¿PUEDO SOÑAR CONTIGO?
.
Mi abuela siempre decía que si me portaba bien nunca me pasaría nada malo. Pero entonces, dime abuela ¿por qué estoy aquí prisionera? Nunca desobedecí, hice siempre lo que me pedían. ¿Acaso éste era mi castigo por ser demasiado buena?
.
CAPITULO 4.
Vocaloid no me pertenece.
La foto de Len y su hermana fue el último mensaje que le llegó al joven de su mejor amigo. Kaito sonrió ampliamente y le contestó con un pequeño mensaje en donde le ponía a Lenka lo adorable que estaba con su nuevo disfraz. Conocía muy bien a Lenka, casi tanto como a su mejor amigo, y si debía de ser honesto, aquella muchacha rubia había conseguido llegar a ser una persona importante en su vida. Se guardó el móvil en uno de los bolsillos de su vaquero antes de suspirar y dejarse caer sobre el sillón blanco del salón. Había logrado tranquilizar a Rin después de todo. Estaba claro que estaba sufriendo muchísimo. Que te secuestren, que te aparten de la noche a la mañana de todos tus seres queridos, que te metan en una habitación oscura sin saber por qué, era para sufrir. Pero la causa de su preocupación era otra. La había mentido en cierto modo al no contarle la verdad. ¿Qué la estaban salvando? Peor excusa no pudo inventarse. Pero debía de tranquilizarla de algún modo, total, el problema gordo se lo iba a llevar igualmente. Sí, Kaito Shion la había cagado bien. Se había confundido de persona. Había secuestrado a quien no debió en un principio. Se supone que tuvo que haber raptado al hijo del fundador de aquella estúpida empresa, Hatsune Company, si su memoria no le fallaba, y no a la chica. ¡Pero cómo podía haberla distinguido con la oscuridad de la noche y con su dichoso pasamontañas! Creyó que era Mikuo Hatsune quien había salido de SU propia casa y no Rin Sweet, su novia. Te estamos salvando, Rin. Pronto sabrás todo. ¡Menuda la que había liado! Y cuando se llegara a enterar Gran B… Se estremeció solo de pensarlo. Gran B le obligaría a limpiar los baños durante una semana mientras se comía toda su reserva de helado. Kaito puso mala cara al pensarlo y comenzó a rezar para que no ocurriera aquello.
-¡Kaito! –El joven pegó un chillido agudo antes de caer al suelo. Elevó su mirada hacia la puerta donde una mujer rubia le miraba con una ceja alzada. Kaito sonrió nervioso antes de alzarse y rascarse la nuca. Lily, la secretaria de aquél almacén-casa, rodó los ojos e indicó con un movimiento de cabeza que le siguiera.- Gran B quiere hablar contigo. –Kaito quedó estático en el sitio, notando como su piel perdió todo su color.- Ahora. –Recalcó Lily cuando vio que el cabezota de Kaito seguía en su sitio.
Kaito asintió con lentitud, arrastrando sus pies hasta donde quedaba Lily y seguirla durante el largo pasillo que aquella vez, tardó menos en recorrer. Al final del pasillo quedaba una puerta de madera donde estaba grabado en una placa Gran B. Lily tocó dos veces seguidas la puerta, se detuvo durante dos segundos y volvió ha tocar únicamente una vez. Tras la puerta, se escuchó el agudo pase. Kaito pidió que la tierra se abriera y le traga cuando Lily abrió la puerta y dejó ver la amplia habitación. Únicamente había tres paredes; donde quedaba la puerta, y dos a cada lado. La pared del frente estaba echa de enormes ventanales de donde venía la gran luz solar. Frente a los ventanales, una silla de cuero blanco tras una mesa de cristal y dos sillas más pequeñas que la anterior, pero de cuero del mismo color. Gran B estaba sentado en la silla principal. Aquella persona que se hacía llamar Gran B era un hombre de cuarenta años, año más año menos, de cabello rubio pálido peinado hacia un lado, dejando a la vista algunas canas. Sus ojos eran claros y estaban enmarcados por pequeñas arrugas. Aún así, podía decirse que era atractivo.
