CAPÍTULO 4

"EL ENFRENTAMIENTO"

Habían pasado ya casi nueve meses y la desaparición de Terry aún era un misterio, al reducir las posibles alternativas se negaban aceptar que estuviera muerto porque su cuerpo nunca fue encontrado, en ningún hospital no hubo ningún paciente con las características de Terry. Con el poder del magnate y el duque se estableció una norma fuera de lo común en todos los hospitales, estaciones de tren y puertos, se instruyó al personal de estas empresas para que de manera confidencial se memorizaran la foto de Terry así como sus datos y características. Eso era con la finalidad de identificar a algún paciente o pasajero, si eso sucedía lo reportarían inmediatamente al Duque o Albert, de esta manera ellos permanentemente continuaban con la búsqueda masiva y minuciosa del joven Grandchester.

Y ese antiguo dolor se estaba adueñando de todas las personas que amaban y extrañaban a Terry, pues la incertidumbre, nostalgia y melancolía eran algunos de los tantos sentimientos que se adentraban en sus corazones, en los que la tristeza se enganchaba como telaraña que se forma con el pasar del tiempo, dando el aspecto de descuido, abandono y olvido del lugar donde se sitúan, y así era el semblante y ánimo de todos ellos.

Para Eleanor y Richard Grandchester la desgracia de Terry los había reunido nuevamente, su hijo era el lazo inmutable que toda su vida los uniría; ahora los acercaba para demostrarles que las cenizas pueden avivar en cualquier momento al fuego del amor, tal vez para ellos estaba prohibido y lejano el amor pasional pero eran libres de gozar y refrendar el amor auténtico que atizaba su madurez. Y eso era lo que el Duque de Grandchester le expresaba con hechos y palabras a Eleanor, ya que en ningún momento la dejó sola, a raíz del infortunio que sufrían Richard antepuso a Eleanor sobre todas las cosas y personas, inclusive sobre las exigencias y oposiciones de la Sra. "Cara de Cerdo".

—La incertidumbre me esta matando, no puedo dormir todo lo que maquina mi mente es ¿Dónde estará Terry? ¿Cuál será ahora su suerte? ¿Cómo serán sus noches y días? ¿Habrá vencido al alcoholismo nuestro hijo? —Le preguntaba con extrema angustia Eleanor a Richard —.

—Me aniquila la impotencia, me siento un ser insignificante…¿De qué me sirve todo el poder y la riqueza? Si en todo este tiempo no he logrado ni un atisbo que me guíe hacia nuestro hijo. — Con el mismo triste sentimiento le respondió Richard —.

— ¿Cómo te encuentras hijo? ¿Porqué no regresas? —Con la mirada en el cielo y el rostro inundado en llanto Eleanor se rompía —.

Entonces trincando ímpetus reprimidos, el Duque se acercó y abrazó alentadoramente a Eleanor.

—Elly, él volverá porque estoy seguro que así como heredó tus hermosos ojos, también tiene de ti esa forma férrea y eterna de amar y el amor que él siente por Candy lo hará volver— Richard miraba fijamente a Eleanor, tratando de confirmar que no se equivocaba en sentir que ella aún lo amaba a él, y se atrevió a decirle — No adulo, ni presumo el gran amor que me tuviste Elly porque yo siento que nunca se apagó nuestro amor a pesar del tiempo y la distancia, pues los vestigios de la mente pueden debilitarse, pero la memoria del corazón es inquebrantable y nuestro sentimiento no ha caducado ante la vejez… yo nunca he dejado de amarte mi amada Eleanor.

—Richard, no creo que sea el momento oportuno para que te estés declarando, además no te olvides de tu posición social y sobre todo de tu estado civil. Considero inapropiadas tus palabras.

—No es mi intención inquietarte ni molestarte pero yo siempre he querido pedirte perdón por mis errores, quiero recuperar a Terry para decirle lo mismo que te he confesado a tí, y sobre todo porque deseo poner fin al comportamiento autodestructivo de nuestro hijo Terruce, tenemos que aniquilar esa atracción natural que tiene Terry hacia lo dañino, dame la oportunidad de que juntos saquemos de esa oscuridad a Terruce, por favor Eleanor no me rechaces, démosle esta oportunidad a Terry.

