Capitulo 4: Yuka.
"Deja de buscar la felicidad en el mismo lugar donde la perdiste"
-¿Acaso me tienes miedo?- Preguntó acercándose hasta quedarse detrás de ella
-¡No te acerques!- Miko salió corriendo hacia el hombre, el no le perdonaría que se acercase así a su hermana, pero el hombre saco un cuchillo de su bolsillo y lo posó en el cuello de Mikan firmemente.
-Si fuera tú no continuaría- Sonrió sádicamente.
-¡Suéltala!- Gritó, pero el solo apretó más el cuchillo, haciendo quejarse más a Mikan. Un hilo de sangre empezó a recorrer su cuello hasta esconderse por la camisa de su pijama, ahora manchada de sangre.
-Ahora me iré, pero mejor que no vuelvas a hacer eso cuando me acerque a la gatita- Soltó a Mikan, que cayó al suelo de rodillas, tapándose el cuello con una mano.
-¡Mikan! ¿Estás bien?- Miko la cogió en brazos y se la llevo al baño. Allí cogió un trapo de agua empezó a enjuagar la herida de su cuello, era un pequeño corte pero aun así, la sangre fluía.
-Si- Contestó, haciendo una mueca por el dolor.
-No debí dejar que se acercara a ti, lo siento.- Murmuró Miko cabizbajo.
-No es tu culpa, debí haber estado más atenta- Le respondió con una pequeña sonrisa.
Cuando todo pasó, los gemelos salieron del baño asegurándose de que no hubiera nadie y fueron al salón, a recoger el estropicio que monto él.
-¿Y mamá? Ayer no la vi en todo el día- Preguntó Mikan al terminar de recoger.
-Ya sabes la respuesta, no me importa la vida de Yuka- Respondió su hermano, así que mientras él se sentaba a ver la televisión un rato, Mikan subió hacia la habitación de su madre.
Pov Mikan
Decidí ir a buscarla yo sola a su habitación, seguro que sigue en la cama tirada con la misma mirada de siempre, pero de pronto me llega un olor a alcohol y vomito desde la habitación de mi madre y empiezo a correr más a ella tapándome la nariz, el olor es asqueroso.
Cuando llegué vi…no creo que haya palabras para describir lo que vi.
Así que hice lo único que se me ocurrió.
Grité.
Pov Miko
Estaba viendo la televisión tranquilamente cuando escuché un grito que provenía de la planta de arriba, y de repente una pregunta se me pasó por la cabeza.
¿Y si él había vuelto?
Subo corriendo hacia el cuarto, donde me encuentro a Mikan parada en frente de la puerta de la habitación, con las piernas temblorosas. Me doy cuenta del porque cuando miro hacia arriba y veo a Yuka.
En el suelo había unas veinte de botellas de todo tipo de alcohol derramado, cristales rotos, jeringuillas, vómitos y papel manchado de sangre. Yuka estaba sentada en una silla con los brazos y los pies ensangrentados y llenos de moratones probablemente de andar descalza, tenía la misma mirada de siempre y unas enormes ojeras. Por su notable delgadez y su cara se podía notar que no había comido desde hace un tiempo.
-Creí que al estar él, no hacía falta que la cuidara yo pero…- Murmura Mikan, acercándose lentamente a Yuka.
-¿Quién eres?- Pregunta Yuka con voz ronca, mirando a Mikan con miedo. Esperaba que Mikan se enfadara o se entristeciera pero en cambio su reacción me sorprendió.
-Soy Mikan mama, tu hija menor- Responde ella con una pequeña sonrisa triste mientras empieza a peinar el pelo de Yuka
-Mikan…- Murmura ella, como si intentara recordar quién era. Me quedo un rato observando la escena, pero decido poner fin al ver la expresión de mi hermana.
-Ya basta Mikan, sal fuera- Le ordeno, y ella obedece sin rechistar.
-¿Ya ni te acuerdas de tu propia hija? Y además ¿Qué se supone que es todo esto? - Pregunto con rencor.
-Tú no sabes lo que yo siento, lo necesito, necesito esto para olvidar- Contesta, refiriéndose a todo lo tirado por el suelo.
-¿Crees que a nosotros no nos dolió? Nosotros también perdimos a alguien importante pero seguimos adelante solos ya que tú renunciaste a nosotros, para esto. ¿Sabes Yuka? Me da pena lo débil que has llegado a ser- Gruño.
