Capítulo 4

El enfrentamiento


El festival dio inicio desde temprano por la mañana. La ciudad entera formaba parte, por lo que las calles estaban adornadas con cientos de arcos de flores, mil y un tiras de papel de colores, música por todos lados, así como comida y juegos. Inclusive fuegos artificiales tronaban a la distancia.

Los diferentes locales participaban animadamente, y atendían a toda la ciudad, que se habían congregado en las calles para formar parte de las celebraciones. Había regalos y sorpresas en cada esquina, tanto para los niños como para los adultos; muestras gratis de helado, globos, rehiletes, y pececillos de colores, entre otras cosas, se repartían al por mayor.

Las diferentes escuelas que presentarían aquella noche algún espectáculo para el evento principal (desde primaria hasta universidad), se encontraban practicando una última vez, para pulir todos los detalles de sus diferentes puestas en escena. La escuela secundaria de Syaoran no era la excepción, y en el salón 1 del tercer grado se encontraban ensayando una vez más su obra teatral, antes de presentarse ante el resto de la ciudad, aquella noche.

-Se nota que sus esfuerzos han dado frutos -dijo la profesora, cuando el ensayo hubo terminado, y tanto ella, como el resto de la clase, aplaudieron-. Sin lugar a dudas la puesta en escena de esta noche será un éxito. ¡Muchas felicidades, niños! Tenemos un par de horas antes de que los eventos comiencen -les informó sonriente-, por lo que pueden divertirse un rato en el festival. Cuando sea hora de prepararnos, nos reuniremos de nueva cuenta detrás del escenario, ¿entendido?

La clase entera exclamó un animado "¡Si!", y de este modo, los estudiantes se apuraron a salir del aula, dispuestos a tomarse aquel pequeño y merecido descanso, antes de tener que dirigirse al teatro al aire libre donde se llevarían a cabo los números, y donde finalmente se pondrían los vestuarios y montarían la escenografía.

El resto del grupo había ya salido, y solo quedaban Syaoran, Sakura, Jin-Lin, Tomoyo y Eriol, pues se habían entretenido ya que la joven de largo cabello negro se encontraba guardando con sumo cuidado su nueva cámara de video, con la cual había grabado en su totalidad aquel último ensayo.

-¿Deberíamos ir a comer algo? -preguntó Jin-Lin a sus amigos, cuando Tomoyo hubo finalmente cerrado el maletín de su cámara.

Estaba de un buen ánimo, al igual que Tomoyo; a diferencia de Sakura y Syaoran, quienes se veían un poco tensos. Ni hablar de Eriol: el inglés se había decidido acompañarlos para saludar a sus antiguos compañeros de clase, pero ahora que estaba rodeado solo de sus mejores amigos, se notaba distante.

El grupo asintió por cortesía, pero antes de que se pusieran de acuerdo en qué comerían, o diesen un solo paso, un haz de luz azul surgió de la mochila de Syaoran, y tanto él como Sakura y Eriol, alzaron la mirada, visiblemente alarmados. Los cinco chicos (y Kero, quien había surgido al instante también de la mochila de Syaoran), corrieron a la ventana, desde donde observaron aquella desconocida esfera oscura flotando en el cielo, y que se tragó el haz de luz.

Sin duda, una nueva Carta Syaoran se había reunido con aquella Carta Clow.

Efectivamente, apenas visible debido a la oscuridad de aquella misteriosa esfera, se podía vislumbrar la silueta de aquella extraña niña de largo cabello gris, y mirada perdida. Flotaba en silencio, lo cual produjo un extraño sentimiento de pesadez en los cinco chicos y el felpudo guardián.

-¡Tenemos que hacer algo! -exclamó Kero, golpeando el cristal de la ventana, con su pequeño puño. Syaoran asintió al instante.

De su mochila, y de aquel ahora raquítico mazo de cartas, el muchacho extrajo una, y sin necesidad de invocar su báculo mágico, la lanzó al aire, dispuesto a utilizar su magia.

-¡Sueño! -dijo en voz alta, con lo que la magia de la carta se liberó al instante, y del mismo modo, aquella pequeña hada azul se alzó alto en el cielo, dejando caer aquella estela azul sobre la escuela.

