NA: Al menos esta vez no me tardé tanto. Estén alertas porque se viene un capítulo largo, aunque admito que esta es la longitud que mis capítulos normalmente tienen. Sí, suelo escribir mucho, si no me creen pueden consultar la cuenta de palabras de mi otro fanfic.
Reviews:
Jho: ya me lo imaginaba. Y lamento de nuevo haber tardado tanto la vez anterior. La vida suele querer alejarme de la escritura aunque yo no lo quiera así. ¡Espero que disfrutes este nuevo capítulo!
Guest: te creo y me pone realmente contenta. Eso quiere decir que estoy haciendo algo bien. Y por la madre de Irie... jeje, ya veremos que sucede con ella. Por ahora lo dejo a tu imaginación.
Siempre él
Capítulo 4
...
No entiendo.
―¿Cuándo dimos esto? ―ni siquiera han pasado diez minutos desde que Kotoko se sentó a estudiar y ya siente que cualquier esfuerzo que haga será en vano. No entiende ni lo que no entiende, y eso definitivamente no es una buena señal.
Ahhh, ¿por qué no atendí mejor en clases? Deja caer la cabeza entre sus brazos, mientras un gemido de auxilio sale de sus labios. Lo peor de todo es que ahora no sólo está en juego su nota, sino también su libertad. Si no consigue entrar en la lista de los primeros cincuenta, deberá tener una cita con Irie. ¡No quiero! ¡El único hombre con el que quiero salir es Kin-chan!
―Pero es mi culpa, de todos modos ―se endereza y suspira, sus dedos acariciando inconscientemente las páginas de su libro de matemáticas. ―¿Por qué tuve que decir algo como eso? ¿Qué me está sucediendo? ―es todo culpa de Irie. Él consigue sacar un lado de ella que nunca creyó poseer. Discutir con él le nubla el pensamiento y hace que no pueda ver más allá de ganarle, sin importarle las consecuencias que sus palabras puedan tener en su persona.
Eso le da un poco de miedo.
No pienses más en ello. En este mismo momento debes concentrarte en estudiar. No puede darse el lujo de perder. Definitivamente no tendrá una cita con Irie.
Justo cuando Kotoko cierra los puños con una expresión determinada, y murmura para sí misma 'pelea', alguien toca a la puerta. Se gira hacia esta con un pestañeo de sorpresa.
―Kotoko-chan, soy yo ―escucha la voz de la señora Irie. ― Te traje la cena, ¿puedo pasar?
Al oír esto, Kotoko no puede evitar sonreír. ―Por supuesto, ya le abro.
Noriko sostiene una bandeja con sándwiches, té y dulces. Ambas se sientan en el pequeño sofá de su habitación, Kotoko dando un gran mordisco a uno de los sándwiches ante la insistencia de Noriko de probarlos antes de hablar.
Sus ojos se abren con emoción. ―¡Está delicioso!
Noriko ríe, halagada. ―Gracias Kotoko. Por favor, come cuánto quieras.
―¡Sí!
―Ah, no sabes lo feliz que me hace que estés quedándote en nuestra casa. Ahora finalmente me siento como una madre de verdad ―junta sus manos y suspira ―por supuesto adoro a mis hijos y a mí marido, pero tener a otra mujer con quien compartir es realmente algo maravilloso.
―Ha de ser así ―Kotoko sonríe. Puede comprender la emoción de Noriko. Ella misma ha crecido solamente con su padre, sin ninguna figura femenina, por lo que también le alegra el poder compartir con la otra mujer. De repente, Kotoko pestañea, reparando en las palabras de la señora Irie. ―¿Qué quiere decir con 'sentirse como una madre de verdad'?
―Onii-chan no estudia, por lo que ni siquiera puedo hacerle la cena de esta manera ―dice con cara de decepción. Por poco Kotoko deja caer el sándwich de sus manos al escuchar esto.
―¿¡Él no estudia!? P-Pero… ¡es el estudiante número uno de la escuela!
―Lo sé, es bastante impresionante, ¿no? ―encima lo dice cómo si no fuera la gran cosa.
―¿Qué está haciendo ahora?
―Durmiendo.
¡De verdad es un genio! ¿Cómo más podría estar durmiendo faltando tan poco para los exámenes de mitad de periodo? Una repentina oleada de envidia envuelve a Kotoko al reparar en la diferencia entre los dos. Mientras ella capaz y pueda conseguir el puesto ciento cincuenta si se esfuerza, él, sin siquiera intentarlo, se halla siempre y sin fallo en primer lugar tras cada examinación. No hay forma en la pueda ser capaz de ganarle, y cada vez es más consciente de ello.
Noriko se da cuenta de la cara de Kotoko, y con expresión conspiradora, se acerca de a poco. ―Hey, Kotoko, si tienes problemas con los estudios, ¿por qué no pides a onii-chan que te enseñe?
Kotoko se tensa de inmediato. Pedirle que le enseñe… no es cómo si no lo hubiera pensado antes. El problema recae en la apuesta. No hay forma en la que Irie quiera hacer de tutor para ella sabiendo que sí la deja sola podrá obtener la cita que quiere, así que por supuesto, aunque se lo pida, el no sólo se negará pero lo más seguro es que incluso se burle de ella.
Sin olvidar que tendría que estar a solas con él, ¡y eso es lo último que quiero!
―No creo que quiera ayudarme ―dice bajando la cabeza mientras una gotita de sudor resbala por su frente. La señora Irie cambia su expresión a un gesto triste.
―No digas eso Kotoko-chan. Sé que Naoki puede parecer un poco frío, pero en verdad es un buen chico ―Kotoko ríe incómodamente y con un gesto de la mano resta importancia al asunto. No quiere pensar en Irie en ese momento. ―¡Oh! ¡Cierto! Kotoko-chan, ¿no te importaría tomarte un pequeño descanso?
―Um, bueno… ―ni siquiera ha empezado a estudiar, por lo no es cómo si pudiera tomar un 'descanso'. ―¿Por qué?
Noriko sonríe abiertamente, de una forma que da a Kotoko escalofríos sin entender bien por qué. Sin decir nada más, toma un álbum de fotos que ni siquiera había visto tenía a su lado y se lo muestra. Kotoko pasa las páginas, observando a una linda niña ataviada con vestidos, lazos, moños y demás prendas femeninas que uno pueda imaginar. Su boca se abre en una perfecta 'o' en admiración. La niña es la cosa más bonita que haya visto en su vida.
―Es realmente preciosa ―atina a decir con los ojos fijos en la pequeña. Se pregunta quién es, aunque por un extraño motivo le parece sumamente familiar.
Como si hubiera estado esperando esa reacción, la sonrisa de Noriko se ensancha. Se acerca sigilosamente a Kotoko y se inclina, susurrando en su oído cómo si estuviera compartiendo un secreto. Y de hecho lo está.
―Es onii-chan.
El álbum cae de las manos de Kotoko, quien observa a la señora Irie con ojos como platos.
―N-No es cierto, esto no puede ser, q-quiero decir que… ¡¿Por qué?!
―Verás… ―comienza Noriko con una mano en la mejilla, suspirando melodramáticamente. ―Siempre quise una niña, así que al embarazarme de onii-chan estaba convencidísima de que daría a luz a una. Estuve realmente conmocionada cuando él nació. ―Mientras continúa con su relato, Kotoko recoge el álbum del suelo y lo ojea más rápidamente, encontrando más y más fotografías de Irie vestido como niña. ―No quise comprar ropa nueva, por lo que lo vestí de niña hasta que tuvo edad para quejarse.
―O-Oh, ya veo… ―ríe un poco, porque no sabe qué más hacer. Para ella no tiene mucho sentido el vestir a un niño de niña, por más que la señora Irie haya querido una, pero quién es ella para juzgarla. Noriko deja caer su mano y mira a Kotoko otra vez.
