Capítulo IV.

El frío que envolvía sus manos estaba empezando a molestarla. Era el gran día; ese en el cual ella cambiaría su estado civil y en el cual debía hacer acto de presencia en una pequeña reunión en una oficina desconocida para ella. El sentimiento de felicidad en ser una futura novia solo había sido contraproducente, de ser la típica sonrisa destellante paso a ser una mueca vacía. Iba a casarse con un completo desconocido.

Nervios, sí, era lo que estaba provocándole querer vomitar. Veía el vestido en su cuerpo, el maquillaje era claro pero sus ojos habían resaltado mucho más de lo que podía imaginar, tacones altos, a pesar de todo se sentía como si estuviera en una de esas películas en las cuales no sabes que sucederá a tu alrededor, ni los momento ni las personas.

—Kagome, todo esta listo— avisó Sango entrando a la habitación, llevaba un vestido casual, no muy elegante, pero iba bien arreglada para la ocasión.

—Yo no me siento lista— murmuró sintiendo como el nudo en su estomago creía.

—Todo estará bien— consoló la castaña mientras se situaba a su lado —. Él parece buena persona, su matrimonio no será más que dicha.

Esas palabras podían ser lanzadas al vacío, ella no sabía nada, ¿qué era casarse por el civil? ¿Podría cargar con el hecho de que a su verdadero marido le dijera, que era mujer divorciada? Suspiró mientras se formulaba muchas más preguntas. No era momento de pensar, pero tampoco lo era para desconectarse de todo lo que acechaba su mente.

Recordó la cara de su mamá al mentirle, le había sonreído tan dulcemente que quiso llorar, ni siquiera ese día había ido a la Universidad. ¿Ahora que le diría el fin de semana para irse de la ciudad?

—Creo que estoy lista Sango— comentó mientras cerraba los ojos.

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—Mamá.

¡Inuyasha querido! Que sorpresa escuchar tu voz— contestó una mujer del otro lado del teléfono.

Inuyasha se encontraba con los codos recargados en sus rodillas, estaba sentado en su sillón ejecutivo. Había ensayado por horas la corta conversación que tendría con su madre, pero mientras más profundizaba más a regañadientes se reprendía. No era suficiente, tal vez lo cacharía en la movida. Valía la pena arriesgarse, a fin de cuentas la culpa la tenía su padre, por obligarlo a cumplir con los requisitos del testamento.

—Lo sé, ¿cómo te encuentras?— preguntó mirando sus zapatos lustrados.

Extraño a tu padre…

Cerró los ojos con fuerza, le partía el corazón escuchar así a su progenitora. ¡Su padre ni siquiera se merecía el amor de su madre! Levantó los ojos y resopló. Él no podía decir nada en el estado tan delicado de ella.

—Llame para avisarte que estaré allí el fin de semana— anunció mientras se tallaba el puente de la nariz.

¡¿Hablas en serio?!— exclamó eufórica.

—Así es

¡Sesshomaru esta inquieto por volver a verte!

Nuevamente sintió un malestar en su cuerpo, dos hombres a los que odiaba.

—Arregla para el viernes un cuarto para dos.

¿Qué dices?

—Llevaré a mi esposa.

—…

—¿Mamá?

¿Por qué no me contaste de esto Inuyasha?

—Hoy me casé mamá— contestó con voz serena —. Y no pude haber sido más feliz.

¡¿Por qué no esperaste por nosotros?!

—Solo sucedió, hablamos después— cortó aguantando el resoplido.

¡Inuyasha Taisho!

—Saludos mamá, hasta el viernes— tajó y colgó.

¿Por qué la había llamado antes? Por una muy fácil razón, se hubiera arrepentido. Él no estaba listo ni lo estaría nunca para el matrimonio, no quería compromisos y allí estaba. Tal vez en el altar vería a esa mujer y correría despavorido. Todo tenía que hacerlo por maldita formalidad. Se levanto del sillón, deseaba con toda su alma tomarse la botella de wiski que estaba sobre su estante.