—Richard, pero en ti recae el honor de los Grandchester, toda tu familia espera que evites el escándalo que los pueda desprestigiar, además en estos tiempos de guerra tu país te necesita, ¡Cómo pretendes que te permita estar a mi lado! —Con anhelo y tristeza le dijo Eleanor—.

—Eleanor te he dicho que no pienso repetir los errores del pasado, y si anteriormente te lastimé ahora no quiero dejarte sola, no ahora que estas enfrentando el dolor más grande de tu vida. Tú y Terry son lo más importante en mi vida ya es tiempo de que lo demuestre, por esa razón no te dejaré sola ante esta amarga situación, y no daré valor a lo que la gente opine, Inglaterra siempre ha superado las guerras conmigo o sin mí, mi país sobrevivirá, no soy el rey mi querida Elly.

Recorriéndole por todo su torrente la inmensa felicidad que le brindaba Richard al declararle que ella y su hijo eran lo más importante, Eleanor se tranquilizó ya que internamente se sentía respaldada por el gran amor de su vida.

—Gracias Richard, es un gran apoyo el que me brindas.

—Gracias a ti mi amada Elly, por permitirme este acercamiento.

De esa manera Eleanor poco a poco fue aceptando la disposición y atenciones de Richard ya que para ella, él representaba el vivo retrato de su hijo, además el Duque se había convertido en su aliciente más cercano para asirse y sobrevivir día a día la larga agonía.

Para ambos tal como eran sus largos y sinuosos días igual lo eran las noches, en cada minuto trataban de llenar el vacío de Terry, contándose las memorias y anécdotas que tenían de él, aunque eran pocas por la triste historia que yacía en el injusto y erróneo pasado, ellos trataban de esa manera evadir el dolor, hablando todo el tiempo y consolándose mutuamente.

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Albert tampoco se derrotaba ante la fallida búsqueda, él como auténtico y leal caballero mantenía su palabra en seguir con la determinada localización de Terry, entre noches de desvelo y largos días de trabajo incansablemente seguía en su afán de encontrar a su entrañable amigo. Esforzadamente hacía acopio de todo su valor para esfumar el dolor de Candy, tenía que despejar los temores de su Pequeña, temía que de tanto llanto su corazón se vaciara, se endureciera o lo peor que dejara de latir.

—¡Oh, Dios Mío! — Clamó tras no encontrar nada de información —, Candy se enfurecía consigo cada vez que leía los periódicos, diariamente en las mañanas era lo primero que hacía, devoraba las letras en su incansable búsqueda de indicios o noticias de Terry.

A Candy se le llenaron los ojos de lágrimas por la impotencia, Terry no estaba allí, ella deseaba con todo su corazón que volviera, lo extrañaba tanto, pero ¿de qué servía? La lógica decía que si hubiera querido volver, ya lo habría hecho. Además su sentido común le decía, algo mucho más doloroso: Terry nunca sería para ella, tal vez él ni siquiera la amaba ya que con pesadez recordó que en el pasado él eligió a Susana y ahora su cabeza explotaba cada vez que pensaba en la rubia mujer que lo acompañó aquella noche de su desaparición, los celos la enervaban.

Albert recargado en la puerta de la habitación de la Pecosa, observaba el desquiciante torbellino de ideas y sentimientos que atormentaban a su Pequeña.

—Tranquila Pequeña, con esa actitud no lograrás nada.

—¡No lo sé! Si al menos supiéramos dónde está Terry… si supiéramos que le ha ocurrido.

Albert permaneció en silencio.

—Albert, yo sé que tú piensas que está muerto, tú crees que solo muerto renunciaría a todo lo que anhelaba, pero y si se cansó de todo esto, tal vez la fama, Susana y yo no lo supimos comprender, tal vez lo orillamos a que se fugara con esa fulana, tú sabes Albert que Terry ha sufrido desde que era pequeño, quizás haya decido iniciar una nueva vida lejos de todos nosotros que le hemos hecho daño inconscientemente, El Duque de Grandchester, Eleanor, Susana y yo sin querer lo hemos decepcionado de alguna forma; solamente tú Albert nunca lo ha defraudado, tú siempre lo apoyaste, siempre fuiste leal, fiel y noble con Terry, tú siempre fuiste bueno con él Albert.

