estaban acampando cerca de nuestra casa, pero un auto me siguió hasta que me bajé y entré a comprar. Eché en el carrito de todo un poco, frutas, verduras, carne, lácteos, hasta compré magdalenas de chocolate ya hechas. Estaba preparada para lo que estaba afuera, no era la única, una cantante country también hacía sus compras, y pagando en una caja estaba un integrante de la banda adolescente de hoy en día, y era vergonzoso escuchar a las personas quejarse de no poder comprar tranquilos por los fotógrafos.
Salí al mismo tiempo que la cantante, me dio una mirada de «aquí vamos» y se fue a su auto.
Click. Click. Flash. Flash. Click. Flash. Flash. Click.
—Hola, Bella.
—¿Dónde está Edward?
—¿Es cierto que tuviste que dejar la casa?
—¿Es Kate la responsable, Bella?
—¿Estás embarazada?
—Una sonrisa, Bella...
Eché todas las bolsas en el asiento del copiloto. No estaba para seguir escuchando tanta tontería. Al momento de ir a subirme por el lado del conductor, un tipo se interpuso delante de mí con su gran cámara y lo siguieron los demás para tenerme de frente, lamentablemente para mí esa gran cámara chocó en mi pómulo. No rozó mi cara, realmente chocó, con dolor y una exclamación mental parecida a la de un camionero furioso.
Mierda. Toqué esa parte de mi rostro aguantando el dolor, los flashes seguían junto a voces y algunos insultos.
—¿Te das cuenta lo que hiciste?
—Llamaré a la policía.
—¡Me empujaron! No fue intencional.
—No es interesante si lo fue o no, tu estúpida cámara le dio en la cara por tu culpa.
—¡Sólo hago mi trabajo!
—¿Estás bien? —oí que me preguntaron. Asentí, era la cantante—. Quizás no quieras involucrar a la policía, pero sabes que hay una ley contra ellos. Deben empezar a aprender que sus actos tienen consecuencias.
—Lo sé… —la miré y luego al tipo que seguía maldiciendo—. No deberías meterte en esto, no quiero que te tomen como problema.
—No voy a dejar que sigan haciendo esto… —se estiró desde el asiento del conductor a las bolsas que dejé en el otro asiento—. Toma. Seguramente se te hinchará o quedará morado.
Me puse en mi rostro una bolsa de granos de maíz congelados. Alivio instantáneo, Irina me sonrió al ver mi expresión y no se movió de mi lado hasta que en menos de diez minutos llegó la patrulla.
Sólo fui a comprar comida y luego de dos horas volvía a mi casa. Lo peor aún no pasaba, debía decirle a Edward todo el problema, y a Renée. Triple mierda.
Bajé las bolsas del jeep y me encaminé a la cocina, me recomendaron un antiinflamatorio y que pusiera algo frío en mi pómulo. Aún no veía mi rostro y sinceramente no quería, pero fui al baño en busca de la pastilla y valientemente me vi. Estaba hinchado y rosado, de ese rosado brillante, según el policía que me atendió eso luego sería morado. Qué amable. Me tomé el ibuprofeno y me propuse hacer el almuerzo, luego llamaría a mamá.
Ninguno de mis planes pasó. Renée llamó luego de que las fotos fueran subidas a internet. Quince minutos después de que empezara a cocinar.
—¿En qué estabas pensando que no me llamaste, Isabella? Necesitas un abogado, ese hombre arriesga días de cárcel o una multa, y puedo ser muy pesada cuando me lo propongo, ¡mucho más cuando esa alimaña ataca a mi hija!
Dios, estaba furiosa.
—Mamá, no me importaría que pasara algunos días encerrado, el dinero no es relevante para mí, pero cálmate, ¿de acuerdo?
—Debes tener tu rostro hinchado, ¿cierto? —preguntó luego de una respiración profunda—. Cariño, si no hablamos con un abogado ahora esto será como si nada.
—Lo sé, mamá.
—Tienen que darse cuenta que su prepotencia puede llegar a algo grave. Quizás para ellos no sea nada empujar a la gente o darle algún golpe no intencionado, pero ellos no son las víctimas, ellos saben perfectamente lo que hacen, son bien dramáticos si es que algún famoso les hace algo. Pues que empiecen a aprender ahora.
Luego de hablar con ella y decirme que vendría a casa a verme ahora mismo, Edward llamó. Estaba con la mente en ese paparazzi, en el golpe, en la policía y en la declaración que no le presté atención a mi celular en esas horas. Creo que esos muchos mensajes que tenía y no alcancé a ver por la llamada de Renée eran de él.
