CAPITULO 3.

TOM

(Emmett)

Apenas llegamos al nuevo apartamento con Bella nos ocupamos de desempacar todo y acomodar nuestras cosas.

Mañana a primera hora debo presentarme al buffet, tengo la entrevista final con el Señor Vulturi, va a asignarme mi oficina y mis primeros trabajos. Mi hermanita quiere buscar empleo también, aunque claro que ya le dije que no es necesario, pero es tan testaruda.

- voy a pedir pizza para la cena – grite desde el piso de arriba para que Bella me escuchara.

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Al otro día me desperté temprano, tome un baño, bebí un poco de café y me dirigí al estudio de abogados.

Quedaba enfrente de una plaza, era un lugar muy bonito y tranquilo. Entre al edificio, era muy grande y formal. Subí hasta el 6to piso, me encontré con el señor Vulturi.

- Emmett Cullen ¿cierto? – me saludo estrechando mi mano.

- el mismo. Es un gusto conocerlo señor Vulturi. –

- por favor llámame Marco.

Me explico todo, y me acompaño hasta mi nueva oficina. Afuera estaba la que iba a ser mi secretaria, era rubia de cabello rizado; nada que me llamara la atención.

- Cullen, ella es Chelsea Vulturi, mi sobrina y tu nueva secretaria – la chica me sonrió amablemente y estrechamos la mano.

Me pase toda la mañana acomodando mis cosas y organizando mis horarios. Tenía la hora del almuerzo libre y cuando volviera iba a comenzar a leer los casos que me asignaron.

Pensé en ir a almorzar en el restaurante de la esquina, pero volví a ver la plaza y preferí ir allí a sentarme un rato y tomar aire libre.

Había algunos niños corriendo, otros caminando de la mano de sus padres, en el frente del otro lado de la plaza había un jardín de infantes. Nunca me llamaron la atención los niños, pero por alguna razón me agradaba estar ahí, viéndolos. Me hacia feliz, verlos contentos.

En eso se acerco a mí una adorable niña.

- hola – hablo dulcemente – me llamo Violeta. ¿Tu quien eres? Nunca antes te vi, y por acá siempre anda la misma gente – hablo muy rápidamente pero aun así pude entenderla.

- Hola, yo soy Emmett. Me mude hace poco – le sonreí, y ella igual. Era muy tierna.

- Violeta no molestes a la gente – la reprendió un niño de su misma edad caminando hacia nosotros. Era el niño más hermoso que vi, me hacia recordar a mi cuando era pequeño, y a Rose… Me hacia acordar a mi Rose…

- no lo estoy molestando ¿verdad? – dijo Violeta haciendo un carita irresistible.

- claro que no, nos estábamos presentando. Yo soy Emmett – dije extendiéndole la mano y el la estrecho, el contacto con ese niño me hizo estremecer por un segundo.

-Tom – dijo simplemente. En eso apareció una hermosa mujer de tez blanca, cabello oscuro largo y ojos azules, muy bonita hacia nosotros.

- niños no sean irrespetuosos – hablo dulcemente.

- son maravillosos los pequeños, para nada molestan. –sonreí mostrando mis hoyuelos y ella me devolvió la sonrisa.

- Violeta lo estaba molestando tía, no yo. Soy nene bueno – se excuso Tom, lo cual hizo que yo riera.

- ninguno me molestaba. Ellos vinieron a preguntarme quien soy, ya que siempre ven la misma gente – le explique

- y así es, por acá siempre pasan los mismos, y más en horarios de clases.

- A propósito, soy Emmett recién mudado- ella rio y estrecho mi mano.

- Renata – se presento. - ¿Por qué decidiste mudarte a Los Ángeles Emmett?

- me ofrecieron un empleo en el estudio de abogados de aquí. – le comente

- entonces debes ser un gran abogado, para que aquí te tomen. Me dijeron que es difícil entrar a trabajar con Vulturi.

- pues eso dicen, pero a mí se me hizo un señor simpático.

- tía es hora de entrar – el pequeño Tom capto nuestra atención.

- si bebé, vamos – lo tomo de la mano. Los niños se despidieron de mí, y se dirigieron a la entrada del jardín.

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Desde ese día en mas en mi hora de almuerzo, iba a la plaza a charlar y jugar un rato con Tom, teníamos una especie de lazo especial; lo quería. Renata no fue más, la empleada Margaret, era quien lo llevaba al colegio.

Tom me conto que era su tía porque estaba casada con su tío quien era el hermano de su mamá. Y que como estaba embarazada, se me pasaba en la casa todo el tiempo para prevenir inconvenientes.

Me gustaba tanto jugar y hablar con Tom, era un niño muy inteligente, y travieso. Hacia las mismas bromas que yo. Era genial.