Hola! ¿Cómo dicen que les va?
Ya tengo 16! Esa es una buena excusa para mi tardanza, ¿no?
Gracias por todos sus reviews, me encanta que les encante mi historia.
Yusale, no estoy muy segura, pero no faltan más de dos capítulos para que Edward sepa la verdad, no haré eso muy largo ni muy complicado.
Jolie Love si pensaste que Elizabeth era mala en el cap anterior, espera a verla en el que viene luego de éste!
Bien, aquí les dejo el cap, espero les guste.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer únicamente puedo apropiarme de la pobre trama.
Muchos de los capítulos llevan el título original del libro, otros no.
Las invitaciones
Los últimos días han sido un infierno.
Al volver del hospital mi cabeza me estaba matando, incluso luego de la aspirina. Sabía que no tenía que preocuparme, porque la jaqueca posterior al hospital no era por el golpe, sino por Bella.
Pensaba demasiado en su comportamiento y era frustrante no entender el por qué de éste. La mayoría de las veces se me hacía más que fácil leer a las personas basándome en sus comentarios, gustos o acciones, pero Bella, ¡ella era imposible de leer! No sabía si lo que me frustraba en sobremanera era eso o el hecho de que ni siquiera se ponía de acuerdo con ella misma.
Otra razón más para mi jaqueca: mi padre.
Luego de horas y horas de convencerlo junto a mi madre de que lo que había pasado en el estacionamiento fue simplemente un accidente comprendió, con mucha renuencia, que estábamos en lo cierto, y que ningún mafioso vengativo envió a Ben Cheney a arrollarme con la camioneta.
Y ahí está otra gran, pesada y abrumadora razón para mi dolor de cabeza: la camioneta.
Del lado derecho de mi Volvo, aquel día, no había más autos estacionados. Ni uno sólo, nada. No había nada lo suficientemente fuerte como para frenar la camioneta.
Todos los autos estaban del lado izquierdo, no del derecho, en donde Bella y yo nos encontrábamos.
Estaba muy seguro de que Bella hizo algo para detener esa camioneta, no sé cómo, no sé qué y no sé por cuánto, pero puedo apostar mi preciado Volvo a que ella nos salvó.
Y eso estaba dispuesto a descubrir.
Como anexo a mi permanente dolor de cabeza estaban los estudios que debería hacerme para ver si necesitaba una craneotomía. Menudo anexo.
Y desde ya, mi aburrimiento. Pasé lo que quedaba del martes tratando de descubrir quién era Bella Cullen, o mejor dicho qué era, convenciendo a mi padre de que nadie intentó asesinarme, explicándole a mi madre que no estoy muriendo, y lidiando con mi jaqueca.
El miércoles no fui al instituto, dado que tenía que realizarme la tomografía. Bien, jamás fui claustrofóbico, pero aquel tubo frío y claro estuvo cerca de unirme al club.
Al ver que todo estaba bien dentro de mi cráneo pude dejar un poco más tranquila a mi madre.
No podía conducir, lo que me parecía realmente estúpido. ¡Vamos! Ya se habían metido dentro de mi cabeza y habían visto que todo iba bien, ¿por qué rayos no podría conducir?
Mi madre se ofreció a llevarme, pero me negué rotundamente. No tenía ocho años como para que mi madre me alcance y luego vaya por mí al instituto.
Decidí llamar a Tyler para ver si podía pasar por mí.
Hablamos un rato, en el que además de pedirle aquel favor- que aceptó- le pregunté sobre Ben, a lo que me respondió que la cirugía había salido bien y que Angela pasaba todo el día en el hospital junto a él. Me contó sobre los "preocupada" que estaba Jessica sobre mi salud, y sobre las peleas de ella y Lauren por ver quién era más atenta conmigo.
Pero lo que me interesó más fue una de sus últimas actualizaciones:
"Debes ver a Bella Cullen, creo que ella le gana en preocupación a las otras dos. Hoy me ha preguntado dos veces por ti, ¡como si con una no hubiese alcanzado! Esa chica me puso nervioso, no sé si es por lo sexy que es o qué, pero quedé como un completo tonto. Y no sé qué hayas hecho tú Masen, pero ¡demonios! la tienes a tus pies"
No pude más que reír a su comentario.
"Tyler" le había dicho.
"¿Sí amigo?" contestó.
"No vuelvas a repetir cuán sexy es, no delante de mí" le había dicho pretendiendo sonar enojado.
"Masen posesivo" me contestó riendo a más no poder.
Cuando nos despedimos decidí llamar a Angela para ver cómo estaba Ben.
Hablamos por unos minutos y me explicó que él se encontraba mejor y que deseaba disculparse conmigo, pero le aclaré que no era necesario, después de todo no había sido a propósito. También me aconsejó que llamara a Bella, porque la había visto algo inquieta por mí, sólo le dije "lo tendré en cuenta" antes de despedirme de ella.
Bien, dos personas en un solo día me habían hecho saber que Bella Cullen, aquella extraordinariamente hermosa chica que "no me convenía" y que se negaba a ser mi amiga estaba seriamente preocupada por mí.
Su bipolaridad iba a matarme.