—Ya llego tu hora Taisho— se dijo intentando animarse.

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Izayoi sonrió al teléfono, ¡Por fin tenia una nuera! Moría por conocerla desesperadamente.

—Debe ser muy guapa— comentó para si misma mientras veía a un hombre alto entrar por el arco de la sala estar.

Ojos dorados electrizantes, porte elegante y de estatura alta. El color de su cabello un exótico platinado. Un traje bastante imponente, el andar tranquilo y relajado que no proponía fuera un hombre lleno de ocupaciones. Se sentó al lado de Izayoi mientras revisaba su celular.

—Era Inuyasha— Izayoi sonrió.

—Ya veo.

—¿Harán las paces por fin?— le preguntó la mujer con una voz dulce.

—Eso lo pidió padre.

—No les vendrá mal trabajar juntos…

—Sin ofender Izayoi, tu hijo es un malcriado— interrumpió Sesshomaru impasible.

—Dale tiempo.

—No pongas todas tus esperanzas en él— advirtió mientras regresaba sus ojos al móvil.

—Es mi hijo…

—Es mi hermanastro— recordó mientras leía atento el mensaje —. Y no ha hecho más que provocarme decepciones.

La sonrisa de la mujer disminuyó, vería a su hijo después de tanto tiempo… La llamaba de vez en cuando recordándole momentos felices, ¿qué sería de su adorado Inuyasha? No podía saber que tan mal estaba hasta que lo viera en sus ojos, su instinto de madre no fallaría. Se levanto con la gracia de una modelo.

—¿Gustas algo para comer Sesshomaru?— invitó con una sonrisa sincera.

—Acepto con gusto Izayoi— contestó mientras guardaba el celular y se levantaba.

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Movió la perilla y Kagome entró a la habitación, estaba allí dos personas. Una de ellas debía de suponer era el Juez que llevaría acabo la celebración de su "matrimonio". Debía de haber costado algo de dinero lograr que el juez se trasladara a esa oficina. Y por otro lado estaba Inuyasha platicando de manera cruda con él, iba vestido de traje, como se estaba haciendo muy normal verlo. Volteó a verla y se encontró con la sorpresa de que su rostro parecía imperturbable.

—Hablé con el Juez Myoga— le dijo Inuyasha al verla —. Le pedí que no fuera una boda religiosa-civil.

¡Fantástico! Esta celebración no puede ser más rara— pensó Kagome.

—Me parece bien— comentó de manera fría.

Inuyasha enarcó las cejas de forma extraña a la contestación, ¿qué sucedía con esa mujer?

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Sango caminaba con rapidez hacía el pasillo, cuando un color llamo su atención, era un color definitivamente chillón. Un traje verde limón sobre un hombre con tal perfección que había hecho que redujera su paso. Llevaba unos lentes que le daban un aspecto misterioso y la intrigó.

—Hola bella señorita— saludó el hombre con una sonrisa tan cálida que la derritió al instante.

—Hola— contestó bajando la mirada.

—¿Es la testigo de la…?— intentó preguntar Miroku levantando la mirada, ¿qué era? ¿Inuyasha había mencionado el nombre de la mujer?

—De Kagome, sí— respondió de forma tranquila.

—Yo de Inuyasha— murmuró mientras extendía su mano —. Miroku para servirle señorita.

Sango extendió su mano con una sonrisa, y lo siguiente que vio, fue los labios del hombre sobre la parte superior de su mano. Con un sonrojo la quitó.

—Gracias, soy Sango.

—¿Sango? Que extraño nombre— comentó mientras la veía abrir la boca con sorpresa.

—¿Extraño? Extraño es el color de tu traje.

Miroku se retrajo y miro las mangas del llamativo color, quiso reír con ganas, Sango caminó dignamente hacía la oficina con la cabeza en alto. Miroku sonrió ante su desplante y la siguió.