Inmediatamente, los alumnos y profesores que se encontraban en el inmueble, sintieron los párpados pesados; sus cuerpos no pudieron soportarlos más y todos cayeron suavemente al suelo, quedándose dormidos inclusive antes de tocarlo.

Y entonces, sucedió: un terremoto.

Así fue como se sintió. El suelo se movió bajo sus pies, y tuvieron que asirse de lo que tuviesen más cerca, para evitar caer. Varias mesas y sillas se volcaron produciendo un estrépito. Sujetos del marco de la ventana, Sakura y Syaoran se apuraron a mirar fuera. Lo que vieron los hizo ahogar un grito.

Abajo, en el patio escolar, una nueva esfera negra crecía, como si se tratase de una pompa de jabón. Había surgido de la nada, apenas visible desde la distancia donde se encontraban, pero en cuestión de segundos había multiplicado su tamaño, y ahora, cubría por completo el patio escolar, que al igual que aquella misteriosa niña, se veía borroso debido a su oscuridad.

Y entonces, cuando el terremoto finalmente paró, la burbuja se disolvió en la nada, llevándose consigo lo que había quedado atrapado dentro de ella, y dejando detrás de sí un simple cráter.

Syaoran se incorporó inmediatamente, con la rabia bullendo en su interior. Debía hacer algo, y debía hacerlo ya. Aquella Carta se le había escapado ya una vez en la casa de los espejos, y no estaba dispuesto a dejar que ocurriese de nuevo. Frunciendo el entrecejo, y apretando con firmeza sus puños, comandó con el pensamiento a la Carta Sueño, para que durmiese al resto de la ciudad, y poder pelear sin poner a nadie en riesgo.

El hada azul estaba por retomar el vuelo para cumplir con las órdenes de su dueño, cuando sin ningún motivo aparente se disolvió en neblina azul, y no bien hubo terminado de regresar a su forma de carta, se convirtió en un haz de luz que encontró su final al ser absorbida por aquella esfera negra que seguía flotando en el aire, esta vez más cerca de la escuela.

-¡AHHH! -se escuchó un grito agudo al otro lado de la puerta, seguido por varios golpes sordos, así como otro par de gritos y gente corriendo.

La magia de la Carta Sueño parecía haber desaparecido también.

-¡Algo ha pasado! -exclamó Jin-Lin, y siendo seguido por Tomoyo y Eriol, el muchacho chino se abalanzó a la puerta del salón, abriéndola de un tirón.

-Syaoran… -exclamó Sakura, quien miraba a su novio. El muchacho aún tenía la mirada fija en la ventana, pero aquella misteriosa esfera había desaparecido ya.

Frunció el entrecejo una vez más, y girando sobre sus talones, él y Sakura se apuraron a seguir al resto de sus amigos.

Los cinco chicos (Kero escondido en la mochila de Sakura) corrieron al final del pasillo, donde al pie de las escaleras, en el rellano que llevaba a la planta baja, un grupo de personas les impidió el seguir bajando.

Se trataba de Naoko y Chiharu, quienes intentaban calmar a una llorosa Rika.

-¡Rika! ¡¿Rika, estás bien?! -gritaba Chiharu angustiada.

-¿Qué pasó? -preguntó Tomoyo, mientras ella y Eriol se acercaban a la joven, agachándose para quedar a la altura de las tres muchachas, quienes se encontraban en el suelo.

-Se ha torcido el pie -explicó el inglés, quien sujetaba ahora el frágil tobillo de Rika, la cual no pudo evitar gritar nuevamente, y llorar con más ganas.

-Cayó por las escaleras -explicó Naoko, a quien le temblaba el labio inferior, y no se atrevía a tocar a su amiga, por temor a hacerle más daño-. Ella iba por delante de nosotras; debió haber pisado mal, y…

Eriol volvió a concentrarse en el pie de Rika. En definitiva, la joven tenía un esguince, le sería prácticamente imposible el ponerse en pie…

-No podrás participar en la obra así… -susurró Chiharu, mientras su amiga se abrazaba de ella e intentaba contener las lágrimas, sin mucho éxito.

