¡Hola de nuevo! Siento la tardanza, pero este capítulo me ha costado algo más de lo normal, ya que es de gran importancia para la trama.

Gracias a todos los que dejan reviews y siguen el fic. Espero que os guste este nuevo capítulo.

Capítulo 4

Despertó con la luz del alba acariciando sus finos párpados, los cuales se abrieron ante el cálido contacto. Estaba tumbada en el suelo, junto a la hoguera ya apagada. Se incorporó lentamente y miró a su alrededor. Justo entonces algo se deslizó desde sus hombros y se dio cuenta de que Shego la había cubierto con su propia chaqueta. Simplemente, no supo cómo reaccionar ante aquello. ¿Debía sentir cariño por la villana, demostrar amabilidad? Todo esto la pillaba por sorpresa.

Dirigió su mirada hacia la pared y vio a Shego apoyada, aún dormida.

Intentó levantarse y, al ver que el tobillo ya no le dolía tanto como la noche anterior, decidió salir a buscar algo de comida. No había probado bocado desde el almuerzo del día anterior, y su estómago comenzaba a quejarse.

Cuando volvió a la cueva vio que Shego ya se había despertado. La recolección total constaba de tres cocos y dos plátanos, y habría conseguido algunos más de no ser porque su aún dolorido tobillo le impedía realizar determinados saltos.

-Buenos días, ¿has dormido bien? – la saludó Kim, intentando ser amable.

-ESA ES MI CHAQUETA – respondió Shego, acercándose hacia ella para reclamar su prenda.

-Sí, bueno, me he despertado con ella… - intentó justificarse Kim.

Shego la miró amenazante y cogió la chaqueta que le tendió la pelirroja, poniéndosela en el acto.

-¿Quieres desayunar? – le ofreció Kim, mostrándole la fruta.

-No deberías haber salido con el tobillo como lo tienes – contestó Shego, sin dar una verdadera respuesta a su pregunta.

-Está bien, Shego. Sé que no te caigo bien, y tú a mí tampoco es que me hagas dar saltos de alegría, pero estamos juntas en esta isla, y si queremos salir bien paradas, debemos colaborar – dijo Kim, harta del comportamiento de su némesis.

Shego se sentó en el suelo, a la salida de la cueva. El sol iluminaba su pálida tez. Cerró los ojos, y dejó que el calor de la mañana penetrase en ella.

-Pásame un coco – contestó simplemente.

Kim siguió sus órdenes y se sentó frente a ella, en la esquina opuesta de la entrada de la cueva. Ambas comieron en silencio la fruta que la pelirroja había recogido.

-¿Y bien? ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Kim, expectante, después de haberse terminado su plátano.

-No lo sé.

-Oh, vaya, ¿robas tres bancos al mes y no sabes qué hacer en una situación como esta?

-Nada de sarcasmos, Pumkin, lo acordamos.

-Está bien, lo siento. Es la costumbre.

-¿Qué te parece si exploramos la isla? Es una posibilidad remota, pero quizás por aquí haya algún asentamiento pesquero o similar. Sería una gran ayuda. Podrían tener teléfono.

-Está bien, intentémoslo – acordó Kim, al tiempo que lograba ponerse en pie de nuevo.

Y juntas, emprendieron la marcha de nuevo por la espesa selva que las rodeaba.

Tras un rato de caminata, sin ninguna señal de vida humana, llegaron a una laguna de agua dulce que parecía estar situada en el centro de la isla. Una inmensa catarata regaba la zona. Kim, en cuanto vio el ameno lugar, decidió sentarse en una roca junto al lago y descansar un rato.

-¿Qué te pasa, Princess? ¿Demasiado ejercicio para tu cuerpecito de animadora? – preguntó Shego, con media sonrisa en su pálido rostro.

-Me habría recorrido esta isla por completo en la mitad de tiempo que tú si no fuese por el tobillo.

-Eso me suena a reto, pequeña Kimmie.

-Oh, vamos, déjalo… - sentenció Kim, cansada de tanta competitividad entre ambas.

Shego decidió sentarse junto a ella y aprovechar para beber algo de agua.

-Mira, hay peces – le enseñó a Kim, todavía sentadas - ¿Qué te parece si almorzamos pescado?

-¿Sabes pescar? – preguntó Kim, sorprendida.

-A mi padre le gustaba llevarnos de pesca a mis hermanos y a mí… Ya sabes, antes de convertirme en supervillana y todo eso – explicó Shego, sin darle importancia al asunto.