-Ya puede retirarse, Lily. –Habló. La rubia sonrió débilmente e hizo una pequeña reverencia antes de cerrar la puerta y dejar solo a Kaito, más pálido de lo habitual.- Siéntate, Kaito. Contigo quería hablar. –Aquella última frase hizo que el corazón de Kaito se detuviera al sentarse sobre su silla. Se ha enterado ya. ¡Voy ha morir torturado!- Ha llegado a mi oídos que has… -Pero Gran B no pudo seguir dado que Kaito había caído de rodillas al suelo y había apoyado sus codos en la mesa, con sus manos entrelazadas y sus ojos clamando piedad.
-¡Lo siento, Gran B! ¡No fue mi intención, señor! ¡Lo juro por el helado! –Comenzó a decir con rapidez, lloriqueando tal cual un niño cuando le quitan su juguete favorito.- ¡Estaba todo oscuro, no veía un pepino con el pasamontañas y no había farolas y Rin Sweet parecía Mikuo Hatsune y la confundí! –Gran B pestañeó atónito ante la velocidad conque su cómplice hablaba.- ¡No me despida y me mate! ¡Soy muy joven y aún me quedan sabores de helados por probar! –Lloriqueó.- ¡Le prometí a mi mamá que llegaría a sacarme el título de repostero y le llegaría a dar nietos de ojos claros!
-Kaito, ¿de qué rábanos estás hablando? –Preguntó entonces Gran B, deteniendo de inmediato el lloriqueo y las súplicas del joven muchacho. Únicamente le iba a avisar de que se había enterado del gran pedido de helado de sabores limitados que había pedido hacía una semana.
Kaito alzó la mirada y sorbió por la nariz. No se había enterado. Gran B no sabía lo que había ocurrido y el muy idiota se lo había soltado.
Ahora sí la había cagado muy bien.
-Yo… -Comenzó, bajando la mirada.- Cuando me mandó a por Mikuo Hatsune aquella noche… pues… vi salir un cuerpo de su propia casa y… no lo pensé un segundo más y fui tras él… -La mirada de Gran B se clavaba en él como una espada afilada, intimidándole.- Pero estaba todo oscuro y con el pasamontañas no veía bien y… -Aquello sonaba estúpido y más si decía que había tomado aquél trabajo voluntariamente.- Traje a su novia y prometida, Rin Sweet en vez de a Mikuo Hatsune. –Soltó por fin.
Silencio. Un duro y torturador silencio fue la respuesta que obtuvo durante los segundos posteriores. Gran B no apartaba la mirada y notó como pestañeaba de nuevo, intentando procesar lo que Kaito había dicho. Entonces, ¿a quién tenían encarcelada era a Rin Sweet? Sonrió ampliamente, con cierto tono melancólico. A ella la iban a capturar poco después si la recompensa que querían a cambio de la vida de Mikuo Hatsune era denegada, pero quizás podían hacer servir a la novia de aquél hijo inmaduro del multimillonario para sacarle el dinero suficiente.
-Kaito, eres el mejor compañero que he podido tener. –Habló por fin. Kaito elevó su mirada, creyendo haber oído mal.- Ha sido la metedura de pata más beneficiosa de la historia. –Halagó antes de acomodarse e inclinarse hacia delante, apoyándose sobre sus antebrazos. Kaito le miró sin mover ni un músculo todavía.- A cambio podré dejar que sigas pidiendo esos helados de sabor limitado las veces que quieras. –Con aquello último, los ojos de Kaito se iluminaron y sonrió como un niño.
-¿De verdad? –Preguntó, alzándose de inmediato. Gran B asintió y Kaito gritó triunfante antes de pegar saltitos mientras daba vueltas.
-Pero, antes deberás hacerme otro favor, chico azul. –De inmediato, el baile del joven cesó y miró curioso a su superior. Gran B volvió a acomodarse en su asiento de cuero, apoyando su codo sobre el reposabrazos y su mejilla sobre su mano. Sonrió con cierta malicia ante la mirada expectante de su cómplice.- Fuiste tú quien capturó a Rin Sweet y, como las normas son las normas, debes de estar pendiente de ella. –Kaito asintió, aumentando su curiosidad.- Necesito que tengas un compañero a tu lado, ¿sabes? Alguien de tu confianza y que creas que pueda aceptar esto y formar parte del equipo. Quizás ese chico rubio que vive contigo en la residencia, Kagamine Len, podría ser tu aliado. Si mal no recuerdo, me comentaste que sois muy buenos amigos. –Kaito lo meditó durante unos segundos.