—¿Hola? —respondí mientras me sentaba en el sofá de la sala.
—¿Estás bien? —su tono era agitado y preocupado.
—Lo estoy, nada grave —contesté rápidamente—. Ya se está pasando.
—¿Por qué no me llamaste? Te mandé mensajes y traté de llamarte durante horas.
—Con todo el ajetreo no revisé nada, y me acompañó Irina que estaba en ese momento en el supermercado. Renée vendrá ahora, dice que necesito un abogado.
—Voy saliendo para allá, y vamos a tener una conversación sobre prioridades, Isabella —dijo con voz seria—. ¿Necesitas que pase a comprar algo?
—No, nada… ¿me vas a regañar, Edward? —inquirí sin creerlo—. Me sonó a una conversación demasiado seria.
—Ya veremos.
La primera en llegar fue mi madre, que hizo una mueca en cuanto me vio la cara.
—Estúpida sanguijuela —murmuró acercándose a ver—. Se te pondrá horrible.
—Tercera persona que me lo dice, gracias.
—¿Tomaste un ibuprofeno? —asentí—. ¿Y te has puesto algo frío?
—Estaba cocinando, pero sí, me puse una bolsa de maíz congelada.
—A Edward le va a dar algo cuando te vea… —fue al refrigerador a sacar otra bolsa congelada—. Llamé a J. Jenks, se hará cargo, quizás venga o llame.
—De acuerdo.
Me puso la bolsa en el rostro y se dispuso a terminar la comida. No era muy ama de casa, pero sabía cocinar lo básico, que no estaba nada mal en estos momentos.
—Cuando no pudo localizarte me llamó —comentó mientras me servía comida. Hablaba de Edward—. Estaba muy preocupado, Bella, dejó la sesión en espera, cuando le dije que no se pusiera histérico me ordenó que le dijera qué pasaba.
—Luego te pidió disculpas.
—Claro que sí, es todo un caballero, y lo entiendo, yo le grité al policía que me atendió por teléfono cuando pregunté por ti.
Sonreí por su expresión de culpa, lo que transformé en una mueca porque sentí un dolor punzante en mi pómulo al mover los músculos de mi rostro.
—Mientras menos expresión tenga creo que menos dolor tendré.
—Si sigues con cosas frías la hinchazón bajará, y un poco de maquillaje puede cubrir ese feo moretón que tendrás.
—¿Crees que Alice haya sabido algo? Siento que en algún momento sonará mi celular y ella me gritará desde Londres.
Renée rió y dijo que probablemente eso pasaría en unos minutos. Comimos tranquilamente sabiendo que Edward llegaría. En cuanto el auto entró y escuchamos el portazo, ni siquiera la puerta del auto cerrarse, fue un portazo, Renée se levantó de la mesa y salió al patio trasero para darnos intimidad. Quise rogarle que se quedara.
—Bella…
Caminé a la sala para encontrarme con él. No sé si en media hora un golpe en el rostro que estaba rosado brillante podría estar peor, supongo que sí. Edward tenía una mueca de dolor, expresión de enfado y ansias de asesinar a alguien.
—No sacas nada con enfadarte, el daño ya está hecho —dije en un vano intento de apaciguarlo.
—Ni siquiera estoy enfadado, eso es nada en comparación a cómo estoy —replicó entre dientes y se acercó a mí—. ¿Duele mucho? —preguntó suavizando su voz, acarició con sus yemas alrededor de mi pómulo derecho como el toque de una pluma.
—Siento que está hinchado, pero no duele demasiado —le aseguré pasando mis brazos por su cintura—. ¿Terminaste la entrevista y tus fotos?
—Sí —me abrazó por los hombros y besó mi frente—. ¿Qué dijo el abogado? Renée llamaría a Jenks para que se hiciera cargo.
Todo negocio, nada de romance.
—Se hará cargo, me llamará o vendrá, no sé —alcé mi cabeza para acercarme más a él—. No te veo hace horas y no me has besado —dije quejándome.
—Es cuestión de prioridades —replicó alzando una ceja—. Me tendrías que haber llamado. En cuanto ese jodido estúpido chocó su cámara contigo, Bella, debes saber que mi primera prioridad eres tú por sobre todas las demás.
—¿Por qué estás tan molesto? —exclamé alejándome un paso de él.
