Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepcion de los creados por mí para este fanfic
Capítulo IV.- Un cumpleaños y una verdad
Habían pasado unos minutos, Helga ya estaba mucho más calmada, si bien no le molestaba haber despertado abrazada a Arnold, el hecho de que el estuviese feliz cerca de ella le enfermaba, no porque no deseara verlo feliz sino que sentía que el no tenía el derecho a serlo con ella después de todo lo que sucedió. Fue a darse una ducha para luego vestirse bien, la rubia creía verse fatal, muy contrario a lo que pensaba Arnold. Él creía que al despertar, era el momento en que su amada se veía mucho más hermosa, porque era natural, sin máscaras, sin maquillaje, era simplemente ella.
Mientras Helga tomaba su ducha un panorama tenso se presentaba en la cocina, los reclamos de Pheobe y Gerald hacia el rubio eran escuchados en total silencio. Si bien eran amigos y entre ellos era normal tomar unas copas, al rubio se le había pasado la mano y merecía lo que le estaban diciendo pues ellos eran sus amigos de toda la vida.
-Es increíble amigo- dijo Gerald- Jamás te había visto beber de esa forma. Tuve que traerte a mi casa porque no podía permitir que tus padres ni tu hermana te vieran de esa manera.
-Además- agregó Pheobe- No puedo creer que seas capaz de llegar gritando a casa, diciendo tantas cosas que al fin y al cabo ni debes recordar, si lo que quieres es arreglar las cosas deber buscar una mejor manera de llegar a ella.
-Pheobs tiene razón viejo, ¿Sabes que hubiese ocurrido si le hubieras dicho todo en ese estado? Ella te habría matado, jamás lo entendería.
-Está bien chicos- dijo un avergonzado Arnold- Sé muy bien que me excedí pero no volverá a ocurrir, se los prometo.
-No puede volver a ocurrir, mucho menos hoy- dijo la oriental, esta vez sonriendo.
-Nena, ¿Estás segura que es una buena idea?- el moreno la miro con cara de duda.
-Pues claro que si, además así se resolverán todos los asuntos.
-Muchachos, ¿De qué demonios hablan? - dijo un confundido rubio- saben que el dolor de cabeza no me deja pensar claro.
-Pues lo que ocurre Arnie- dijo la oriental- es que está noche celebraremos el cumpleaños de Helga. Sé muy bien que es mañana pero dudo que mañana tenga más ánimos que los que ya tiene hoy, tú sabes, los recuerdos…- Luego de esta frase Arnold se hundió en sus pensamientos, sabía muy bien que el tenía gran culpa de que a Helga ya no le agrade celebrar ese día tan especial para ella. Ese sentimiento lo arrastraba casi todos los días y por eso se le había ocurrido una gran idea.
-¡Hey Pheobs!- dijo el rubio aclarándose la garganta- Comprendería completamente si es que no aceptas pero- dudo si debía continuar y finalmente se decidió- ¿Puedo ayudarte a planear la fiesta para Helga? Me parece que sería un hermoso gesto y además, antes también lo hacíamos juntos. Está puede ser la oportunidad de que toda la verdad salga a la luz, ¿no lo crees?
-La verdad Arnold- la oriental parecía más seria de lo normal y la cara del muchacho se estaba volviendo cada vez más triste al sentir que se venía una negativa por parte de su amiga- Estaría encantada de que me ayudes- dijo la pequeña cambiando ese semblante serio por una gran sonrisa- Es más, esta puede ser la oportunidad para que las cosas cambien y solucionen todos los problemas- Arnold sólo podía pensar en ella, en su rubia en el amor de toda su vida.
Helga, se que fui un idiota pero te juro que esta noche podré decirte todo lo que pasó. Si no deseas perdonarme lo entenderé, pero por lo menos me sacaré un peso de encima. El rubio sonreía mientras pensaba.
La rubia mientras tanto, se cambió de ropa, se veía increíble con unos jeans y una polera sencilla. Se maquillo para que no se notara lo hinchados que estaban aún sus ojos y bajó a reunirse con sus amigos. Al llegar ella a la cocina, la miraron sorprendidos. Aunque ella sabía de la fiesta no querían se enterara de las sorpresas y mucho menos que el rubio estaba incluido en los preparativos. Ella estaba confundida por la manera en que los ojos de sus amigos se posaban en ella y mucho más por la sonrisa que le brindaba Arnold, ella hace un rato le había gritado de tal forma que ella pensó que él jamás se le volvería a acercar.
-¿Qué me ven zopencos?- dijo amarga para evitar que le dijeran algo- excepto Pheobs, claro. Ella es la única persona con sentido común dentro de esta cocina- la oriental reía por la manera que su amiga reclamaba, hace mucho que no se comportaba así y la verdad eso le agrada. Desde que la rubia se fue de Hillwood adquirió una madures que llegaba al punto de ser insoportable para su edad y lo peor era que ya no sonreía, no se divertía, parecía un alma en pena, ya ni siquiera defendía sus derechos frente a las imposiciones de los demás, y aunque ella había tenido varios pretendientes, ninguno duraba más que un par de semanas porque si no estaba con su amado cabeza de balón, prefería estar sola.
Los muchachos no pudieron evitar reír ante la actitud de la chica, esa era la Helga G. Pataki que ellos conocían, se apresuraron a decir algo antes que ella lo golpeara como lo hacía cuando eran niños.
-¿Cómo estás preciosa?- dijo el moreno mientras sonreía- Te veo bastante bien hoy- le echó una mirada donde se podía entender que lo decía por la noche que había pasado con Arnold, SU Arnold.
-Claro que no, cabeza de cepillo- la rubia intentó sonar ofendida- tú y el chico listo aquí presente se están buscando un romántico reencuentro con la vieja Betsy y los cinco vengadores- la rubia y todos los presentes no pudieron evitar reía a carcajadas, hacía años que ella no llamaba así a sus puños.
-Vamos Helga- sonrió el rubio- no creo que haya sido tan malo despertar conmigo- la rubia le echó una de esas miradas que matan y luego miró a su amiga como para comentar los que el muchacho había dicho.
