Fue la noche más extraña de mi vida, como suelo hacer cuando me encuentro con un poco más de dinero dentro del mes llevé a mi hermana a cenar, no me imaginé que con lo caótico que había sido el reencuentro con Arthur, mi compañero del preescolar terminaría transformando por completo mi noche. El rubio de ojos verdes me había seguido hasta allá, no podía entenderlo cuando lo vi, ¿qué estaba ocurriendo con este chico? Sentí algo de culpa conmigo mismo ya que cuando era joven había cometido muchos errores en su contra… Pero luego pensé, ¿creía que Louise era mi novia? ¿Qué importancia podría tener él en algo así? Probablemente estaba celoso, pero eso no me hacía el mayor de los sentidos.
Sin embargo, no puedo decir que la idea de que tengo una novia sea en su totalidad errónea, aunque no es una relación en ningún sentido oficial estoy con alguien, pero no salimos siempre, es una relación abierta y está lejos de ser algo oficial. Eso al menos es lo que yo pienso, pero quizás Maddie no lo cree de esa forma. Ella también trabaja en mi oficina y de hecho estará constantemente fiscalizando a Arthur. Pronto se dará cuenta de que algo ocurre entre los dos. No sé cómo explicarlo, soy algo volátil, me gusta vivir la vida y nunca me he enamorado realmente, si tuviera que decir que amo a una mujer claramente sería a mi pequeña hermana, porque de otro modo no amo a ninguna mujer. Aunque probablemente no sea una hembra por la cual sienta algo cercano a aquello que llaman amor.
─Francis ─la encargada de interrumpir mis pensamientos era mi hermana─. ¿Te preparo un café?
Eran alrededor de las 2 de la mañana cuando me preguntó eso.
─¿Ah? No creo que me sirva mucho para conciliar el sueño, ma petite, preferiría una manzanilla o algo así, ¿no te incomoda?
─Te la llevaré a tu habitación, deberías ir allá para ver si logras dormir un poco. Luego de eso iré a dormir.
─Y será bueno que lo hagas, eres una niña en crecimiento, no debes estar despierta tan tarde ─la reprendí, pero me sentí confundido ya que había aceptado que a esas alturas de la noche estuviera en la cocina cumpliendo uno de mis constantes caprichos.
Subí a mi alcoba sin muchas ganas de recostarme, me desvestí y coloqué pijama. No me gustaba dormir vestido, pero con mi hermana en casa no consideraba apropiado dormir desnudo. Luego de un rato llegó con una taza de manzanilla y unas galletas de mantequilla. Me dio un beso en la mejilla y se fue a dormir. Cerré la puerta y bebí la manzanilla, no había querido probar las galletas, pero no hubiese querido que mi hermana tomara aquello como un desprecio. Me comí las galletas que por cierto estaban deliciosas, eran caseras, mi hermana acostumbraba cocinar cuando se le quitaban las ganas de estudiar. Aquello me hacía sonreír, no me di cuenta cuando estaba cerrando los ojos para quedarme dormido.
Cuando me tocó ir a trabajar nuevamente me encontré con Arthur en el pasillo, quien al divisarme corrió hacia otro lugar de una manera bastante evidente. Sentí un poco de desprecio y podía notar su vergüenza, eso le serviría para entender que había cometido una idiotez. Cada vez que me veía se escondía y yo realmente no podía evitar reírme para dentro. No podía controlar ese extraño afecto que me provocaba, creo que por eso lo había besado, así como lo hacía siendo un niño, si bien a esa edad no podía comprender la gravedad de besar otros labios ahora comprendía que no era el hecho lo que le daba la importancia sino la persona con la cual lo hacías. Besé tantos labios luego de los suyos que parecía que jamás iba a sentir el mismo magnetismo, pero todo cambió luego de habernos encontrado. Sentía, aun así, una sensación de enojo, ya que luego de esto pensé que nuestras diferencias mejorarían, pero no estaba pasando de aquella manera. Luego de muchos intentos por evitarme, chocamos sin querer.
─Francis ─dijo en voz baja, para luego corregirse─. Buenos días, Bonnefoy.
─Bonjour, Kirkland, ¿cómo te encuentras? ─saludé animosamente, no pensaba demostrarle lo contrario al pequeño de ojos verdes.
─Muy bien, pero eso no te interesa en absoluto, Bonnefoy. Si me disculpas debo ir a trabajar, no quiero que Maddie me encuentre dedicándome al ocio ─dijo, intentando escabullirse, pero le tomé el brazo.
─Espero que no vuelvas a seguirme cuando vaya a comer con mi hermana, maldito degenerado ─dije en un tono más duro, pudiendo notar como su rostro se ruborizaba y su boca temblaba.
─Sorry, no quería que pasara algo así en lo absoluto, yo…
─Si quieres saber quién es la chica que frecuento estás por una muy mala dirección ─dije interrumpiéndolo, su rostro pasó de vergüenza a indignación.
─¿Chica? ─musitó muy despacio─. Así que tienes el descaro de frecuentar chicas siendo homosexual, no me lo imaginaba de alguien como tú. Oh, ¿qué estoy diciendo? Es justamente de aquella forma como siempre creí que serías ─dijo soltándose de mi agarre─. Ugly frog, you are a bastard. No puedo creerlo ─suspiró y se alejó, sin dejar que yo dijera algo en mi defensa.
