Bueno pues lamento no haber publicado ayer por la noche este último capítulo como tenía previsto pero es que me surgieron una serie de imprevistos y solo pude escribir las dos primeras viñetas, menos mal que hoy en el curro no he hecho nada y he podido terminarlo. Recordaros que las frases que leaís en cursiva durante las viñetas son frases extraidas de la canción que da título a la historia.

Creo que no merece la pena retrasaros más el final de la historia, así que agradeciendo de todo corazón vuestro comentarios, me despido hasta la próxima.

Besis y gracias de todo corazón. Eve Potter(aquí) Malfoy como debería de ser. (Sigo sin tener los derechos sobre Harry Potter y todos los demás porque para mi desgracia soy toitos todos de JK)


Un tercero en discordia.

Harry Potter no es solo el niño-que-vivió, el elegido o el salvador de l mundo mágico, es un mago poderoso, tímido en apariencia, risueño y divertido con los suyos, pero si algo caracteriza a Harry es que es amigo de sus amigos.

Por eso aquella tarde acude a la llamada de Ron. Y sentados en el porche trasero de la casa del pelirrojo compartiendo unas cervezas de mantequilla, observan a sus hijos corretear por el jardín.

- Creo que Hermione tiene un amante.

- ¿Qué? – chilla escupiendo toda la cerveza que acaba de llevarse a la boca.

- Hace meses que está rara, demasiado incluso hasta para ella. Siempre tiene una reunión que la hace llegar tarde, un viaje o un congreso fuera del país – da un trago a su cerveza – estoy convencido de que me engaña.

- ¡Por todos los dioses, Ron! Estamos hablando de Hermione, nuestra Hermione, ella sería incapaz de tener un amante.

- El problema Harry, - suspira dejando la botella sobre la mesa - es que ya no es la misma Hermione.

Y él lo sabe también porque pese a vivir su propia vida, conoce a sus amigos como la palma de su mano, y tiene que darle la razón a su hermano del alma, porque ella ha cambiado, en este último año ha dejado de ser la Hermione atenta y considerada, la preocupada por todos, para estar casi siempre ausente, y cuando está con ellos se muestra fría y distante.

- Hermione te quiere, y lo sabes. Ella nunca te engañaría.

- No lo se, Harry. No lo se.

- Es ese proyecto de ley que la trae de cabeza, sabes lo terca que es, y es su proyecto más ambicioso.

- Supongo que tienes razón… ¡Rose, no tires del pelo a tu hermano!

Mientras lo observa separar a sus hijos, Harry piensa en que puede que sus palabras hayan conseguido calmar a su amigo, pero él ya no está tan tranquilo.

Hilos que mover y cortar.

Nunca le ha gustado demasiado la fama que ser el salvador del mundo mágico le ha traído pero en algunos casos ha sabido aprovecharse de ella, aunque se ha sentido siempre fuera de lugar al usar sus influencias, en está ocasión lo hace sin ningún tipo de remordimiento porque está en juego mucho más que unas entradas para la final del mundial de Quidditch o un pase para el concierto de las Brujas de Macbeth.

Habla con un antiguo compañero de la escuela, Lee Jordan cuya esposa trabaja en el departamento de aplicación de la ley mágica, y le pide que con la mayor discreción posible se encargue de averiguar si el comportamiento de su amiga es extraño en el lugar de trabajo.

Frustrado descubre lo que ya sabía, que Hermione es la mejor en su trabajo y que es una de las que más horas pasa en su despacho trabajando. Por lo que la supuesta mentira que eran las reuniones a las que se queda casi todas las noches son verdad. Pero algo le dice que hay más.

Así que averigua quienes son los que más tratan con su amiga, en su mayoría son mujeres, y un par de magos que rondan ya los sesenta años. Solo hay un mago de la edad de Hermione trabajando en su departamento.

Pero eso es imposible.

Impossible is Nothing.

Hace tiempo que sabe que Draco Malfoy trabaja en el mismo departamento que su amiga, incluso han hablado de ello.

- Si te dice algo, si ese hurón llega a insinuar…

- Ron, por favor. Somos magos adultos – responde ella mientras termina de recoger los platos de la cena.

- Claro que lo somos, pero Malfoy sigue siendo un gilipollas – resopla Harry.

- Corazón de Bruja, habla maravillas de él – añade Ginny de manera casual.

- Esa revista es una mierda – masculla el pelirrojo.