El jueves tenía permitido volver al instituto, así que volví a la rutina de siempre. Con excepción de que Tyler pasó por mí aquella mañana.
Una vez en el instituto, luego de bajar del coche fuimos con prisa hacia el edificio principal, ya que una fuerte lluvia azotaba al pueblo. Qué sorpresa.
Me di cuenta de que todos los estudiantes me observaban, casi como el primer día. Era realmente fastidioso.
Escuché un silbido por parte de Tyler mientras hacía mi escrutinio estudiantil.
Al darme la vuelta entendí perfectamente el por qué de su expresión.
Un Mondeo modelo 2014 color champagne deslumbrante estaba aparcando en el estacionamiento, incluso bajo la lluvia se veía glorioso.
-Veinte dólares a que cualquiera de los Cullen baja de esa preciosidad- apostó Tyler.
-Sería estúpido si apostara- agregué riendo.
Y efectivamente era estúpido apostar. Aunque yo hubiese apostado que Jasper o Rosalie bajarían de aquel auto lo que vi hizo que el vehículo quedara en segundo plano.
Mi enigma personal, Bella, estaba descendiendo de ese espectacular auto, opacando toda la belleza de éste, y por el lado del acompañante descendía Emmett Cullen con una sonrisa de oreja a oreja, dejando a la vista unos hoyuelos de niño pequeño.
Bella parecía más enfurruñada pero quería disimularlo.
Pronto el sonido casi nasal del timbre nos hizo apresurarnos hacia nuestras clases, y pasé mi día explicando qué pasó en el accidente.
Sólo dije que Bella y yo estábamos hablando y que intentamos movernos lo más rápido posible para que la camioneta no nos alcanzara. Aunque eso estuviera muy lejos de la verdad.
Me demoré un poco al salir de la clase de español, ya que el profesor me entretuvo ofreciéndome un curso avanzado extra clase por mis altas calificaciones, el cual educadamente decliné, de manera que cuando llegué a la cafetería todos mis amigos ya estaban en la mesa.
Me apresuré a ir por algo de comer, no había nadie haciendo fila.
Opté por una soda y un trozo de pizza, pero cuando me giré casi se me cae todo sobre alguien.
-Lo siento- dije levantando la cabeza para mirar a la persona. Bella Cullen estaba en mi camino, una vez más.
-Oh, eres tú- dije un poco enfadado.
-Entonces, ¿ya no lo sientes?- dijo un poco recelosa.
-No tanto- dije mirando sus hermosos ojos chocolates.
-Ya veo- dijo tajante. ¿No deberías ser un poco más amable con la persona que, según tú, te salvó la vida?- repuso levantando ambas cejas.
-Debería, pero esa persona no está interesada en mi amabilidad- contesté un poco enojado- así que no, no seré más amable.
Ella me miró y pude ver la culpa y el arrepentimiento en sus expresivos ojos. No podía estar enojado con ella. Suspiré pesadamente.
-Bella, lo siento ¿sí? Pero me vuelves loco, en el sentido más literal de la palabra- dije con honestidad.
-Jamás fue mi intención- dijo con suavidad y una pequeña sonrisa bailando en sus apetecibles labios.
Cuando vio que no contesté dijo aquello que ansiaba escuchar, sorprendiéndome en el proceso:
-Mira, he tomado una decisión, no es la decisión más inteligente, ni la mejor, pero es lo que quiero- dijo segura y con algo de vergüenza. ¿Por qué tendría que avergonzarse?
-Y tu decisión sería…- la insté a continuar.
-Seré egoísta- dijo convencida.
¿A qué se refería? ¿Es que jamás podía hablar claramente?
-Lo que significa…- dejé mi frase incompleta una vez más para que pudiera ser específica.
-Significa que seremos amigos, hasta que descubras por ti solo por qué no soy buena para ti.
Al fin algo de claridad.
-¿Segura? ¿Por qué hasta que sepa?- no me fiaba mucho. ¿Desde cuándo tanta disponibilidad?
-Porque luego de eso saldrás corriendo- dijo con pesar. Sonreí con suficiencia. No existía nada suficientemente aterrador como para alejarme de ella.
-Entonces ya puedes ir acostumbrándote a mi cercanía, porque no pienso irme a ningún lado- dije con determinación.
Cuando esas palabras salieron de mi boca sus ojos se iluminaron, pero ese brillo duró muy poco, y fue reemplazado con uno de desilusión que me partió el alma.
-Desde luego- agregó con suavidad.
-Entonces definitivamente soy tu amigo- dije sonriendo.
-Supongo- dijo con timidez.
-Bien, ven conmigo- le insté.
-¿A dónde?- pregunto confundida.
-A una mesa, hoy te sentarás conmigo- le dije sonriendo de lado. Ella se me quedó mirando más tiempo del que me hubiese dejado cómodo, y cuando notó esto parpadeó varias veces antes de contestar algo tímida.
-¿Es que tengo otra opción?- dijo resignada. Alcé una ceja y ella agregó:- Claro que no la tengo- suspirando mientras sonreía suavemente.
Nos dirigimos a una mesa cercana a un rincón, lo suficientemente alejada tanto de su familia como de mis amigos. Sólo le dije a Tyler, cuando pasamos cerca de allí, que hoy me sentaría con Bella.