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Después de que llegaran los testigos y se situaran a cada uno empezó la celebración. Kagome empezó a sentir como las piernas le temblaban de forma gradual. Sentía que los oídos se habían tapado de forma consciente, veía de reojo a Sango que estaba sonriendo por ella. ¿Aún no entendía como se sentía justo en ese momento? Vio de reojo a Inuyasha y nada. Era solo una barrera tajante entre los dos que solo ella podía palpar.

Inuyasha sintió la mirada de Kagome, sintió una gota de sudor corriéndole por el cuello. Maldición, se sentía tan molesto. Cada vez que hablaba el Juez, los dos sentían en sus hombros la tensión agrandarse más y más.

—Ahora puede ponerle el anillo joven Taisho— anunció el Juez con una sonrisa.

—Myoga, te pedí que no fuera "religiosa", ¿recuerdas?— le preguntó con los dientes rechinando.

—Ella ni siquiera tiene el anillo Inuyasha— le susurró Myoga con una mueca —. Ten la decencia de por lo menos dignarte a hacer eso por ella.

—¿Quién va a pagarte?— le preguntó por lo bajo.

Inuyasha escuchó el carraspeo de Miroku, le señalo a Kagome y cuando la miró lo que detecto fue su mirada perdida en nada. Resopló agudamente, Miroku sacó de sus bolsillos las alianzas que se encontraban en un pequeño paquete de terciopelo.

¡No puedo estar viviendo esto!— se gritó mentalmente Kagome.

Inuyasha se volteó a verla, vio los ojos confundidos de ella. Entonces la tomó de su mano sin siquiera hacerle una seña, no sintió siquiera el temblor que Kagome había expresado corporalmente. Con cuidado empezó a meter la sortija en su dedo anular.

Kagome vio como la alianza empezaba a amoldarse en su dedo y su mundo se vino abajo en ese mismo instante, el tenerla entre sus dedos le había demostrado que todo era real, todo había cobrado un nuevo sentido. Sus defensas habían caído hasta el suelo y su sentido común igual. Unas lágrimas silenciosas empezaron a correr por sus mejillas, debía de recordar que papel estaba representando en ese instante.

—Y siendo las once de la mañana— anunció el Juez con una sonrisa conmovida por las lágrimas de la mujer —. Los declaró legalmente marido y mujer.

—¡Besa a la nueva esposa Inuyasha!— gritó eufórico un Miroku.

Kagome levantó su mirada directamente a los del oro fundido, lo que alcanzó a detectar fue una mirada llena de confusión, las lágrimas no dejaban de brotar de sus orbes cafés.

Miroku se acercó a Inuyasha, y lo empujó pegándose a Kagome de forma incomoda.

—Si no la besas eres un marica— le dice Miroku nuevamente presionando.

Inuyasha tragando de manera nerviosa en toda la ceremonia, inclina sus labios hacía ella y la ve cerrar los ojos. Presiona sus labios de forma casta sobre los de la mujer, siente debajo de él las manos de ella sujetarlo de sus caderas. Al instante levanta la cara y encuentra un sonrojo adornando las mejillas de Kagome.

Kagome abre los ojos, sintiendo a su corazón golpear repetidas veces al sentir los labios de él, pero alentando los golpes al transcurso del beso, por todas las partes de su pecho, ¿eso era un beso de verdad? ¿Y por qué se sentía tan decepcionada? ¿Por qué le dolía tanto que el fuera tan retraído y la rechazara de esa forma?

¿Es que estaba enamorada?...

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Estaba en el baño con el brazo pegado en la pared, no podía dejar de sentirse como la idiota más grande del universo, se había casado con un hombre por pura conveniencia, todo porque no quería echarse atrás con su palabra, para ganar dinero. Sintió una revoltura de sentimientos dentro de ella, sentía desastre en toda la extensión de la palabra, ¿qué se hacía de ahora en adelante?