―Hace a uno pensar si no es este el motivo por el que es tan frío. Pero bueno ―recupera su sonrisa cómplice, ―ni siquiera Yuuki sabe de este álbum, por lo que te agradecería si guardaras el secreto. ¿Sí, Kotoko-chan? ―le guiña un ojo al finalizar. Kotoko le sonríe de vuelta y promete que no dirá nada. La conversación rápidamente cambia a otros temas, pero mientras hablan, Kotoko no puede evitar que sus ojos vuelvan a caer sobre el álbum cada tanto.
De repente se le ocurre una idea. Es algo peligrosa, pero es lo mejor que tiene si no quiere que Irie gane su 'apuesta'… además de servir como una perfecta oportunidad para vengarse, por supuesto.
Va llegando la hora del almuerzo, y Kotoko aún no se ha decidido a poner en marcha su plan. No debido a falta de oportunidades de estar a solas con Irie, pues fácilmente podría haberlo emboscado en la mañana, o decírselo mientras caminaban a la escuela juntos en profundo silencio, sino por la inseguridad de lo que vendrá después.
Y es que, aunque consiga que Irie le enseñe, nada garantiza que pueda entrar en la lista de los primeros cincuenta. Peor aún, el que se convierta en su tutor implica que deban pasar varias horas juntos, posiblemente a solas, y eso definitivamente no puede ser bueno para su salud.
Mientras le da vuelta a todas estas posibilidades, la campana del almuerzo suena, logrando que todos los alumnos del tercero F den un suspiro colectivo de alivio. Kotoko abre su maletín, con la mente considerando las opciones que tiene, su mano inconscientemente tanteando en busca de su caja de almuerzo, cuando siente algo extraño. Pestañeando, abre su maletín un poco más y mira dentro. El aire queda atascado en sus pulmones al observar una enorme caja de almuerzo envuelta en una pañoleta azul claro.
¡Ahora entiendo por qué mi maletín se sentía más pesado de lo usual!
―Hey, Kotoko, ¿vienes? ―Jinko pregunta mientras junta su escritorio con el de Satomi. El cuerpo de Kotoko se tensa, pero de inmediato se obliga a sí misma a guardar la compostura. Mucho tuvo que luchar porque Satomi y Jinko dejaran de atosigarla con preguntas respecto a su 'apuesta' con Irie. Lo último que necesita es darles más incentivos para sospechar de ella aún más.
Cerrando su maletín, rápidamente se levanta y voltea, regalándoles una sonrisa que espera sea despreocupada.
―Enseguida, tan sólo necesito hacer algo más, ¿me esperan?
―Ah, claro ―Satomi y Jinko observan mientras Kotoko se dirige a la puerta del salón, llevando su maletín consigo. ―Esto, Kotoko…
―Mi caja de almuerzo se volteó. Debo limpiar ―inventa una excusa rápidamente y sin mirar atrás, sale. Sus amigas se observan por un momento, comunicándose con los ojos. En ese momento Kin-chan se aproxima.
―Oigan chicas, ¿comemos juntos?
―Sigámosla.
―Sí. Ven con nosotros, Kin-chan.
―¿Eh?
Con creciente nerviosismo, Kotoko se aproxima al salón del tercero A, incapaz de ignorar las miradas que los alumnos le dirigen, a sabiendas de su destino. Toma aire repetidas veces, pensando en qué hacer. ¿Debería llamarlo directamente? ¿Pedir a uno de sus compañeros que lo haga por ella? Sabe perfectamente que, después de la escenita de ayer, ir a buscarlo tan sólo servirá para incrementar los rumores en torno a ellos, pero es eso o pasar el resto de la jornada soportando las preguntas que inevitablemente Satomi y Jinko le lanzarán al verla comer de semejante caja de almuerzo. Sin contar lo que dirán los compañeros de Irie cuando lo vean sacar una caja de almuerzo obviamente destinada a una chica.
Aunque él bien podría no almorzar. Pero se quedará con hambre si hace eso…
Sacude la cabeza, sorprendida de sí misma. ¿Por qué le preocupa si pasa o no hambre? Con un gruñido de frustración, da vuelta a la esquina en el momento preciso para chocar contra un fuerte pecho, y una extraña sensación de déjà vu la invade al sentir un par de brazos sujetándola firmemente, evitando que se dé de bruces contra el piso.
―¡Lo siento! ¡Yo no…!
―Sí continúas de esta forma, algún día te lastimarás de verdad ―apenas escucha el sonido de su voz, Kotoko se aleja, zanjando un metro en menos de un segundo. ―Qué velocidad ―ironiza Irie.
Kotoko frunce los labios. ―Eres la única persona con la que me choco.
―¿Debería sentirme halagado?
―¡Por supuesto que no! ¿Qué haces fuera de tu salón?
―Bueno, es la hora del almuerzo, por lo que…
―¡No te hagas el chistoso conmigo! ―Irie deja salir un bufido, finalmente perdiendo la paciencia.
―¿Y tú qué haces aquí? ¿No deberías estar en el otro extremo de la escuela? ¿En el salón de la clase F? ―pregunta con veneno, antes de que sus labios se curven en una sonrisa siniestra. ―¿O acaso me buscabas?
―¡…! ―¡de nuevo lo está haciendo! ¡Volcando la situación a su favor! No importa que tenga razón y eso es justamente lo que estaba haciendo, Kotoko no puede dejar las cosas así. Abre la boca para lanzar una réplica igual de gélida, cuando por fin su cerebro vuelve a funcionar, por un escaso segundo, recordándole los desastrosos resultados que obtiene cada vez que quiere pelearse verbalmente con Irie. Cierra los labios y se cruza de brazos. Al hacerlo, recuerda el motivo por el que lo estaba buscando, y sin decir nada más, se voltea, muy digna. ―Busca tu maletín, necesito decirte algo.
―No necesito buscarlo, lo tengo justo aquí ―aquella aseveración sorprende a Kotoko, quien mira hacia sus manos para comprobar que, efectivamente, lleva su maletín consigo.
Esto quiere decir que él… ¿iba a buscarme? De repente se siente como una idiota. Hubiera esperado a que él la buscara en lugar de salir corriendo de la clase para hacer lo mismo. Después de todo, es él quién está enamorado de ella. Hubiera lucido más factible.
Se muerde el labio inferior, guardándose cualquier comentario o idea, y con un gesto de la cabeza, le indica que la siga. Irie obedece sin mediar palabra, caminando un poco detrás de ella.
Es difícil encontrar un sitio donde no haya gente, y mucho más evadir a los curiosos que parecen seguirlos, ávidos de nuevos chismes sobre la pareja del momento, pero tras caminar por unos buenos veinte minutos en círculos, finalmente pierden de vista a los chismosos, instalándose en la parte trasera del edificio de educación física. Kotoko voltea hacia Irie. En el fondo, está un poco sorprendida el que no haya protestado ni una vez, a pesar de estarle haciendo perder valioso tiempo de almuerzo rodeando el edificio al menos tres veces. Quizás se esté tomando en serio su pedido de no dejar saber a nadie que vive con él.
Al menos sabe cumplir promesas. No que él se lo haya prometido, pero aun así…
―Supongo que sabes lo de la caja de almuerzo ―comienza Irie, sacándola de sus pensamientos. Kotoko se sonroja, preguntándose cuánto tiempo estuvo perdida en su mente.
―S-Sí… ―¿por qué demonios tartamudea? Ha de ser el estrés. ―Tu madre de seguro se ha confundido ―le entrega la caja de almuerzo recibiendo poco después la propia. Irie suspira.
―Realmente… esto sucede porque vamos a la misma escuela. Errores como estos serán difíciles de evitar ―guarda su caja de almuerzo dentro del maletín y la observa, como si estuviera esperando a que diga algo. Kotoko ve una apertura, y sin pensarlo lleva una mano al bolsillo de su camisa.