—Porque no te das cuenta lo importante que eres para mí, Isabella.
—¡Deja de decirme Isabella!
—Presta atención —ordenó—. Si algo te pasa, si te duele una jodida uña, si te sientes mal, si un estúpido paparazzi te persigue o te golpea… Debes. Avisarme.
—¡Perdón por no pensar en que te ibas a preocupar! Tenía un montón de gente alrededor y a la policía haciéndome preguntas. No fue que no quisiera, Edward, siempre eres el primero en saber lo que me pasa.
—¡Lo sé! Pero escuchar por teléfono que alguien te haya hecho cualquier tipo de daño me vuelve loco.
Entiendo que esté enfadado, yo lo estoy también, pero conocía a Edward hace más de dos años y su enfado no era sólo con ese paparazzi o con un grupo completo, estaba irritado consigo mismo.
Cuando nos conocimos en un concierto benéfico de muchos cantantes y bandas, fui con Renée porque su mejor amiga es la publicista de muchos famosos, y yo simplemente era una chica normal que estaba terminando unos cursos universitarios y acompañó gratuitamente a su madre y amiga al mejor evento de la historia. Apenas conocía a Edward Cullen, era famoso, claro, pero no estaba interesada en sus películas ni su vida, así que cuando Kevin se acercó al grupo de la amiga de Renée, él vino en la cola. No soy de las que trata diferente a una persona por ser o no famosa o por ser o no de dinero, y hablé con Edward por mucho tiempo esa noche.
Cabe mencionar que el gran concierto masivo fue al aire libre y muchos paparazzis acreditados rodeaban el lugar para tener la mejor foto de todos esos artistas reunidos en aquel espacio. No fue hasta el otro día en clases que me di cuenta que unos tres tipos me sacaban fotos mientras caminaba a la Universidad y luego a la salida, y entrando a mi casa y otra vez al otro día.
Edward se puso en contacto con Renée y conmigo, me pidió disculpas por ese acoso, que ellos sólo querían saber y tener fotos de la chica con quien lo vieron esa noche. Le dije, claro, que no era su culpa, pero tan caballeroso como es me costó persuadirlo y tranquilizarlo, hasta este momento otra vez.
—¿Te estás culpando? Edward, es ridículo que sientas un mínimo de culpa por lo que me pasó.
—Siempre está ese pensamiento de que por estar conmigo te tienen en la mira —pasó su mano desordenando su cabello en modo de exasperación—. Sabes que llegan a mí por ti, saben perfectamente que eres lo que más amo y se meten contigo. Odio eso, Bella.
—Si quieres ponerlo de ese modo no tengo ningún problema en tener que soportar a esos cretinos para salir a la calle contigo —lo tomé de los hombros para que me mirara—. Pero una cosa te digo, mi relación contigo no tiene nada que ver con tu vida de fama, no tiene nada que ver con tus películas ni sesiones de fotos, esa es tu vida, no la mía —le expresé con claridad—. Mi vida se basa en estar y amarnos juntos, en escribir porque tú y mi trabajo son las dos cosas que más me apasionan, Edward. ¿Entendido?
—Lo intento —me atrajo hacia él y juntó nuestras frentes—. Te amo.
—Te amo también —con cuidado alcancé sus labios—. ¿Me vas a besar ahora?
—Lamento interrumpir, pero Jenks está afuera —dijo Renée llegando a nosotros—. ¿Le abro?
—Sí, por favor. Acabemos con esto —concluyó Edward llevándome al living—. ¿Comiste? —asentí mientras me hacia sentar en el sofá—. ¿Cada cuánto debes tomar una pastilla?
—No lo sé, sólo me tomé una.
—¿No te vio ni siquiera una enfermera? —inquirió frunciendo el ceño.
—No es la primera vez que tengo un golpe, mi amor, por favor para —le pedí cuando lo sentí tensarse otra vez—. Se me quitará en unos días, ¿de acuerdo?
—Ajá.
No quería que siguiera molesto ni culpándose por tener a la prensa detrás de mí, sinceramente, soy bien grandecita para saber en qué me metía cuando empezamos a salir, no soy tan ingenua, no esperaba una vida ni relación tranquila cuando él es actor y está en el ojo de Hollywood. Aunque hubiese preferido que fuera sin golpe.
Jason Jenks era sólo negocios también, bajito, rechoncho y casi calvo, nos habló de lo que iba a pasar ahora, él no iba despacio, él iría a juicio rápido y ganaría sí o sí. Le dijo a Renée que la prensa de espectáculos estaría más al pendiente y que sería mejor mandar un comunicado sobre el asunto, así los mantendría tranquilos por un momento.
