Disclamer: personajes de JK Rowling.

Hola, este es mi primer slash ( lo estoy advirtiendo, pero les pido por favor que sean mente abierta y lo lean). La pareja que escogí, es mi favorita para esto, ya que su relación es tan complicada que me deja sin aire. Además que es canon, que es lo mas atractivo de todo (aunque yo insisto que no soy fiel seguidora del canon). Es mi primer slash así que tengan piedad de mí. Espero reviews. Después seguiremos heterosexuales lo que queda del fic. Recuerden que este fic son puros one-shot, a mis amigas escritoras les reitero mi invitación a participar, ustedes saben quienes son. Recuerden que siempre debe haber alcohol, o su mención de por medio.

Capitulo 4 Oktoberfest.

Camine directamente a la destartalada habitación de hotel que me servia de refugio en ese pueblo, ubicado en una pintoresca región de Alemania llamada Bavaria, lo único que puedo decir al respecto es que producen una cerveza rubia que prácticamente es un Elixir de Resurrección. La razón de que me encuentre aquí, no es nada lógica. A pesar de que prácticamente soy un genio, a veces mi corazón puede más que mi razón. Es el 02 de Octubre de 1936, y el mundo, el muggle y el mágico, tal como lo conocemos está dando un giro de 180 grados. Vengo a darle una oportunidad a un viejo conocido, a un contrincante, en todos los terrenos.

Antes de entrar a la habitación lo siento, es tan conocida para mí esa aura mágica, que dudo un instante antes de abrir. Sin embargo después de unos minutos que parecen una eternidad en mi cabeza abro la puerta. Directo al mismo infierno.

Allí esta, sentado en una silla al lado de la cama, alto, rubio, poderoso, indiferente. Sus ojos azules chocan con los míos y el ardor de esa mirada hace que me estremezca hasta los huesos. De pronto me dirige una sonrisa ladeada, su gesto más supremo de satisfacción. Lo conozco, se quien es, debajo de toda esa apariencia atractiva, indolente y despreocupada, esta la persona con la mente mas fría y analítica que he conocido, gélidos pensamientos con un corazón de metal, mala combinación, sin duda.

-Has tardado mucho- las palabras se deslizan en sus labios. Su voz es grave, ronca, seductora. Sigue sonriendo, pero esta vez en ese gesto no lo acompañan los ojos. No está fingiendo, él es así- Espero que hayas estado divirtiéndote en el festival, es muy pintoresco.

-Como si te importara- digo manteniendo la calma. Me siento en una silla al otro lado de la habitación, justo frente a él. Cruzo mis piernas en un gesto despreocupado que solo estoy realizando para despistar. No puedo mentirme a mi mismo, estoy demasiado ansioso por su presencia, una y otra vez maldigo su efecto en mí. Me altera los nervios y sin duda despierta muchas mas cosas, empezando por la agonía que siento entre las piernas.

-Dime Albus- se revuelve en la silla y busca algo en la mesita de noche. Una copa de vino, por supuesto, él es demasiado aristocrático para conformarse con la cerveza, que corre a raudales como un río en primavera en esta región del mundo- ¿En realidad crees que por una estúpida conversación voy a cambiar el rumbo de mi existencia? ¿Tan poco me conoces?

-Al contrario Gellert, te conozco demasiado bien- digo con mas seguridad que la que siento- Te estoy ofreciendo la ultima oportunidad, ni siquiera iras a la cárcel. Puedes ir a Francia o a España, ser un mero observador, si así lo quieres, pero no un participe.

-La suerte esta echada- dice esta vez con el rostro más serio, desdibujando esa sonrisa del demonio de la que es poseedor y culpable de que más de uno caiga en sus redes, incluyéndome- el mecanismo ha sido puesto en marcha. Aunque yo quisiera, que no es el caso, debo decir que ha escapado completamente de mis manos.

-Típico de ti- lanzo un bufido de exasperación- hundes a todos en mierda y después sales lavándote las manos, proclamando tu inocencia.

-No- toma un trago de vino y hace una pausa- no soy inocente. Eso es claro, si tuviese que pagar por algo lo pagaría. Te lo aseguro.

-¡Oh por Merlín!- esta vez mi indignación es claramente palpable-Eso no lo crees ni tú mismo.