Sin embargo, se detiene a medio camino, un extraño sentimiento evitando que pueda proseguir. Culpa. ¿Por qué debería sentir culpa de chantajear a Irie? Aunque haya un poco de venganza de por medio, esto es más que nada para poder ganar la apuesta. No es como si estuviera haciendo algo realmente malo… ¿verdad?
Mordiendo sus labios, deja caer su mano y mira a Irie directo a los ojos. ―Quiero que seas mi tutor ―dice directamente. Si se niega, entonces no se sentirá culpable de chan-
―De acuerdo.
Por un segundo lo único que Kotoko puede hacer es mirarlo con los ojos abiertos como platos. ¿Acaso él… de verdad… aceptó…?
―No luzcas tan sorprendida. Sí dije que te ayudaría, ¿no? ―Irie dice con gesto aburrido, enarcando una ceja. Kotoko frunce el ceño ante sus palabras.
―Pensé que… como era una apuesta…
―Lo dije, ¿no es así? No hay nada emocionante en apostar algo que sabes conseguirás sin lugar a dudas ―explica como si fuera la cosa más obvia del mundo. Kotoko continúa sin palabras. ―Escucha, sé que te parece sorprendente, pero de verdad agradecería si al menos cerraras la boca para disimular el que piensas que soy un desalmado que te dejaría sola en esta situación. Aunque bien merecido te lo tendrías, tras montar semejante escena ayer.
Y de nuevo es condescendiente. Por un momento se arrepiente no haber llevado a cabo su plan, pero de inmediato deja esos pensamientos de lado. Mientras tenga la fotografía de Irie vestido de niña, siempre tendrá una ventaja sobre él sin que lo sepa.
Dejando de lado sus ganas de contestarle, levanta la cabeza y se cruza de brazos. ―Entonces, ¿cuándo empezamos?
―Esta noche sería ideal. Faltan apenas unas semanas para los exámenes, y aunque no estoy familiarizado con tu desempeño escolar o hábitos de estudio, prefiero no tomar riesgos. En especial considerando que estás en la clase F.
Kotoko gruñe inconscientemente, sus manos cerrándose en puños a sus costados. ―¿Qué quieres decir con eso?
―Que la lista de los primeros cincuenta ha sido tomada una y otra vez por alumnos de las clases A y B, nunca antes alguien de la clase F ha logrado entrar, por lo que tendremos que esforzarnos si queremos que tengas una oportunidad. ―Dicho esto, se voltea, no sin antes mirarla por sobre el hombro y añadir una última cosa: ―esta noche, en tu habitación.
Las mejillas de Kotoko se encienden, su mente traicionándola y haciendo que sus pensamientos se dirijan de forma poco característica en dirección sur. Por suerte Irie no puede ver su expresión, alejándose rápidamente para aprovechar lo poco que les queda de almuerzo. Es de esta forma que Kotoko sale de su estupor y corre en dirección a su clase, antes de que la hora acabe y deba proseguir sin alimentos por el resto de la jornada escolar.
De repente, y sin siquiera darse cuenta, repara en la forma en la que Irie habló de 'esforzarnos' y no simplemente de 'esforzarse ella'.
―¿Vieron eso? ―escondidos en un edificio cercano, observando a través de una ventana, Satomi, Jinko y Kin-chan se encuentran observando la escena entre Kotoko e Irie desde una distancia prudente. Jinko, quien fue la que hizo la pregunta, mira a los otros dos con asombro.
Satomi frunce los labios pensativamente. ―Aquí hay gato encerrado.
―No veo nada fuera de lo normal, después de todo, ¿no está Irie enamorado de Kotoko? ―Kin-chan trata de decir con indiferencia, pero se nota a leguas que es el más curioso de todos. ¿A quién no le gusta un buen chisme, después de todo?
―Kin-chan, ¿no te das cuenta? ¡Se buscaban para estar juntos! ―Satomi exclama. Los ojos del chico se abren en comprensión.
―¡Oh!
―¿Será que Kotoko está comenzando a aflojar?
―Es muy temprano para decirlo, sin embargo, por la forma en que se sonrojó, yo diría que hay muchas probabilidades de que suceda en un futuro cercano.
―¿Qué deberíamos hacer para ayudarla? ―las dos chicas voltean a ver a Kin-chan con rostros de incredulidad. ―¿Qué?
―¿Te das cuenta que estás siendo muy insensible al decir eso?
―¡Hey! Kotoko es mi amiga, yo también quiero que sea feliz.
―¿No te molesta ni un poco?
―No ―inclina la cabeza, sus ojos sinceros. Satomi y Jinko suspiran.
―Por el momento digo que lo dejemos estar. Ambos parecen estar llevándose bien por ahora ―Satomi comenta. Jinko asiente en acuerdo.
―Sí, no olvidemos que también están estudiando juntos. Eso los hará pasar más tiempo el uno con el otro.
―Ah, realmente es una suertuda esa Kotoko. Mira que tener a semejante hombre enamorado de ti…
―Y que además te ayude con los estudios…
―Oh vamos, no es tan impresionante ―Kin-chan frunce un poco el ceño, ―cualquiera puede estudiar y sacar buenas notas.
―Excepto nosotros.
―Por un motivo estamos en la clase F.
―Chicas, me van a hacer llorar.
―No te pongas así Kin-chan, casi parece como si tuvieras celos ―lo molesta Satomi. Kinnosuke abre la boca con sorpresa, su rostro sonrojándose con indignación.
―¿Celos de ese nerd? ¡En sus sueños!
―¿Entonces por qué…?
―¡Ah! ¡Se han ido! ―exclama Jinko con su aguda voz, llamando de inmediato la atención de ambos, quienes voltean para ver que, efectivamente, tanto Kotoko como Irie han desaparecido.
Rápidamente se levantan y corren en dirección al salón, esperando encontrar a Kotoko allí para al fin sonsacarle algunas respuestas. Tras las chicas, Kin-chan las sigue con la cabeza en las nubes, pensando en lo que dijo Satomi.
No está celoso, es sólo…
Raro.
Esa misma noche, en su habitación, Kotoko debe recordarse cada cinco segundos que está haciendo esto por su propio bien, para evitar más momentos cómo este con Irie. Este se encuentra sentado a su lado en el piso, preparando unos cuántos ejercicios de matemáticas mientras se apoya en la mesa baja que la señora Irie amablemente subió para ellos.
Al principio, Kotoko tenía toda la intención de estudiar en la sala de estar, acompañados del resto de la familia para no quedarse a solas con Irie, sin embargo, sus planes habían sido frustrados no sólo por el mismo Irie, quien había alegado tan sólo se distraería si permanecían allí, sino también por la señora Irie, quien insistió en que estudiasen en su habitación, dónde tendrían más privacidad y no deberían preocuparse sí se quedaban estudiando hasta tarde.
Era justamente privacidad lo que Kotoko no quería. Más allá de eso, le era extraño el comportamiento de la señora Irie. Aunque fuera su hijo, ¿no le preocupaba el dejar solos a un chico y una chica adolescentes en su habitación?
Tampoco podían usar la habitación de Irie, pues la compartía con Yuuki, quien además, había pedido a su hermano que lo ayudara también, tan sólo para ser negado diciendo que este no necesitaba de su ayuda cómo lo hacía Kotoko.
Así fue cómo, para mala fortuna de Kotoko, las condiciones se habían dado para terminar a solas con el muchacho. Y eso la ponía sumamente nerviosa.
―Ya está ―su grave voz interrumpe los pensamientos de Kotoko, quien de inmediato voltea a verlo con aprehensión. ―Deberías ser capaz de obtener ochenta puntos si resuelves estos ―le entrega un cuaderno lleno de símbolos y números que más que problemas matemáticos parecen un código secreto. Kotoko traga saliva con fuerza, apretando el cuaderno mientras lo observa con ojos grandes y asustados.