-¡Pero la obra debe llevarse a cabo! -exclamó la joven.

-Alguien deberá reemplazarte -intervino Sakura-. ¿Alguna de ustedes…?

Naoko y Chiharu se miraron entre ellas.

-Pero nuestros papeles… -dijo Naoko.

-¿Y tú, Tomoyo? -se apuró a preguntar Chiharu.

-Debo encargarme del vestuario, detrás del escenario -respondió la joven de largo cabello negro.

-¿Entonces…?

-¡Qué lo haga Sakurita! -intervino Jin-Lin.

-¿Qué? -no pudo evitar espetar su prima-. Jin-Lin, no puedo hacerlo…

-¡Claro que puedes! -se defendió su primo a toda velocidad-. Has estado en todos los ensayos; te sabes las líneas del protagónico de memoria…

-Tienes que hacerlo, Sakura, por favor -dijo Rika entre sollozos-. No podemos cancelar la obra por mi culpa. Eres nuestra única opción…

-Rika tiene razón, Sakura -intervino Eriol.

Su tranquila mirada y la suavidad de sus palabras fueron lo que finalmente hicieron que Sakura accediese a formar parte de aquella loca empresa.


No tenían tiempo que perder. Aún faltaban un par de horas para que el evento diese comienzo, y un par más para que la obra se presentase ante el público, pero Tomoyo debía realizar varios ajustes al vestuario de Rika para que le quedase a Sakura, por lo que el grupo tuvo que separarse para llevar a cabo las diferentes misiones que debían cumplir. Mientras Syaoran y Kero analizaban la situación en la que se encontraban, Tomoyo y Sakura trabajaban en los ajustes de vestuario, al tiempo que Jin-Lin y Eriol se encargaban de llevar a Rika a la enfermería para que le vendasen el pie.

Un par de horas después, cuando cayó la noche y el show dio comienzo, todos se encontraban ya en sus puestos. Sakura y Syaoran se preparaban en los camerinos junto con el resto de la clase, pues la obra era el siguiente número en presentarse. Por su parte, Tomoyo se encontraba sobre el escenario, cantando con los chicos del coro, mientras que Jin-Lin y Eriol la miraban desde el público, sentados detrás del padre de Syaoran y la madre de Tomoyo, donde estarían en alerta por si algo se llegase a ocurrir. Igualmente se encontraban muy cerca de Touya y Yukito; confiaban en que, si algo malo ocurriese, tendrían a Yue lo suficientemente cerca como para entrar en acción al instante.


-¡Hemos terminado! -exclamó Tomoyo, cuando ella y los chicos del coro ingresaron en los vestidores, donde el resto de la clase se encontraba ya a la espera de ser llamados-. ¡La obra es el siguiente número!

-Ya viste lo que ocurrió en la escuela -dijo Kero a Syaoran por lo bajo, mientras fingía ser un muñeco de felpa, sentado sin moverse frente al tocador del camerino. Syaoran asintió moviendo la cabeza lo mínimo-. La situación está a una nada de salirse de control, por lo que debemos ser cuidadosos, y estar en alerta por si lo peor se llegase a ocurrir.

Syaoran volvió a asentir.

-Entendido -fue lo único que pudo decir, antes de dar media vuelta, y dirigirse con el resto de la clase, al escenario.


Cuando las luces se encendieron, la escenografía que se reveló mostraba un bonito salón de baile, así como un grupo de diez parejas que, vistiendo sendos trajes o elegantes vestidos y portando todos antifaces negros, comenzaron a bailar apenas la música se inició.

Un reflector se encendió y apuntó a un extremo del escenario, por donde Sakura y Chiharu hicieron aparición.

Chiharu llevaba un sencillo vestido de doncella verde, así como un par de listones del mismo color en sus coletas. Sin embargo, Sakura llevaba un hermoso y elegante vestido rosa pálido de mangas abombadas, y una falda que por delante le llegaba justo arriba de las rodillas, mientras que por detrás arrastraba por el suelo. En el cuello llevaba una gargantilla con una estrella dorada, y en la espalda un par de alas la hacían parecer un ángel. En el cabello, al igual que Chiharu, llevaba un listón, salvo que el suyo era rosa. También llevaba listones en sus zapatillas, y rodeaban sus piernas subiendo hasta sus rodillas, como si se tratase de una bailarina de ballet. Al igual que el resto de los presentes en aquella fiesta, las chicas también portaban antifaz, salvo que el de Sakura, para combinar con el resto de su vestuario, era rosa.