Ambos tratamos de evitar las miradas furtivas y molestas del resto de los estudiantes.
-¿No vas a comer?- le pregunté frunciendo el ceño al ver que no tenía nada para comer.
-Ya he comido una manzana- dijo- llegaste tarde- se explicó ante mi mirada.
-Sí, el Sr. Martínez me retuvo un tiempo- ella rió.
-¿Mal comportamiento?- aventuró.
-Todo lo contrario, quiso felicitarme por mis calificaciones- dije con aires vanidosos.
-Engreído- dijo rodando los ojos. Pareció acordarse de algo importante y serio, ya que sus ojos tomaron un brillo de desesperación intenso- ¿cómo está tu cabeza?- me preguntó con una preocupación palpable.
-Llena de ti- dije como el estúpido no pensante que era. Y como resultado pude sentir la sangre en todo mi rostro- me refiero a que- comencé atropelladamente- es decir, con eso que hiciste con la camioneta, ya sabes- dije tartamudeando, poniéndome, si era posible, más rojo.
Ella rió audiblemente, llenando mis oídos y cabeza de esa dulce melodía.
-Creo que definitivamente estás mejor- dijo con alivio- pero eres así de tonto e impulsivo siempre, así que dime, ¿seguro que estás bien Edward?- dijo con seriedad.
-Claro que sí Bella, no voy a morir- bromeé- ya podrías juntarte con mi madre- o tal vez no, pensé.
Ella sonrió adorablemente.
-Es encantadora, y muy bella- dijo cálidamente- ¿en serio no eres adoptado?- preguntó en susurros, acercándose a mí por sobre la mesa.
-Claro que no Bella- dije siguiéndole el juego- que tú no quieras ver lo encantador y bello que soy- tal como mi madre lo es- no significa que no lo sea- le dije como si fuera obvio.
-Claro que lo veo- dijo mirándome directamente a los ojos. Bien, eso fue demasiado, y cuando digo demasiado, es demasiado. No pude sostenerle la mirada debido a la intensidad de esta. No obstante, me dediqué a mirarle sus labios, esos rellenos y perfectos labios entreabiertos que me incitaban a besarlos.
Tan pronto como me di cuenta de mis pensamientos me ruboricé violentamente. Y ella pareció extremadamente avergonzada, sin embargo, ninguna pista o rastro de rubor, su rostro de porcelana seguía tan pálido y perfecto como siempre.
-Debes explicarme qué hiciste con la camioneta- toqué el primer tema que se me vino a la mente y me dediqué a abrir la soda con excesiva concentración.
Ella decidió seguir como si nada pasara- como si no me hubiese quedado mirándola como el idiota que era-.
-Dime qué piensas- dijo petulante.
-Que la desviaste- antes de que comience a hablar proseguí- no me preguntes con qué, o cómo, pero sé que algo hiciste.
-¿Te das cuenta de que lo que estás diciendo carece de todo tipo de racionalidad?- dijo queriendo convencerme.
-Lo sé, pero también sé lo que vi- dije con seguridad.
-¿Y qué crees haber visto Edward?- me desafió.
-A ti- le dije despacio.
-Exacto- dijo ella triunfante- tú me mirabas y yo te miraba, no vimos nada más. Ninguno de los dos- dijo despacio pero determinantemente.
-No, pero vi a mi alrededor, antes de que secuestraras mi cara, al menos- quise quitar un poco la tensión, funcionó a medias, ya que pude ver las comisuras de sus labios levantarse un poco- no había nada lo suficientemente fuerte como para frenar la camioneta. Sé lo que vi- le rematé, fiel a mi perspectiva.
Ella pareció divertirse con la última parte. Fruncí mi ceño, algo enfurruñado.
-Claro, y yo con mi gran peso y mis superpoderes logré frenar la camioneta de más de 300 kilos ¿con qué? ¿con mi pie? Porque que yo recuerde mis manos estaban secuestrando tu rostro, ¿me equivoco?- dijo con su fiel ceja en alto.
-Sé lo que vi- dije testarudo.
-¡Me viste a mí!- dijo frustrada- y sé que el otro día dije que pesaba cincuenta kilos, pero ayer me pesé, ¿y sabes qué? Peso cuarenta y ocho kilos, ni más ni menos, por lo que ahora sí es mucho menos creíble tu historia de mi súper fuerza- dijo muy rápido y algo excitada por aclarar su punto.
Algo me distrajo de nuestra charla.
-¿Por qué pesas tan poco Bella? Deberías comer mejor, mejor dicho, ¡deberías comer!
Ella rodó sus ojos y bufó con exasperación.
-¡Tu preocupación es ridícula Edward!- dijo casi con desesperación.
-No Bella, no lo es- dije acercándome a su lado, moviendo la silla- no sé si recuerdas, pero eres mi amiga desde hace veinte minutos, y eso me convierte en alguien que se preocupa por tu bien y que hace todo lo posible para que sonrías- dije suavemente.
Ella primero miró a su izquierda, y luego fijamente hacia el piso, sin contestar.
