Nombres

-Harry.

Sumido en sus propios pensamientos, sentado en la tenue oscuridad de su salón, Harry no escuchó entrar a su esposa hasta que ella pronunció su nombre, alto y claro. No se volvió a mirarla, se limitó a emitir un ruido interrogativo.

-Me lo han dicho.

Ahora sí volvió el rostro hacia ella, los ojos brillantes y la expresión anhelante. Ginny avanzó despacio, moviéndose con esa torpeza dulce de las mujeres embarazadas que impulsa a cualquiera que las mira a desear ayudarlas. Su marido se levantó con presteza del sillón y la abrazó con suavidad.

-¿Cuándo? –su voz era poco más que un susurro, embargada por la emoción.

-Ahora mismo. Ha llegado la carta de San Mungo.

Sin poder evitarlo, Harry alzó el rostro de su mujer con sus manos y la besó, al mismo tiempo que una extraña sensación se depositaba en su estómago. La imagen de una vieja foto en la que un niño corría perseguido por su padre por un bonito salón mientras la madre los observaba y reía le produjo un pinchazo de felicidad y tristeza.

-¿Y?

Ginny sonreía, con la felicidad pintada en sus facciones.

-Es niño.

-¡Niño! –exclamó él, estallando de pronto en risas de felicidad, saltando, moviendo los brazos, bailando una extraña danza de la felicidad parecida a la que Ginny misma junto a sus hermanos gemelos había bailado hacía tanto tiempo ya, cuando se libró de la condena del Wizengamot.

-Sí, niño.

-¡Niño! –repitió Harry, con la voz tomada por la emoción, dando vueltas alrededor de su mujer -¡Jugaremos a quidditch, le regalaré una lechuza, heredará mi capa y el mapa del merodeador!

Ginny trató de adoptar un tono severo a pesar de la sonrisa que no podía ocultar.

-Todo eso también lo harías si fuese niña ¿verdad?

-¡Claro que sí! -Harry abrazó a su mujer – Siempre he querido tener más de un niño, yo estuve siempre solo y tú y tus hermanos estabais tan unidos... Así que cuando nazca James, iremos a por Lily.

Ginny observó a su marido.

-¿James? –repitió suavemente. Harry pareció tomar conciencia de lo que había dicho justo en ese instante. Desconcertado, se apartó ligeramente de su esposa y se pasó la mano por el pelo.

-N-no sé porqué he... No sé... –dándole la espalda a Ginny se acercó a la ventana - Jamás me había parado a pensar en un nombre para el bebé. Ha sido... como si no tuviera que pensarlo.

-Como si ya lo supieras –murmuró Ginny, con la emoción reflejada en sus ojos.

-Ellos... ellos dieron su vida por mí, yo ni siquiera los conocí pero es como si... como si siempre estuviesen conmigo. Yo los vi... en todas aquellas fotos, en los recuerdos que me asaltaban, y eran unos padres geniales, eran unas personas maravillosas, yo sólo... –Harry alzó la vista y la mirada que dirigió a su esposa la conmovió profundamente –Sólo quiero parecerme un poco a ellos.

Ginny se acercó a él y lo rodeó con sus brazos, apretando su rostro contra el pecho de Harry.

-Serás un padre estupendo.

Permanecieron en silencio, dos siluetas en la oscuridad que se abrazan, diciendo infinidad de cosas sin necesidad de hablar.

-Será el mejor buscador del siglo.

Ginny no pudo evitar echarse a reír.

-Desde luego, lleva el quidditch en las venas –admitió.

-Ginny... había pensado... había pensado ponerle Arthur de segundo nombre –murmuró Harry, con los labios rozando el rojizo cabello de su esposa. El corazón de Ginny dio un vuelco, no se le había ocurrido esa posibilidad, pero probablemente al único hombre sobre la tierra que respetaba y amaba más que a Harry era su padre –Pero...

Ginny alzó la cabeza y miró a su marido interrogativamente. Ante su asombro, Harry casi lloraba.

-¿Pero...?

-Pero había una persona, aparte de mi madre, que quería a mi padre como a nadie en este mundo. Él fue castigado por algo que no hizo y no pudo vivir su vida con dignidad. Se portó conmigo como un padre y durante un tiempo fue mi verdadera familia. Yo ni siquiera... ni siquiera pude despedirme y hoy ya casi nadie se acuerda de él...

Harry lloraba ahora, inundado de recuerdos.

-Pero sería tan bonito que yo pudiera hacer algo hoy por él, que tanto se preocupó por mí y mi familia... Sería tan bonito que los dos amigos que casi eran hermanos estuviesen juntos de nuevo, Ginny...

Ella observó a su marido. Durante unos segundos no supo qué decir exactamente, así que lo abrazó con fuerza.

-Sí, Harry. James Sirius suena muy bien...