Él me sonríe, lo he atrapado, como siempre, no creo en sus mentiras y lo sabe. De nuevo esa expresión predatoria y felina que me ofrece, hace tambalear mi resolución y revuelve mis más primitivos deseos, aquellos que guardo bajo siete llaves en mi magullado corazón. Pero si bien soy un mago algo contemplativo o aburrido la gran mayoría de las veces, según dicen por ahí, aunque no lo crean también soy un hombre y hay cosas, tales como el deseo, que no puedo esconder ni aunque lo quisiera con toda el alma. Y él lo sabe, por supuesto que esta en conocimiento, ya que es el principal culpable. Fue una mala idea, lo admito, yo soy el menos indicado para esta tarea, debieron enviar a otro.

-Cierto- dice- pero esta vez tendrás que creerme. Le he dado un empujoncito a los muggles en Alemania, pero creo que esta vez se me ha pasado la mano. Digamos que no conté en ningún momento en que ese enano bigotudo fuese tan inteligente, tan implacable y digamos, tan demente. No puedo hacer nada al respecto, no lo creía pero hay cosas que están por encima de la magia. He de darte la razón en todo esto, lo sabias desde un principio.

-Te lo dije- digo ya con un poco de impaciencia. ¿A dónde rayos quiere llegar?- te lo dije hace mas de 35 años. Que no tenías la razón, que tu búsqueda del bien mayor iba desencadenar lo impensable. Una guerra jamás vista en esta tierra. Nos afectara a todos, cambiara el mundo para siempre.

-No ha empezado- dice entre dientes- Aun no.

-Iniciara- digo con convicción- Es hora de que escojas lealtades, Grindelwald ¿De que lado estas?

-El de siempre- dice de nuevo atravesándome con su mirada- del mío. ¿Cuántos años tienes Albus?

-Casi sesenta años, al igual que tú- contestó un poco desubicado- ¿A que viene tu interés? No creo que a estas alturas te preocupe mi tensión arterial.

-Luces menor, como de treinta- dice despreocupadamente-tu amigo Nicolas Flamel ha hecho un buen trabajo contigo, he de admitirlo.

-Es tu amigo también y si no me equivoco- esta vez le dirijo una sonrisa impregnada del mas puro cinismo- Hizo lo mismo contigo.

-¿Piedra Filosofal?- pregunta Gellert con picardía.

-¿Elixir de la vida? ¿Juventud eterna?-contestó yo y por primera vez en media hora ambos reímos.

-Algún día debemos dejar de bebernos esa cosa- dice Gellert- no es saludable.

-Lo se- digo con absoluta certeza- no quiero verme apergaminado como Nicolas.

-Hay que saber envejecer dignamente- finaliza Gellert y de nuevo nos quedamos mirándonos, ajenos verdaderamente al paso del tiempo.

Ciertamente los dos lucimos jóvenes, él con su cabello rubio cortado al raz del cráneo, muy diferente al estilo imperante en esta época. Yo soy mas clásico, lo llevo hasta los hombros, liso, castaño con reflejos rojos, color caoba como decía mi madre, no uso barba, eso lo dejaría para después, mis ojos son azules como los de Gellert, igual de impresionantes, igual de desarmadores, pero semi ocultos por un par de gafas redondeadas que uso desde que tenia cinco años. Soy alto, delgado y volviendo a las cosas que me decía mi finada madre, con un aura de lánguida distinción. El perfecto caballero ingles, excéntrico, educado, indiferente y hasta un poco ridículo, solo me falta el sombrero de bombin, el paraguas y estaría de postal, lo juro. Gellert es diferente, es como un león, dominante, fuerte, aguerrido, atractivo, el epitome de la masculinidad, bello como un dios griego, perfecto, sabe lo que es y como se ve y lo utiliza a su favor Yo no soy un hombre que sabe usar bien sus encantos, a diferencia del que tengo frente a mí. Soy tímido, con todos, aunque cuando me lo propongo, dejo aflorar todo lo que se consume en mi interior.

-Es tu ultima palabra- digo levantándome de mi asiento.

-Si- dice Gellert imitando mi gesto- por el momento.

-Sabes que terminaremos peleando por esto- le confirmo y él asiente dándome su reconocimiento- y que si te atrapo con las manos en la masa, no tendré más remedio que enviarte a Nummengard.

-Eso- dice sonriendo enseñándome los dientes- si logras atraparme.

-Hazte un favor, quieres- le digo con calma- no te me pongas a tiro, si.

-Hare el intento- dice despreocupadamente- por los viejos tiempos. Que, por otro lado, me estoy muriendo de las ganas por vivir de nuevo.