-No puedo creer que me hayas hecho venir a este baile -reprochaba Sakura a su doncella-. La batalla contra el reino vecino por aquella piedra mágica aún no concluye, y aquí me tienes, obligándome a asistir a bailes sin sentido…

-La vida no son solo guerras, mi princesa -se defendió Chiharu a toda velocidad-. También debe recordar que la guerra es dictada por su padre, el Rey. No hay nada que nosotras podamos hacer para detenerlo de llevar a cabo este conflicto. Así que, siendo usted incapaz de parar aquello, pensé que lo mejor sería que se distrajese; y nada mejor que un baile para ello…

-¡Pero a costa de nuestros soldados que todos los días están muriendo en el campo de batalla!

-Quizá el ver las cosas desde otra perspectiva le ayude a buscar una mejor solución al problema, que el continuar con la guerra -volvió a intervenir Chiharu-. Quizá aquí logre encontrar la solución y poner un fin a las acciones de su padre. Después de todo, los aquí presentes provienen de todo el mundo; alguien detrás de estos antifaces quizá tenga la respuesta para acabar con este conflicto.

-Pero…

-Sólo diviértase un poco -arremetió la doncella-. Al final de la velada podemos pretender que nada aquí ha ocurrido, y regresaremos al castillo, donde podrá volver a ser la mano derecha del rey, y ocuparse igualmente de esta guerra.

Chiharu no dijo nada más, y Sakura pareció no poder encontrar algún otro argumento, por lo que, retorciéndose las manos, y mordiéndose la comisura del labio, se acercó a la pista de baile, visiblemente nerviosa.

Pero nadie de los que bailaba se acercó a ella, dispuesto a pedirle que les concediese una pieza. La joven princesa se quedó allí, mirando desde fuera. No pudo evitar sentirse frustrada. ¡Su pueblo estaba luchando allí fuera, justo en esos momentos! ¿Y dónde estaba ella? En un tonto baile…

-La guerra no tendrá fin, no a menos que algún reino se quede con aquella piedra. Esa joya… -y suspiró con pesar-. Podrán ocurrirse años de lucha, los dos reinos son lo suficientemente poderosos y ninguno cederá… ¿No hay otro modo de detener todo esto? ¿Y si la piedra mejor desapareciese? ¡Que nadie la tuviese…!

Estaba dispuesta a darse por vencida y pedirle a su doncella que la llevase de regreso al palacio, cuando un hombre, un poco más alto que ella, se detuvo a su lado.

-Pienso que tiene toda la razón -dijo aquel muchacho.

Lo miró de reojo. Se trataba de Syaoran. Vestía un pantalón color crema y zapatos blancos, un chaleco rojo oscuro con detalles dorados en su cuello y hombros, así como una banda dorada con bordes rojizos, que le cruzaba el pecho. Al igual que su camisa, su antifaz era rojo.

-¿Quién es usted? -preguntó Sakura, nerviosa.

El caballero se limitó a sonreírle.

-Esta fiesta está diseñada para mantener nuestras identidades en el anonimato -fue la respuesta de Syaoran, al tiempo que apuntaba a su propio antifaz-. Si no está permitido mostrar nuestros rostros, creo tampoco será oportuno el revelar nuestros nombres.

Esta vez fue el turno de Sakura de sonreír.

-Discúlpeme -dijo la joven-. Es la primera vez que asisto a un baile de antifaces. A decir verdad, no suelo mucho asistir a este tipo de eventos…

-Yo tampoco -se apuró a responder Syaoran-. Mi cabeza está ocupada en otros asuntos más urgentes, de vida o muerte, podría decirse. Pero mi consejero me insistió tanto en el tema, y cada vez me quedaba con menos y menos excusas…

-¡Lo mismo me ha pasado a mí! -sonrió Sakura-. Mi doncella ha sido quien me ha traído casi a rastas…

-¿Eso significa que ninguno de los dos tiene el más mínimo interés por estar en esta fiesta? -preguntó Syaoran, a lo que Sakura asintió inmediatamente-. ¿Podemos despotricar contra el evento juntos? -Sakura asintió una vez más-. ¿Y podemos hacerlo mientras bailamos?