—No tiene por qué hacerlo —replicó Edward a mi lado.
—Es necesario, un comunicado diciendo que está bien y se tratará toda cuestión formal con abogados los dejará en pausa y dejarán de hablar y seguirla por un tiempo —contradijo Jason seriamente.
—La seguirán de todos modos para tener fotos de su rostro —otra vez replicó Edward—. No es necesario avisarles ni comentarles nada, ellos ya saben que la policía estuvo involucrada, asociarán hechos y listo.
—En estos momentos estoy tratando de separar el ser madre de Bella, porque sinceramente no quiero más fotógrafos ni llamadas para entrevistas sobre este incidente —comentó Renée sentada frente a mí—. Mi hija necesita tranquilidad, descansar, no estresarse cuando ya esto está en manos de un abogado —me miró y continuó—. Se hará un comunicado sólo diciendo que está bien y será en tu página oficial, porque no sé si alguien lo pensó, pero tu trabajo es de escritora, no de ser novia de un actor. Edward no tiene nada que ver aquí, es tema de Bella.
Y dicho así nadie replicó lo contrario.
La llamada de Alice llegó luego de que hablara con Esme y publicara una nota a mis fans en mi página. Primero me gritó, luego me preguntó cómo estaba, un segundo después maldijo, para después de hablar y asegurarle que estaba bien, me dijera que se mudaban a Los Angeles este mes.
—¡Alice! —exclamé contenta al escuchar la noticia.
—¡Lo sé, lo sé, estoy tan emocionada de volver! —dijo hiperventiladamente riendo—. Me tendrás pegada a ti, ahora harás tu papel de amiga, cuñada y madrina mucho mejor, ¿eh?
—Claro que sí, tener a All… Espera, ¿qué dijiste al final?
—¿Qué cosa? —se hizo la desentendida.
—¿Madrina? ¿Quieres que sea la madrina de Allison, Alice? —pregunté con sorpresa.
—Eres mi mejor amiga, prácticamente mi hermana, Bella, por supuesto que quiero que seas la madrina de mi hija —respondió sabihondamente—. Estás mal si pensaste que no lo serías.
—Bueno… si me lo estás pidiendo, claro que acepto, Mary Alice —dije contenta—. Ya hablaremos sobre esto con calma cuando estés aquí.
—Mándale besos a mi hermano, y cuídate, ¿de acuerdo? Te quiero, loca.
—Te quiero también, enana.
Íbamos a hacer la cena para esa noche, pero Edward decidió pedirla para no cocinar y poder irnos a dormir sin tener que lavar platos ni cubiertos. Pedimos comida china y comimos en la mesa del living, sentados como indios y con el canal de música en la televisión. El ambiente era tranquilo y agradable, una ducha y estaría muy lista para irme a la cama.
—Alice te manda saludos —le comenté—. Se mudan este mes, espero que sea luego de ese viaje sorpresa que me tienes. Quisiera ayudarles.
—Ya era hora que lo hicieran —sonrió y bebió de su refresco—. Mis padres estarán tan felices de tenerlas aquí.
—Debe ser complicado tener una nieta, la primera, y verla cada mes por unos pocos días.
—Jasper y Alice les dieron la opción de irse a Londres, pero ya sabes, han vivido toda su vida aquí —se encogió de hombros—. Sacarlos de su zona de confort a estas alturas…
—Esme se adapta muy bien, pero tienes razón, es como tratar de que Charlie pase más de una semana en Los Angeles —reí.
—Charlie… Charlie sale de Forks y es como si le diera alergia hasta el aire —reímos a costa de mi padre—. Debes darle crédito, cada vez que se reúnen él viene sin quejas.
—Nos toca viajar a nosotras este mes, pero como es mi cumpleaños le pediré que haga una excepción y vengan ellos, apenas son casi tres horas.
—Lo harán, tengo todo preparado, escucha —dijo dispuesto a contarme lo que había hecho. Apoyé mis codos en la mesa y le di toda mi atención—. Celebraremos tu cumpleaños aquí el 10 en la noche, el 11 viajamos al medio día a Londres, llegaremos al amanecer del día 12. Pasaremos a casa de Alice, descansaremos y luego partiremos a nuestro destino.
—¿Seguiremos volando? —indagué al darme cuenta que serían once horas de vuelo y quizás más.