Estamos al umbral de la puerta, la abro y sostengo el picaporte con tensión, él se gira antes de salir. Me lanza una de sus miradas atrevidas, impresas de la sexualidad mas descarnada y entonces, mando todo al mismísimo demonio.

En un instante, me voy hacia el hombre, clavándolo en una pared vecina, pego mi cuerpo contra el de él. Gellert lanza un gruñido, pero no dejo que hable, pronto mi boca golpea con la suya y me hundo en ella, desesperado, atontado pero increíblemente excitado, pronto nos engarzamos en una sucesión de mordiscos y lamidas, su lengua se enreda con la mía y ¡Por Merlín!, es lo mas exquisito y sobrecogedor del mundo su sabor, su esencia maligna que es miel de abejas para mi. Tanto poder en un solo hombre es decididamente irresistible. Sus manos vagan por mi cuerpo, acariciando mi espalda, quizás con un poco de brusquedad, pero a decir verdad, yo tampoco lo estoy acariciando delicadamente. Bajo mi mano hacia su entrepierna y acaricio su miembro con celeridad sobre la ropa, haciendo que despierte, el mío hace rato que esta duro como un mazo. Gellert me ayuda y se ayuda a si mismo, desabrochando con rapidez su pantalón. Meto la mano y me estremezco al tocar su pene húmedo y caliente, lo aprieto y recorro con mi mano de arriba abajo hasta que siento a Grindelwald gemir sobre mi boca.

-Te gusta, ¿No?- digo con mis labios pegados a los suyos- Te gusta que te masturbe.

Gellert recupera un poco de control y se separa de mi, a pesar de las caricias torturadoras que les estoy ofreciendo, con mi mano apresando su miembro, que esta hinchado y duro a punto de estallar, logra recomponer su expresión.

-Si- dice entre los dientes- mas rápido, apretalo, duro- como soy un chico obediente hago exactamente lo que se me indica, y él empieza a menear sus caderas acompañándome en mis movimientos.

Con la otra mano cierro la puerta de un tiron. Mientras nos besamos con furia, caminamos torpemente hasta la cama, caigo de espaldas con Gellert sobre mi cuerpo, él se sienta a horcajadas sobre mí, con los pantalones debajo de las caderas y su miembro agitándose contra mi mano cerrada. Echo un vistazo y veo que una gota de humedad empieza a resumar de su punta, me provoca tomarlo con la boca, saborearlo, pero me armo de paciencia, ya que al parecer tenemos toda una tarde para entregarnos a las más sórdidas aventuras. En un solo movimiento se saca la camisa, dejando ver que aunque esta mas dedicado a la ciencia y arte de la magia oscura, todavía encuentra espacio para practicar Quidditch, su abdomen, su pecho y sus torneados brazos así lo demuestran, así como su color bronceado, indicándome que a diferencia de lo que todo el mundo piensa, Gellert no permanece siempre encerrado en una cripta planeando maldades, yo se que él si sabe disfrutar de los placeres de la vida al aire libre. Yo retiro la mano por un momento, me incorporo y también me quito mi camisa, arrancando todos los botones en el ínterin. Escucho el sonido, de estos rebotando por todo el suelo de la estancia. En ese momento, algo de consciencia vuelve a mí, estoy haciendo una locura, cayendo de nuevo en el mismo error. Sin embargo un mar de lujuria me envuelve, asfixiándome y hundiéndome hasta la coronilla en el infierno de los sentimientos marchitos y la sensualidad florida. Ese es el efecto de Gellert Grindelwald en mí, me quita absolutamente todas las perspectivas y toda mi voluntad.

-Te voy a chupar- dice Gellert con voz susurrante- y voy a dejarte seco como la paja.

Dicho esto, se arrodilla y coloca su cara frente a mi pubis, baja el cierre de mi pantalón y hunde su cara en mi hemisferio sur. Cuando siento sus labios rodeando la punta de mi miembro, mi cerebro hace literalmente ebullición. ¡Oh por Dios!, siento que hunde su boca en mi hasta su garganta, chupa y lame sin contemplación, de manera automática empiezo a embestirlo, alzando mis caderas y él recibe contento cada uno de mis ataques, lo se, veo como me sonríe maquiavélicamente. Sus ojos arden como brazas y su boca acaricia mi piel, dejándola hambrienta de mas. Sus manos toquetean mis nalgas y pronto siento uno de sus dedos acariciando mi orificio trasero. Ondas de placer inundan mi cuerpo, si sigo así, voy a acabar como si fuese un chico de quince años. Pero, es que ese dedo…….uff, maldita sea Gellert, no eres un maestro de artes oscuras, eres el Señor del sexo.

