¿UN SUEÑO?

Kyle retrocedió aterrorizado.

En la entrada del castillo había un ser sumamente escalofriante; parecía ser un hombre lobo o una figura peluda en forma humana muy espeluznante.

Al ver al joven pelirrojo, el monstruo quiso abalanzarse encima, pero retrocedió furioso al ver que no estaban solos.

Detrás del joven estaba Cartmáncula, quien había tomado la forma de un lobo erguido; apartando violentamente al joven con sus garras, rugió en su lengua materna:

- ¡ALÉJATE DE ÉL, IMPÍO! ¡EL MUCHACHO ES MÍO! ¡ES MI PROTEGIDO!

- ¡¿CÓMO TE ATREVES A NEGAR TU NATURALEZA, CARTMANKULYA? ¡ESE MUCHACHO ME PERTENECE! ¡YO LO VI PRIMERO! ¡DEVUÉLVEMELO!

- ¡TENDRÁS QUE PASAR POR ENCIMA DE MÍ PARA OBTENERLO, DEMONIO!

Acto seguido, ambas bestias empezaron a luchar; Kyle, mal herido, observaba con incredulidad cómo aquellos monstruos peleaban de manera colosal como animales por su comida. Al principio el enemigo de Cartmáncula parecía estar ganando, pero al final fue el legendario señor de Valaquia quien asestó la mordida mortal en la nuca.

Kyle sentía miedo. Y más cuando vio que el lobo se transformaba en un ser humano de mediana edad al contemplar a su enemigo caído.

El pelirrojo sólo quería salir del lugar corriendo y no volver nunca más.

Pero no podía. No podía hacerlo. Algo, tal vez su instinto, le decía que se quedara allá, que confiara en aquél ser espeluznante que había salido en su defensa como si fuera de su propiedad.

Lo siguiente que sucedió fue algo que le sacó de sus casillas… literalmente hablando: El hombre de mediana edad alzó una mano y se hizo crecer unas garras en ella; se inclinó hacia el cadáver de la bestia muerta, la cual se había ido transformando paulatinamente en un hombre de cabellos grises y bigote negro y, de un solo tajo, le arrancó la cabeza.

- Que Dios se apiade de tu alma – dijo el hombre en rumano en lo que se levantaba con la cabeza en mano.

Se volvió hacia Kyle, quien yacía en el suelo asustado y malherido.

- ¡¿Quién es usted? – exclamaba el joven mientras intentaba levantarse para huir.

Cartmáncula, comprendiendo el miedo del joven, se acercó hacia él en un abrir y cerrar de ojos.

Podía sentir su miedo y su confusión por todo lo que ha pasado. Y lo comprendía porque prácticamente eso era lo que era: Un monstruo. Un monstruo solitario que sólo quería sentir el calor de la compañía de algún ser humano que le narrase cómo era el mundo de afuera, el mundo moderno que quería entender.

Observó los ojos verdes de Kyle.

¡Dios, eran prácticamente idénticos a los de ella!

Kylebeta.


::Flashback::

1462.

Cartmankulya había mandado a empalar recientemente a más de 200 gitanos en las laderas del bosque cercano a Targoviste. Eliminar a la población que no aportara nada a la economía de la patria se había convertido en aquél momento en uno de los objetivos principales del nuevo voivoda de Valaquia.

Al pasar con su séquito frente a unos campos bien cuidados, observó a una familia trabajando la tierra con mucho esfuerzo; aquello había hecho sentir a Cartmankulya muy orgulloso. Una familia que trabajaba era una familia que aportaba un beneficio al país.

No obstante, el orgullo y la sonrisa desaparecieron cuando se detuvo a observar más de cerca a aquella familia.

Y sintió una abrasadora furia por una razón: El hombre llevaba un ushanka, el sombrero judío.

Y Cartmankulya aborrecía mucho a los judíos.

El hijo del matrimonio, al ver al señor de Valaquia, se metió asustado a la casa; el matrimonio, al notar la presencia del voivoda, hicieron una respetuosa reverencia.

- Buenos días tenga usted, mi señor – dijo el jefe de la familia -. ¿En qué puedo ayudar a mi señor?

Maldito judío adulador, pensó Cartmankulya mientras él y sus hombres descendían de sus caballos.