―E-Esto…
―¿Sucede algo? ―pregunta con ligera preocupación. Kotoko de inmediato sacude la cabeza. ―Analicé los problemas que nos han dado en clase e intenté calcular el grado de dificultad y los posibles temas que saldrán en el examen. Si hay algo que no entiendes, no dudes en preguntar.
―C-Claro… ―no hay forma en la que pueda decir algo. Mira de nuevo el cuaderno y se concentra en los problemas. Apenas empieza a leer uno, la cabeza le da vueltas. ¿De verdad hemos dado algo como esto? ¿Por qué no soy capaz de recordar absolutamente nada?
Por un buen tiempo, más que resolver Kotoko garabatea en el papel, prefiriendo tantear los resultados antes que pedir ayuda a Irie. Sabe que su comportamiento es contraproducente, en especial después de haberle pedido que sea su tutor, pero hay algo en su interior que le impide decirle que no es capaz de entender ni siquiera estos simples problemas.
Cerca de una hora pasa así.
―Aihara ―la chica salta en su lugar ligeramente al sentirlo tan cerca. Sin pensarlo se aleja, mirándolo con ojos en rendijas. Irie no presta atención a esto, en lugar de eso arrebatándole el cuaderno antes de que se dé cuenta. ―¿Cuánto tiempo más vas a estar…? ―se calla.
Diez segundos después lanza el cuaderno sobre la mesa y la mira con enojo.
―Ah, bueno… ―Kotoko ríe un poco avergonzada. ―¿M-Me ayudas?
―Sí no lo entendías, hubieras dicho algo desde el principio, en lugar de hacernos perder el tiempo de esta forma ―la regaña volviendo a tomar el cuaderno. Kotoko frunce el ceño, ofendida ante su tono.
―No hace falta que me hables de esa forma. Además, no deberías enojarte por hacerte perder el tiempo, no es cómo si lo utilizaras para estudiar ―dice de mala manera. El ceño de Irie se frunce aún más.
―No, yo no necesito tiempo, lo necesitas tú ―le devuelve antes de volver su atención al cuaderno. Kotoko se muerde la lengua. Una vez más, el genio la ha dejado con la palabra en la boca. ―En el examen dan puntos no sólo por el resultado sino también por la elaboración. No sólo no has podido resolverlo, pero de alguna forma conseguiste crear tu propia fórmula. Esto es… impresionante, de cierto modo ―comenta al final con verdadero asombro.
Por algún motivo esto hace las mejillas de Kotoko arder.
―No tengo idea de cómo resolver esto ―dice con honestidad. Irie voltea a verla, impasible. ―Si soy sincera, no puedo recordar haber dado nada de esto en los últimos tres años. Así que… ―alentándose mentalmente, se obliga a pronunciar las siguientes palabras ―así que… por favor, ¿podrías enseñarme desde el principio?
Él no dice nada, y por un segundo Kotoko siente la necesidad de golpearlo, pero finalmente suspira, y volteando la página del cuaderno para tener un lienzo en blanco, hace un gesto para que se acerque. Ella así lo hace, pero con un poco de aprehensión.
―Planeaba hacer eso de todos modos. Ahora, escucha con atención… ―a partir de ese momento, Kotoko deja de lado cualquier pensamiento que pueda estorbarle y se concentra, atendiendo cada una de las palabras de Irie. Habla con fluidez, dominando el tema y logrando que se quede completamente asombrada, pues no sólo es capaz de explicar los temas de tercer año sin siquiera pestañear, sino también los de segundo e inclusive los de primero, tal y cómo si los hubiera dado tan solo ayer. ―¿Entiendes?
Kotoko asiente, volviendo a tomar lápiz y borrador. Irie deja que resuelva los ejercicios sola, pero antes de que pueda siquiera posar la punta del lápiz sobre el papel, mira a Irie con la boca abierta.
―Eres impresionante ―le dice. Para su ligera sorpresa, Irie se sonroja. Mira hacia otro lado, refunfuñando algo entre dientes. ―El que seas capaz de recordar todo esto con tanta facilidad, ¿cómo lo haces?
―¿No es normal recordar las cosas después de haberlas leído o escuchado una vez? ―pregunta él a su vez, ocultando su sonrojo al agachar la cabeza entre sus brazos. Su respuesta hace que a Kotoko le dé un tic en el ojo.
¿En qué planeta es normal eso? No es sorprendente que pueda pasar todos los exámenes sin estudiar. De verdad es un genio. Sin volver a prestar atención a su sonrojado rostro, Kotoko comienza a resolver los ejercicios. No es consciente del modo en que Irie mueve un poco la cabeza para observarla, su rostro concentrado y sus cejas un tanto fruncidas.
Continúa mirándola hasta que esta baja nuevamente el lápiz.
―He resuelto el primero. ¿Podrías revisarlo? ―él asiente, acercándose nuevamente.
―Correcto ―dice con un asentimiento. Kotoko sonríe con alegría, causando que él también sonría.
El disparador de una cámara se escucha en ese momento.
―Ara, lamento interrumpirlos ―la señora Irie sujeta una cámara en sus manos, mientras con la otra se cubre la boca en un falso gesto de modestia. ―Es que se veían tan bien estudiando juntos. Ni siquiera se dieron cuenta que entré a dejarles la cena ―señala con la cabeza a la cómoda al lado de la puerta, sobre la que se encuentra una bandeja con una tetera y sándwiches.
―Madre ―las cejas de Irie comienzan a crisparse. Kotoko, mientras tanto, mira a la mesa con las manos en puños. ―Por favor, no digas tonterías.
Por una vez Kotoko está de acuerdo con él. ¿Qué se ven bien juntos? Sí, claro.
―Oh, no te pongas así onii-chan. Ustedes dos deberían casarse.
―¡Por supuesto que no! ―los dos gritan al mismo tiempo, sorprendiendo a la mujer quien abre los ojos como platos.
―Bueno ―ríe un poco nerviosa. ―Tampoco es para reaccionar así. De todos modos, aquí les dejo la cena ―y con un gesto de la mano, desaparece.
Kotoko e Irie respiran agitadamente, la primera temblando ligeramente mientras el segundo se encuentra soportando su peso con las manos. Irie levanta la cabeza y observa a Kotoko. En el momento en que sus ojos se encuentran, las palabras de Noriko vuelven a resonar en sus mentes, causando que ambos desvíen sus miradas, y el rubor crezca en sus mejillas.
―C-Continuemos ―Irie dice, fingiendo tranquilidad. Kotoko asiente.
―S-Sí… ―se muerde los labios y maldice internamente. ¿Por qué se siente tan acalorada de repente? Ha de ser el estrés, jugando con su cabeza y haciendo a su corazón palpitar por algo tan ridículo.
―Dinos la verdad Kotoko. ¿Estás empezando a sentir algo por Irie?
Ante aquella pregunta, Kotoko normalmente se sonrojaría de enojo y gritaría a Jinko que dejara de decir tonterías, pero en lugar de eso, lentamente levanta la cabeza para mirarla con cansancio. Tiene ojeras bajo sus ojos y sus movimientos son un poco más pausados de lo usual.
Niega con la cabeza mientras reprime un bostezo. ―¿Por qué dices eso?
―Estás muy cansada. Haz de estar estudiando mucho ―Satomi interviene, parándose frente a su pupitre con las manos en las caderas. Kotoko se encoge de hombros.
―Debo ganar a como dé lugar.
―¿No es un tanto irónico? Pasas mucho tiempo estudiando con Irie justamente para evitar salir con él.
―Exactamente. Para este momento, de seguro te has percatado que, quieras o no, él ya está consiguiendo su objetivo: pasar tiempo contigo a solas.
―Y mucho más que sí simplemente fueran en una cita.
―No es lo mismo ―Kotoko hace un puchero, sin poder explicarles el por qué. En primer lugar la apuesta ha sido culpa suya. De algún modo debe salir de ese embrollo en el que ella misma se metió. En segundo lugar, no están realmente solos. Aunque nadie los interrumpe, a excepción de la señora Irie cuando les lleva la cena, siempre hay gente en casa y no necesariamente se siente atrapada estando con él en su habitación. De cualquier modo, al vivir juntos, deben convivir diariamente sin que ella pueda hacer nada al respecto.