Len era su mejor amigo, su hermano de no-sangre, su mano derecha, su compañero de asiento en las aulas… Se habían apoyado mutuamente y no se lo pensarían dos veces antes de salvar la vida del otro. Quizás, si le explicaba que su trabajo consistía en raptar a malvados para recibir la compensa y darlo a una buena causa, lo comprendería. Además de que Gran B era el casero de la residencia donde vivían. Kaito nunca se había imaginado trabajando para una organización que a pesar de raptar gente, robaba a los malos y se lo entregaba a los más pobres y humildes. Algo así como un Robin Hood. Pero la vida da muchas vueltas y lo que se piensa que es algo imposible, resulta ser algo posible, e incluso, lógico. Kaito se alegraba de ver como las personas más humildes sonreían muy agradecidos de sus obras sin fines de lucro. Normalmente, atrapaban a ricos, personas egoístas y sin otra meta que hacerse con el mayor número de ceros detrás de un número, y que traicionaron de alguna manera al pueblo entero con promesas sin profundidad. Por ejemplo, raptaban a la mujer o hija/o de algún directo de una empresa que prometía el diez por ciento de su sueldo a la ayuda de niños enfermos por algún tipo de enfermedad rara, pero que nunca llegó. El dinero que pedían para el rescate no era otro que la cifra exacta que prometía que darían.
-Se lo comentaré, señor. –Sonrió el muchacho al final, consiguiendo el mismo gesto como respuesta.- ¡Todo sea por el helado de sabor limitado!
.
.
.
.
Annie cerró la puerta de casa y suspiró antes de apoyarse en ella. Recién había llegado del cuartel de la policía para denunciar la desaparición de su hija tras cuarenta y ocho horas después. Seguía sin creerse que su Rin hubiera desaparecido sin dejar un mísero rastro. Se llevó las manos a las mejillas y volvió a notarlas húmedas. No dejaba de llorar y era obvio. No quería hacerse a la idea de lo que le podían estar haciendo ahora mismo o de las atrocidades que la estarían obligando hacer. Pero seguía sin saber por qué su hija. Rinny siempre había sido una niña muy buena, humilde, que traía a casa animales abandonados, que se ofrecía a ayudar a las vecinas ya sea ayudándolas con la compra o cortándoles el césped. Era una niña normal con un corazón enorme. No tenía enemigos y era querida por, prácticamente, todo el pueblo. No le entraba como podía haber sido raptada. ¿Y si hubiera sido por estar saliendo con Mikuo? Él, en cambio, quizás sí podía tener a gente tras él. Aunque Annie no lo quería asimilar del todo. A pesar de que era un niño mimado, en el fondo era bueno. Cuidaba a su hija, la invitaba a conciertos, a obras teatrales, a cenar… Hacía todo por el bien de su pequeña. Y era obvio, era su prometida.
Annie suspiró de nuevo y se limpió las mejillas de nuevo justo cuando su otro hijo, de ocho años, bajaba corriendo las escaleras. Annie sonrió a duras penas cuando el pequeño Rinto había corrido a abrazarla con fuerza. Annie le había contado que Rin se había ido muy lejos de ellos, a un campamento de verano de canto y que no la verían hasta dentro de algunos días. Rinto, siendo pequeño, se había sentido algo triste al saber que su hermana mayor se había ido sin despedirse de ellos, pero por otra parte, se alegraba mucho de que por fin comenzara a darse una oportunidad en cantar. Aunque era obvio que Rinto no sabía la verdad, su madre no podía contárselo, se veía incapacitada. ¿Cómo decirte a su hijo pequeño que su hermana había sido raptada y que no la volverían a ver en mucho tiempo si no pagaban el rescate? Aunque se sorprendió cuando no le llegó nada, ni una carta, ni una llamada, pidiendo dinero o alguna cosa por el rescate de Rin. Pero era cuestión de esperar, ¿no?
-Mamá, ¿sabes si Rinny ha enviado alguna carta? –Preguntó con inocencia el menor, mirando con una pequeña sonrisa a su madre que le acarició el cabello. Annie sonrió con la dulzura que pudo recolectar y negó con la cabeza. Rinto hinchó una de sus mejillas antes de separarse de su madre y cruzarse de brazos.- Jo, no es justo. Encima que no se ha despedido de mí, no ha enviado nada. –Protestó el menor.
