Cuarto Cap.
Por fin estoy en casa, donde solo podía ahogarme en el delicioso olor de Sucrette, Le dije a Castiel que me ayudara a subirla a su habitación, porque ella tenía que vivir si queríamos su sangre por bastante tiempo. Castiel la recostó en la cama y esperaríamos que el sedante saliera de su cuerpo para poder probar tan valioso elixir.
-Yo la cuidaré por la noche-Dije.
-Claro, mira, es hermosa… Pero por ahora, ¿por qué no celebramos?-Dijo Castiel sonriendo. Baje a la cocina desaliñada donde había un pequeño bar, Kentin se encontraba ahí y hablamos un poco, le conté todo lo que tuve que pasar "entonces, no tenía de otra, y mordí a la tía..." Decía mientras Castiel me pasaba una copa, bebí gustosamente de ella. Estaba cansado así que no me quede mucho tiempo y fui a mi habitación a dormir, pero… en el camino me sentía mareado, sin sentido, mi estómago y mi cabeza dolían fuertemente, al llegar a mi habitación caí, no podía sostenerme, me estaba desmayando pero aún tenía algo de fuerzas para ver algo borroso. Kentin y Castiel se me acercaron.
-Así que todo salió bien, Lysandro nos ayudó sin más y ahora la chica es nuestra, espero que el veneno haga efecto-decía Kentin mientras salía de la habitación.
-Tranquilo hermano, solo te di la mitad del veneno porque ken me vigilaba, de alguna forma tendrás que sobrevivir y si no… Fue bueno trabajar contigo-Dijo Castiel cargándome y llevándome a un bote, no pude más y caí adormecido o bueno, podría estar más que seguro que pensaba que había muerto.
Tras haber sido traicionado y lanzado a la deriva en un bote decidí que tenía que vengarme y rescatar lo que me pertenece, estaba débil por el veneno pero su efecto pasaría rápido. No tenía la espada conmigo y mi barca estaba atascada en medio de dos paredes de un barrio que no conocía. ¿Sucrette estará bien? ¿Ya habrán utilizado su sangre? Ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado... tal vez, ¿un día? ¿Unas cuantas horas? Empecé a caminar por una calle principal, este barrio parecía abandonado. En el suelo encontré otra espada y una pistola, un rifle calibre 22, ¿de quién serían? Este lugar me ponía un poco nervioso, el día estaba obscuro, olía mal, y habían ratas portadoras de la peste en todos lados, escuché a alguien toser y voltee a mirar hacia atrás persiguiendo aquel sonido, una mujer se abalanzó hacia mí, sus manos… estaban tipo ¿podridas? Y de su boca se extendía saliva combinado con sangre, ¿estaba infectada? ¿En dónde se había metido para tener sus manos así? La aparté y la miré fijamente.
-Usted… No tiene… que estar… aquí-dijo ella tosiendo y soltando cada vez más sangre, la miré pero vaya que me sorprendió, se abalanzo de nuevo contra a mi mordiendo mi brazo lo más fuerte posible, traté de separarla por las buenas perdón... no podía así en medio del dolor que me daban aquellas mordidas golpee con la parte de abajo del rifle la cabeza de aquella, dejándola inconsciente. Continué caminando y por lo menos, ya sabía a qué tenía que enfrentarme… ¿Cómo saldría de aquí? Tal vez las Cloacas conecten a otro barrio… tenía planeado seguir las alcantarillas como guía pero primero debía saber dónde estaba.
Entré a una de las casas, donde habían municiones y comida, oh y también un pequeño mapa, gracias a esto supe que este barrio se llama "El barrio Van" que quedaba justo al lado del Barrio Démov. Seguí las alcantarillas hasta llegar a un pequeño huequito que dirigían a las cloacas, no tendría de otra que cruzarlas, entré y en el lugar habían infectados, que lastimosamente, cada uno recibió un disparo en la cabeza de mi parte. No quería que me mordieran y aunque sea un vampiro, somos vulnerables a la peste, miré mi brazo y para mi suerte aquella mujer que me mordió no había hecho heridas. Continué con mi camino, librándolo de infectados…
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