Pero esto sus amigas no lo saben, por lo que no es de extrañar que llegaran a aquella, bastante lógica, conclusión.
―Puedes decir lo que quieras Kotoko, pero en el fondo debes estar consciente de que pasar tanto tiempo con el genio puede llegar a cambiar tus sentimientos ―Satomi dice con un guiño travieso. Kotoko infla las mejillas con molestia.
―No ―es lo único que dice, pues sabe ya a estas alturas que nada de lo que diga logrará hacer cambiar de parecer a sus amigas. Recoge sus cosas y se levanta, murmurando que irá a la biblioteca pues Irie la espera, ignorando las risillas de estas mientras se va.
En un rincón, Kinnosuke observa a su figura desaparecer en el pasillo. Satomi se da cuenta de la mirada que el chico de Kansai dirige a su amiga, pero decide no decir nada.
Muchas cosas están cambiando. Quiere esperar a que pase más tiempo antes de actuar.
―Correcto ―vuelve a decir Irie. Kotoko suspira, dejando caer la cabeza entre sus brazos.
―Estoy muerta ―gime, cerrando los ojos. Irie sonríe, aprovechando que no lo está mirando, y comienza a escribir, creando nuevos ejercicios para ella.
―Te estás esforzando bastante, así que era de esperarse. Pero al menos estás teniendo buenos resultados ―Kotoko levanta una ceja, pero no lo mira, en lugar prefiriendo el cómodo rinconcito entre sus brazos.
Es… extraño. Al principio se había esperado muchas cosas de estudiar con Irie. Había esperado que fuera impaciente, que se burlara de ella por no comprender las cosas de una, o la tratara de tonta. Aunque esto último sucede bastante a menudo, por todo lo demás, Irie había demostrado ser un muy buen tutor, paciente y capaz de hacerle comprender incluso las cosas más difíciles. Estaba realmente sorprendida. Por primera vez, Irie se estaba comportando cómo se esperaría de alguien enamorado, pero había algo que no le cuadraba a Kotoko en su comportamiento.
―¿Por qué estás tan feliz? ¿No deberías estarte lamentando enseñarme? Si entro en la lista de los primeros cincuenta, no obtendrás tu cita ―no puede evitar decirlo, moviendo la cabeza tan sólo lo suficiente para observarlo con el ceño fruncido.
Irie deja de escribir, mirándola con las cejas en alto, claramente sorprendido. ―¿Por qué debería? Sólo un tonto se sentiría feliz cuando la persona que le gusta falla. ―Kotoko se sonroja, y esto lo nota el muchacho, quien sabiamente decide no comentarlo. ―Sí logras entrar en la lista, me sentiría muy feliz por ti, más aun sabiendo que es gracias a mí ayuda que lo conseguiste. Además ―su sonrisa se agranda un poco, tan sólo una ligera elevación de los labios, puesto que no es muy expresivo ―esto me ha permitido pasar más tiempo contigo.
Las manos de Kotoko se cierran en puños. De nuevo esto. No puede evitarlo, la curiosidad la está matando. Sin pensarlo, se sienta derecha y lo mira con las cejas arqueadas. Irie le devuelve la mirada, manteniéndosela cómo si estuvieran desafiándose mutuamente. Después de un tiempo, por fin la pelirroja abre la boca.
―No lo entiendo. ¿Por qué yo? ―Irie frunce el ceño, por lo que se apresura a explicar. ―Hay muchas otras chicas en nuestro instituto, más inteligentes, bonitas… ―se sonroja un poco al estar hablando de esa forma, con la implicación de que ella no es ni inteligente ni bonita ―y sin embargo, te gusto yo. Nunca antes hemos hablado, y para ser sincera, ni siquiera estaba al tanto de que supieras de mí existencia. No logro comprenderlo. ¿Por qué te gusto?
Lo mira fijamente, esperando. Irie aprieta la mandíbula, evitando sus ojos mientras sus mejillas se colorean ligeramente. Su ceño está fruncido, como si estuviera… ¿conteniéndose? Aunque no luce enojado, tan sólo frustrado.
Finalmente, deja salir todo el aire de sus pulmones en una larga exhalación, antes de enfrentarla en lo que Kotoko tan sólo puede interpretar cómo determinación.
―No lo sé ―Kotoko pestañea, no habiendo esperado esa respuesta. ―Tienes razón, no eres inteligente, y tu rostro no es nada fuera de este mundo. Tú cuerpo no es mucho mejor, sin tomar en consideración que eres torpe, ruidosa, y por demás prejuiciosa. No tengo ni la menor idea de porqué estoy enamorado de ti, cuando podría tener fácilmente a cualquier mujer que me propusiera, una que sí fuera digna de mí. De verdad, tengo un gusto realmente horrible para las mujeres.
―¡Hey! ―Kotoko se levanta, su cuerpo temblando de ira mientras lo mira desde su altura con odio. ―¿Cómo te atreves a decir algo cómo eso? ¡De verdad, tienes agallas para insultar de ese modo a la chica que te gusta! ¡Ve a buscar una chica digna de ti entonces, así me dejas tranquila de una buena vez!
―¿Para qué? ¿Crees que alejándome tendrás más posibilidades con Ikezawa? ―los ojos de él se cierran en rendijas, pero no se levanta, en lugar de eso devolviéndole la mirada de odio con una de frustración. ―Sí en estos tres años no se ha fijado en ti, ¿crees que lo hará ahora?
―¡Esto no tiene nada que ver con Kin-chan! ―grita ella. Irie se levanta de pronto y le cubre la boca con una mano. Kotoko intenta zafarse, consiguiéndolo al poco tiempo, y cuando vuelve a hablar, esta vez lo hace en voz más baja. ―¡Sí tú tienes mal gusto para las mujeres, entonces cualquier chica que se enamore de ti debe estar completamente loca! Ni siquiera eres capaz de tratar bien a la chica que te gusta, ¿cómo tratarías a una desconocida? ¡Te la pasas haciéndome de menos, burlándote de mí y…!
―¡Tú no eres mucho mejor! ―Irie la interrumpe en tono fuerte, pero sin llegar a gritar. La potencia de su voz consigue callar a Kotoko momentáneamente. ―¿De verdad crees que quiero tratarte de esa manera? ¿Qué me divierte pelear contigo? Dime esto Aihara, tan sólo dime una vez en la que te haya tratado mal sin que hayas sido tú la que empezara.
―¡Pues…! ―intenta decir algo para defenderse, pero termina con las manos vacías al darse cuenta de que Irie tiene razón. No puede recordar, por más que lo intenta, un momento dónde haya sido él el primero en burlarse de ella. Sintiéndose impotente, se muerde la lengua y aprieta los puños. Vuelve a mirar a Irie, quien la observa con los brazos a los costados, apretando los puños tal y como lo está ella.
Finalmente, tras lo que parece una eternidad, Irie suspira, llevando una mano a su cabello y alborotando los mechones castaños con cansancio. ―Tan sólo… olvidemos esto. Quizás deberíamos terminar la sesión de estudio por hoy.
Ante esto, Kotoko levanta la cabeza y lo mira con ojos como platos. ―¿Qué? N-No podemos, falta tan poco y… ―cierra la boca cuando Irie voltea a verla. Su rostro de nuevo es una máscara, no dejando entrever nada de lo que siente. Kotoko se muerde los labios, desviando la mirada hacia el piso. Puede entender que esté enojado, y desde su punto de vista, tiene sentido que haya dicho todo eso sobre ella considerando la forma en la que lo ha estado tratando hasta ese momento.
Haciéndolo de menos. Intentando humillarlo. Esperando siempre lo peor de él.