—¿Kagome?— susurró una voz fuera del baño.

La voz de ella no se escucho en ninguna parte.

—Se que estas allí, por favor dime algo— pidió de manera preocupada la castaña.

—¿Qué harías en mi lugar?— cuestionó la pelinegra mientras bajaba la mirada y se encontraba con la tasa de baño.

—Disfrutar de mi flamante marido por supuesto— le dijo con una sonrisa —. A fin de cuentas están casados Kagome.

—Me siento extraña.

—Deberías, oficialmente estas casada.

—Pero es como si no lo estuviera.

—Miroku y yo acabamos de firmar— anunció mientras tosía un poco —. ¿No vas a tomarte fotos de su ceremonia?

—No quiero recuerdos— le gritó mientras se mordía el labio y golpeaba despacio en los azulejos.

Un hombre se había quedado estático fuera del baño, no sabía que sentir, ¿lástima? Quiso reírse, ¿Ponerse así solo por una mujer que ni siquiera conocía? Agitó su cabeza mientras regresaba a donde Miroku y Myoga.

Se situó entre los sillones ejecutivos.

—¿No pudiste haberte traído algo más ridículo?— preguntó Inuyasha rolando los ojos.

Miroku volteó a verlo y sonrió.

—Específicamente dijiste, el mejor traje— Miroku se sirvió un trago de tequila —. Y eso hice, puede parecer de bufón, pero resalta muy bien mi personalidad.

—¿De ser un potencial payaso?

—Eh…

Miroku se quedó parcialmente callado.

—Paso a retirarme jóvenes— dijo Myoga mientras se alisaba el traje.

—Te llegará el cheque este fin de semana— afirmó Inuyasha mientras bostezaba.

—¿Dónde esta la nueva señora Taisho?— preguntó con una pequeña sonrisa.

—Eso no importa viejo Myoga— respondió mientras se tallaba la nuca.

—Es tu esposa.

—Solo temporalmente.

—Aún así, ella ha aceptado casarse contigo joven Inuyasha— reclamó el viejo mientras se cruzaba de brazos —. ¿Por qué crees que prefiere estar contigo a estar en otro lugar?

Buena pregunta… Nunca había pasado por su mente el cuestionarse razones que parecían sencillas de contestar. Pero mientras más esculcaba en su memoria, menos entendía el desenlace de los hechos, lo único de lo que podía estar seguro es que lo que estaba hecho, hecho estaba.

—Con su permiso caballeros, paso a retirarme.

—¡Hasta pronto viejo Myoga!— despidió Miroku con una pequeña sonrisa.

—¿Para casarte también?

—Eh…

Callado por segundo vez.

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—Kagome, me voy— se despidió Sango con una sonrisa.

—¿Qué? ¿A dónde?— Kagome de repente se sintió muy nerviosa.

—Iré a comer con, bueno…— se cortó de repente colocando su mano en su boca —. Con el otro testigo.

—¿Estas de broma?

—No, me invitó y no pude decirle que no.

—¿Hablas del hombre perico?

—¿Hombre perico?

—¡El de traje verde mírame a fuerzas!— exclamó exaltada, ¿Qué diantres pasaba por la mente de Sango?

La castaña se rio de forma estridente, ¡Esa Kagome tenía un sentido del humor tan peculiar! La abrazo con mucha fuerza mientras miraba sus ojos de forma detenida.

—Disfruta el día de hoy, hagan algo— aconsejó mientras sacaba la lengua.

No entendería de nada a su mejor amiga, le había explicado a detalle que era lo que sucedía y ella la animaba a disfrutar su "relación". Por más que diera vueltas al asunto lo único que lograba es que le diera un dolor de cabeza innecesario. Y al verla partir, sintió como si una fuerza extraña se apoderara de ella, no había estado con Inuyasha sola hasta el momento.