La joven se retorció las manos, nerviosa.

-No sé bailar -se excusó.

-Que suerte la suya -sonrió el muchacho-. Yo soy un excelente bailarín, y no me molestaría darle un par de lecciones rápidas.

Sakura no pudo evitar derretirse al ver su sonrisa y sus brillantes ojos castaños, y antes de que pudiese inventarse otra excusa más, se descubrió a sí misma rodeada por el brazo de aquel caballero, mientras sus dedos se entrelazaban, y bailaban por toda la pista. Él era tan bueno bailando, que la hacía bailar a ella con facilidad, guiándola siempre, como si sus cuerpos se amoldasen a la perfección, y ella supiese qué hacer.

Se sentía como si flotase sobre el suelo.


-¿La está abrazando demasiado cerca, no es así? -mascuyó Touya entre el público-. Bailan muy pegados…

Jin-Lin asintió dos asientos más a la derecha.

-Se ven adorables -exclamó una sonriente Yukito, al tiempo que les tomaba una fotografía.

Eriol y Fujitaka también sonrieron. Sonomi aplaudió en silencio.


Un par de cambios de escenografía más tarde, el escenario mostraba ahora un jardín, así como varias columnas. Una banca se encontraba en medio de todo, donde Sakura se hallaba sentada, ahora sin el antifaz, con la mirada gacha y los ojos llorosos.

Syaoran se encontraba de pie junto a ella, igualmente con el rostro descubierto, y una expresión preocupada.

-No sabía que eres el príncipe del reino vecino -sollozó Sakura, mirando al suelo-. ¡No soy capaz de enviar a mi gente a morir, en especial si es en contra de la tuya! ¿Y si tus tropas vencieran a las mías, y mi vida terminase en tus manos? ¿Y si fuese el caso contrario, y murieses en el campo de batalla?

-Por favor, princesa. No diga esas cosas…

-¡No podría vivir con la idea! -interrumpió Sakura-. ¡No soy ya capaz de vivir sin ti! Si por mi fuese, ordenaría a mi gente bajar sus armas y rendirse. Gana la guerra, quédate con la piedra. Si eso significase que nosotros… ¡Pero mi padre no lo consentiría! Es decir, el rey…

-Sé muy bien de lo que el rey es capaz -interrumpió Syaoran, con lo que su rostro se ensombreció-. Por ti, yo sería capaz de bajar mis armas y rendirme. Entregarle el poder absoluto de la piedra a tu reino. Pero sé que tu padre no perdonaría mi vida. Una vez enemigo, nada me convertiría en su aliado. Y no hay mejor manera de deshacerse de sus enemigos, más que la mue…

¡No lo digas! -sollozó Sakura, con lo que Sayoran se apuró a hincarse frente a ella.

-Discúlpame -dijo el joven apenado-. Te pido perdón por haberme enamorado de ti.

-No pidas perdón -dijo la muchacha, mirándolo directamente a los ojos-. Porque yo también te amo, y no pienso disculparme por ello. ¡El enamorarme de ti no es ningún error! Así que por favor no digas eso de amarme a mí…

Se abalanzó sobre Syaoran. El momento cúspide de la obra era el beso entre los protagonistas, y había llegado la hora. Con aquel par de lágrimas pendiendo de sus pestañas, Sakura se inclinó sobre Syaoran, quien aún se encontraba hincado frente a ella, y preparó sus labios…

La escena fue interrumpida por aquel estruendo que hizo temblar todo el escenario. Al instante, los focos que iluminaban la romántica y dramática escena estallaron, y con ello, el lugar entero quedó a oscuras, mientras los espectadores se preguntaban si aquello era parte de la puesta en escena, o se debía a dificultades técnicas.