- No decías lo mismo cuando os hicieron un reportaje a George y a ti – Hermione se sienta junto a su esposo.

- Eso es diferente.

- Ya… - su hermana rueda los ojos – Hermione es mayorcita, y supongo que sabrá defenderse de Malfoy. Y sino, podemos volver a practicar el Mocomurciélago.

Desde aquella conversación han transcurrido muchos meses, y el nombre de su otrora compañero de clases apenas ha surgido en sus conversaciones, por lo que Harry tiene que descartar a Malfoy como posible amante de Hermione.

Desafortunadamente la esposa de Lee averigua que Malfoy es el supervisor de Hermione en su proyecto de ley, y que por tanto es con él con el que pasa la mayoría de las noches en las que llega tarde a trabajar. También descubre, lo cual le aterroriza, que es con él con quien realiza la mayoría de esos viajes al extranjero.

¿Por qué Hermione no les ha dicho nada¿Por qué oculta que es con Draco Malfoy con quien trabaja codo a codo?

Quiere pensar que es por no preocuparles, porque Ron es un buen hombre pero pierde los nervios con facilidad, y es más que sobre protector con su esposa, por lo que es probable que si descubriera con quien debe trabajar ella, tratará de impedirlo de alguna manera. Y para Hermione aquel proyecto de ley es más que importante.

Aunque sabe, bueno cree, que Hermione no puede tener un amante y mucho menos que ese hombre sea Draco Malfoy, desempolva su vieja capa de invisibilidad con la que se envuelve una tarde que sabe que su amiga tiene una reunión y con toda la pericia que los años trabajando de auror le han dado se cuela en el despacho del rubio.

Las primeras dos horas solo aprecia que su relación es cordial, pero llevan casi un año trabajando juntos por lo que en cierta manera no le parece raro, aunque no deja de extrañarle que Malfoy se comporte así, sabe que su amiga es capaz de contenerse pero nunca lo hubiera imaginado del Slytherin.

- ¿Tienes hambre? – pregunta Malfoy haciendo crujir su cuello.

- Un poco – deja los pergaminos sobre la mesa y le observa - ¿Vamos a cenar a ese restaurante chino de Nothing Hill?

- Siempre vamos a ese – el énfasis en aquella palabra hace sonreír a Hermione – restaurante.

- No te he oído quejarte nunca – se levanta y empieza a recoger sus cosas.

- Eso es porque – el corazón de Harry se detiene cuando observa los pasos de Malfoy, que con tranquilidad pasmosa se acerca a su amiga por la espalda – está – no puede creerlo, él no está viendo aquello – cerca – tiene que ser un mal sueño – del – Hermione jamás engañaría a Ron – hotel – Malfoy termina de recorrer el cuello de su amiga con besos tranquilos y la voltea, en el instante en el que ve el brillo en los ojos de ella, lo sabe.

Hermione, su Hermione tiene un amante.

Un amante llamado Draco Malfoy.

Entre el bien y el mal.

Los siguientes días son una tortura para Harry, intenta buscar una explicación para lo que sus ojos han visto, pero se da cuenta de que solo hay una, por inverosímil que le parezca.

Las razones que llevan a su amiga a cometer tal acto de traición a su esposo e hijo, ni se las imagina, solo teme que el daño sea irreparable, y se debate entonces entre el bien y el mal. Hablar con Ron o guardar el secreto a Hermione. Está entre sus amigos, y es posible, casi seguro, que haga lo que haga uno de los dos salga herido.

Y surge entonces la duda de si para Hermione todo lo que está sucediendo es algo más, si es más que una simple aventura.

La respuesta la obtiene una mañana en los pasillos del ministerio, sale de la chimenea rumbo al ascensor para subir a su departamento pero se detiene cuando observa a Hermione a lo lejos, camina hasta ella pero se detiene cuando la figura de Draco Malfoy surge al lado de su amiga, ella le sonríe timidamente, y se queda con la vista fija en él mientras el desaparece.

Ese brillo en sus ojos, esa expresión anhelante. Son una clara respuesta.

Prevenir mejor que curar.

Jackie su secretaria deja todas las mañanas el Profeta sobre su mesa, esa mañana está bastante atareado así que prefiere dejar la lectura para después del almuerzo, sentado en su sillón toma el periodico entre sus manos, pero no avanza ni una sola pagina.