-No te enfades, Rinto. –La mujer se agachó a su altura y le apartó el flequillo del rostro. Rinto guardaba tanto parecido con su hermana mayor. Besó su frente y volvió a acariciarle la mejilla. Si él también desapareciera, sería capaz de morir incluso. Después de la separación con su ex marido, únicamente tenía a Rin y Rinto a su lado. Eran su mundo y perderlos significaría perder también el sentido de su propia existencia.- Quizás no le haya dado tiempo ha escribirnos algo o han tenido complicaciones en el campamento para enviar las cartas. –Explicó, volviendo a sonreír sobre su llanto interno. Le dolía mentir a su hijo pequeño, pero no veía otra solución. Temía hacerle daño.
-Vale. ¡Pero que no tarde en volver! –El menor se descruzó de brazos antes de sonreír. Annie se mordió el labio, mostrando una débil sonrisa. Que no tarde en volver… Ojalá que no lo hiciera. Ojalá que todo aquella fuera una pesadilla y cuando despertara, seguiría teniendo a Rin a su lado. Annie abrazó a su hijo con fuerza, al borde del llanto. Rinto no pareció entender por qué su madre le había abrazado con tanta fuerza y de golpe, pero no se negó en devolverle el abrazo.
-Te quiero, lo sabes, ¿verdad? –Susurró, cerrando los ojos.
-¡Claro! Yo también te quiero, mamá. –Fue lo único que hizo falta que el pequeño Rinto dijera para que Annie soltara a llorar y se aferrara al cuerpo de su pequeño Rinto.
.
.
.
.
Rin se abrazó a su misma con la mirada perdida. No se había levantado del suelo desde que Kaito había salido. Se había pasado la mañana rememorando su vida. ¿Qué había echo mal en sus 17 años de vida? ¿Por qué ahora estaba encerrada? Nunca se había metido en ningún lío, siempre había sido la chica buena, la chica que todo el mundo adoraba y quería. Rin era ella. Humilde, generosa, paciente, sonriente, tranquila. ¿Por qué ahora estaba sufriendo? Tenía hambre, miedo, estaba cansada, le dolía mucho el tobillo. Se preguntaba una y otra vez por qué la habían secuestrado a ella. ¿Había sido por el estatus de su madre? Annie era una de las mujeres más adineradas del país gracias a su gran esfuerzo de, estando separa de su marido, atreverse a encabezar una de las discográficas más importantes de Japón. Toda mujer se veía reflejada en Annie. Su atrevimiento, su valentía, sus ganas de luchar en la vida y hacer ver que la mujer también podía llegar muy lejos. Pero, claro, suponía una adversaria más en el mundo empresarial. Todos querían su lugar. Quizás la habían raptado por ello, ¿no? Era una posibilidad. Rin frunció el ceño. Pero quedaba descartada. Jamás había visto a ese chico de azul –que, por cierto, no sabía su nombre- y dudaba de que él fuera algún compinche de algún rival de la empresa que llevaba su madre. Era demasiado bueno. Y su mirada azul le recordaba muchísimo a la de su hermano pequeño.
Rin bajó las cejas al recordar al pequeño de la casa. Rinto era su hermano pequeño, su rubio favorito. Le echaba mucho de menos y le mataba saber que de alguna forma, se había enterado de lo que le había ocurrido y estuviera llorando y sufriendo mucho. Todo lo que le ocurría a él le afectaba a ella. Veía en su mirada la inocencia de un niño pequeño y las ganas de descubrir el mundo. Le quería muchísimo y se le hacía imposible ya imaginarse su vida sin su pequeño Rinto. Apretó los puños, conteniéndose. ¿Por qué a ella? ¿Qué había echo mal en la vida?
Suspiró abatida antes de pasar su mano por su cabello, engrasado por no haber sido cuidado en aquellos eternos tres días. Volteó la vista hacia la bandeja que todavía seguía ahí. Kaito no la había cogido y antes de salir, le había suplicado que comiera algo. Rin apenas le había escuchado. No sabía si esa comida estaba limpia o le había añadido algún veneno o algo por el estilo. Pero la naranja que estaba sobre la bandeja le estaba llamando. Se mordió el labio y acercó la mano a la fruta. En el plato que tenía al lado, había un sándwich de lo que parecía ser lechuga, mahonesa, queso, tomate natural y carne en trozos pequeños. Pero a Rin no le gustaba la mahonesa. Tomó la naranja en su mano y comenzó a pelarla con esfuerzo con su propia mano.