En ese momento el rostro de Albert se entristeció recordó la última vez que había visto a Terry en Chicago. Terry se encontraba tan borracho que peleaba con él en la cantina. Recordó con amargura el intento fallido de Terry por ver a Candy; Albert se reprochó a sí mismo haber intervenido ese encuentro, —Si no hubiera interferido tal vez su historia sería otra se decía en silencio Albert—.

—¿Qué te pasa Albert?, ¿Te encuentras bien?

Después de un triste suspiro y con la mirada esquiva Albert se dirigió a ella.

—Sí Pequeña, estoy bien sólo recordaba a Terry, ha sido muy doloroso para nosotros vivir su ausencia, sólo ruego que donde quiera que esté se encuentre bien.

—Yo aún lo hecho de menos —Y con la mano en su pecho Candy decía — Su recuerdo me duele como si me incrustaran en mi corazón una daga.

Albert le pasó el brazo por los hombros para reconfortarla, para hacerle sentir que no estaba sola.

—Lo has amado tanto Pequeña, que temo por ti, hasta donde te afectará su ausencia.

—No lo sé Albert, pero mi cabeza enloquece al pensar que murió y mi corazón explota cuando pienso que pudo huir con esa tipa. Estoy enloqueciendo con la dualidad de Terry, no debo desconfiar de él, sé que sería incapaz pero mi consuelo se ahuyenta al pensar que su silencio y lejanía son causados por la muerte.

—Tranquila Pequeña, yo seguiré buscándolo en todos los rincones, él tarde que temprano aparecerá y nos explicará sus razones. No debemos juzgarlo, sabrá Dios porqué situación esté pasando y nosotros aquí suspirando y debatiendo injustamente… sin ayudarlo.

—Es mejor que vayamos a desayunar.

. Candy no podía olvidar a su amado rebelde, día a día se fue adentrando en un infierno, de noche medio dormida se agitaba y se movía entre las sábanas buscando el inalcanzable descanso, poco a poco se volvió un ser taciturno tal como lo era Terry; de día la inquietaba la sensación de percibir su presencia, lo buscaba desesperadamente a su alrededor luego tristemente al darse cuenta que eran mal jugadas de su mente, volvía a preguntarse ¿Dónde se encontraba, con quién estaría y porqué?

Llegaba el otoño y no aparecía ninguna favorable novedad.

La lucha interna de la Pecosa se debatía entre sentirse celosa, herida y traicionada, eran sentimientos que no le cabían; pero el hecho de imaginarse a Terry con otra mujer y sobre todo su cobarde y egoísta actitud la hacían que lo odiara. Al sentir el desbocado latir de su corazón se lamentaba y arrepentía de dudar y desconfiar en él, sabía que era injusta, se recriminaba pensar eso de él aunque fuera una ráfaga ese pensamiento no debería cruzar su cabeza ni por un segundo.

Con preocupación Albert y Patty vieron que en todos esos meses que desprendieron las hojas del calendario de la misma manera a Candy los nefastos hechos le habían arrancado las sonrisas, veían que ineludiblemente empezaba a consumirse en la incertidumbre. Por esa razón acordaron distraerla, saldrían de paseo, de compras y si lograban convencerla para asistir a cenas y tal vez asombrosamente a los bailes que tanto odiaba Candy. Tendrían que aventurarse a la ardua lucha que esto representaba, pero desafiadamente lo harían pues más temían que Candy sucumbiera ante la tristeza de su pérdida.

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Nadie se apiadó de Susana quien tuvo que ocultarse hasta de sus amigos y afectos, avergonzada y humillada tuvo que cambiarse de casa, todo por evadir el escándalo de afrontar el amarillismo con que los reporteros en busca de información para cubrir sus notas, se plantaban fuera de la casa de las Marlowe.