La noticia del divorcio de Malfoy le estalla en la cara, pocos sangre pura piden la anulación de su matrimonio porque rompería una de sus reglas y tradiciones más ancestrales pero él lo ha hecho, y solo puede haber una razón.

Esa semana evita a Ron más que ninguna otra, la culpa le embarga y consume por partes iguales, él sabe la verdad, pero se ve incapaz a decírsela, pero también sabe que si está frente a su amigo le será imposible mantener la mentira, por lo que por un tiempo decide apartarse de él. Lamentablemebte pronto comenzará a ser sospechoso.

Harry siempre ha sido de los que no le dan demasiadas vueltas a las cosas, sus impulsos siempre le llevan por el buen camino, por eso sabe que lo mejor en ese tipo de situaciones, es hacerles casos.

Aquella tarde Hermione está en una función escolar por lo que no tiene miedo a encontrársela en el departamento, toma el ascensor y de presenta en él.

Cuando la secretaria avisa a Draco de la persona que espera reunirse con él, sabe porque está allí.

- Adelante, Potter – se acerca hasta su mini bar - ¿Una copa?

- No – responde secamente.

- Bien – mira por la ventana.

- Tienes que dejar lo que quiere que sea que tienes con Hermione.

- Siempre tan directo – masculla dándose la vuelta – Pero tengo que decirte, que con mi vida privada hago lo que me da la gana.

- ¡Estás destrozando su matrimonio! – chilla – Eres un maldito cobarde, no se que demonios has hecho para que ella…

- ¿Se enamore de mi? – pregunta sonriendo de medio lado.

- Malfoy… - sisea - ¿No te das cuenta de lo que estás haciendo? Se que nunca has tenido sentimientos, por lo menos hacia los demás, pero por el amor de dios, te pido un poco de cordura. Tú siempre has despreciado a Hermione por su origen, y ahora… ¡Joder! Malfoy puedes follarte a la mujer que quieras¿Por qué Hermione? – se remueve inquieto por la habitación - ¿Es una venganza¿Quieres hacernos pagar algo a Ron y a mi?

- Afortunadamente para la humanidad, el mundo no gira en torno a ti, Potter – aprieta los puños con fuerza – Y la comadreja tiene solo lo que se merece.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Crees que si Hermione fuera feliz en su matrimonio hubiera venido a mí?

- Ellos se aman.

-Ya… - su mirada se estrecha.

- Déjala, Malfoy, por favor – suplica – Haré lo que me pidas, pero por favor, no destroces su vida.

- ¿Y la mía? – grita sin poder contenerse más - ¿Qué pasa con mi vida¿Te has parado a pensar a caso en que yo también puedo sentir?

-Pero…

- Pero claro, soy Draco Malfoy, mortifago e hijo de mortifagos, y no tengo derecho a sentir, debería estar pudriéndome en Azkaban, o desparecer de la faz de la tierra, para que vosotros "los buenos" vivierais en vuestro mundo de color de rosa…

- Malfoy, yo…

- He intentado romper está relación tantas veces que ni las recuerdo – se sienta abatido en el sofá – Pero no puedo… no puedo perderla. Ella y mi hijo son lo único puro que tengo en mi vida, todo lo demás está corrompido.

Harry se queda sin palabras, porque de todas las excusas, de todas las palabras que espero escuchar de él, estás son las que jamás se le pasaron por la cabeza.

El amor es la razón.

La fugaz conversación con Potter, pone su mundo un poco más patas arriba de lo que ya estaba, por lo que termina de hundirse por completo. Necesita más de lo que tiene, y nunca lo tendrá. Quiere renunciar a lo que tiene, pero no puede. Se desespera, se desquicia, pierde los nervios cada vez con más facilidad, y se derrumba una y otra vez.

Esa noche ella está fuera, con su familia, lejos del calor de la habitación del hotel donde Draco va a pasar la noche completamente solo, porque quizás entre las sabanas que comparten pueda encontrar la paz que su alma y corazón necesitan. No la encuentra, ni siquiera el descanso que tanta falta le hace, tumbado sobre la cama, mirando al techo intenta buscar una razón, solo una para romper su relación, para aferrarse a ella con todas sus fuerzas.

Es tan simple que quiere llorar y reír a la vez.

Draco jamás había amado hasta que Hermione Granger volvió a cruzarse en su camino, por eso nunca ha sabido lo que se sentía, y mucho menos como se debía actuar, por lo que en esos meses se ha sentido completamente perdido, y sobre todo a su merced, pero aquella noche recuerda una conversación que mantiene con su madre, cuando apenas tiene siete años.

