Capítulo 4: La nueva mortífaga.
Los Weasley miraban con horror lo que había pasado. Su hija, su pequeña hija Ginny, había sido asesinada ante sus narices, porque todos estaban seguros de que la maldición le había dado de lleno, claro que ninguno sabía que se equivocaban. Y después, Harry había saltado para ir a por ella, nadie sabía si él había muerto o no, pero ninguno podía decir nada. Algunos lloraban, otros miraban consternados lo que había sucedido. Arthur abrazaba a Molly con fuerza, ya que ésta apenas podía tenerse en pie. De pronto, se escuchó un Crac, y Bill Weasley apareció en medio del desastre. Éstos se acercaron corriendo a sus padres, y los miraron preocupados, sabían que había pasado algo malo.
―M-Mamá... papá, ¿qué ha pasado? ―preguntó Bill mirando a sus padres.
―Ginny... ―fue la única respuesta que dio Arthur Weasley.
Harry y Ginny se chocaron contra el húmedo suelo. Harry se levantó a toda prisa y apuntó a Ginny con su varita, antes de que la chica pudiera moverse. En aquel momento, el joven Potter no se fiaba para nada de la pelirroja, no sabía lo que podría llegar a hacer. Estaban en medio de un bosque, y el lugar no le gustó nada a Harry. Ya que era un bosque bastante tenebroso, y además, al chico le parecía conocido, como si lo hubiera visto alguna vez. Estaba seguro de que no era el Bosque Prohibido, pero aún así lo había visto en algún lado.
Mierda, ya sé de donde procede este bosque, está cerca de la mansión Ryddle.
―Harry, baja la varita ―le dijo Ginny con tranquilidad. En ese momento la chica estaba desarmada, ya que Harry le había quitado su varita.
―No. ¡No hables! ―gritó Harry de pronto. Su voz denotaba la rabia y el odio que sentía hacia la chica en aquellos momentos―. ¡No digas ni una sola palabra Ginevra!, como lo hagas... te mato.
―No te atreverías.
―Ya no hay nada de lo que no me atreva ―dijo Harry―. Crucio.
Ginny no tuvo tiempo a reaccionar, ya que nunca había pensado que Harry la atacaría, y menos con la maldición Cruciatus. La chica se cayó al suelo y se empezó a retorcer por el dolor, la maldición de Harry era muy potente, pero aún así la cabeza de la chica pensaba con rapidez. ¿Cómo había conseguido Harry usar la maldición con tanta facilidad? Según lo que había leído en los libros, para realizar la maldición Cruciatus, tenías que desear causar dolor en la persona que atacabas, tenías que disfrutarlo, el odio solo no bastaba, y en aquel momento Harry estaba usando la maldición, de una forma muy potente. Parecía que supiera realizarla desde toda la vida. Según le había contado el chico una semana antes, él había usado la maldición contra Bellatrix Lestrange, pero apenas le había surtido efecto. ¿Cómo había cambiado Harry en una semana?
El muchacho detuvo la maldición. Ginny jadeaba adolorida en el suelo. El pelinegro se acercó a la chica y se arrodilló al lado de ella para mirarla a los ojos.
―¿Por qué lo hiciste Ginny?, ¿cómo pudiste a esa niña a sangre fría?
―¿Qué por qué lo hice?, ¿QUÉ POR QUÉ LO HICE?, ¡PORQUE ESTOY HARTA DE TODO HARRY, TODO EL MUNDO ME TRATA COMO A UNA CRÍA QUE NO PUEDE VALERSE POR SI MISMA! Y además, no sabes lo que me ha estado pasando últimamente, aparte de eso, hace poco tuve una discusión muy fuerte con mis padres. También hay otro motivo, y el motivo... eres tú.
―¿Yo?
―Sí, tú Harry... Sabes que llevo enamorada de ti desde que tenía diez años, tú nunca me has echo caso, a pesar de que yo intentaba que te fijaras en mi, pero nada. Al cabo de un rato me aburrí de eso y empecé a salir con otras personas, pero no podía olvidarme de ti Harry, me era imposible. No sabes los celos que sentí cuando me di cuenta de que estabas interesado en Chang, muchas veces me dio por ir a por ella y estrangularla, pero me aguanté, me aguanté gracias a que Draco me ayudó...