-Mira Pheobs, el melenudo cree que es agradable despertar cerca de él- suspiró e intentó sonar lo más sarcástica y dura posible, cosa que ninguno de los que estaba en la cocina creyó- pues no Arnoldo, la verdad es que hoy es la víspera del peor día de mi vida. Lo peor de todo es que comencé estando contigo, justamente con el causante de el peor día de TODA la vida- enfatizó la rubia. El chico con cabeza de balón se veía culpable y molesto, con miles de preguntas rondándole, ¿Por qué debe ser tan dura? ¿Acaso ya no siente nada por mí? ¿Algún día podrá perdonarme? Decía para si el rubio, hasta que tomó valor y le habló claro a la muchacha.
-Helga, de verdad comprendo que me odies, incluso yo me odio por perderte de manera tan absurda, pero no tienes que ser tan dura, menos conmigo que… aún te amo…- midió el efecto que podrían haber causado sus palabras cuando ya no había nada que hacer. La muchacha rubia que justo en ese momento mordía una rebanada de pan tostado se atoró por la impresión, bebió un sorbo de café a la vez que sus ojos se volvían cristalinos, sólo guardo silencio tratando de tragar cada una de las palabras del que fuera su único amor de toda la vida.
-Yo no te odio, simplemente no podría- dijo con la voz entrecortada intentando aguantar las lágrimas- Pheobs, te espero en mi habitación para comprar algunas cosas para tu dichosa fiesta, los veo luego.
La mirada de la pareja se dirigió a Arnold, entre molestos y condescendientes, su amiga se levantó del asiento para dejar su taza en el lavabo y salir de la cocina, no sin antes dirigir su último consejo al rubio.
-Arnie, deberías tratar de ser un poco menos impulsivo la próxima vez, sabes que a ella aún le duele, te lo he dicho un millón de veces. En fin, deberías ir a cambiarte, yo saldré con Helga y nos reuniremos aquí al mediodía para que llamemos a los muchachos y hagamos una fiesta maravillosa. Está es tu oportunidad campeón no la desaproveches- dijo la última frase de una manera que sólo el rubio pudiese oírla y luego se despidió de su novio. La sonrisa que se formó en el rostro del muchacho cabeza de balón era enorme, miró a su amigo que lo miraba de una manera sospechosa pero divertida.
-Viejo, hace tiempo que no te veía tan animado, creo de verdad que esta es tu oportunidad. Como ya lo notaste Pheobe y yo te ayudaremos, pero si lo arruinas viejo, creo que ni Phebs ni Helga te lo perdonarán- No le dio tiempo a su amigo de decir nada y el moreno sólo agregó- Al medio día yo sacaré a Pataki de la casa, así será más fácil que planeen una gran sorpresa, se lo debes amigo- Terminó de decir esto y el rubio se despidió de su amigo con su típico saludo de la infancia que no había cambiado en lo más mínimo, salió de la casa y sintió que las cosas estaban solucionándose, aunque tenía muy claro que aún les quedaba un gran camino por delante.
Las dos muchachas fueron al centro comercial y recorrieron todas las tiendas, buscaban el vestido perfecto para esa noche. Cargaban varias bolsas con accesorios y ropa casual, pero aún no encontraban algo adecuado para ese día. Entraron a una tienda con todas las esperanzas de encontrar algo especial. Pheobe fue la primera en ver un vestido que le agradó, era azul claro con tiras finas, mientras que Helga vio uno que simplemente la maravillo, era rosado claro con unos detalles también en rosa oscuro. Le recordaba mucho la ropa que usaba de pequeña. Se dirigieron a los probadores, una al lado de la otra, así que mientras se los probaban podían conversar. La oriental fue la primera en dirigirse a su amiga.
-Helga, hay algo que quiero preguntarte desde esta mañana- La rubia no dijo nada pues se imaginaba lo que su amiga tenía que decirle- No entiendo por qué reaccionaste así con Arnold, si bien no quieres tenerlo cerca, tampoco debes ser grosera ni gritarle cosas que no vienen al caso incluyendo personas desagradables.
-Pheobs, ya se que me excedí pero no fue mi culpa, el estaba ahí sonriéndome. Además para colmo de todo tuve un mal sueño justo antes de despertar- La rubia sonaba entre molesta y dolida por el sueño, eso despertó la curiosidad de su amiga.
-Pero que sueño fue ese- intentó no sonar demasiado notoria en el afán de querer enterarse- te sentirás mucho mejor si me lo dices.
-Está bien Phebs, te lo diré- Helga tomó aire y le dijo como habían ocurrido las cosas.
Flashback.
Arnold y Helga dormían en el sillón, el chico se veía totalmente calmado y parecía además estar feliz, mientras que la muchacha lejos de verse feliz, se veía cansada y molesta. De seguro su sueño la inquietaba.
-Oh cabeza de balón, está es la mejor sorpresa que me pudiste haber dado después de tantos años- decía la rubia en su sueño- Es increíble que recordaras nuestra primera cita.
-Pues claro que lo recuerdo, fue justo en esta mesa, estabas disfrazada de Cecile- La muchacha se sonrojó, pero en ese instante las cosas comenzaron a ser diferentes- Por cierto Helga, he venido aquí para presentarte a alguien.
-¿Qué? ¿A quién? Esto debe ser una broma.
-No lo es, mira allí está- dijo el rubio señalando hacia la puerta en donde estaba parada Lila- Hola cariño- se dirigió hacia la muchacha y la besó justo al frente de la rubia- Nos vamos a casar.
-¿Es en serio? ¿Para eso me hiciste venir aquí camarón con pelos? La rubia comenzó a ponerse furiosa.
-No es una broma, nos casaremos y tu serás la madrina- El chico sonrió y la escena pareció cambiar- Mira ya estás lista, ahora debes pararte aquí- Estaban en una iglesia y el rubio le indicaba su lugar mientras veía que la pelirroja llegaba al altar a posarse vestida de blanco junto a su Arnold, todo ocurría muy rápido y no llegó a darse cuenta en que minuto el amor de su vida y la señorita perfecta ya estaban casados.
Helga se despertó hecha una fiera.
Fin del flashback.