Con fuerza descomunal lo separo de mi miembro y le doy la vuelta a su cuerpo, lo coloco en cuatro frente a mí. Y sin aviso y sin misericordia, lo tomo de las caderas, clavando mis largos dedos en su carne y me hundo en él, de manera despiadada, rápido, con fuerza, dejando el alma en cada movimiento. Lanzo un gruñido de satisfacción cuando lo hago, meterme en su cuerpo, violentándole su sacro santo lugar. ¿Quien lo diría?, yo Albus, el pasivo de esta relación, estoy dándole por detrás a mi ex amante, algo que nunca había ocurrido. Es justo, le estoy devolviendo la moneda, los favores y placeres concedidos a mi persona alguna vez, soy un hombre agradecido, que mas puedo decir.

La furia de mis embates no pasan desapercibidos a Gellert que esta atónito pero a la vez complacido, como sus gemidos de placer me lo están demostrando. Mientras yo golpeo una y otra vez, rápido, desesperadamente, impelido por un deseo inaudito y animal, él choca sus caderas contra las mías, pidiéndome mas. Y yo no me hago rogar.

-Maldita sea, Albus- dice Gellert entre sus aullidos y gruñidos- Vas a destrozarme.

-Si- digo con la voz entrecortada- voy a penetrarte hasta el fondo de tu podrida alma.

Entonces si empiezo en serio a martillearlo como nunca, el sudor que cubre nuestros cuerpos hace que estos resplandezcan. Yo estoy ido, extasiado, anonadado, volando en los cielos infinitos del placer carnal. Me inclino un poco sobre él y tanteando a ciegas consigo su miembro y entonces empiezo de nuevo a recorrerlo con la mano arriba y abajo, apretándolo, exprimiéndolo. La respiración de Gellert cada vez está más agitada. Yo sigo en mi faena, penetrándolo por detrás y acariciando su pene, cada vez mas fuerte y mas duro, tal como se que le gustan las cosas a mi viejo amigo.

-Ah, ah- lo oigo jadear- maldición, ah ah- entonces siento como sus caderas se contraen y un chorro caliente de semilla sale disparándose en todas direcciones, derramándose en mi mano. Y yo sigo, acariciándolo y hundiéndome en él. Hasta que llega mi propia culminación y me siento morir en una fracción de segundo. Espasmos sacuden mi cuerpo y con una ultima embestida doy por finalizado mi clímax, Ambos caemos sobre la cama agotados, yo estoy sobre la espalda de Gellert, apoyando mi frente sobre esta. Nuestras respiraciones poco a poco recuperan su ritmo normal pero los latidos de nuestros corazones desbocados tardan un poco más en acompasarse.

-No se que diablos has estado haciendo y con quien- dice Gellert después de un rato- pero maldita sea, dime quien es para enviarle flores.

Una risa amarga sale de mi boca, me echo a un lado de la cama y él levanta la cara para enfocar sus ojos en los míos. Solo le dedico una sonrisa lejana.

-No te gustaría saber quien es- digo más para mi que para él- déjalo así.

-¿Alguna vez me amaste?- Gellert se acomoda de medio lado en la cama- porque si es asi, deja aclararte algo Albus. Siempre me gustaste, pero de allí a …………..

-No me mientas Gellert- dijo Albus-sabes que no puedes hacerlo. Quizás no lo sientas ahora pero aquella vez…………………………….- recuerdos atacan mi memoria, ciertamente Gellert Grindelwald alguna vez estuvo enamorado…………….de mi.

-Creo que debo irme- su rostro se ensombrece, sabe que no puede mentirme. No a mí.

Acomoda sus ropas mientras yo todavía lo observo desde mi cama. Antes de irse, se detiene en la puerta y me dice lo último que escucharía en sus labios en diez años.

-Me gusto follar contigo Albus- hace una pausa-mejor dicho, me encanto que me follaras, la próxima vez tráete un lubricante, por amor de Dios.

Cierto, no era nada que ustedes esperasen escuchar de la boca del gran Gindelwald, pero yo no me sorprendo, se quien es.

-Haz lo que tengas que hacer Gellert- digo con voz seria- pero no te me atravieses en el camino.

-Tendré cuidado- dicho esto azota la puerta tras de él.

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DEJEN REVIEWS.

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