El jefe de la familia estaba visiblemente asustado; de hecho, parecía ser que había presentido, a juzgar por la mirada del señor, que aquél visitante no era nada más ni nada menos que el voivoda Cartmankulya, a quien habría qué tratar con cuidado si no quería perder su cabeza y ver morir a su familia.

La razón estaba de sobra.

Cartmankulya, por su parte, cortó un trigo y lo observó.

Parecía ser que aquella familia tenía una buena cosecha, la mejor que había visto en los años que llevaba en el trono de Valaquia.

- Veo que han tenido buena cosecha este año.

- S-Sí, mi señor. Hemos trabajado duro todo este año para…

- Muy buena para provenir de manos judías.

- S-Sí, mi señor. ¿Q-Quiere que le demos algo de comer a sus hombres? No disponemos de mucha comida, pero confiamos en que podría agradarle de algo a usted.

Cartmankulya observó escudriñadoramente al pobre hombre.

Aquél estaba meándose de miedo.

Sabía cuál era su destino al toparse con el voivoda. Lo sabía muy claro y parecía ser que estaba listo para irse directito al cielo.

El príncipe se volvió hacia la choza.

Y lo que vio fue hechizante.

En la ventana de la choza acechaba una joven de cabellos rojos como el fuego que miraba asustada con inocentes ojos verdes.

Era bella, increíblemente bella.

- ¿Tu hija? – y señaló hacia la ventana.

- S-sí, mi señor.

- ¿Y por qué no salió a recibirme?

- ¿Mi señor?

Cartmankulya lo miró muy serio.

- ¿Acaso no sabes que está penado por la ley el hecho de que un súbdito no me reciba? Tu mujer, tu hijo y tú me recibieron, aunque el pequeño cobarde luego fue a correr hacia las faldas de su hermana.

- Mi señor…

- Llámala.

Viendo que no tenía opción, el hombre llamó a su hija.

- ¡Kylebeta! ¡Kylebeta, hija, ven aquí por favor!

La joven dejó de acechar y salió de la choza.

Cartmankulya tuvo que admitir que la pelirroja era condenadamente bella, mucho más bella que Scottia.

La joven, con pasos penosos y con el visible miedo en los ojos, se acercó a su padre y graznó:

- ¿M-Me llamáis, padre?

El hombre le indicó con la vista que le hiciera una reverencia al voivoda; éste le devolvió el saludo y, dirigiéndose al padre de la chica, le comentó:

- Tenéis una hija obediente, buen hombre.

- Gracias, mi señor.

- No obstante, de acuerdo con la ley, ella debe sufrir un castigo por no recibirme.

Dicho esto, le indicó a uno de sus hombres que apresaran a Kylebeta; la madre de la muchacha, aterrorizada, se lanzó a los pies de Cartmankulya y, llorando, le suplicó diciendo:

- ¡Señor mío, por Dios, no se lleve a mi hija! ¡Lléveme a mí en lugar de mi pequeña! ¡Sufriré todos los castigos que se me imponga, pero por favor no le haga daño a mi hija!

Cartmankulya levantó violentamente a la mujer y le replicó gélidamente:

- La vida de tu hija me pertenece ahora, judía estúpida. ¡Tenéis suerte de que no los mande a empalar a todos! – y la arrojó al suelo.

- ¡Madre! – exclamó la pelirroja al arrojarse sobre su madre; mirando luego al voivoda, exclamó: ¡Maldito! ¡Tú no mereces el respeto de tu pueblo!

Y le escupió.

El príncipe, sonriente, abofeteó a Kylebeta.

- ¡Yo soy tu amo y señor ahora, rata judía!

La joven lo miró con lágrimas en los ojos y llena de furia. Los soldados la tomaron y la esposaron.

Satisfecho, el voivoda le hizo una reverencia a la familia y se marchó.

Tenía ya varios planes en mente para la joven y no iba a desperdiciar ninguno de esos planes por ningún motivo.

::Fin del flashback::


Cartmáncula observaba con curiosidad al joven que yacía en el lecho de la habitación inconsciente.

Aquél joven había cedido bajo su poder de hipnosis para poder relajarlo y hacerle olvidar lo ocurrido, esto con tal de evitar que quedase traumado de por vida.

No obstante, no pudo evitar recordar a Kylebeta. Su parecido con ella era realmente muy impactante y podría enloquecer si lo contemplaba muy seguido.