-Ahora entiendo todo Helga- decía su amiga a la vez que salía del probador para mostrarle el vestido-pero recuerda que los sueños son sólo eso.
-Pheobs te ves excelente- comentó la rubia intentando cambiar de tema, saliendo del probador-Sé que sólo es un sueño, pero no puedo evitar recordar tantas cosas- La rubia se veía hermosa, el vestido marcaba su figura y la hacía destacar las mejores parte de su cuerpo, el color quedaba bien con su piel y la hacía sentir sexy.
-Wow, amiga te ves increíble, harás que todos se den vuelta a verte y creo que uno morirá de celos por las miradas- rio la oriental por lo que había dicho- en fin dejemos el tema aquí, pero te recuerdo que debes hablar con el mantecado- La rubia sólo le cambió de tema y así pasaron el resto de la mañana hasta que Gerald llamó a Pheobe para que organizar todo tal como habían dicho.
Helga se juntó con su amigo a almorzar mientras Pheobe arreglaba la casa con Arnold y preparaba todo para programar el momento en él pudiese acercarse a la chica e intentara arreglar su vida y recuperar a su gran amor. Mientras la rubia comía el moreno aprovechó la oportunidad de enterarse como estaba la situación para su amigo, le debía eso.
-Bueno Pataki, ya que estamos aquí ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Ya la hiciste Geraldo- la rubia seguía molesta con el por haber llevado a los muchachos el día anterior, rodó los ojos- Como quieras, has tu pregunta de una vez.
-Bueno- dio un respiro, sabía que no era fácil sacarle información de ese tema-¿Por qué te empeñas en llevarte mal con Arnie? Se muy bien que el cometió un error pero también se lo que sienten el uno por el otro. Después de que volvió de San Lorenzo y comenzaron su relación las cosas estaban saliendo perfectas, incluso hicieron esa ceremonia de matrimonio cuando fuimos de vacaciones a ese pueblo. Eran felices, no puedes negarlo, deberían darse una oportunidad- La chica se sentía pequeña, se revolvía en su asiento.
-Geraldo, amo a ese estúpido cabeza de balón, aún cuando estuve lejos de el cinco años no puedo olvidarlo y creo que jamás lo haré pero el me juzgó cuando sabía que yo era incapaz de hacer algo contra él, no puedo simplemente perdonarlo. Pasé toda mi vida perdonando sus errores, viendo como se paseaba frente a mí con otras niñas después de que le confesé mis sentimientos en industrias futuro, hasta lo besé para que se diera cuenta y él sólo me dio la excusa del calor del momento hasta que me besó en San Lorenzo y decidió quedarse allá. Estuvo ahí años y lo único que obtuve de el fueron ilusiones hasta que regresó, aún así perdoné que me haya dejado, incluso que haya conocido a esa tal Susan hija del amigo de sus padres. ¿Es que acaso no lo he perdonado bastante durante toda mi vida? Además, lo del matrimonio fue un simple juego para él. Para mi siempre fue algo mucho más serio- la chica comenzó a recordar aquél día.
Flashback.
Todos los amigos de la primaria 118 habían decidido ir a acampar a un pueblo cercano a Hillwood. Durante esos días se encontraron a un chamán que les habló del amor y de como las personas que se casaban ahí prometían estar unidad para siempre y ser uno sólo. También les dijo que al tomar esta responsabilidad tendría un costo para su vida que sería el pasar un año a prueba. Al terminar ese año las personas que se daban cuenta de que no querían estar juntos tenían que volver a romper el compromiso y las que simplemente no volvían eran declaradas matrimonio legalmente en todos los estados del país. La rubia que estaba tomada de la mano con su novio no puso atención a esa parte de la historia porque estaba planeando como se casaría en ese lugar con Arnold.
-Helga vamos, ¿En serio quieres hacer esto?- La miró un enamorado cabeza de balón- Sé que esto sólo es simbólico pero yo quiero que el día que nos casemos quiero que sea maravilloso- Su novia le sonrió. Ambos vestían de blanco con flores adornado su cabello.
-Mi amor- esas palabras derretían al rubio, cada vez que ella las decía él terminaba por hacer cada cosa que se le ocurría a su novia- Claro que quiero hacer esto, es decir, lo más maravilloso que puede pasarme es compartir mi vida contigo- Ambos muchachos se dirigieron al altar que estaba ahí preparado, todos sus amigos tomaban fotos de ese momento, sólo había felicidad.
Esa misma noche ellos se iban a su carpa, que había sido decorada por sus amigos para que luego de una pequeña celebración los novios pudieran pasar juntos la noche. El muchacho comenzó a besar a su novia.
-Arnold- dijo apartándose de el la rubia- ¿Estas seguro de que esto?
-Cariño- rio el rubio- Creo que debo ser yo el que pregunte eso, sabes que te amo pero si tu no estas lista yo esperaré todo el tiempo que sea necesario, incluso si se me va la vida es ello.
-Yo…- lo miró confundida- yo estoy lista. Creo que eres el único hombre con el que podría querer pasar mi vida y será esta noche cuando eso comience- La rubia lo abrazó y comenzó a besarlo, acariciaba sus cabellos con la punta de sus dedos mientras que el rubio la apretaba contra su pecho.
La desvistió lenta y suavemente mientras que ella hizo lo mismo, definitivamente era el momento más erótico de toda su vida. Pasaron la noche entre besos, gemidos y caricias. La rubia apretaba los dedos contra la espalda de su amado, el besaba sus hombros hasta que luego de haber hecho el amor se quedaron profundamente dormidos sabiendo que habían entregado por primera vez tanto amor de esa manera.
Fin del flashback.
-¡Helga! ¡Pataki!- decía el moreno intentando sacarla de su letargo- Nena no se donde estabas viajando pero creo que fue muy lejos- rio el muchacho mientras terminaba de comer. Su amiga sentía como toda la sangre se le subía a la cara por lo que había recordado.
-Zopenco no tienes para que gritarme-sonrió la rubia. Sentía que lo que su amigo le había recordado le daba una nueva esperanza y se sentía capaz de escuchar a Arnold- Creo que tú y Pheobs tienen razón, cabello métrico, es hora de que escuche al melenudo para que de una vez por todas se termine este enredo.