Seguí su mirada y me encontré con las penetrantes miradas de Rosalie y Jasper Hale, que como si no supieran que era algo maleducado, siguieron observándome sin pudor, enviándome dagas con los ojos. Gracias a Dios las miradas no matan…
Suspiré con enojo.
-Sé que no soy la persona favorita en el mundo para gran parte de tu familia, y ni siquiera sé por qué, pero no importa cuánto los ames, o cuánto ellos te amen a ti, no pueden decidir por ti- le dije queriendo levantar su barbilla para que me mire, pero temía a su reacción.
Ella levantó su mirada, algo contrariada.
-Ellos quieren lo mejor para mí, e incluso si no lo hicieran tienen razón en todo, ¡no se trata sólo de mí! ¿No lo entiendes?- dijo exasperada, aunque no gritaba, no era muy fina la línea que la separaba de hacerlo.
-¡No lo hago porque no me explicas nada y te centras en tomar decisiones por mí!- le dije aún más enojado.
¡Claro que jamás entendería si ella jamás me hablaba!
Ella iba a decirme algo, pero luego se calló y comenzó a mirar a sus manos sobre la mesa, más calmada y algo nerviosa. Sabía que tenía razón.
-Yo no debí gritarte- dije arrepentido. Por mucho que me gustara el que ella admitiera d alguna manera que yo estaba en lo cierto odiaba que estuviera así. No tengo idea de por qué, pero no puedo soportar verla sufrir de cualquier manera posible.
Estaba preparado para que siguiera gritando, para que dijera algo que me dejara en vela toda la noche, para que se ponga de pie y simplemente se aleje, incluso para que me pida una disculpa, pero jamás me hubiese preparado para lo que siguió.
Bella miró mi mano, sobre la fría mesa, se veía incómoda e indecisa, pero luego se determinó a hacer algo impensable: lenta y cuidadosamente, como si de alguna manera pudiera romperme, tomó mi mano entre la suya, despacio y delicadamente le dio un casi imperceptible apretón.
Inmediatamente, casi como un acto reflejo esa corriente placentera que sólo había experimentado una vez de la misma manera, se alojó allí donde su piel rozó la mía, y ella pareció sentir lo mismo, ya que hizo un diminuto amago por quitarla, pero luego se decidió y siguió sosteniendo la mía.
Mi corazón latía desbocadamente por su contacto, y mi mente dejaba de ser del todo razonable.
Su tacto era frío, igual que aquella vez en el casillero, pero no me importó, ¡ella me estaba tocando! Valía la pena si perdía uno o dos dedos por el frío de su piel. Incluso tal vez tres…
-Tienes razón- dijo mirando nuestras manos- hagamos algo- propuso con el ceño levemente fruncido, quizá pensando mejor su resolución- dejemos de lado mi súper fuerza por un tiempo, y recién sacaremos el tema una vez más cuando tengas una teoría sólida- remarcó al final.
Bien podría no aceptar aquello. Es decir, yo había mentido por ella, ni siquiera entendía por qué, pero lo había hecho, así que, al menos, me debía una explicación. Pero ella me estaba ofreciendo un tratado de paz, y era eso o nada. Y ante la posibilidad de no poder acercarme a ella otra vez, prefería notablemente la propuesta de la ignorancia.
-Me parece justo- dije apretando su gélida mano, deleitándome con la sensación.
-Creí que no te gustaba el frío- dijo algo tajante echándole un rápida mirada a nuestras manos unidas.
-No me gusta el frío- la corregí- pero me gusta el frío en ti- le dije sonriendo.
¿Dónde había quedado mi vergüenza?
Ah, cierto. Del lado razonable.
-Gracias- dijo ella suspirando con alivio. No entendí a qué se refería, pero tampoco tuve el tiempo de preguntar, ya que el timbre hizo su habitual señal para que volvamos a clases.
-Tenemos biología- le dije mientras me levantaba y dejaba las cosas en su lugar, separando nuestras manos, al mismo tiempo que ella se ponía de pie.
-Supongo que no me puedo escapar- dijo riendo.
-¿Quieres hacerlo?- le pregunté con el ceño fruncido, algo preocupado.
-No en realidad- dijo con honestidad. Íbamos caminando hacia el salón en un cómodo silencio.
Quedamos en encontrarnos en la puerta del salón luego de ir a por nuestras cosas en los casilleros, ya que estaban bastante separados el uno del otro.
Cuando vislumbré la puerta desde el pasillo ella ya estaba allí, en toda su gloria, esperándome.
Pero tenía una mirada algo extraña. Pude ver preocupación, inseguridad, y muy lejos y en menor cantidad, pero algo de diversión.
¿Qué le sucedía?
Antes de que llegara a su lado Jessica me interceptó.
-Oye, Edward- me llamó.
-Hola Jessica- dije sin muchos ánimos, ya quería encontrarme con Bella, que miraba la escena con diversión, aunque parecía preocupada.
Jessica seguía parada delante de mí, algo nerviosa.
-Verás, yo sólo me preguntaba- comenzó a balbucear- ¿ya te han invitado al baile?- dijo algo rápido.
¿Baile? ¿De qué estaba hablando?
-¿Qué baile Jessica?- expresé mis pensamientos en voz alta.