-No me llames Yuka, yo aun sigo siendo vuestra madre- Murmura con voz triste, mirándome a punto de llorar, iba a responder cuando Mikan me interrumpió
-Hace tiempo que dejaste de ser nuestra madre… Yuka- Dice, me duele que tenga que pasar por esta situación, pero supongo que hacía falta algo así para que Mikan se diera cuenta de la soledad que nos rodea.
-¿Por qué no me entendéis?- Justo cuando iba a seguir Mikan tiró un vaso de cristal al suelo, mientras recogía.
-¿Por qué no nos entiendes tu a nosotros? He intentado creer en ti, creer en que saldrías de esto y todo volvería a ser normal, pero estos dos años han sido suficientes como para darme cuenta de lo débil que eres- Responde inexpresiva.
-Lo siento...- Fue lo único que dijo.
-Ya no sirve pedir perdón, tendrás que elegir entre seguir encerrándote o salir adelante, pero ten en cuenta que yo no seguiré esperando.- Responde, nunca la había visto así.
Silencio.
-Supongo que esa ha sido tu respuesta- Digo y empiezo a recoger la basura del suelo junto a Mikan.
Mikan me dejo al cargo de limpiar la habitación mientras ella bañaba y vestía a Yuka, incluso aun me pregunto por qué hacemos esto ¿Lastima tal vez?
Cuando termina de bañarla al menos Yuka ya no parece una moribunda que apesta a vomito y alcohol pero su mirada perdida no cambia.
-Iré a limpiar los baños, tú limpia el salón - Murmura recogiendo los productos necesarios y va hacia nuestro cuarto de baño sin decir una palabra, mientras yo bajo a la planta de abajo.
Hoy sería un día muy ajetreado.
Pov Mikan
Estaba limpiando la bañera intentando calmarme después de lo de hace un momento hasta que percibí que había alguien detrás de mí, mire de reojo por el espejo y como supuse, era él, ya que apestaba a alcohol como mi madre, no tenia escapatoria asi que intenté escapar por el hueco sobrante de la puerta, pero el tenia más fuerza que yo y logró atraparme.
-¡Suéltame!- Grito, llamando a mi hermano, pero no recibo respuesta.
-¿Qué le has hecho? ¿Por qué no viene?- Gruño, mientras él me arrastra por las escaleras.
-Lo até para que no nos molestara y pudiera ver el espectáculo en primera fila- Ríe, apretando su agarre en mí hasta dejarme moratones en las muñecas y los tobillos.
Cuando ya estamos abajo puedo ver a mi hermano atado a una silla con un trapo en la boca, intentando zafarse de las cuerdas, yo sigo forcejeando pero lo único que logro es que me acorrale contra la pared.
-¿Por qué te resistes?- Pregunta inmovilizándome
-Porque me das asco- Respondo impasiva.
-Pues a mi… Cada vez me gustas más- Me susurra al oído, y noto como una de sus manos se posa sobre mi cadera.
-¡Aléjate!-Grito y lo empujo hacia atrás, pero él me agarra de las muñecas mas fuerte aún, desde el fondo se podía oír perfectamente a mi hermano maldiciéndolo.
-No podrás escaparte, gatita- Ríe acercándose más a mí, intento moverme todo lo que puedo pero tengo mis piernas atrapadas, y para colmo me había agarrado las muñecas encima de la cabeza con una mano, y la barbilla con la otra.
-Aléjate de mí, tu aliento me está provocando nauseas- Gruño.
-¿Quieres probarlo?- Y después de una intensa lucha por ver quién podía con quien me besó. Yo intente resistirme pero tenía demasiada fuerza.
Mi primer beso.
-¡Juro que como te pille te mataré maldito borracho!- Gritó Miko, quien se había deshecho del trapo.
-¿Que has dicho niñato?- Grito dejándome en el suelo, ya que me temblaban tanto las piernas que no era capaz de mantenerme de pie, y fue hacia mi hermano dándole una patada en el costado haciéndole gritar de dolor.
-¡Déjale!- De un salto me monté a su espalda e intente agarrar su cuello.
-¡Mikan no, estoy bien tu vete!- Me gritó Miko intentando levantarse.
-Ni loca te pienso dejar- Respondí intentando dejarle sin respiración pero le me agarró por los brazos y me lanzo contra la pared, sentí un dolor punzante en mi costilla pero lo ignore e intente levantarme.
-Esto ya ha llegado al límite- Dijo y de una patada dejo inconsciente a Miko.