- Mamá¿tú quieres a papá?

- Claro, cariño.

- ¿Y papá a ti?

- Por supuesto que sí – Draco se sienta junto a ella – Tú padre y yo nos amamos.

- Mamá¿Qué es el amor? – Narcissa sonríe ante la ingenua pregunta de su hijo, acaricia su precioso cabello rubio y le habla con voz dulce tranquila - El amor es algo que nace de aquí – lleva la mano al pecho de su hijo – es el sentimiento más puro que una persona puede sentir. Es el calor que te hace sentir una persona cuando está a tu lado, es despertarse todas las mañanas junto a esa persona y sonreír y agradecerle a Merlín poder hacerlo, es poder pasar una tarde lluviosa entre sus brazos, es saber que no hay nada más delicioso que sus besos, ni nada más tierno que sus cariciasm ni más dulce que sus palabras susurradas al oído – besa su mejilla – Draco, el amor es lo que nos hace más grande que la vida.

Y saber que ama de esa manera que su madre le dijo una vez, y no puede demostrarlo, que no puede gritar al mundo lo que siente, le da las fuerzas que necesita.

La noche antes.

Mañana es su gran día, presentará por fin el proyecto de ley ante los senadores, y las cortes en pleno extraordinario la debatirían para saber si se aprueba o desestima. Todo está perfectamente hilado, su discurso, las respuestas a las posibles preguntas que puedan surgir, desde hace semanas su trabajo está terminado. Pero la tarde anterior, la pasa encerrada en su despacho debatiéndose entre regresar al hogar junto a su familia, o pasar la noche con él.

La lechuza alza el vuelo al atardecer, cuando naranjas y rojos se mezclan con el azul grisáceo del cielo londinense. Coge su chaqueta y camina hasta su despacho, está escondido tras una montaña de papeles y pergaminos.

- ¿Qué haces aquí? – pregunta sin levantar la cabeza.

- ¿Podemos pasar la noche juntos?

- Pero… mañana…

- Lo sé, pero lo necesito. Por favor.

Aparca el resto del trabajo y se desaparecen fuertemente abrazados, pero esa noche Draco no la lleva al hotel, sino que se aparece en su propia habitación.

- ¿Dónde estamos?

- En mi casa.

- ¡Draco! Alguien podría...

- No hay nadie, Scorpius está visitando a su madre, y los elfos no se aparecerán si no los llamo – coge su rostro entre las manos – quiero hacerte el amor en mi cama, por favor.

Razones para romper una relación.

Los labios resecos que se humedecen con sus besos. Las manos pequeñas que acarician su pecho. La piel de tacto suave. Los dedos largos que se enredan en su cabello.

Los besos pequeños y ruidosos en su cuello. La sonrisa traviesa cuando desciende por su pecho.

La sensación de poder que tiene cuando la tiende sobre la cama. La expresión tranquila y segura que se forma en su rostro cuando la desviste con calma.

Los suspiros que escapan de sus labios cuando desliza un dedo por sus costados. La respiración que se acelera a medida que la fuerza de sus besos aumenta.

La desesperación que surge en él cuando la necesidad urge más que los ritmos que se había marcado. El dolor que siente en el pecho cuando sus cuerpos, por fin desnudos se acarician y amoldan tan perfectamente.

La rabia que deposita en sus besos. La fuerza con la que entra en ella. Las uñas que se clavan en sus hombros con más ganas que nunca.

Los dientes que marcan su hombro. Los embistes rudos y rápidos.

La pasión desbordante.

La lujuria.

El deseo.

Los últimos movimientos con los que ambos alcanzan el climax.

El amor.

El amor en sus ojos.

El amor en sus besos.

El amor en sus caricias.

El amor en cada parte de su cuerpo.

El amor entre ambos, que les une y les separa.

Despedida sobre la almohada.

Los primeros rayos de luz acarician su espalda desnuda y el calor la saca de uno de los sueños más tranquilos y reparadores que ha tenido en muchos meses.

Desliza las manos en busca de un cuerpo al que aferrarse, sobre el que descansar esos últimos minutos antes de salir de la cama, pero las sabanas están desiertas. Abre los ojos confundida y descubre una nota sobre la cama.