Todo iba bien hasta que apareció entre las personas una conocida. Su cabello rojo era inconfundible. Se acercó hasta la mesa y saludó al moreno haciendo que este se atragantara al mirar a la rubia que comía a su lado.
-¡Oh! Hola Lila, ¿Qué estas haciendo aquí?- sonaba nervioso-
-Nada sólo estaba paseando, oí que harían una fiesta con todos los de la primaria. Sé que hemos tenido problemas pero me encantaría ir si no es molestia y podría llevar a…- La colorada miró a su lado y notó sólo un cabello rubio- ¿No nos presentas Gerald?-dijo en tono burlesco.
-No necesito que me presenten señorita perfección- dijo Helga poniéndose de pie- Creo que ambas compartimos demasiadas cosas como para no conocerme ¿No lo crees así?-
-¡Oh Helga! Eres tú- dijo la colorada sorprendida mientras que el moreno sólo guardó silencio- Te ves fantástica. Creo que es mejor que me vaya, sigan en lo que estaban y olviden lo de la invitación- Estaba bastante nerviosa para seguir ahí.
-No te preocupes, sabes que es bueno que vayas a la fiesta, además este día también debemos celebrarte a ti, espero verte esta noche- dijo la rubia irónicamente.
-Pero Helga…- quiso sonar lo menos nerviosa que pudo- yo…
-Tú nada, espero que vengas esta noche- miró a Gerald- Vámonos Geraldo, creo que ya se me quitó el apetito- la colorada sólo que quedó ahí viendo como se marchaban los muchachos.
Helga sólo quería llegar a casa y descansar antes de la dichosa fiesta, por lo que Gerald tuvo que avisar que se iban antes para que Arnold y Pheobe pudieran esconder todo antes de que ellos llegaran. Y así lo hicieron, guardaron todo lo que pudiera levantar sospechas de la sorpresa principal. Helga no notó si estaba o no alguien en casa, sólo quería dormir, se acomodó en su cama y allí pasó el resto de la tarde. El moreno aprovechó un momento en el que su novia había ido a recoger el pastel y a buscar el regalo perfecto para su amiga para contarle con detalles lo que había hablado con Helga antes de que llegara Lila y como la última cambió el humor de su amiga.
-Gerald-dijo avanzando hasta la puerta para ir a su casa a cambiarse- No entiendo que es lo que quiere Lila en esta fiesta ¿No recuerda porque ya nadie la soporta?
-Al parecer no viejo. Bueno, vete a casa y relájate un poco. Ponte guapo para tu chica, ya sabes que está dispuesta a escucharte y que aún siente algo por ti.
-De eso jamás dude viejo- Se despidieron haciendo su saludo de toda la vida.
Helga se despertó y se sentó en la cama. Se quedó viendo su vestido. Era hora de ir a prepararse, tomó un baño y se puso el vestido. Escuchó como llegaban los invitados y comenzaba a sonar la música, sentía que los nervios la empezaban a invadir. Se hizo un peinado simple que hacía que su cara se vea completamente perfecta y se maquillo delicadamente. Sabía que tenía que salir de su habitación pero se le hacía demasiado difícil, esperó a que su amiga fuese a buscarla.
-Es hora Helga, debes bajar, están todos esperándote- la regañó.
-Estoy lista Pheobs, sólo intentaba relajarme un poco.
Ambas bajaron la escalera mientras todos las esperaban en la sala. La oriental se adelantó a su amiga, la que tomó un respiro mientras se repetía son tus amigos de toda la vida, no te pongas así, esa no es la Helga de siempre, ánimo. Al entrar a la sala todos comenzaron a abrazarla y a sonreír la alagaban por lo hermosa que se veía.
-Niño rosa veo que por fin la princesita te atrapó- dijo la rubia señalando la barriga de Rhonda- Su bebé será hermoso, sólo no lo consientas tanto como a tu esposa, si no ya sabes lo que ocurrirá- todos rieron ante el comentario.
-Ceja de oruga, claro que no haré eso- sonrió Harold.
-Ya basta Helga- se sonrojó Rhonda- Debo decir que ese vestido te queda maravilloso, y tus zapatos Jimmy Choo son encantadores- sonrió mientras la rubia se alejaba.
-Eugene, Sheena es maravilloso verlos- sonriéndole a sus amigos- y tú Nadine, tampoco te quedas atrás con el niño rico, dime, ¿Cómo están sus hijos?
-Maravillosamente Helga, ahora están en casa con la sirvienta-dijo Lorenzo. La rubia comenzó a reír al ver que Eugene derramaba ponche en el piso y al intentar limpiarlo se resbalaba.
-¡Estoy bien!- dijo el colorín y todos los invitados rieron al ver la escena de siempre. Helga saludó a todos, incluso a Brainy que se paró justo detrás de ella con su respiración cansada de siempre para luego ser golpeado por la vieja Betsy como lo hacía desde el prescolar.
-Stinko, Sid, vaya que están cambiados, ahora si que parecen hombres- miró sorprendida y contenta la rubia- Y vaya suerte que tienen, encontraron grandiosas chicas- señaló hacia la gran Patty que ahora ya no era robusta si no que muy delgada y guapa que estaba junto a Ruth, una de las tantas chicas a las que persiguió Arnold de pequeño.
Alguien se acercó a la rubia, sin pronunciar palabra, puso sus manos sobre los ojos de la chica y le susurró al oído.
-Te ves hermosa esta noche- dijo cierto rubio- Sinceramente, todos los días te ves increíble- Helga conoció quién era por el perfume mucho antes de que el se acercara. Pero como siempre sucedía, ella se paralizó enseguida. Se giró lentamente hasta quedar ambos de frente.
-Pues tú también te ves bien Arnoldo, digo, para ser un abogado de esos tiesos tienes estilo- sonrió la muchacha. Una voz interrumpió las miradas de ambos y hacia un brindis en honor a la celebrada quien agradeció tanto por sus palabras como por su interrupción al momento.
-Creo que ahora no es el momento pero ¿Crees que después podamos hablas a solas?-la miró sonriente el rubio- Creo que no hay mejor día para eso.