- Y tu…Vas a sufrir lo que conlleva rechazarme- Me miró sonriendo, yo intente correr pero me cogió de un pie y me arrastró hasta nuestro sótano.
Nunca había visto tal cosa, tenía cuatro cadenas y todo tipo de instrumental de tortura, este hombre realmente está mal de la cabeza.
Se podía respirar olor a alcohol y moho, se me erizó la piel solo de pensar que me podía llegar a hacer aquí.
-Bien gatita, ¿Nunca te han dicho que hay que obedecer a tu padre?- Me agarró de las muñecas, y aunque intente zafarme me logró poner las cadenas en pies y manos
No de daba ninguna buena espina.
-Tú no eres mi padre- Dije escupiéndole sangre en el zapato, pero él me agarro de la coleta.
-En ese caso, tendré que castigarte- Me susurró y empece a oir sonidos metalicos desde el fondo de la habitación
Lo admito, estaba realmente asustada, pero no iba a dejar que disfrutara viéndome suplicar. Intente planear una huida rápida, pero estaba encadenada de pies y manos y por muy entrenada que estuviera, tenía más fuerza que yo, sabia que mi punto fuerte era la agilidad y el de mi hermano la fuerza, estoy segura de que nos estudio bien antes de llegar aquí, si no ya habríamos podido con el.
Pronto los sonidos metalicos cesaron y empece a oir pasos que se acercaba a mi, cerré los ojos imaginando que era un sueño, hasta que sentí un dolor agudo en mi costado. Me estaba haciendo cortes con un cuchillo. No solo uno ni dos, tres, cuatro cinco y hasta ocho.
Eran profundos y el dolor me estaba matando, pero decidí no hacer ninguna mueca, no iba a darle la satisfacción de verme sufrir.
-Veo que aun te resistes, veremos cuanto aguantas ahora- Dijo y de pronto sentí como las cadenas de rompían y mi cuerpo empezaba a flotar en el aire.
¿Estaba soñando? No, no era posible, ya que podía notar perfectamente el dolor de los cortes, lo peor empezó cuando comenzó a apretar su puño y de la nada sentí como si me estuvieran agarrando el cuello fuertemente.
No podía respirar.
¿El estaba haciéndome esto?
¿Qué clase de poder era?
-Ríndete ya niñata, no puedes conmigo- Dijo con una sonrisa, pero yo me negaba a rendirme
Aunque estuviera empezando a marearme, pronto todo empezó a dar vueltas.
-Qu-que es lo que me estás haciendo- Murmuro, intentando articular bien cada una de las palabras.
-Se llama Alice, es extraño que no lo sepas ya que tú también tienes uno- Sonrió, y lo último que recuerdo es que me lanzó contra una pared dejándome inconsciente.
POV Miko
No sé cuanto he estado inconsciente pero la cabeza me va a estallar.
Cuando pude abrir los ojos y enfocar, me encontré al hombre enfrente de mí, mirándome con gracia.
-Al parecer ya has despertado ¿eh?- Dijo en tono burlón
-Y mi hermana- Gruñí
-Oh, no te preocupes, la he cuidado bien- Sonrió, no me espero nada bueno -Es hora de irme, recoged esto antes de que llegue- Dijo y se fue.
En cuanto escuche la puerta cerrarse empecé a tirar de la cuerda hasta que se rompió. Poco a poco me fui incorporando, y a pesar de mi gran dolor de cabeza empecé a buscar a Mikan.
-¡Mikan! ¡Mikan!- Empecé a gritar por casa, pero no respondía, fui corriendo al salón pero no vi nada, y tampoco había rastro de ella por las habitaciones.
-¿Que buscas?- Me preguntó Yuka al verme tan desesperado.
-A tu hija, el imbécil ese nos ha dado otra de sus palizas- Le miré con rabia recorriendo la habitación.
-¿Palizas?- Respondió confundida
-Déjalo Yuka- Dije y salí corriendo, el último sitio que me quedaba era la cocina.
Empecé a asustarme cuando vi pequeños rastros de sangre que iban aumentando hasta que me encontré a Mikan ensangrentada e inconsciente en el suelo.
-¡Mikan!- Grite y arrodille junto a ella, le vi la camiseta empapada de sangre así que decidid levantársela, pero lo que vi hizo que se me encogiera el corazón. Tenía todo el abdomen lleno de cortes, algunos más profundos que otros, y moratones por brazos y piernas.
-Mikan… Que te ha hecho- Susurré tapándome la boca.