―¿Draco?, ¿Draco Malfoy?
―¿A cuantas personas conoces que se llamen Draco?, ¡claro que me refiero a él! ―contestó Ginny de mala gana―. A lo que iba, él estuvo conmigo desde tercero, diciéndome que tú no eras nadie, que me olvidara de ti, que había otras personas mejores que tú. Nos veíamos siempre a escondidas, para que nadie nos viera. Al final, acabé por hacerle caso, y fue en ese momento cuando me di cuenta de que ya no me interesabas tanto, aunque no me malinterpretes Harry, aún me interesas, pero no tanto como antes. Bueno, el motivo por el que ya no te quiero tanto, es Draco. He pasado tanto tiempo con él, que no e había dado cuenta de que sentía cierta atracción por Malfoy. Hasta que en fin de curso decidí hablar con él, y le dije lo que sentía. Draco no se molestó para nada, en verdad parecía muy feliz por aquello, al parecer él siempre estuvo interesado en mi. Me dijo que podríamos estar juntos, pero que para eso... debía unirme a Voldemort.
Al principio me desagradó la idea, no acepté. Hasta que tuve aquella discusión con mi ex-novio y luego lo maté. Ahí fue cuando me di cuenta de que había disfrutado de su muerte, por lo que volví a hablar con Draco, y le dije que si, que me uniría a Voldemort. Y ahora estoy aquí, en realidad fue él el que me dijo que fuera hoy a Azkaban, no fue por nada que escuché en la radio. Lo siento Harry, pero nada me hará cambiar de idea.
Harry soltó un grito desgarrador.
―¡No debiste hacerlo Ginny!, ¿es que no lo entiendes? Cho solo me atraía físicamente. Nunca estuve enamorado de ella.
―¿Qué?, pero yo creía que...
―Te equivocaste completamente Ginny, a Cho nunca la quise, solo estaba cegado por su apariencia. Siempre me di cuenta de que tu seguías queriéndome, pero yo no sentía nada por ti. Después de lo de la muerte de Sirius pensé que podría darte un oportunidad, mis sentimientos empezaron a cambiar, ya no te quería solo como a una hermana, pero ahora... Ahora te odio más que nunca Ginevra.
Harry no le hizo más caso, el chico se dio la vuelta y ella lo agarró por el brazo para detenerlo.
―Harry, espera...
―¡SUÉLTAME! ―bramó Harry furioso―. ¡LÁRGATE, NO QUIERO VOLVER A VERTE NUNCA, LÁRGATE O TE MATO AQUÍ MISMO!
Harry pudo comprobar como las lágrimas se atenazaban en los ojos de la chica, pero no llegó a llorar del todo, no quería hacerlo, y ahora no iba a cambiar de opinión. La mirada de Ginny volvió a ser fría, por lo que Harry supo que no iba a cambiar de opinión. La chica miró a Harry por última vez, y luego se internó en el bosque, mientras que Harry acababa de echar a correr en dirección contraria.
Ginny seguía caminando por el bosque en dirección a la mansión Ryddle, aunque en realidad no sabía donde estaba la mansión exactamente. De pronto, la pelirroja notó que alguien la seguía, alzó la varita dispuesta atacar, cuando de pronto una persona apareció delante de ella, y con la velocidad del rayo le arrebató la varita de la mano. Joshua sonrió ante la cara que había puesto Ginny, pero la chica se alivió al ver que no era nadie más que el joven licántropo. Ginny ya lo conocía porque Draco se lo había presentado anteriormente, sin que nadie se enterara.
―Tranquila pelirroja, no te voy a hacer nada. Solo he venido para guiarte hacia la mansión, es que debemos darnos prisa porque dentro de poco cambiaremos de lugar, ya que Potter sabe que estamos viviendo allí ―anunció Josh devolviéndole la varita a Ginny.
Harry dejó de correr después de que hubieran pasado varias horas desde que había abandonado a Ginny. Se detuvo jadeando por el cansancio y empezó a soltar palabrotas. No tenía ni idea de donde estaba, y tenía la sensación de que ya había pasado por aquel lugar varias veces. Miró hacia el cielo y fue cuando se dio cuenta de que ya estaba anocheciendo.