Comenzó a quitarse su mono de cuero y se metió en el agua hasta la cintura. Su cuerpo pálido resplandecía bajo la luz del sol y Kim no pudo evitar mirarla. Su perfecta silueta se asemejaba a las esculturas griegas que había visto más de una vez en sus excursiones al museo. Bajo aquella luz, en medio del agua cristalina, el cuerpo de Shego desprendía un aura de inocencia y Kim no pudo evitar preguntarse cómo alguien así había acabado dedicándose a la vida delictiva.

-¡Malditos peces! ¡Estaos quietos de una vez! – escuchó como gritaba la morena mientras metía la mano en el agua para intentar alcanzar algún pez.

Kim no pudo evitar reírse. Nunca había visto a Shego en una situación tan cómica como aquella.

-Espera, que te ayudo – le anunció tras dejar de reír, al tiempo que se quitaba los zapatos y se arremangaba los pantalones.

-Vamos, Princess, puedo hacerlo yo sola – se quejó Shego.

-Sí, ya lo veo – río Kim, al ver el pelo mojado de su némesis, tras varios intentos de atrapar al mismo pez.

-¿Ah, sí? Inténtalo tú, animadora listilla, a ver qué tal te va – la retó mientras se retiraba para dejarle espacio.

Kim visualizó un pez con buen aspecto. Era bastante grande y parecía fácil de coger. Se acercó poco a poco a la superficie del agua y, lo más rápido que pudo, hundió la mano en el agua, sin embargo, cuando parecía haberlo atrapado, el pez se resbaló entre sus dedos, el tobillo le falló e, inevitablemente, cayó al agua.

Cuando salió a la superficie pudo escuchar las risas de Shego, la cual se doblaba sobre sí misma una y otra vez sin poder parar de reír.

-Vale, muy bien, ríete – dijo Kim visiblemente enfadada.

-Es que… - intentó articular Shego, pero de nuevo, incontenibles carcajadas surgían de su boca – Tu cara… y cuando has caído… ¡Kim, no pareces la misma que cuando me pegas esos puñetazos inmovilizadores en la barriga!

-¿Con que no, eh? Pues toma ésta – respondió haciéndole a Shego una llave que la hizo caer de boca al agua.

En esta ocasión, fueron las risas de Kim las que se escucharon por encima del piar de los pájaros.

-Eso no vale – dijo Shego, enfadada, al salir del agua.

-Bueno, pero sin duda, ha sido bastante gracioso.

-Vale, está bien, aquí se acaba la pelea – sentenció Shego, quien volvió a fijar la vista en el agua, a la búsqueda de un nuevo pez.

Sin embargo, cuando vio que Kim volvía la mirada, distraída, aprovechó para cogerla de los hombros e intentar empujarla, a lo que la pelirroja respondió agarrando a Shego también. Comenzaron a forcejear, en su intento por tirarse al agua mutuamente, hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros y sus brazos, entrelazados tras sus espaldas. Fue entonces cuando Shego se dio cuenta de cuán cerca estaban la una de la otra, y no se le ocurrió otra cosa que disparar un plasma hacia el agua.

-¿Pero qué haces? – preguntó Kim, sorprendida, separándose rápidamente de la morena.

-¿No querías comer pescado? – respondió Shego, quien acababa de coger un pez que había salido hacia la superficie, achicharrado por el plasma de sus manos.

Ambas salieron del agua y encendieron una hoguera, al tiempo que se secaban. Comenzaron a cocinar el pescado, sin volver a hablar, tan solo mirando el hipnotizante fuego.

Cuando hubieron terminado de comer, Kim decidió formular la pregunta que había estado rondando su cabeza desde el comienzo del día.

-Shego… - comenzó a decir.

-Qué te ocurre ahora, Pumpkin.

-¿Cómo llegaste a adentrarte en el mundo del crimen? – preguntó finalmente la pelirroja.

Shego se quedó callada en un principio, pero, finalmente, decidió hablar. Sabía que no debía contar esta clase de cosas, y menos a una persona como Kim Possible, pero algo en ella la incitaba a hablar cada vez más. A confiar en la persona con la que se encontraba en aquel momento.

-Realmente, es una larga historia… - intentó explicar.

-Tenemos todo el tiempo del mundo – contestó Kim riéndose irónicamente.