—Sí, pero te daré una opción más adelante —dijo sonriendo misteriosamente—. ¿Estás lista para subir a la cama?
—¿Una sutil manera de decirme que quieres sexo? —pregunté bromeando.
—¿Cuántas veces hemos tenido sexo? —replicó con altanería.
—Contadas con los dedos de una mano —respondí sinceramente.
—Eso pensaba, ahora puedes reformular tu pregunta.
Tan presumido igual a su hermana. Le sonreí.
—¿Una sutil manera de decirme que quieres hacer el amor? —le pregunté de nuevo, sobreactuando y divertida.
—Mmmh… Te diría que sí rápidamente, pero tendré misericordia, cariño, te dejaré descansar por hoy.
Su rostro inocente y sonrisa amable no me convencieron.
Me doy una ducha rápida porque si tomo un baño me quedaría dormida al momento de sentarme. Luego de que Edward ya esté listo para acostarse, enciendo el secador para secar mi cabello y cepillo mis dientes para terminar. Él ya está acomodado en la cama y me meto entre las sábanas para abrazarlo. Me detiene.
—Conseguí una crema para tu golpe —explicó ante mi desconcierto—. Te echaré un poco y luego te dejaré tranquila.
Me dejé acariciar por sus dedos. Era tan delicado y suave que comencé a dormirme, estaba cansada, creí que este día jamás terminaría. Sentí que besó mi frente y se estiró a apagar la lámpara, luego sus brazos tiernamente me rodearon e inconscientemente los míos fueron a su cuello.
Dulces sueños.
Desperté y me sentía descansada, Edward me tenía rodeada y dormía profundamente. Giré mi rostro para ver la hora y el reloj marcaba las cuatro de la mañana. Quise cambiar de posición y recordé que mi pómulo derecho dolía, incluso si lo apoyaba en la almohada. Me acomodé y Edward se movió afianzando su agarre en mi espalda, abrazarlo era una de mis actividades favoritas para hacer con él, aparte de muchas más, pero un abrazo de él era increíble; cálido y fuerte, tierno y acogedor, cómodo y apasionado.
Estiré mi cuello para alcanzar su mentón, pasé mi mano derecha de su cuello hasta el final de su camiseta blanca de algodón e introduje mi mano para tocar su piel. Subí y subí mis dedos por su espalda, arriba y abajo en sutiles caricias, a veces pasando mis uñas, a veces mis yemas. Seguí besando su mentón y por inercia él comenzó a bajar su cabeza. Reí suavemente hasta que nuestros labios se unieron, mi lengua con vida propia me dijo que aún tenía sabor a pasta dental, y salió a humedecer esos labios entreabiertos frente a mí.
—¿Quieres abusar de mí mientras duermo? —preguntó sin dejarme responder, me besó y me puso debajo de él—. ¿Sexo o hacemos el amor?
—Hacer el amor recién despertando —le dije metiendo mis manos entre nosotros y llegando a su pantalón—. Nos quedan muchas horas.
Roce. Roce. Roce. Roce. Lo único que sentía era ese calor en el centro de mi cuerpo, sus manos acariciaban mis muslos, mis pantorrillas, mi cadera, mi espalda, todo al mismo tiempo y no dejaba de besarme. Una de sus manos se introdujo lentamente por mi camisón, su palma tocó desde mi trasero hasta quedar debajo de mi hombro, y se movió contra mí atrayéndome con esa misma mano ejerciendo presión desde arriba. Mi braga la sentía húmeda y su pantalón debe estarlo también, sentía su erección rozarse tan agradablemente sobre ese sector.
—Edward…
Mi voz sonó a queja porque lo era, necesitaba más que fricción, o que fuera más rápido. Nada. Sólo sentí sus dedos en mi vientre bajo y luego grité.
—¡Ooh!
—¿Recuerdas la última vez que no alcanzamos ni a quitarnos la ropa?
—Rompiste mi braga —respondí llevando mis manos a su espalda baja y empujándolo.
—Ahora sólo la hice a un lado.
Era muy fácil dejarse llevar con Edward, él hacía todo más placentero. Su boca guardaba mis gemidos y gritos, y había algo sobre estar amándonos a oscuras y en la madrugada apenas viéndonos por la noche sin luna, era como estar completamente en una burbuja; sin sonidos externos, sin prisas, sin preocupaciones, sólo amor y cuerpos.
