Capítulo Cuatro, arriba~

Wo, me siento productiva: un capítulo por día.

Los personajes son de su respectivo creador y todos esos detalles ya por demás sentados.


"¡Mírame! ¡Mírame ahora!", dijo el gato.

Capítulo Cuatro.

Nuevamente lunes (Abran paso que allá va).

Ofendan a Aioria y con una sola mirada les nombrará a todos sus progenitores, aquella era una ley.

Insultar de esa forma resultaba un don suyo bien perfeccionado; taladrar profundo con sólo clavar los ojos en alguien y matar pajaritos con el peso de los orbes, como a todo felino, se le daba natural por aquel extraño y desconcertante "algo" que éstos poseían.

Así que había decidido que si Mu no le miraba, no era problema suyo.

Pero tras varios días de ausencia y otro par de andar con mal talante y un humor de los mil demonios, mirando con ojos asesinos a cuanto individuo se cruzara en su camino y evadiendo, muy a consciencia, a cierta persona en particular... finalmente, y para no hacerse más del rogar pero sin arrastrarse de regreso (porque sabía que nadie iría a disculparse con él y él no se disculparía con nadie), con aire altivo entró al comedor cruzando la estancia como si fuera amo y señor del lugar y del mundo mismo.

Arrastró la silla y ocupó su asiento con cierto desprecio hacia todo y nada en particular.

-Y a éste, ¿qué le pasa?- Afrodita, como era habitual, tenía que hacer mención de lo obvio.

Shura levantó la mirada en dirección al rubio pero como el asunto no le importaba, se encogió de hombros y continuó con lo suyo: comer. De alguna forma esos arranques tan propios del león eran algo que casi todos habían visto y a lo cual estaban acostumbrados desde niños.

-Debe de ser cosa de gatos.- Murmuró Milo llevándose un gran bocado consigo.

-¡Fácil! Démosle hierba gatera.- Con llana sinceridad, Alderaban intervino y desató una serie de carcajadas entre los más cercanos que le habían escuchado pues de querer a Aioria drogado y de buenas, había formas mucho más duraderas.

La ligera tensión que se había formado con su llegada se rompió y aunque el león era ajeno a esa charla, se encontró ensimismado en la razón de su regreso. Y es que no había hallado un refugio mejor, pese a intentarlo, nada suplía lo que había probado; lo que ahora no tenía y tanto deseaba.

Hubo un tiempo, no demasiado atrás, en que Mu y él habían sido cercanos.

Al menos, así lo había sentido él...

Durante el invierno pasado y sin saber muy bien cómo, o ya lo hubiera repetido, terminó conversando diariamente con Mu. No charlas largas sino momentos breves pero significativos, Mu reía, le miraba, hablaba de él mismo, compartiendo, y por primera vez no había sido imperturbable.

Quizás era el hecho de ser lemuriano pero, Mu a veces parecía inalcanzable. Como si éste y él estuvieran en dos mundos que se encimaban pero no se tocaban.

Y a su modo, con toda esa intimidad, había probado algo prohibido que buscaba repetir. Pero Mu ya no le miraba y a veces, incluso, sentía que éste se había olvidado de que él existía.

"¡Mírame! ¡Mírame ahora!"

Esas dos frases eran ya un mantra que recitaba con mucha más devoción de la que Virgo pondría alguna vez en los suyos.

-¡Oh! ¡Ya basta!- Exclamó golpeando la copa sobre la mesa, cortando la charla sobre su persona. Se relamió los labios, recuperando su aire habitual al tiempo que se limpiaba la barbilla con el dorso de la mano.

El mundo seguía girando, y no se detendría por él...

-Por hablar de mí como si no estuviera...- Se inclinó hacia el frente con una sonrisa marcada en los labios, triunfal -entréguenme las baklavas.- tendió la diestra esperando recibir la bandeja con los pequeños postres, dorados y crujientes.

... siendo así, ¿por qué él tendría que hacerlo debido a Mu?

-Vamos, vamos.- Apremió a sus compañeros, en un acto de claro pillaje. –Que no falte ni una sola.-

Pero la verdad, y ni mil baklavas lo solucionarían, el que Mu no le mirara sí era un problema para él.

"¡Mírame! ¡Mírame ahora!", dijo Aioria.

Pero Mu comía y, no volteó.

Nunca lo hacía.


Próximo Capítulo:

Sábado (De un par de meses después).

Nota: Hierba gatera (Nepeta Cataria) es una planta que desprende un fuerte olor a menta que atrae a los gatos. Los aceites aromáticos de esta planta hacen que los gatos que la ingieren se comporten en un principio de manera muy juguetona, pero a medida que aumentan los efectos del aceite, su comportamiento se hace más extraño. Empiezan a rodar sobre sí mismos como si estuvieran en éxtasis, cazan ratones imaginarios, echan espuma por la boca, se orinan de gusto en ella y los machos incluso eyaculan (Fuente: Wikipedia).

En otras palabras, es un estimulante nato para los felinos.