*se protege de los tomates* jij
voy a pedir oc's al final del capítulo :v
Cuando miras el cielo y fijas una estrella, si sientes escalofríos bajo la piel, no te abrigues, no busques calor, no es frío, es solo amor.
Que tiraran de su mentón le habría ganado al que fuera un corto y rápido viaje hacia la muerte, pero no a ella, ¿cómo iba a matarla a ella? Impensable.
Sus brutos sentidos tardaron en notar que lo besaban. No había probado otros labios que no hubieran sido los de rameras, y los de Freya, pero nunca jamás nada como eso. Esperó un momento, terminando por ser brusco y apartarse de ella, en cierta forma, rechazándola.
Los recuerdos de su antigua prometida pasaron por su mente como un recordatorio doloroso, y el trozo de tela chamuscado parecía quemar en la bolsa atada a su cintura.
Castiel se alejó de ella, como si acabara de apuñalarle con una daga en vez de darle un tierno beso.
Hinchó el pecho, su cuerpo y su ropa acompañaron el gesto estirándose a su son, no había leído nada de un beso en la piel de la joven, aun no era el momento de celebrar, había cosas que hacer. Fue por eso mismo que decidió encargarse de leer por completo su cuerpo en ese momento.
Apartó los cabellos mojados que le dificultaban la visión a las palabras celestiales que recorrían su cuerpo desnudo, sin ningún tipo de emoción. Atrapó sus caderas, de modo que no se moviese, y fijó la vista por todo su cuerpo.
Tardó muy poco en enterarse de que estaba atrapada, que ella deseaba ser libre, pero seguían faltando cosas, había algo que aquel menudo cuerpo se negaba a contar.
La giró, pegando el cuerpo de la ninfa contra el árbol, de modo que quedase de espaldas a él. Deslizó uno de sus dedos, mostrándose suave dentro de los límites de su salvaje comportamiento, y descifró la parte que le faltaba de esa profecía en su espalda.
La Ninfa se retorcía y quejaba, pataleaba y estaba comenzando a resultar bastante molesta al no dejarle proseguir con su lectura.
—Basta— le ordenó con voz ronca. Era extraño escucharse a sí mismo después de tantos años. Desde su voto de silencio por la tragedia.
—Que te jodan— espetó la mujer, culebreando entre sus manos.
Castiel casi podría haberse reído al ver aquella pequeña ninfa ponerse roja de rabia. Casi, sin embargo los pensamientos sombríos volvieron a adueñarse de su mente.
Así pues, desnuda y sin mediar palabra, se la cargó al hombro y giró el cuerpo para encaminarse de nuevo hacia su campamento.
Su tienda estaba lo suficientemente alejada del resto como para que no les vieran llegar. Una vez allí, la dejaría sobre su catre y la taparía con la piel que llevaba al hombro, la de un gran oso.
Quizás ella era la solución para su redención.
Quizás así los Dioses se apiadaran de él y escucharan sus plegarias.
゜・。。・゜゜・。。・゜
Golpearlo. Fue lo primero que se le pasó por la cabeza cuando lo notó apartarse.
¿Quién se creía ese bruto que era para rechazarla?
Quería gritarle y rajarle la garganta por herir su orgullo, pero por otro lado quería llorar. Si él la rechazaba eso significaba que no iba a ayudarla, y que debería buscar a otra persona, otro plan para ser libre.
Estaba tan furiosa, su sangre hervía de rabia. Más aún cuando dejó expuesto todo su cuerpo. No era el hecho de que la viera desnuda. No. Mierda. Era eso justamente lo que había planeado. Que la desnudara y le quitara la virtud para que así el maldito de Ptono la considerara impura para ser su esposa.
Ptono había desterrado a todas aquellas que yacieron con hombres sin él ordenárselo, así que pensó que esa sería una buena manera de ser libre.
Para las otras había funcionado. Una vez su esclava era mancillada el collar se aflojaba, pues este significaba devoción para con su amo, y el hombre -o mujer- que había yacido con la ninfa podía quitarlo para así hacerla suya. Un nuevo contrato.
Las manos en sus caderas para muchas habrían significado algo, un aleteo, una falsa esperanza, pero para ella no. Sabía que había hombres que leían las estrellas y ella era un puto mapa estelar. Rodó los ojos, aunque eso también encendió una pequeña chispa de esperanza en ella.
¿La ayudaría si conocía su historia? Por alguna razón que desconocía parecía interesado en ello, y no le importaba realmente con tal de que aquello la beneficiara. Aquel hombre parecía tan trágico y melancólico, tan destrozado… Ella podría aprovecharse de esa vulnerabilidad.
El giro inesperado y brusco le hizo soltar un grito ahogado, seguido de un resoplido. Hombres.
No le dio la gana de ser sumisa, no lo era. Así que se retorció y pataleó en su agarre, lanzó codazos y patadas en todas las direcciones posibles, pero era imposible liberarse.
Su voz la hizo detenerse. Era un tono ronco, oscuro, como si hiciera años que no hablaba, e, inexplicablemente, aquello sí que hizo a su cuerpo calentarse.
El dedo por su columna enviaba descargas a todas y cada una de sus terminaciones nerviosas.
¿Qué clase de hombre era para que pudiera leer aquellos mensajes?
¿Bendecido por Odín, Freyja o tal vez Thor?
Orfeo le contestó de mala gana ante su orden. No las llevaba nada bien, no se había ganado el darle órdenes.