Salió a verlo y lo encontró viendo desde el marco de la ventana la ciudad que tenía debajo. Su espalda ancha solo la hacía sentirse pequeña y despertaba en ella ese instinto de querer comprobar de que verdaderamente fuera así. ¿Pero que le sucedía? Quería con sus dedos tocarlo, y recordó el beso instantáneo que recibió. Tocó su labio y suspiró mientras caminaba en dirección a él. Abrió la boca para llamarlo cuando vio que sacó su celular, y contestar.

—Habla Inuyasha.

Cariño, ¿por qué has apagado tu celular?

—Kikyō, estaba ocupado atendiendo negocios— contestó mientras miraba sus zapatos.

¿Kikyō? ¿Era ella la mujer de la que no había querido hablarle un día antes? Apresó sus manos de forma incomoda, no entendía porque el sentimiento de querer huir de allí había paralizado todos sus sentidos de forma irracional.

No has querido jugar conmigo últimamente— comento de manera lasciva.

—Pero pronto lo haré querida— murmuró incomodo Inuyasha.

¿Y me compraras el vestido que te pedí?

—Te compraré lo que desees.

¿Me lo prometes bomboncito?

—Pero después de mi viaje a Japón, complaceré cada deseo que tengas.

Íntimo era la palabra que definía esa conversación por teléfono. Kagome no sabía que hacer, obviamente cuando se caso con él sabía que tenía una persona a su lado; pero inevitablemente sintió fuego por dentro, era enojo, era coraje. Él en todo el tiempo que lo conocía no se había dirigido ni siquiera de forma amable hacía ella, o por lo menos con paciencia. Se situó detrás de él esperando.

Inuyasha volteó y se encontró con la cara relajada de Kagome. Cortó al instante sin siquiera despedirse de Kikyō, ya después lidiaría con la mujer que seguramente estaría estallando en ira.

—¿Iremos a alguna parte?— preguntó Kagome tomándose de un brazo y mirando hacía otro lado.

—¿Quieres ir a comer?— sugirió mientras se aflojaba la corbata.

—No lo sé…

La tensión estaba forjando muros alrededor de los dos, pero ninguno daba el primer paso para empezar a escalarlos o quebrarlos de golpe.

—¿Ella es?

—¿Quién?

—La mujer de la cual te pregunte.

—Sí.

¡Jodidas pláticas tan más raras!

—Si no vamos a hacer nada, me iré a casa— murmuró Kagome, dándose la vuelta.

Inuyasha extendió un poco la mano, y se contuvo. Cuando un pensamiento fugaz lo atrapo.

—¡Espera Kagome!

Ella se detuvo mientras volteaba a verlo.

—Deberíamos ir a comer para acordar nuestro plan.

—¿Qué plan?

—De como nos conocimos, los intereses que nos obligaron a casarnos.

—¿Obligarnos?— Kagome le pregunto mirándolo directamente —. ¿Te das cuenta de que ni siquiera nos conocemos?

Ese fue un golpe para Inuyasha, se talló la nuca.

—¿Cuál es tu trabajo?— cuestionó la morocha haciendo una mueca.

—Soy inversionista en proyectos económicos-financieros— contestó mientras se sentaba en la mesa —. Director de la cadena comercial inmobiliaria Taisho, y gestor de corredores de bolsa; ¿y tú?

Kagome abrió la boca sorprendida.

—Estudiante en comunicación de diseño gráfico.

—¿Cuál es tu edad?

—Tengo veintidós años.

—Vaya, eres aún una mocosa.

—¡Dime tu edad Don Taisho!— presionó con valentía inusitada en ella.

—Para tu información tengo veintisiete.

¿Estaba bromeando? ¡Y tenía así de puestos importantes! Para acabarla tenía dinero para pudrirse en el por una larga temporada. Solo le ganaba por cinco años; y eso para ella era un muy corto periodo de tiempo. Él era todo un estuche de monerías, le parecía impresionante todo tipo de títulos que tenía para su edad, pero tal vez había sido muy dedicado en sus tiempos de estudiante.