-Por supuesto Arnoldo- respondió la chica sin mirarlo para evitar que sus ojos la incitaran a cometer alguna locura- Creo que después podemos hablar.
-Después de abrir los regalos sería un buen momento- dijo el rubio sin sonar impaciente.
-Está bien cabeza de balón- vio que habían unas copas sobre la mesa- ¿Quieres una copa? Yo invito, pero por favor esta vez no te excedas que no te irá tan bien como anoche.
-Como digas- un avergonzado cabeza de balón recibía una copa de champaña- Además no fue para tanto si sólo fueron dos, o tres, o cuatro- sonrió- Creo que tienes razón, sólo será un poco.
Continuaron así hasta cerca de la medianoche, Helga compartía con los demás invitados, conversaban y reían a gusto, mientras que Arnold por su lado hacía lo mismo sin quitarle la vista a su chica. Estaba impaciente por poder hablar con ella pero sabía que tenía que esperar el momento adecuado. Llegó la media noche y todos sostenían sus copas mientras hacían brindis por la rubia, cantaban el cumpleaños feliz y ella apagaba las velas. Llegaba la hora de los regalos.
Primero abrió el de Rhonda y Harold, quienes le dieron un bolso elegido por la princesa Loyd, para que luciera perfecta en su atuendo de escritora por las calles de New York. Sheena y Eugene le dieron unas velas aromáticas naturales hechas por la primera y arruinadas por el segundo, algo totalmente natural como la pareja. Brainy le dio un pequeño libro de poemas que había escrito siendo niños y sorprendentemente estaban todos dedicados a ella. Curly le dio unos aretes, Sid un balón de Rugby autografiado de una de las veces que habían ido al juego, Stinky unas fresas de su cosecha, Nadine y Lorenzo un libro de primera edición con una dedicatoria de su autor favorito, también Susan, la hermana menor de Arnold le obsequió un relicario con una dedicatoria especial dentro de el que decía en pequeñas letras rosa "La felicidad sólo puedes alcanzarla cuando decides ser amada", la chica la abrazó casi al punto de las lágrimas, su antigua amiga sabía que había tocado la fibra más sensible en ella. Abrió uno a uno hasta que su amiga le entregó una máquina de escribir antigua con su nombre grabado y con el pequeño dibujo de un mantecado a la orilla, la rubia sólo la abrazó, su amigo moreno le dio una fotografía gigante en un marco de madera en la que salían los cuatro amigos y la hermana pequeña de su amado cabeza de balón el día de su graduación que había sido sólo una semana antes de su cumpleaños número dieciocho. Todos los regalos habían sido entregados por la pequeña oriental a su amiga, excepto el del moreno y su cuñada. Pensó que se habían terminado hasta que Arnold se paró a su lado y le entregó una caja pequeña con un mensaje dentro, el que ella leyó inmediatamente intentando comprender de qué se trataba. "Observa bien cada momento y luego encuéntrate conmigo en el jardín para tu segunda sorpresa". La letra del muchacho pasaba por sus ojos como si fueran nubes que le nublaran todo. La música se detuvo y el moreno encendió la televisión por orden de su amigo.
Comenzó a rodar un video hecho de fotos y mensajes dedicados cada uno a la rubia, eran grandes momentos de ellos juntos, el primer día de prescolar, proyectos en la 118, obras escolares, el día que salvaron el vecindario, la preparatoria, la secundaria, cumpleaños, viajes, el día de su ceremonia simbólica de matrimonio, la graduación, algunas frases de los poemas de Helga, su frase del anuario y al final de todo el video había un mensaje especial dedicado a la rubia: "Eres maravillosa, que nadie te diga lo contrario. Lograste llenar todos los espacios vacíos que habían en mi mundo, pudiste conocerme como nadie más lo hizo y sé que debes pensar que soy un idiota cursi que no escribe de una manera tan hermosa como sólo tú puedes hacerlo pero hoy, justo hoy creo que debo decirte lo importante que eres y la falta que le haces a mi vida y a la de todas las personas que están hoy junto a ti. Creo que jamás dejaré de sentir esta admiración que nace cada vez que te veo y nada de eso importa porque te mereces que la gente te admire y te ame casi tanto como yo lo hago cuando te veo despertar. Nunca olvides que siempre tendremos el Chez Paris". El video se detuvo. De los ojos de la rubia brotaban grandes lágrimas llenas de una mezcla de amor y tristeza. Todas las mujeres presentes en la fiesta secaban sus ojos con pañuelos mientras que los chicos sólo comentaban lo hermoso de las frases y lo conmovidos que se sentían por el regalo tan bellísimo que había recibido la rubia. Ella se puso de pie y secándose las lágrimas agradeció por lo mucho que ellos le habían dado esa noche, no sólo los regalos, si no que también por la noche tan especial que le obsequiaron. La música volvía a sonar mientras un hombre con cabeza de balón salía de la sala y se dirigía al jardín. En su rápido andar no notó que muy cerca de el iba la rubia a la charla que tenían pendiente desde hace cinco años.
El jardín estaba decorado con luces blancas y rosas, los colores de la chica, un camino de pétalos de rosas rojas llegaba hasta una mesa con una vela en medio dispuesta con un par de copas y una botella de champan. Ambos se sentaron sin querer romper lo mágico que tenía el ambiente hasta que uno de los dos tomó el valor para hacerlo.
-¿Por qué hiciste todo esto? ¿Qué es lo que hacemos aquí?- preguntó la escritora como si relatara uno de los diálogos de sus libros.
-Antes de que te responda eso, déjame darte la segunda parte de tu regalo- dijo sirviendo una de las copas y entregándosela a la rubia quien lo veía conmovida por tantos detalles. Apagó las luces con un interruptor que tenía escondido bajo la mesa- Mira el cielo, la luna está particularmente brillante esta noche- ambos tomaron un trago de sus copas y miraron en silencio la luna- Esto debí entregártelo hace bastante tiempo pero no tuve la oportunidad para hacerlo- sacó una pequeña caja negra de su bolsillo y se la entregó a la muchacha.