-El de las chicas- dijo confundida- el baile que nosotras organizamos y en el que nosotras elegimos pareja- dijo aclarándome.
No tenía ni idea. Ni ganas.
Aguarden. Ella me estaba preguntando si ya había conseguido pareja, ¿es que acaso ella quería pedírmelo?
-Oh, no sabía nada- le dije desinteresado.
-Entonces supongo que no tienes pareja- Jessica parecía menos nerviosa con cada palabra.
-No en realidad- dije viendo lo que se me avecinaba.
-Entonces- comenzó Jessica sonriendo en lo que ella, supongo yo, creía seductor- no te molestaría ir conmigo, ¿verdad?
-En realidad no planeo asistir Jessica, lo siento- que no insista, que no insista.
-¿En serio?- dijo desilusionada- ¿por qué?- quiso saber.
-Iré de excursión ese fin de semana- mentí.
-¿No puedes ir otro día?- insistió.
-Lo siento, ya se lo prometí a mi madre, definitivamente es imposible- bromeé. Aunque si así fuera el caso sería verdad.
-Oh, supongo que la próxima- dijo roja y cabizbaja.
-Claro- dije, arrepintiéndome al instante al ver su esperanzada expresión.
-Bien, llegaré tarde- dije a modo de despedida. No la dejé responder y me dirigí hacia clase, donde Bella me estaba esperando con una sonrisa divertida.
-¿Puedo saber por qué tanta diversión?- le pregunté sonriendo junto a ella. Era increíble cómo cambiaba mi estado de ánimo con sólo un gesto.
-¿Es que acaso no puedo divertirme? ¿O te molesta que sonría?- dijo fingiendo estar ofendida, pero con la misma hermosa sonrisa en su rostro.
-En realidad, me gusta más de lo que debería- dije acercándome a ella.
No podía creer todas las cosas que esta chica me hacía decir. ¡Me estaba convirtiendo en esos adolescentes hormonales que tanto me desagradaban!
-Bueno, tú eres el causante, la mayoría de las veces- dijo algo bajo, pero audible. Parecía avergonzada.
Bien, ella tenía gran parte de culpa en todo esto. ¡Ella jamás me frenaba! ¡En nada! ¿Cómo no me iba a comportar como un niño con su primer amor si ella me lo permitía?
Apenas si éramos amigos.
Mi pensamiento me asombró. Y me alarmó. ¿Por qué me comportaba con ella como si fuera mi primer amor? ¿Por qué me ponía como un típico y ordinario adolescente en su presencia? ¿Por qué rayos siempre me preocupaba en exceso por ella? ¿Por qué me afectaba tanto el hecho de verla sonreír, o sufrir?
Jamás nadie me había hecho sentir así, era extraño. Y me asustaba conocer la respuesta.
-Yo no debí decir eso- dijo sonriendo suavemente, con una expresión avergonzada y la mirada gacha- lamento haberte incomodado- seguía sin mirarme a los ojos- será mejor que entre- dijo girándose para caminar hacia el salón.
Esa imagen, la misma de mi sueño: ella marchándose. No lo permitiría, no esta vez.
Tal vez no quería saber por qué ansiaba tanto estar a su lado, pero definitivamente no iba a dejar que ella se aleje.
La tomé de la mano, sin importarme el frío, y la obligué a frenar. Ella se giró para mirarme por un segundo, para luego posar su mirada en nuestras manos, aún parecía avergonzada.
-No me incomodaste- le dije acercándome a ella- sólo me deslumbraste- dije sonriendo de lado, en tono de broma, aunque esa no era más que la pura verdad.
-Sé que sí te incomodé…- comenzó ella, pero no la dejé continuar.
-¿Puedes dejar de lado ese complejo de superioridad autoritaria y dejarme decidir a mí sólo una vez?- le dije mientras con mi mano libre le alzaba la barbilla para que me mirara a los ojos, conciente de que con ese movimiento podría tirar por la borda todo nuestro avance.
-¿Puedes?- le pregunté un poco más bajo y en tono serio.
Bella dio un profundo suspiro antes de clavar sus marrones ojos en los míos.
Realmente era casi imposible dejar de mirar tanta belleza.
-Lo intentaré- dijo sonriendo apenas, volviéndome incluso más loco, si es que era posible.
-Gracias- dije como pude.
-Vamos- dijo tomando suavemente la mano que tenía en su rostro, retirándola, y tirar de la otra, aún sujeta a la suya, para dirigirnos a nuestra mesa.
No había tantos estudiantes, pero a los pocos que había casi se les salen los ojos de sus órbitas cuando nos vieron entrar cogidos de la mano.
Aunque, para ser sinceros, incluso yo los hubiese abierto si hubiese podido vernos a nosotros.
Nos sentamos en nuestro lugar ignorando todas las miradas, esperando a que el profesor llegue.
-Bonito auto- le dije bromeando una vez acomodados.
-Cállate- dijo con el ceño fruncido.
-¿Qué va mal?- le pregunté extrañado- ¿es que no puedo adular a tu auto?
-Claro que puedes, pero no me gusta- dijo enfurruñada.
-¿El auto o las adulaciones?- pregunté divertido.
-Ninguna de las dos opciones- dijo frustrada.