Últimamente, Susana casi siempre estaba en cama, indispuesta, su mesa de noche estaba saturada de medicamentos, el corazón desolado de su madre además de combatir el desánimo de su hija, ahora también enfrentaba el nuevo padecimiento que no la dejaba vivir, las constantes jaquecas de la rubia.

Susana luchaba por vencer ese sentimiento, ya que se daba cuenta del dolor que le ocasionaba a su madre, también le fastidiaba detener su vida y sus proyectos inútilmente, pero ese coraje no era suficiente para picar su orgullo y levantarse de la miseria en la que se estaba perdiendo, anhelaba volver a encender la chispa de su vida. En pocas ocasiones, un ímpetu nuevo la embargaba y se creía capaz de enfrentar al mundo, pero momentos después, el optimismo se desmoronaba y la apatía volvía, así Susana regresaba nuevamente a ese laxo letargo que atemorizaba enormemente a su Madre.

—Susy, me parte el alma verte así hija, por el amor de Dios reacciona, no debes rendirte no permitas que sea el fin del mundo hija, por favor hazlo por mí, prefiéreme a mí a ese despiadado hombre, ¡Qué no te das cuenta que yo estoy muriendo junto contigo!

—Perdóname mamá, pero no tengo fuerzas por más que trato de reanimarme esto me vence, este amor me consume.

—Susy ten orgullo, ten amor propio, ubícate hija, Terruce nunca te correspondió, date cuenta que solo te estas dañando — Susana interrumpió —..

—Ya lo sé mamá —gritó Susana— ¡Pero tú no puedes entenderlo! ¡Tú nunca has amado, tal vez quisiste a mi padre, pero no le entregaste tu alma como lo hice yo con Terry! Lo he extrañado terriblemente en todos estos meses, y si él ya esta muerto, yo también moriré de pena.

—Pero Susy, tú ya rompiste el compromiso, —digo si así lo podemos llamar después de la gran humillación que te hizo pasar pensó la Sra. Marlowe — Aunque Terry aparezca ya no te pertenecerá, ya no volverá contigo Susy, de cualquier forma tú te tienes que olvidar de él, probablemente ya está muerto y nunca lo volverás a ver hija, tienes que superar esto.

—Por eso muero mamá, porque la pena está clavada en mi alma, vivo o muerto Terry no será para mí y eso es algo con lo que yo no puedo vivir. Sí efectivamente he renunciado a él, pero eso no significa que ya lo haya sacado de mi corazón.

—¡Susy ya deja el luto de tu boda!, date cuenta que ya bastante te has dejado en la autocompasión, por favor. —¿Cuánto tiempo piensas representar esta figura trágica? —le preguntó entre llantos y quebrantos.

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Gracias al apoyo que recibieron del Duque de Grandchester, hicieron venir a cuanto médico famoso había en Europa y Estados Unidos. Así como era la búsqueda frenética e imparable del Duque de Grandchester por encontrar a su hijo, de la misma manera actuó con Susana al ver cómo se deterioraba su salud, le patrocinó todos los tratamientos de cuanto especialista les indicaban, hubo un sin fin de médicos, todos la examinaron, analizaron y diagnosticaron, hasta uno que no era muy común en esos tiempos y que se hacía reputar como psicólogo, pero no lograron nada, ella seguía enferma, abatida, hundida en una intensa depresión.

Candy sin perder más tiempo, fue en busca de Susana, necesitaba urgentemente aclarar las cosas con ella, le parecía inadmisible que Susana desconfiara de ella y Terry; y más aún, después del informe que recibieron de los detectives referente a la rubia mujer que salió acompañándolo de la cantina. La Pecosa pensaba que debía parar a toda costa ese mezquino pensamiento que se seguía propagando dañándola principalmente a ella y a su amado actor.

Al llegar al nuevo domicilio de las Marlowe, Candy se sorprendió de ver el lugar donde ahora vivían se ubicaba en un lugar muy exclusivo, la monumental casona mostraba derroche en su costosa y victoriana arquitectura, con obviedad se mostraba el distinto estilo de vida de Susana, y todo esto derivaba del compromiso "moral" que el Duque de Grandchester sentía con ella después del inesperado y triste desenlace que tuvo la otrora con Terry.