-Pero… ¿Qué es esto?- dijo abriendo la cajita viendo un anillo con un diamante con forma de corazón rosa pálido en el centro con muchas pequeñas piedras blancas a su alrededor- No puede ser, creo que no…- la interrumpió el hombre a su lado y le regaló una sonrisa.
-Es tuyo, siempre lo fue- bebió de su copa y la rubia hizo lo mismo para intentar guardar la compostura. Tomó la mano de la chica y le acomodó el anillo en su dedo pero no la soltó- Creo que debes tenerlo, siempre que lo veo pienso en ti igual que el día que lo vi en la tienda- los ojos de la chica comenzaron a llenarse de lágrimas y no dijo nada, bebió otro sorbo de su copa y se limitó a escuchar al muchacho- ¿Recuerdas lo que ocurrió ese día? Claro que sí, esa es una pregunta bastante estúpida si la piensas bien- se respondió a si mismo- Es hora de que yo te diga lo que pasó-
Flashback.
El día de la graduación por fin había llegado, los alumnos ya sabían que harían al terminar las vacaciones de verano, todos irían a la universidad. Muchos de los amigos habían invitado a sus parientes para que compartieran su alegría y celebraran juntos.
-Hey muchachos, ¿Me veo bien no es así?- Decía Sid provocando la risa de todos los asistentes a la graduación.
-Pues tu traje creo que está medianamente bien, pero ¿Era necesario que trajeras esas botas de la temporada pasada?- Criticaba Rhonda mientras se alejaba arrastrando a Harold por el pasillo.
-Estoy bien- decía Eugene siendo levantado del suelo.
Dos muchachas arreglaban las corbatas de sus novios en un rincón pareciendo lejanas a todo el ajetreo del resto de su salón. El afroamericano y su novia reían mientras veían a la pareja de rubios discutir por el nudo de la corbata terminando todo en un beso. El año siguiente sería excepcional, los morenos estudiarían cerca de Hillwood para que pudieran tener tiempo de verse mientras que los rubios habían decidido asistir a Harvard, el chico estudiaría derecho y la muchacha literatura. Su vida sería perfecta y podrían seguir en contacto. A ellos se acercó una chica pelirroja con un muchacho desconocido.
-Hola muchachos, quería presentarles a mi primo Mark, vino a acompañarme este verano, ya saben, como no tengo hermano mi papá consideró que sería lo mejor y quizás así no me sienta tan sola- Helga rodó los ojos, sabía que todo eso lo decía para que su novio se sintiese culpable por haberla rechazado al volver de San Lorenzo. Esa actitud hacía que la rubia la deteste aún más que antes.
-Y eso que, señorita perfecta, no me interesan tus problemas- La actitud de la rubia hizo que el muchacho de 21 años y con cabellos colorados sintiera una gran atracción por ella, ya que ni el mismo soporta la actitud complaciente de su prima- Es mejor que nos dejes en paz- la muchacha se iba a marchar cuando el cabeza de balón se disculpó por la actitud de la rubia.
-¿Quién eres tú lindura? ¿Dónde has estado toda mi vida?- intentó seducir a la muchacha- Eres guapísima.
-¿Quién te crees que eres para hablarle así a mi novia cretino?- dijo un molesto Arnold- No se te ocurra volver a hablarle así ¿Me oíste?
-¡Wow! Preciosa, así que este con cabeza de huevo es tu novio- Gerald tomaba el brazo de su amigo mientras ambos rubios apretaban los puños- Creo que te mereces algo mejor que un tipo inmaduro- Helga no se contuvo y le dio un puñetazo con los cinco vengadores haciendo que la cara del muchacho enrojeciera. Lila tomó tomo a su primo del brazo en señal de que era hora de marcharse. No quería problemas, por lo menos no hasta tener si diploma.
-Helga no tenías que hacer eso- dijo la pelirroja, quién aprovechó el momento para cerrarle un ojo a Arnold antes de irse- Mark Sawyer, será mejor que nos vayamos- mientras caminaba con su primo se le ocurrió una idea, sabía como separar a la pareja y quedarse con el muchacho, claro que sin ella parecer culpable- ¿De veras te gustó esa chica?- le dijo a su primo muy bajo para que sólo el pudiese oírla.
-Pues la verdad si, es hermosa y todo pero lo que más me gustó fue su actitud de chica ruda- Lila rodó los ojos al escuchar eso. No entendía que le veían todos a Pataki si era tan distinta a ella. Era agresiva, mandona, grosera y muy poco señorita para su gusto- ¿Por qué me preguntas eso? Tiene a ese tonto cabeza de huevo como novio, no tengo oportunidad con ella- dijo el chico entrando al salón donde sería la ceremonia de graduación.
-No te preocupes Mark- sonrió la muchacha de manera sospechosa- Tengo un plan y ambos sacaremos provecho de este.
-¡Wow! La perfecta Lila Sawyer se está volviendo una chica mala- dijo en tono burlón el primo de la pelirroja- En casa me explicarás de que va todo esto.
Así pasaron una semana completa apareciendo en cada lugar que iban los cuatro amigos. Interrumpieron los besos en el cine, las risas en el parque de diversiones, lo delicioso de los helados siempre pareciendo tan agradables. El muchacho pelirrojo aprovechaba cada oportunidad para comentarle a la rubia lo hermosa que se veía queriendo ser tan galante y Lila, bueno Lila seguía actuando de manera dulce e inocente, aprovechaba todas las veces que su primo atacaba para contener a Arnold y lograr una cercanía con él. El plan iba marchando perfecto pues los rubios toda la semana se la habían pasado discutiendo sobre el idiota y la perfecta. Se les estaba agotando la paciencia.
Llegó el día del cumpleaños de Helga. Su perfecto y maravilloso novio y su inteligente y espectacular mejor amiga habían organizado la mejor fiesta a modo de despedida de su niñez. A pesar de los problemas que estaba teniendo por un tipo con el que apenas habían cruzado palabras, puso el mayor esfuerzo para darle lo mejor a su chica. Ese día se juntaría con ella en el Chez Paris como lo hacían cada año antes de que cada uno fuese a su casa a cambiarse para la fiesta. Este año sería distinto.
Lila se encontró con Arnold en la entrada del restaurant y se acercó hasta ella. Ella fingía sentirse triste porque sabía que en cualquier momento aparecería el muchacho que tenía frente a ella.