Parece que esa cosa ahora no está aquí. Mejor, así tendré libertad para pensar. Nunca creí que la pequeña Weasley tuviera tanta sangre fría. ¿Quién iba a creer que la pequeña Weasley tuviese esos ideales?, aunque sinceramente, me gustan. Lo siento Ginny, pero también he jugado contigo, aunque tranquila que dentro de poco volveremos a vernos. Harry sonrió malévolamente.
El iris de los ojos de Harry se volvieron de un color rojo intenso, pero enseguida volvieron a la normalidad. Se tumbó sobre el árbol, y al final acabó por quedarse dormido apoyado en el árbol.
Mientras tanto, en La Madriguera se encontraban el resto de los Weasley, llorando por la perdida de Ginny y la posible muerte de Harry, aunque eso último todavía no era fijo. Habían encontrado el cadáver de Ginny (claro que no sabían que no era el de ella) en el fondo del mar. Arthur y Molly vieron a su hija por última, pero no pudieron volver a ver el cadáver de su pequeña.
Fred y George estaban callados, mirándose mutuamente, por primera vez en su vida, no estaban bromeando, al contrario, intentaban no echarse a llorar allí mismo. Bill estaba completamente callado mientras que Ron gritaba desesperado, éste último no podía creer lo que había pasado. Charlie seguía en San Mungo, por lo que no se había enterado todavía de lo que había pasado, y Percy se hallaba en el Ministerio de Magia, ya que éste hacía bastante tiempo que no visitaba a su familia. Aparte de ellos, también estaban Dumbledore y Lupin intentando consolar a los Weasley.
―¡Si hubiésemos creído a Harry esto no había pasado! ―gritó Molly furiosa mirando a Albus―. ¡Él tenía toda la razón!
―Molly, aunque le hubiésemos echo caso, nadie sabía que Ginny iba a estar allí ―intentó consolarla Arthur.
―Molly... ―empezó Albus, pero la mujer no le dejó acabar, ya que se fue de la cocina seguida de Arthur.
Los demás Weasley miraron a Dumbledore con algo de rabia, aunque ninguno iba a echarle la culpa, ya que él no tenía la culpa de que ahora Ginny estuviese muerta.
―¿Y... Y Harry? ―preguntó Ron tartamudeando. Éste estaba algo más calmado.
―Nadie sabe nada de él... Su cuerpo no ha aparecido, por lo que cabe la posibilidad de que esté vivo, pero hasta que lo encontremos no se puede demostrar...
―¡Albus, Remus! ―gritó una voz a sus espaldas. Los nombrados y los Weasley se voltearon. Era Ojoloco―. Creemos tener una pista de donde puede estar Potter.
Albus y Remus no esperaron a que éste le dijera nada más. Los dos se despidieron de los Weasley y luego salieron disparados tras Alastor, el cual ya había salido de la casa y se habían desaparecido.
(Unas horas antes)
Joshua conducía a Ginny por los pasillos de la mansión Ryddle, para llevar a la muchacha ante su Lord, pero de pronto apareció alguien delante de ellos, era Lyra, aunque ésta no les hizo caso, simplemente los siguió, ya que ella también iba a ver a Voldemort. La pelirroja la miró con precaución, no sabía si debía fiarse de la muchacha o no, ya que no la conocía mucho y no sabía lo que podía llegar a hacer.
―Tranquila, no le tengas miedo, no te hará nada, a no ser que la hagas enfadar claro. Ya te digo que no hagas eso, entonces si podría llegar a ser peligrosa ―le susurró Joshua a Ginny.
―No le tengo miedo ―respondió la pelirroja molesta.
Joshua sonrió. Llevó a Ginny hasta la parte superior de la casa, hasta que se detuvo ante una puerta grande y la abrió con un movimiento de su mano. Le hizo una seña para que entrara primero, aunque Lyra se le adelantó. Ginny entró seguida de Josh. La chica escudriñó bien la habitación, estaba completamente vacía, excepto por el asiento que había, que era donde estaba Voldemort con su serpiente Nagini rodeándolo. Aparte de él, había otros mortífagos en la sala, Ginny reconoció a Bellatrix Lestrange, Lucius (que recién acababa de salir de Azkaban) y Draco Malfoy, dos chicos a los que no conocía, aunque eran mayores que ella, Severus Snape y otros cinco mortífagos, pero como estaban con la máscara no pudo reconocerlos.