Aumentó el ritmo y directamente proporcional nuestras respiraciones se agitaron. Eché mi cabeza contra la almohada soltando un gritito, medio segundo después mordió mi labio y no hubo forma de aguantar tanto, me contraje alrededor de él sin importarme si el vecino de al lado me oía, sólo exploté sin fin.
No sé si fueron segundos o minutos después que él me habló.
—Sabes que amo sentirte alrededor, pero no duraré tanto si sigues así, cariño.
No supe a qué se refería hasta que fui consciente de nuestros cuerpos. Él seguía enterrado en mí y bien firme, y yo seguía contrayendo mis paredes, lo sentía demasiado bien. Lentamente me relajé y me sonrió.
—Es tu culpa —dije susurrando.
—La asumo.
Renée pasó después del desayuno a verme y me recordó de tomarle una foto a mi golpe que ya comenzaba a oscurecerse. Jenks telefoneó diciendo que el juicio sería mañana.
—¿Mañana? —exclamé sorprendida—. Creí que demoraría un poco más.
—Bella, te aseguro que mañana quedará todo solucionado —dijo él con mucha confianza—. Nos vemos a las nueve.
Cuando le comenté a Edward no estuvo de acuerdo en que acudiera, él no quería más prensa alrededor mío que ni siquiera se interesaba en mi salud sino en la curiosidad.
—Voy a ir, quizás no sepan que es mañana, es todo demasiado rápido para que se enteren.
Gruñó y aceptó, me acompañaría por supuesto, igual que Renée. Al día siguiente salimos de casa los tres y no se veían paparazzis ni a la salida ni entrando al juicio. Realmente me sentí fuera de mi cuerpo, de repente Edward me abrazaba y Renée sonreía. Yo no tenía idea qué pasaba. Jason se acercó y con suficiencia me dijo que de ahora en adelante quizás se calmaran las aguas. James, el hombre que dejó que su cámara chocara con mi rostro, debía mantenerse alejado de mí por tiempo indefinido y pagar por daños. Demás está decir que ese dinero no lo tocaré jamás, iría a alguna fundación, como a UNICEF.
—Más paparazzis sabrán que deben comportarse como personas normales y no ser tan acosadores.
Me di la vuelta para ver a Irina. Le sonreí y la saludé besando su mejilla.
—Hey —dije—. ¿Apoyo moral? —bromeé.
—Por supuesto —sonrió—. Debo avisarte que afuera está lleno.
—Saldremos por otra puerta —avisó mamá—. Vamos, ¿vienes con nosotros?
—No, saldré por donde entré, estrategia me dijeron —comentó Irina viendo a su agente, creo que es su madre también.
—Así habrá un centro de atención antes que vayan a ver si salen por otro lado —informó la mujer con voz suave—. Saldremos ahora.
Nada pasó hasta que llegamos a Hollywood Hills. En la calle y sin dejarnos avanzar porque se pusieron delante del jeep y los lados, un cúmulo de fotógrafos tomaba fotos sin cesar. Tomé una revista y tapé mi rostro mientras Edward hacía acelerar el auto para hacer ruido y que se movieran, comenzó a avanzar despacio para no herir a nadie.
—Podríamos decir que sólo fue un accidente —murmuró entre dientes dándome una mirada de reojo.
—Hay testigos, cariño —respondí gustándome la idea—. Avanza y no pares.
Entramos maldiciendo a cada uno de ellos. Para despejarnos y brindar que tendría un paparazzi menos que aguantar y la noticia de que mi libro era Best Seller, almorzamos pizza y papas fritas junto a Renée. Edward no dejaba su celular de lado, no dije nada porque sabía que hoy celebraríamos mi cumpleaños y estaría coordinando todo los detalles. Nos dieron las dos de la tarde comiendo y conversando, luego de unos minutos oímos el timbre y mi celular comenzó a sonar. Era Charlie.
—Bells, estos fotógrafos son suicidas —se quejó a modo de saludo.
—¿Estás afuera? —le pregunté yendo a la cocina a ver la cámara—. Te abro ahora.
Y la familia Swan se reunía para celebrar mis veintitrés años. Sólo espero que por familia sólo se hayan considerado mis padres, madrastra y hermanastro.
Como notarán que dice Paparazzi I, es porque habrá un Paparazzi II que será mucho más que un simple golpe accidentalmente.
Muchas gracias por sus reviews, favoritos y alertas, ¡GRACIAS! En mayúsculas para darte entonación de grito y emoción.
Que tengan un lindo día, saludos para todos :)