- Buenos días bella durmiente, he tenido que irme porque tengo una reunión a primera hora fuera del país. La suerte que desees y necesitas para la presentación ante las Cortes sabes que ya la tienes. Te quiero – lee en voz alta para luego guardar la nota entre sus cosas, se viste y desaparece rumbo a casa

Ron la espera con un desayuno copioso sobre la mesa de la cocina.

- Buenos días cariño – besa su mejilla – te he preparado el desayuno – ella laza una ceja – está bien mi madre lo ha hecho, pero yo he puesto la mesa.

- Gracias.

- Vete a darte una ducha, ponte ese traje negro nuevo y desayunemos.

- De acuerdo – sonríe y deja el bolso y el portafolio sobre una de las sillas.

- ¿Tienes tú las llaves del coche? – le pregunta asomando la cabeza por la puerta de la cocina.

- Sí, están en el bolso.

Rebusca en el interior y encuentra de casi todo, menos las llaves del coche, incluso un trozo de pergamino saliendo del libro que Hermione siempre lleva con ella.

La curiosidad mató al gato.

Mueren su alma y corazón. Mueren sus sentimientos y esperanzas. Muere la vida tal y como la conocía hasta ahora.

Sus sospechas se confirman por fin, y el mundo se cae en pequeños trozitos que jamás será capaz de recoger. Aprieta la nota con fuerza entre sus manos y sale rumbo a la habitación, cuando entra ella está cubierta por esa toalla rosa minúscula, que deja ver sus hermosas piernas, el pelo mojado cae sobre sus hombros.

Entierra entonces el dolor lo más hondo que puede, porque la ama, la ama más que nunca, porque no puede dejar de hacerlo, nunca lo hará porque ella es la mujer de su vida, y porque puede que tenga un amante, pero es a casa donde vuelve siempre.

- ¿Pasa algo? – pregunta mirándolo

- No – esconde la nota en un de los bolsillos de su pantalón – solo que antes no te he podido dar un beso de buenos días – la abraza con fuerza, para demostrarse a si mismo que ella está allí, que es suya, y no de ese con el que ha pasado la noche. Y la besa matando el dolor, escondiendo las lágrimas.

Los derechos de los no mágicos.

Harry ha conseguido, con esos favores que el mundo mágico le debe, que él y Ron puedan asistir a la presentación de Hermione, y están allí en un lateral, sonriéndola y levantando el pulgar para darle ánimos.

Ella está hecha un flan, las manos le tiemblan, y las piernas apenas le sostienen, y pese a que se siente arropada por su marido y por su mejor amigo, pese a que Josie está a su lado. Siente que algo le falta.

Escondido en la última fila, la observa retorcer esa dichosa pelota roja antiestrés, estrujándola con fuerza, alza la mirada y sabe que le está buscando pero hoy no va a mostrarse, tiene que hacerlo ella sola, salir adelante, seguir con su vida.

Como él ha decido hacer.

Se acerca hasta el atril desde donde los senadores hablan a sus homónimos, carraspea ligeramente y comienza a hablar.

- Hace años uno de los brujos más importantes para nuestra comunidad dijo, "Convivir para sobrevivir, no es el fin de nuestra raza. Convivir para vivir es el fin último". Por eso señoras y señores estamos hoy aquí, para debatir una ley que permita a los seres no mágicos, a quienes no disponen del don que todos nosotros compartimos, vivir una vida digna, como la que todo ser vivo ha de tener.

La observa hablar sin mirar el discurso, que él también se sabe de memoria, porque lo han ensayado cientos de veces. Recuerda aquella vez en que ella se pasea desnuda por la habitación del hotel, relatando las virtudes del proyecto que hoy presenta ante las cortes. La energía de su discurso, la fuerza de sus palabras envuelven a los presentes, y no le sorprende porque es fiel a cada una de las palabras que salen de su boca. Siempre fiel a su palabra, incluso a la que dio el día que se caso.

Suspira resignado, y la observa una última vez antes de salir del auditorio.

Confía en mí.

La celebración es por todo lo alto, todo su departamento la recibe entre vítores y coros de "Hermione es la mejor", sonríe ya agotada de tanto hacerlo. Se siente eufórica no solo por haber conseguido que su ley se aprobara, o por ser la bruja más joven en promover una ley en la constitución mágica, sino porque sabe todo el bien que esa ley hará.

Sale a comer con su marido y sus amigos, es un almuerzo algo corto, pero prometen realizar una celebración por todo lo alto aquel fin de semana con el resto de la familia. Regresa entonces a recoger algunos documentos, le dice a Ron, pero lo hace porque necesita verlo, y celebrar entre sus brazos.