Se alejó unos pasos, pero logré volver a alcanzarlo.
─¿Crees que iba a dejar que mi vida girara en torno a ti, Arthur? ─musité en su oído─. Cuando eres un niño no distingues sobre los besos que das, tal vez los que te di no eran tan importantes como los que les di a las mujeres que he tenido durante todo este tiempo. ¿Qué te hizo pensar que sabes mi orientación sexual, cher? Soy bisexual, es decir que puedo amar a quien sea, así que quizás lo que acabo de decir es mentira o no, depende de cómo quieras entenderlo tú.
Me alejé, dirigiéndome a mi cubículo para trabajar, no quise mirar hacia atrás para no encontrarme con el rostro aturdido del inglés, simplemente trabajé. Sentía que había cometido un error en hablar a lo loco, pero de verdad estaba molesto. Es su culpa por no comprender lo que le digo, es su culpa por haber aparecido después de tanto tiempo y que continúe provocándome esos saltos en el corazón que lograba siendo un infante, un niño pequeño, con el cabello despeinado, unos ojazos verdes y una boca en forma de corazón. Cuánto me odiaba en este momento, hasta mi forma de teclear era desesperada, tanto que los demás chicos del trabajo se percataron de aquello, incluso Maddie que pertenecía a la otra parte de la empresa lo notó y se me acercó.
─Francis, ¿estás bien?
─Mademoiselle Williams ─dije intentando aparentar relajo y mi normal manera de coquetear, pero creo que no engañaba a nadie─. ¿Qué te trae por esta parte de la oficina?
─Estás tecleando muy fuerte, pensé que algo te había molestado.
─Tranquila, está todo bien.
Mi mente estaba en caos, realmente no entendía lo que estaba pasando, comenzaba a inquietarme. Tenía ganas de pararme del computador, acercarme a ese idiota y llevármelo lejos de ahí, tocarlo, sentirlo y darme cuenta si es verdad que lo que siento por él es deseo. Descubrir si tras aquel deseo existe una gota de amor siquiera. Hacerle entender que dentro de todo lo malo que pude hacerle estaban los temores e inseguridades de un niño que no podía abrir su corazón de infante y decirles a todos que se había enamorado de otro niño. Pero no, no podía hacerlo y eso es lo que más dolía.
Luego de aquel día llegué a casa y busqué una botella de vino, encontré una botella de 7 años de antigüedad, sería buena para mi pesar. Comencé con un vaso, mientras buscaba cosas en la computadora, primero busqué los perfiles de amigos de la secundaria, saludé a un par que estaban de cumpleaños pero que no veía hace demasiado tiempo, no hacía nada productivo, hasta que me salió una pequeña sugerencia debajo de mis contactos. Arthur Eugene Kirkland, salía una foto con un chico pelirrojo igualísimo a él, pero se notaba que tenía más edad. Apreté su perfil y comencé a ver sus fotos, salía en distintos lugares, fotos en Escocia y en otros países. No pude ver demasiado y ya me había acabado la botella de vino, miré el reloj de la sala y eran alrededor de las once de la noche. Sentí crujir las escaleras y era mi hermana.
─¿Has estado toda la noche viendo esa computadora y bebiendo? ─preguntó, ella ya se encontraba con pijama y bata de dormir, no portaba sus gafas ya que se las sacaba para dormir, parecía preocupada.
─No te preocupes por mí, hermana ─suspiré, sentía algo de dolor de cabeza.
─¿Quién es ese chico? ─dijo, mirando la pantalla, había quedado en una foto donde Arthur salía sonriendo, la única en unas cien fotos de perfil que tenía.
─Mi perdición ─dije, ni siquiera me daba cuenta de las cosas que decía.
─¿Es quién te gusta? Es un lindo muchacho, ¿por qué pareces triste?
─No hemos tenido una buena química, hermanita. Creo que será imposible que alguna vez estemos juntos. Puedo ver en sus ojos que no me soporta.
─Creo que estás exagerando. Ven, vamos a acostarte. Te subiré y luego apagaré esto, ¿bueno? Tanto vino te ha bajado el ánimo, no me gusta verte deprimido.
─Merci, Lou, creo que tienes razón.
Mi hermana me recostó en la cama, me colocó un paño húmedo en la frente y bajó, probablemente a apagar la computadora como había dicho que haría. Un rato después volvió y me quitó el paño, traía un café muy cargado.
─Probablemente no duermas, pero prefiero eso a que te duermas todo podrido ─dijo, me sentó y yo bebí el café.
─Disculpa, odio que me veas sin nada de glamour, eso no es para mí. No dejaré que esto me tenga como un trapo sucio, lo prometo.
─Es un lindo chico, yo no me rendiría ─dijo ella, sonriendo ampliamente.
Sonreí y le acaricié la cabeza, luego ella salió. Como el café me había quitado todo el sueño decidí invertir una noche de insomnio en la televisión, buscaría algunas películas, que ojalá no fueran románticas, aunque me engañaba porque en el fondo sabía que vería cursilerías por montones. Dispuse mi noche a aquello y me preparé para un nuevo día.
