Autora Original: BlackStar42Roses
Título Original: The House of Many Whims
Traductora: Eli and Onee-chan (Onee-chan en realidad)
La Casa de las Extravagancias
YO: Bienvenidos al cuarto capítulo. Me alegro de que les guste esta historia y gracias por haber comentado =^D
Siento el pequeño retraso una vez más, sin embargo, A PARTIR DE AHORA LAS ACTUALIZACIONES PUEDE QUE SEAN MÁS IRREGULARES. AUNQUE INTENTARÉ QUE SIGAN SIENDO SEMANALES, PUEDE QUE UNA SEMANA ACTUALICE 3 VECES Ó ME PASE DOS SEMANAS SIN ACTUALIZAR.
Si en algún momento ven algo raro (tipo: frases sin sentido, palabras en mitad de frase con mayúsculas o en vez de "haciendo" aparece "hacienda", etc…) por favor, díganmelo inmediatamente.
AUTORA: Ustedes chicos son Buenos en adivinar personajes :'D Si están interesados, creé los nombres de los reality/televisión shows en este capítulo~ ¡veamos si pueden adivinarlos! Y muchas gracias a todos los que dejaron comentarios o pusieron la historia en favoritos. Espero que continúe gustándoles el resto de la historia ^^
Disclaimer: No poseo Katekyo Hitman Reborn. Cualquier similitud en eventos o personajes vivos o muertos son totalmente una coincidencia.
¡Disfruten!
Capítulo 4
El nombre del niño del traje de vaca, resulta ser, Lambo. Lambo tiene cinco años, pelo afro, le gustan los dulces y el pastel de chocolate y sus pulmones tienen la capacidad de una prima donna. Tsuna decidió muy rápido que necesitaría salir y comprar un enorme repertorio de caramelos sabor a uva, porque esa es la única cosa que callaría al niño una vez que empezara a llorar. También, aprendió que iba a estar atrapado con este Traveler por un largo tiempo puesto que Lambo no sabía por qué salida había intentado ir.
Las cosas se estaban volviendo más y más raras cada día.
Tenía cerca de una semana libre, así que Tsuna decidió exprimir sus repentinas vacaciones hasta valer la pena. Durmió todo lo que pudo el próximo Lunes, que fue hasta pasado el mediodía, se arrastró por las escales abajo hasta su arruinada cocina y se preparó un bol de cereales antes de tirarse en el sofá de su sala de estar. El resto del día lo pasó viendo todos los reality shows que le había oído hablar a sus compañeros de trabajo (aunque sobre todo a las enfermeras). Tsuna fácilmente decidió que Mafia Land y Generation Primo se merecían ser vistos una segunda vez, Rainbow Babies le hicieron sentir estúpido por el hecho de que unos locos bebés en el show tenían un CI más alto que el que él tenía, y Home Tutor le asustó demasiado. Independent Hit Squad era graciosa, pero si tenía que ver al protagonista tirar otro vaso de vino a la cabeza de su subordinado de nuevo, Tsuna iba a tirar el control remoto a la pantalla.
El Martes llovió por acostumbrado, así que Tsuna se sentó en la cocina con Lambo e hizo dos tartas, cuatro docenas galletas horneadas con pepitas de chocolate y una gigantesca tartaleta de limón. La tartaleta se la dio a una dulce chica joven con un parcho en el ojo que iba a visitar a su hermano. Quien estaba en prisión. Alentador.
Para el Miércoles, la novedad se estaba pasando, así que Tsuna se levantó a su hora, cambió sus vendas, aplicó más crema, y se acurrucó en su sofá con Lambo de nuevo, arreglando sus planificaciones mientras el niño pasaba de canal en canal sin prestar atención, mirando cualquier cosa que le pareciera interesante. Yamamoto llamaba a menudo después de las cinco de la tarde para ver cómo estaba Tsuna y para contarle los sucesos del día (el sustituto de sus clases de inglés era un hombre viejo en sus ochenta que sabía kickboxing, judo y karate. Tsuna se preguntaba si era su viejo sensei). Nada interesante había pasado desde que había estado de baja, así que sus conversaciones se derivaban desde deportes hasta EL seguimiento de las cosas de su primer ministro o por qué el reloj de la cafetería en el salón estaba siempre quieto en las 2:56 pm. Era genial hablar con Yamamoto, puerto que Tsuna no tenía muchos amigos. Era un hecho extraño considerando cuanta gente atravesaba su casa cada día; había probablemente más de cincuenta Travelers atravesando su casa diariamente.