-¿Qué te ocurre Lila? Veo que estás muy triste- dijo el muchacho con cabeza de balón de manera amable como siempre sin darse cuenta de que ella estaba actuando. Él seguía siendo demasiado confiado para el gusto de sus amigos y de su novia.
-Nada Arnold, es sólo que…- hizo una pausa para poder usar el tono más lastimero que encontró- Es sólo que Mark me prometió acompañarme estos días y sólo persigue a Helga como un loco por toda la ciudad, incluso ahora están en una cita. Lo siento Arnie- El muchacho sentía que el piso se abría y lo tragaba por completo, la muchacha al notar que caminaba hacia dentro del restaurant le tomó el brazo intentando mostrar inocencia y apoyo.
En la mesa el colorín y la rubia discutían pero el muchacho no se inmutaba ni un poco. Tras cada insulto de la chica el parecía disfrutar más del momento.
-Lárgate de una vez cretino, ¿Acaso tú y la señorita perfecta no tienen nada más que hacer? Me tienes harta ¡Déjame en paz!
-Es que simplemente eres maravillosa, no puedes negarlo. ¿Por qué sales con ese cabeza de huevo que no te merece? Deberías buscar a alguien como…- Un cachetada certera en la cara del chico bastó para que se callase.
-¿Alguien como tú? Já, no me hagas reír pueblerino. La única persona perfecta para mi tiene nombre y apellido, y es Arnold P. Shortman- se puso de pie y a sus espaldas entraban el rubio y la colorina, quién le hizo una señal a su primo y este tomó del brazo a la rubia- ¿Qué diablos te…- un beso la calló y junto a ellos se paraba un destrozado Arnold junto a una triunfadora Lila- Arnold, no es lo que tu crees, este zopenco me beso y yo…- no alcanzó a terminar su frase porque el rubio se abalanzó sobre la colorina.
-Perdóname Lila- murmuró siendo oído sólo por la chica y la besó. La chica respondió también al beso mientras Helga rompía en llanto, saliendo del lugar no sin antes abofetear por segunda vez al pelirrojo que sonreía maliciosamente ante tal situación. Arnold, al notar esto salió tras su chica mientras los primos se sentaban en una mesa y pedían unas Yahoo para celebrar su triunfo, por fin los habían separado.
Helga estaba sentada en una banca del parque y marcó el número de Pheobe entre lágrimas. Esperó que la chica conteste y un sollozo de dolor salió de su boca.
-Amiga- dijo preocupada la oriental- ¿Donde estás? ¿Qué te ocurre?
-Pheobs necesito que me hagas un favor- soltó una lágrima Helga- ¿Puedes conseguirme un pasaje a New York? Para esta tarde lo más pronto posible.
-Pero Helga, hoy es tu fiesta de cumpleaños. ¿Podrías decirme que rayos pasó?
-Te lo diré más tarde cuando vayas a mi casa a despedirte, por ahora sólo has lo que te pido, necesito pensar- La rubia colgó el teléfono mientras a su lado aparecía su gran amor.
-¿Cómo pudiste hacerme esto?- reclamó el rubio- Yo jamás te he engañado ni he pensado en hacerlo.
-Arnold, tienes que creerme, yo no lo besé. Te juro que te estaba esperando cuando el entró al lugar y luego de molestarme me besó- Las lágrimas brotaban con mayor intensidad y su voz se quebraba- Todo esto debe ser un plan de está estúpida perfecta y su primo el zopenco.
-No puede ser- negó con la cabeza Arnold a la vez que apretaba los puños- No puedes ser capaz de estar echándole la culpa a Lila por las cosas que tú misma hiciste. Yo te vi muy a gusto en tu cita. No tienes cara para mentirme de esa forma- el rubio estaba furioso y comenzó a decir cosas sin sentido- Eres una mentirosa, eres despreciable, eres…- Se vio callado por una mano en su rostro, lentamente los dedos se le iban marcando de un color rojo intenso. Su novia estaba destrozada por las cosas que el le dijo y lo que más le dolía era que él no fuera capaz de creerle. ¿Tan poco la conocía?
-He terminado- dijo avanzando lentamente en dirección a su casa, se volteó para dedicarle una última frase- No puedo creer lo que acabas de hacer, esto jamás te lo voy a perdonar. Y no te preocupes por que irrumpa en tu nueva relación con Lila, ya estaré muy lejos- dijo lo último muy bajito y sólo ella lo escuchó, se abrazó a si misma mientras corría a casa, tenía que irse de Hillwood. El muchacho sólo se quedó ahí viéndola irse, pensando en lo que el mismo había hecho, se sentó en la banca y también lloró, sacó de su bolsillo una pequeña caja negra y la observó durante mucho tiempo.
Helga salía de su casa con sus maletas en la mano, sin haber dejado de llorar ni un segundo. Abrazó a su hermana.
-Hermanita bebé, no te veo bien, creo que es mejor que no te vayas sola- dijo sollozando.
-Helga piénsalo por favor- decía la oriental mientras la abrazaba- debe haber una explicación a todo esto.
-No la hay Pheobs- le dio una sonrisa entre lágrimas a la muchacha- por favor no le digas donde estoy, tampoco a cabeza de cepillo, al menos no por ahora- Miriam se acercó a su hija y la abrazó mientras ambas lloraban, sentía mucho el dolor de su hija ya que ella la había ayudado en su rehabilitación. Continuaron sin decir nada, su madre se limitó a darle un beso en la frente.
-Muchacha, mataré a ese Alfred- dijo furioso su padre conmovido por el dolor de su hija menor.
-No Bob, ya te dije que no me voy por él- mintió- Sólo aceptaré la beca en New York, eso es todo. Si me entero de que le hiciste algo Bob, te juro que vendré hasta aquí y destruiré tu empresa de localizadores- sin decir nada más se subió al taxi y se despidió con la mano pudiendo por fin llorar en paz.
Para cuando llegó Arnold corriendo el taxi se había alejado lo suficiente y sólo estaba Pheobe mirando la calle. Con los ojos enrojecidos se acercó a su amiga.