Camina primero a su despacho para dejar sus cosas, lanza el abrigo sobre el sofá pero se detiene cuando sobre la mesa ve una caja de cristal, y una nota. Algo en su interior se resquebraja por completo.

Corre hacia el despacho junto al ascensor, abre la puerta sin llamar y el mundo gira más deprisa que nunca.

No hay nada, absolutamente nada. Ni libros en las estanterías, ni las fotos de su hijo sobre su mesa, ni esa pluma que ella le regaló las ultimas Navidades.

- ¿Don… donde está? – consigue preguntarle a su secretaria.

- El señor Malfoy ha aceptado el puesto que el ministerio de Francia le ha ofrecido. La verdad es que ha sido toda una sorpresa porque llevan meses proponiéndoselo pero el siempre lo había rechazado, pero ayer mismo me informó que se iba está misma mañana.

Recorre el camino de vuelta a su despacho completamente ida, sin pedir perdón cuando tropieza con un compañero al que tira el café por encima, sin ver a Milles que la llama desde su despacho, entra en el propio observa de nuevo la caja sobre su mesa.

Chilla, grita y llora. Azota todos los libros de las estanterías, rompe marcos de fotos, premios de la facultad, arroja los tinteros contra las paredes y cae por fin de rodillas al suelo, con las manos el cara, y las lágrimas escurriendo entre sus dedos.

- Hermione… - susurra Harry entrando en el despacho – Hermione – se arrodilla a su lado y la abraza con fuerza.

- Se ha ido… se ha ido… - repite una y otra vez sin impórtale que sea Harry el que este a su lado, sin impórtale nada más que el horrible y profundo vacío que Draco ha dejado en su corazón.

- Ha hecho… lo correcto – le susurra. Ella alza la vista y le mira con lágrimas en los ojos.

- Se ha ido… - repite para poder creérselo – Draco se ha ido.

Llora entre los brazos de su mejor amigo por más de una hora, mientras él intenta hacerla entrar en razón, no la cuestiona, no la interroga, lo único que hace es darle mil y un razones por las que lo que Draco ha hecho es lo mejor para todos.

Pero para ella no son suficientes, no son lo bastante fuertes como para renunciar a todo lo que su corazón pide y necesita. Por eso le suplica que la deje sola, que necesita pensar y tranquilizarse antes de volver a casa.

Se acurruca en el sofá mirando hacia la mesa, donde siguen intactas la caja y la carta. Sabe que son una despedida, por eso no se acerca a ellas porque eso lo haría más real, si las tiene entre sus manos, será como si aceptará la decisión que Draco ha tomado.

Josie entre poco después y la mira con tristeza, porque sabe lo que el despacho destrozado significa.

- Se ha ido – le dice sin mirarla – Sin más, ha cogido sus cosas y…

- Lo sé – su amiga mira hacia la mesa.

- Son suyos – explica - ¿Puedes leerla?

- ¿Yo?

- Si, por favor… yo… yo no tengo fuerzas.

Coge el delicado pergamino entre sus dedos, rompe el sello lacrado con el emblema de los Malfoy y lee en voz alta.

¿Nunca has soñado en poder gritar que amas a una persona? Yo nunca lo había hecho hasta que te conocí.

¿No te enfurece no poder hacerlo? A mi me carcome el alma.

¿No tienes miedo a no poder seguir adelante? Yo si, y es horrible el miedo incontenible.

Siento que no voy, que el equilibrio es imposible. Que nunca podré hilar tu vida con la mía, y me estoy muriendo.

Confía en mí.

Tienes la vida que deseas, la que mereces. Y yo no soy parte de ella.

La rosa eterna.

Josie derrama un par de lágrimas sobre el pergamino antes de tendérselo a Hermione que lo aprieta contra su pecho sin poder si quiera leerlo. Mira la caja con reticencia.

- ¿Sabes lo que es? – pregunta Josie.

- Una rosa.

- No Hermione. No es una rosa – coje la caja y saca la flor de su interior la suelta, se queda flotando en el aire, con sus petalos brillantemente rojos, y el tallo sin una sola espina – Es la rosa eterna – su amiga la mira expectante – Realizar este conjuro necesita de mucha magia además de una poción que ha de hervirse en la propia sangre. La rosa que tienes ante ti, es la primera rosa de la temporada, solo está sirve para lanzarle el encantamiento, y vale más de mil galeones, miles de brujos quieren conseguirla – explica.