El Jueves por la noche, Tsuna decidió que estaba suficientemente bien como para caminar en vez de arrastrarse por el suelo y bajar las escaleras con el culo todo el tiempo, así que después de tomar cuidadosos pasos de bebé por el hall, se puso su chaqueta (una diferente, puesto que su antiguo anorak había sido tirado), botas cómodas y decidió dar un paseo fuera en la nieve.
Había pasado un tiempo desde que había tenido tiempo para sí mismo. Tsuna deambuló por la manzana, mirando los esponjosos copos blancos caer silenciosamente en las calles. Su vecindario era bastante pequeño y tranquilo, así que las carreteras estaban siendo rápidamente cubiertas por la nieve. Era en días como estos los que le hacían preguntarse el funcionamiento del universo.
¿Por qué, de todos los lugares, había sido su casa la Estación 27? ¿Había más estaciones? ¿A dónde iba toda esa gente? Inevitablemente, Tsuna pensó en Hibari, el hombre que lo había salvado. ¿Volvería a verlo? Por extraño que parezca, Tsuna esperaba que sí. Habían tantas cosas que se había dado cuenta que no sabía. Él estaba tan preocupado con sus pensamientos que accidentalmente se chocó con un hombre que estaba en la esquina de la calle, de pie al lado de la farola.
"¡Whoa—lo siento!" Balbuceó Tsuna, mirando al chico, que estaba abrigado con una capa muy larga, una bufanda naranja descolorido y plateado estropeada y que tenía una lata oxidada a sus pies. El moreno frunció las cejas. ¿Era ese hombre un sin techo?
"No te preocupes," replicó el otro, quitándose la capucha para revelar una cara atractiva, ojos azul cielo y una agradable sonrisa. Tenía una ola de pelo rubio alborotado que era similar al de Tsuna. "¿Te gustaría donar a la Fundación Salva los Raíles?"
La vieja lata oxidada fue recogida y extendida a Tsuna, una hendidura áspera perforaba en la parte superior. Cuando el hombre sacudió la lata, traqueteó con el sonido de varias monedas pequeñas.
"Umm…" Miró Tsuna, hundiendo sus manos al azar por todos los bolsillos de su abrigo. No había utilizado este anorak por un largo tiempo, y todo lo que pudo encontrar fueron un par de billetes viejos de guagua, sus auriculares perdidos y cinco centavos que habían sido probablemente la vuelta de alguna compra.
"Toma," Dijo Tsuna, soltando la moneda dentro. "Siento que no sea mucho." Realmente lo sentía, porque su madre solía ser voluntaria en obras de caridad y a veces llevaba al pequeño Tsuna también cuando iban fuera a recaudar donaciones. Entristecía al moreno el ver gente apurándose, sin preocuparse por compartir un segundo o dos para Cumplir un Deseo o ¡Dar una Casa a los Pandas! Sin embargo, el moreno le sonrió aún más, sacudiendo la lata para que las monedas sonaran todavía más fuerte.
"No te preocupes. Incluso si es muy poco, hizo una diferencia. Gracias, hombre."
"Err…de nada," Dijo Tsuna, ofreciendo una pequeña sonrisa de vuelta, y continuo con su camino por la calle a casa, tarareando una cancioncilla desentonada para sí mismo. Se le ocurrió que quizás el chico era un sin techo, pero daba igual. Cinco centavos no dañarían.
Cuando finalmente llegó a casa de su necesitado paseo para estirar las piernas, Tsuna recibió otra sorpresa. Hibari estaba sentado en la mesa de su cocina, comiendo galletas de un Tupperware, mirando a la pared. La mandíbula de Tsuna se desencajó, mirando al hombre. ¿Era verdad?
Hibari se giró cuando vio a Tsuna, lanzando dagas al moreno. No dijo ni hizo nada excepto quitarse algunas migajas de la cara y contemplar mucho más ceñudo. Le tomó a Tsuna un segundo o dos para reunir sus nervios y aclararse la garganta de prisa.