-¿Dónde está Helga?- dijo cansado por el largo camino desde el parque- Tengo que disculparme.
-Ella- comenzó a llorar nuevamente- Ella se fue Arnold, no quiso decirme donde. Estaba muy triste por lo que le hiciste y decidió comenzar de nuevo…- Arnold cayó de rodillas al suelo y su amiga lo abrazó al ver como caían las lágrimas de sus ojos. El le explicó todo lo que había ocurrido- Será mejor que la dejes tranquila, ya está lo suficientemente herida Arnie.
Así pasó el mes, sin tener noticias, dejándole miles de emails en su bandeja de entrada, llamándola sin que tuviera respuesta, sin salir de su habitación, comiendo casi nada. Sus amigos intentaban animarlo pero nada funcionaba. Una noche mientras miraba el techo recibió una visita de la pelirroja.
-Arnie, tengo que hablar contigo- dijo con voz muy triste al ver el estado de su amigo- yo…- rompió en llanto. Mientras le explicaba todo. Le contó como ella y su primo les habían hecho creer que Helga lo había engañado y lo mal que se sentía por aquello. El rubio suspiró.
-Creo que es mejor que te largues, en estos momentos no eres mi persona favorita- hecho una furia le abrió la puerta- no quiero que me dirijas la palabra- La colorada salió de la habitación del chico más tranquila por haberse quitado la culpa, pero sintiéndose la peor persona del planeta por haber dañado a dos personas que eran felices. Ese día Arnold se decidió que arreglaría las cosas con su amada por el medio que fuese necesario.
Fin del flashback.
-Así fue como me enteré de lo que hizo Lila- dijo Arnold aliviado por haber sacado todo lo que tenía dentro- Yo fui un imbécil por haberla besado, por haberte causado ese dolor. Lo lamento de verdad. Yo te amo, simplemente te amo y…-Helga lo detuvo.
-A mi no me importó lo del beso, incluso hubiera podido perdonarte en ese instante. Lo que a mi me dolió fue que no hayas creído en mi- le sonrió cuando unas lágrimas se escaparon de sus ojos y el apretaba su manos- ¿Tan poco me conocías?
-Soy un estúpido, un zopenco, arruiné todo con la única persona que he sido capaz de amar en mi vida- Se paró y la invitó a hacer lo mismo. La miraba a los ojos mientras posaba sus manos en la espalda de la chica, lo que provocaba que ella sintiera un pequeño temblor- Yo te amo Helga, jamás dejé de hacerlo, y aunque intenté olvidarme de todo no fui capaz porque siempre estabas en mis pensamientos.
-Yo, yo…- La chica lo observó con sus brillantes ojos azules sin siquiera pestañar- yo también te amo Arnold, pero no es fácil.
-Sé que no es fácil pero por ahora sólo quédate conmigo un poco más- ambos se miraron a los ojos y se dejaron llevar por sus impulsos besándose apasionadamente como si nada de los que ocurría en ese momento importara más que la conexión que llevaban a cabo ellos dos. Continuaron así durante mucho tiempo, perdidos en ese beso y no se dieron cuenta que tres personas los miraban desde la ventana y chocaban sus copas al ver que los rubios por fin se encontraban después de tanto.
-Creo que las cosas están saliendo maravillosas- dijo la hermana del rubio, Susan- No entiendo como alguien pudo separar a la pareja más perfecta que he conocido, claro sin desmerecerlos a ustedes muchachos.
-Tranquila Susan- sonrió Gerald- Nosotros también creemos que son perfectos y estoy feliz porque por fin pueden estar juntos. ¿No Pheobs?- abrazó a su futura esposa.
-Pues claro que si- dijo contenta y secándose las lágrimas que había provocado el acercamiento de sus amigos- Sólo espero que ellos puedan ser felices de una vez.
Los tres volvieron a la sala sintiéndose satisfechos de que la pareja que seguía en el jardín volviese a entregarse amor. Los rubios interrumpieron el beso para pedir un deseo a la estrella fugaz que pasaba y luego volvieron a mirarse con amor para besarse nuevamente. Las cosas iban marchando increíble, aunque uno jamás sabe que ocurrirá mañana.
Nota de la Autora
Antes que todo quería darles mis disculpas por no haber actualizado durante estos días el Fic, lo que pasa es que mi internet no funcionaba y recién hoy pudieron hacerlo, así que ahora estoy de vuelta :)
El capítulo de hoy es bastante más largo que otros días y trae la respuesta a la duda del inicio, ahora falta develar el nuevo problema y les advierto que antes de que eso ocurra aparecerán algunos nuevos conflictos en la relación que hay entre los protagonistas y sus amigos.
Hoy apareció la hermana de Arnold que tiene 19 años y es muy amiga de Helga, tanto así que se sorprenderán lo cercanas que son.
El siguiente capítulo ya lo tengo por la mitad, cuando esté terminado y arreglaré algunos detalles y lo subiré sin falta. No será tan largo como este pero si abarcará bastante. Lean con atención porque en algunas partes salen ciertas claves para la historia.
Pasando a otro tema el agradecimiento a los reviews.
Quiero dar las gracias a los que leen la historia y en especial a Diana Carolina que comenta cada capítulo, te agradezco en el alma por eso :D Al igual que tú también pienso que Arnold es un poco mucho tarado en los temas relacionados al corazón y bueno a cualquier tema. Con respecto a Helga te puedo decir que por ahora ella es la niña sumisa que todos querían que fuera pero muy pronto sacará todas las armas que tiene, no te preocupes. Verdad, antes que se me olvide eso del correo no sé como hacerlo :( soy nueva en esto pero si me enseñas lo enviaré :D En serio te agradezco tus comentarios :) Un abrazo y un beso gigantesco para ti :**
En fin me despido y ojalá que lean mi trabajo, espero que les guste. El aviso de esta semana es que como el capítulo está casi listo lo subiré hoy o mañana para que se entretengan estos días leyéndome.
Gracias por seguir la historia de estos lindos personajes que nos alegraron la infancia, ¡abrazos para todos!
P.D.: No quise ser tan gráfica en la parte en que ellos, bueno, ustedes me entienden. Si le hace falta acción, me avisan.