Sí alguien me hiciera eso, si la persona que quiero me hiciera eso… ¿cómo me sentiría? Si Kin-chan por algún motivo se volviera frío y comenzara a despreciarla, probablemente no sería capaz de soportarlo. Odiaba pensar esto, pero Irie tenía razón. No estaba siendo para nada justa con él. Desde el momento en que se le confesó, lo único que había hecho había sido menospreciarlo.
Pero aunque sabía esto, no encontraba fuerzas en sí para disculparse. Esta no era ella. ¿Por qué Irie despierta esto en mí interior? ¿Por qué haces que me comporte de esta manera?
No lo entendía.
―Te dejaré sola ―Kotoko jadea, viendo cómo se dirige a su puerta. Sin pensarlo, lo toma de la manga de la camisa. Irie se detiene, mirándola con ojos como platos. ―¿Aihara…?
―Kotoko ―traga saliva con fuerza al ver cómo los ojos del chico se abren aún más por la sorpresa. No puede disculparse, pero espera que Irie sea lo suficientemente inteligente cómo para comprender lo que no puede decir con palabras. ―Puedes llamarme Kotoko… y… no te vayas.
El silencio reina en su habitación por un largo rato. Kotoko no soporta los ojos de Irie sobre ella, por lo que baja la mirada, apenada, aunque sin soltar su manga. Tras un largo minuto, oye a Irie gemir algo bajo su respiración. Cuando levanta los ojos, ve que con su otra mano cubre su rostro, mientras un sonrojo se extiende por toda su cara.
―¿Por qué… tienes que hacerme esto…? ―Kotoko inclina la cabeza a un costado. Su corazón comienza a latir desenfrenadamente sin su permiso. Nunca antes… a un chico…
Nunca antes un chico había hecho una expresión así por mí… Sus ojos brillan, aunque sea por la novedad. Irie suspira, sacándola de sus ensoñaciones, y lentamente posa sus ojos sobre ella. Sin saber por qué, suelta su manga de inmediato.
La mirada de Irie permanece en el lugar dónde sus dedos tocaron su camisa por un instante, antes de volverla hacia ella. ―Me quedaré ―dice, y se sienta. Kotoko está sorprendida. Realmente creyó por un segundo que se iría. ―¿No vienes, Kotoko?
Y es ahí cuando se percata de que se ha quedado en medio de la habitación, mirando al vacío y pensando. Se apresura a sentarse al lado de Irie, quien continúa enseñándole, pretendiendo tal y como ella que la discusión nunca sucedió.
Aunque ambos la tienen muy presente.
Ninguno se había dado cuenta de que, en medio de la confusión y, preocupada por tanto ruido, la señora Irie había abierto la puerta justo a tiempo para capturar con su cámara el momento en que Kotoko pidió a su hijo que la llame por su nombre.
El día de los exámenes por fin había llegado. En la entrada de la casa, la señora Irie da un sobre a Kotoko mientras le guiña un ojo.
―Para que tengas suerte ―le dice con una sonrisa cómplice. Kotoko acepta el sobre con una sonrisa y un asentimiento. Un poco más adelante, Irie la espera con una mano en el bolsillo, la otra sujetando su maletín.
―Llegaremos tarde ―dice en voz alta, dándose media vuelta. ―De verdad, esto no es un examen de ingreso.
―Onii-chan ―lo reprende su madre. Kotoko no puede más que reír levemente. Sabe que, aunque diga eso, probablemente él está tan o más nervioso que ella.
No dejaré que nuestras horas de estudio sean en vano.
La había ayudado mucho, a pesar de que no tenía por qué, a pesar de que no se lo hubiera reprochado sí se negaba, pues no era su problema y además hubiera ganado más si la dejaba estar. Y ella apreciaba eso.
Cuando llegan al instituto, Kotoko aún se debate entre agradecerle o no. No sólo por enseñarle, sino por todo lo demás. Por haberse quedado cuando se lo había pedido. Por haberla estado soportando aún en sus peores momentos. Por todo eso, él se merece una recompensa.
Por tanto, justo antes de que entre a su salón, al pasar a su lado, habla.
―Irie-kun ―el aludido voltea a verla, con los ojos abiertos como platos. Kotoko no puede evitar sonrojarse, después de todo, aunque no hay mucha diferencia, cambiar el honorifico que usa con su nombre, de un 'san' a un 'kun', es un paso grande para ella. ―Gracias.
Y sin decir nada más, se aleja, dejando al muchacho una vez más siguiéndola con los ojos, sin poder decir nada debido a la sorpresa, hasta que su figura desaparece en una esquina.
Y él deseaba poder haberle dicho 'ánimo'.
Una vez más, en menos de un mes, Kotoko Aihara es el centro de los rumores.
Pero esta vez, por una razón mucho más alegre.
―¿Cómo lo consiguió?
―Definitivamente Irie-san puede hacer milagros.
―Me siento engañado, yo quería verlos tener una cita.
―¿Qué, acaso planeabas seguirlos?
Digan lo que quieran, hoy nada puede ponerme de mal humor. Kotoko camina con paso ligero, prácticamente dando pequeños saltitos mientras va rumbo a su clase. Ese día, una semana después de haber terminado los exámenes de mitad de periodo, los resultados habían sido colgados en el mural de la escuela, y, para sorpresa de todos, Kotoko había ingresado en la lista de los primeros cincuenta.
En el puesto cincuenta.
Apenas sí lo había conseguido.
Pero lo había hecho.
―Aquí llega nuestra genio ―sus amigas la reciben con entusiasmo. Toda la clase F, a decir verdad, quienes celebran cómo si hubieran sido ellos los que ingresaran en la lista. Kotoko ríe con timidez, aceptando las felicitaciones de sus compañeros con una sonrisa.
―¡Esto es asombroso!
―¡Irie-san es de verdad un genio!
Aunque eso no quitaba que la mayoría atribuía su éxito a Irie-kun. Bueno, piensa Kotoko mientras se encoge de hombros, en cierto sentido tienen razón, aunque no deberían olvidar que quien tuvo que estudiar fui yo.
―¡Felicidades Kotoko! ―un brazo la envuelve por los hombros, causando que a la chica casi le dé un paro cardiaco. ―¿Qué dices si te invito a comer algo para celebrar, eh? ―pregunta Kin-chan con una sonrisa. El rostro de Kotoko se ilumina, pero antes de que pueda asentir, recuerda que tiene algo más importante que hacer antes de eso.
Con todo el dolor del alma, niega con la cabeza. ―Me encantaría pero… esta tarde debo hacer algo con urgencia.
―Oh ―Kin-chan pestañea, mirando hacia el piso. ―Bueno ―pero rápidamente recupera su sonrisa. Le da un pulgar arriba. ―No te preocupes Kotoko. La oferta sigue en pie, así que podremos hacerlo mañana… sí te parece bien ―añade un poco más tímido. Kotoko vuelve a sonreír.
―¡Por supuesto! ¡No puedo esperar a mañana!
Kin-chan le devuelve una radiante sonrisa. Cuando voltea para ir con sus amigos, Satomi y Jinko se acercan. Kotoko no puede ver la forma en la que estas intercambian una mirada especulativa.
―Entonces Kotoko ―Satomi dice, posando sus manos en sus caderas ―¿qué tienes que hacer después de clases que sea tan importante como para rechazar a Kin-chan?
―Podría ser… ―Jinko sonríe astutamente, inclinándose para susurrar cerca de su oído ―¿una cita con Irie?
―¡¿Qué?! Oh, no, ¡no! ―Kotoko niega con la cabeza y las manos, dando un paso hacia atrás. ―Nada de eso. Es que mi padre y yo iremos a ver unas cuantas casas hoy, y para eso se ha tomado el día libre del trabajo. No puede ser otro día.
Al decir esto, las caras de sus amigas decaen. ―Oh…
―Ustedes saben que el punto de todo esto era evitar tener una cita con Irie-kun, ¿no?