-Me podían haber dejado un mísero cuchillo como mínimo. –Murmuró para sí, poniendo más fuerza en pelar la naranja. Era obvio que no le dejaron el cuchillo por la simple razón de que lo podía usar para cortar la cuerda que la mantenía atada a la pata de la cama.- ¡Maldita naranja! –Gritó tras el paso de tres infernales minutos intentando pelar la fruta. Rin la tiró con fuerza hacia la pared que tenía frente a ella. Sus manos estaban empapadas de aquél líquido y ahora estaban pegajosas.
Rin suspiró por enésima vez antes de mirar su camisa. Con algo de asco, comenzó a limpiarse en su camisa. Camisa que, por cierto, era nueva y se la había comprado para ir a ver a su añorado prometido. Rin logró deshacerse de la horrible sensación de tener los dedos pegajosos, pero, a cambio, su camisa blanca ahora tenía los bordes manchados de líquido naranja. Se maldijo así misma y al desgraciado que la había secuestrado. Dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándose en el colchón y observando los muelles que sujetaba el otro colchón. ¿Por qué ella? Cerró los ojos durante unos segundos hasta volverlos abrir.
Deseó no haberlo echo.
Encima de ella, colgando de un filo hilo blanco, había una pequeña araña negra. Rin pestañeó varias veces seguidas, observando atónita y presa del miedo a los insectos, el pequeño bicho bajar tranquilamente hacia ella. Una araña. Rin tenía una araña a escasos metros de su rostro.
-¡AAH! –Gritó tanto como sus pulmones se lo permitieron antes de alzarse con rapidez, ignorando el dolor de su tobillo. Rin se alejó tanto como le permitió la cuerda, señalando con miedo a la espantosa araña.- ¡Socorro! ¡El chico de azul, el desgraciado que me metió aquí o quien sea! ¡Ayuda! –Suplicó, sin perder ni un segundo al insecto que parecía no inmutarse y seguía con su tarea de descender por su delicado hilo.
De inmediato, las puertas se abrieron y Kaito apareció con una paleta de helado en su boca. El muchacho recorrió la habitación con su azulada mirada, preocupado por los gritos de la rubia. Vio como Rin señalaba la litera, balbuceando algo incomprensible. Kaito siguió el dedo de la muchacha hasta dar con el insecto que había atemorizado a la rubia. El muchacho se retiró el palo del helado que había estado comiendo tras salir del despacho de Gran B y le dio la última chupada antes de sonreír y observar a Rin.
-Tú tranquila, Rin. –Habló el mayor, acercándose hacia donde estaba el pequeño animal y colocar la paleta bajo éste, consiguiendo que la araña se confiara y bajara hasta el trozo de madera. Rin miró, sorprendida y asustada, como el muchacho acercó el palo de madera, con la araña sobre ésta, hacia él.- ¿Ves? Es solo una pequeña araña que quería hacer vida contigo. –Bromeó, sacando la lengua. Rin le observó con detenimiento, sonrojando levemente ante el gesto divertido y ¿adorable? de Kaito.
-Échala, por favor. –Murmuró, tragando duro ante su miedo a las arañas. Kaito obedeció y se acercó hacia la pequeña ventana que había en la esquina superior de la pared. De puntillas y elevando su brazo, volcó la paleta y observó como el bicho cayó al ancho marco y caminó sobre sus ocho patas hacia la libertad. Sonrió satisfecho antes de voltearse y mirar a Rin.- Gra-gracias. –Murmuró de nuevo, evitando chocar las miradas. Ahora que se fijaba, ese chico era bastante guapo.
-No hay de qué, Rin. –Arrugó su nariz en otra sonrisa que Rin sí miró. Desde que le vio por primera vez, Kaito nunca había dejado de sonreír. Siempre andaba risueño y sonriendo de mil y una formas. Hacía ver que se podía confiar plenamente en él y que tenía un gran corazón.