- Puede guardarse su dinero – replica – yo le necesito a él… no ha…

- Te ha dado su amor¿Qué más quieres? – pregunta – te lo ha dado todo.

- Pero…

- Hermione la rosa eterna no se marchita hasta que el amor de quien la regala muere.

El equilibrio es imposible.

Corre por el pasillo del departamento rumbo a su despacho, no puede creer que haya olvidado la varita de su hija sobre el escritorio, pero la tarde anterior cuando había ido a comprarla quiso estudiarla con detenimiento, y se la llevo al trabajo.

Entra por la puerta del jefe del departamento, puesto que alcanza un par de años antes debido a su gran talento y a su incesante trabajo, toma la varita y la guarda en el bolso. A mitad de camino de vuelta hacia la puerta se detiene.

No puede evitarlo, tiene que hacerlo. Aparta varios pesado tomos de una de sus estanterías, y deshace un conjuro que oculta una pequeña caja fuerte, toma la rueda entre sus manos, y gira, cinco a la derecha, seis a la izquierda, ocho derecha, cero izquierda.

Abre la puerta, con cuidado desliza la tela gris, con estelas azules y doradas. Como el firmamento. Respira aliviada.

La rosa brilla del mismo modo que hace seis años.

El tren silba por última vez, y ella anuda con fuerza la corbata de la mayor de su hijas, Rose besa su mejilla antes de salir corriendo y arrastrar a Albus rumbo al tren que les llevará a su primer año a Hogwarts.

- Albus tiene miedo de ir a Slytherin – Harry se apoya en la columna junto a ella.

- Claro, si Ron y tú no os pasarais el día hablando de lo rastreros que eran nuestros compañeros.

- Como si fuera mentira – ella menea la cabeza y gira el rostro.

El mundo se detiene en ese preciso instante. A lo lejos despidiéndose de su hijo está él, igual que siempre, como si esos años no hubieran transcurrido, como si la noche anterior hubieran compartido la cama del hotel.

Harry a su lado la ve palidecer y coge su mano, para apretarla con fuerza, para demostrarle que pese a todo no está sola, y que lo sucedido años atrás es el pasado, que lo correcto es estar donde está.

Él la ha visto mucho antes, mirándola a lo lejos, escondido de ojos indiscretos que pudieran darse cuenta, y ha perdido la cuenta de las veces que su corazón a latido desbocado por la necesidad de correr hacia ella, pero se mantiene en el lugar, con la expresión taciturna que le acompaña desde hace años.

Voltea el rostro solo un segundo, pecando de debilidad, pero es que necesita tanto que sus miradas vuelvan a conectar por un instante.

Y cuando lo hacen, se dan cuenta de la dura y dolorosa realidad.

El equilibrio es imposible.


A ciencia cierta no se que os habrá parecido este final, supongo que habrá quienes no entiendan porque lo dejo ahí, porque sus vidas discurren por caminos distintos, pero es que soy de la firme creencia que Hermione no podría dejar a Ron por mucho que quisiera, ellos se siguen amando, pese a Draco. Pese a que es por Draco por quien su corazón late más aprisa, pero es que no veo a Hermione, nuestra Hermione Granger rompiendo con todo sin una buena razón, por mucho que esa razón se llame Draco Malfoy. Porque no solo deja un marido, rompería con todo, con sus hijos, con sus amigos¿quién iba a comprender una relación entre ambos después de lo acontecido en el pasado? Es duro, y triste pero a veces la vida es así de gris.

Disertaciones a aparte reconozco que tengo un lado más rosa para está historia, porque siempre me surgen dudas de que hacer o no con los finales, y puede que en un futuro (lejano, por el momento) escriba ese final alternativo, todo se andará.

Muchas gracias a quienes habeis tenido unos minutos para premiarme con uno de vuestro comentarios.

galletaa, Pansy Greengrass, SBM-AnGIE, lara evans, Marine-Granger-NOA, Sra.Danvers, beautifly92, katty watson, Anne Rose Malfoy, AnyT Grandchester, karyta34

Una última cosa, si de verdad teneis tiempo y ganas, poneros El equilibrio es imposible como banda sonora para la historia, lo entenderis quizás mejor.

Ahora ya sí, me despido hasta la próxima, Merlín vaya a saber cuando.

Besis y gracias.