Pareja: Fem Allen Walker (Aria) x Reever Wenhamm.
Palabras: 400.
Café
Hay días en los que se arrepiente de la decisión que tomó.
Siempre se pregunta el, ¿existiendo tantos trabajos en los qué se puede desempeña cómo fue qué terminó en uno que consumé lentamente su vida, alma sin que nada quede?
Además hace tiempo que su "trabajo", borró su existencia de la historia de X persona.
─¿Por qué elegí este trabajo?─murmura.
Sus orbes dan un rápido vistazo a la descomunal pila de papeles que él idiota de su jefe, no quiere revisar para " intentar" terminar algo a lo que no le ve fin. Tras un largo suspiro vuelve a derrumbarse en su escritorio.
Lleva tres días sin conciliar el sueño. La fatiga a parte de darle una terribles ojeras, provoca que su rendimiento esteaiga el 10% que le queda de energía.
El ruido de la puerta abriéndose más el sonido de pasos acercándose a él, aumenta sus ganas de morir y finalmente poder descansar. Es seguro que alguno de sus compañeros de batalla, le trae más trabajo.
«¿Algun día terminaré?»
─Dejalo dónde encuentres lugar─menciona sin animo alguno por descubrir quién es.
─Pero... Sus papeles se mojarán, Reever-san.
Su nombre dicho por esa suave y dulce voz, le extraña. Alza el rostro y observa como la linda Aria Walker, esta en ¿problemas? O mejor dicho, no sabe donde dejar lo que lleva en sus manos.
─Sé que no es nada especial pero, le traigo una taza de café.
Al finalizar una sonrisa se dibuja en sus labios y por alguna razón, ya no se siente cansado.
─Gracias, Aria-chan─acepta la taza de café y ve como la menuda chica es feliz por ello.
─Quizás deberías darle una taza de café, a los demás miembros del grupo zombie de ciencias.
La chica ríe con su comentario y con una leve reverencia se marcha, para hacer lo que él sugirió. Y luego, llega a la conclusión de que su trabajo no es tan malo.
Es lindo y motivante tener a alguien que se preocupe por ti. Vaya que la orden necesitaba de una chica en sus filas. La general Klaud o la jefa de enfermeras, no tienen ese gesto con ellos.
─Es hora de volver al trabajo.
Antes de empezar con su típica masacre, da un sorbo y prueba el contenido de la humeante taza de café.
─Es tan dulce como ella.
Y por esta vez disfruta, aunque odié el azúcar en su café.