-¡Syaoran! -exclamó Sakura, e ignorando el guion, se abrazó de su novio, visiblemente consternada.

Sí, para ellos no quedaba duda de quién estaba ocasionando aquello.

-Es esa carta… -masculló el muchacho.

Como si la hubiese invocado con sus palabras, aquel haz de luz surgió del bolsillo de su pantalón, y al instante, varias Cartas Syaoran salieron de allí en fila, ignorando sus manos que se agitaban en el aire, e intentaban detenerlas. Ignorando los deseos y ordenes de su dueño, las Cartas se alzaron en el aire, y se perdieron en el oscuro cielo.

Y entonces, ocurrió.

Un nuevo temblor hizo que todos los espectadores, así como los actores que se encontraban detrás del escenario, tambaleasen y cayesen. Al final de las gradas, surgiendo de la nada, se infló una enorme esfera oscura, la cual desapareció al instante, llevándose con ella todo lo que había allí, incluyendo las sillas, incluyendo la gente.

El primer grito agudo dio paso al pánico. Varios gritos más surgieron de la multitud. Sin embargo, ninguno duró mucho, ya que nuevas esferas oscuras comenzaron a surgir, y al desvanecerse, se llevaban todo lo que había quedado encerrado dentro de ellas.

-¡Sakura! -exclamó Syaoran, y empujando a su novia, quedó tendido sobre ella, mientras a sus espaldas, una nueva esfera borraba la mitad del escenario, y las primeras filas del público.

-¡Cuidado! -exclamó Eriol, sin embargo, fue demasiado tarde. Aquella esfera había surgido justo a los pies de Jin-Lin, y ninguno de los dos había tenido el tiempo para reaccionar y lograr salvar al chico chino, el cual desapareció en la nada junto con Fujitaka y Sonomi, cuando la esfera se disolvió en el aire.

Un par de metros más a la izquierda, Touya corrió con la misma suerte.

-¡Cuida a Syaoran! -exclamó el universitario, cuando la esfera lo reclamó.

-¡Touya! -exclamó Yukito, transformándose en Yue, sin embargo, para cuando la ángel llegó a su novio, allí ya no había nada.

-Tenemos que llegar con Syaoran -dijo Eriol, a lo que Yue asintió, y cargando al muchacho, la ángel extendió sus alas y se dirigió hacia donde su dueño esperaba.

-¡Syaoran, Sakura! -exclamó Kero, quien en su forma de león sin melena, llevaba a Tomoyo en su espalda-. ¿Se encuentran bien? -preguntó el guardián del sol, cuando todo el grupo (o lo que quedaba de él) se hubo reunido.

-¡Desaparecieron los que se encontraban con nosotros! -exclamó Tomoyo, mientras Eriol la ayudaba a bajar del lomo de Kero.

-Los que estaban con nosotros también -anunció Yue-. Incluyendo a su madre, señorita Daidouji. Y Syaoran, tu hermano y tu padre… -Syaoran frunció el entrecejo-. A decir verdad, ha desaparecido toda la ciudad. Los únicos que quedamos… somos los aquí presentes.

El silencio cayó sobre de ellos, y fueron finalmente consientes del peso de la oscuridad, pues más de la mitad del alumbrado público había sido reclamado por aquellas esferas, dejándolos apenas iluminados por la luz de la luna.

-Tenemos que convertirla en Carta Syaoran cuanto antes -dijo el joven, al tiempo que apretaba fuertemente los puños, al grado de hacerse daño en las palmas de las manos-. Para recuperar el resto de las Cartas, y restaurar la ciudad…

-¿Te pondrás un cosplay, no es así? -intervino Tomoyo, con lo que el grupo entero la miró, sin saber cómo reaccionar ante aquellas palabras. La joven de largo cabello negro se apuró a aclararse-. Durante todas tus aventuras, siempre has usado un cosplay confeccionado por mí, y siempre has regresado sano y salvo… No quiero que esta sea la excepción. Por favor -pidió la joven.

Su expresión era tan apacible, y tan llena de fe, que Syaoran no pudo evitar asentir.

-Tengo uno también para ti, Sakura -dijo Tomoyo, y tomando a la joven china del brazo, se apuró a llevarla tras lo que quedaba del escenario.