―Veo que no te ha costado mucho llegar a la mansión ―dijo Voldemort mirando a Ginny a los ojos.
―Joshua me encontró, sino no habría llegado. ―El muchacho sonrió a su lado
―Bien. Acércate, pasaste la prueba, así que te recompensaré. ―Ginny se acercó a Voldemort y le mostró el antebrazo mientras que Voldemort le apuntaba con la varita―. Braquian Mosmordre.
Ginny se mordió los labios para no chillar, el brazo le ardía, como no lo había echo nunca. La joven pudo ver como la Marca Tenebrosa empezaba aparecer en su piel, gravándose como si de fuego se tratara, porque eso era lo que sentía Ginny, fuego sobre la piel. Cuando Voldemort acabó, Ginny miró la marca que ahora tenía en el brazo, en ese momento estaba de un color rojo que a la pelirroja no le gustó nada, aparte de que tenía sangre en el brazo. Voldemort sonrió con malicia.
―Bien Ginny, antes de nada, quiero decirte que no puedes mostrarte a nadie, todos, excepto Potter te creen muerta, así que ya sabes, no aparecerás ante nadie hasta que llegue el momento. Tampoco te mandaré a ninguna misión tan pronto, antes necesitas entrenarte. ―Voldemort hizo una pausa, miró a Ginny que había asentido con la cabeza, y luego éste le hizo una seña a Lyra y para que se acercara. Ginny la miró con desconfianza, seguía sin caerle bien la muchacha, aunque ya se esperaba lo que le iba a decir Voldemort―. De momento será ella la que te enseñará, luego seguirás con otras personas´´ que te enseñarán su especialidad... Ahora, vosotras dos marchaos.
Lyra le hizo una seña a Ginny para que la siguiera. La pelirroja asintió y se fue con Lyra, mientras que los demás mortífagos quedaban en la habitación.
―Mira Weasley, a mi tampoco me hace gracia ninguna tener que perder el tiempo contigo, tengo cosas mejores que hacer, así que deja de protestar ―comentó de pronto Lyra asustando a Ginny.
―Pero si yo no he dicho...
―Pero lo has pensado. ―Ginny la miró confusa, se suponía que la Legeremancia se empleaba con la varita, y Lyra no la había usado.
―Si practicas mucho, aprender a hacer Legeremancia sin varita.
―¿En serio? ―preguntó Ginny.
―Claro, aunque he de admitir que no es algo fácil de hacer ―contestó Lyra parándose ante una puerta, la cual abrió―. Aunque si Snape lo ha conseguido tú también podrás ―agregó. Ginny soltó una carcajada, pero luego se quedó alucinada al ver el interior de la sala. Era enorme, y estaba repleta de armas, libros, cubos de pociones... y otras cosas―. Aquí es donde entrenaremos.
Ginny ya había entrado en la habitación cuando Lyra había dicho eso, pero la había escuchado. Lyra cerró la puerta tras ella y se acercó a la pelirroja.
―Vaya, esto es enorme ―susurró Ginny maravillada.
―Hay un hechizo para que se más grande ―contestó Lyra.
Ginny estaba mirando detenidamente todo lo que había en el lugar, hasta que posó su mirada en Lyra.
―¿Hace cuanto que eres mortífaga? ―preguntó mirando a la muchacha a los ojos. Se quedó callada. Ginny pensó que no iba a responder, pero al final dijo:
―Hace casi dos años.
―Ah, vaya, ¿has aprendido tantas cosas en solo dos años? ―Lyra la miró sorprendida, pero al cabo de un rato se dio cuenta de algo. Ginny había visto la pelea que había tenido cerca de Grimmauld Place. Lyra asintió―. Pero, ¿cuantos años tienes?
―Quince.
Ginny asintió.
―¿Y quien eres exactamente?, porque solo has dicho que te llamas Lyra.
Lyra la miró fríamente, pero esta vez no contestó.