-Bueno, ya conoces a mis hermanos, ellos son los tipos buenos – empezó a contar, con la mirada perdida en el horizonte, como si en las lejanas nubes pudiese leer el pasado – Yo, sin embargo, era la oveja negra de la familia. La que peor se portaba, la que peores notas sacaba, la que siempre decepcionaba. A veces incluso creía que mis padres hubiesen deseado poder evitar que yo naciese. Solo mi padre conseguía sacarme una sonrisa de vez en cuando. Él era el único que me comprendía y me quería tal y como era. Pero un día…

Shego paró de repente y apartó la mirada del cielo, dirigiendo sus ojos hacia el suelo. Hablar de aquello hacía que se le cortase la voz y que los ojos comenzasen a brillarle. Pero no quería mostrarse débil. No podía ser débil.

-Un día, simplemente, murió. Sin avisar. Sin que nadie lo esperase o sospechase tan siquiera – miró a los ojos de Kim, quien la escuchaba atenta, y pudo ver en su mirada el creciente interés por su historia – Estábamos de pesca. Como ya te he dicho antes, solía llevarnos con frecuencia. Fue entonces cuando vio a una persona en medio del lago, ahogándose. Él, cómo no, intentó salvarla. Nos pidió que llamásemos a los servicios de emergencias y comenzó a nadar hacia el centro del lago. Pero justo entonces, no sé qué pasó, pero vi como mi padre dejó de nadar y comenzó a hundirse, para no volver a salir nunca más de aquella superficie transparente. Lo más irónico de todo, es que la otra persona sí que sobrevivió. Era un pobre infeliz que había intentado quitarse la vida tomándose un bote de somníferos y tirándose al agua.

Cuando acabó de contarlo, Shego tenía una sonrisa amarga en el rostro, la sonrisa de aquellas personas que olvidaron cómo llorar.

Kim seguía sin poder articular una palabra. Le parecía sorprendente descubrir el pasado de su enemiga, pero aún más que ella hubiese accedido a contárselo.

-A partir de ese momento, nada volvió a ser igual. Sentía la rabia correr por mis venas, incesante. "¿Por qué a él?", me preguntaba una y otra vez, "¿por qué no pudo morir la otra persona?". Y parecía, sin embargo, que la vida se reía de mí en mi cara. No podía soportar a las personas que me rodeaban. Fui volviéndome cada vez más y más solitaria, arisca. Hasta que un día, al fin, me di cuenta. Lo que realmente aprendí por aquel entonces fue la que, probablemente, será la lección más importante de toda mi vida. Y es, simplemente, que las buenas personas nunca ganan nada. A esa clase de gente nunca le va bien. Para poder sobrevivir tienes que ser malo. Tomé la acertada decisión de escapar de casa. Fue entonces cuando encontré al Doctor Drakken. Había sido compañero de mi padre en la universidad y asistió a su funeral. Desde entonces, había estado observándome, viendo como la rabia crecía en mi interior, poco a poco, hasta estallar. Me propuso unirme a él, y me enseñó a controlar los poderes del plasma. El resto… Supongo que ya lo conoces.

-Shego, yo… - Kim intentó expresar todos y cada uno de los sentimientos que cruzaban su mente en aquel preciso instante, sin embargo, todos se amontonaron a la vez en su boca, impidiéndole tan siquiera hablar.

-Calla, qué vas a decir tú. Una pobre animadora que se dedica a salvar el mundo – Y de nuevo, Shego la miraba de aquella forma, de la única forma en la que Shego era capaz de mirar a cualquier persona: llena de odio - Por favor, no me hagas reír.

-¿Te crees que mi vida es fácil? – aquello, sin duda, había enfadado a Kim, la cual respondió iracunda – Tú vives en tu propio mundo. Sin reglas, sin compromisos. Sin deberes. No sabes lo que es llevar una doble vida, tener que lidiar con todos tus conocidos durante el día, mostrando una sonrisa en el rostro para que no se preocupen, sin soltar un solo gemido aunque te duela el tobillo que la noche anterior te doblaste combatiendo para meter en la cárcel a gente como tú.

-Así que gente como yo… - susurró Shego.

-No quería decir… - intentó disculparse Kim, sin embargo, al poco cayó en la cuenta ¿qué era lo que no quería decir? Realmente, aquello era la verdad. Shego era la criminal, la delincuente. Era la clase de persona a la que Kim combatía noche tras noche, la clase de persona que había que meter entre rejas para conseguir un mundo mejor.

-No, está bien. – Shego se levantó también, dándole la espalda a Kim – No te preocupes, tan solo soy esa clase de persona. Te dejaré aquí sola para que no tengas que mezclarte con alguien como yo. Espero que disfrutes de mi ausencia.

Kim vio como Shego se alejaba lentamente y tuvo que reprimir el impulso de llamarla y pedirle que se quedase allí, junto a ella.

Realmente, ¿qué era lo que había querido decir?