Syaoran estaba por seguirlas, para cambiarse el también, cuando la voz de Eriol lo detuvo en seco.

-Espera un momento, Syaoran -musitó el inglés, con lo que el joven japonés se detuvo, dándole la espalda, detalle que no incomodó a Eriol. A decir verdad, era mejor así-. Hay algo que debes saber respecto a esta Carta Clow.

-¿Hay algún problema? -preguntó el muchacho.

-A decir verdad -respondió la encarnación del Mago Clow-. Sí.

Syaoran siguió sin girarse para mirarlo. Si no había dicho palabra frente a las chicas, debía ser algo lo bastante preocupante, o delicado. Eriol respiró profundamente, antes de continuar.

-Sellar la Carta y convertirla en Carta Syaoran, si bien es una tarea complicada pues representará una batalla, es lo más sencillo de llevar a cabo en esta empresa -inició en su usual manera de hablar, tan ceremonial-. Sin embargo, para completar el hechizo, es necesario cumplir con un requisito más.

-¿De qué se trata?

-El kekkai que mantenía la carta sellada, se ha roto. Eso ha quedado ya claro, así como el hecho de que su poder reside en la destrucción. Esos son los dos únicos detalles que conocemos de ella; los más cruciales, si me permites decirlo. Podrán ser sus fortalezas, pero para poder vencerla, debemos tratarlas como si fuesen sus debilidades. Eso significa, que la única manera de lograr atraparla, es creando un nuevo kekkai que logre mantenerla dentro de una Carta Syaoran. Y esto solo podrá ser posible, dándole lo que ella quiere. Sabes lo que es, ¿no es así?

-¿Algo que pueda destruir? ¿Algo que pueda borrar? ¿Desaparecer para siempre? -Syaoran se preguntó qué más podría ser eliminado, aparte de la ciudad.

Detrás de él, Eriol asintió.

-Requerirá algo que desaparezca de la faz de la tierra, para siempre. Y siendo una creación del Mago Clow, quizá te des una idea de por dónde va este requerido sacrificio. Al igual que en el juicio final, la naturaleza de esta Carta no permitirá que se conforme con cualquier cosa con la que hayas tenido contacto. Esta vez, la Carta solicitará un elemento que te sea importante. A decir verdad, requerirá lo que sea más importante para ti.

-¿Qué…?

-Creo que tienes la respuesta a eso -interrumpió el inglés-. ¿Qué es lo más importante para ti en este mundo? ¿Lo más importante para proteger? ¿Aquello que amas más?

Un par de ojos verdes surgieron en su mente. Una corta cabellera castaña.

-No… -susurró asustado-. Ella no…

-¡Syaoran! -exclamó Sakura en la distancia-. Debes cambiarte tú también.

No podía sacrificarla a ella.


¡Hola a todxs de nueva cuenta!

Estas dos semanas se sintieron como una eternidad, pero ¡ya estamos aquí! Un capítulo más y esto termina. ¿Se siente cardiaco? Espero que sí (?). La presencia de Eriol hace que todo suene más dramático, perdón por ello (?). ¿Que tal la revelación de que lo que deberá sacrificarse es Sakura? No me refiero solo al sentimiento, sino a la persona completa, ya saben, para meter más drama (?).

Como ya les había dicho, debido a que la idea de la peli (y del fic, para variar) hace incapié en que el prota (en est caso Syaoran) se quede sin las Cartas, les comento nuevamente que no esperen una pelea épica como en el fic original, pues no hay armas con las cuales hacerlo. En vez de eso, pues seguiré apostando al drama, así que esperen un final aún más cardíaco (?)

¡Y no digo nada más! Lxs dejo en ascuas por dos semanitas más, y nos vemos en 2 sábados. ¡Muchas gracias por los reviews, follow y favorites! Y como siempre, una disculpa por no responderlos. De todos modos, me los leo todos, y se los agradezco de todo corazón. ¡Crucen dedos para que este año finalmente compre una pc! (?)

Y para no hacer más largo este comment, los dejo para que dejen un review más. ¡Sigan bellos!