-¿Qué?- dije riendo, algo sorprendido.
¿A que adolescente, en especial una chica, no le gusta ni los cumplidos ni los autos caros?
Definitivamente Bella era única.
-El estúpido auto llama la atención y las adulaciones son para personas a las que les gusta atraer la atención- me explicó con su ceño y sus labios levemente fruncidos.
-Entonces no te gusta llamar la atención- dije algo irónico. Como si le fuera fácil, es que, ¡vamos! ¿Quién no se detendría a mirar a una mujer que jamás crees posible ver en la calle? ¿Cómo no babear como un estúpido cuando ves esos perfectos labios, o su rostro, o sus ojos? ¿¡O su auto?!
-¿Crees que digo esto sólo para atraer más atención?- dijo pestañeando varias veces. Su rostro parecía ofendido, algo dolido.
¿Es que no puedo estar cinco minutos sin estropearlo todo?
-No, no es eso Bella- dije rápidamente negando con la cabeza.
-Claro que no- dijo ella con un tono de sarcasmo, aunque casi imperceptible, ya que sonreía, pero podía ver que parecía una sonrisa de resignación. Era como si no me creyera, y quisiera hacerme sentir menos culpable admitiendo que no era lo que parecía.
¿Es que se callaba todo?
-Bella no quise insinuar que no te creyera lo de la atención, sólo que, bueno- sonreí nervioso, rascándome la nuca- eres muy hermosa, y amable, y tienes un auto espectacular, igual que toda tu familia, por lo que creí que al menos estarías acostumbrada. Jamás quise ofenderte.
-Está bien Edward, no importa- dijo sonriendo.
-¿No me crees? Bella, ya te expliqué. Dije eso sólo porque parece imposible que no llames la atención, sólo eso, fue un comentario estúpido y lo lamento- dije mirándola a los ojos.
-Te dije que estaba bien Edward- dijo insistiendo.
-Bien- dije sosteniéndole la mirada para asegurarme de que era cierto. Ya no se veía resignada, y una suave sonrisa se acomodaba en sus labios.
Nos quedamos en un silencio algo incómodo.
-Es un regalo- dijo ella rompiendo el silencio. Para esta altura el profesor ya estaba sentado en su escritorio completando las asistencias.
-¿Disculpa?- dije sin entender.
-El auto- dijo suspirando- discutí con Emmett- dijo aclarando algo que no entendí.
-¿Debería entender?- pregunté divertido.
-Emmett y yo peleamos, y esta fue su manera de pedirme disculpas- dijo suavemente.
¿Qué? ¿Desde cuándo discutes con tus hermanos y a manera de disculpas te regalan un súper auto?
¿Siempre era así? ¿Sólo yo lo veía como una locura porque jamás tuve un hermano o cualquiera lo vería así?
-No quiero parecer grosero Bella- aclaré desde el principio- pero, ¿es eso normal? ¿Desde cuándo se pide perdón regalando autos caros? Lo siento, pero yo jamás tuve hermanos, ahora veo lo que me perdía- le dije riendo. Ella acompañó mi risa con la suya, aunque aquel sonido musical dejaba muy mal parada a mi estruendosa y desafinada risa.
El profesor nos llamó la atención al pasar por nuestra mesa para entregarnos nuestros trabajos, lo que nos hizo reír mucho más, pero al menos la contuvimos hasta que él pasó.
-Emmett y yo nunca peleamos, creo que jamás lo hicimos- me siguió explicando- y él es muy exagerado, por si no te has dado cuenta- aclaró riendo un poco- así que me compró un auto, ni siquiera me gusta, es excesivamente llamativo pero no me queda de otra.
-¿Sólo un auto Bella?- le dije con los ojos abiertos- amo a mi Volvo, no creas que no, pero ese auto es una belleza, ni siquiera puedo imaginarme qué tan rápido anda- dije emocionado, por lo que ella rodó sus hermosos ojos.
-Ya podrías juntarte con Rosalie- dijo suspirando.
-No creo que sea una buena idea- dije dudoso.
-Cierto- dijo con pesadez.
Pude ver cómo su ánimo decaía un poco. Dios, odiaba verla así.
-¿Entonces por qué usas el auto? Me refiero a que, dijiste que no te gusta, y tampoco quieres llamar la atención- dije con curiosidad, y esperando que su ánimo volviera al de antes.
-Bueno, Emmett estaba muy emocionado con la idea de verme utilizándolo, y no quería herir sus sentimientos, así que sólo lo usé para hacerlo feliz- dijo con una pequeña sonrisa.
-Pero ahora tú eres infeliz- le dije sin entender. ¿Por qué no decirle a su hermano que no quería usarlo y listo? ¿No era más fácil ahorrarse la incomodidad?
-¿Y?- dijo sin entender.
¿Es que esto era común en ella? ¿Siempre se conformaba con tan poco? ¿Es que siempre debía sacrificar algo?
-¿Cómo que "y"? Es tu hermano Bella, ¿no crees que puedes decirle que no te sientes cómoda con ese auto?- le dije algo frustrado.
-Pero él estaba muy emocionado- me dijo como si eso explicara todo.
-Pero era su emoción, no la tuya Bella- insistí.
Ella suspiró audiblemente.