Al tocar Candy el timbre de la lujosa mansión le abrió una sirvienta y le indicó que aguardara en el vestíbulo, al cabo de unos minutos una enfermera le indicó que la siguiera, en ese trayecto la Pecosa pudo percibir que todos los habitantes de ahí estaban contagiados de desconsuelo, todos los sirvientes con los que se había encontrado tenían miradas apesadumbradas, notó que las cosas se hacían con un lóbrego silencio, era inevitable respirar la amargura que flotaba en ese lugar.

Al entrar Candy a la recamara de Susana no esperaba encontrarse con ese inverosímil rostro enfermizo con gesto melancólico, Candy ahogó un llanto al verla tan demacrada y delgada. No era la misma que había dejado meses atrás, rebosante de belleza y salud. Susana, la hermosa ex actriz llena de vida, ahora en su papel de mártir estaba creando "su famosa leyenda" a base de su malograda y triste historia de amor; situación que tal vez en el fondo le agradaba pues era algo que con su incipiente carrera sobre el escenario no había logrado: Que su nombre estuviera en boca de todos.

Su lacónica salud a su madre le provocaba angustia, dolor e impotencia ya que veía que de la belleza de Susana nada quedaba, también ésta la había abandonado: bajó de peso y perdió las coquetas formas de su silueta, su piel palideció hasta el tono lívido y su cabello rubio se tornó opaco. Candy interiormente estaba sorprendida con la escena que presenciaba, se preguntaba dónde estaba aquella lozana y frondosa Susana, lo que ahora tenía frente de ella no era ni la más remota semejanza del ser que tiempo atrás había sido su imponente rival de amor, ahora era el ser que inundaba de pena todo el ambiente con su interminable congoja.

Candy en su fuero interno estaba lidiando la lucha emocional de enfrentar con ánimo y sabiduría a Susana, pero había algo que se lo impedía, y era que empezaba sentirse partícipe nuevamente de la desgracia de Susana. Candy quien siempre había tenido la alegría, la chispa y la forma para llegar al corazón de toda la gente, en ese momento no podía emitir ni una sola palabra, no reconocía el sentimiento que la embargaba en ese momento.

—Candy, en verdad eres tú? — Preguntó sorprendida Susana.

—Si, Susana…— tardó en responder, y titubeante preguntó — ¿Puedo pasar?—.

Dando un profundo suspiro y con la vista en la nada, Susana le permitió el acceso.

—Susana yo te quiero explicar que— En ese momento Candy fue interrumpida por Susana.

—Los sueños florecientes están bien, pero se marchitan tan pronto con el viento frío— Emitió Susana.

A Candy le dolieron esas palabras y se preguntaba como una simple frase expresaba tanta amargura. Pero esa tristeza no sería suficiente para bajar su defensa ante la decaída Susana, la Pecosa no cedería en esta ocasión como lamentablemente lo había hecho en el pasado.

—Sabes, yo solía observarlo en sus solitarios ensayos, Terry acostumbraba a quedarse en el teatro después de que todos nos retirábamos para ensayar sólo, yo me escondía para contemplarlo todo el tiempo sin que se diera cuenta de que ahí yo estaba.

Incapaz de interrumpirla Candy escuchaba a Susana, se percató que al mencionar a Terry solamente así Susana esbozaba una sonrisa y su voz sonaba con vida.

—La forma de hablar y de moverse de Terry era tan hechizante, tan hipnotizante que te atrapaba. Terry era un hombre del cual era tan fácil enamorarse pero imposible de olvidar… o dime Candy, ¿ tú ya lo olvidaste, ya pudiste borrar su recuerdo, o aún lo amas?