―Sí, lo sabemos, pero… ―Satomi pestañea, dándose cuenta de algo al mismo tiempo que Jinko. ―Espera un segundo, ¿acabas de decir…?
―¿Irie-kun? ―Jinko completa. Kotoko siente ganas de golpearse. Riendo nerviosamente, comienza a guardar sus cosas apresuradamente, intentando ignorar las miradas inquisitivas de sus amigas.
―¿Cómo dicen? ¡Por supuesto que no! Vaya chicas, todavía deben estar con la cabeza en las nubes por los exámenes…
―Los exámenes terminaron hace una semana.
―¡Y vaya que tuvieron efecto! ―toma un cuaderno y lo guarda bruscamente en su maletín. Debido a esta acción, el sobre que la señora Irie le dio cae al piso. Satomi lo recoge.
―¿Y esto?
―Ah, es un amuleto de la suerte. La esposa del amigo de mi papá me lo dio cuando escuchó que tendría exámenes ―explica, extendiendo la mano para que Satomi se lo dé. En lugar de hacer eso, la chica abre el sobre sin preguntar, ante la gran sorpresa de Kotoko. ―¡Hey, Satomi!
―Vamos, tan sólo déjanos echar un vistazo ―dice esta, haciéndose la inocente.
―Exacto, sabemos que lograste alcanzar el puesto cincuenta gracias a Irie, pero todos sabemos que algo más debió haber para que… pudieras… ―Jinko para de hablar repentinamente, sus ojos muy abiertos mirando lo que Satomi sacó del sobre, al igual que la rubia. Kotoko pestañea.
―Oigan chicas, ¿qué están…? ―toma lo que sujeta Satomi, y en un instante los colores abandonan su rostro.
Lo que sujeta es una fotografía. Se ve a sí misma mirando hacia arriba, rostro sonrojado y ojos húmedos mientras sujeta la manga de Irie, quien a su vez la mira con los ojos abiertos de par en par, el rostro tan ruborizado que hasta sus orejas se hallan pintadas.
Hay un segundo de silencio, antes de que Satomi y Jinko empiecen a gritar.
Ah, qué día tan agotador… Kotoko piensa mientras se deja caer en su cama. En el lapso de tres horas, había conseguido ver tan sólo dos casas con su padre. Para Kotoko, cualquiera de las dos hubiera sido perfecta para mudarse, después de todo, tan sólo eran su padre y ella, pero para Shigeo, ninguna cumplía los requerimientos que él esperaba en una casa.
Eran muy grandes, o demasiado occidentales, o la madera chirriaba ―era gracioso ver cómo, tras el terremoto que había destruido su casa, ahora prestaba atención a esas cosas― o el baño miraba hacia el sur cuando tenía que mirar hacia el norte…
Al final, habían dejado a los vendedores con un 'volveremos', pero bien sabía Kotoko que, sí de su padre dependiera, él mismo empezaría a construir una nueva casa desde cero. Es más, tenía el creciente miedo de que ese fuera realmente el caso, y tan sólo estuviera acompañándola a mirar casas nuevas ante su insistencia de que hicieran algo para empezar a mudarse de la casa de los Irie cuánto antes, mientras en secreto compraba nuevos materiales de construcción.
Tenía la sospecha de que a su padre no le importaría quedarse en esa casa hasta su graduación.
Justo mientras se daba vuelta, enterrando el rostro en su almohada y pensando en cómo le hubiera gustado salir a comer con Kin-chan, alguien toca a su puerta, sacándola de sus ensoñaciones.
―Adelante ―dice aun con la cabeza en la almohada, por lo que su voz se oye un tanto apagada. De seguro es la señora Irie, para avisarle que la cena está lista.
―Pensé que te gustaría algo caliente ―Kotoko abre los ojos con sorpresa, su cuerpo saltando involuntariamente hasta sentarse al oír la voz de Irie. Este se haya en su puerta, sosteniendo una taza de té en sus manos. La mira con una ceja levantada al reparar en el rubor de sus mejillas, y sus ojos grandes y expresivos. Sin poder evitarlo, mira al piso, sintiendo un tirón en el pecho al observarla de esa forma. ―¿Puedo pasar? ―vuelve a preguntar, percatándose de que a lo mejor no era a él a quien había dado permiso de entrar.
Kotoko pestañea y sacude la cabeza para aclarar su mente. No entiende por qué, pero últimamente Irie consigue perturbarla de una manera que le es difícil comprender. No es cómo antes, cuándo temía lo que pudiera hacerle a sabiendas de que le gustaba y vivían en la misma casa. Ahora le perturba lo que su simple presencia puede hacerle pensar… y sentir.
Mejor no seguir por ese camino. ―Tranquilo, puedes pasar ―mira a la taza, al vapor emanando de esta. ―La verdad sí me gustaría algo caliente.
Irie sonríe imperceptiblemente y entra. Le ofrece la taza que ella acepta antes de sentarse en el escritorio. Kotoko bebe, cerrando los ojos con tranquilidad. Definitivamente necesitaba esto.
―Felicidades ―dice él de repente, haciendo que abra los ojos. La está mirando, consiguiendo que se ponga nerviosa. ―Lo conseguiste.
―S-Sí, gracias a ti… ―contesta, volviendo a llevar la taza a sus labios. Vaya, no se había percatado antes, pero es cierto que, a pesar de haberle ayudado a llegar al puesto cincuenta, no se le había pasado por la mente buscarlo para agradecerle… ni asegurarse de que haberle enseñado no había afectado su promedio. Maldición ―F-Felicidades a ti también. Puntaje perfecto… ―tantea.
Irie se encoge de hombros. ―Por supuesto. Nunca antes había estudiado tanto en mi vida ―Kotoko suspira internamente con alivio. ―Buen trabajo adivinando ―añade, consiguiendo que el rostro de la chica se encienda de la vergüenza. ―Sé muy bien que realmente no te interesa sí consigo el primer puesto o no.
―¡Eso no es cie!-perdón ―dice cabizbaja. Irie niega con la cabeza, en un intento de tranquilizarla.
―No te preocupes, no es cómo sí a mí me importara realmente ―ante esto, Kotoko lo mira con incredulidad. Al menos algo le ha de importar, ¿no? ―Bueno, mejor te dejo. La cena estará lista dentro de cinco minutos ―se dirige hacia la puerta, dejando a Kotoko un poco sorprendida. ¿Vino solo para dejarle el té y felicitarla? Vaya que es… ¿dulce?
En ese momento recuerda que hay algo más que quiere decirle. Sin pensarlo lo llama, logrando que se detenga con la mano en la perilla. Debe contarle que Satomi y Jinko descubrieron que viven juntos. Por más que la chica intentó desviar su atención o inventar excusas, no hubo forma de reparar el daño. Sus amigas ahora conocían su más grande secreto. El hecho de que había logrado hacerles prometer que mantuvieran el secreto hacía poco para tranquilizarla, pero para ella, lo más importante era que Kin-chan no lo descubriera.
De todos modos sentía que debía contárselo a Irie, para que anduviera con más cuidado cuando estuviera en presencia de Satomi y Jinko. Pero justo mientras abre la boca, la voz de la señora Irie resuena desde la planta baja, avisándoles que es hora de cenar. Las palabras quedan atrapadas en su lengua, al mismo tiempo que Irie suspira cansado.
―¿No eran cinco minutos? Sí lo hubiera sabido habría traído el té más tarde ―dice casi para sí mismo. Voltea hacia Kotoko y le hace un gesto con la cabeza. ―¿Vamos?
―Oh, sí, claro ―deja la taza en la mesita de luz y se levanta. Irie espera por ella en la puerta y juntos emprenden camino hacia el comedor.
―Por cierto, ¿qué querías decirme? ―pregunta el chico cuando están descendiendo las escaleras. Kotoko piensa por un segundo. Se replantea si es buena idea decírselo después de todo. La única que manifestó deseo de mantener la cohabitación entre ellos en secreto fue ella, y además, no es cómo si Irie hablara con o se desenvolviera en los mismos grupos que Satomi y Jinko.