―No te diré nada más hasta que confíe plenamente en ti, haces muchas preguntas, y eso no ayuda.
Ginny pensó en lo que había dicho la joven. La verdad era que haciendo tantas preguntas cualquiera la tomaría por espía, sería mejor esperar un poco.
Lyra tampoco se fiaba por completo de la chica Weasley, no sabía si ella de verdad se había unido a ellos, o todo lo hacía para descubrir cosas. A pesar de que había matado a aquella muchacha, aquello no demostraba nada, ya que Ginny no la conocía para nada, y podría haber echo un pequeño sacrificio en matarla, aunque nadie había comprobado si de verdad estaba muerta. Lyra le había dicho unas horas antes a su señor, que lo mejor era que hubiese escogido a un conocido de Ginny, mejor dicho, a alguien de su familia, como alguno de sus hermanos, o mismo a su padre o madre, pero Voldemort no había aceptado, aunque Lyra no entendió porqué.
―Será mejor que empecemos con el entrenamiento ―dijo Lyra sacando su varita.
(En el presente)
Harry abrió los ojos de golpe. Se levantó del frío suelo y apuntó con la varita a las personas que se acercaban. Al instante recordó todo lo que había pasado, y que ahora estaba perdido en medio de un bosque. Miró hacia los lados, no sabía quienes venían, pero si eran mortífagos tendría problemas, pero cuando escuchó la voz de Remus Lupin llamándole, se dio cuenta de que no eran mortífagos, sino los miembros de la Orden del Fénix. Harry tampoco quería hablar con ellos, no después de lo que había pasado, pero sino, no encontraría la forma de salir de allí.
Hora de actuar Harry.
―¡Harry! ―La voz de Remus se estaba alejando, por lo que Harry decidió hacer otra cosa. El muchacho apuntó al cielo lanzó chispas rojas. Luego volvió a echar a correr en la dirección en la que estaban los de la Orden―. ¡Harry!
―¡Estoy aquí! ―Harry vio a Remus a lo lejos. Estaba con otros miembros de la Orden que Harry no conocía, pero que había visto luchar hacía unas horas.
―Harry, ¿estás bien? ―preguntó Remus mirándolo de arriba a abajo, mientras que también enviaba un Patronus con forma de lobo. Seguro que había más gente por allí y quería avisarles.
―Perfectamente... Yo estoy bien ―contestó Harry un poco ido. Remus lo miró con tristeza.
―¿Entonces Ginny...?
Harry lo miró. Estaba claro que Remus la creía muerta.
Así que eso era lo que quería que pareciera, que creyeran que estás muerta. Que lista eres pequeña, ¿o habrá sido idea de Voldemort?
Harry dudaba en que contestarle, podía seguir con el juego de Ginny y mentirles, o decirles la verdad, porque seguro que les afectaría descubrir que Ginny se había echo mortífaga, así sufrirían un poco, pero al final decidió apiadarse de ellos y mentir.
―Está muerta ―contestó Harry sonando lo más convincente posible, pero al mismo tiempo mostrando una fingida tristeza. Bajó la cabeza para que pareciera más realista―. Lo siento.
―No Harry, tú no tienes la culpa de nada. De hecho, si te hubiéramos echo caso tal vez esto no hubiese pasado. Somos nosotros los que tenemos que pedir perdón... y ahora Ginny Weasley está muerta. Los Weasley no se merecen una perdida así.
Claro que no, pero será mucho mejor para ellos.
―Bueno Harry, será mejor que nos vayamos de aquí, es peligroso. Te llevaremos al cuartel de la Orden del Fénix.
―¡No! ―Remus lo miró extrañado―. No quiero ir a Grimmauld Place, en primer lugar porque me recuerda a Sirius, y en segundo lugar, no quiero estar con los de la Orden, no después de lo que pasó, además, no quiero lamentarme más. Prefiero volver a Privet Drive.
Jo, tendré que hacer pucheros.
―Por favor Remus.
Harry lo miró a los ojos. Remus parecía dudar, pero al final asintió. Agarró a Harry y luego se desapareció con él para llevarlo al número 4 de Privet Drive, seguro que luego le recriminarían por hacerlo, pero si era la decisión de Harry, la aceptaría.