—No, Susana, hay separaciones en vida que te dejan el sabor a muerte… yo también sé de ese dolor del que hablas, no eres la única que ha sufrido por él. —Tomando aire y valor, Candy finalmente decide exponerle lo que su corazón había sufrido —. Interiormente durante todos estos meses en silencio me he odiado por haber tomado a Terry como el premio disputado entre tú y yo; me he reprochado mil veces mi actitud y la decisión que tomé en nuestra fría despedida en el hospital; todas las noches le pido perdón en silencio a Terry por no haberle permitido expresar sus sentimientos. Sabes Susana, yo nunca le día a Terry la oportunidad de que decidiéramos juntos, yo le impuse mi decisión, mi justicia, tal vez yo pude haber evitado que él te dejara plantada. — Con una amarga sonrisa, después de hacer una pausa Candy continúa desahogándose —. Yo pretendía establecer orden cuando mi equilibrio se había esfumado, mi raciocinio se evaporó, y yo sólo veía a una frágil Susana que renunciaba a la vida por la felicidad de Terry. Yo supuse que mi alma gemela: Terry pensaría, reaccionaría igual que yo, y él al aceptar sin ninguna palabra de oposición mi decisión eso me confirmó que él estaba viendo y sintiendo lo mismo que yo, que sobre nuestra renunciación a nuestro amor ineludiblemente venía la única solución para ti. En silencio como tantas veces pactamos esa dolorosa solución. . . No puedo creer que Terry se haya acobardado, pero si te falló a ti Susana que le ofreciste tu vida, porque me tendría que cumplir a mí su palabra si yo nada le di a cambio al fin de cuentas fue un acuerdo mudo el nuestro. Si realmente lo amas ruégale a Dios que se encuentre sano y salvo donde quiera que esté y ya deja de pensar idioteces, no desperdicies tu vida y tampoco pretendas arruinar la nuestra lanzando tanto veneno al propagar tus absurdos pensamientos.

Apenas iniciaba la tan anhelada y postergada discusión entre Susana y Candy cuando inesperadamente la Sra. Marlowe se introdujo a la recámara de su hija y al ver que se encontraba en compañía de Candy inmediatamente estalló en cólera agrediendo verbalmente a la Pecosa.

—Pero qué cinismo tienes, qué desfachatez te domina, cómo se te ocurre presentarte aquí, o es que ya se acabó tu luna de miel que por eso hasta hoy das la cara. ¿Dónde está el ingrato de tu amante? Te mandó por delante para que le despejes el camino. —un grito ensordecedor de parte de Candy la calló —.

—¡Basta Sra. Marlowe!, no le permito que me ofenda de esa manera, he venido hablar con Susana para aclarar sus distorsionadas ideas que tiene respecto a mí y a Terry.

—A ese tipo ni lo menciones, mira cómo ha dejado a mi hija, —ahora Candy la interrumpió —.

—No quiere que mencione su nombre pero sí vive a costa de los Grandchester, vaya eso sí que es irónico.

—Es lo menos que puede hacer esa familia con mi hija, desde que ese Terruce se cruzó por el camino de Susana la ha hecho sufrir despiadadamente, no se merece el amor de Susy.

—Sra. Marlowe, la vida llevó a Terry a donde está al igual que a Susana. Si tienen faltas son derivantes de las circunstancias y no porque sean naturalmente inclinados hacia el mal. No debería juzgar a Terry tan duramente sin conocer sus desventuras y pesares, es un buen hombre que ha sufrido lo que nadie.

—¡Va!, lo que me faltaba, tener que escuchar en mi casa tus estupideces, encima de que le has contribuido en desgraciarle la vida a mi hija, ahora también pretendes que escuchemos tu sermón, mejor lárgate antes de que te eche de mi casa con mis propias manos.

—Su casa?... ya veo… qué triste que el precio que pagó por su ambición haya recaído en la salud física y emocional de Susana —en ese momento se acercó a Candy a quien pretendía sacar personalmente —.

—¡Ni una palabra más, te marchas o te saco! —En tono desafiante le ordenó a Candy—.

—Susana, escúchame, debemos terminar nuestra conversación por favor —Se aferraba Candy para hablar con Susana—.