Cuando creyó que aquello era todo inesperadamente fue levantada, como si no fuera más que un saco, y se vio suspendida en el aire, sobre su hombro.
—Al menos podrías avisar— murmuró después de casi darle un codazo en la cara por cargarla sin permiso. Su voz clara como el agua y pura estaba manchada de un matiz de molestia.
No le debía lealtad, no era su amo, tampoco respeto.
Él solo había sido desde el principio una herramienta para conseguir un fin, uno que los beneficiaría a ambos, a ella con su libertad y a él con la redención que tanto parecía buscar de manera tan trágica.
Sus compañeras ya habrían terminado su descanso. Ptono no tardaría en darse cuenta de que ella no estaba, siendo su maldita favorita.
Ugh.
Palmeó su trasero para distraerse desde su posición en el hombro. Un bonito y táctil trasero de vikingo, sí señor.
Estuvo palmeando su culo mientras tarareaba una canción. Los gruñidos del pelirrojo hacían coro de vez en cuando. Llegado el estribillo el ritmo se hizo más constante, y ella alternaba con gracia de una nalga a la otra.
—Detente— advirtió el Vikingo, hastiado, se notaba cierto tono de molestia en su voz y ella podría haberle hecho caso.
Pero Orfeo nunca hacía lo que debía, así que le dio otra palmada como total símbolo de desobediencia, y viendo que no ocurría nada siguió con su único entretenimiento.
Castiel aguantaba las palmaditas estoico, pero su paciencia poco a poco comenzaba a menguar. Aquella mujer estaba consiguiendo en dos minutos lo que nadie en años.
Alzó la mano y palmeó fuerte la piel de su trasero.
Orfeo soltó un grito de sorpresa y dolor. El calambrazo viajó directo a su columna. ¿Qué demonios?
El Vikingo aguantó la risa, podía ver la piel roja, su mano grabada en su nalga, esa mujer era una molestia, pero… Desestimó los pensamientos enseguida.
No. Él no debía inmiscuirse con ella más de la cuenta.
゜・。。・゜゜・。。・゜
Llegaron al campamento, un puñado de tiendas en el claro de un bosque, y por lo que llegó a ver Orfeo, no había demasiada gente. Algunos Berserks más, una o dos mujeres, le habría gustado ver mucho más, pero le fue imposible, ya que había sido introducida con premura en la tienda del Vikingo.
Él era astuto. Podría discurrir algo en tanto que pasaba la noche. Desde luego, este encuentro no era fortuito, no había pasado porque sí, el destino había tenido que ver.
A él le esperaba una muerte gloriosa, a ella, la libertad. Le parecía un trato más que justo, pues ella era hermosa, fascinante, única y dulce. Deseaba decirle que todo iría bien, que lucharía y moriría por ella si era necesario, que la haría una ninfa libre costase lo que costase, pero no lo hizo. El bullicio de pensamientos en su mente no hacía más que torturarlo, porque él la veía como un rayo de luz que había roto su oscuridad. De alguna manera sentía que debía confortarla.
Tras introducirse en la tienda la tumbó sobre el camastro de pieles y mantas ásperas, y cubrió su desnudo cuerpo con la una de estas.
Le dio una última mirada, contemplándola. Sus felinos ojos dorados lo observaban confusos, su cabello revuelto y ahora seco le daba un aire desenfadado. Cualquiera que la viera pensaría que acababa de revolcarse con ella. Y mentiría si dijera que no era lo que quería.
Cuando estaba con ella se olvidaba de su pasado, o al menos era opacado por su llamativa presencia. Había ocurrido todo tan rápido, de una manera tan apresurada e intensa.
Ella era como una llama, sentía que, si la tocaba, todos los recuerdos sobre su pasado, todo lo que el arrastraba y con lo que se atormentaba se quemaría.
Y no podía permitirse olvidar.
Bueno, y se queda aquí.
Realmente estoy disfrutando de escribir sobre este Castiel trágico y dolido, que es incapaz de olvidar su pasado y los actos por los que se culpa :v
Voy a pedir un par de fichitas. Por ahora solo pediré las fichas para Valkyrias, y más adelante para Ninfas. Si no estáis seguras de querer ser una Valkyria podéis esperar, o preguntarme lo que queráis por MP.
De todas maneras os explicaré más o menos los roles.
Valkyrias: Son guerreras. Habitan con los Berserks. Luchadoras natas, con carácter, no se dejan amedrentar y darán batalla hasta la muerte.
Ninfas: Hay de todas clases, del bosque, de ríos... Son las esclavas de Ptono y saldrán más adelante en la historia, seguramente siendo rescatadas (o no).
゜・。。・゜゜・。。・゜
Sabiendo ya lo que hace cada una, voy a pedir dos fichas de Valkyrias.
•Nombre:
•Edad: [solo quiero saber si son muy antiguas o son relativamente nuevas]
•Descripción física:
•Carácter:
•Pareja: [Aquí voy a dejar un astro muy amplio: Nathaniel, Lysandro, Rayan, Priya o un personaje, el que sea, a tu elección, a excepción de Castiel]
•Arma favorita a usar [o si es una recolectora]:
•Un poco de su historia:
•Qué opina de viajar con una Ninfa o de esa raza en general:
•Cuál sería su actitud hacia Orfeo:
•Extra:
¡Y eso es todo! A ver si me espabilo y sigo actualizando.
