Ni Glee, ni sus personajes me pertenecen.

Gracias por la buena onda! :) Saludos

Be Still – The Fray

Capítulo 3: Finn.

-¿Finn? –Pregunte confusa. ¿Que tenía que ver Finn con mis gardenias? –Rachel. Sinceramente no te entiendo.

-Prométeme que si te lo digo no te enojaras. –Dijo bajando la mirada, como una niña a la cual retaron por portarse mal.

-¿Cómo podría enojarme contigo cuando me hablas así, Rach? –Respondí con una sonrisa, acercándome a tomar su mano para infundirle valor. –Cuéntame, Cariño.

-Me…Me llamaste Cariño –Susurro, sonrojándose.

-Rach, creo que es la cuarta vez que te lo digo.

-Me gusta.

-Te lo diré más seguido entonces. –Dije sonriendo y acariciando su mano con mi pulgar. – Pero podrías dejar de evadir el tema. Anda, Cariño. Explícame.

-Cuando estábamos en el instituto, en época de baile. Finn no sabía que ramillete regalarte. –Comenzó a explicar, jugando nerviosamente con mi mano, que aún se mantenía aferrada a la suya. –En los pasillos, le dije que un ramo de Gardenias, con un lazo verde combinarían perfectamente con tus ojos. Él siempre me agradeció por eso. Imagínate cuando te vi con tu vestido y con tu ramillete. En lugar de estar celosa, sentí que hice lo correcto, ¿Por qué? Simplemente porque estabas hermosa.

Me quede completamente estática intentando procesar toda la información. Un momento. ¿Las gardenias de Finn, fueron gracias a Rachel? ¡Por la tanga de Superman! ¿Está hablando en serio? Oh por el amor de Dios. Rachel Berry me dijo que tengo ojos bonitos. Rachel Berry Me acaba de decir Hermosa. Demonios, Fabray! ¡Háblale de una puta vez!

-Rachel…

-Estas enojada, ¿Verdad? –Pregunto con voz temblorosa y con sus ojos cristalinos. Un pequeño puchero se fue formando en sus labios.

-No, Cariño. No estoy enojada. Solo estoy sorprendida. –Dije saliendo de mi estado catatónico. –Lo extrañas, ¿no es así? –Pregunte con cautela. Sintiendo como su dolor iba volviéndose mío también.

-Así es. Han pasado dos años. Y aun no puedo dejar de sentir el dolor. –Explico con lágrimas en los ojos. –Por más que me veas sonreír, reírme o todas las energías, al final del día, acostada en mi cama, no puedo evitar pensar que hubiese pasado si las cosas hubiesen ocurrido de otra manera. ¿Tiene sentido?

Negué con la cabeza. No podía creer que un alma tan pura como la de Rach, este llena de oscuridad y tristeza.

-No lo tiene, Rach.-Susurre envolviéndola en mis brazos. –Hace un tiempo yo estaba igual que tú. Aun no podía creer que una de las personas que más quería…ya no estén conmigo. –Continué intentando que la voz no se me quebrase por contener las lágrimas. –Pero entendí, que si no lo dejaba ir, el dolor y la frustración me acompañarían por el resto de mi vida. En cambio, si lo dejaba partir, y guardaba en mi alma, los recuerdos más bellos que tengo de él, bajo llave, Jamás se iría de allí. Estaría conmigo, como un gran recuerdo. Esa es la marca que deja una persona a su alrededor –Musite para después depositar un beso en su frente.

-Tengo miedo –Dijo suspirando. –Tengo miedo de que si lo dejo ir, me olvidare de el. Me quedare sola. El no merecía esto, Quinn. Él siempre fue un buen chico. Tal vez no fue el amor de mi vida, Pero si fue mi primer amor. Ese es un puesto que no puede tenerlo cualquiera... No quiero estar sola, Q… Tengo miedo... Ya no me queda nada. –Dijo entre sollozos que ya no se molestaba en contener.

-Me tienes a mí. –Susurre. –Sé que no soy la mejor de las opciones, pero estoy contigo. No te dejare sola, pequeña. No otra vez. Aquí estoy. –Dije con convicción, apretándola aún más contra mi cuerpo.

-¿Aun tienes hambre? –Pregunto. Intentando cambiar el clima que había dejado la conversación.

-¿Qué tal helado vegano y unas películas? –Pregunte soltándola y barriendo con mis dedos, el rastro de lágrimas en sus mejillas

-¿Me dejaras ver Funny Girl?

-Lo que quieras, Cariño –Respondí sonriendo de lado. Ella me miro e imito mi sonrisa.

-Hecho. –Dijo antes de voltearse y sacar de la nevera un enorme pote de helado vegano de chocolate.

-No entendí bien la película, Rach. –Me queje haciendo un puchero.

Ella solo me miro y luego soltó una carcajada.

-Quinnie, tienes helado en la comisura. –Dijo depositando su mano y limpiando delicadamente mi boca con su pulgar.

-Gracias, Rach.

Luego de pasar hablando horas, poniéndonos al día con nuestras vidas, además de charlas triviales, no nos dimos cuenta cuando caímos completamente dormidas en el sofá. Ella abrazada a mi cuello, y yo con mis brazos alrededor de su cintura. Ningún espacio había entre nosotras.

Podría decir que lo hacía inconscientemente, pero no es así, la calidez del cuerpo de Rach, lograba brindarme la paz que había perdido al poner un pie en Nueva York.

Y además la posición era algo comprometedora. Debo decirlo, era jodidamente cómoda.

Me despertó el "Click" de una cámara de fotos.

Abrí mis ojos y me topé con unos orbes azules y una cabellera rubia.

-Hola Britt. –Salude con una sonrisa. Me fije que sostenía una cámara en su mano.

-¿Interrumpimos algo? –Se entrometió la latina.

-Sí, estaba a punto de tener sexo con Rachel en el sofá –Ironice rodando los ojos. La latina nunca cambiaria.

-Wanky. –Susurro.

-¿Quién va a tener sexo con quién? –Interrumpio la voz de Kurt ingresando a la sala.

-El gnomo de piernas Kilométricas con Quinn Fabgay. –Explico Santana.

-Podrían callarse, Rach está durmiendo.

-Ya no más, Quinn. –Dijo Rachel bostezando –Sus gritos me despertaron.

-¿Estas mejor, Cariño? –Pregunte con Dulzura.

-Fabgay. Tú si no pierdes tiempo. –Se burló Santana

-¡Aleja tus garras de mi estrellita, Fabray! –Dijo Kurt empujándome fuera del sofá, logrando que me caiga al suelo.

-Demonios Lady Hummel. Ahora ya no mereces la colección de libros sobre moda que te compre. –Dije riéndome. El me miro con ojos de cachorro. –Ya, Kurt. Primero abrázame. Te he extrañado.

-Yo también, Quinn. –Cuando finalizo el abrazo, el me dio un beso en la mejilla y luego yo le entregue el paquete que estaba sobre la mesa.

–Para ti, Kurt.

-Gracias, Quinnie.

Me senté al lado de Rach en el sofá mientras el resto se iba a sus habitaciones. Después de un cómodo silencio, ella decidió romperlo.

-Quinn…

-Si?

-El estaría orgulloso de ti.

-¿Por qué lo dices?

-Cuidas a tus amigos... Me estas cuidando a mí. –Respondió mientras me abrazaba. Trague saliva intentando eliminar el nudo en la garganta.

-Siempre, pequeña.