"Umm…hola. Hibari, ¿verdad?"
El pelinegro alzó una ceja, apartó la mirada, y gruñó. Tsuna tomó aquello como un sí.
"¿Qué te trae por aquí?"
No hubo respuesta. Dubitativamente, Tsuna se deslizó hasta el sitio opuesto al hombre, cogiendo una galleta del embase de plástico, masticando. Hibari lo observó comiendo, y cuando Tsuna terminó, simplemente dijo en su grave, ruidosa voz, "¿Cómo están tus pies?"
"¿Mis pies?" Preguntó Tsuna, sorprendido. "Oh, están mejor. Salí a dar una vuelta, están casi curados del todo. Gracias por preguntar."
"Hn," Rezongó Hibari, sacando una servilleta del puñado que había encima de la mesa y limpió sus manos. Se levantó, escuálido y elegante, y caminó hacia la negra raya en el suelo de la cocina de Tsuna para tirar la basura. Tsuna vio a su invitado, curioso. Todo sobre Hibari parecía irradiar madurez, dignidad y misterio, y esto hacía que Tsuna quisiera saber más sobre el hombre.
"El niño está dormido," Dijo Hibari inesperadamente, girándose para inclinarse contra la mesa para mirar al moreno. "Él está babeando sobre tus papeles en el sofá."
"¿Mis papeles? En mi sofá—¡aw, mierda, mis planificaciones para las clases!" Gritó Tsuna, tropezando con sus propios papeles al luchar por correr al salón. Efectivamente, Lambo estaba hecho una bola sobre sus notas, un charco de saliva reuniéndose en sus procedimientos rescritos. Tsuna estaba ahora bastante convencido de que el Destino estaba saboteando su trabajo o algo.
"Bueno, no hay punto en mover a Lambo ahora," Suspiró Tsuna, frotando una mano en su cabello. "Se despertará a la mínima cosa, y es casi imposible para él volver a dormirse." Alcanzando la manta que permanecía en el suelo, Tsuna sacudió el polvo del objeto y cubrió al durmiente niño con ella, arropándolo con ella. Hibari apareció en el marco de la puerta, mirando a Tsuna trabajar.
El moreno se viró a mirarlo, y así comenzó otro momento de miradas. A Hibari realmente no le gustaba hablar, ¿cierto? "Así que…¿cómo conseguiste volver?" Preguntó Tsuna, dando golpecitos con su pie calzado en el suelo. Él nunca había conseguido estar tanto tiempo con un Traveler. Hibari apartó la mirada, frunciendo el ceño.
"No lo sé. Salgo, y entonces, llego otra vez."
"¿Cómo?" Preguntó Tsuna, la curiosidad chispeando. Hibari se encogió de hombros.
"Las estaciones. Cuando dejo la Estación 27, llego a la Estación 28."
"¿Cuántas estaciones hay?" Preguntó Tsuna, ojos bien abiertos. "¿Es como, una parada de trenes?"
Hibari se veía confuso, cejas arrugándose juntas. Cruzó sus brazos en su pecho; haciendo que el largo abrigo que estaba llevando ese día se arrugara en los codos. "¿Qué parada de trenes? No hay trenes."
"Oh," Tsuna pestañeó, retorciendo sus pulgares. "Entonces…¿por qué vas a través de mi casa?"
"Porque ahí es donde necesitamos ir," Respondió Hibari, viéndose molesto. "Si necesitamos ir a algún lugar, iremos a través de la estación correcta."
"Nunca he visto un Traveler dos veces antes," Tsuna insistió. "¿Cómo encuentras siempre una forma de volver?"
Hibari no se movió. Por primera vez desde que llegó, hizo contacto visual con Tsuna. Era como mirar en un cielo nocturno sin estrellas. Finalmente, dijo, "El Conductor reorganiza las líneas. Cada vez que vamos a través de una estación, cambia nuestra localización. De esta forma, él es el único que sigue mandándome de vuelta aquí, herbívoro."
"¿El Conductor? ¿Quién es ese?" esta era la conversación más larga que había tenido jamás con un Traveler. Tsuna estaba sintiendo como si hubiera conseguido alcanzar algo.
"No lo sé," Estalló Hibari, viéndose enojado. "¿Quién es Dios?"