-Nunca peleamos, jamás- comenzó a explicarme- y la otra noche, bueno, no fue una de mis noches preferidas- dijo con una pequeña sonrisa de amargura- Emmett y yo discutimos, y no me gustó cómo quedaron las cosas después. Estábamos distantes, era horrible- sacudió un poco su cabeza, intentando sacar esos recuerdos de su mente, supongo yo- y él no es muy bueno con las palabras, así que me obsequió un auto, y se veía tan feliz cuando me lo dio que no era capaz de arruinar eso por mis tontos caprichos.
-Entonces, ¿tu felicidad es un capricho?- dije con los ojos abiertos, sin podérmelo creer.
-Claro que no Edward, pero, ¿qué es un poco de incomodidad con tal de ver a las personas que amas feliz? ¿No serías tú capaz de hacer eso?- me preguntó atravesándome con la mirada.
Ya veía su punto.
Claro que sería capaz de hacerlo, lo he hecho. No puse ninguna objeción cuando mi padre me dijo que dejaríamos la ciudad para venir a este pueblito al otro lado del país con tal de que mi madre estuviera a salvo.
-Tu mirada me dice que sí- me dijo suavemente.
Sólo pude asentir, no podía decirle nada más. Al fin y al cabo, yo pensaba igual que ella.
El profesor comenzó a explicar la actividad, un trabajo compartido con el compañero de banco que debíamos terminar en clase.
Dejamos los temas personales de lado para centrarnos en el trabajo, aunque me era muy difícil concentrarme con Bella tan cerca.
Cuando íbamos por la mitad del trabajo sentimos un golpe, algo cayéndose, muy fuerte. Instintivamente giré hacia donde proveía el ruido, y vi a Tyler tirado en el piso, muy pálido.
Me levanté y fui a su lado, ya había otros alumnos allí, Bella me siguió.
-Se ha desmayado- dijo ella- ¿nadie tiene alcohol, o algún perfume fuerte?- preguntó en un tono que parecía profesional. Supongo que ser hija de un doctor tenía consecuencias como éstas.
El profesor se abrió paso entre todos nosotros.
-Newton, ayúdame a llevarlo a la enfermería- dijo el Sr Banner.
-Claro- dijo Mike. Dudaba mucho de si podría soportar el peso.
-¿Necesita ayuda?- le dije al Sr Banner.
-Estamos bien- contestó Newton ácidamente.
-Tranquilo Edward, estamos bien- dijo el profesor mirando raro a Mike por su comportamiento hacia mí.
Creo que mi cercanía con Bella lo ponía cada vez más furioso.
Y a mí no podía encantarme más.
Cuando Mike y el Sr. Banner estaban en la puerta, este último se giró, aun con uno de los brazos de Tyler en sus hombros, y nos dijo:
-Hagan el trabajo extractase con sus compañeros, y los recibiré mañana.
¿Qué?
¿Debo reunirme con Bella fuera de la escuela? ¿A solas?
Y yo que creía que este día no podía ponerse mejor.
Luego del revuelvo por el desmayo de Tyler todos los estudiantes volvieron a sus lugares, incluidos Bella y yo.
-Pobre Tyler- dije, pensando en los dolores de cabeza que tendría mi amigo.
-Sí, creo que Lauren va estar muy preocupada- dijo riendo un poco.
-¿Lauren?- dije confundido.
-¿No lo sabías?- me dijo con su ceño fruncido.
-¿Saber qué?- cuestioné.
-¿Es que Jessica no te lo contó antes de entrar en el salón?- fingió darse cuenta de algo- ah, supongo que te lo contará cuando pases por ella para ir al baile- dijo con una mirada inocente.
Entonces ella sabía qué planeaba decirme hoy Jessica.
-Explícate Cullen- dije entrecerrando los ojos, causando que ella riera.
-Cuando nos separamos para ir a nuestros casilleros Jessica me interceptó, justo como a ti- dijo soltando unas adorables risitas- y me preguntó si tú ibas a ir al baile conmigo, o si yo planeaba invitarte, yo le pregunté por qué y ella me dijo que planeaba hacerlo. Pero eso no le alcanzó, así que comenzó a contarme la historia de cómo ella discutió con Lauren para ver quién te invitaba al baile, creo que te disputaron mediante piedra, papel o tijera- añadió riendo- y ella ganó, y le dijo a Lauren que se conformara con Tyler. Por eso supongo que Lauren se preocupará por él, ya que te perdió a ti, debe cuidar a su otra opción- terminó de explicar.
No pude más que reír.
-Eres todo un Don Juan- dijo riendo conmigo.
-Entonces, ¿tú le dijiste a Jessica que me invitara?- dije con curiosidad.
-Ajá- dijo- confiaba en que le dirías que no, pero aún así tenía mis dudas- admitió cabizbaja.
-¿Celosa Cullen?- dije divertido. Y fascinado. ¿Isabella Cullen me celaba? Eso iba a subir mi ego.
-Eres mi amigo- dijo aún con cabeza gacha- soy muy celosa de mis amigos.
-Soy tu único amigo Bella, tu familia no cuenta- dije con diversión.