Pero ya no hubo respuesta de Susana, ya que evadió la mirada y pregunta de Candy, permaneciendo inmutable ante la escena de lo que ahí sucedía con las presentes. Al ver que ya no tenía la atención de Susana, Candy decidió marcharse antes de que la Sra. Marlowe se atreviera a sacarla, y se retiraba no por temor a la agresión a que fuera sujeta, más bien lo hacía para evitar que su extremado enojo la hiciera enfrentarse ferozmente a ese par de hostiles mujeres, y que en consecuencia esto le provocara un nuevo escándalo.

La agresiva reacción de la madre de Susana no había irritado tanto a Candy como lo había hecho la cobarde y esquiva actitud de Susana al negarse a continuar hablando con ella, pero antes de irse nuevamente la Pecosa se paró en frente de la ex actriz a quien le sujetó el rostro con sus manos para forzarla a que la mirara mientras le decía esto último:

—Susana no sabes "actuar" como una verdadera mujer, pero yo sí se muy bien lo que es amar, desear y luchar desesperadamente por todo ello, por algo distinto, por algo mejor… algo que tú nunca sabrás con esa mediocre, egoísta y derrotada actitud.

Ya sin más que decir Candy se retiró golpeando fuertemente la puerta tras de sí.

C O N T I N U A R Á…

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¡¡¡Hasta aquí chicas me alcanzó la tinta para escribirles el último capítulo de esta deformada historia. Niñas les agradezco infinitamente su tiempo y paciencia para leerme!!!

ELHYZHA: Hola Chica, es un placer volverte a "ver" por aquí, y efectivamente he querido mostrar el sufrimiento de Susana, ya que el hecho de haberse "quedado" con Terry, no significaba que tendría su final feliz de princesita ¡Nada, nada de eso…Que sufra! O no? Muchísimas gracias por continuar leyendo mis loqueras.

NASHTINKA: ¡Bienvenida! Gracias por animarte a leer este fanfic en el cual fue necesario que Terry sufriera esa tunda (para que le acomoden las ideas y luche por Candy) jajaja, no es verdad ya que me dolió el alma escribir semejante osadía en contra de mi amado Terry, a quien el amor, las circunstancias y la vida misma le irán quitando esa terquedad que solo le ocasiona tantos problemas.

LERINNE: Yo estoy de acuerdo contigo, pero desgraciadamente existen ese tipo de personas (como la Sra. Marlowe) que anteponen sus intereses propios aún por encima de la felicidad de sus seres "queridos"…pero ya verás cómo paga esta señora sus mezquindades.

MARIA: ¡No llores! Recuerda que Terry es Inquebrantable tal vez en este momento su cuerpo esté menguado, pero su espíritu indomable lo sacará adelante. Susana tristemente no se da cuenta que con actuar así ella misma se está dando sus dosis de amargura y envenenamiento mortal, pues su alma se le secará con tanto egoísmo, soledad y mediocridad…de ella depende si se salva o no. Espero mantener tu atención, hasta luego!

MOONDAN: Hola querida Niña, gracias por tus porras… siento tan bonito cuando leo tus reviews y por eso no quiero que te angusties, nuestro Terry aparecerá tarde o temprano no te apures ya que yo sería incapaz de dañar al motor de mi vida osea Terry. Cuídate Niña Preciosa, hasta luego.

MALINALLI: ¿Qué onda Amiga, estuve esperando tu y nada? Espero no te moleste que ya haya decidido subir este capítulo, pero también lo hice porque sé que estarás muy ocupada con la GF y no te quiero desconcentrar en lo que dura el evento, al cual tienes que echarle todas las ganas del mundo para que saques adelante a tu amado galán.

Respecto a mi fic te tengo una sorpresita con el Diplomático, así es que no te preocupes por él, te voy a consentir porque le brindaré unas cualidades muy familiarizadas contigo (bueno con tu esposo) creo que por eso te va a gustar más este personaje.

Espero contar con tu comprensión en mi "acelerada" publicación pero quiero poner de mi parte para que estés enfocada al cien por ciento en tu debut en la Guerra Florida 2009 en donde estoy segura que harás un excelentísimo papel. ¡Animo y Suerte Amiga! TQM.