Con una sonrisa, niega con la cabeza. ―Tan sólo gracias por el té.
Irie se sonroja de nuevo. Kotoko piensa que podría acostumbrarse a eso.
Al día siguiente, Kotoko comienza a pensar que debe acostumbrarse a ser el centro de atención.
―¿Viven juntos?
―¡No puedo creerlo!
―¿Pero no es un poco temprano para eso?
―Las cosas sí que avanzan rápido entre ellos.
Satomi y Jinko, prepárense para morir. Kotoko avanza con pasos firmes pero letales hacia el jardín exterior, dónde vio salir huyendo a sus dos amigas tras enterarse que ésta iba tras sus cabezas.
Después de pedirles fervientemente mantener en secreto que vive con Irie, ¿por qué demonios hicieron eso? ¿En qué estaban pensando para publicarlo en el boletín escolar? Ahora todo el instituto lo sabe, y no pasará mucho tiempo para que…
―¡Kotoko! ―la voz que menos quiere escuchar la llama. Se detiene involuntariamente, incapaz de ignorar al dueño de aquella voz. ―Kotoko ―Kin-chan le da alcance. Se le ve agitado, cómo si hubiera estado corriendo por todo el instituto buscándola. Esto hace que el corazón de Kotoko se estruje en su pecho. ―Escuché los rumores. ¿Es cierto? ¿De verdad estás viviendo con el genio?
―Y-Yo… ―no, esto no puede ser. Aún no está lista para enfrentarlo. Sólo unos minutos más. De seguro podrá hacerlo una vez que reduzca a Satomi y Jinko a una pulpa.
―Kotoko…
Baja la cabeza con expresión triste. ―Sí… ¡pero no fue mi decisión! ¡Nuestros padres son muy amigos, es por eso…!
―Tranquila Kotoko, no te estoy juzgando ―la interrumpe el chico levantando las manos. Kotoko hace un puchero, esperando que la comprenda, y ante la mirada que le regala, Kin-chan mira al piso, con una mano rascándole la nuca. ―Tenía curiosidad, eso es todo. Temía que de nuevo la gente estuviera esparciendo rumores sobre ti e Irie porque sí, y necesitaba saber de tu boca si era cierto o no antes de partir unas cuantas caras. No debes darme explicaciones.
―No, pero… ―pero no quiere que piense cosas extrañas. Él es el único que desea que no piense cosas extrañas sobre ella e Irie.
―De acuerdo, esto me hace tener mejor opinión de él ―Kotoko pestañea, mirándolo sin comprender. ―Te está ayudando. Aunque sea la casa de sus padres, no es algo que deba ser ignorado. Bueno, también ha de ser porque está enamorado de ti, pero de algún modo, es lo esperado. Aunque es algo preocupante una vez que lo piensas detenidamente, ya que a pesar de todo sigue siendo un adolescente viviendo con la chica que le gusta y…
―Kin-chan ―Kotoko lo detiene, un tanto impresionada. Él tiene esa costumbre, el de pensar en voz alta olvidando al resto del mundo a su alrededor. Y lo está haciendo en este momento, pero no es el lugar ni el tiempo adecuado para hacerlo, no con tantos curiosos pendientes de cada una de sus palabras. ―Esto es… no es tan malo. Digo, no hay porqué preocuparse porque le guste a Irie y vivamos en la misma casa. Él no haría, quiero decir… ―su rostro se pone cada vez más rojo. No puede con esto.
Kin-chan le sonríe, de algún modo aliviado con sus palabras, aunque al mismo tiempo un tanto extrañado por el pinchazo en su pecho. ―Veo que se están llevando bien. Eso es fantástico. Si puedes confiar en él de esa manera, me alegro.
A Kotoko se le cae la mandíbula. ¿Llevándose bien? ¿Confianza? ―Oh no, no malinterpretes, no es cómo si nos estuviéramos volviendo mejores amigos o algo. Cada uno se encarga de lo suyo y nos dejamos tranquilos, así que no pienses que…
―Pero, ¿no estaba ayudándote con los estudios? ―la corta para preguntar extrañado. De nuevo, Kotoko se congela. ―No tienes que ser tímida Kotoko, llevarse bien con la persona con la que vives es algo muy bueno.
―¡Pero no es así! ¡Irie-kun y yo no nos llevamos bien!
―Pero sí hasta has cambiado tu forma de referirte a él ―Kin-chan señala, cada vez más extrañado. Aunque Kotoko sabe que no tiene malas intenciones, no puede evitar sentir que le falta el aire. Kin-chan no está comprendiendo. Ella no necesita llevarse bien con Irie-kun, no necesita que le recuerden que ha cambiado su forma de referirse a él, o que le ha permitido llamarla por su nombre, o que se ha pasado noches en vela ayudándola a estudiar, o…
O que es patéticamente adorable cuando se sonroja, sólo por ella…
―Kotoko, ¿no será que acaso tú…?
―¡No me gusta! ―grita de repente, sobresaltando a todos los presentes. ―¡Sé lo que quieres decir pero no es así! ¡Irie no me gusta, y no me gustará nunca, sin importar si paso mil años viviendo con él! ¡El único al que amo es a ti!
El pasillo queda totalmente en silencio. Kotoko tarda un poco en recuperarse tras su exabrupto, respirando agitadamente con las manos en puños. Deben pasar al menos unos minutos más antes de que se atreva a levantar la cabeza nuevamente.
Y al hacerlo se queda de piedra.
―Kotoko… ―Kin-chan pronuncia, con el rostro conmocionado. ―Yo no planeaba preguntarte si el genio te gusta…
Pero Kotoko no mira a Kin-chan.
Mira a Irie-kun, quien en una de sus manos sujeta un pedazo de papel arrugado ―el anuncio de Satomi y Jinko, se da cuenta― y la observa con una emoción que nunca pensó ver en los ojos del genio de la clase A.
Dolor.
Sin decir nada, Irie cuadra la mandíbula y da media vuelta. Kin-chan parece percatarse de que Kotoko no lo mira a él y voltea, justo a tiempo para ver a Irie despareciendo en una esquina.
Y Kotoko se queda allí, plantada al piso, sintiendo que hizo algo muy, muy malo.
NA: Si digo la verdad, este capítulo no me deja del todo convencida. No sé, sencillamente es demasiado parecido al original, pero les aseguro que sólo los momentos clave serán así, por todo lo demás es casi por completo contenido original o en su defecto, muy diferente al anime.
Hablemos un poco de los personajes. Empezaremos con Kin-chan; tan sólo diré una cosa con respecto a él: no siempre todo es lo que parece. Pueden sacar conclusiones sobre su comportamiento o teorías (es más, me encantaría que lo hicieran) pero no se olviden que todo tiene su porqué.
Por Kotoko, me han dicho (mi hermana menor que me corrige los capítulos, en realidad) que se está comportando bastante tsundere con Irie (para los que no sepan lo que es; wikipedia o san google los puede ayudar). Esto ha sido hecho a propósito, pero no diré el motivo aún.
Y por último Irie. Su comportamiento tiene sentido en mi cabeza porque, para empezar, no ha de ser tan frío si fue él quien se enamoró primero, ¿no? Además que, a diferencia de en el anime, aquí él no tiene la seguridad de saber que Kotoko lo ama, e inclusive es peor pues ella está totalmente enamorada de otro hombre. Así que es consciente que debe esforzarse más. Por lo de los sonrojos, eso lo añadí como placer personal. ¡Perdón, no me pude resistir! Pero siento que va bien con la imagen que tengo de este Irie en mi cabeza, al que irán conociendo de a poco al igual que a Kotoko y Kin-chan.
Eso es todo. Ahora debo escribir el siguiente capítulo de mi otro fanfic. ¡Hasta la próxima!