-Entonces supongo que no deberás darme razones para estar celosa, ya que eres mi único amigo, serás el único al que cele. Y no me quieres ver así- dijo sonriendo mientras se mordía el labio y me miraba.
¡Ella no podía estar haciéndome esto!
-Tal vez quiero- dije desafiándola.
-No te atreverías Masen- dijo entrecerrando sus ojos, aún mordiendo su relleno labio inferior.
Claro que quería verla celosa. ¡Quería verla celosa por mí! No que fuera machista, pero esa sería una experiencia incomparable, definitivamente.
-¿Cómo sabes que le dije que no a Jessica?- cuestioné suspicaz.
-Por su cara de decepción- dijo con suficiencia.
Rayos. Debía pensar en algo más.
-Es una lástima que Lauren haya perdido el juego, yo no hubiese tenido problemas en aceptar su invitación- dije para molestarla.
Sus ojos se volvieron a entrecerrar, pero luego sonrió con una inocencia que me hizo sospechar.
-Oh, tal vez podríamos ir los cuatro juntos. Me refiero a Mike, Lauren tu y yo. He invitado a Mike, y sé que es amigo de Lauren, podríamos hacer citas dobles-dijo como si hablara del clima.
-¿Qué?- casi grité.
¿Ella y Newton? No iba a permitir eso, ella era mi amiga, no podía ir al baile con ese intento de mamífero. ¿Es que estaba loca?
Su risa me sacó de mis pensamientos homicidas.
-Creo que no soy la única celosa- dijo entre risas.
-Casi me das un infarto Bella- dije aliviado.
-Vamos, no seas exagerado- dijo golpeando apenas mi brazo, en un gesto de compañerismo muy natural. Aunque con ella todo lo natural parecía extraordinario.
-¿En serio me creíste capaz de dejarte ir a un baile con esa cosa?- dije con cara de asco, haciendo que ella riera de vuelta.
-No seas malo Edward, ¿por qué no puedo?- dijo con falsa inocencia.
-Eres mi amiga, no la suya- dije entre dientes.
-Tal vez no quiera ser sólo su amiga- dijo mordiéndose el labio, pensando.
-No te atreverías Cullen- le dije casi gruñendo.
No sabía qué sentía por ella, y tal vez tampoco quería saberlo, pero sabía perfectamente que no la quería cerca de nadie más que no fuera yo.
-Además de celoso, posesivo. Después de todo no soy sólo yo- dijo mientras nos levantábamos al escuchar el timbre de salida, aun riendo.
Quise pasar por la enfermería para ver si Tyler seguía allí, pero la enfermera nos dijo que ya se había retirado.
Seguimos caminando hasta el estacionamiento.
-¿Y con quién irás al baile?- le pregunté en lo que quise que sonara casual.
-No iré- dijo segura.
-¿Por qué?- dije con curiosidad.
-No bailo- dijo mirando sus pies- ¿y tú?
-Yo sí bailo- bromeé- pero no iré.
-¿Por qué?- quiso saber.
-Porque tú no irás- dije como el idota que era- y-y le dije a Jessica que no iría, así que se vería muy mal que a último momento aparezca- quise arreglar con mis nervios a flor de piel.
Ella rió suavemente.
-¿Y qué harás entonces?- me preguntó.
-No lo sé, estar en mi piano y dormir, supongo- dije riendo.
-¿Tocas el piano?- me preguntó con los ojos abiertos y brillantes.
-Mi madre me enseñó cuando era pequeño, es un gusto que compartimos- le expliqué.
-Debes ser muy bueno- me dijo.
-No puedo juzgarme solo- dije bromeando.
-Claro, no quiera Dios que tu ego aumente- agregó sonriendo.
Cuando tuvimos vista de todo el estacionamiento algo se acomodó en mi cabeza.
Tyler se había ido.
-Rayos- dije en voz alta.
-¿Qué sucede?- me dijo Bella mirándome.
-Tyler se ha ido, y él me alcanzó hasta aquí- dije analizando qué posibilidades tenía.
Una era ir caminando hasta mi casa, pero una gran nube amenazaba con darme un baño antes de tiempo, y la otra era pedir un taxi. ¿Pero dónde demonios encontraba un taxi aquí?
Tal vez podría llamar a mi madre cuando todos los estudiantes se hayan ido.
-Eso no es un problema- dijo Bella resoluta.
-No para ti- dije con sarcasmo.
Ella sacó unas llaves del bolsillo de su chaqueta blanca.
-Podría alcanzarte a tu casa, y de paso podríamos terminar el trabajo de biología, recuerda que es para mañana. Además quiero volver a ver a tu mamá, es muy amigable. Y, ¿no quieres ver qué tan rápido anda mi obsequio?- dijo moviendo las brillantes llaves delante de mis ojos- no rechazarás mi invitación, ¿o sí?- dijo con falsa indignación.
Rayos.
¿Treinta minutos en un espacio cerrado con Bella, luego de todos los avances que habíamos tenido? ¿Y luego quién sabe cuánto tiempo con ella y mi madre en la misma habitación?
Esta invitación sería mi propio infierno.
Y? ¿Qué les pareció?
Espero que les haya gustado, nos leemos pronto.
¡Felices fiestas! Besos, A simple human.
