Capítulo 4:
Los murmullos se hicieron presentes en toda la habitación. Sam fue liberada de la cúpula de vidrio, quedándose cerca del Alcalde, y mirando a su alrededor sin entender nada.
- ¡Orden! ¡¡Orden!!
El Presidente gritó, tratando de recuperar en silencio del lugar, y todos los Quiénes callaron. El Alcalde dirigió su mirada al lado lateral de la habitación, donde Willow O'Who, su representante, levantaba los pulgares en sentido de éxito, la doctora Larou reía de alegría, y su hija Annika le miraba estupefacta. Pero Ned se llevó una gran sorpresa, al notar como su hijo JoJo le sonreía. ¡Le sonreía! Era una sonrisa ligera, apenas visible, pero en sus ojos marrones, Ned notaba lo orgulloso que estaba su hijo por él. El Alcalde se volteó hacia Sam, sonriéndole, y asintiendo con la cabeza. Pero esto sólo confundió aún más a la joven humana.
- ¿Acaso… ustedes también conocen a Horton?
- Horton es un gran amigo nuestro – le contestó Ned – Él salvó a todos los Quiénes de la destrucción. Habrá sido… hace unos cinco años, quizás…
- ¡Silencio, Alcalde! – Ned se volteó sorprendido, al ver que el Presidente le exigía que se callase.
- ¡Pero ya hemos demostrado quién es! ¡Es la que cuidaba a Horton! – replicó Annika, a lo cual el Presidente se la quedó mirando con desprecio.
- Usted silencio, señorita McDodd, si no quiere que la destituya de su puesto, y sabe que puedo hacerlo. – Ante esto, Annika retrocedió a su puesto. Ned miró con odio al Presidente.
- ¿Qué mas pruebas quiere, señor Presidente?
- Sabemos lo que son los humanos – comenzó el Presidente, hablando hacia todos los Quiénes de la habitación – Tal como Horton nos contó. Destruyeron la jungla de Nool, y de no ser por el elefante, ya estaríamos muertos. Horton nos contó lo crueles que pueden ser los humanos. ¿Quién nos asegura que esta humana no nos haga daño a nosotros?
- Está en el girasol igual que nosotros, ¿no es así? Horton siempre nos contaba lo buena que su cuidadora, Sam, era con él. Que ella le quería mucho, y siempre le protegería. En tal caso, podemos preguntarle a Horton sobre ella.
- Es una buena proposición de su parte, señor Alcalde – afirmó uno de los miembros del Consejo.
- Sólo hay un problema… - todos se voltearon a ver a Sam, quien los miraba apenada. – Yo… no sé como decir esto… - se miró las manos con temor. Ante esto, Ned se le acercó mirándola preocupado, a lo que ella alzó su vista susurrando – Algo… le ha ocurrido a Horton… Algo malo…
- ¿Algo malo, dices?
- ¡Explícate! – uno de los Quiénes guardianes la empujó hacia delante, a lo cual ella se tambaleó un poco, pero logró recuperar su equilibrio.
- No sé por donde empezar…
- ¿Qué te parece por el principio? – se burló el Presidente. El Alcalde apoyó una mano sobre el hombro de la joven.
- Si quieres, comienza desde el momento en que conociste a Horton.
- Adelante, joven Griffith. – Sam tragó saliva y se aclaró la garganta.
- Salvé a Horton de la destrucción de la jungla de Nool cuado yo apenas tenía unos trece años. Al crear el refugio, decidí convertirme en la persona que lo cuidaría. Cinco años pasaron, Horton y yo nos hemos hecho muy amigos. Pero en la zona donde vivo, existen cazadores y coleccionistas de animales raros, y los animales de la jungla de Nool eran muy exóticos. Yo le prometí a Horton que lo cuidaría y lo protegería, pero nunca logré lo segundo. Hace apenas poco tiempo, antes de venir a parar aquí en su mundo, el refugio donde se hallaban los animales fue atacado y destruido – sintió como sus ojos se le aguaron – Los animales no estaban, y tampoco Horton. No sé que fue de él, no sé en dónde está, y no sé que hacer. Me llevé la flor que él siempre cuidaba, y al parecer, esa flor es en donde está el mundo de ustedes. Al fin pude entender la importancia que aquel girasol tenía para él…
Toda la habitación estaba en silencio mientras escuchaban a la humana, pero un joven aprendiz se acercaba de a poco al estrado. Cuando la joven terminó de hablar, JoJo McDodd se hizo escuchar.
- Sé lo que le pasó a Horton el elefante.
Todos se voltearon a mirarle sorprendidos, y más porque el Quién aprendiz a Alcalde rara vez hablaba, y más ante el estrado. Era bien sabido que JoJo McDodd despreciaba seguir los pasos de su padre. Sam y Ned se lo quedaron mirando sorprendidos. JoJo notó los ojos aguados de la humana, y mantuvo su mirada inexpresivamente por un rato.
- Hable ya, joven aprendiz. – JoJo se dirigió hacia el estrado.