- ¿Por qué? – susurró el hombre mientras pasaba un dedo por la tierna piel del joven - ¿Por qué te pareces tanto a ella, pequeño?

De repente, Kyle empezó a moverse poco a poco; Cartmáncula se apartó de la cama y, guardando una prudente distancia, esperó a que despertara.

Kyle abrió los ojos y, despabilándose, empezó a preguntarse en donde estaba; empero, los recuerdos de lo acontecido empezaron a volver a su mente e intentó levantarse, sólo para darse cuenta de que era observado por un hombre de mediana edad de cabellos grises y ojos cafés claros.

- ¡¿Quién es usted? – exclamaba mientras se hacía para atrás.

- ¿Se encuentra usted bien, joven? – inquirió el vampiro, fingiendo extrañeza y en un perfecto inglés.

- ¡Aléjese!

- ¡Dios, espero que el doctor llegue pronto! Parece ser que el golpe que recibió en su cabeza fue muy dura.

Kyle contempló detenidamente al hombre; por alguna razón, empezó a percibir la calma con su presencia y, tras calmarse, se sintió apenado.

- Discúlpeme, señor – dijo mientras llevaba la mano en la frente -. Yo… Yo…

- Realmente ese golpe fue muy fuerte, muchacho. Tuvo suerte de que pasara por ahí y te trajera hasta acá. Sólo Dios sabe qué habría sido de usted en ese oscuro bosque.

- ¿Qué? Yo… ¿Usted me halló en el bosque?

- Sí. Estabas muy desmayado y con un golpe en la cabeza.

- ¿Un golpe…?

Kyle se llevó la mano hacia la cabeza.

Efectivamente tenía un chichón producto de alguna caída.

Cartmáncula, sonriente, le inquirió:

- ¿Qué hacía usted en el bosque a altas horas de la noche?

- Pues – respondía Kyle mientras se acomodaba en la cama -… Yo estaba buscando algún lugar en donde pudieran ayudarme. Verá, yo estaba conduciendo por la carretera hasta que se echó a perder mi auto… Bueno, no es realmente mío, sino que lo renté.

- Lo entiendo.

- Ehmmm… El auto se averió, me bajé y esperé a ver si alguien venía, pero como veía que todo estaba muy solitario, pues…

- Emprendió una caminata por el bosque a sabiendas del peligro que le acecha.

- Exacto.

El hombre negó con la cabeza.

- Fue muy imprudente de su parte haber hecho eso, joven. Imprudente y temerario proviniendo de un muchachito como usted. Los lobos pudieron matarle.

Kyle se sintió confundido.

Recordó haberse caído en el bosque, pero no recordó haberse golpeado la cabeza ahí; no obstante, con tal de no ofender a su interlocutor, le inquirió:

- ¿Y usted qué hacía en el bosque?

- Bueno, como ve, yo soy un velador aquí en este ruinoso castillo convertido en atracción turística. Como verás, me dirigía a mi trabajo, nada más que en atajos seguros. A usted lo vi cuando unos lobos se amontonaban en torno suyo; les espanté con mi rifle y aproveché el momento para traerle hasta acá.

Kyle se sintió extrañamente aliviado.

Tal vez lo que había pasado en realidad fue una pesadilla y todo ese tiempo había estado inconsciente. No obstante, habían muchos cabos sueltos, contando entre ellos la comida, la habitación, los susurros… La bestia que le rescató de otra bestia.

Cartmáncula, por su parte, pensó que lo mejor sería ofrecerle algo de comer y beber al chico, a pesar de saber que su hambre estaba saciada.

Al hacerle tal ofrecimiento, Kyle cortésmente rechazó la comida y la bebida. El hombre cuadró de hombros y se puso a comer.

Pasaron varios minutos silenciosos.

Kyle se sentía incómodo al ver a aquél hombre comer delicadamente; a juzgar por su apariencia, podría jurar que aquél tipo provenía de cierta clase elevada, pero decidió guardarse los comentarios para sí mismo.

Al terminar de merendar, Cartmáncula lanzó la pregunta que siempre había estado en su mente desde el momento en que lo vio:

- Dígame, joven, ¿cuál es su nombre y qué le trae a esta tierra bendecida por Dios?

Kyle, quien hasta ese momento estaba sumido en profundos pensamientos, le respondió:

- Me llamo Kyle… Y francamente no sé porqué estoy aquí.