—¿Cómo es tu madre?— interrogó de forma curiosa Kagome.

—Es una madre promedio, velando por los sueños de su hijo— contestó mientras se mordía la lengua, ella no debía entrometerse tanto en cosas tan personales.

—Vale, ya capté.

—¿Qué?

—No quieres hablar conmigo— le dijo directamente mientras sonreía de forma lastimosa.

—¿De qué me estas hablando?

—¿Es que eres tan ciego para darte cuenta de tu rechazo hacía mi?— atacó Kagome mientras miraba a un lado —, ¿Si las cosas van a ser así, por lo menos podrías disimular un poco?

Un Inuyasha sereno la miraba de forma fija.

—Me largo— anunció Kagome mientras se daba la vuelta —. Te veo el fin de semana.

Inuyasha quiso explotar, ¡Maldita mujer! Solamente lo desquiciaba cuando le hablaba así. Moría por darle una lección y enseñarle quien era el que mandaba en esa relación. Apretó la mesa con fuerza mientras se tragaba todas las palabras que quería gritarle. Se mordió la lengua, tenía que soportar, ahora estaba casado con ella, solo debía de aguantar como el hombre que era.

—Por cierto Inuyasha— escuchó una voz femenina —. Para la próxima vez que te cases, por lo menos sonríe durante la ceremonia— aconsejó con una sonrisa sarcástica Kagome y se fue.

¡Maldita sea! ¡Mujeres!

Ya vería como se las arreglaría para soportar el fin de semana al lado de esa mujer.

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Continuara; Pues ya llegamos al término del capítulo número cuatro! Ya es todo un avance en la historia, por fin nuestra parejita adorada esta legamente casada, ¿qué les deparará en el dichoso fin de semana? ¿Qué tal se deja ver la actitud de Kagome e Inuyasha? No, no, no! Para que vean lo que es un hombre cabrón de cara bonita n.n, jajaja. ¿Qué tal les pareció el capítulo? ¿Feo? ¿Agotador? ¿Redundante? Y en el próximo cap, empieza lo picante jojojo.

Un aviso; mi otro fic de pasiones desencadenadas próximamente lo actualizare! Solo como paréntesis :3

¡MIL GRACIAS POR LEERME A TODOS LOS QUE NO ME DEJAN RW, Y MIL GRACIAS AUN MÁS A LOS QUE SI LO HACEN!

Nana632; Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de leer los tres capítulos de un solo jalón! Me hace tan feliz :D, ojala que hayas disfrutado este igual, si, los augurios dicen mucho jajaja, saluditos.

Amaterasu97; Lo sé, Inuyasha tiene una forma muy particular de hacer las cosas, pero quería que algo fuera diferente, y ¡voila! Resultado de una aventura que esperamos nos haga reír, rabiar y alegrar :), saluditos.

Neri Dark; Sé que Inuyasha la trata un poco mal, pero aquí se le ablanda algo al ego, es decir, por naturaleza humana, nosotros podemos desear, amar o sentir apego por personas diferentes, y en este capítulo empieza a ver detalles, sentir cosas que no planeaba sucedieran jaja, saluditos.

Marlene Vasquez; así es! Esa era la idea, un idilio, aunque créeme que me es difícil plantearme a un hombre así, pero será divertido que lo descubran a mi lado, ¿qué tal te pareció este capítulo? Así que nuestro Inuyasha estará con el perro de las dos tortas por el momento jaja, saluditos.

Venus in arms; Muchísimas gracias por escribirme amiga! :3 la verdad es que Sesshomaru tiene un papel importante en esta historia, jajaja, de verdad aprecio muchísimo tu tiempo para dejarme un mensaje, y la verdad es Miroku es todo un pillo! Siempre trayendo humor a la historia, así es ¿Qué tal te pareció este capítulo? Abrazos & saludos para ti.