- Me encontraba en la oficina del Alcalde hace dos noches hablando con Horton. Pero en un momento dado, dijo que algo peligroso estaba ocurriendo. Escuché perfectamente gritos de auxilio y dolor, y los gritos de destrucción de los humanos.
- Prosiga.
- Al parecer, los humanos efectivamente estaban atacando a esos animales. Y Horton…
- ¿Qué le pasó? – Sam preguntó desesperada, con una mano sobre su pecho tratando de calmar sus nervios. JoJo la miró, nuevamente, sin expresión alguna.
- Escuché a la perfección como Horton fue asesinado.
No hubo murmullos, no hubo ruidos. El silencio profundo penetraba el lugar, mientras que de los ojos de Samantha Griffith brotaban lágrimas sin cesar. Su llanto silencioso fue notado por todos los presentes, pero a eso no le daba importancia el Quién Presidente.
- ¿Ven a lo que me refiero? ¡Los humanos destruyeron la jungla de Nool, y destruyeron el hogar de esos animales! ¡Ella asesinó a Horton!
Los Quiénes comenzaron a gritarle a la humana, palabras de desprecio, mientras ella simplemente, se dejaba caer al suelo llorando de angustia y de dolor. El Alcalde trató de acercársele, pero unos guardias Quiénes le retuvieron, dejándole sin posibilidades de luchar.
El Presidente sonreía con malicia, y JoJo sintió un odio quemándole por dentro. ¿Cómo podía existir alguien tan cruel y tirano? Pero él, por más que odiase su carrera, pondría fin a aquello.
- ¡¡Ella no tiene nada que ver!! – gritó el joven Quién, creando nuevamente el silencio en el lugar.
- Las pruebas son claras, joven McDodd.
- Pero hay más – declaró, obteniendo la atención del Consejo – He escuchado más.
- Hable, joven McDodd – incitó uno de los miembros del Consejo.
- JoJo… - suspiró Willow.
- Horton había dejado nuestro mundo en un lugar seguro, diciendo que Sam nos encontraría – refiriéndose a la humana – Y antes de morir, Horton gritó que Sam no tenía nada que ver con su muerte, ni con la destrucción del refugio.
- Y eso prueba que…
- Eso prueba… - comenzó el Alcalde, soltándose de los guardias - … que esta joven humana aquí no es la asesina de Horton, y que tampoco es peligrosa para nosotros. Por lo tanto, no hay razón alguna para desecharla, o deshacernos de ella.
Todos los Quiénes del lugar comenzaron nuevamente a hablar, apoyando ahora las palabras del Alcalde. Los miembros del Consejo de la Ciudad también parecían convencidos. Ned se acercó a la humana, ayudándola a pararse. El Presidente no tenía otra alternativa.
- Muy bien. – asintiendo a uno de los miembros del Consejo.
- Buen trabajo, señor Alcalde – declaró uno de los integrantes del Consejo – Ha logrado demostrar que la humana caída del cielo no es amenaza alguna para nosotros. – todos los Quiénes presentes aplaudieron de emoción, y el Alcalde estaba más que orgulloso de lo que había logrado.
- Sin embargo… - interrumpió el Presidente - … debo colocar ciertos parámetros. Está claro que quizás, no se pueda devolver a la humana devuelta a su mundo – mirando a la doctora Larou, quien pareció estar de acuerdo – Y por ende, debe quedarse entre nosotros. – se dirigió hacia Sam – Samantha Griffith; puede recorrer las áreas de Villa Quién y conocer sus alrededores, mientras conviva bajo nuestro estilo de vida, sin alterarlo de modo alguno. – la joven humana asintió, mientras trataba de limpiarse los rastros de su llanto – Mientras tanto, vivirá en la casa del Alcalde. – a lo cual, Ned asintió. La sesión estaba por finalizar. - ¡Sólo una cosa más! – llamando la atención de los presentes – Y tome cuenta de esto, señorita McDodd – refiriéndose a Annika, asistente personal del Alcalde – Esta joven humana debe estar asesorada y en compañía de un funcionario público, no sólo para explicarle nuestras reglas y costumbres, sino también para aprender más de ella.
- No se preocupe, señor – indicó el Alcalde – Yo seré su asesor.
- Nada de eso, señor Alcalde – aclaró el Presidente, sonriendo con malicia nuevamente – Lo será su hijo, el joven McDodd.
- ¡Pero él es sólo un aprendiz! ¡Esto es una situación muy importante para él! – exclamó Willow.
- Pues que se las arregle. Tal como dijo, señor O'Who, es un aprendiz a Alcalde. Está a punto de alcanzar la edad adecuada. Creo que ya es tiempo de que tome ciertas responsabilidades que su futura carrera aplican. – un miembro del Consejo se levantó.
- ¡Joven aprendiz! Deberá estar en cada momento junto a la joven Samantha Griffith. Debe enseñarle las costumbres y reglas de los Quiénes, y conocer a mayor profundidad el mundo de ella. Logre que conviva entre nosotros.
- ¡Esta sesión queda terminada!