-¿Cómo sabes mi nombre? –Preguntó entonces, cayendo en la cuenta que el joven le había nombrado por su nombre sin que ella le hubiera dicho nada. Kaito, esta vez, sonrió algo nervioso, rascándose la nuca. Era una buena pregunta. ¿Cómo carajos le decía que él estaba al corriente de su vida privada? Rin frunció el ceño, impacientándose por la respuesta.
-¡Ha-hablando de nombres! Yo soy Kaito. –Se presentó entonces, tendiéndole la mano con otra sonrisa nerviosa. Rin miró la mano tendida algo desconfiada, aunque la estrechó. Kaito. Era un bonito nombre.- Veo que intentaste comer la naranja. –El muchacho cambió de tema tras repasar la habitación y percatarse de la fruta maltratada por las uñas de Rin, tirada en el suelo. Rin bajó la mirada algo avergonzada. Kaito se acercó a la naranja y la tomó en su mano libre.- Se puede aprovechar. –Sonrió más tranquilo. Rin suspiró y vio como el joven sacaba de su bolsillo una navaja suiza. Rin dio un paso hacia atrás instintivamente, sin perder de vista el objeto que ahora pelaba la naranja.- Ten. –Kaito le tendió esta vez la naranja, ahora sin la cáscara que descansaba en su otra mano. Rin la tomó tras agradecérselo.
Kaito había acudido a su ayuda con la araña y se había molestado en pelarle la fruta. Eso no era normal. ¿Qué clase de secuestrador o compinche se molestaba en ayudar a la víctima?
BUUUUM. ¡Cuarto capítulo! Jojojo, estaba deseosa de terminarlo por fin. *^* Aunque creo que me ha quedado algo corto. e.e POR CIERTO, quiero pedir perdón de nuevo y agradecerle a Sychronicity girl su review porque me ha hecho darme cuenta de mi GRAN fallo. Mikuo tiene 19 años y no 28 como he puesto en el segundo capítulo. ¡LO SIENTO! Ya me conocen. Soy muy torpe. ¡Gracias Sychronicity girl por tu review!
Holi, holi. ¿Qué tal estás, gentecilla? Os vengo de nuevo a molestar con una nueva entrega. Necesitaba por fin terminarla porque mañana regreso a las clases y ya saben lo que significa, ¿verdad? Tareas, exámenes, trabajos y mierdecillas. Volvemos a la tortura diaria. :C Pero no se preocupen, que aprovecharé las clases al máximo y me las pasaré escribiendo ideas para el resto de historias. (?)
BIEN. ¡Kaito fue quien secuestró a Rin! ¿Os gustó? ¿Len decidirá unirse a Kaito? ¿Qué les pareció la llegada del misterioso Gran B? ¿Quién será? ¿Por qué es el casero de la residencia de Len y Kaito? ¿Cuáles son los sabores limitados de los helados? ¿Qué os parece el miedo de Rin con la arañas? ¿A Rin comienza atraerle Kaito? ¿Kaito sobrevivirá sin helado? ¿Rinto os parece adorable? ¿Por qué carajos pregunto tanto? (?)Comienzo a ver futuro en ¿Puedo soñar contigo?, últimamente saco bastantes ideas y mi imaginación está funcionando como debe. Nunca antes mi mente ha pensado tanto. (?) Quiero agradecer a todos vosotros por seguir con esto y molestaros en mandarme vuestras opiniones y críticas. :') ¡Esta vez quiero que me petéis a mensajes! (?) Necesito saber todo lo que opináis y si tenéis ideas o lo que sea para darle vida a la historia. ¡OS LO AGRADECERÍA UN MONTÓN!
Además, contribuís en la causa de la salvación de plantaciones de plátanos y naranjas. NO IGNORES ESTA AYUDA. LEN Y RIN TE NECESITAN. D:
MUUUUCHAS GRACIAS POR TODO. No olvidéis que sois muy importantes para mí y que sin vosotros no soy naaaada. Nada. Nada. Nada. ¡GRACIAS!
Pro cierto, que me he vuelto a cambiar de nombre. ouo [Suelo cambiar más de nombre que de calcetines. (?)] Mai Sakura. ¡Pero dudo que me lo vuelva a cambiar! Este me parece bonito. *^*
¡Que la vida os sea muy bonita y miles de gracias a todos!
MAISA.-