"¿Qu—?" Tartamudeó Tsuna, desconcertado. "N-no lo sé—"
"Exactamente," Replicó Hibari. "Nadie lo sabe, herbívoro. El Conductor está siempre ahí. El día en que él pare de cambiar las líneas para nosotros, las Estaciones dejaran de existir."
"¿Dejar de existir? Pero cómo—"
"¿Por qué estás preguntándome tantas cosas?" Gruñó Hibari, su mano alargándose para agarrar a Tsuna por el cuello, tirando del moreno. Tsuna chilló al perder su balance levemente, salvándose de caer solo por estar agarrado del brazo de Hibari.
"¡Yo solo quería saber cómo funcionaba todo! ¡Mi casa ha sido la Estación 27 durante años, y nunca he sabido por qué! ¡Gente entra y sale de mi casa, difícilmente tengo momentos de privacidad, y no tengo ni idea de donde viene ninguno de ustedes!"
Hibari se veía sorprendido al arranque de Tsuna. Liberó el cuello del moreno, dejando a Tsuna oscilar en sus pies y mirar firmemente al más alto. Luego, Hibari frunció sus labios y preguntó, "¿No compruebas para ver de dónde venimos?"
"Lo he intentado," Dijo Tsuna, haciendo un pequeño mohín. "No puedo salir entre las estaciones, y tampoco veo cómo salís."
Hibari jadeó. "Por supuesto que no. No eres un Traveler. Si no tienes un pasaje, no puedes atravesar las estaciones."
"¿Qué es un pasaje?" Preguntó Tsuna, ojos muy abiertos otra vez. Hibari lo miró como si hubiera preguntado qué era respirar.
"Un pasaje está aquí," replicó, tocando su pecho, en el lado izquierdo.
"Pero ese es tu corazón," Dijo Tsuna, frunciendo el entrecejo.
"Exactamente."
"Tengo un corazón," Protestó Tsuna. ¿Qué tipo de conversación era esta?
"Escucha, herbívoro," Gruñó Hibari, agarrando la muñeca de Tsuna y plantando la mano del moreno contra su propio pecho. Tsuna se sonrojó sin pensarlo, dedos doblándose cuando él sintió el constante thump, thump, thump del corazón de Hibari. "Hay una diferencia entre tener un corazón, y tener un corazón. Cierto, todo el mundo tiene un órgano que late y bombea sangre y hace esa mierda en tu pecho, ¿pero es eso realmente lo mismo?"
Se le veía realmente serio cuando dijo esto, así que Tsuna inmediatamente desechó el hecho de que Hibari le estaba tomando el pelo. Pero no lo entendía. Él obviamente tenía un corazón; ¡si no lo tuviera, no podría vivir!
"T-todo el mundo tiene un corazón," Dijo Tsuna dubitativamente. "¿No es lo normal—?"
Hibari inmediatamente soltó la muñeca de Tsuna, dejando caer su mano lejos de él con una fría mirada en su cara.
"No lo pillas, herbívoro." Declaró Hibari simplemente. "Por eso no puedes ir a través de las estaciones."
"¿Qué? ¿Qué quieres decir?" Titubeó Tsuna. Hibari se encogió de hombros y empezó a caminar por el hall hacia el armario escobero cerca de su puerta principal. "¡Espera!" Gritó Tsuna, corriendo detrás del pelinegro. "¡No dejes las frases sin terminar! ¡Explícalo!"
Hibari expuso un totalmente innecesario giro de ojos que fue acompañado por una sonrisa satisfecha, y se desvaneció por la sala de almacenamiento. La puerta golpeó al cerrarse, y Tsuna llegó un segundo después, torciendo fuertemente hasta abrirla, pero todo lo que pudo ver fue su escoba y fregona y los detergentes de limpieza apilados en el apretado espacio. Casi gritando de frustración, el moreno cerró de golpe la puerta y le pegó.
Un segundo después, él estaba dando vueltas en el suelo, agarrándose la pierna y maldiciendo a Hibari y su estupidez y su aún adoloridos, pies llenos de ampollas.
De todas las cosas del mundo, Tsuna odiaba a la gente que hablaba en acertijos.
Capítulo 4 Fin
¡Gracias por leer!
-BlackStar
