Capítulo 4

El dolor de las palabras

Esa noche, mi vida cambio, para siempre.

Había un sobre con mi nombre en él, pensé que era de alguna universidad a las que había aplicado en caso de necesitar un Plan B, nadie sabía que iría a NY.

Lo tomé y lo abrí, dentro había una foto de una pareja, un poco vieja, pero en ella tenían uno 16 años, sonreían y estaban abrazados, ella tenía el cabello castaño, de tez clara, delgada y se veía linda, el chico era un poco más alto, vestía un uniforme de americano, tenía unos profundos ojos oscuros, y una sonrisa encantadora. Se veían felices. No los conocía, por lo tanto, no sabía de que se trataba.

Abrí la hoja que acompañaba la foto, y mi mundo se derrumbó.

Eres nuestra pequeña Marie….

Te llevaron lejos de mi al nacer….

Mi padre me mintió….

Mi madre me lo confeso al morir….

3 años buscándote…

Siento la manera en que te lo digo, pero tus padres, Emse y Carlisle no me ha dejado otra opción, tenemos un año tratando de llegar a ti…

Soy Renne, Tu madre…

Es Charly, tu padre…

La hoja temblaba tanto que me era imposible leerla, espera, no, no era la hoja, era yo.

Así me enteré de que era adoptada

Así supe que mis padres ocultaban la verdad

Y entonces lo llamé, el único que podía sujetarme en medio de la tormenta.

Media hora después Matt tocaba a mi puerta, segundos después de eso el me sostenía entre sus brazos y entonces mi dolor salió.

El no entendía que pasaba, el solo estaba ahí para mí, esperando, dándome su calor, embriagándome con su amor. El tiempo no fue tiempo, el simplemente me sostuvo, me llevo a la seguridad y me dio un faro en medio de la oscuridad.

Cuando le pude contar al fin, el solo me miro y sonrió con melancolía.

-tu siempre serás mi Bella- y me besó. En ese momento supe que él era lo que más amaba y que haría hasta lo imposible por permanecer junto a él.

Llegamos a mi habitación, había un tenue resplandor a nuestra llegada, cortesía de las velas que logramos encender, las colocamos en mi mesita de noche y nos quedamos uno frente al otro, el acaricio mi mejilla y yo cerré los ojos tras su suave caricia, gire mi cara y bese su mano, la tome en la mía y lo bese.

Fue algo lento, más bien tentativo al principio, ambos seguíamos mirándonos, observándonos, midiéndonos, su nariz acaricio la mía, sus manos tomaron mi cintura, las mías se enredaron en el cabello de su nuca, nuestros cuerpos se encontraron, y en la noche más oscura, se encendió la luz más brillante de mi vida.

Dolió, dolió la primera vez que lo sentí por completo dentro de mí, pero después fue el placer más sublime que haya experimentado alguna vez, el me miro y me hizo sentir la única mujer del mundo, acaricio mi cuerpo con delicadeza, me beso con pasión, me tomo con frenesí y me hizo estallar en miles de pedazos para volver a colocarlos en un orden diferente, era yo, pero no lo era, ahora había una parte de el en mí, para siempre. El mayor tesoro que guardó de él. La consumación de mi amor adolescente, mi primer amor, el más inocente.

La mañana solo fue el ojo del huracán, el daño apenas comenzaba.